Discutía repentinamente con un camarero del casino que se negaba a ofrecerle más comida. Se había pasado horas y horas allí, delante de la barra, pidiendo platos de todo tipo, sin parar y sin terminar de saciarse del todo, ya que necesitaba más de cien menús para él solo.

— ¿Pero no entiende que se lo voy a pagar todo?— sacaba una pequeña bolsita llena de monedas de oro—. Mire. Tengo todo esto y más. ¿Puedo continuar pidiendo, por favor?

— Señor…

— Ace.

— Señor Ace, me temo que nuestros cocineros han agotado las reservas de comida de cinco días. Así pues, tengo que negarme a ofrecerle más comida, ya que ahora mismo estamos totalmente sin nada. Supongo que entenderá que por razones obvias no podamos atenderle…—explicaba el camarero mientras intentaba mostrarse todo lo caballeroso posible.

— Voy a explicárselo de otra forma…— se levantó Ace sacando otra de esas bolsitas; sin embargo, para cuando quiso darse cuenta, una patrulla de soldados de la Marina acababan de entrar por la puerta del casino; inició la marcha y escapó para no tener problemas.

Dejó la bolsa de dinero sobre la barra y se dirigió hasta la puerta de salida más próxima, por la cual se escabulló. Miró a ambos lados antes de salir y cubrirse con una capa negra que le hacía parecer más invisible a ojos de los soldados. Salió, pues, a la gran calle arenosa que pertenecía a la ciudad de Arabasta.

Empezó a recordar que se había detenido en el casino a tomar algo tras haber seguido al supuesto perseguidor de Daenys. Frenó en seco al rememorarlo. Giró su cabeza en todas direcciones e intentó adivinar cuál era la calle por la que se había metido aquel tipo. Quería y deseaba saber cuáles eran sus intenciones con ella, además de quién le había enviado y qué órdenes seguía.

— ¿Lo has escuchado?— puso la oreja en una de las conversaciones ajenas a él; dos marines hablaban, cuchicheaban exactamente, mientras él se mantenía apoyado en uno de los pilares que aguantaban una tienda ambulante—. Dicen que lleva casi una hora desaparecida… Aokiji nos va a matar, Daenys era una de sus soldados preferidos— prestó más atención—. Tal vez haya sido ese tal Crocodrile. Tuvo un comportamiento un tanto extraño esta mañana en Rainbase…

Fue la gota que colmó el vaso. Caminó hasta llegar a uno de los caminos estrechos que daban paso a las calles del sur de la ciudad. Entre callejones, había una multitud enorme de borrachos que frecuentaban los bares y tabernas. Tenía que empezar desde cero para saber dónde estaba exactamente, ya que partía de la base de que el supuesto secuestrador había salido por una de esas calles. Sin embargo, Ace se había fijado en una cosa concreta: el secuestrador llevaba un acompañante, un poco escandaloso para tratarse de un 'ladrón'. Se fijó en aquel tipo por los gritos y las risas molestas que tenía. Sabía también que llevaba una camisa un poco vieja y desgastada, de color azul. Una característica que iba a tener muy en cuenta al entrar en una de las primeras tabernas.

Aquello era tremendamente pequeño. Ni tan solo tenía una ventana por la que podría pasar un solo rayo de luz. Un anciano limpiaba uno de los vasos que nadie usaba de la barra. Por su apariencia, podría decirse que era de avanzada edad, y por lo que a la taberna respecta, mucha gente no había pasado por allí en días. Hizo una reverencia con su sombrero para después girarse e irse.

— Espere, joven— el de cabellos negros frenó en seco—. Eres la primera persona que pasa por aquí en semanas.

Ante tal confesión, Ace sintió algo de compasión por aquel anciano canoso. Dejó de empujar la puerta para entrar al interior del lugar y tomar asiento en uno de los viejos taburetes que adornaban el entorno.

— Tomaré una cerveza— el anciano, con todo el tiempo del mundo, preparó una jarra para servírsela al pirata—. Gracias— bebió un poco y se percató de que era una de las mejores cervezas que había probado en años—. ¿Por qué no viene nadie por aquí?

— La gente prefiere ir al casino— dijo mientras limpiaba otro vaso—. Desde que Crocodrile impulsó ese lugar, la gente se mata por entrar y pasar un rato allí. Olvidan lo que es un buen bar, con una buena cerveza y un par de amigos— se quejaba—. Y, usted, ¿qué hace por aquí?

— Busco a alguien…— dijo mientras se terminaba la jarra—. Una chica. Más o menos de esta altura— indicaba—. Con el cabello castaño y ojos verdes. Creo que es de la Marina…

— Ah, ya veo— empezó a reír—. Vas en busca de una bella dama— Ace desvió la mirada—. ¿Es tu prometida?

— ¿Qué?— se alarmó—. No. Claro que no. Por supuesto que no— dramatizó—. Es una vieja amiga. Hace tiempo que no la veo y sabía que estaba por Arabasta, aunque no la he visto todavía, por eso me preocupa.

— Cierto. Has mencionado a la Marina un par de veces. Hace un poco he escuchado murmullos por las calles que decían que una Marine había desaparecido misteriosamente tras salir de una reunió con Crocodrile— Ace asintió.

— Sí… es exactamente a quién busco. Que, por cierto, no debería de estar entreteniéndome. Tengo un poco de prisa, ya sabe…— se levantó del taburete.

— Chico—frenó en seco cuando escuchó ahora la voz un poco más grave de aquel anciano—. No sé realmente quién ha sido. Pero si te sirve de ayuda, hay unos tipos… bueno, o al menos los había, que se encargan de hacer el trabajo sucio de Crocodrile. Se dice que andan por las zonas más bajas de la ciudad. Cuando salgas de aquí, dirígete hacia la izquierda y toma la primera calle hacia abajo…— el corazón de Ace se llenó de esperanza; asintió, agradecido, mientras metía su mano en el bolsillo.

— Por las molestias— dejó una enorme cantidad de dinero sobre la mesa—. Y gracias. Muchas gracias.

En un lugar muy oscuro, alguien decidió quitarle la venda de los ojos para que pudiese ver un poco de luz. Tenía la visión un poco nublada, además, estaba mareada, pero sabía como controlarlo.

— Bienvenida a Arabasta, señorita— dijo un hombre de estatura mediana y poco cuerpo—. Creo que estarás un poco mareada por el momento, pero se te pasará. Son los efectos— cuando su vista ya era realmente buena, intentó concentrarse en aquel hombre para saber qué pensamientos rondaban su cabeza, sin embargo, no veía nada; era como si tuviera un muro entre el pensamiento de aquel hombre y su poder—. Me temo que ese poder no funciona conmigo. Creo recordar que Crocodrile dijo que podías leer la mente… — Daenys se quedó totalmente paralizada al escuchar aquello, pero continuó como si nada.

— Dónde…—echó un vistazo a su alrededor, estaba en una sala completamente húmeda y oscura—. ¿Por qué lo has hecho?

— En verdad, yo no tengo motivos para hacerte nada, preciosa. Pero sí Sir Crocodrile. Parece ser que estás muy interesada en acabar con la sequía que está acechando esta ciudad, ¿o me equivoco?— los ojos verdes de Daenys desviaron su dirección—. Eres la líder del equipo de investigación y eso supone un problema grave …

— Me estás diciendo— dijo la de cabellos castaños mientras se colocaba sentada—. ¿Qué todo esto es por la investigación? Un poco incrédulo por tú parte. Pueden haber miles de científicos estudiando ese caso concreto. Y me temo que al haber desaparecido, enviarán algún que otro buque para buscarme. Les interesa que esté entera…— mentía mientras aquel tipo se confundía cada vez más.

— Tú hermano estuvo por aquí— aquello llamó su atención.

— No sé a qué hermano te refieres…—mintió.

— ¿Ahora resulta que no tienes hermanos? Vaya, de verdad, para ser científica eres un poco patética. ¿Crees que nadie más sabe que tú hermano es un pirata? Vamos. Tenéis exactamente el mismo rostro, los mismos ojos y las mismas pecas. Estaría interesado en saber que tenemos capturada a su hermana…

Ella cerró los ojos instintivamente. En el fondo deseaba saber algo de su hermano, verle, hablarle, pero sabía que a estas alturas era completamente imposible. Sabía de antemano que su hermano había logrado una fama que no le permitiría volver a casa nunca más.

Sin embargo, a pesar de que Anker se hubiese convertido en un temible pirata, era la única familia que le quedaba, al menos hasta donde ella sabía, ya que desconocía completamente si su padre seguía con vida en algún lugar de aquel remoto mundo.

Se puso de pie como pudo y activó uno de los poderes que nadie jamás le había visto utilizar, tan solo Aokiji. Cerró la palma de su mano con fuerza y esta se tornó de un color negro: era haki.

— Mi hermano no podría venir aunque quisiera. Está muy ocupado haciendo sus cosas. Pero te puedo adelantar algo que él haría con mucho gusto al saber que me habéis capturado— el supuesto secuestrador la miró con miedo y, antes de que pudiese salir corriendo para avisar a los demás de que aquella chica no era tan débil ni ilusa como parecía—. Te lo adelanto … —le propinó un enorme puñetazo en el rostro, enviándole a la pared; rompió las cuerdas que la ataban con un poco de fuerza e inició la marcha para buscar la salida.

Corrió desesperadamente mientras miraba a todos lados, intentando buscar la puerta hacia la libertad. Escuchó una explosión allí mismo que hizo temblar todo aquel lugar. Se agarró de uno de los pilares que aguantaban el edificio y visualizó a lo lejos una enorme cantidad de fuego y a unos cuantos hombres gritando de dolor. Decidió entonces, romper una ventana y salir entre los vidrios. Ya estaba en la calle.

— ¿Cómo que no me dejáis pasar?—gritaba mientras agarraba a uno de los hombres mientras se envolvía con el fuego—. Os he pedido por favor que me dejaseis entrar. Ahí dentro hay una persona que me necesita, urgentemente además— señalaba la dirección mientras apretaba el cuello de uno de esos ladrones—. Bueno, ya no sirve de nada hablar con vosotros …

Se adentró con prisa hacia dentro. Todas las habitaciones estaban cerradas con llave, pero sí podía observar por las ventanas que allí dentro no había nadie. Cuando ya se dio por vencido, pensando que Daenys no estaría en aquel lugar, vio una puerta abierta de par en par, con un tipo moribundo apoyado en la pared.

— Oi— gritó Ace mientras se acercaba a ese hombre—. ¿Ha estado por aquí…

— ¡Ese monstruo!— gritó aquel señor—. ¿Cómo se atreve a…— Ace le propinó un puñetazo para que le respondiera.

— He dicho, ¿si aquí ha estado una chica de ojos verdes?— asintió el secuestrador—. Bien. ¿Dónde está?— señaló la dirección por donde Daenys acababa de escapar.

Tiró al suelo a aquel hombre mientras echaba a correr, percatándose de una cantidad inmensa de cristales esparcidos por el suelo de la sala. Visualizó detalladamente una ventana rota. Se decidió a atravesarla y, una vez en la calle, pudo observar un camino de pequeñas gotas de sangre que le indicaban el camino hacia un callejón de por allí.