—Se-Señor. —exclamó el guardia de seguridad al reconocer a la Comandante Misa Hayase. —El camarote está… —dijo nerviosamente mientras hacía el saludo marcial.

—Lo sé. —dijo la mujer cruzándose de brazos. —Yo misma ordené que fuera cerrado y que nadie entrara. —Ahora déjeme pasar; tengo que ver la escena con mis propios ojos.

El guardia miró a su compañero, quien solo se limitó a encogerse de brazos.

—No… no es un espectáculo agradable. —dijo el soldado.

—No será el primer cadáver que haya visto en toda mi carrera en la fuerza. —respondió de mala manera la Comandante.

El soldado suspiró y abrió la puerta, pero el guardia la detuvo. —Tal vez debería…

—No se preocupe, no pienso tocar nada. —aseguró la mujer mientras levantaba una de sus manos y mostraba que llevaba puestos guantes de látex. —No alteraré la escena de ninguna forma. —dijo. —Puede entrar conmigo si así lo desea.

El soldado asintió en silencio y permaneció en la puerta mientras la Misa entraba al camarote.

Las luces estaban apagadas y la única iluminación indirecta provenía de unas finas líneas de luz azulada que recorrían los contornos del techo. A pesar de tener guantes no quiso tocar el interruptor de la luz y en cambio optó por usar una pequeña linterna para iluminar la escena. Ante ella apareció el cuerpo del sospechoso recostado contra una de las paredes; toda la parte posterior de su cabeza había explotado debido a las balas explosivas del rifle de asalto que, aparentemente, había usado para suicidarse. Tras el, la pared mostraba una inmensa mancha de sangre que subía hasta casi tocar el techo.

Junto al cuerpo descansaba el rifle que había utilizado para matarse, su mano izquierda aún sostenía la empuñadura del arma todavía en posición vertical.

Restos del cráneo y materia gris se hallaban desperdigados por toda la habitación, pero lo que más llamó la atención de la Comandante Hayase fué la cantidad de posters y fotografías con el rostro de Minmay que había pegadas en todas las paredes de la habitación; incluso sobre las que ahora estaban cubiertas de sangre y restos de la munición explosiva.

Misa suspiró y apagó la linterna. Era tal y como decía el informe que había recibido. ¿Para qué se había molestado en ir hasta la escena de los hechos? Sin embargo algo de todo ello la molestaba… era como una espina clavada en su mente que no la dejaba en paz.

—Eso es todo. —dijo volviéndose hacia el soldado que la había dejado pasar. —Cierren la habitación y no dejen que nadie más entre.

—Entendido. —respondieron ambos guardias haciendo el saludo militar.

Misa salió del camarote y la puerta se cerró tras ella. De inmediato comenzó a dirigirse hacia el puente de mando, pero a mitad de camino cambió de idea y se dirigió en cambio hacia la bahía médica.

No se sorprendió en absoluto al ver a su esposo allí. Hikaru estaba inclinado sobre una ventana que daba al sector de cuidados intensivos y observaba atentamente lo que sucedía tras el cristal. Al escuchar los pasos que se acercaban se volvió y saludó a su mujer.

—¿Alguna novedad? —preguntó ella.

Hikaru sacudió la cabeza. —Ninguna. —dijo volviéndose hacia el cristal.

Misa miró también y vió la vaina especial de recuperación en donde habían colocado a Minmay. Solo se podía ver el rostro de la joven por una pequeña ventana que apenas dejaba ver una parte de su rostro que no estaba cubierto por la mascarilla de oxigeno que le habían colocado para ayudarle a respirar.

—Se suponía que yo debía protegerla. —se lamentó el Capitán Ichijyo golpeando el cristal con su puño. —Es mi culpa que esto haya pasado. —dijo apretando los dientes.

—Sabes que eso no es verdad. —lo recriminó su mujer. —Fué envenenada antes de subir a tu avión y tu no sabias nada de ello.

Hikaru no respondió y continuó observando a la joven desvanecida tras el cristal.

—El doctor dice que en realidad le salvaste la vida. —dijo ella mirando fijamente los aparatos de monitoreo que se encontraban alrededor de la vaina. Todas las pantallas mostraban diferentes lecturas de las funciones vitales de la joven. —La sustancia que estaba presente en la bebida que le dieron es un tipo de toxina artificial, creada específicamente para atacar las células cerebrales de la víctima.

Hikaru se volvió y la miró confundida. —¿Cómo es que sabes…?

—Porque es un arma que se usa en operaciones de contraespionaje. —respondió su mujer. —Fué desarrollada en el apogeo de la guerra de unificación, cuando los espías en uno u otro bando se eliminaban entre ellos de la forma más sutil que pudieran… Esta sustancia está diseñada para activarse tras un tiempo de ser ingerida y actuar sobre la víctima de forma que se aleje del asesino y le dé tiempo a escapar.

—Minmay… Minmay no es una espía… ni una amenaza para la UNSPacy. —dijo Hikaru con voz tensa.

—Lo sé. —respondió Misa. —Quien suministró esa toxina a Minmay posiblemente no sabía lo que estaba haciendo, por eso tuvimos suerte.

—¿Suerte? —preguntó confundido el Capitán Ichijyo.

—La toxina se activa tras un tiempo en el estómago e ingresa al sistema circulatorio central, de allí viaja al cerebro por el torrente sanguíneo y una vez allí destruye todas las células cerebrales a su paso antes de autodestruirse para no dejar huellas… es completamente mortal… en las condiciones adecuadas. —agregó con una sonrisa.

—¿A qué te refieres…? ¿Por qué Minmay continúa con vida entonces…?

—Porque tú la salvaste. —respondió Misa. —Bueno, tú y ese QRau rojo con el que combatiste.

—¿El Rau… rojo? —preguntó confundido.

—Durante el combate tú y esa armadura se movieron a tanta velocidad y realizaron giros tan cerrados que el pobre cuerpo de Minmay sufrió todo el peso de las fuerzas G de las maniobras que tuvieron que realizar durante la batalla… tú pudiste resistir debido a tu entrenamiento y experiencia, pero Minmay no estaba preparada… y eso la salvó.

—¿Cómo…?

—Fuerzas G positivas. —explicó Misa. —Vamos, tú conoces de estas cosas. —dijo poniendo los brazos en jarra. —Durante el combate las fuerzas G que actuaban sobre el cuerpo de Minmay hicieron que la sangre de sus venas no pudiese llegar hasta el cerebro; eso previno que las toxinas que habían ingresado a su torrente sanguíneo no pudieran alcanzar su objetivo y se destruyeran al cabo de unos pocos minutos, al fin y al cabo estaban diseñadas para no dejar rastros; su tiempo de letalidad no tenía en cuanta tener que luchar contra la gravedad en un combate de mechas.

Hikaru la miró como si no creyera lo que estaba oyendo.

—En fin… solo una muy pequeña parte de esas toxinas lograron dañar algo en el cuerpo de la chica, pero al menos está viva. —dijo volviéndose hacia el cristal. —Te prometo que encontraremos a los hijos de puta que intentaron hacer esta canallada. —dijo apretando los puños.

—Confío en ti. —dijo Hikaru. —No se lo que esté sucediendo en la fuerza… pero no vamos a rendirnos así de fácil… ¿Verdad?

—No dejaremos que se salgan con la suya. —prometió Misa. —Eso te lo puedo asegurar.

Quince minutos más tarde la Comandante Misa Hayase estaba de vuelta en el puente de mando del SDF-3. Lo primero que notó al entrar fueron las enormes abolladuras adicionales que ahora habían aparecido en la pared de metal; El Comandante Britai había descargado su furia repetidamente contra esa pared tras las noticias de que uno de sus hombres, un Zentradi micronizado, había sido quien se sospechaba había suministrado una bebida con el veneno a la joven cantante. El descubrir que ese Zentradi habia aparecido muerto, aparentemente tras cometer suicidio, no habian mejorado su humor en absoluto.

El enorme Comandante se volvió hacia ella en cuanto hubo ocupado su puesto frente a la consola central. —¿Qué opina? —dijo yendo directamente al grano.

—Me temo que no podremos saber si se trató de un verdadero suicidio hasta que personal especializado analice la escena del crimen. —respondió la mujer.

Exedore ascendió desde el fondo de la cubierta y asomó su cabeza por la abertura del puente de mando micrón. —La explicación del fan despechado es, ciertamente, demasiado conveniente. —dijo mientras imágenes de la habitación del Zentradi con las fotografías de Minmay en las paredes aparecieron en varias pantallas alrededor del puente.

—Un fan despechado no hubiera tenido acceso a un veneno como el que suministró a Minmay. —aseguró Misa. —Alguien importante dentro de la fuerza debió de haber suministrado esa cosa al soldado.

—Y al ver que la misión no fracasó y que Minmay seguía con vida, es probable que intentaran borrar todas las pruebas.. incluido al envenenador. —observó Britai. —Primero el atentado contra ustedes en La Tierra…. ahora este intento de asesinato en mi propia nave. —dijo el gigante apretando los puños. —No puedo permitir que algo así suceda en la fuerza.

—Tenemos que completar la misión y regresar a La Tierra. —dijo Misa suprimiendo la ira. —El futuro de la raza humana y la liberación de los Zentradi dependen de nuestro éxito; no podemos desviarnos del objetivo mayor justo ahora.

Britai suspiró y sus músculos se relajaron. —¿Cómo van las operaciones de reparación de las naves de clonación?

—Casi listas. —informó Exedore. —Podremos iniciar el salto FOLD en las próximas doce horas.

—¿Algún rastro del Rau rojo rebelde?

—Negativo. —respondió el Archivista. —Logramos trazar el destino del FOLD y enviamos una nave a rastrear la posición, pero solo encontraron el transporte vacío; es evidente que sea quien sea que escapó disponía de un plan de evasión y más de una nave disponible para evadir una persecución por el espacio dimensional.

—Demasiados recursos para ser un simple rebelde. —dijo Misa. —Probablemente estemos ante algún tipo de organización, tal vez haya algo más detrás de todo esto.

En ese momento el pad de Misa comenzó a sonar y la mujer se disculpó un momento.

—¿Qué sucede, Hikaru? —preguntó respondiendo la llamada.

—¡Ha despertado! —exclamó el joven. —¡Minmay ha abierto los ojos!

Un suspiro colectivo de alivio se oyó en todo el puente de mando.