Mundos Alternos
—¿De nuevo aquí Katsuki? — preguntó él peli verde al verlo sentado afuera de su departamento.
Katsuki se levantó al verlo y chito su boca para cruzarse de brazos.
— Es tu culpa, tú me ofreciste tu casa.
— Sí, pero si mal no recuerdo te di una llave para que pudieras entrar. A mis vecinos les da miedo y para no tener problemas es mejor que estés adentro.
— tks exagerados — rodó los ojos al oírlo
— No los puedes culpar, la última vez los mojaste con agua fría.
— Estaban fumando.
— Y le echaste hielo al agua.
— Jajaja debes de admitir que fue gracioso.
— Si no es porque pago la renta cada mes me hubieran corrido del lugar — hablo por último entrando a su departamento. — Dime que pasó esta vez.
— Mis padres son unos idiotas.
— Dime algo que no sepa — bromeó Izuku quitándose su saco, Katsuki no pudo evitar el ver su ancha espalda y perderse en sus pensamientos. — Sabes que es incómodo que me observes tanto.
— ¡No te estaba observando!
— Aja, mejor límpiate la barbilla que estás babeando.
— Idiota — grito para luego meterse en el baño. Al ver su reflejo pudo ver lo rojo y acalorado que estaba. — Estúpido Deku, siempre molestándome.
— Kats ¿Quieres comer Katsudon?, compre tu favorito— preguntó Izuku abriendo la puerta.
— Déjame en paz — gritó empujándo lo y cerrando la puerta con seguro.
Ambos se habían conocido de una manera muy peculiar, Katsuki le había robado la billetera al peliverde y este al creerse un superhéroe lo había seguido hasta alcanzarlo, lo llevó a la policía los cuales llamaron a sus padres.
Una mujer toda desalineada y con olor a alcohol apareció.
Lo golpeó y lo maltrató enfrente de todos, Izuku se sintió muy mal, si hubiera sabido que eso pasaría simplemente lo hubiera dejado ir, así que sólo retiró los cargos.
— Señora, no debería tratar así a su hijo.
— Mira idiota, yo puedo hacer y deshacer lo que quiera con mi hijo.
— Se da cuenta de que está en una estación de policía y que se puede ir presa por como lo acaba de tratar.
El cenizo palideció al escuchar al pecoso y empezó a jalar a su hijo para llevárselo de ahí, Izuku logró alcanzarlos entregando una tarjeta de presentación al niño.
Fue así como inició su amistad con el cenizo y su enamoramiento hacia un menor.
Pasaron unos minutos para que Katsuki saliera del baño y fuera a la cocina donde el pecoso lo esperaba con un plato de comida.
Se sentó de mala gana, no quería hablar, pero sabía que Deku no lo dejaría tranquilo hasta que le contará lo que le había pasado.
— Sé que quieres saber, así que pregunta.
— Si no quieres hablar está bien.
— Como si tú fueras el tipo de persona que se quedara con la duda.
— Bueno, no puedo negar que tengo curiosidad de saber si ese moretón que tienes en tu cara te lo hizo tu mamá o fue por una pelea, o tal vez esta vez fue otra cosa.
Katsuki rodó los y suspiró.
— Fue el estúpido de Shindo, el muy idiota empezó a tirar mierda sobre mi papá, entonces tuve que cerrarle el osico.
El peli verde solo sonrió por las ocurrencias del otro y empezó a comer.
— ¿Puedo quedarme a dormir hoy? — preguntó tímido como cosa rara en él.
— No puedes.
— ¿Por qué no?
Deku alzó una de sus cejas verdes cruzándose de brazos.
— La última vez que te quedaste aquí te metiste a mi cama.
— ¿Y eso qué?
— ¡¿Y eso qué?! — grito escandalizado — estabas desnudo.
— Tenía calor.
— Estamos en invierno, ¿Cómo rayos tenías calor si yo hasta estaba cubierto con dos edredones?
— Es porque soy muy caliente.
— Estás demente Kats. — habló entre risas, Katsuki frunció el ceño y lo golpeó en el hombro para que dejara de reírse. — Eso me dolió.
— Pues te jodes.
Izuku siguió acariciando su brazo lastimado mientras Katsuki solo lo veía en silencio.
— Hoy es mi cumpleaños. — habló con su mirada fija en él.
— Lo sé.
— Así qué... — Desvío su mirada del peli verde dudando un poco.
— ¿Así qué? — Izuku esperó pacientemente a que Katsuki hablara al fin.
— Ya soy legal.
— ¿Qué se supone que significa eso? — preguntó con el corazón latiendo a mil.
— Que ya puedes ser mi pareja y tener sexo sin miedo a ir a prisión.
— Yo nunca dije que tuviera miedo de ir a prisión.
— Pero dijiste que no salías conmigo porque era menor de edad. Supuse que era por eso.
— Katsuki no es... No es por eso.
— No me jodas Izuku, sé que te gusto ¿entonces cuál es el maldito problema?
— ¿Los 9 años de diferencia que tenemos te parece poco?
— Si las dos personas se aman sin importar la edad. Sabes que tengo razón. — dijo para luego levantarse y sentarse en las piernas del pecoso. Rodeo su cuello con sus brazos y por primera vez desde que lo conoció beso sus labios que tanto había deseado hacer.
Izuku lo sujeto de su cintura acariciando sus muslos, no lo podía negar, ese chico lo prendía de todas las maneras posibles y aunque siempre terminaban peleando y en problemas por él siempre deseaba estar junto a él.
Se separaron por la falta de aire sin dejar de verse.
— Ya no soy tan joven como antes.
— Y qué mejor que estar con un hombre experimentado que me enseñe los placeres de la vida. — dijo para luego besarlo con hambre.
𝑰𝒛𝒖𝒃𝒆𝒍𝒍
Derechos de imagen a su creador.
VirusLetal
Un gran gruñido inhumano retumbó en ese callejón donde alfa y omega corrían a toda velocidad, pero honestamente sin miedo, ellos se reían mientras escapaban de esos seres a los cuales estaban acostumbrados aparecieron cuando tenía nueve años y ahora con dieciséis, pues digamos que se adaptaron perfectamente al punto de que el temor se ha borrado.
Izuku Midoriya ya no es el Omega que llora, que se esconde y que se paraliza ante estos seres, ya tiene la valentía para enfrentar, para pelear con esas grandes ganas de vivir y honestamente solo se dedica a su felicidad adaptándose a lo que la vida le entregó.
Katsuki por otro lado es su compañero de viajes, de excursiones, de esas búsquedas de alimento y medicina para el resto de su equipo, pues cada integrante tiene una misión donde ellos dos son de los más fuertes al pelear y reclutar para el resto de su gente.
En estos momentos Izuku tuvo la maravillosa idea de llamar la atención de esos zombies, lo comparaba con el simple juego de niños como de tocar un timbre y huir. Esa adrenalina de ser atrapados y contagiados los mantiene vivos, bueno a Izuku lo mantiene en vivo.
Por otro lado Katsuki siente que tiene un compañero muy infantil pero al menos está tranquilo en el punto que su omega está adaptado a esta vida, ya se eliminó todo ese miedo cuando empezó este apocalipsis, sin embargo sabe que arruinó su mentalidad porque ya no es un niño del todo sano al momento que ya no solo elimina a zombie sino ha llegado atacar a personas por el hecho que han tratado de robar cosas de su cargamento o cuando tratan de emboscar su campamento y él es uno de los primeros en brincar y arrancar vidas sin ningún remordimiento.
—He conocido dos grandes idiotas en mi vida, y tú eres el primero.
Izuko ríe a carcajadas sin detenerse a correr.
—No seas aburrido Kaachan, el último en llegar el zombie se come su cerebro — Comenta en un tono infantil y continúa con su recorrido acelerando el paso para dejarlo atrás pues es mucho más ligero.
Cómo si no fuese suficiente, el pecoso tira obstáculos para entorpecer y complicar el paso de Katsuki. Al llegar al fondo de ese callejón, Izuku sube por unas escaleras desplegables y las sube sin dejar que suba el alfa.
—¡Basta Deku! No es divertido.
—Dime que soy el mejor y la bajo. — Dice con superioridad
—¿Y si te vas a la mierda?
—¿Y si mejor me coges? — Le sigue el juego con la misma tonada.
—¡Lo único que voy a coger es tu cráneo para aplastarlo con mis propias manos! —El primer zombie tlaquea al alfa, una vez en el piso, gira quedando arriba, con par de puñetazos destroza el cráneo, utiliza unos guantes con unas placas de metal. Limpia con su antebrazo el líquido podrido que cayo sobre su rostro y regresa con el Omega — Déjate de bromas Izuku, me voy a enojar mucho contigo, no te ayudaré en tus celos, lo juro.
Con un puchero, deja caer la escalera logrando escapar del resto de criaturas a tiempo.
Una vez arriba, el pecoso aprieta las mejillas de Katsuki
—En teoría te he ganado. — besa sus labios con demanda.
El rubio logra zafarse, no como rechazo sino por la falta de aire que nunca se esperaba ser besado.
—Eres un demente. — Responde agitado.
—Tu Omega demente, Kaachan.
—¡Izuku Midoriya! — voltean sobresaltados — de nuevo estás haciendo locuras, deja a Katsuki en paz, por amor a todo lo santo.
—Tía, no pasa nada, en serio.
—No lo protejas Katsuki o también me enojaré contigo. — El alfa guardo silencio como siempre ante Inko — No entiendo porque te hiciste de esa manera Izuku, yo no te crié así.
—Vamos Kaachan. — Toma la mano del rubio y se meten al edificio que es su regio temporal.
—No he terminado contigo.
Al ingresar, van al área de duchas, que es prácticamente improvisado, el agua fría lo meten en bolsas de plástico, lo cuelgan en algún lugar alto y posteriormente lo pican con navajas para que tiren el chorro de agua. Izuku es el primero que inicia a desnudarse, Katsuki observa las mordidas que ha tenido durante todos estos años de zombies que Ahora son cicatrices, el alfa es el único testigo de ellos, lo mira con pesar pues cada vez que estan a la vista recuerda detalladamente el dolor de cada una de ellas, pero increíblemente el pecoso nunca se contagió ni se convirtió en uno. En teoría se dice porque es un dominante y no pudieron con su genética pero aún continúan sus dudas.
El Omega siente la mirada de Bakugo, se aproxima él con una sonrisa lo ayuda a desnudarse y lo jala el agua. Inician con besos suaves, juguetones y acaricias recorriendo su piel. Cuando menos se da cuenta aumenta la intensidad y terminan en una pared Katsuki cargando a Izuku mientras simula embestidas con movimientos pélvicos.
De una Bakugo penetra al Omega quien gime recibiendo su extensión, disfrutando su calor y fricción porque estaban acostumbrados a ducharse con agua fría en estos tiempos pero ahora se les hacía tan exquisita por el calor de ambos cuerpos.
~Ah alfa... — gime el pecoso abrazado a su cuerpo. ~ No me dejes nunca vacío, por favor. — Suplica jadeante.
Katsuki concentrado en su entrada y en el cuello del Omega, jadea de vez en cuando disfrutando la sensación aterciopelada. Su nudo está hinchando por placer. Izuku gime más motivado al sentir como se va formando ese exquisito bulto que lo vuelve loco. Siente poco a poco como va entrando enganchando a sus paredes, ama sentir como lo abre y en respuesta se humedece más apretando sus paredes.
Un gruñido ahogado sale del alfa, estalla su orgasmo junto al nudo y tales sensaciones hace que Izuku llegué a su propio placer curveando su espalda.
El rubio se desliza hasta caer sentado en el piso con Izuku en sus brazos, aún con pequeños espasmos, toma su rostro para darle pequeños besos sobre sus labios y el Omega se limita a suspirar.
—Eres increíble en todo Kaachan. — Retrocede un poco sin llegar a lastimarse por la unión, notando un bulto sobre su vientre — sigues corriendote, siempre me llenas demasiado — Concluye con un ronroneo.
El alfa lo abraza para sentir su piel, huele su aroma desde su glándula mayor.
— Te juro que si fuera por este mundo de mierda, ya te hubiera dejado en cinta, sin importarme que seamos jóvenes.
Izuku ríe con suavidad, acaricia sus mechones dorados.
—Con una carga sería suficiente para tener a tu cachorro. — Besa su frente — espera a que seamos más fuertes, te lo daré pero debemos esperar, una vez que tengamos nuestra propia manada, haremos nuestra familia y será invencible igual que nosotros.
Entre mimos, esperan a que baje el nudo del alfa. Ambos ya no tenían miedo a fallecer en ese apocalipsis, porque era algo imposible cuando estaban juntos y son poderosos al sacar su lado irracional casi animal, se siente en la cima de la cadena de sobrevivencia.
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No es mi mejor escrito, pero mheee
~Naty Bemon
—Mio.
—BakuDeku
—Auquirk/Omegaverse
—Profesor/alumno.
Amor infantil/ amor inocente/ profesor/alumno.
Contenido gráfico sexual/vocabulario inapropiado/ diferencia de edad/
Tenía quince años cuando comenzó a trabajar en una estancia infantil, los pequeños de entre uno y siete años eran lo que más hacia feliz a su Omega.
Quizá era muy joven pero había sido demasiado estúpido y por ello a los catorce durante su primer celo dejo que un alfa a quien creyó lo amaba lo ayudará, de ese celo quedó en cinta, era tan pequeño, sus padres molestos lo echaron de casa, se las arreglo solo, pero a los seis meses un dolor aterrador se acento en su espalda baja, su vientre se sentía tan duro, pronto la sangre bajo empapando sus pantalones, el pequeño bebé nació, pero lastimosamente a los dos días después de luchar tanto perdió la batalla.
Después de casi morir el por la depresión, al fin se repuso y busco un empleo, estar ahí ahora entre los cachorros era un bálsamo a su herido corazón.
—Sensei?— un pequeño cenizo se acercó a él
—Dime Kacchan?— susurro con suavidad— que pasa mi amor?
El pequeño cenizo sonrió ante la atención del bonito peliverde, le dio un caramelo que había comprado exclusivamente para él, fue un detalle que hizo sonreír a Izuku con ternura.
Abrazo al pequeño y le dio varios besos en sus mejillas que hicieron sonreír a Katsuki
—Gracias por el caramelo, eres muy lindo kacchan— sonrió Izuku.
Katsuki estaba enamorado del peliverde, de ese tipo de amor infantil sin malicia y sincero, se levantaba con ánimos para ir a su escuela y verlo, varias veces le pidió a su mamá le llevará a la tienda para comprar caramelos para el peliverde
—Sensei? Tu tienes un quirk?— pregunto Katsuki
Izuku sonrió y asintio dejo al pequeño en el suelo, los demás niños rodearon a Izuku también curiosos, ellos estaban a poco tiempo de desarrollar su don así que estaban mucho más emocionados.
Izuku alzó su mano y en ella bailo una pequeña llamita, los niños veían con emoción, con un suave movimiento de su mano la llamita titilo y se volvió una flama más grande que poco a poco tomo la forma de una bailarina de ballet, la pequeña bailarina hizo una reverencia en dirección a los niños que la miraban con asombro, se alzó y comenzó a danzar, era un espectáculo preciosos como de cuento de hadas.
—Tienes un don asombroso— susurro Katsuki
La llamita bailo un poco más antes de girar y desvanecerse.
—Gracias kacchan— sonrió Izuku
Los días siguieron pasando e Izuku esperaba a sus pequeños siempre pasiente, los trataba con tanto amor que los niños lo adoraban.
—Sensei?— Katsuki había descubierto al fin su don y emocionado fue a mostrarle a Izuku— mire
Izuku festejo aquello, orgulloso del pequeño cachorro
—Cuando sea grande— comenzó Katsuki — seré un alfa poderoso, y tú serás mi Omega verdad?
Izuku sintió ternura del pequeño —Claro Kacchan, estaré esperando por ti— sonrió Izuku sin saber que esa promesa permanecería en la cabeza de Katsuki
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Izuku dejo de asistir con el cambio de ciclo escolar, había presentado examen para la UA y por suerte lo había pasado.
Katsuki no volvió a saber de Izuku hasta cuándo tuvo nueve años, fue el debut de Izuku como héroe, lo reconoció por la forma en que su fuego adoptaba formas, quedó perdido entre la belleza de aquella serpiente roja y naranja que pronto se volvió azul.
Más que nunca decidió que sería un héroe, que quería ser como su sensei y se dedicó a entrenar.
Para cuando llegó a la UA ya tenía una meta fija, aún mantenía en su cabeza la promesa de ese peliverde, se había vuelto su fan #1 tenía toda la mercancía que podía encontrar, Izuku se había vuelto un héroe del top estaba en segundo lugar.
Sus esperanzas eran altas, mucho a decir verdad pues era un alfa dominante, sabía que Izuku era un Omega, y estaba seguro de que era suyo.
Se miro al espejo y coloco sus parches, un requisito de la UA pars evitar incomodar a los omegas, y viceversa.
Se adentro con paso seguro, encontró rápidamente su aula, la clase 1-A, aburrido entro y subió sus pies en su mesa, rodó los ojos cuando ese peliazul comenzó a fastidiarlo.
El día transcurrió tranquilo entre las pruebas que Aizawa les hizo
—No deberías ser tan duro con los chicos— Izuku caminaba por el gimnasio donde Shota realizó las últimas pruebas.
Katsuki sintió su corazón acelerarse, era Izuku con aquel traje verde ajustado y su sonrisa suave y reconfortante, el alfa pelinegro rodó los ojos y miro al resto del grupo.
—Es todo por hoy pueden irse— soltó antes de girarse para ver a Izuku— solo les hacía pruebas nada del otro mundo, debes dejar de ser tan débil con los novatos.
—los amenazaste con expulsar a los últimos lugares, además eso dijiste el año pasado y terminaste sacando a todo el grupo — comento con una risita Izuku, Shota y el eran buenos amigos aunque muchas veces los medios y las personas creían que eran pareja, la verdad es que no, Shota no era su tipo, en realidad no sabía cuál era su tipo, no volvió a salir con nadie después del fracaso amoroso a sus catorce
—Como sea, mañana te toca darles clases,no los concientas mucho— le pidió el alfa antes de irse.
Izuku sonrió y negó, el daría la clase de control y manejo de quirk, les enseñaría a los chicos formas ingeniosas de usar sus dones.
Estaba emocionado, había visto a los chicos, no mentiría que estaba muy emocionado cuando vio a aquel cenizo, ya no era un pequeño de cuatro años, era un chico de casi los 16 que estaba persiguiendo su sueño de ser héroe y vaya que se sintió emocionado.
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Katsuki paso a una florería temprano y también a un convini que quedaba de camino donde compro unos dulces, llego temprano a la UA y entro a la oficina de Izuku donde dejó las cosas en el escritorio y se fue en silencio.
Izuku llegó un poco más tarde y dejo su mochila ahí, le llamo la atención las cosas sobre la carpeta que había dejado ahí, tomo la rosa y aspiro el aroma, era delicioso, luego levantó los dulces, aquel detalle le recordó a aquel tiempo que trabajo en aquella estancia infantil
Los alumnos de la clase A miraron al héroe, todos sabían quién era, estaban emocionados de ser sus alumnos.
—Hola soy Midoriya Izuku, me conocen como Deku, pero aquí pueden llamarse solo Midoriya, espero que nos llevemos bien— sonrió el peliverde
—Podria darnos una demostración de su don Mido-Sensei!?— Mina casi salto de emoción
Izuku sonrió y asintió, fijo sus ojos en Katsuki por un momento e imito aquella ocasión hacía casi diez años atrás, la bailarina ahora era más definida, bailo por todo el salón y cuando llegó hasta Katsuki se inclinó dejando un beso en la mejilla de un sonrojado alfa
Izuku no hizo aquello con mala intención, solo fue a sus ojos algo inocente, la bailarina se alejo del cenizo y paseo entre los demás alumnos
—No quema— susurro embelesada una castaña que tocaba la mano de la bailarina.
El bicolor estiró su mano y tocó con suavidad a la figurita de fuego, jamás había visto un fuego tan hermoso, creyó que siempre sería como el de su padre, pero ese desprendía una calidez muy linda.
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Día a día Katsuki dejo en la mesa de Izuku una rosa y caramelos, con la ilusión de que él lo mirara.
Un día pasaba por la oficina de Izuku, era tarde y las clases habían finalizado, un aroma a menta y aniz se colaba por debajo de la puerta, su boca salivo y su alfa se sintió curioso.
—Mio— gruño abriendo la puerta sin tocar
Encontró a Izuku sobre un sofá jadeando, su celo había sido demasiado inconsistente desde que había perdido a su cachorro hacia años atrás.
Katsuki cerro la puerta y quitó sus parches dejando salir su aroma a caramelo quemado y algodón de azúcar.
—Omega— siseo.
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Izuku alzó los ojos al momento que escucho la puerta ser abierta, había cierto miedo nacido de su vulnerabilidad, fue una sorpresa ver a Katsuki ahí.
Iba a pedirle que se fuera cuando el aroma del alfa lo golpeó de lleno, sus ojos brillaron en dorado y sus manos temblaron.
—Alfa— susurro bajito, observo como Katsuki se acercó a él, su aroma se hacía más intenso y él estaba a nada de perder por completo la cordura.
Tomo una gran bocanada de aire y corrió empujando al Alfa que por poco lo pescaba de su máscara, salió de la UA a la carrera y no paro hasta llegar a su departamento.
Apenas la puerta fue cerrada, se deslizó hasta quedar en el suelo.
No podía, Katsuki era joven casi diez años más joven que él, además estaba ese miedo de su Omega de volver a entregarse a un alfa.
La única vez que lo hizo termino mendigando en la calle por un tiempo hasta que encontró un trabajo y por la falta de cuidado y de un alfa su cachorro no sobrevivió, un golpe duro que marca a las personas sobre todo si es un Omega muy joven.
En aquel momento el alfa en quién había confiado era casi seis años mayor que él, claro que sentía mal meterse con su alumno.
Envío un mensaje a Shota y apagó su teléfono, estaría fuera los siguientes cinco dias.
Su celo duraba tres pero dos eran para reponerse, era difícil volver en si y sentir que había cometido otro error.
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Katsuki volvió en si al sentir el empujón de Izuku, miro a su alrededor sintiendo el remanente del aroma del Omega, era delicioso pero le confundió aquella nota de nostalgia que estaba mezclado en el aroma.
Maldijo bajo, era un alfa dominante, sentir el aroma de su destinado le había afectado, quería saltar y tomar a su Omega, marcarlo, que Izuku lo viera a él.
Se fue a su casa con ese sentimiento de haberlo tirado todo a la basura.
Al día siguiente llegó con la intención de pedir una disculpa, como ya era costumbre dejo una rosa y aquellos dulces, está vez olían a él, cerro y se marchó a clases.
El resto de la semana y el lunes siguiente Izuku no se presentó, aún así kats fue fiel y dejo la rosa y los dulces.
Para el martes que Izuku volvió encontró cuatro rosas y caramelos, algunas ya estaban marchitas, una no tardaría mucho en seguir a las primeras dos, y la última estaba fresca de un vibrante rojo, estaba en ellas ese aroma, caramelo quemado y algodón de azúcar, era tan dulce como las cosas que el amaba
Claro que en cuanto recobro la lucidez había repasado aquel día, y se había dado cuenta de lo innegable, Kacchan su dulce y pequeño Kacchan era su destinado, no podía evitar rememorar cuando era un cachorrito que corría a saludarlo.
El final del día llegó y se dejó caer en la silla que estaba detrás de se escritorio
Tenía su frente recargada en la madera cuando escucho la puerta ser abierta y luego cerrada, unos segundos después estaba ahí de nuevo ese aroma
Se irguio de golpe mirando al cenizo que le veía fijamente.
—Estas bien— soltó Katsuki
—Si, lo estoy— suspiro y luego miro el jarrón a su lado, lo había llevado exclusivamente para las rosas que recibía— tu las has enviado?— susurro
—Siempre te gustaron las rosas, se que te gustan más las peonías pero no es temporada, y los dulces— comento Katsuki
—Gracias, pero no tienes por qué, Kacchan se que, se —no podía continuar, quería saltar directo al cenizo y abrazarlo, había una angustia en su pecho, necesitaba sentir que estaba en el lugar correcto por primera vez— se que somos destinados pero no es correcto, soy tu profesor, eso no debería pasar.
—Dicelo al destino— comento el cenizo con una sonrisa irónica— envíale un mail, quizá se equivoco.
Izuku bajo la vista—No puedo Kacchan
—No tienen que enterarse sensei— susurro Katsuki— mantengamos esto entre nosotros al menos hasta graduarme, además nadie juzgaría, los destinados son protegidos por la ley— comento Katsuki que había investigado lo suficiente para saber que no había ningún problema si existía una diferencia de edad entre destinados siempre que el Omega sea mayor se 15 el alfa puede reclamar a su destinado y el alfa puede reclamar a su Omega sin importar si es mucho mayor desde su primer celo.
—No lo se Kacchan yo— susurro Izuku
—Te voy a enamorar Deku, no me daré por vencido, siempre supe que tú eras mío y el destino se ocupó de dejarlo en claro, haré que me elijas— anuncio Izuku
Izuku quería negar, decir que no, pero no podía, el lazo no lo dejaba, ademas que aquellas palabras tan cargadas de sentimientos se incrustaron en su pecho.
—Deja que lo piense por favor kacchan— pidió Izuku en un suave susurro.
—Lo que digas sensei— comento con una sonrisa, rodeo el escritorio y se inclinó sobre el Omega dejando un pequeño beso en los labios de este— hasta mañana Deku.
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—Realmente estás muy borracho— Nemuri miro a Izuku antes de suspirar— que te puso asi?
—Conocí a mi destinado— le dijo Izuku arrastrando las palabras— tienes diez años menos que yo— hipo llorando— lo conozco desde que era un cachorro.
—Estas seguro Izuku?— pregunto Hisashi
—Si, no hay equivocación, es mi alma gemela— volvió a llorar abrazándose a la Omega de cabellos ébano— que debo hacer tengo miedo, soy un Omega usado que ni siquiera pudo mantener vivo a su bebé, he vivido en la calle, soy un desecho, él merece mucho más.
—Basta Izuku— siseo Shota que veía como a un hermano.— eres un héroe que todos aman, no eres inservible, y yo creo que está bien, se que la diferencia de edad es algo que te hace dudar pero sabes que negarte a aceptar el lazo que tienen ahora que saben que existe te hará daño.
—lo dice la experiencia — comento Nemuri con burla haciendo que el alfa se girara un poco sonrojado— casi se muere cuando negó a Toshinori, recuerdas que para que dejara de ser tan salvaje debimos encerrarlos juntos?
—Aun me persigue el sonido de Yagi siendo follado por mi amigo— comento Hisashi haciendo reír a los dos omegas.
Izuku sonrió a medias aún recargado en la mujer— No me recuerden ese momento, era tan joven para escuchar el escándalo que montaron
Yagi llegó justo en ese momento dejando un beso suave en los labios de Shota y mirando a Izuku —Que paso?
Aizawa lo puso al día y Yagi solo asintio, Izuku hacía un año que había aceptado el ofa que se adapto de buena manera a su cuerpo, por ello el control de su propio don se volvió mejor, así que entre ellos había una cierta conexión.
—Es el cachorro del que una vez me contaste? El que ahora es parte de la clase 1-A?— la atención de los otros tres amigos se centro en el rubio
—Si, kacchan— suspiro Izuku.
—Bueno sabes que si te resistes te irá mal, dolerá como el infierno y tendrás que ceder tarde o temprano— le dijo Aizawa
Izuku solo bajo la vista tenía un gran conflicto moral en su cabeza.
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Katsuki caminaba por la plaza con los que se habían autodenominado sus amigos.
—Miren es Mido-Sensei y Hawks— ambos héroes daban una ronda y platicaban tranquilamente mientras la gente les tomaba fotos y los veía con emoción
Keigo era otro de los alfa con los que usualmente emparejan a Izuku, nuevamente solo suposiciones ya que solo eran compañeros de trabajo, Keigo era demasiado escandaloso para Izuku
Katsuki fijo sus ojos en ellos, decir que estaba celoso por la forma en que Keigo coqueteaba descaradamente con Izuku era poco.
—Podrias dejar de hacer eso, me incomoda— regaño Izuku
—Solo les damos un poco de lo que ellos quieren, además tú estás soltero y yo también, solo disfruta— comento Keigo dejando un beso en la mejilla de izuku muy cerca a sus labios.
Izuku se quedó de piedra antes de sonreírle a Keigo de forma tensa y utilizar su fuego para crear una especie de tabla deslizadora y usarla para subir al techo del edificios, definitivamente no soportaría ese juego del alfa.
Katsuki se giro dejando a sus amigos ahí, estaba molesto, al día siguiente tendría que hablar con Izuku.
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No tenía ánimos de volver a la UA, sabía que poniendo un pie en la calle todos lo mirarian y pedirían explicaciones por culpa del comentario de Keigo.
"Las hormonas lo traen de mal humor a mi bello Deku"
Automáticamente todos creyeron que había un embarazo, por qué piensan en un embarazo, args, Keigo lo traía de mal humor.
Con cero ganas salió de su departamento y se subió a su auto, en la radio nuevamente era notica, estaba considerando quemar a Keigo hasta que sea solo ceniza, si definitivamente eso hará.
Entro a la UA con necesidad de un café, algo dulce y quizá una vida nueva.
—Sales con ese pajarraco y por eso no aceptas nuestro lazo?— Pregunto Katsuki que estaba sentado en un sofá de la oficina
Izuku pego un brinco al escucharlo y se giro para encararlo. Quizo decir algo pero las palabras quedaron en su garganta cuando Katsuki se levantó, de pie frente a frente el cenizo era más alto que su metro setenta y eso lo ponía nervioso, sabía que Katsuki para cuando saliera de la UA sería mucho más alto y su cabeza divago por otras situaciones, inconcientemente acercó su rostro al cenizo.
—Llevas parches— suspiro alejándose sonrojado al caer en la cuenta de lo que hacía.
—Izuku te hice una pregunta, estás con Hawks? Y estás en cinta de él?— volvió a preguntar.
—No, no yo jamás he estado con él, no se por que siempre hace esos comentarios, yo— hizo una mueca y desvío la vista.
—Izuku estás seguro?— Katsuki lo miraba fijamente.
Fue entonces que sus ojos conectaron, le gustaba la forma en que su nombre sonaba en los labios del cenizo, se vio perdido en aquel rojo tan intenso.
Sintió los labios de Katsuki tocar los suyos, jadeo al sentir su cuerpo vibrar, correspondió el beso dejandose llevar ignorando a su cabeza que gritaba que estaba mal, que Katsuki era menor, pero su Omega no tenía ganas de escuchar a la razón.
Katsuki afianzó sus manos en la cintura de Izuku, tenerlo de esa forma en sus manos era el paraíso en la tierra y probar aquello labios el mejor momento de su existencia.
Pronto el beso escalo de tono, más demandante de parte de Katsuki y sumiso por Izuku.
—Encajas perfecto en mis brazos— susurro Katsuki mientras llevaba sus besos al cuello del Omega, mordió aquella zona sin dejar marca alguna, solo rozando la piel de Izuku.
—Kacchan— jadeo Izuku sintiendo que su cuerpo se volvía de mantequilla.
El cenizo con más valor alzó un poco a Izuku para sentarlo sobre el escritorio, el peliverde lo rodeo con sus piernas al momento jadeando ante los roces del alfa.
Izuku se levantó de golpe empujando al Alfa, había entrado en un pequeño momento de lucidez.
—Kacchan por favor— jadeo Izuku viendo los ojos rojos del alfa— aquí no— decidió decir casi desesperado mientas el cenizo lo atrapaba entre la pared y su cuerpo.
—Eres mío Deku— la nariz de Katsuki delineo el mentón de Izuku recibiendo aquella esencia que parecía ser su nueva droga.
—Espera, creo que debemos hablar antes de esto— susurro mirando al alfa— quiero que hablemos— repitió con más seguridad.
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Katsuki volvió a clases dejando a Izuku solo en su oficina, el peliverde sentía a su Omega por primera vez activa y enérgica.
—Izuku?— Yagi se asomo por la puerta y miro a su amigo.
—Yagi— sonrió el peliverde— lo siento yo, me siento extraño.
—Ese muchacho estuvo aquí verdad?— comento con una sonrisa en su rostro— sabes que deben notificar al gobierno su lazo verdad?
—Lo se pero primero debo estar seguro, en cuanto lo notifique no podremos ocultarlo mucho, se sabrá en cualquier momento— bajo la vista a sus manos.
—Que es lo que te detiene Zuzu?— cuestionó Yagi que al igual que Shota veía a Izuku cómo un hermano
—Que pasará si no me quiere a su lado cuando sepa lo de mi cachorro? Cuando vea lo roto que estoy?— pregunto con lágrimas en sus ojos
—Entonces no será un alfa digno de un Omega tan impresionante como tú— le dijo con suavidad estirando su mano para tomar la de Izuku— no dejes que tú pasado le quite valor a lo que has logrado con tanto esfuerzo Izuku, vales mucho más de lo que eres capaz de ver.
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Katsuki comía junto a sus compañeros, Mina, Jiro y Denki cuchicheaban sobre los titulares de las noticias de chismes.
—Pues hacen una pareja un poco linda— soltó Mina— es que imaginaba a Mido-Sensei con alguien no se, más rudo, Keigo y el como que no son tan compatibles.
—Pero será que si está en cinta?— comento Denki— será un bebé adorable.
—Tsk no pueden cerrar la boca?— gruño Katsuki molesto callando a los chicos— solo son un montón de putos chismes y ya.
—wow pareces celoso— molesto Hanta creyendo que así relajaría un poco el ambiente.
Katsuki lo miro mostrando sus colmillos y estaba a nada de saltarle cuando una mano se poso en su hombro— Katsuki me acompañas — hablo Izuku con aparentemente tranquilidad.
Katsuki se relajo bastante mirando al Omega y asintió en silencio siguiendo a Izuku por los pasillos directo a su oficina.
—Basta, los chismes serán cosa de todos los días mientras nadie sepa de mi lazo contigo, no puedes ir por ahí queriendo asesinar a todos por sus comentarios— regaño mientras masajeaba el puente de su nariz.
—que estás diciendo— pregunto Katsuki
—mira, quiero hacer bien las cosas Kacchan, se que negar el lazo me hará daño y tarde o temprano deberé ir a ti, así que quiero ahorrarme el mal momento pero quiero conocernos, notificaremos de lo nuestro para que Nezu y tus padres lo sepan, pero solo ellos hasta que te gradúes no quiero que piensen que tus logros se deben a mi influencia ok— Había llegado a aquella conclusión después de su charla con Yagi y esperaba hacer tomado el camino correcto .
—Lo dices en serio Izuku?— dio un paso hacia el Omega y coloco su mano de manera perezosa en su cadera.
—Si Kacchan lo digo en serio, pero aqui, en la escuela seremos profesor y alumno, no tomes libertades por favor— Izuku le sonrió y se inclinó tomando el la iniciativa de dejar un beso en los labios del cenizo— ahora come— señalo los trates de comida que habían en el escritorio.
—Gracias sensei— molesto Katsuki haciendo reír a Izuku.
.
.
.
—Mido-sensei?— Mina se adelantó un poco y miro a su profesor que ajustaba uno de sus guantes—Esta en cinta?
Comenzó a reírse de lo dicho por la chica y nego—No Mina, no estoy en cinta, Keigo no es mi alfa.
—Pero tiene alfa?— pregunto emocionada de saber más de su profesor.
—encontre a mi destinado— comento con una sonrisa — bueno vamos que tenemos cosas que hacer— anuncio a su clase señalando el campo abierto que estaba lleno de obstáculos— Veamos que tanto han aprendido de mi.
Gay
︎
-Eran héroes claramente que demostrar lo mucho que se amaban en público sería algo mal visto, las personas no estaban acostumbradas a ver a personas o más siendo héroes siendo parte de la comunidad LGBT, no era algo que ellos tomaban a la ligera así que preferían mantener en secreto su amorío y su relación aunque siendo sinceros siempre deseó ir a esas marchas en las que todas las personas parecen ser libres, bueno en Tokyo no se veía eso.
El veía aquellos videos por partes de personas de otros países que realmente no entendía lo que hablaban pero parecían muy felices, parecían libres.
Él quería sentirse así, amar a Katsuki era lo que lo mantenía vivo pero lo que lo suprimía era su puesto en lo mal que quedarían, después de todo tuvieron muchos roces en donde todos comenzaban a cuestionarse pero salieron a aclarar todo y parecían creerles así que quedaron tranquilos.
-Kacchan...
-Cállate.
-Tus besos son más ruidosos.
-Mmmmh.
-Nos van a descubrir.
-Si no te callas si.
-Pero.
-Tengo ganas de mi novio, lleva dos putas semanas trabajando y significó no estar conmigo, así que por favor, lo necesito zuzu.
-Bien. - Jadeó, correspondió aquellos labios desesperados y poco a poco se dejaron llevar en aquel camerino a obscuras, después de un par de minutos Katsuki entró en Izuku y comenzó a embestirlo, los jadeos eran cada vez más pesados y sus gemidos eran reprimidos en los labios de Katsuki, un par de minutos bastaron para que se corrieran e Izuku pudiera soltar un gemido.
-Mucho mejor~
-¿En algún momento podremos formalizar lo nuestro?.
-¿A que te refiere?. -Continuó besando el cuello de el peliverde.
-A decirle a todo el mundo.
-Sabes que aún no podemos.
-¿Pero algún día lo haremos?.
-Sip.
-Confió en ti Kacchan.
-Lo prometo Izuku.- Estaban apuntó de besarse cuando alguien tocó la puerta.
-Katsuki, te necesitan, ¿Sabes donde esta Deku?. - Katsuki giró los ojos.
-En un momento voy, aún no termino.
-Bien, seguiré buscando a Deku. -Se escucharon los pasos de aquel chico alejándose.
-Y Deku está aquí parándome el culo.
-Kacchan. -Regañó riendo bajito, se besaron y comenzaron a arreglarse los trajes, cuando salieron de ahí se comportaron como los rivales que aparentaban ser y salieron a dar aquella entrevista esperada.
-Mmmm, ¿escuchaste?, te podré coger en casa..~ -Susurró Katsuki en el oído de Izuku, este se limitó a sonrojarse y a separarse.
-Kacchan.. -Chilló en un susurro y katsuki se limitó a reírse.
Aún así lo amaba, ¿no es así?
Castigo
El viento furico golpeó su rostro sacándolo de sus pensamientos, se encontraba en detención castigado.
Se lo merecía.
Me gustaría decir que la nula muestra de cariño dada por su madre fue que lo llevo a ser tan malo con los demás pero él sabía que sus palabras lastimaban y no paró.
Bakugo Katsuki había crecido así y a palabras de él moriría así pero claramente no sabía lo que el futuro le tenia preparado.
¿Cuál es la manera en la que alguien sin amor puede demostrar amor? Bueno Katsuki lo hacía a través de insultos, parecía un niño de kinder que para llamar la atención pellizcaba o arañaba.
Izuku Midoriya sin Kosei alguno llegó a iluminar la vida de Katsuki pero me gustaría decirles que ese pequeño sol provocó un cambio en el rubio.
No fue así
Al no poseer Kosei Izuku fue blanco de varios comentarios crueles por parte de "amigos" de Katsuki y para no dejar de encajar en quienes de manera incorrecta creyó eran sus amigos Katsuki también era cruel con él.
La doble vida de Katsuki Bakugo empezaba a cansarle a Izuku Midoriya. En clases y con todos a su alrededor era blanco de sus insultos pero en casa el pecoso se encontraba entre los brazos del rubio ojo granate quién genuinamente intentaba armarle.
El miedo en conjunto con la ignorancia pueden dar resultados aterradores.
Katsuki posee los recuerdos borrosos de aquel día. Recuerda que salió una canción de su banda de rock favorita, recuerda también que el vagón del metro estaba lleno de olor a café pero no recuerda nada sobre la sangre ante sus pies.
Sangre que salía del impacto del cuerpo de Izuku caer del techo de la escuela.
Sostuvo su mano como quería pero en situaciones completamente distintas y noto como sus "amigos" aún viendo la gravedad del caso de Izuku aún se burlaban de él.
No lo soporto y los golpeó ahí mismo, fue expulsado por ello.
Pero el peor castigo de Katsuki no fue ver cómo la sangre de quién amaba se esparcía a su alrededor, no señor lo peor fue que Izuku sobreviviera pero le olvidará para siempre.
La perdida de memoria por el impacto de la carga mental y fisica al caer provocó aquella situación en Izuku.
No había peor castigo para Katsuki que vivir una vida sin el amor de Izuku.
No había peor castigo para él que morir en vida...
༻༺ Mi príncipe ༻༺
[BakuDeku] [Omegaverse] [Amor cliché]
༻༺
En un mundo de reinos, donde se decía que la magia alguna vez gobernó, pero nadie recordaba tener atisbos de ella, excepto claro por un ritual de amor.
El joven príncipe Izuku se estaba preparando para el baile, su biblioteca personal estaba llena de libros de conjuros, nada de ello era ejecutable, pero a su inocente cabeza le llenaba de ilusión. Había cumplido los dieciséis años y este sería su primer baile de amor, para su fortuna, sería él quien recitaría el hechizo especial.
Entrar al salón era magnífico, amaba los ornamentos de oro y las largas cortinas de terciopelo, rojo, porque claro que alabaríamos al amor con el color de la pasión, pues uno debía ser inherente al otro, o al menos, así que interpretaba en ese reino.
—¿Estás nervioso? —Preguntó su amiga Ochaco mientras reía coqueta.
—Un poco —confesó, tratando de ocultar su sonrojo, pues no era nada bueno manejando la atención.
Eran las doce de la noche, el tiempo perfecto para conjurar a la magia. El pecoso estaba en lo alto del atrio, llamó la atención de los invitados y con suma entrega recitó en latín antiguo las palabras que por generaciones se habían transmitido.
Una fuerte corriente de aire atravesó el salón, apagando con ella la mitad de las velas y pronto, durante dos minutos, el hilo rojo del destino se volvió visible para todos.
La impresión del príncipe era enorme, tanto que pasaron varios segundos antes de poder reaccionar… fue entonces que levantó la visita y comenzó a caminar de forma acelerada, siguiendo aquel hilo.
El lugar era un caos, muchos hilos enredados entre los asistentes, demasiados terminaban por salir del castillo, pero el de Izuku, sentía que estaba ahí, algo dentro de su pecho se lo gritaba. Los mayores comenzaron con la cuenta regresiva, empezando por el número quince antes de que el tiempo se extinguiera, para cuándo se llegó a uno, el pecoso estaba a tres pasos de encontrarse con un rubio alto, de ojos bermellón, que perseguía desesperado el amor.
Todo se desvaneció, las velas se encendieron sin ayuda humana y la gente reía complacida con el acto. Pero ellos dos permanecen inertes, uno frente al otro.
—Soy el conde del país de fuego, mi nombre es Bakugou Katsuki —el rubio fue el primero en hablar, se sentía apanicado por la belleza de ese chico de mechones jade.
—Soy el príncipe del país de los bosques, mi nombre es Izuku Midoriya —expresó fascinado, mientras contemplaba al Adonis que tenía frente a él.
—¿Crees en la magia y el destino, príncipe Izuku? —Preguntó con tono galante.
—Devotamente, mi señor —respondió en medio de un suspiro.
Sus miradas estaban conectadas de forma celestial y probablemente sus corazones latían sincronizados.
Salieron a uno de los balcones, el entorno estaba lleno de flores preciosas y arbustos decorados, todo era enmarcado por enormes antorchas que mantenían el rededor del castillo iluminado.
—No creo que sea coincidencia, que el jade de tus ojos resalte ante la luminiscencia del fuego.
—Quizá es que estoy hecho, para que el fuego me consuma y me vuelva su propiedad —evocó el príncipe, ese hombre frente a él alteraba todos sus sentidos, el aroma de su piel le encantaba, su silueta le hacía pensar en mal sanas situaciones, su afilada sonrisa le hacía querer beber de esa boca y sus ojos, esos ojos parecían de demonio, le hacían agua algo más que sólo la boca.
—Es usted un Omega tan precioso, que los ojos humanos, no deberían tener la dicha de admirar tanta divinidad —se hincó frente a él, al tiempo que toma su mano y le besaba el dorso de ésta muy suavemente.
—Y usted un Alfa de lo más maravilloso —no podía con tanto, su omega interno le gritaba con fuerza lo mucho que necesitaba unirse a ese hombre, con fines mucho más allá de la simple reproducción.
—Mi señor Bakugou —un sirviente llegó corriendo, interrumpiendo la romántica escena, de inmediato recibió una mirada asesina de su amo— no lo molestaría si no fuese algo crucial —sus ojos mostraban desesperación—, es su madre.
Katsuki se levantó inflando el pecho, acarició los rizos del príncipe y bajo la cabeza un poco.
—Regresaré su alteza, tenga la certeza de que pronto regresaré por usted.
El rubio atravesó el salón y mientras Izuku le veía alejarse algo se removió en su interior, quería correr tras él, era su destinado después de todo, el hilo rojo no pudo haber mentido, sumando a ello, la forma en que corazón le demandaba alcanzarlo, jamás se sintió tan estimulado por nadie.
—Regresa a mí… Kacchan, por favor —suspiró enamorado.
༻༺
El príncipe del país del bosque ya no quería salir de la cama, había llorado por mucho tiempo. Las cosas sucedieron tan rápido que no tuvo tiempo de asimilarlo o de protestar por ello.
Resultó que desde su nacimiento su padre había prometido su mano al príncipe del país de hielo, un chico de cabello bicolor. En el país del hielo no eran quienes gobernarían, ya que Shoto el menor de cuatro hijos, pero en el país del bosque, Izuku era el único sucesor, su puesto estaba asegurado.
—Tu prometido está ansioso por salir contigo mi amor —pronunció Inko, con tono dulce, mientras abría las cortinas del cuarto de su pequeño.
—Dile que me siento mal —se encogió dentro de las cobijas—, no quiero verlo mamá.
—Créeme cariño, las primeras citas pueden ser aterradoras, pero se nota que Shoto es un buen muchacho, dale una oportunidad, quizá tengas una bella historia de amor.
—¿Qué pasaría si yo tengo un destinado?
—Las historias de antaño dicen que eso existe, pero siendo sinceros, sería muy difícil, lo mejor que puedes hacer es aceptar que tu destino está con el príncipe Shoto, no hay nadie mejor para ti —suspiró—, ya confirmé la cita, el carruaje estará aquí en una hora, lo has rechazado más de cinco veces amor, será mejor que lo dejes cortejarte, de lo contrario la noche de bodas va a ser muy incómoda y los alfas no tienen mucha paciencia.
༻༺
Estaba aterrado, el pecoso temblaba mientras se vestía. Ya había conocido al hombre con quién quería compartir su existencia, porque su ser lo sabía, Katsuki era su alfa… pero ahora estaba prometido a un alfa distinto, uno al que no conocía y el simple plantearse una cita a su lado le hacía sentir náuseas.
El carruaje llegó, pudo verlo desde la ventana de su habitación y hacía lo posible por no soltarse a llorar.
Bajó las escaleras y ahí, frente a la puerta principal estaba aquel príncipe que ansiaba desposarlo.
—Es un honor que al fin tenga el gusto de salir con usted, mi hermoso prometido —el chico de cabello bicolor hizo una reverencia—, luce inmensamente hermoso.
—Muchas gracias —se limitó a imitar la reverencia y tomar su mano para abordar el carruaje.
El príncipe Todoroki se esforzaba por hacer conversación, pero no era nada exitoso en ello.
—Principe Shoto, ¿cuántos años es que tiene?
—Veintidos, pero la edad es sólo un número, desde el año pasado estás en edad casadera, ¿No es cierto? Aunque habían postergado tu presentación a sociedad.
—Es cierto —apretó los puños un poco, él había rogado a su madre ese retraso, no era como que a los quince años tuviera emoción por formar una familia.
—¿Sus ciclos de celo son regulares, cariño?
El de cabello verde se atragantó con su propia saliva al escuchar esa pregunta.
—N-no quiero discutir eso con un extraño —se mostraba horrorizado por la pregunta.
—Seré tu esposo en dos meses y quisiera estar enterado de ello.
El menor se mordió la mejilla interna, dos meses era tan poco tiempo, no sabía ni cómo podría contactarse con Katsuki, estaba agobiado por está situación.
—A-apenas mi primer ciclo fue el mes pasado —bajó la cabeza, estaba avergonzado y quería llorar—, n-no sé que tan regular pueda ser, m-mamá dijo que en nuestra familia, los omegas los tenemos cada tres meses.
—Esplendido, sí todo sale bien, en la boda concebiremos a nuestro primer cachorro.
"¡No!"
Su Omega gritaba y se acongojaba, no quería, no quería ser tomado por ese alfa de mirada heterocromántica.
El carruaje se detuvo y Shoto ayudó a su prometido a bajar. Estaban en la entrada del teatro.
Al joven pecoso no le encantaba esas cosas, estaba aburrido y hastiado, se levantó con excusa de ir al baño, suspiraba deprimido mientras avanzaba en la soledad de ese pasillo. Entró al tocador y no pudo evitar quebrarse.
—Kacchan… ¿por qué te fuiste esa noche sin mí? —se sentía abandonado—, no quiero casarme con él, no quiero —sollozaba desesperado.
—Creí haberte dicho que mi nombre era Katsuki.
Lo primero que reaccionó fue la nariz del Omega, aspiró con fuerza, llenándose de esa esencia de canela y mandarina que aquella noche le hechizó y luego, volteó, con algo de miedo a encontrarse con esos ojos de fuego que le paralizaban.
—Ka-Kacchan es un nombre de cariño —pronunció en voz baja, estaba impactado de verle ahí.
—Yo también tengo un nombre de cariño para ti, serás mi amado Deku —se acercó con dominio, tomó su mentón y plantó un dulce beso en sus labios.
El cuerpo del menor reaccionaba por mero instinto, su boca se abría, ávida de deseo por ese hombre, era su primer beso y agradecía al cielo que Bakugou fuera quién lo tomara.
—Supe lo del compromiso —dijo el rubio con tristeza, se notaba la impotencia en su mirada.
—¡Yo no quería, nadie me preguntó! —respondió de inmediato, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Tranquilo, lo sé, a los omegas nadie les pregunta, sus padres creen que pueden ofrecerlos como mercancía —lo abrazó con ternura y acariciaba su espalda, tratando de reconfortarlo— ¿él te ha pedido tener intimidad?
—Aún no, lo había estado rechazando pero mi madre me obligó a venir, es la primera vez que salimos —respondió, evidenciando su prominente tristeza—, pero sí me preguntó sobre mis ciclos de celo, él espera que conciba en la noche de bodas —un nudo se le formó en la garganta cuando dijo ello.
—Sobre mi cadáver, nadie le va a poner un dedo encima a mi Omega.
¿Por qué era que el corazón de Izuku de emocionaba de esa forma cuando Katsuki estaba ahí? Si lo pensaba un poco, ni siquiera lo conocía, pero sus labios lo había recibido con total naturalidad y su cuerpo no quería alejarse de la protección de sus brazos.
—Ellos quieren que la boda sea en dos meses.
—Lo sé —le tomó el rostro con ambas manos—, Deku, yo nunca creí en las historias de destinados, pero cuando te vi a los ojos, supe que eras el amor de mi vida, no creas que me quedaré de brazos cruzados, voy a arrancarte de su lado, no puedo pelear tu mano, pues mi posición de conde es muy baja, pero eso no me va a detener, voy a orillarlo a romper el compromiso.
—¿Cómo harás eso?
—Aún no lo sé, pero ten fe en mí —volvió a besarlo, de forma mucho más pasional—, en tu castillo hay un pasaje secreto en la biblioteca, búscalo detrás del quinto estante, esperaré por ti esta noche, ya has pasado mucho tiempo aquí, necesitas regresar.
—¿Cómo sabes del pasaje?
—En mi infancia fuí enviado por educación a tu país, conozco el castillo como la palma de mi mano, tu madre estaba embarazada de ti, que lástima que me enviaron de vuelta a casa antes de tu nacimiento, pero ya hablaremos de eso después, ahora regresa mi amor.
El pecoso asintió, pero luego sintió un miedo invadirle de nuevo.
—Shoto sabrá que estuve en los brazos de otro hombre —se tapó la boca en señal de angustia, era un alfa, claro que notaría si llegaba con el aroma de otro encima.
—Calma, como esto —le ofreció una raíz—, el efecto es inmediato, inhibe los aromas, él no notará nada.
༻༺
—¿Qué pasó en el teatro? Desapareciste por mucho tiempo.
Habían regresado al castillo de Izuku, estaban en el estudio, pasando algo de tiempo de calidad.
—Es que no me gusta el teatro, me aburrí —bajó la cabeza, para que no viera sus expresiones—, me quedé mirando por una ventana, había mariposas tan lindas y luego sólo perdí la noción de tiempo, perdón.
—Descuida, ahora sé algo de ti, no debo llevarte a esas cosas que te parecen aburridas —se acercó peligrosamente al rostro del pecoso, mismo que de inmediato giró, evadiendo su intención de besarlo—, sé que los matrimonios arreglados son molestos, pero realmente quiero hacer que esto funcione, no seas tan renuente Izuku, quiero hacer las cosas por las buenas.
El tono de voz y la mirada de Shoto habían cambiado, se notaba agresivo y sus feromonas con aroma a chocolate y jengibre resultaban sofocantes para Izuku, un sofoco que le hacía doler el pecho.
—Probablemente todas las cosas que usted haga me parecerán aburridas —se zafó del agarre—, tengo cuatro años menos, no es como que podamos compartir gustos.
El otro se volvió hostil un instante.
—Quizá no tengamos cosas en común ahora —lo aventó para ponerlo bruscamente contra la pared, mientras le tomaba por la cadera y simuló una estocada en sus glúteos—, pero la única cosa que necesito que sirva entre nosotros, es tu culo para recibirme.
Izuku se alejó como pudo, estaba llorando, salió corriendo de ahí y se fue a encerrar a su habitación.
Se sentía asqueado, estaba temblando, odiaba la forma en que lo había tocado. Cuando escuchó que el carruaje se iba su corazón tuvo un poco de paz.
༻༺
La noche había caído, fue al pasaje secreto, con sólo la luz de una vela como guía y justo en el medio de aquel túnel encontró al alfa que le brindaría confort.
Izuku saltó a sus brazos y rompió en llanto, le contó lo ocurrido y lo asqueado que se sentía.
—Ya mi amor, ya estás conmigo, voy a borrar cada huella que él dejó en ti.
Lo cargó de forma nupcial, lo abrazó con sumo cariño y le impregnó de su aroma. El pecoso se sentía tan feliz al ser envuelto de esa íntima forma. Aunque se asustó un poco cuando el rubio comenzó a avanzar.
—¿A dónde vamos?
—Preparé un lugar para ti —le sonrió tranquilo y el otro se derritió ante ello—, quiero adorarte esta noche, si así me lo permites.
El menor asintió con un movimiento de cabeza y se dejó llevar por lo espeso del bosque.
Llegaron hasta una cabaña. Katsuki le bajó con sumo cuidado, encendió las velas una a una, le guió a una cama cubierta por gruesos y elegantes cobertores, con mullidos cojines y manjares alrededor.
Los besos surgieron de forma melosa, los labios de Izuku eran tan suaves y rojos que encendían al alfa en un instante pero luchaba fuertemente por mantener sus instintos a raya.
Midoriya comenzaba a notar el bulto que se levantaba en la entrepierna de su amado, por primera vez se sentía sensual y coqueto, se montó sobre su pareja y le miró a los ojos.
—Conde… ¿realmente gusta de mí?
—Oh mi cielo —con ambas manos apretó su cintura—, gustar es una palabra tan pobre, yo he nacido para alabarle y complacerle, de eso no tengo duda.
—¿Tiene mucha experiencia en complacer omegas? —Preguntó curioso y un poco molesto.
—Quisiera decirle que no, su alteza —le acarició el rostro con el dorso de la mano—, pero no quiero mentirle al dueño de mi corazón.
—¿Con cuántos ha estado?
—Dos.
El corazón del pecoso dio un salto y su estómago se encogió.
—Fue hace mucho tiempo, era un joven ansioso por conocer el mundo, yo no pensaba casarme, no quería atarme a nada, pero ambos, en su momento, me traicionaron, sus encantos estaban diseñados para aprovecharse de mi debilidad y fue tal mi decepción que sólo renuncié a las relaciones y todo lo que implicaba… hasta que le conocí a usted, su majestad.
—¿Qué edad tiene mi señor? —de inmediato recordó que Katsuki estudió en su castillo cuando él ni siquiera había nacido.
—¿Huirás de mí sí te digo que soy muy viejo? —de forma sensual, comenzó a besar su cuello y apretar nuevamente su cintura.
—N-no, yo no quiero huir ni alejarme de Kacchan, sé que Kacchan es el único alfa para mí, no importa su edad —hablaba entrecortado, disfrutando de la sensación en su cuello.
—Tengo veinticuatro, sé que mi precioso príncipe tiene apenas dieciséis, puedo esperar lo necesario para que te sientas listo, para que tú cuerpo madure y que estés realmente convencido de estar conmigo.
Su Omega interno lloraba de forma muy particular, ansiaba, con cada fibra de su ser, pertenece a ese hombre.
—Hace un año que estoy en edad casadera, no necesito que espere por mí, yo estoy listo, si usted quiere estar conmigo —abrió uno de los botones de su camisa, era diferente, con Bakugou no le importaba en lo absoluto el decoro, se entregaría de buena gana en ese instante.
—Detente, por favor —besó su mano y luego su pecho, justo donde había abierto la prenda—, no tengas prisa por crecer, sí, estás en edad casadera, pero eso no significa que sea lo adecuado, eres un niño Deku, aún te falta crecer y conocer del mundo —la mirada del peliverde se entristeció al instante— no te estoy rechazando, por favor no pongas esa cara —volvió a besarle—, imagina que te tomo esta noche y te embarazo, tu aún estás en desarrollo y llevar un bebé dentro es muy desgastante, el bebé y tú competirán por los nutrientes que ingieras y eventualmente alguno estará afectado por ello —besó su frente, en símbolo de protección—, si creces un poco más tendremos cachorros fuertes y ni tú ni ellos corrieran algún riesgo.
—Kacchan —pronunció ese apodo con gran nerviosismo—, en cuanto yo vi tus ojos supe que eras el único para mí, quiero ser tuyo, completamente tuyo.
Katsuki sonrió enternecido —yo me sentí exactamente igual, no dejaré que nadie más te tenga, lo juro por mi vida.
—Ámame mucho esta noche, aún sí no consumamos el acto, quiero que mi cuerpo sea amado por usted, mi conde.
El alma de Katsuki ardía en pasión, quitarle la camisa a Izuku y apreciar la dulce cinturilla que usaba bajo la ropa le encendía como lava volcánica. Se acercó temeroso y lamió uno de los dulces pezones rosados del menor.
—¡Ah~! —la voz de Izuku no podía contenerse, sus manos se hundían en los puntiagudos mechones dorados de su pareja—, su lengua arde, mi señor.
—Claro que arde, su alteza… está probando el cielo mismo en este instante, no podía ser de otra forma, usted es una divinidad hecha hombre —acariciaba dis glúteos por sobre la ropa, al tiempo que besaba de forma vulgar su pecho, no quería dejarle marcas, pero al mismo tiempo, ansiaba llenarle la piel con letreros rojizos que gritasen que le pertenecía.
La noche avanzó lenta para los amantes clandestinos, los labios de Katsuki estaban algo hinchados de tanto haber besado la piel del príncipe. Midoriya estaba extasiado y hacer dormido entre los brazos del dueño de su corazón, había sido lo más hermoso del universo. Bakugou nunca se quitó la ropa, pues sabía que no habría poder en el mundo que le hiciera contenerse si se permitía ello. Aún así, el pecoso estaba fascinado con su cuello, y lo poco que pudo probar de su pecho al jalar del escote de su camisa.
Llevarlo de vuelta fue una tortura, no quería despedirlo, quería seguir teniéndolo en sus brazos, por toda la eternidad.
—¿Tendrás algo de la raíz que me diste el otro día? Tomaré un baño en cuanto entre a casa, pero no sé sí tú aroma realmente vaya a abandonarme —preguntó el menor, evidenciando la tristeza que le producía tener que hacer eso.
—Si, toma —le entregó un paquete que sacó el bolso de cuero que cargaba—, ya lo tenía preparado para ti, es bueno que tengas una reserva contigo, de cualquier forma, tendré conmigo cada noche.
La emoción llenó el cuerpo del Omega —¿Podré verte cada noche?
—Por supuesto mi cielo.
—Deberías secuestrarme —sugirió juguetón—, desaparecerme del reino y marcarme, así, aunque me recuperen, nadie me querrá de vuelta.
El rubio sonrió mostrando los colmillos —no me tiente su alteza, que yo más que encantado le clavaría los colmillos.
Tontearon un rato, hasta que Izuku tuvo que irse, pues si alguien entraba a despertarlo, estaría en serios problemas.
༻༺
Fue maravilloso el pasar de tres semanas, los enamorados se encontraban cada noche, Bakugou alababa a su príncipe como a un dios y el pecoso, aprendía de a poco el arte de amar de forma tan entregada. Aunque las cosas no siempre pueden ser de color rosa.
—Hoy tendremos una comida de negocios, tu prometido necesita hacer algunos tratos con el país del fuego— dijo Inko, muy emocionada, mientras ayudaba a Izuku a ponerse un hermoso vestido de olanes.
—¿Pero, por qué aquí? ¿Y por qué debo vestirme así?
—Es lógico que sea aquí, el resto de países deben entender que habrá una unión sólida y que los tratos que se hagan con el país de hielo, también serán asunto de nuestro país.
El ceño del menor se frunció, él no quería fungir como valor agregado en una transacción.
—Ajá, ¿y la ropa?
—Es lo tradicional, que los omegas de la realiza vistan de esta forma —contestó la mujer, evidenciado obviedad en sus palabras.
—Hace mucho tú y yo acordamos que me dejarías vestir como hombre —se notaba dolor en sus palabras.
—Es cierto, pero cuando uno crece debe hacer sacrificios por el bien de su pueblo —le acarició el cabello—, no hagas las cosas más difíciles Izuku, anda, hay que bajar a revisar que esté todo listo.
El chico estaba frustrado, bajó las escaleras con un dolor en el pecho. Se aseguró de que los preparativos se hubieran llevado a cabo y a los pocos minutos el príncipe Shoto llegó.
—Ahora si luces como un Omega a punto de casarse —suspiró embelesado por la forma en que la silueta de Izuku resaltaba con el atuendo.
—¿Verdad que luce precioso? Ves Izuku, yo sabía que tú esposo amaría los vestidos en su Omega —interrumpió la madre del menor.
El pecoso tuvo que contener sus náuseas —a-aún no es mi esposo —trataba de reír con el comentario—, ¿en verdad le gustan los hombres en vestido?
—No sé los hombres, pero tú mi amor, quiero verte siempre así —besó su mejilla, haciendo a sus feromonas impregnarse de Midoriya.
—Los dejaré solos —se escuchaba la risa traviesa de la madre—, los invitados llegarán en veinte minutos, aprovechen un poco el tiempo.
Cuando la puerta del salón se cerró, Todoroki jaló de la cintura a su prometido y le levantó la pierna para acariciar su muslo.
—Que ganas de practicar a hacer cachorros en este mismo momento.
—¡No! Guarde la compostura, por favor —trataba de aventarlo— yo no voy a tener ningún tipo de acercamiento antes del matrimonio.
Shoto no iba a contenerse, era mucho más alto y fuerte, lo puso con la cara contra una pared, le tenía aprisionadas ambas manos sobre la cabeza y le restregaba de forma vulgar su miembro sobre las nalgas.
—Voy a tenerte tanto, a estimular cada rincón de tu cuerpo, a llenarte de mis feromonas hasta que no pienses en otra cosa más que coger conmigo —le lamió la parte posterior del cuello— te vas a rogar, como una perrita en celo, que te llene de mi semen y te ponga una marca en el cuello.
El pecoso estaba llorando, le daba tanto asco sentirlo sobre él, odiaba su aroma, le dolía el corazón cada que era tocado por ese hombre. La falda de su vestido fue levantada y por más que intentaba lucha, no podía quitarse de encima a ese alfa, nunca había odiado su naturaleza Omega, su cuerpo delicado y suave… hasta ese momento.
Los invitados estaban a unos pasos, se escuchó perfecto el llegar de los carruajes, pero Shoto no se quitaba de encima. Lo hizo hasta que se escuchaba el andar por el pasillo.
Cómo pudo, Izuku componía su ropa y en el instante en que los invitados llegaron, terminaba de estirar su falda. Fue en el mismo momento en pudo sentir el aroma que adoraba. Volteó presuroso y sintió la horrible miraba fe Bakugou, afilada y llena de desdén.
El rubio iba a comprado de un chico de cabello negro y puntiagudo.
—Los condes Bakugou y Kirishima —celebró el príncipe Todoroki—, es un placer tenerlos aquí.
El hombre de cabello bicolor no perdería el tiempo, planteó de inmediato el acuerdo, hablaba de ventajas para ambos países, en el transcurso de ello, pidió bebida para todos, era obvio el poco control que tenía con ese tema.
La cabeza de Katsuki era un lío por completo. Pidió permiso de retirarse un momento, so pretexto de estar mareado.
—Izuku, ve a buscar al conde Bakugou, ya tardó mucho —dijo Todoroki mientras reía fuertemente con Kirishima.
El pecoso acudió de inmediato, al salir al pasillo, podía seguir el aroma de su amado, le pareció extraño que ello proviniera de su estudio.
—¿Mi señor? —susurró bajo el pecoso y de pronto miró esos ojos rojos, ardiendo en rabia, en la oscuridad de la habitación.
—¿Hace cuánto que él te toca?
El menor tragó saliva con brusquedad —la última semana lo ha estado intentando, pero no lo he dejado, siempre forcejeo, jamás ha tomado nada de mí.
Katsuki quería creerle, en serio que si, pero el aroma que le habían impregnado a su destinado le estaba haciendo perder la razón.
—Quiero matarlo Deku —aseguró, mientras la mandíbula le temblaba al hablar, producto de la cólera que le invadía—, quiero arrancarle el corazón con mis manos y hacerte enteramente mío frente a él —su expresión estaba casi desquiciada, se distorsionaba por los celos desmedidos.
—Yo soy de Kacchan, cada centímetro de mi cuerpo, cada partícula de mi alma, cada latido de mi corazón, todo le pertenece a usted —se acercó, con intención de besarlo pero fue rechazo de inmediato.
—N-no, no puedo —soltó una carcajada, era producto de la frustración—, tienes su hedor impregnado en la piel, no puedo tocarte así.
Bakugou salió del lugar.
Izuku cayó de rodillas al suelo, era la primera vez que su amado lo rechazaba, su corazón dolía demasiado y una punzada le apuñalaba el corazón. El Omega interno del príncipe estaba sufriendo.
Cuando Bakugou regresó, comenzó a beber, quería olvidar ese día, quería borrarlo.
—Conde Katsuki, ¿dónde dejó a mi prometido? —Preguntó curioso, pues hacía más de quince minutos que Katsuki estaba ahí e Izuku no aparecía.
El rubio enarcó la ceja, en una expresión que fingía no entender de qué hablaba —no lo he visto.
—Lo envié a buscarlo, qué extraño —llamó a unos sirvientes para que fueran por el menor.
Pasaron pocos minutos para que una de ellas le diera razón del pecoso.
El alfa de cabello bicolor se disculpó y mandó a traer entretenimiento para los invitados, so pretexto de ver a su prometido que no se sentía bien.
༻༺
Ese día y durante dos semanas más, no hubo forma de que Bakugou contactara con Midoriya. Estaba arrepentido de su comportamiento, pero es que sus instintos había estado fuera de control, una cosa era tener que ver a Izuku de la mano de su prometido, pero otra completamente diferente era tenerlo bañando en su aroma y haber visto como se componía el vestido cuando ellos entraban le había desquiciado por completo.
Había recurrido a un amigo de antaño, necesitaba toda la ayuda posible.
—Estas loco, el príncipe Shoto es un desalmado, te asesinaran si tratas de robarlo.
—Los días avanzan y no veo como un conde pueda tener algo para pelear la mano de un príncipe, ¡Él es mi destinado Tenya! ¡No voy a dejar que otro se case con él, que tenga una noche de bodas y que lo aten con una marca!
—¿Cómo puedes estar seguro de eso? Encontrar a un destinado es demasiado difícil, no es como que vayas por la calle y te topes con él.
—En cuánto lo ví, supe que él era el omega a quien mi alfa pertenece —se apretaba el pecho con dolor—, además lo vi —sonrió nostálgico—, durante la ceremonia, el hilo rojo del destino me une a él.
—¿Quién pensaría en oírte a ti hablar de amores destinados e hilos rojos? —Preguntó de forma burlona—, pero está bien, ven conmigo a la fiesta, no tengo pareja y me han enviado dos boletos, no le molestará que asista con un amigo. Aunque te advierto que no voy a ayudarte a llevarte a ese chico.
—Descuida, sólo dame la oportunidad de entrar, ya me las arreglaré para todo lo demás.
Se había anunciado una fiesta bajo el tenor de despedir a la pareja de la vida de solteros, sólo amistades carcajada a ambos habían sido invitadas, el círculo era muy selecto.
Todo el evento sería en el castillo de invierno de la familia Todoroki, el lugar estaba impecablemente decorado y Katsuki temblaba al acercarse, era la desesperación de no haber sabido nada del pecoso en los últimos días. Ya no podía resistir estar alejados.
Cuando llegaron, a Bakugou casi se le parte el corazón, Izuku estaba sentado en el regazo de su prometido, tenía pronunciadas ojeras y el alfa tenía descaradamente metida una de sus manos bajo el vestido que hacía usar al príncipe omega.
La noche avanzaba e Izuku ni siquiera miraba a Bakugou, su mirada estaba opaca y perdida, como si estuviera ausente.
—¡Momo! ¡Ven a mí, corazó!
La hermosa beta se acercó y besó apasionadamente a Todoroki, mientras este tenía a Midoriya ahí sentado, admirando en primer plano la infidelidad.
—Principe Shoto —dijo Tenya de repente—, esa no es manera, está a punto de casarse —replicó indignado, ese acto era burla para todos los órdenes.
—¿Hablas de esta perrita? —Preguntó apretando las mejillas de Izuku—, lo encontré comiendo raíces de vergel desesperadamente un día, dígame usted, ¿qué Omega decente hace eso? Es obvio que está sucia zorra tiene un amante y seguro me engañó en mis narices, así que no voy a tener ninguna consideración, será mi esposo porque es conveniente, pero mi cama la va a calentar quien se me antoje —jaló a Yaotorozu y le mordió el cuello, haciéndola gemir. Luego soltó una carcajada y empujó a Izuku para que cayera al suelo.
El pecoso salió corriendo y llorando de ahí. Odiaba a Shoto como nunca había odiado en si vida.
Bakugou aprovechó un momento de distracción para escapar y buscarlo.
—¡Deku! —lo encontró en un rincón del jardín— ¿qué pasó?
—Aléjate, estoy impregnado con su aroma.
—Deku, estaba muy enojado ese día, pero lo que esté bastardo te está haciendo no tiene nombre ni perdón, amor ven conmigo, ¡Escapemos de aquí!
—No —lo miró decidido y seco—, todo esto es tu culpa, así que no iré contigo.
—Lo sé, si fuera un príncipe esto sería diferente, no soy digno de ti, pero te amo con cada poro de mi existencia.
—¡No es cierto! —gritó el peliverde, al tiempo que rompía en llanto—, me rechazaste, me dolió tanto que fue a comer toda la raíz que pude para borrarme el aroma de Todoroki, pero él llegó y cuando me encontró comiendo y llorando perdió los estribos, me llamo zorra, me quitó las raíces, me arrancó la ropa y —la voz comenzó a temblarle.
Katsuki lo abrazó e Izuku volvió a apartarlo.
—Amor mío, no importa nada, huye conmigo, te juro que mataré a ese bastardo, él no podrá lastimarte de nuevo, ¡Te lo juro Deku, por favor perdóname!
—No terminó su propósito, creo que había bebido muchísimo, porque se desmayó encima mío, después de haber manoseado mi cuerpo —lloraba terriblemente, era un niño desconsolado y abusado—, ya no te quiero cerca, ¡Estoy tan sucio! ¡El me toca todo el tiempo y me siento asqueroso!
Katsuki volvió a abrazarlo, ambos lloraban, uno de impotencia y el otro de indignación.
—Amor, mi amor —la voz de Katsuki buscaba calmar un poco al príncipe—, no estás sucio, eres perfecto, yo te amo, no importa nada, te juro que ese bastardo no volverá a tocarte, te lo juro.
—No puedes hacer nada.
—Si, hay algo que puedo hacer —lo miró decidido— ve a esconderte, enciérrate en la torre más alejada, te juro que está noche voy a tomar tu mano y lo haré de la forma correcta —besó su frente y le sonrió—, te pertenezco Izuku, juro que todo saldrá bien.
El pecoso titubeaba un poco, pero obedeció el mandato.
Katsuki regresó a la fiesta, solía cargar con hierbas y brebajes, era un maestro de la manipulación. Usó un elixir afrodisíaco en los invitados, advirtió a Tenya para que no bebiera, pues la intención era que aquello se convirtiera en una bacanal.
—Ya aseguré todo, usé un preparado especial para ocultar tu aroma, vas a estar a salvo.
—¿Prometes regresar? —El pecoso estaba asustado y angustiado.
—Lo juro por mi vida, te amo Deku —besó su frente, le ordenó asegurar las puertas y salió de ahí.
Katsuki cabalgó a toda prisa, sabía que los padres de Izuku estaban en el castillo principal del país del hielo, a dos horas de ahí en carruaje, pero él debía ser mucho más veloz que eso.
Cuando por fin estuvo frente a las imponentes puertas se presentó. Debido a la falta de invitación y rango, los sirvientes se negaban a darle presentación, pero el rubio se metió a la fuerza, era un imponerte alfa después de todo, con una voz de mando impactante que sometía a cualquiera.
Se plantó frente a los reyes del país del bosque y clamó por su ayuda.
—¡Tienen que rescatar al príncipe Izuku!
—Tú no eres nadie para irrumpir así en mis dominios —aseguró el rey, a quien apodaban Endeavor.
—Tiene razón rey Todoroki, pero su hijo ha insultado al príncipe Izuku, le ha faltado en todo sentido, ¡no merece su mano!
Inko y Hisashi se alteraron ante esas palabras, demandando una explicación.
—El príncipe Shoto trata a Izuku de la peor manera, lo insulta frente a todos diciendo que es una perra y una zorra, lo manosea frente a los invitados y fue capaz de besarse con su amante cuando tenía a Izuku sentado en las piernas, obligándolo a ver todo, ¡es un cerdo!
—¡Te prohibo hablar así de mi hijo, no tienes pruebas de ello!
—Estoy dispuesto a pagar con mi vida, si de una mentira se tratan mis dichos, pero juro solemnemente que he hablado con toda verdad.
Los padres de Izuku conocían bien a Katsuki, pues parte de su infancia fue criado en su castillo. Le otorgaron el beneficio de la duda y acudieron con el conde a la fiesta.
En el camino, Bakugou les explicó que Izuku consumía raíz de vergel porque odiaba el aroma de Shoto y siempre que trataba de impregnarlo él hacía hasta lo imposible por quitarse su aroma, pero Todoroki lo descubrió y asumió que era porque lo engañaba, desde entonces lo trataba como basura y el pecoso, al ser omega, era constantemente sometido por la voz de mando de su prometido.
Los Reyes estaban horrorizado con el relato, pensar que todo ello sucedió dentro de su propio castillo, sin tener ninguna idea, les partía el alma no haber protegido a su único hijo de forma adecuada.
Presenciar la celebracias de alcohol, comida y sexo al llegar fue un acto sumamente decadente. Los invitados fueron expulsados. Endeavor había acudido por puro capricho de sus futuros consuegros, no creía a su hijo capaz de tales actos, pero era cierto. Estaba en medio de un acto sexual con su amante, mientras Izuku permanecía encerrado en la torre.
༻༺
—El compromiso está roto cielo —dijo Inko, con gran pena en sus palabras.
—Gracias mamá y perdón por tantos problemas.
Los reyes aseguraron que era ellos quiénes debían pedir perdón. A Izuku de le otorgó la venía de elegir quién lo desposara y su futuro gue construido con el alfa s quién hilo rojo lo unió.
༻Fin༺
Aceptame
Kats odiaba ir al minisuper a hacer la compras, más un domingo a la mañana luego de haberse desvelado jugando videojuegos con sus autoproclamados amigos.
Pero la vieja tuvo que ir a asistir a sus abuelos por lo que no le quedó de otra.
Se encontraba parado revisando la lista y mirando que nada faltara en su canasco cuando un niño de unos cuatro años chocó contra sus piernas. Al principio lo miró mal, pero luego dejó su compra en el piso para verificar que no se hubiese lastimado.
—Enano ¿te encuentras bien? Casi me sacas la rodilla de lugar —trato de bromear para que el niño no se asuste.
—Si, lo siento.
—Bueno. Vamos a buscar a tu mami ¿si? —el pequeño asintió y lo tomó de la mano que le quedó libre luego de tomar su compra para dirigirlo a donde se supone había dejado a su madre.
Dos góndolas más allá estaba un peliverde al borde del desespero porque volteo dos segundos y su cachorro desapareció. Hacía poco tiempo que se habían mudado a ese nuevo lugar y era la segunda vez que el niño acompañaba a su madre al minisuper. Un casi inaudible "mami" lo hizo volver en sí, al mismo tiempo que veía su cachorro venir de la mano de un adolescente rubio.
Un alfa de 16 años, si las cuentas no le fallaban.
Sintió a su omega, el cual hacía mucho tiempo estaba dormido a causa del rechazo que su esposo le daba, levantar su hocico y olisquear.
Esos actos de su omega lo hicieron temblar levemente horrorizado, pues el alfa enfrente suyo no era más que un niño.
—¿Es tu cachorro? —Por Dios, su omega se había levantado de su sitio y ahora se encontraba sentado a la expectativa de poder salir si el peliverde se lo permitiera.
—Si.. Muchas gracias por traerlo —agradeció y miró feo al cachorro unos momentos antes de hablar —. Reico, no vuelvas a hacerle eso a mamá. Me preocupa mucho.
—Lo siento mami es que sentí un olor muy lindo y … —el pequeño se sonrojo al darse cuenta que le había traído a su madre la fuente de ese olor.
—Ohh.. Lo siento mucho es que están despertando sus instintos y no puede evitar oler a todo el mundo, obvio de la distancia. No dejo que se acerque a extraños, pero siempre está diciendo "mami esa persona huele triste" "aquel está feliz"... —el peliverde había empezado a explicarle al rubio el raro despertar de los instintos del cachorro, mientras Katsuki escuchaba fascinado hasta que se interrumpió su relato debido a que el bebé del carro tiró un frasco de la góndola que tenían al lado.
—Key, mira el desastre que has hecho —el peliverde le reprocha al bebé de
casi un año que estaba sentado en el carro de las compras, mientras este solo reía.
Izuku se disculpaba con el limpiador mientras arrastraba el carro hacia las cajas. Katsuki estaba embelesado por ese omega, su alfa comenzaba a andar inquieto y eso lo alertó.
Porque el omega no tenía feromonas de ningún otro alfa ni marca de enlace en su cuello, pero sí una bonita alianza de oro en su mano izquierda.
"Carajo" pensó, habiendo tantos omegas por el mundo el único que te interesa está casado vaya a saber con quien. Sin darse cuenta ya habían llegaron a las cajas y el niño seguía colgado de su mano.
— Rei, suelta al muchacho. De seguro tenias que hacer otras compras y él te
trajo hasta aquí — comentó avergonzado de lo que su hijo estaba tratando de
hacer.
—Katsuki bakugo, con todo esto ni nos presentamos. No se avergüence cuando
Reico me encontró estaba revisando mi lista y ya consegui todo — contestó el
rubio para luego mirar al pequeñoalbino que llamaba a su atención tirando suavemente
de su mano.
—¿Puedo ser amigo de Kacchan? —preguntó con timidez y el rubio sintió un
calorcito en su pecho.
El no era bueno para tratar con niños, sus primos lo ponían de los nervios, los hijos de las amigas de su madre le hacían perder la cabeza, pero este cachorro había ganado su corazón con solo esa frase y el otro en carro aplaudía riendo como si entendiera la profundidad de los pensamientos del alfa. Katsuki se agacho a su altura para responder.
—Claro que puedes ser mi amigo — y le ofreció el puño, para cerrar el trato.
El niño sin pensarlo chocó el suyo más pequeño con el mayor.
Izuku estaba enternecido y algo asustado.
Primero porque su hijo había hecho un amigo, cuando en el kinder todavía le costaba socializar y lo segundo porque tenía miedo que se aferra a alguien mayor que no es de su familia.
Pagaron cada uno sus compras y el rubio se ofreció a acompañar al peliverde a su casa en vistas de que su nuevo amigo no quería separarse de él.
Esa mañana en el minisuper Katsuki había pagado no solo con billetes, también su corazón había sido entregado a ese omega y a esos cachorros.
Una alianza no lo alejaría de perseguir el corazón del omega como pago justo por el suyo.
𝐌𝐢 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐨𝐬𝐚 𝐨𝐛𝐬𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧
Entre Ángeles y Demonios había un fuerte odio, algo mutuo, había reglas que cumplir.
1-. Jamás entablar conversaciones con un Ángel.
2-. Jamás interferir en la muerte de un ser humano.
3-. No desafiar a la Deidad más poderosa que tú.
Y la más importante jamás pero jamás debe de haber una mezcla de especies.
Los demonios deben permanecer en el averno y los Ángeles en su mundo celestial.
Pero para katsuki uno de los demonios más importantes del averno, esas reglas no le importaban nada, su curiosidad por saber qué pasaría si tenía un hijo con un Ángel, qué lado predominará más. Sería más fuerte que ambos, a que lado su alma perteneciera.
Era algo por lo cual estaba fascinado por hacer, pero los Ángeles que veía no llamaban su atención, la belleza de alguno de ellos no era suficiente para él, todos se les hacían exactamente hechos y semejanza de su Dios.
Vago por varias décadas haciéndose pasar por un humano, era algo que sólo los demonios más poderosos podían hacer, ellos no poseían cuerpos como los otros, solo sus alas, cuernos y cola se ocultaban a la vista de los humanos.
Por otro lado los Ángeles podían detectar su maldad, así que por eso decidió convivir con los humanos, aprender de ellos, para capturar a su Ángel.
Pov. katsuki
Ya estaba harto de los humanos, me cansaba verlos, yo quería matar, desollar a mis enemigos, solo que mi curiosidad de lo prohibido me ganaba más que impulsó de todo lo demás.
Tenía más de 1 siglo estando con ellos, aprendí a esconder muy bien mi maldad, aunque a veces me divertía susurrando al oído de algunos incrédulos humanos, que me hicieran favores o que cometieran algún pecado, utilizaba mis poderes más básicos para hacerlos caer en la tentación.
Cuando estaba a punto de renunciar, en un accidente de auto iba una familia entera dentro de él, los niños solo se veía que tenían contusiones nada graves, más sin en cambio su padre había recibido casi todo el impacto, su madre de los pequeños aún tenía un pulso muy débil.
De otro carro un poco más atrás se bajó un hombre de una extraña cabellera verde, así que me acerqué un poco más, yo también iba en uno de los carros que alcanzó a frenar a tiempo antes de llegar al choque.
En cuanto paso muy rápido a lado de mi, me provocó un escalofrío que recorrió toda mi piel, incluso casi hace que saque a relucir mi figura demoníaca.
Se acercó a lado de la puerta de la madre y con fuerza sobrenatural rompió la puerta del auto, tomó en sus brazos a la madre de los niños, yo ya estaba demasiado cerca cuando sus hermosas alas se desplegaron.
Ahora entendía porque se me erizo la piel, estaba interviniendo. — Oh, un Ángel que estaba dispuesto a arriesgar sus alas.
— ¿Tú cómo lo sabes lo que me pasará? — preguntó el Ángel volteando a verme como me acercaba cada vez más.
Quedé impactado por su belleza, sus ojos, todo de él es perfecto, nadie en mis miles de años que he estado aquí en la tierra han superado la belleza de este Ángel.
Extendí mis enormes alas negras, mis cuernos se enroscaban en cuanto salían, mi cola, al igual que mis colmillos se hacían presentes.
El Ángel se quedó quieto. — Si vienés a matarme, hazlo, yo no le tendré miedo a la muerte, solo déjame salvarla a ella, sus pequeños aún la necesitan.
La voz de aquel hermoso ser era tan divina para mis oídos. — Termina y hazlo pronto, quiero acabar contigo. — Era una gran mentira.
Aquel cubrió con sus hermosas alas el cuerpo de la madre, empezó a decir unas palabras. La dejo en el suelo en cuanto término. Me volvió a ver y se puso de rodillas frente a mi.
— Matame ahora, mi alma descansará porque logré salvarla pero antes de todo quisiera saber qué demonio me matara y espero no olvidar su nombre para agradecerle tal acto después en mi reencarnación.
— Mi nombre es Katsuki Bakugo soy el demonio con más jerarquía en el averno, después de Lucifer.
— E-eres uno de los tres principales. — su voz sonaba temblorosa.
— Así es bello Ángel, pero tengo otros planes contigo. — acaricie su bello rostro con mis garras.
Lo agarre en un abrazo con mucha fuerza, con mi cola inmovilice sus manos y emprendió el vuelo, trataba de safarse pero mi fuerza era mucho más que la de él, quizás si no hubiera gastado energía en salvarle la vida aquella humana, sería ahora más fuerte.
Llegue a mi hermosa casa que por siglos ha sido mía. Me transforme en humano en cuanto toque el piso, pero seguí sujetándolo, ya empezaba a perder la fuerza. — Duerme mi bello Ángel. Yo te cuidare.
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—Mi hermosa obsesión
—BakuDeku
—Dia7: sobrenatural
—Au angeles y demonios.
—angeles/demonios/secuestro/
Parte 1 (en el Multiverso de Boku no Hero)
https/m./story.php?story_fbid=195391423479404id=100090256412556mibextid=Nif5oz
Aclaración para entender este CAP primero hay que ir a leer el anterior en Multiverso así será la dinamica en este fic bueno que disfruten por qué se pondrá aún mejor.
El Multiverso de Boku No Hero
#Crazyweek
#colaboracionylaquesl
El Multiverso de Boku No Hero
Parte 2
En los cielos existen jerarquías,los humanos creen que los Arcángeles son los más cercanos a Dios y por ende son los más altos en la línea.
Están tan equivocados, los Arcángeles son fuertes, pero no los más cercanos, son los ejecutores de Dios, los siete sentados en sus tronos vigilan a los humanos pero jamás bajan a la tierra, a menos que él así lo decida.
Quiza los humanos nos engloban a todos bajo el nombre de angeles, está bien para mí, no me molesta que lo hagan, aunque cada ser celestial tiene su propia misión, tenemos en común nuestras alas, pero estás también difieren entre cada uno.
—Señor— Hitoshi se para ante mi, es un principado muy elegante, uno de esos que están arriba de los Arcángeles, le sonrió para que continue— lo llaman en los recintos, algo relacionado con los humanos
—Entiendo, gracias Hitoshi— sonrió y con suavidad paso mi mano por su pálido rostro antes de dejar un suave beso, para nosotros "los angeles" las muestras de afecto son comunes, está en nuestra naturaleza.
Mis pasos resuenan por aquel impoluto pasillo blanco, las paredes laterales están recubiertas de terciopelo rojo y numerosos cuadros con los inicios de la tierra están colocados a lo largo de el enmarcados en oro y cristales,son preciosos.
Me detengo solo un momento frente a la puerta que una ves fue de lucifer, hacía tantos eones que se fue, más adelante está la puerta de su fiel seguidor, Bakugo Katsuki era el comandante principal de los Grigori, uno de los veinte comandantes que dieron la espalda a Él, más adelante están el resto de puertas y en la ciudad a las afueras está en ruinas lo que fueron los hogares de los 200.
No conocí a Katsuki, nuestros mundos nunca se cruzaron y espero que jamás lo hagan
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(Actualidad pov Izuku)
Mas de 100 años viviendo entre los humanos, una petición especial de arriba, cinco Dominaciones fuimos enviados para mantener el orden entre los angeles, de vez en cuando nos encomendaban aquello, así que aprendí a vivir entre las personas, llegando a amarlos de verdad.
Por ello me arriesgue a salvar a esa mujer en el accidente, jamás creí que mi destino sería estar de rodillas frente a uno de los principales del infierno, sus alas eran tan grandes, conservan cierto toque distintivo, plumas en vez de membranas, quizá fue el único regalo que les dejo.
Nunca había visto belleza tan marcada por la crueldad, moriría, mi esencia volvería a mi hogar y mi cuerpo lentamente volvería a tomar forma, pasarían siglos para poder bajar nuevamente, pero volvería eso era seguro.
Quise escapar en vano, usar mis poderes para salvar a la humana aún manteniendo mi cuerpo semihumano me hizo gastar más energía de lo que creí, fui un tonto al hacerlo, demasiado tarde para recriminarme, estoy en las garras del demonio, será todo lo que vea.
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Narradora.
Izuku despertó en una habitación a mitad de una gran cama, miro a su alrededor, la ventana daba vista a la ciudad debajo, se acercó con cuidado y cuando su mano tocó el cristal este chispeo, claro, poderes, sonrió un poco petulante, aquella barrera estaba cerrada para angeles de la tercer jerarquia, con un poco más de descanso podría salir de ahí.
El "click" de la puerta a su espalda le hizo girar.
—Por que no me mataste, sabes que tener cautivo a un ángel traerá consecuencias graves?— hablo bajo y suave, quizá demasiado presuntuoso pero en ese punto no podía mostrarse débil
—Tengo— Katsuki se adentro, vestía completo de negro, sus manos estaban entrelazadas en su espalda y su andar era demasiado confiado— planes más interesantes para ti— ronroneo mientras seguía avanzando hasta quedar justo frente a Izuku— para cuando tú Dios se de cuenta que faltas, ya habré hecho contigo lo que deseo y mucho más
Izuku se giro, mucha confianza quizá, él no era ese tipo de ángel, pero sabía que era peligroso que ese demonio sepa quién es en realidad, a menos que lucifer lo viera, lo reconocería, se amaban antes de la traición, ahora solo se odian.
—Me llevarás con Lucifer?— cuestionó
—No, o quizá después, cuando me aburra de ti, quizá él quiera divertirse contigo— Soltó Katsuki con indiferencia
—Que quieres de mi Katsuki— pregunto mirando al cenizo a través del reflejo del cristal.
—Tu cuerpo— ronroneo el demonio.
Izuku sintió su piel erizarse, su forma angelical peleaba con salir, jadeo viendo el vaho que manchaba el cristal, se giro quedando de frente a Katsuki
—estas loco? Que—se corto de golpe—un demonio y un ángel jamás deben aparearse, es contra las leyes— su voz tenía un punto de histeria y reprobación, no dejaría que ese demonio poseyera su cuerpo, no sería arrastrado a una condena que no busco, que no merece.
—Lucifer una vez dijo, que si quería poseer a un ángel no funcionaría, que buscará más arriba, un arcángel quizá, pero de ser uno, hace mucho que estarías dandome lucha, que eres Izuku?— cuestionó el cenizo mirando más detenidamente al peliverde frente a él.
Izuku negó y desvío la vista— un ángel es lo que soy— gruño, no era un gran luchador como los principados o los Arcángeles, pero podía defenderse, luego supo que eso lo delatara, su arco y sus flechas eran conocidas, revelar su cuerpo ahí en la tierra llamaría demonios de clase baja, la guerra se desataría condenando a los humanos, no podía hacerlo.
—Vaya que eres interesante— su mano que finalizaba en filosas garras se cerró en la garganta de Izuku, el peliverde libero un brillo y un calor se extendió desde ahí donde sus dedos se aferraron a la muñeca de Katsuki hasta el resto del cuerpo del demonio.
Este se alejo confuso, apenas se recuperaba cuando sintió el golpe en su mejilla, cayó al suelo viendo al peliverde que se abalanzó contra la puerta del balcón, la abrió sintiendo solo un pequeño escozor ante la protección que Katsuki había puesto, extendió sus alas características de las Dominaciones, eran mucho más grandes y doradas en vez de blancas
Los ojos de Katsuki brillaron al caer en cuenta que tenía un pez gordo de los cielos, la punta de su cola se clavo en la espalda de izuku atravesandolo sin piedad.
—En tu forma humana eres mucho menos peligroso que en tu forma angelical, oh eres tan perfecto—ronroneo Katsuki, tiro de Izuku haciendo que su espalda chocará con su pecho, su mano se aferró al cuello del peliverde y apretó con fuerza, su aliento choco en el oído del angel—Tan precioso, justo lo que necesito, aceptaré que el cielo caiga en la tierra buscando a su hermosa dominación, y yo a cambio traeré el infierno aquí arriba solo para aferrarme a ti y lo que llevarás en tu interior de mi— amenazó llevando su mano libre al vientre de Izuku— haré de tu infierno mi paraíso pequeño angelito.
Con ello lo llevo dentro, pronto descubriría que pasa cuando mezclas a uno de los príncipes del infierno con un ángel en cuarto lugar en cercanía con él.
Evee y Nats
Imagen tomada de Pinterest si conoces al autor déjamelo saber para darle los créditos que corresponden por magnífica obra de arte
••Alteza••
Su carruaje llegó a Yuei por la mañana, antes que el sol alcanzará los valles; y antes del mediodía se hallaron frente al palacio de la familia real donde su prometido lo esperaba.
Ninguna de las dos familias reales había tenido la fortuna de ser bendecidas con una hija, todo el mundo temió que sus dos reinos jamás se unirían en una alianza.
Por fortuna, cuando cumplió los diecisiete años de edad el mundo se enteró que el único heredero al trono de la familia Midoriya era un doncel, y fue maravillosa la noticia, pues después de todo habría una alianza entre Yuei, el reino de los Midoriya y Drakkar reino de los Bakugo, hogar de los dragones.
Casarse jamás estuvo en los planes del heredero Bakugo, pero haría de todo por proteger a su reino, así que aceptó, escogió las joyas más bellas de su colección de tesoros para dárselas cómo regalo a su prometido, e inició su viaje.
Ahora, mientras recorría los pasillos con dirección a la sala del trono fue que pensó en qué demonios se estaba metiendo casándose con alguien de quién ni siquiera conocía su rostro.
Que su prometido fuera un sujeto horrendo importaba muy poco en realidad, tenía parientes que lo hacían funcionar al menos durmiendo en la misma habitación, pero llevando su vida por separado, con amantes y concubinas, al menos de esa forma no se mataban entre ellos. Con darle un heredero a ambos reinos sería suficiente.
Se resignó a ello y siguió a su escolta hasta la sala, dónde apenas entró se encontró con un caos.
—¡¿Dónde se metió?! —gritó la que él creía era la reina Inko— ¡Hoy, de todos los días tenía que ser un irresponsable!, ¡encuéntrenlo!
La reina estaba por gritarle al rey, cuando Kirishima anunció la llegada de la familia Bakugo con una fanfarria, el guardia pelirrojo a veces era demasiado despistado para su propio bien.
Los reyes de Yuei, los sirvientes y los guardias quedaron helados ante la presencia de sus invitados.
La reina saludó con cortesía, disimulando sus nervios los hizo pasar a tomar el té. Entre charlas fue que Katsuki notó que el desaparecido al que todo el mundo buscaba desesperadamente era su prometido, el príncipe Izuku. Y no pudo soportar pensar que el maldito cobarde había huido.
Se levantó y se dispuso a buscarlo con los guardias, no dejaría que un niño caprichoso arruinará el destino de sus reinos.
Dos horas después entendió que quizás estaba en medio de algo serio. No faltaba ningún caballo en el establo, los pobladores no lo habían visto, ni siquiera las mujeres guardias que lo cuidaban sabían dónde se había metido, a pesar de que eran muy buenos amigos, ¿entonces dónde se había metido el príncipe?
—No crees que huyó ¿o sí? —preguntó su segundo guardia, Kaminari, mientras los tres recorrían los jardines de nuevo, acompañados de un puñado de guardias de Yuei.
—¿Y si lo secuestraron? —se unió Kirishima.
—Ni siquiera lo conozco, pero no creo que sea de los que se retracta de algo como esto —respondió Katsuki—, por cuánto lo quieren sus guardias no creo que sea capaz de huir y dejarlos a su suerte.
—¿Entonces dónde se habrá metido? —suspiró Kaminari.
—¡Aquí! —Se escuchó un grito amortiguado que salió de un lugar desconocido.
—¡¿Alteza, dónde está?! —gritó una de las guardias del príncipe, Ochako Uraraka.
—¡En el silo!, ¡ayúdenme!
A la derecha del grupo había un enorme contenedor de semillas pegado a un costado del granero, el silo era el sitio en donde de alguna forma el príncipe se había metido.
Los guardias y el príncipe Bakugo unieron esfuerzos para arrancar las puertas del contenedor, pues no había otra manera de abrirlas. Cuando las puertas cedieron por el suelo se desbordaron las semillas que meses de trabajo les dieron, junto a montones de paja, y de entre el desastre, un príncipe de alborotada cabellera como esmeralda rodó por el suelo.
Desde el suelo, el príncipe Midoriya levantó la cabeza para respirar, pues había pasado horas ahí metido.
—Gra… —Se detuvo en seco al ver a un imponente hombre de ojos como el hierro al rojo vivo mirándolo con una mezcla de curiosidad y diversión— -sias.
La reina Inko llegó para romper el ambiente, regañó al príncipe mientras lo ponía de pie y se lo llevaba lejos, no podía permitir que la primera imagen que su hijo le estaba mostrando a su prometido era de él cubierto de paja y semillas.
—¿Y cómo fue que se metió ahí? —preguntó Kirishima cuando vió a la reina y al príncipe desaparecer por una esquina.
Con su pregunta, otros dos bultos se levantaron entre las semillas, dos jóvenes doncellas, una de largo cabello rosa brillante, una de corto cabello negro, ambas cubiertas de semillas y paja.
—Se fueron, es hora de huir —dijo la pelinegra.
—Tomaré tu palabra —siguió la de cabello rosa—. Antes que Ochako nos descubra.
Se sacudieron y huyeron sin reparar en los tres caballeros extranjeros que las miraban con curiosidad. Definitivamente la gente de ese reino era muy extraña.
[...]
Horas después un gran banquete estaba dispuesto para los invitados y los anfitriones. Mientras los reyes conversaban sobre los detalles de la boda, los más jóvenes escuchaban en silencio, y cierto príncipe de ojos escarlata miraba con diversión a su prometido. Pronto descubrió que el muchacho de las mejillas pecosas tenía cierto encanto por su forma juguetona de ser y su sonrisa perpetua.
El príncipe Izuku estaba sentado junto a su prometido, jugando con una de las mujeres que lo había acompañado en su travesura en el granero, la chica estaba parada en una esquina del salón, pues era una sirvienta, mientras hacía gestos para hacer reír al príncipe Midoriya y el chico le devolvía las bromas.
Los juegos se interrumpieron cuando la reina Inko miró a su hijo con severidad, entonces el príncipe tuvo que bajar la mirada, resignándose a ser "un señorito" como decía su madre. El príncipe Bakugo se sintió mal por la expresión triste de su prometido y por alguna razón desconocida para él, decidió hacer algo para devolver esa hermosa sonrisa al rostro del otro príncipe. Tomó de su plato un guisante, lo puso sobre su cuchara, apuntó y disparó justo al centro de la frente de Kaminari. Su guardia soltó un grito de terror mientras se llevaba las manos a la cara, el pobre recibió las miradas de reproche de las reinas y reyes, mientras los príncipes y el resto de guardias contenían sus risas.
—Lo siento… —se disculpó el guardia rubio, volviendo su atención a su plato.
Cuando los reyes dejaron de mirarlo decidió vengarse arrojando un guisante a Bakugo, quien lo esquivó consiguiendo que Kaminari le diera a Ochako. Y mientras Kaminari suplicaba que algún ángel del cielo bajará a salvarlo, Izuku tuvo que refugiarse en el brazo de su prometido para que su madre no viera cuanto le estaba costando contener sus risas.
Aún no habían hablado, ni siquiera sabían la edad del otro, pero una cosa era clara, aquel matrimonio arreglado sería uno muy divertido y estaría colmado de amor.
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Los meses en los que se hicieron los preparativos para la boda pasaron en un suspiro. Su prometido llegó a su reino una mañana nubosa, pues la boda se llevaría a cabo en la capital de Drakkar.
Desde el primer momento las doncellas de su madre secuestraron a su prometido, por lo que ni siquiera había podido darle la bienvenida al que estaba destinado a ser su nuevo hogar.
Cuando por fin despejó su agenda de las fastidiosas reuniones con comerciantes vagó por las habitaciones buscando a ese príncipe que se dedicaba a hacer travesuras, y lo encontró en un lugar poco convencional, que extrañamente era muy obvio si se trataba del príncipe Izuku.
Se quedó de pie observando la escena con una sonrisa divertida, esa que desde que Izuku llegó a su vida se estaba volviendo frecuente.
Su problemático prometido estaba escalando por el costado de una de las torres de vigilancia; a unos metros de altura había metido medio cuerpo entre el barandal de roca, y ahora pataleaba en el aire buscando un lugar de donde apoyarse.
El príncipe Bakugo se llevó una mano a la cara para contener su impresión y sus risas. Luego imitó las acciones de su prometido, escaló unos metros hasta alcanzarlo para ayudarlo a entrar a la torre. El otro príncipe cayó con un grito de sorpresa.
Izuku había intentado alcanzar a una cría de dragón que vió volar hacia la torre, y por fin creyó atraparla, claro que olvidó un pequeñísimo detalle: los dragones pueden volar.
La juguetona criaturita de escamas voló lejos cuando el príncipe intentó alcanzarla. Izuku hizo un puchero desde su sitio al ver como el dragón parecía burlarse de él.
—¡Eres cruel, creí que éramos amigos! —le gritó al dragón.
En respuesta a sus quejas el dragón dió vueltas en el aire y se alejó, dejando al príncipe con una mueca de enojo y frustración. Cuando sus ganas de volver al castillo superaron su enojo decidió que era tiempo de irse, fue entonces que se dió cuenta que bajar no iba a ser tan fácil como subir. Estaba a unos cinco o seis metros de altura, en una torre de roca alejada de cualquier persona que pudiera ayudarlo a bajar.
—Creo que con esto ya no necesito preguntar cómo te metiste en ese granero y luego no pudiste salir —dijo el príncipe de Drakkar desde algún lugar desconocido.
—¡¿Alteza?! ¡¿Príncipe Bakugo?! —gritó, buscándolo por sobre el barandal de roca.
Lo encontró por el sitio por donde él había subido, su prometido lo miraba sin ocultar cuánta gracia le causaba todo ese asunto.
—Llámame Katsuki, dejemos las formalidades —siguió el rubio. Puso dos dedos en su boca y silbó.
Un estruendo sacudió hasta los cimientos de la torre, luego, desde debajo de la escarpada colina emergió un imponente dragón de color negro y ojos escarlata.
El príncipe Izuku no salió de su impresión, ni siquiera pudo gritar cuando el dragón lo sujetó con sus enormes garras, ni cuando lo elevó más alto que la torre misma. Sus gritos comenzaron cuando la feroz criatura lo dejó caer al vacío.
Por suerte para él ya estaba a unos dos metros de altura, y cayó sobre los brazos de su prometido, aún así siguió gritando, creyendo que caería a una muerte segura.
El príncipe Bakugo rodó los ojos sin quitar su sonrisa, ese príncipe de las pecas le causaba un torbellino de sentimientos difíciles de explicar.
Lo llevó entre sus brazos a una banca de roca al pie de la torre de vigilancia, desde donde podía verse el castillo a la distancia, y lo dejó ahí para que se repusiera del susto.
—Creí que moriría —susurró Izuku.
—Él no te soltaría si yo no sé lo ordenaba —respondió el otro príncipe, quien se sentó junto a él—. La verdadera cuestión aquí es ¿por qué pensaste que subir ahí era buena idea?
—¡¿Los dragones te entienden?!, ¡¿y obedecen tus órdenes?!, ¡¿hablas idioma dragón?! —preguntó Izuku tan rápido que apenas podía respirar.
—Sí. Sí. Y no. Parece que es algo que se hereda con el paso de las generaciones, sólo los descendientes de mi madre pueden entenderse con los dragones, por eso necesitamos herederos de sangre —explicó el príncipe con tranquilidad.
—Oh…
Izuku bajó la mirada y su tono se volvió amargo, aquello no pasó desapercibido por su prometido.
—No puedo cancelar este matrimonio, pero puedo hacer lo posible para que te sientas cómodo aquí —insistió Bakugo—. Así que ¿hay algo que pueda hacer por ti?
—Respóndeme algo… ¿Qué edad tienes? —preguntó Izuku en un murmullo, pues aquella cuestión lo tenía intrigado desde el momento en que supo que debía casarse.
—Veinticuatro —respondió Katsuki extrañado por la pregunta, mientras Izuku soltaba un sonoro suspiro.
—Gracias a los dioses, cuando te ví me sentí mejor, pero ahora de verdad me alegro que no seas un anciano…
—¿Qué? —Katsuki le siguió el juego, sin contener su risa por las palabras de su prometido.
—¡Mi madre dijo que los reyes dragón viven mucho tiempo! ¡Creí que el príncipe sería un viejo de quinientos años! —se lamentó, y se escondió entre sus ropas cuando su prometido estalló en carcajadas. —¡No te rías, para mí era algo serio!
—Si yo fuera un anciano de quinientos años no me casaría con un niño de diecinueve —dijo Katsuki cuando consiguió calmar su risa.
—¿Y… antes de nuestro compromiso… había alguien de quién estuvieras enamorado? —insistió Izuku, de nuevo ocultando la mirada.
—No —respondió simple, pero sintiendo un hueco en el estómago por las posibilidades de que su prometido sí tuviese a alguien— ¿Qué hay de ti, había alguien antes de mí?
—No, mi padre es estricto, y cuando mi madre se enteró de mi condición puso dos guardias de su ejército a cuidarme, así que los pretendientes no se acercaban mucho.
—Eso me alegra —dijo sin pensar, ganándose una mirada extraña de Izuku—. De esa forma no tengo que sentirme culpable por robar a alguien ajeno.
Sus palabras causaron un sonrojo en su prometido, pero más importante que detenerse a admirarlo, fue buscar ese regalo que desde el principio no pudo darle, se trataba de un collar hecho de piedras preciosas.
Lo extendió frente a Izuku, quien se quedó sin palabras con el rostro aún sonrojado. Katsuki se acercó lo suficiente para poner la joya con cuidado, por fin admirando a su prometido adornado con las joyas de su región.
—Que sea una promesa, Izuku, de que te protegeré y amaré por el resto de mi vida.
Tomó su mano con delicadeza y besó su dorso con ternura. El príncipe Bakugo había hecho una promesa que jamás debía romper.
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Al día siguiente la boda del siglo se celebró.
En la catedral central de Drakkar había nobles de todas partes del continente, reunidos para presenciar la unión de dos almas y dos reinos. Pues Izuku, el príncipe de Yuei, debía tomar cierto elixir que lo uniría para siempre a su esposo, uno que fundiría su corazón con el de Drakkar.
El príncipe de Yuei fue entregado en el altar por su padre. El sacerdote dió una ceremonia. Al final dos reinos se unieron, y dos jóvenes compartieron un beso como firma de su alianza.
Aquel día Izuku y Katsuki Bakugo se convirtieron en príncipes de Drakkar y Yuei.
