Capítulo 53: Valiente
Shippo había estado jugando con Lin en la gran sala de estar donde la manada pasaba tiempo luego de la cena. Debían jugar silenciosos ya que a los adultos les gustaba charlar en dicha sala y Kagome se enojaba si Lin y Shippo se exaltaban mucho antes de ir a dormir. Por lo tanto Shippo estaba practicando ilusiones escondiéndose en distintos lugares de la habitación y uniéndose a las paredes o adoptando la forma de un almohadón. Lin debía practicar usar el olfato para hallarlo.
Shippo se tapaba la boca con las manos para evitar reírse mientras observaba como Lin le daba un leve toque a todas las sillas con la punta del pie en caso de que él se hubiera transformado en una de ellas. En ese momento Sesshomaru-sama y Yukiko-sama se pusieron de pie con muchísima rapidez, giraron las cabezas hacia la puerta y el aura demoníaca de ambos se elevó tan abruptamente que a Shippo se le debilitaron las piernas.
—¿Padre? ¿Abuela? —preguntó Lin con tono asustado, lo cual resultaba preocupante ya que Lin jamás se asustaba, ella era la más valiente de los dos— ¿Qué es ese olor?
Shippo comenzó a deshacer el hechizo que lo mantenía oculto, pero un ladrido cortante de Lin lo detuvo. Ella lo miró directo a los ojos a pesar de que él estaba invisible y en ese momento Shippo se percató de que Lin supo desde el comienzo en dónde se encontraba. Ahora ella quería que se mantuviera oculto.
Lin era la Dama de Shippo y él había aprendido lo importante que era que su mano derecha le hiciera caso. Y a pesar de que él no compartía los mismos deseos, en el momento en que vio como entraba a la habitación un humo violáceo que hizo gruñir y luego colapsar tanto a Yukiko-sama como a Sesshomaru-sama, Shippo le hizo caso y se mantuvo invisible. De hecho, ni siquiera se movió hasta el momento en que los ojos de Lin se pusieron en blanco y ella también cayó al suelo.
Fue entonces que se puso en cuatro patas y se deslizó por el suelo para tocar el rostro de Lin y olfatearla.
—¿Hermana? ¡Despierta!
Lin no se despertó pero respiraba.
Shippo inhaló una gran bocanada de aire para sostener las lágrimas, se puso de pie y pasó la vista por la habitación preguntándose qué harían Lin... o Kagome.
Se sentó cruzando las piernas con la cola meciéndose por detrás de sí mientras hacía su mejor esfuerzo por concentrarse. Comenzó a expandir su aura.
Podía percibir el humo púrpura como magia pegajosa y gelatinosa que se pegaba a todo. Si la miraba por mucho tiempo sentía como se le adormecía la vista por lo cual llegó a la conclusión que se trataba de un hechizo para dormir.
Pero entonces ¿Por qué él seguía despierto? ¿Quién lo había conjurado? No se parecía a ningún tipo de magia con la que había tratado, sino que esta magia se sentía como algo malo... le recortaba a lo que le hacía sentir el veneno de Naraku.
Estaba colmada de sufrimiento.
Las orejas de Shippo se tensaron cuando percibió el sonido de unos pasos aproximándose. Se puso de pie con rapidez y comenzó a tirar del cinturón de Lin para arrastrarla por la habitación y meterla bajo una pila de almohadones. Más tarde seguro ella se enojaría por haberle desarmado el kimono y golpearle la cabeza contra la mesa, pero algún día él sería Administrador y parte de su trabajo sería mantener segura a la Dama.
Y otra de las tareas de ser Administrador era asegurarse de que, si la Dama estaba incapacitada para gobernar el Oeste, él sería quien se encargara de hacerlo, por lo que Shippo se hizo invisible lo más rápido que pudo y saltó para treparse al techo.
El zorrito no podía oler a quien se acercaba debido a todo el humo púrpura, por lo que, cuando se abrió la puerta e Inari-sama entró en la habitación, Shippo quedó boquiabierto.
¡Por eso no funciona conmigo ese hechizo! Si hubiera hecho que funcionara para kitsunes también se hubiera quedado dormida ella.
¡Maldita buena para nada, estúpida e idiota de Inari! ¿Cómo era capaz de hacerles eso a ellos? ¡A Inuyasha! ¡Inuyasha podía ser grosero a veces y gritaba mucho, pero no se merecía que le hicieran eso!
Shippo estaba preparándose para saltar de su escondite y lanzarle fuego zorruno en la cabeza a Inari cuando recordó el asunto de la Perla de Poder ¿A lo mejor Inari no podía evitar lo que estaba haciendo? Si ese era el caso, entonces Shippo no iba a lastimarla.
Además, ella tenía más colas que él, seguramente atacarla iba a terminar muy mal.
Shippo observó como Inari se acercaba a Sesshomaru y se inclinaba hacia él para posar las garras en la garganta del Youkai.
—Todavía no— murmuró para sí misma—, ve a por la chica. Haz que salgan de la guarida.
Se alejó y Shippo soltó un suspiro de alivio.
Entonces Inari se dirigió hacia la pila de almohadones donde Lin se encontraba oculta y Shippo tuvo que morderse la mano para evitar chillar.
Inari quitó un par de almohadones con delicadeza hasta revelar el rostro de Lin.
—Con que ahí estas.
Shippo no podía permitir que algo malo le pasara a Lin, fuera una buena idea o no.
Saltó de su escondite con un grito de batalla:
—¡Por la Dama del Oeste!
Conjuró un torrente de llamas esmeralda de las manos. Inari se giró y con un ademán le disipó el fuego zorruno a lo que Shippo se precipitó hacia Yukiko-sama y le sacó el abanico de guerra del cinturón antes de girarse y blandirlo hacia su atacante. El abanico era tan pesado que debía sostenerlo con ambas manos y los brazos le temblaban.
Inari soltó una risa que no sonó para nada amigable. No sonaba a ella.
Hubo un movimiento tan rápido que Shippo no pudo ni ver y luego algo lo levantó por la cola. Trató de no chillar con todas sus fuerzas pero le dolía y sentía miedo y quien fuera que estuviera controlando a Inari iba a por Lin... y si Sesshomaru y Yukiko jamás volvían a despertar...
La no Inari lo sacudió por la cola.
—Deja de llorisquear, enano. Quiero que sepas que me compadezco de ti solamente porque los kitsune se han vuelto casi extintos desde los Años de Naraku.
Intentando mantener la valentía, Shippo le propició un corte rápido y salvaje con el abanico de guerra al grito de:
— ¡Y se van a extinguir aun más cuando te mate!
La no Inari le dio un golpe al abanico quitándoselo a Shippo de las manos. El arma cayó con un ruido perforante ya que la puntas filosas de este que estaban escondidas se clavaron profundas en la madera.
— No pongas a prueba mi paciencia.
La no Inari se acercó a la pared y presionó a Shippo contra esta, sacó un cuchillo del cinturón. Shippo estaba seguro de que este era su fin, pero la kitsune clavó el cuchillo entre la ropa de este y la pared para que el zorrito quedara colgando y luego canalizó un hechizo.
Shippo no podía moverse.
— Bien, ahora quédate ahí. Vas a entregar un mensaje por mí.
La kitsune le dijo Shippo lo que debía transmitir para luego cargarse cuerpo de Lin al hombro y salir del castillo.
-I-
Kagome no supo cuanto tiempo le llevó recomponerse. Ya era de noche por lo que debieron pasar un par de horas ¿O acaso había estado ausente un día completo?
Ni bien se materializó en el puente sobre el estanque de koi entre la Gran Puerta Exterior y la Puerta Interior, llamó a un centinela.
No hubo respuesta.
Se abrió paso hasta el castillo a tropezones y viendo todavía pequeños puntos blancos frente a sus ojos.
Todo demonio con el que se topaba estaba dormido: unos despatarrados en el suelo como si hubieran caído estando de pie, otros estaban recostados sobre el respaldo de las sillas o sobre las mesas. No logró despertar a ninguno.
Kagome podía sentir la presencia de una fuerte magia en el aire que rodeaba el castillo. Se trataba de una masa sofocante que la hacía sentir ligeras nauseas. Sin embargo, no podía concentrarse mucho en ese hechizo ya que se sentía demasiado drenada y debilitada mágicamente por luchar para regresar de su forma de sombra despedazada.
Si se le hubiera cruzado por la cabeza que existía una posibilidad remota de ser atacados, nunca hubiera tomado la forma de la sombra. Resultaba ser una herramienta excelente pare espiar y husmear en su forma etérea en la noche, pero al mismo tiempo se encontraba muy vulnerable. Inari... no, Myobu, sabía que todo lo que debía hacer era romper en pedazos la sombra, lo cual le tomaría muchísimo tiempo para poder recomponerse si es que lograba hacerlo. El mismo tipo de daño podría haberle hecho incluso un viento fuerte.
Y mientras tanto él, por medio del cuerpo de Inari, había puesto a dormir a todo el castillo.
Kagome hizo un esfuerzo por correr ignorando la punzante jaqueca y la forma en que sentía que el estómago le daba un vuelco a cada paso que daba. Sentía una terrible resaca mágica pero debía regresar con la manada ¡Debía contactar con Sesshomaru si no era ya demasiado tarde...!
Se encontró con Inuyasha en el pasillo del ala real. Estaba acostado boca arriba con las piernas dobladas hacia atrás como si hubiera estado de rodillas y luego se hubiera caído hacia atrás. Colmillo de Acero estaba a medio desenvainar, pero Inuyasha no había podido terminar la maniobra.
Kagome le enderezó las piernas para que descansara con más comodidad y siguió su camino.
Encontró a Sesshomaru y a Yukiko con la ropa hecha girones y recostados en el suelo en la habitación donde la manada solía pasar el tiempo. Al menos parecía como si Yukiko hubiera intentado luchar antes de que el hechizo la reclamara ya que su abanico estaba clavado en el suelo.
Kagome sintió alivio y confusión por la falta de sangre en la habitación. Había temido encontrar a Sesshomaru muerto, Myobu podría haberlo matado mientras dormía ya que era demasiado cobarde como para enfrentarlo en batalla.
Y luego ella posó la vista en una pared distante donde Shippo colgaba completamente inmovil. Exhaló un grito ahogado y sus ojos refulguraron de un luminoso color verde. En menos de lo que logró tomar una decisión consciente, ella ya había cruzado la habitación a toda velocidad, descolgó a Shippo de la pared y comenzó a mecerlo contra el pecho.
Ni bien lo tocó, este comenzó a luchar y luego a llorar sujetándose a ella y hundiendo el rostro en el kimono de su madre. Kagome pensó que tales sonidos eran los más bellos que alguna vez había oído ya que sus sentidos todavía se encontraban demasiado distorsionados como para entender y asegurarse de que Shippo seguía con vida hasta que exhaló ese llorisqueo.
Kagome lloró con él y comenzó a reconfortarlo con una pequeña canción sin melodía mientras le acariciaba el cabello y la cola con las garras una y otra vez.
— Mi preciada cría, mi pequeño Shippo — lo acunó.
— ¡Lin! ¡Se llevó a Lin! Intenté detenerla... — le dijo Shippo entre sollozos. La cola se le empezó a erizar hasta que Shippo finalmente se calmó lo suficiente, solo un sollozo ocasional podía revelar que había estado llorando—. Cuando se llevó a Lin me dio un mensaje. Dijo "dile a la Princesa Zorro que si quiere volver a verla deberá venir al lugar donde todo comenzó" — los ojos de Shippo se llenaron de lágrimas pero logró tragarse todo el llanto que amenazaba con volver a quebrarlo—. Tenía tanto miedo... — murmuró contra el cuello de Kagome —. Sin Lin tenía tanto miedo... nunca tuve tanto miedo.
— No — le aseguró Kagome con tanta calma como si lo hubiera ensayado —. Fuiste muy valiente, el más valiente.
Dile a la Princesa Zorro que si quiere volver a verla deberá venir al lugar donde todo comenzó.
Eso solo podía significar una sola cosa.
Kagome debía regresar a Edo, al pozo.
CONTINUARÁ
¡Lamento tanta tardanza en actualizar! Fue fin de cuatrimestre y los exámenes y entregas de trabajos finales no me dejaban tiempo para poder traducir... y estos capítulos venideros son particularmente largos.
Espero traerles la actualización pronto.
¡Ya solo 6 capítulos más, no queda nada!
Starebelle
