Espero que les este gustando esta historia porque aquí les traigo otro capitulo. Espero y les guste porque este es un capitulo muy especial.
Gracias por leer.
Ese día no había sido diferente, ambos limpiaban el bar en completo silencio. Roni secaba los vasos y los acomodaba en las repisas, mientras Sean se encargaba de limpiar las mesas y acomodar las sillas.
—Te veré mañana. — Dijo ella mientras se apresuraba a caminar hacia la escalera que llevaba a su habitación.
—Roni, espera. — La llamó él. La morena se detuvo al pie de la escalera y dio media vuelta arrepintiéndose de no ser más rápida. — Sé que lo que hice la otra noche estuvo fuera de lugar, pero por favor perdóname.
—Sean… — Roni negó con la cabeza y dio media vuelta para seguir subiendo las escaleras pero él la tomó del brazo para detenerla.
—No Roni, no puedo seguir más así. Me está matando el que no siquiera puedas voltear a verme. — La morena bajó la vista al suelo y giro lentamente hacia Sean. — Sé que fui un tonto. — Roni levantó la vista hacia él y pudo verlo con el ceño fruncido y ojos suplicantes. — Por favor perdóname, te juro que no volverá a pasar…
Roni lo tomo por la camisa y lo atrajo hacía ella con rapidez, segundos después lo beso en los labios con intensidad y como respuesta, Sean subió al escalón en donde la morena se encontraba para así tomarla por la cintura. Ella estaba cansada de luchar contra la atracción que sentía por Sean, él la había vuelto loca con aquel beso y ya no podía seguir callando sus deseos.
La morena deslizó sus manos por la espalda de Sean y se detuvo en sus glúteos. Las señales eran bastante claras y los apasionados besos lo confirmaban, así que Sean tomo a la morena por las piernas y ella enredó sus piernas en el torso del chico sintiendo sus fueres manos en su torneado trasero. Sean comenzó a subir las escaleras tratando de ser cuidadoso para no caer mientras él y Roni se devoraban los labios a besos. La morena comenzó a juguetear con el cabello rubio de Sean y él apretaba sus manos sobre las piernas de la morena a medida que sentía que su deseo de hacía más grande.
Cuando entraron a la habitación de Roni, Sean bajó a la morena de una forma ágil y de la misma manera le dio media vuelta pegándola a la pared y sintiendo su trasero sobre su erección. Con un rápido movimiento, él desabotono los ajustados jeans de la morena mientras le recorría el cuello con sus labios. Roni suspiro cuando sintió una mordida en su cuello, y sintiendo una gran necesidad, se volteó hacia Sean para besarlo en los labios y deshacerse de su camisa. Cuando él sintió las pequeñas manos de Roni deslizarse bajo su camiseta, un escalofrió le recorrió el cuerpo y soltó la cintura de la morena para desabrocharse sus pantalones y dejarlos caer al suelo. Solo se separaron por unos segundos para tirar los zapatos a un lado al igual que sus jeans. Sean se quitó la camiseta de un rápido movimiento y la morena se abalanzo sobre él para seguir besándolo en los labios mientras le acariciaba su esculpido pecho y abdomen. Lentamente, dieron un par de pasos hacia atrás y Sean cayó sentado sobre la cama. Roni lo miro con ojos llenos de deseo y dejó que él la observara mientras se quitaba la blusa y el sostén dejándolo ver sus pequeños y firmes pechos. Él no se contuvo más y alargo sus brazos para tomar las manos de la morena y jalarla hacia él; la detuvo con una mano en la cadera y con la otra bajó un poco su bóxer para dejar salir su erección, y con esa misma mano hizo a un lado la parte interna de las pantaletas de Roni y la hizo sentarse sobre él. Cuando Roni lo sintió dentro, dejo escapar un largo y sonoro gemido mientras apoyaba sus manos en los hombros de Sean. Él la abrazó por la cintura mientras con su lengua jugueteaba con una de los pezones de la morena haciéndola gemir con más frecuencia.
Ella marcaba el ritmo, lento y profundo, disfrutando cada segundo. Pero para Sean, ya no era suficiente; sin quitar a la morena de encima, se levantó y dio media vuelta para depositarla en la cama. Rápidamente, salió de ella solo para deshacerse de las pantaletas de la morena y de sus bóxers y con otro rápido movimiento se colocó sobre ella volviendo a penetrarla con profundidad. Roni encajó las uñas en la espalda de Sean mientras sentía las embestidas rápidas y profundas y abrió un poco más sus piernas para que él pudiera moverse a su antojo. De los labios de Sean escapó un "Oh si" y cerró los ojos mientras apoyaba los codos sobre la cama y seguía con sus movimientos constantes. Él comenzó a respirar agitadamente y sintió las manos de Roni sobre sus mejillas haciendo que abriera los ojos. Ella tenía los labios entreabiertos y las pupilas dilatadas y ambos se miraron sintiendo como el placer inundaba su cuerpo.
Sean comenzó a sentir como estaba a punto de alcanzar el orgasmo, pero no quería llegar solo; él le dio un beso en los labios a Roni y sin darle la oportunidad de protestar, Sean bajo rápidamente hasta la entrepierna de la morena y con su lengua lamió la embriagante humedad de Roni para después juguetear con su clítoris. Ella encajó las uñas en las sabanas y arqueo su cuerpo sintiendo como la lengua de Sean viajaba por toda su intimidad. Cuando Sean la sintió temblar y la escucho soltar un grito ahogado, supo que el orgasmo había llegado a ella y en ese momento volvió a ponerse sobre ella para penetrarla; esta vez, la morena tomo el control y giro sobre el cuerpo de Sean para quedar sobre él. Sean se incorporó y ella lo tomó por el cuello para besarlo mientras extendía sus piernas para quedar completamente sentada sobre él. Sus movimientos eran exquisitos y profundos. Él recorrió la suave piel de Roni, empezando por su espalda y acabando en sus piernas. Roni disfrutaba cada movimiento y lo demostraba con sus besos apasionados, introduciendo su lengua en la boca de Sean y de vez en cuando le mordisqueaba el labio inferior arrancándole gemidos al chico.
Ambos se miraron a los ojos y sonrieron por unos segundos; sintieron como sus cuerpos comenzaban a llegar al clímax y Sean se abrazó al cuerpo de la morena mientras ella gemía de una manera excitante, tan alto que ella estaba segura que la escucharían en la calle, pero no podía evitarlo. Sean la estaba haciendo suya, y diablos, lo estaba haciendo tan bien.
Sean mordió el hombro de la morena y ella echó la cabeza hacia atrás sintiendo el segundo orgasmo llegar a su cuerpo. Segundos después, Sean dejó escapar un gemido indicando que había llegado al clímax. Se miraron y se sonrieron, Sean le beso los labios con ternura y se abrazó a su pequeño y bien definido cuerpo depositando pequeños besos en el cuello y hombros de Roni. Ella sonrió ampliamente y con sus dedos acarició la espalda del chico, disfrutando de los escalofríos que Sean le provocaba con cada beso. Él comenzó a acariciarle las piernas, sin despegarse un solo centímetro de ella y en su espalda baja comenzó a trazar círculos con su dedo medio. Ella jugaba con el corto cabello de la nuca de Sean y habían recargado sus cabezas.
—¿Quieres descansar un poco? — Preguntó ella con la voz ronca.
—No lo creo. — Respondió él dándole un beso en el hombro a la morena.
Con un movimiento rápido, Sean puso a Roni sobre la cama y ella soltó una pequeña carcajada. Esa noche harían de todo, menos dormir.
En otro reino.
—Si rodeamos el lugar, podemos entrar por aquí y por aquí. — Explicó Robín señalando con el dedo índice algunas partes del plano que estaba sobre la mesa.
Regina se estremeció al sentir la respiración el ladrón tan cerca de ella. Estaban solo a centímetros de distancia y sentía su cuerpo rogarle que redujera el espacio entre ellos.
—¿Crees que haya una buena posibilidad de entrar? — Preguntó la morena, levantando la vista hacia él.
—Solo si estamos juntos. — Respondió él mirándola a los ojos. — Creo que con su magia y mis habilidades podríamos hacerlo, milady. — Aclaró él, dándose cuenta de lo que había dicho anteriormente.
Regina sonrió levemente, sin dejar de mirarlo y él quedó hipnotizado ante la imponente belleza de la reina. La atracción entre ellos se hacía cada día más fuerte, y es que los ajustados trajes de cuero que Regina usaba no ayudaban para nada a Robín; no podía evitar mirarla embobado cuando le sonreía. Robín se inclinó hacia ella con un movimiento casi imperceptible, estaban tan cerca que no necesitaba hacer mucho.
Un carraspeó atrajo la vista de ambos hacia el frente en donde se encontraban Henry y Roland sonriéndoles.
—¡Henry! — Exclamó Regina sintiendo como el calor subía a sus mejillas. Robín me estaba explicando cómo podemos entrar al castillo de Drizella.
—¿Y te gusta el plan? — Preguntó Henry con una mirada juguetona.
—Es un buen plan. — Se apresuró a responder la morena mientras fulminaba con la mirada a su hijo.
—Muy bien. Entonces Roland y yo prepararemos las armas para poder entrar por la tarde. — Henry le hizo un gesto con la cabeza al chico junto a él y ambos dieron media vuelta y comenzaron a caminar, — ¿Crees que se esté enamorando de nuevo?
—Aunque mi padre no lo recuerde, él siempre ha estado enamorado de Regina. — Respondió Roland con una pequeña sonrisa. — Esas cosas no se olvidan.
Hyperion Heights.
Roni suspiro y parpadeo un par de veces antes de abrir los ojos y encontrarse con el rostro de Sean a su lado. La morena se quedó pasmada al mirarlo desnudo bajo las sabanas y se dio cuenta de que ella también lo estaba. Ella se incorporó lentamente jalando las sabanas para cubrir su cuerpo y se pasó las manos por la cara y el cabello. Por su cabeza pasaron las imágenes de la noche anterior y se mordió el labio inferior al recordar todo lo que había sucedido en aquella habitación.
—Buenos días. — Saludó Sean con voz ronca y ojos adormilados. La morena giró su cuerpo un poco para observar al chico con sus cabellos despeinados y su sonrisa de medio lado. — ¿Qué pasa? — Preguntó él al observar el rostro preocupado de Roni.
—No creo que lo que paso entre nosotros sea muy adecuado… Trabajamos juntos, estamos empezando a conocernos…
—Escucha Roni. — Sean se inclinó hacia ella. — Tú me gustas. — La morena lo miro sorprendida y con la boca entreabierta. — Sé que no nos conocemos demasiado y que tal vez la atracción no sea mutua…
—Creo que anoche comprobaste que la atracción es bastante recíproca. — Interrumpió ella tratando de contener una pequeña sonrisa. Sean se mordió el labio y negó con la cabeza.
—El punto es: — Continuó él. — que no quiero pasarme los días luchando contra lo que me haces sentir.
—Sean, no sé si estoy lista para una relación, esas cosas nunca han sido lo mío.
—Entonces no pienses en eso. — Él le tomó la mano con delicadeza. — Si no quieres una relación, de acuerdo. Simplemente dejémoslo ser.
Sean sonrió y Roni no pudo evitar hacer lo mismo, ¿Acaso aquel hombre podía ser más perfecto? La morena dejó que él la besara en los labios y asintió con una pequeña sonrisa.
—De acuerdo. — Ella lo beso nuevamente y se acercó a él para sentarse a horcajadas sobre sus piernas.
—¿Sabes una cosa? — Sean la miro a los ojos y le acaricio una mejillas con la yema de sus dedos. — Tal vez no pueda recordar muchas cosas, pero estoy seguro que jamás olvidare estos momentos.
En otro reino.
—¿Estas lista mamá? — Preguntó Henry acercándose a Regina.
—Lista. — Respondió ella terminando de hacer el nudo de su capa.
La reina llevaba un traje parecido a una armadura, con pantalones de piel negros y botas, su cabello estaba recogido y se veía realmente bella. Madre e hijo caminaron hombro con hombro para reunirse con los hombres y mujeres de la resistencia.
—¿Cómo van las cosas con Robín? — Preguntó él.
—No sé a qué te refieres. — Respondió ella con nerviosismo mientras ponía un mechón de su cabello detrás de su oreja.
—Vamos mamá. — Henry le dio un pequeño empujón con el hombro. — He visto cómo se mirar. Y lo que es más evidente, nunca dejan de mirarse… Se ve que le gustas.
—Henry, no es tan sencillo.
—¿Por qué no? Ambos se gustan, tú lo amas…
—El a mí no. — Se apresuró a responder la reina. — Tal vez sea Robín, pero él no recuerda nada sobre mí, o sobre lo que sentía.
—Entonces ayúdalo a hacerlo… Se enamoraron una vez, pueden hacerlo de nuevo. — Henry dejó de caminar y tomó a su madre por el brazo para que se detuviera. — Roland me dijo algo, y creo que tiene razón. Robín estuvo enamorado de ti, y tal vez no lo recuerde, pero esos sentimientos están dentro de él.
—Milady. — Ambos voltearon a ver a Robín quien caminaba hacia ellos. — Todo está listo para partir.
—Entonces creo que deberíamos irnos. — Habló Henry.
Regina intercalo miradas entre ambos hombres y asintió.
—Muy bien, es el momento. — Henry miro hacia ambos lados observando a la resistencia que lo acompañaba. — Iremos a la entrada este, nos separaremos para abarcar más terreno.
Los Merry Man comenzaron a avanzar acompañados de Ella y Tiana y antes de que Henry se marchara, Regina lo tomó por el brazo.
—Ten mucho cuidado cariño. — Le pidió ella con ojos vidriosos. ¿Cuándo había crecido tanto?
—Tú también mamá. — El chico le dio un beso en la mejilla a su madre y miro a Robín. — Protégela con tu vida.
El ladrón asintió y Regina le dedico una pequeña sonrisa a su hijo antes de verlo partir.
—Avancemos. — Indicó ella mirando a Robín pero se detuvo antes de salir de los arbustos.
—¿Pasa algo? — Preguntó el ladrón frunciendo el ceño.
—Tienes que prometerme que te quedaras a mi lado. — El rostro de Regina dejaba ver la angustia que se escuchaba en su voz.
—Tranquila milady, no la voy a dejar sola ni un segundo. — Robín la tomó de la mano tratando de tranquilizarla
—Solo promételo. — La morena apretó la mano del ladrón y el asintió.
—Estoy contigo, siempre.
Regina asintió conteniendo las ganas de llorar ante las palabras de su alma gemela, palabras que alguna vez ella le había dicho, y entonces supo que Henry tenía razón. En alguna parte, dentro de Robín, estaba todo aquello que ellos habían vivido juntos.
Ambos comenzaron a caminar y él le soltó la mano para preparar su arco. Robín fue el primero en salir de los arbustos mientras apuntaba la flecha a ambos lados. Regina salió tras él y se apresuraron a caminar hasta la entrada trasera del castillo. La morena se adelantó para abrir con su magia la puerta, pero se detuvo de golpe haciendo que su cuerpo topara con el del ladrón.
—Algo no está bien. — Susurró ella.
—¿Qué pasa? — El frunció el ceño y colocó una mano en la cintura de la morena
—La puerta está abierta. — Ambos se miraron y de pronto escucharon gritos del otro lado del castillo. — Es una trampa.
—Roland. — Dijo Robín antes de salir corriendo.
Regina lo miro correr y antes de que ella pudiera hacer lo mismo sintió sus pies pegados al suelo.
—No creíste que sería tan fácil ¿O sí? Regina.
