—Aome, ¿podrías darme dinero para entrar a la zona árcade? —La azabache suspiró viendo a su pequeño hermano, no había dejado de pedir cosa tras cosa desde que llegaron al centro comercial.

—¿Podrías recordarme por qué viniste con nosotros...?

—Mamá dijo que si querían salir, deberían llevarme con ustedes también —Sota le mostró la lengua burlándose, Aome solo sacó un par de billetes de su bolso —No te daré más, ¿entendido?

—Sí, sí...

—Por cierto, ¿dónde está Inuyasha?

Ambos miraron a su alrededor y no vieron al chico por ningún sitio, ¿en una tienda? ¿Se fue con un desconocido? ¿Está causando problemas en algún lugar? Una gran cantidad de escenarios catastróficos se formaron en la cabeza de Aome, mientras agarraba la mano de Sota y volvía sobre sus pasos, con la intención de encontrarlo; estaba en las escaleras eléctricas.

—¡Aome, ayúdame...! Estas cosas están endemoniadas, por más que subo se rehúsan a cooperar...

—Inuyasha... Esas son para bajar...