Capítulo 05 Decimo día de mi nombre.

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POV Rose Bolton

Poco se ha dicho de lo paciente que son los Bolton. Somos el norte de antaño, aquel norte que se fortalece en la crudeza de la vida. Los hombres de Dreadfort guardan recuerdos de los días memorables, cuando se gobernaron a ellos mismos. Es en favor de esa idea que las batallas con los Stark nunca cesaron, al menos, ese era plan.

Rebeliones se alzaron y también fracasaron, pero esperamos el momento, el momento propicio. El tiempo favorece a los que son pacientes, las ideas son imperecederas, el tiempo llegaría.

Las riendas de su montura se sentían más húmedas de lo habitual. Un camino recto marcaba el claro contraste en el reciente desarrollo de sus tierras.

A su izquierda un tumulto de tierras dura e inservibles, que antaño pensó jamás utilizar. Por el contrario, a su derecha, el panorama era completamente distinto. Las personas con afán surcaban la tierra de borde a borde. Armados con nuevos arados, la tierra se abría y se preparaba para los nuevos cultivos que albergarían. El norte nunca había sido tan fértil.

- Siempre supe que su heredero tenia madera de maestre. Dijo Walton

- Creo que mi hijo no estaría de acuerdo contigo. Si por el fuera, estaría sentado en esta misma montura rumbo a las Islas del Hierro.

Las huestes marchaban en dos largas filas de hombres. Uno lo dirigía personalmente. La otra fila era dirigida por Walton, el capitán de la guardia de Dreadfort. La guerra detuvo la paz del Rey. Como siempre, las perras traicioneras de los Greyjoy, decidieron que era buen momento para rebelarse.

Era una obligación mandar a los hijos del hierro devuelta al mar. La guerra siempre trajo bandos perdedores. Esta vez la victoria tenía un claro ganador, esta vez el precio del hierro lo pagarían los hijos del hierro, mal por ellos. Aparentemente los Greyjoy eran menos pacientes que lo Bolton.

- ¡Mi señor! un mensaje de maestre Uthor en Dreadfort.

Un jinete con un mensaje en la mano se acercó, a la vanguardia de la marcha.

- Últimamente ese anciano a enviado muchos mensajes. Trae tinta y una carta, necesito responder.

Los hombres detuvieron el avance.

La prosperidad trajo riquezas, pero también malas intenciones, era la norma para los más afortunados. Aún era demasiado pronto para enojar a los vecinos, sin embargo, algunos sucesos se daban.

El mensaje sobre la inmigración, de la gente pequeña, vino con una advertencia general. Nuestros vecinos más cercanos no estaban contentos.

Los Karstark empezaron a mostrar señales de movimiento. Nada exagerado, solo un aumento de sus patrullas, en busca de granjeros que se le escapaba de los dedos. No era su culpa que la guerra siempre trajo necesidades al norte. Una necesidad que se resolvía en las tierras cultivables recién despejadas de su dominio. Aun se sabía poco del nuevo juguete de su hijo, arado pesado lo llamo.

Como siempre los rumores viajarían rápido. Era seguro que en un par de años sus campos crecerían y con él, el secreto de su crecimiento. Sin embargo, era el respaldo detrás de todo ese proyecto lo que llevaría su casa a otro nivel. Un respaldo que tomo la forma de cantidades ingentes de madera procesada y su capacidad para transformarla en casi cualquier cosa.

Había treinta aserraderos propios de la casa Bolton. Pero todo esto cambio hace unos años. Varios gremios de artesanos y carpinteros se juntaron y llegaron con la petición de obtener el suyo propio, por supuesto, se negó. Fue su hijo, nuevamente, quien le abrió los ojos. A petición suya acepto a regañadientes, sin embargo, no antes de imponer los impuestos convenientemente.

Es ese contexto que la cosas empezaron a salirse de proporciones. No sabía con exactitud cuántos aserraderos había en sus tierras, creía que bordeaban los ochenta. Era una locura, entonces le empezó a parecer razonable que los reinos lejanos cuidasen sus secretos comerciales.

Los nuevos aserraderos que se construyeron contaban con otros tipos de herramientas. Había estas nuevas sierras mecánicas que facilitaron el trabajo más detallado. Algunas en forma circular, otras para perforar. En palabras de su hijo lo llamo "mecanización del trabajo".

Todo esto provoco la actual vista. Los hombres marchaban en fila. En la retaguardia cientos de carretas tiradas por caballos los seguían, cargados de escaleras de asedio, escudos, lanzas, flechas, etc.

Estaba seguro que serían el ejército con más suministros por hombre. Cada hombre tenía tres escudos, varios arcos y cientos de flechas. Era increíble cómo cambio sus perspectivas en esta guerra.

Sus pensamientos derivaron en cierto hombre de negocios que era originario de Dreadfort. Un antiguo posadero que, hacia sus negocios en su flotilla de barcos, unos veinte drakkars si no estaba equivocado. Jamás imagino que "tendría barcos" a su disposición. Sin embargo, ahora tenía veinte que podía utilizar si la situación lo exigiera.

- Los vecinos están inquietos. Dije

- Mi lord ¿Debería regresar a Dreadfort?

Walton pregunto, algo más animado para su gusto.

- No es para tanto, tenemos una guerra a la cual asistir y nuestros vecinos también.

- Sigue siendo una batalla en los mares.

Tenía una idea general de la opinión de sus hombres, muchos empezaron a cuestionar si les concierne esta guerra. Después de todo, no existía una flota del norte y la guerra seria en el mar.

- Mi lord…los hombres se preguntan si descansaremos aquí.

- Supongo mejor ahora, antes que el sol se esconda.

Los hombres desmontaban, el trayecto era largo.

Me cuestione. Si los vecinos hacían patrullas, entonces teníamos que estar a la altura. Solo un necio dejaría tal acto sin respuesta.

Se preguntó si este conflicto fue lo que impulso a los Stark a llamar a los Bolton y sus vecinos. A veces los problemas en común pueden calmar los ánimos entre vecinos. Solo hacía falta ver la situación con los Greyjoy, su inútil rebelión uniría a todo Westeros después de todo.

POV

Mirar mi reflejo fue desconcertante. Las características que herede me generan un sinfín de preguntas. Pienso en las posibilidades, que nuestras acciones determinaran gran parte de nuestro destino.

Miro el espejo metálico, en una habitación que pronto dejare. Noto los leves cambios que llegan con una madures temprana. El décimo día de mi nombre había llegado.

En el reflejo se miraba un niño, de altura promedio con una particular contextura delgada. El pelo oscuro contrastaba con la piel pálida. Evidencia de la ausencia del trabajo que muchas personas pequeñas desempeñaban. En el rostro, ojos grises alimentaban la singular mirada siniestra de los Bolton, gracias a los dioses que su madre atenuó dicha característica.

- Esta perfecto, fue muy caro después de todo.

La señora de Dreadfort señalo.

- La tela es más cómoda, supongo que valió la pena Dije

Las palabras de mi madre me recordaron la facilidad de despilfarrar el dinero.

Un jubón hecho con telas de Mir. Una extravagancia sureña por el décimo día de mi nombre. Eso, además de presentar mis respetos a los Arryn, en mi camino a Redfort.

- Tu madre te va extrañar.

Dijo, acercándose y envolviéndome con un abrazo. Era una costumbre adquirida. Mucho tiempo siendo infante, me dio la necesidad maternal que en su tiempo no tuve.

- Yo también te extrañare, madre.

- Tu tía está emocionada, me parece que un regalo especial tendrá tu nombre hoy.

Mi décimo día del nombre estuvo organizado por mi madre y mi tía, Lady Dustin. Había llegado hace algunas lunas desde Barrowton. Era alta y guapa, sin embargo, tenía arrugas producto de un carácter fuerte. Vestía austeramente y todo de negro.

- Estoy deseando que llegue.

Sabia poco de mi tía. Lo poco que sabía era que había cierto resentimiento con la casa Stark.

Su esposo, mi tío, murió en la rebelión del rey Robert. Sus restos aguardaban en Dorne, concretamente en Torre de la Alegría. Sin embargo, los de Lyanna Stark estaba en su propio hogar, algo injusto para muchos.

Los sirvientes pasaban de izquierda a derecha. Los pasillos de Dreadfort se llenaron con cantidades ingentes de sirviente buscando realizar sus tareas en mi día especial. En las afueras, carretas enormes, llenas de comida, toneles de vino y algunos cofres, avanzaban hacia un campamento.

En el transcurso del camino mire por la ventana. Un clima especialmente soleado auguraba un buen día para festejar.

El evento del día tuvo de protagonistas a varios hombres luchando. Tendría que elegir alguna espada jurada. Era costumbre, si bien estaba Locke, sabía que no era el indicado para ejercer de guardaespaldas. Era más bueno cazando, después de todo.

La carreta se detuvo en el lugar indicado. Un pequeño estrado, designado para la corte y algunos comerciantes de Dreadfort. Si bien era pequeño, estaba abarrotado de gente.

- ¡Este es Domeric Bolton! ¡Hijo de Rosse Bolton! ¡Señor de Dreadfort!

La ceremonia empezó con el anuncio de nuestra llegada. Lurs, un sirviente de la casa, tenía la tarea de anunciar estos eventos. Los hombres se arrodillaron en señal de respeto.

Nuestro grupo avanzo en su conjunto, los guardias abrieron el camino.

- ¡En el décimo día de mi sobrino! ¡Todos debemos festejar! ¡Que empiece el combate!

Mi tía puso en práctica sus habilidades de mando, su grito despertó a muchos. Era fácil suponer su posición en la casa Dustin. Mi madre, por el contrario, tenía cierta timidez que jamás la dejo. El asiento de mi padre estaba vacío, la guerra tendría que acabar para su regreso.

Las espadas sonaron y el enfrentamiento estuvo cargado de choques. La gente que se había reunido gritaba y rugía de emoción. Algunas pequeñas apuestas circulaban entre los más afortunados. El derramamiento de sangre no se hizo esperar. Varios heridos, algunos quizá hasta la muerte, se rindieron en el camino.

Al final, después de mirar batallas de todo tipo, solo tres hombres quedaron en pie.

El más alto de todos, Drak. Un sujeto músculos y no menos veloz que la mayoría. Era feroz en el ataque, pero también letal. El más pequeño era Layn, y también el más ágil, sus rasgos extranjeros y su exótica forma de blandir la espada habían llamado la atención del público. En el medio estaba Dyron, un caballero sureño, era el más equilibrado del grupo. Tenía un estilo contundente. Podía arrinconar a sus enemigos sin perder su paciencia, el único detalle es que tenía algunas canas en sus rizos.

- Es costumbre elegir al ganador. Pero puedes tomar a los tres, si así lo prefieres. No estamos en sur después de todo, sobrino.

Los combates eran para elegir al mejor, y eso es lo que haría. Sin prisa, levante la mano, la orden de proseguir se llevó acabo. Mi tía solo soltó un suspiro.

- ¡Hombres valientes del norte, solo uno prevalecerá!¡El combate debe continuar!

El grito de Lurs hirvió los ánimos.

En el centro del espectáculo, un hombre con una gran espada se alzó, era Drak. La punta de su espada apuntando a su oponente. Con las manos en su espalda, Layn se encogió de hombros cuando fue señalado. Usa mueca burlona se dibujó en su rostro, aun a pesar del tamaño de su adversario, la confianza no abandono sus huesos.

Empezaron rodeándose el uno al otro. Momentos de silencio y expectación se vivieron. Una ágil estocada de Layn comenzó el intercambio. No fue desviado, simplemente fue soportado por el escudo que portaba su contrincante. Los golpes del metal sonaron en una lucha poco convencional.

Con el tiempo estaba claro que poco podía hacer Layn para perturbar a su rival. Por otro lado, la confianza del inicio fue cambiando de bando. La precisión y el alcance de Drak empezó a tener resultados. Hasta que en última instancia las cosas parecían decantarse por una victoria aburrida.

La confianza y estupidez a veces están difuminadas. Así lo demostró Layn, cuando se deshizo de su espada por unas dagas. En un arranque de velocidad sus movimientos traspasaron todo, incluido a su enemigo. Aunque era un error pensar que Drak no se defendiera. Layn había herido a su rival, sí. Sin embargo, se llevó una espada al cuello en ese mismo intercambio. De esa manera tan dramática y estúpida el ganador estaba decidido.

- Solo quedan dos, no estoy en contra de tu juicio sobrino, pero ese cadáver puede haber sido muy útil.

Mi madre tenía un rostro sereno y un dudoso. Estaba tranquilo, al ver aparentemente sangre por primera vez, incluso más tranquilo que ella. Talvez noto mi tono de voz o mi comportamiento tranquilo. Como fuese había llegado a conocer un poco mejor hoy.

- Estoy descuerdo mi querida tía. Pero ya dije que uno solo quedaría.

Gane confianza con mi tía Barbrey, era cuanto más una persona muy locuaz. Además, tener su confianza significaría un apoyo clave en cualquier asunto que requiera su ayuda en el futuro.

El sonido de las espadas continuo con el combate final. Con pasos casi mecánicos Dyron llevo el ritmo de la contienda de manera lenta. Era de esperar que el primer paso para derribar a una monstruosidad como Drak, era cansarlo.

En apariencia, Drak, por su tamaño era muy temerario. Con el tiempo, sin embargo, su ritmo fue decayendo, pero no por su cansancio. Para mí era claro, había un cambio de estrategia, golpes escasos pero muy fuertes. Mantener la fuerza era importante para conducir la contienda, en especial para Drak. La defensa empezó a tener un papel más importante en el encuentro.

Por otro lado, Dyron no dejo que el estilo de su contrincante lo perturbara. Respondió con golpes que llegaron en oleadas, uno tras otro. Era un estilo diferente, arriesgado y dinámico. Gritos incesantes de la multitud llegaron incluso hasta Dreadfort.

Las monedas habían sido apostadas y los escudos rotos, solo quedaba el golpe final. Se podía decir que Dyron sería el ganador, por la inexperiencia de Drak. Aunque fácilmente lo mismo se podía decir del cadáver retirado hace poco, cuando tuvo la espada en el cuello.

Amenos que uno no lo piense, siempre ocurre lo inesperado. La carga de los golpes constante debe haber enfurecido al más grande de los dos combatientes. Arrojando el maltrecho escudo como distracción y con una agilidad descomunal a su tamaño, Drak sorteo a su rival y empujo su espada en su dirección. Lo inesperado e ilógico es que es Dyron agarrara el escudo en vuelo y lo atiborre en la cara de su enemigo. La fuerza o alguna magia debieron usarse, ya que su descomunal rival cayo de rodilla de un solo golpe en el casco. Cosas raras que pasan.

- ¡Mi señor! ¡Permítame servirle!

Los caballeros eran raros en el norte, sin embargo, los campeones aún tenían su reclamo. Era lo que esperaba después de todo. Sin más respuestas solo acepte su petición. Dyron era un buen guerrero, tenía experiencia por su forma de luchar. Pudo derrotar a adversarios más grande que él, aunque eso aún estaba por esclarecerse.

La celebración debía continuar. La gente celebro una gran fiesta, como si el día les perteneciere a ellos. Nunca tuve predilección por los festejos.

Ya de regreso en el Dreadfort, el día había terminado. Los presentes llegaron en fila. Aunque no había vergüenza en la extravagancia, poco se podía esperar del norte, aun alejado de las parafernalias del sur. Unos libros y ropa elegante en su mayoría. Para cuando termino las presentaciones, mi tía, un tanto alegre por el vino, se acercó.

- ¡Sobrino! Estuve pensando en tu presente por mucho tiempo, así que simplemente lo dejé a la suerte.

Con una señal de sus manos, unos sirvientes acercaron un cofre. Era mediano. En el instante que se abrió, supe que sería el mejor regalo de la noche.

Las cuerdas del pequeño violín sonaron en las manos de mi tía. Era el instrumento más sensible y elegante de tocar. Mirando a lo que la tía Barbrey trajo, solo podía imaginar los montones de instrumentos que se podrían crear con toda la madera que ahora poseíamos. Otro posible ingreso que debe ser estudiado.

- Este hecho de madera corazón de oro, no fue barato, pero no todos los días se celebran diez años.

Como instrumento refinado que era, sabia tocarlo a la perfección. Sin embargo, era una pena que tal madera se desperdiciara en el instrumento. No era que no gustara, sino que, lo que conocía como violín fuese muy distinto, a lo que tenía en mis manos. Siglos de mejoras llevaron al perfeccionamiento del instrumento que tenía en mente, lo que tenía en mis manos era algo solo parecido.

Mi tía vio mi rostro, entrando en dudas pregunto.

- ¿No es de tu agrado? Pero sabes, debes aprender antes de juzgar.

- Por el contrario, solo estoy sorprendido, gracias tía Barbrey. Es el mejor regalo que recibí hoy.

Me pregunte ¿El norte tendrá algún lutier que pudiera construirme un violín adecuado? Había carpinteros, pero a lo mucho sabía hacer armarios. Solo deje que mis dedos tocaran las cuerdas, sonaron en sintonía ¿Me pregunto si es que habrá pentagramas en algún lugar de Westeros?