He tenido suficiente por hoy del baile y el comité. Madge me había pedido trasladar tarimas y cajas con decoración toda la tarde, ya que los chicos de fútbol que se habían comprometido con ella, no habían llegado y yo era la más fuerte de todas, me tocó a mí. Estaba cansada y lo único que necesitaba en estos momentos era un rico plato de comida caliente.
Solo espero que mamá haya hecho las compras esta vez. Camino a la cocina pienso que podría prepararme un plato de verduras con pollo. Sin embargo, cuando abro la nevera solo hay un galón de leche echada a perder y una caja vacía de cereal.
Mamá debe de estar en la sala, su lugar favorito de toda la casa, porque no le recuerda mucho a papá.
Está viendo su novela—Mamá ¿qué paso?—pregunto confundida, debe de haber una explicación. Hacer las compras y hacer la comida es una de sus únicas tareas. —. ¿Se le olvido depositar el dinero a papá?
Mamá y papá están separados desde hace tres años. Aun así, él nunca se ha desentendido de nuestras necesidades, así que cada mes deposita una cantidad de dinero suficiente en la tarjeta.
— Compre mis medicinas— contesta sin dejar de ver la televisión.
Si ni siquiera está enferma.
— ¿Cuáles medicinas?
—Mis vitaminas, Katniss—Señala la mesilla. Hay varios botes de pastillas. —. Y las pastillas del corazón.
Esta mujer hace que pierda mi presencia.
—Mamá, no estas enferma.
— ¡Claro que sí! Tengo altos índices para un ataque cardíaco.
—Mamá, no estas enferma. Eres hipocondriaca.
Está mujer se inventa las enfermedades. Hipocondría es una enfermedad por la que el paciente cree que padece alguna enfermedad grave. Todo esto, desde la separación con mi padre. Hemos ido con el doctor, le hemos comprado sus psicofármacos, pero dice que no le sirven y no se los toma.
—Necesito las pastillas.
—No las necesitas—Ya he perdido mi paciencia—. Compras las pastillas no porque tengas problemas del corazón reales, sino porque te mantienen con la mente en blanco, lo cual te ayuda a aceptar el hecho de que dejaste ir a papá.
Siempre le echaba en cara su estado y tenía coraje con ella, no por mí, sino por Prim, quién ha sufrido más con todo el tema del divorcio. Papá lejos y una madre que se había desatendido de ella. Parecía como si mis palabras no le afectarán, pero esta vez había ido algo lejos.
—Le diré a papá que me pase el dinero a mí. No comprare tus pastillas, solo los psicofármacos. —Le informo, no la veo muy contenta con lo que le digo—. De verdad espero que cambies, porque si no te quedarás sola. Yo me iré, Prim igual. No estaremos para cuidarte toda la vida.
Es la primera vez en mucho tiempo que soy sincera con ella y que trato de ser amable.
Me voy a la habitación que comparto con Prim. Es un poco tarde para papá en donde vive, pero no es un hombre que duerma mucho, así que seguramente estará despierto, hablaré con él después de que sepa si mi hermana comió algo.
Nuestra habitación es bastante sencillas, las paredes están pintadas de un verde pastel, con do camas individuales cada una con su mesita de noche y una escritorio para el portátil que papá nos regaló. Prim ahora está frente a ella sentada muy entretenida en una conversación y Buttercup, su gato, está sobre su cama.
—Prim ¿comiste? —Tiene sus libros regados sobre su cama, no me gusta el desorden—, ¿podrías recoger tus cosas?
Se levanta y guarda sus libros en su mochila. Sonrío al verla hacer lo que le ordene. Primrose no es mala, simplemente ha pasado por circunstancias que aún le siguen afectando.
—Taylor me llevo a El Reacer, pedí una hamburguesa.
Se vuelve a sentar frente al portátil, pero esta vez toma al horrible gato para ponerlo en sus piernas.
— No me pediste permiso.
Se encoge de hombros —No creí que importaría.
Hmmm…
— Bueno, al menos no tuve que pagar por alimentarte—bromeo—. ¿Hiciste los deberes?
— Sabes que sí—responde mientras tecleaba.
En realidad, solo tengo dos problemas con ella, pero en lo que respecta a la escuela, nunca he tenido que estarle diciendo que haga las cosas.
Buttercup me mira con atención cuando me acerco a ella. No nos solemos llevar muy bien, creo que todavía recuerda que intente ahogarlo hace diez años cuando Prim lo trajo a casa.
—Pediré comida china para cenar ¿quieres algo del menú?
— Sí, pide rollitos de queso suficientes.
—De acuerdo.
Salgo de la habitación para preparar la mesa mientras me dispongo a hacer el pedido. Pongo una lavadora de ropa sucia antes de llamar a papá. Me contesta a los tres tonos.
—Hola, Katniss.
—Hola, papá.
Me gusta hablar con él, su voz me calma cuando lo escucho y también me hace querer llorar por no tenerlo cerca.
— ¿Todo está bien? —pregunta preocupado. No suelo llamarle tan tarde.
—Sí, sí. No te preocupes, solo necesito hablar contigo sobre el dinero de la tarjeta.
— ¿No ha llegado el deposito?
—Sí, pero mamá se lo ha gastado.
Parece que suspira desde la otra línea.
— ¿Otra vez sus pastillas?
—Como siempre.
Se escucha cansado, de seguro tiene días sin dormir bien—Depositaré más en la mañana.
—De hecho, ¿crees que podrías pasar el dinero a mi cuenta? Creo que el dinero lo administraría mejor yo.
— ¿Tu mamá está de acuerdo con ello?
—Le dije que pasaría el dinero a mi cuenta—digo mordiendo mi mejilla.
—Hmmm…
—Le compraré los psicofármacos que le receto el doctor, se pondrá bien.
—De acuerdo—acepta tras un bostezo—. Pero deberías tratar de entenderla, ella también está afectada por el divorcio.
No lo creo, sin embargo, no se lo digo.
—Solo si tú me prometes que dormirás.
Creo que se ríe— Hoy no, tengo trabajo que hacer, pero te prometo que mañana lo haré.
—Está bien, gracias papá.
—Te quiero, Kat. Salúdame a tu hermana.
—Lo haré, igual te quiero.
Es un hombre muy ocupado y dedicado con su trabajo, pero siempre encuentra tiempo para hablar conmigo o Prim.
Todavía faltan veinte minutos para que llegue la cena, así que me permito sentarme frente al televisor, ya que mamá lo ha dejado para dormir en su cama. Cómo no hay nada le cambio a una serie bizarra filmada en el Capitolio, suele hacerme reír de lo ridícula que es, tiene un sentido del humor bastante raro, dónde aparentemente lastimar a los demás con bromas, humillar los y los dramas adolescentes estaba a la moda.
Me quitó las botas y subo los pies al sillón, también dejó caer la cabeza sobre los cojines y cierro los ojos en lo que traen el pedido. Cuando abro los ojos, ya están los créditos del capítulo, además ha comenzado a caer una lluvia torrencial ¿de dónde ha salido?
Tocan la puerta con insistencia, seguro es la cena. No me molesto de tomar una sombrilla para no mojarme, porque el techo del porche me cubrirá. Si embargo, no hay nadie afuera cuando salgo. Raro, ni siquiera hay pisadas de barro en la entrada, pero estoy segura que alguien llamaba a la puerta.
Está comenzando a hacer frío afuera, así que creo que es una buena idea entrar o ganare un resfriado, pero mi nuca comienza a picar, llevo mi mano hasta ella, pensando que tal vez tengo un bicho, pero no es así. Me llega un escalofríos y es cuando siento diferente el ambiente, ahora es tenso y tenebroso, además oscuro, los faros de luz en la calle no funcionan.
La lluvia no daba señales de parar y no se veía nada a lo lejos, así que decido entrar, y cuando lo hago, la luz se va en toda la casa. Tomo mi celular del bolsillo de mi pantalón para utilizarlo como lamparilla, cuando lo enciendo me doy el susto de mi vida, hay un perro salvaje que me muestra los dientes frente mío y no solo eso, también hay varias figuras de túnicas negras.
— Pero ¿qué...?— comienzo a susurrar mientras retrocedo.
El agua está helada y el barro por poco me hace resbalar.
— Bienvenida al infierno Everdeen. —Todos avanzan hacia mí. Siento un cambio en el tiempo y que ni Prim y mi madre pueden ayudarme. Por alguna razón, siento que este asunto es sólo para mí.
La lluvia comienza a caer con más fuerza y yo ya soy una sopa de cabello, piernas y brazos. Observó mi alrededor buscando lo que sea para poder defenderme, hay una rama de buen tamaño a unos metros. Podría correr de los hombres con túnicas, pero no sé si soy lo bastante rápida para el perro.
Aun así, no espero a que el perro decida atacarme y corro sin pensármelo dos veces hasta alcanzar la rama, el perro salvaje también corre, me persigue y está por alcanzarme. Solo falta poco, así que me lanzó a por la rama de un salto, pero el perro me agarra la pantorrilla de un mordisco. Grito fuerte, pero sobre el ruido que causa la lluvia, seguro nadie lo escucho. Le doy un golpe en la cabeza al perro, que lo deja atontado por un momento, me da tiempo para sentarme sobre el barro.
El animal parece recuperarse.
— Tranquilo, perrito— digo en un esfuerzo inútil por calmarlo.
Apunto con la rama a su hocico y cuando este se acerca, lo muerde del extremo y comienza a jalarlo. Me lo quita de las manos con una fuerza sobrenatural
El animal se recupera en segundos, apunto la rama a su hocico pero este lo muerde y con una extraña fuerza sobrenatural la arranca de mis manos y me hace caer. No me puedo volver a levantar así que ese perro terminaría conmigo, vaya forma.
Me coloco boca abajo y proteja mi cabeza con mis manos, aprieto los dientes para no gritar cuando me mordiera. Pero la mordida no llegaba, apreté las manos en puños esperando.
—Katniss—No, no quiero. —, Katniss— Su voz no suena rasposa ni como un gruñido como lo imagine—. Everdeen— Alguien se mueve detrás de mí, no quiero voltear. Una mano toca mi hombro… ¿una mano?—. Katniss, soy Peeta.
Me obligó a levantar la cabeza del suelo donde me sentía segura.
—Peeta ¿qué pasó con el perro?—pregunto con voz desesperada.
Peeta arruga el entrecejo— ¿Qué perro?—Me observa de nuevo—. Katniss, si querías un baño de barro, solo era necesario que fueras al spa.
—Peeta, había un perro persiguiéndome—De pronto mi pantorrilla pica—, y mi pantorrilla estaba sangrando.
Peeta saca su celular y enciende la linterna para revisar mi pie. Lo toma en sus manos y cuando mueve mi pie duele.
— ¡Ah, no! Espera, duele.
— ¿Cómo se te ocurre correr a esta hora en el bosque?—pregunta mientras se arrodilla.
Los su chaqueta negra de siempre, pero su playera era de color rojo impresa con un logo de: China Wok, y ahora veo que trae una gorra en blanco y rojo con el mismo logotipo y sus pantalones y botas de siempre.
—Trabajas en el restaurante—digo como afirmación, no como pregunta.
—Que observadora—dice, mete sus brazos bajo mío y me levanta.
— ¡Eh!
—Menos mal que la lluvia ha parado, así será más fácil cargarte. Solo te dejaré en la entrada y te entregaré tu pedido.
Estábamos a unos metros de la casa, ninguno dijimos nada. Me deja en la puerta de mi casa y vuelvo a preguntar.
—¿Enserio no viste nada?
¿Cómo era posible no ver nada?
—Creo que necesitas descansar, hoy trabajaste muy duro con Madge.
Me está tirando a loca, que va, si yo se lo que ví.
—No creo eso—susurro.
Trae su moto que está adaptada con una caja de dónde saca una bolsa. Me la ofrece.
—Tu pedido.
—Gracias. Deja entro por dinero.
Había regresado la luz en la casa, así que entro mientras camino cojeando. Peeta se queda en la puerta esperándome.
— ¿Quieres pasar? Te daré una toalla para que te seques—le ofrezco. —. Tengo unas camisetas de mi padre, podría prestarte una.
Esta fue la primera vez que vi a Peeta sonreír —Esta bien. Gracias.
Lo hago pasar al baño y le doy la camiseta y además unos pantalones que puede que le queden. Yo mientras busco dinero en mi bolsa.
Peeta sale del baño y la ropa le ha quedado bien, trae la toalla colgada al cuello y la gorra junto con la ropa mojada en una mano.
—Espero no haberte quitado mucho tiempo. —digo entregándole el dinero.
—Eres mi última entrega. —Me entrega la toalla—. Gracias por la ropa, te la entregaré después.
—No te preocupes, cuando puedas.
Comienza a buscar las llaves de la motocicleta en su bolsillo, camina a la entrada listo para irse. Ha comenzado a hacer mucho viento, de hecho, mueve a los árboles con bastante violencia. No creo que se buen clima para que se vaya.
—Peeta—digo mientras lo alcanzo.
— No debes caminar mucho con ese pie, se pondrá peor — me riñe.
— Deberías quedarte mientras el viento se calma, creo que es un poco peligroso.
Ahí está, de nuevo la sonrisa.
—El restaurante está cerca, no pasará nada.
Quédate.
¿Qué?
Muerdo el interior de mi mejilla para no decir nada más qué:
—Bien.
Se sube a su motocicleta y la enciende.
—Te veré mañana en clases.
— Hasta mañana entonces. — me despido cruzando los brazo.
— Hasta mañana.
Echa la ropa en la caja y arranca su moto, lo sigo con la mirada hasta que desaparece y me quedo pensando que hay algo extraño en el que me hace querer mirarlo y saber todo de él.
Volteo en dirección en donde me había caído y puedo jurar que veía unos ojos brillos observándome. Entro a la casa con apuro y llamo a Prim y a mamá para cenar. Será una noche fría, así que enciendo la calefacción de la casa para hacerla más cálida.
Todo está muy rico, pero no hablo mucho en la cena pensando en lo que pasó. No creo estar tan loca para inventar algo así. No lo creo ¿o sí?