Observó como Katniss se alejaba afligida, preocupada por su hermana y con el alma casi hecha pedazos, ni siquiera se dio cuenta que tiró su celular al bajar del Jeep, así que Peeta rodeo el coche para recoger las piezas y las ensamblo, dejando el celular como uno de nuevo.
Decidió esperar a que Katniss volviera con su hermana.
Mientras escuchaba la música de la fiesta y podía oler el alcohol desde donde estaba, además de que su nuca picaba, señal de que había otros nephilims en la fiesta.
Saco de la bolsa de su pantalón un encendedor y se puso a jugar con la flama, a observar cómo bailaba con el aire y en unos minutos se cansó y lo volvió a guardar, pasaron los minutos y cuando estaba dispuesto a entrar por Katniss, la vio caminar a lo lejos detrás de Prim, que se veía molesta.
Peeta siente que verlo ahí con Katniss le causa un poco de sorpresa a Prim, pero la supera en segundos y continua caminando como si nada, le abre la puerta para que suba al Jeep y esta acepta el gesto de caballerosidad.
—Y bien, ¿no piensas hablar? —pregunta Katniss a Prim.
Tratando de encontrar una pequeña explicación para las acciones de su hermana, mientras Peeta piensa que no es coincidencia que Taylor haya decidido salir con la hermana de Katniss, no era algo al azar, era algo planeado.
Incluso lo de hoy lo pudo haber sido, Taylor debió haber visto salir a Peeta y Katniss juntos y decidió que era una buena noche para comportarse como un patán con su hermana.
—Ay, Patito ¿qué voy hacer contigo? —dijo Katniss, abrazando a su hermana después de soltar un suspiro.
Peeta entendía que Prim era todo en la vida de Katniss, si algo le pasaba a ella, Katniss lo sentiría igual o el doble. Por esa razón; y otros asuntos pendientes, se animó más a buscar a Taylor.
Así que comenzó a caminar en dirección a la fiesta.
— ¿A dónde vas? —Pregunta Katniss — ¡No es momento de conseguir un trago!
—Arreglare un asunto con Taylor—contesta.
Antes de irse más lejos se da cuenta que cabe la posibilidad que su ajuste de cuentas tarde más de lo planeado y que no podía dejar a las dos hermanas en el Jeep sola, con una fiesta cerca llena de borrachos, así que decide aventarle las llaves y animarla a que se lleve el Jeep, seguro de que lo está dejando en muy buenas manos.
Al estar acercándose, podía lograr sentir la vibra de Taylor, seguía en el mismo lugar en que Prim lo había dejado, tomándose un par de cervezas más, sin embargo, el también logró captar a Peeta, así que comenzó a alejarse de la fiesta para buscar un lugar privado.
—Que agallas de aparecerte aquí—dice Peeta.
Taylor terminó el último trago de la botella y el tiro al piso. Estaba de espaldas, así que se giró para observar a Peeta.
— Los ángeles exterminadores me dieron personalmente esta misión— informó Taylor, con orgullo —. Unir a las Everdeen con nosotros.
— ¿Exterminadores? ¿Así es como se hacen llamar?— dijo, con evidente burla—. No sabía que había alerta de bichos por el 12.
Taylor sonrió tratando de demostrar que no lo había herido su sarcasmo — ¿Y ustedes? ¿Ángeles de la libertad?
— Aceptémoslo, ambos bandos apestan para los nombres— dijo encogiéndose de hombros—. Además, casi todos los nombres buenos ya están apartados.
Taylor dio un paso al frente apretando los puños.
— Todo esto es gracioso para ti ¿no es así?— reclamó, olvidando la guerra de sarcasmo que Mellark le estaba dando—. Solo intentamos devolver lo malo que hemos hecho, no pertenecemos a la tierra, sino al cielo, es nuestro deber volver a la gloria de Dios.
Peeta casi soltó la carcajada—Mírate, lo dices solo para convencerte, tú Dios— dijo, recalcando las palabras— , por el que asesinaste a la mujer que amaba hace un siglo, por la que decidí caer ¿y para qué? para hacer justicia—Los ojos de Peeta se llenaron de llamas—. Es obvio que no quiero volver al lugar donde creen que pueden prohibirte las cosas y tienes que obedecer contra tu voluntad porque si no es pecar contra la voluntad de Dios.
— Es curioso—susurro Taylor, ignorando lo que Peeta acaba de decir—, la chica Everdeen tiene un cierto parecido a ¿cómo es que se llamaba? —pregunto, pero obviamente ya sabía la respuesta— ¡Ah, sí! Melodie — Se jactó, esperando la reacción de Peeta.
Las venas de sus brazos saltaron y se cubrió de un rubor escarlata
— ¡Hijo de puta!— gritó Peeta, al lanzarse contra Taylor.
Logró atestarle un puñetazo en la cara, que lo hizo tambalearse, perder el equilibrio y caer de bruces al suelo. Taylor jamás había sido bueno en batalla, menos en una pelea de cuerpo a cuerpo así que fue una debilidad que Peeta aprovechó.
Ellos dos ya había peleado en el pasado, pero ya hacía un siglo de ello, así que había olvidado lo fuerte y veloz que Mellark era. Peeta Mellark, uno de los mejores ángeles más puros que jamás había existido en la corte divina. Recordar eso, enfureció más a Taylor, pero en parte lo admiraba por su decisión de dejar su cuna de oro por una simple y mortal humana.
Sin embargo, no dejaba de odiarle, era más fuerte que esa admiración, porque por él había caído, se lo había llevado entre su río de problemas, haciendo que lo echaran del cielo, sin recibir una disculpa por su parte, jamás. Eran amigos, desde que había sido creado los dos del mismo pedazo de nube más blanca, pura y esponjosa, pero eso no importo para Peeta, nunca tuvo ojos más que para la humana.
Recordaba a aquella chica, Melodie tenía una hermosura como ninguna otra, incluso ni el más hermoso ángel podría igualársele. También recordaba a Peeta como ángel guardián, cuidando a Melodie, tardando más de lo debido en la tierra e inventando excusas para cubrir el rastro de Mellark.
Y cuando la corte los descubrió, a los tres; Peeta, Enobaria y Taylor, Mellark no podía estar más aliviado, en vez de afligido porque perdería sus alas y su lugar en la corte, se mostraba emocionado, sin importarle las consecuencias, sin importarle llevarse a Taylor consigo, quién disfrutaba ser ángel guardián. Ahora vivirían en la tierra mundana, sufriendo las adversidades, con la única diferencia que eran inmortales.
Al principio, le eternidad no le había importado a Peeta porque prefería amar por unos años que nunca haber amado en su vida, sin embargo cuando supo que Taylor había asesinado a Melodie, todo cambio. Lo que había abandonado le llegó como zarpazo de tigre: ¿qué haría en toda la eternidad?
Todo se volvió tan banal, tan simple, hasta que se topó con Katniss, que apareció en el peor momento de su eternidad para darle esperanza.
Peeta se acercó a Taylor y le asestó otro puñetazo en la cara, en el suelo, donde había caído con el primer golpe.
— ¡Sabías que la amaba! ¡Eras mi amigo! ¿Cómo pudiste traicionarme?— gritó Peeta, sujetando a Taylor de la playera.
— Así como tú me traicionaste al hacerme caer— Taylor escupió sangre, casi agonizando. —. Era tu mejor amigo, Peeta y jamás recibí una disculpa de tu parte, la espere, pero uno se cansa, ahora no te tengo más que despreció.
Peeta lo soltó por el poder de las palabras de Taylor y un poco de culpa cayó sobre él, sin embargo lo alejo.
— No te acerques a Katniss, ni a su hermana— le advirtió y con un último golpe lo dejó inconsciente.

Las clases fuera, siempre han sido lo mejor y el profesor de biología se caracteriza por encargarles trabajo de campo a sus alumnos en los jardines del campus. Los jardines botánicos que eran cuidados por los mismos alumnos eran increíbles, grandes y llenos de vida.
La dinámica del profesor era simple, teníamos en parejas un álbum de plantas que teníamos que llenar para el final del semestre, así que saldríamos una vez por semana para agregarla más plantas al libro. Yo estaba con una chica de cabello rojizo brillante que sabía mucho de plantas, al igual que yo, casi todo lo había aprendido de mi padre. Así que prácticamente íbamos más avanzadas que los demás.
—Tamara—Le llamo. Se encuentra a unos metros de mí—, encontré la última planta que me tocaba ¿encontraste las tuyas?
Tarda en captar que la pregunta va para ella, pues no está acostumbrada a que la llamen por su nombre sino por foxface, como le dicen muchos, ya que su nariz respingona y sus rasgos la hacen ver como una comadreja.
—Me falta solo una—contesta, revisando sus anotaciones y volviendo a recorrer el jardín botánico.
Madge apareció por el mismo camino que Tamara desapareció, con los labios torcidos, aun no me perdonaba que no la haya elegido como pareja para la búsqueda. Claro que, se le olvida por unos momentos de que está enojada, cuando recuerda que gracias a esa decisión termino con Gale de pareja.
Me recargue sobre una de las macetas de concreto y cruce los brazos esperándola.
—Hola—saluda.
—Supongo que vienes a contarme que es lo que sucedió con Gale—digo, mostrándome molesta, pero en realidad estaba feliz por su relación.
—Hmm…
—El profesor pregunto por ustedes, dice que presentes tu justificante en la próxima clase. —le informo.
—Supongo que tendré que pedirle uno a mi padre. —dice, sonriendo.
Su papá es doctor, así que cuando Madge necesita un justificante solamente tiene que pedírselo a su padre y siempre se lo da.
— ¿Y qué hiciste ayer? —pregunto, interesada.
—Gale y yo tuvimos nuestra segunda cita romántica—contesta, sonriendo y mostrando los dientes.
Me cuenta los detalles de su cita entusiasmada y cuando termina de contarme se me ocurre preguntar si no hubo más acción de la que me estaba diciendo.
—Vale, pero ¿no habrá…?
— ¡Claro que no!—exclama, un tanto indignada por creerla capaz. Se ruboriza antes de continuar hablando — .Los dos estamos de acuerdo que tiene que ser especial, sobre todo para mí. Será mi primera vez.
— Pensé que el tema romántico no le iba. —comento y me acuerdo sobre lo que me dijo Peeta de los prejuicios.
— Yo también— concuerda —. Supongo que tienes que encontrarle el lado a cada persona.
Terminamos la conversación cuando Tamara regreso por el pasillo para decirme que ya había terminado de encontrar la última planta, así que me fui al salón con ella y deje a Madge con Gale, quienes aún les faltaban tres plantas.
A la hora del almuerzo, el comedor está abarrotado de gente, algo así como un centro comercial en rebajas, pero en vez de pelear por ropa, era por comida. Sobre todo con el equipo de fútbol reunido para celebrar el partido que se acercaba.
Pase de largo sobre su mesa buscando a Madge en nuestro lugar habitual, pero como no estaba, mi instinto fue voltear a la mesa de los jugadores y ahí está junto con Gale que la tomaba de la cintura. Era lógico, Gale es uno de las mejores defensas.
Podría decir que lo conocía bastante para lo poco que hablábamos, éramos casi vecinos, vivíamos a unas casa de distancia, aunque él no se la llevaba ahí, pero si cumplía con sus actividades vecinales, ya que dos veces me lo había topado en el mismo turno de patrullaje vecinal. Me atrevería a decir que tiene un carácter igual al mío, con la diferencia que él era un obstinado y yo una terca.
Madge me alcanza a ver y me anima a ir con ellos, pero rechazo la oferta porque no me gusta la bulla que hacen en esa mesa, así que me dirijo con Darius para entregarle su tarea que yo había hecho por él. Es mi compañero de clase en cálculo. Es un negocio limpio, no me gusta jactarme mucho de mis actividades, pero de verdad que soy rápida para terminar mis deberes y me sobra tiempo para hacer la de otra persona, además, Darius me agrada.
— Aquí tienes Darius— digo, con una de mis sonrisas no fingida mientras le entrego su cuaderno. —. No tenemos la misma letra, así que borra y vuelve a escribir.
— Muchas gracias señorita Everdeen— contesta, sonriendo.
— No me des las gracias, mejor págame.
— Hmm… un poco interesada de tu parte, Katniss— observa, mientras saca veinte dólares de su cartera, pero no me los da—. ¿Qué te parecen dos besos como pago a la próxima?
Trataba de no reírme con las bromas de Darius, pero era inevitable.
— ¿Qué te parecería cincuenta dólares como pago para la próxima?
—De acuerdo, ganaste— dice, levantando sus dos manos dando a entender que se rendía—. Jamás conseguiré ese beso.
— Es mucho veinte dólares— digo, tratando de ser sincera, nada me costaría tomarlos sin objetar.
— Bueno, sé que no lo usaras para drogas o alcohol —dice, pero se la piensa un momento — No lo usaras para drogas y alcohol, ¿cierto?
—Tal vez—contesto, vacilándolo.
Me mira por unos segundos con los ojos entrecerrados.
— ¿Qué tiene de malo querer ayudar a una amiga?
— ¿Ahora somos amigos?— Levanto una ceja cuestionándolo.
Se acerca más a mí, con pasos lentos, como un pavorreal mostrando sus plumas, pero invadiendo mi espacio personal
—Podemos ser algo más si tú así lo quieres— sonríe de lado y se ve ridículo.
— Paso— Le arrebato el billete de la mano.
— Me dueles, Katniss, rechazándome deliberadamente— dice, llevándose una mano al pecho donde se encuentra el corazón. Comienza a buscar algo en su mochila y un momento después saca una bolsa que contiene chocolates rellenos de cereza—. Ten— me ofrece, lo miro vacilando—. Te lo traje para agradecer tu ayuda.
Estiro el brazo y los tomo — ¿Esta es tu manera de ganar puntos conmigo?—pregunto.
Sonríe mostrando sus dientes — Puede ser, ¿funciono?—Suelto la risa y me doy la vuelta para alejarme antes de que se pusiera más pesado— ¿entonces no?
—No— grito, mientras observo los chocolates.
Camino por los pasillos para pasar el descanso con Prim, pero no me fijo cuando estoy avanzando y choco con alguien.
—Perdón—me disculpo.
—Hola—me saluda Peeta. —.Tienes un enamorado—dice, señalando los dulces.
—Me los dio Darius—explico y los guardo en mi mochila—. No te vi en clase de biología.
Ajusto mi mochila al hombro al mismo tiempo que comienzo a caminar de nuevo y Peeta me acompaña.
Arruga la nariz —Realmente la biología no es lo mío.
— ¿Y qué es lo tuyo?
Puede ser que lo haya imaginado, pero sus mejillas comenzaron a ruborizarse.
—Me gusta pintar. —contesta.
Me pareció divertido imaginar a Peeta pintando.
—Algún día podrías enseñarme una de tus obras.
—Puede ser—dice, entusiasmado—, pero con una condición.
—Hmm… ¿cuál?
—Que protagonices una de mis pinturas—dice con seguridad. Paro en el pasillo de inmediato para observarlo. Tenía que ser una broma. —. No es una broma—contesta, leyendo mis pensamientos.
Era la segunda vez que pasaba, lo que me puso alerta.
Peeta estaba impresionándome. Está pasando de un chico raro a uno con una personalidad única, trabajadora y además sensible.
—Tú podrías ayudarme con mis clases de tiro con arco—digo, caminando de nuevo.
— No sería una mala idea, solo promete que no me perforaras.
Sonrío— No te prometo nada.
— Genial. Entonces me haré a la idea de que habrá confeti de mí sobre todo el campo de entrenamiento.
— ¡Oye!— exclamo, con algo de diversión —. No sería mala idea, podría venderte a fiestas infantiles y así ganaría dinero.
Esto era raro, el intercambio de bromas.
Arruga la nariz y niega con la cabeza— No sería buen negocio, solo hay uno de mí —dice, mientras piensa en otra opción—. Pero se cómo podrías sacar más dinero conmigo.
— ¿Cómo?— pregunto, realmente interesada. Dinero rápido, adelante, le entro.
— Podríamos venderme, con mi escultural cuerpo...— se interrumpe, al ver mi mirada de loca que debo estarle dando. — . Solo era una idea— Se encoge de hombros.
Niego con la cabeza lamentándome ajenamente que Mellark haya siquiera sugerido eso, camina junto a mí a los salones de secundaría buscando a mi hermana.
Incluso Peeta le pregunto a Prim cómo se encontraba y se ofreció a llevarla a casa si no se sentía bien, ignorando que él se saltaría una clase más. Le doy a mi patito los chocolates, que sé que ella se los comerá con más gusto y se le ilumina la mirada con una sonrisa.
El día era perfecto, estaba nublado, así que se está volviendo un poco frío y comenzaba a correr viento, Primrose tembló cuando una ráfaga pasó entre nosotros. El ambiente olía a chocolate caliente y tierra mojada, había un pequeño puesto de una chica que estaba vendiendo tazas de chocolate caliente.
— Vamos por uno— digo, refiriéndome al chocolate.
Ella negó —Ya me gaste mi dinero en el almuerzo —dice Prim.
— Yo los pago, Patito. Acaban de pagarme por un trabajo así que tengo veinte dólares de sobra.
Prim sonríe y avanzamos los tres. Pido tres tazas de chocolate, porque aunque Peeta dijo varias veces que no, con el clima era inevitable resistirse a este dulce brebaje caliente.
Me distraigo un segundo para entregar el billete de veinte y pagar, pero Peeta se me adelanta, protesto, pero me dice que no pasa nada, así que simplemente le agradezco con la mejillas ruborizadas.
—Tú me agradas—comenta Prim, antes de regresar a salón con el vaso sujeto con las dos manos.
—Te la has ganado con chocolate caliente—le digo a Peeta.
—Ya estoy a solo un paso entonces. —comenta.
— ¿Para qué? —pregunto, confundida.
Comienza a caminar de nuevo a nuestros salones, yo lo sigo.
—Trato de obtener puntos contigo—dice, confiado. —. Tu hermana es importante para ti. Si me gano a tu hermana, te gano a ti.
Levanto una ceja—Es una forma de manipulación.
Se detiene y yo lo hago con él —Tal vez, ¿está funcionando? —pregunta, mientras se acerca y queda a unos centímetros de mi rostro.
—Tal vez—contesto, y me alejo consciente de que hay una sonrisa en mi rostro que no me preocupo por ocultar.
Era casi lo mismo que Darius me había preguntado y Cato tratando de seducirme pero ninguno llamaba mi atención, entonces ¿por qué con Peeta era diferente? Con el no solo aceptaba salir, sino que me subía a su coche, le contaba sobre mí, intercambiaba bromas y sonreía. Lo estaba dejando entrar en mi vida muy rápido, solo esperaba que eso no me trajera consecuencias.
La siguiente clase no la tenía con Peeta, sino con Gale y el idiota de Taylor. Tenía curiosidad sobre si se aparecería después de la resaca que seguro tendría. Cuando entro por la puerta del salón, realmente se veía mal, aunque no bajo la cabeza ni por un instante, ni siquiera para ocultar su ojo morado.
Gale también entro por la puerta; tomaba Historia conmigo y se sienta junto a mí.
—Hola, Catnip—saluda, sacando su libro junto con un rotulador y una pluma.
—Hola, Gale.
Observa a Taylor por unos segundos y se ríe —Alguien saco de sus casillas a alguien. —comenta.
Bufo confirmando lo que dice —Sí, a Peeta y a mí. —digo y me mira pidiendo una explicación. —. Intento propasarse con Prim.
— Que el ¿qué?— pregunta, atragantándose con las palabras.
Me encojo de hombros — No creo que haya tenido castigo suficiente.
—A mí me parece que ya está sufriendo bastante—dice, mientras lo observa. Está tratando de moverse en el asiento, arruga la cara de dolor cuando lo hace.
Sonrío— Bueno, tal vez un poquito.
El profesor entra por fin y comienza a dar la clase de historia, por lo que Gale y yo damos por finalizada la conversación.

Casa de Katniss, 11:35 AM.

Merril, la madre de Katniss, seguía su rutina diaria sentada en el sofá frente a la televisión viendo sus novelas matutinas con una taza de té entre las manos.
Cuando hubo terminado, se dispuso a retirarse a su habitación para dormir otro rato más, pero antes de subir las escaleras, alguien estaba llamando a la puerta. Frunció el ceño porque no esperaba a nadie tan temprano, además, Katniss y Prim traían sus propias llaves, decidió que podía ignorarlo, pues tal vez era un vendedor, pero volvieron a golpear la puerta con tanta insistencia que no tuvo más remedio que ir a abrir.
Había una chica de piernas largas y largó cabello que la observaba con una sonrisa.
—Hola...
— ¿Ne-necesitas algo? —pregunto nerviosa.
Merril, siempre desconfiada desde su marido, sintió algo diferente en la chica, como una energía emanada de su cuerpo, una energía conocida.
—Estoy buscando a Katniss Everdeen.
Merril frunció el ceño y al instante supo de qué se trataba. Ella era un ángel caído.
—No se encuentra—contesto Merril, apresurándose a cerrar la puerta, pero la chica la detuvo.
—Vaya, que pena—Se lamento la chica— ¿A qué hora puedo encontrarla?
—A ninguna hora—contesto Merril tajante—. No eres bienvenida aquí.
La chica llevo una de sus manos a su corazón dramatizando lo herida que la había hecho sentir.
—Disculpe señora, pero tal vez se deba a que no me he presentado—Le ofreció la mano con una sonrisa que esperó que le ayudará —. Soy Enobaria.
—No tengo interés en saber quién eres.
Enobaria comenzó a molestarse por la pérdida de tiempo que la señora le estaba causando.
—Escuche vieja decrepita, solo estoy aquí para poner las cosas claras entre su estúpida hija.
— ¿Qué quieres decir? —pregunto Merril, con miedo y alerta.
—Usted sabe de lo que le estoy hablando—Enobaria observo a Merril de pies a cabeza y pensó cómo los ángeles caídos encontraban belleza en una simple mortal.—. Seré clara, necesitamos que su hija muestre los dones que ha heredado, y hay alguien que se está tardando en comunicárselo, alguien en particular que me gusta, y me molesta mucho que pase más del debido tiempo con ella.
Merril frunció el ceño y le pareció que era una situación divertida. — Así que decidiste venir a mi casa por celos adolescentes.—le espeto.
— Llevo siglos en la tierra, no soy una adolescente.
— Luces como una y actúas como una.
Enobaria aspiro un fuerte suspiro. — Estaba tratando de ser amable, pero ya veo que con los estúpidos humanos no se puede. No soy un demonio, pero lo seré señora— dijo, mientras avanza hacia la casa y cerrando la puerta.
Merril pensó que era tiempo de llamar al padre de Katniss, no porque la chica se lo haya pedido, sino porque ya habían encontrado a sus dos hijas y el sabría como protegerlas.

Por el momento me encontraba en los entrenamientos de atletismo dando saltos y vueltas por toda la pista.
El día esta perfecto, el sol nos estaba dando un día caluroso, pero el aire no dejaba de correr y la hierba se veía brillante.
Cuando término mi ciclo de entrenamiento, mis latidos están acelerados uno tras otro y mis pulmones aspiran aire con necesidad, mi cuerpo está bañado en sudor y la adrenalina todavía corre por mis venas. Esto ayudaba para olvidarse de los problemas, pues tu mente se concentraba en respirar, correr y llegar a la meta en el menor tiempo.
— ¡Muy bien, Everdeen!—me anima la entrenadora Coin, con una palmada en la espalda— , un minuto con tres segundos— dice mirando el cronómetro— . Nada mal, pero intentemos eliminar esos tres segundos a la próxima si queremos la nacional.
Asentí para hacerle saber que estaba de acuerdo. Cato llego detrás de mí, con cinco segundos más que yo, se desvió de la pista y me guiñó un ojo mientras bebía de su botella de agua, después, se bañó con lo que lo que le quedaba en el recipiente. Aparte la vista de Cato, porque la situación se estaba poniendo divertida y no quería reírme.
Veo a Clove terminar su ciclo, seguida por Glimmer y Marvel.
Prim y Peeta me esperaban a ir terminara el entrenamiento, pero Peeta había desaparecido de las bancas donde estaban sentados y solo quedaba Prim, así que troté hasta ella y tome en mi mano la botella de agua fresca que me ofrecía.
— Gracias— murmuro, bebiendo unos tragos más. — ¿Dónde está Peeta?
— Allá— señala.
A unos metros de la pista, en el aparcamiento, estaba una niña de cabello rubio corto sujeto en dos coletas adornadas con dos moños rosas que corría y saltaba por el césped mientras Peeta jugaba con ella. Estaban disfrutando de algún tipo de juegos de atrapadas.
La pequeña niña se dejo caer a la tierra boca arriba mientras Peeta se arrodillaba haciéndole cosquillas en la barriga. Sonreí, porque había mucha ternura en la escena que hacía que tu corazón se estrujara.
Sus ojos siguieron los míos, me había atrapado observando. Sonríe y me saluda con la mano y le susurraba algo a la niña y esta me saluda también. Devolví el gesto y me volví hacía Prim.
— Oye, Katniss...
— ¿Sí?
— Rue quiere que vaya a su casa ¿crees que exista una remota posibilidad de...— pregunta, vacilando.
— Puedes ir—le digo, sin dejarla terminar la pregunta—, solo mándame un mensaje de vez en cuando para saber que estas bien— accedí. Ya no me preocupaba que saliera, el asunto de Taylor estaba terminado, Prim había vuelto a ser Prim, por decirlo de alguna manera.
Salta de la grada emocionada y me planta un beso en mi mejilla —¡Si! ¡eres la mejor!—grita, emocionada para después llamar a Rue.
— Si, solo soy la mejor cuando te doy permiso— me quejo, bromeando con ella.

—¿Hay algo de lo que no me esté enterando, hermanito?— interroga la pequeña de Olivia, después de saludar a Katniss. —¿Quién es ella?

La pequeña niña de cabellos dorados y diente separados, a veces podía ser muy curiosa como aterradora con sus ojos color miel.
— Solo hay una cosa que no te estoy contando— contesta Peeta — , pero es una muy pequeñita— Le da un beso en la mejilla y la hace reír olvidando que estaba molesta.
— No, Peeta— dijo, empujándolo con sus bracitos, recordando que estaba molesta. — . Dijiste que yo sería la primera en saber.

Peeta sonrió y la levantó del suelo mientras sacudía la tierra de sus pantalones —Eres la primera en saberlo, Liv.—le susurro al oído y le causo cosquillas. —¿Qué te parece ella?—Señaló a Katniss.
Olivia la observó detenidamente mientras Prim se abalanzaba sobre ella para darle un abrazo.
— Es bonita— dijo, asintiendo con la cabeza.
— ¿Entonces la apruebas?—preguntó Peeta.
— En tanto me de helado de chocolate yo la apruebo, hermanito.

Peeta soltó una carcajada y le brillaron los ojos de amor por la pequeña Liv.
— Muy bien, ya basta Olivia, dejemos a Peeta terminar con su cita— dijo Laura, la mamá de Olivia.

Peeta se la entregó.

Hay muchas cosas que tenía que agradecerle a Laura y a su marido Andrew. Además de darle una hermana adoptiva, le habían proporcionado una familia. Laura es un ángel caído y Andrew un humano, viviendo como familia, de lo que resultó la pequeña Olivia, una nephilim al igual que Katniss.
Ellos habían encontrado a Peeta hace seis años, perdido en la eterna vida, que había caído sobre sus hombros. Lo incluyeron en la familia y le dieron un hogar al que podría ir siempre que quisiera y lo necesitará.

Y no solo eso, le informaron de la división de bandos que se había formado entre los caídos. Dos bandos: unos llamados ángeles exterminadores; con la misión de exterminar a los demás caídos que no se unían a ellos para volver al cielo, y los ángeles de la libertad; quienes trataban de pasar desapercibidos ante el ojo humano, incorporándose a la vida mundana.
—Es un poco parecida a Melodie— comentó Andrew. Peeta asintió. Ellos solo habían visto en fotos a Melodie, por eso la conocían — . No estarás detrás de ella por eso ¿verdad?
— No, en absoluto— negó Peeta — . Es muy diferente a Melodie. Podrá parecerse pero la esencia de ella es única.
— Es nephilim, puedo sentirlo— dijo Laura, observandola.
Katniss había vuelto a la pista y Prim ya no estaba con ella.
— No lo sabe ¿no es cierto?— continuó Laura, examinando a Katniss — . Es rápida, por lo que veo, pero falta una parte de ella que no ha sido desarrollada.
— ¿Cuándo piensas decírselo? —preguntó Andrew.
— Esta noche— contestó Peeta.
— Una vez que lo digas, su visión despertara y ya no sera ignorante a todo el mundo celestial que la rodea.
— Lo sé.
— Papá ¿podemos ir por una nieve de chocolate?—gritó Olivia en sus brazos —. Peeta también vendrá ¿verdad hermanito?
Él le sonrió —De hecho no— Olivia bufó no contenta con la respuesta—, tengo que cuidar a Katniss.
— Ya está muy grande para cuidarse ella sola—Se quejó.

Todos rieron por las ocurrencias que Olivia decía.
— Vamos a hacer una cosa— dijo Peeta, tomándola desde los brazos de Andrew—, te prometo que iré contigo por un helado, pero por lo pronto, comete mi bola de helado por mi ¿si?
Asintió con los ojos brillantes de la emoción y unos minutos desaparecieron los tres.

—Gracias por traerme, Peeta—Sonrio, tomando mis cosas mientras abro la puerta del Jeep.
— De nada— contesta. Parece nervioso, mueve sus manos sobre el volante. —Katniss...—me llama en un tono como si tuviera algo que confesarme.

Sin embargo, lo que fuera a decirme, seguro se arrepintió así que me despedí de él.

Camino a mi casa y busco las llaves pensando en lo tranquilo que es por aquí. Las luces del primer piso están encendidas, mientras que en el segundo piso todo parece estar apagado. De repente, siento una sensación de cosquilleo que jamás había experimentado. Así que me apresuro a entrar y cuando lo hago, no escucho el murmullo de las terribles telenovelas del Capitolio que mi madre finge ver, sino que escucho un eco de risas y plática. Me acerco a la sala de estar.
— Tiene usted historias muy interesantes Sra. Everdeen—dice, una voz de chica desconocida.
— Oh por favor, deja de decirme señora y llámame Merril— exclama entusiasmada mi madre— ¡Oh cariño, Katniss! Que bueno que estás de vuelta.

¿Cariño? ¿Quién es esta mujer que convive, habla y ríe alegremente con una extraña?
La examinó con recelo. A preparado té para ella y quien sea la otra chica.
— Mamá... — la llamo.
— Katniss, ella es Enobaria— me interrumpe, llevando mi atención a aquella chica morena, alta y de cabello castaño. Inofensiva, diría yo, sino fuera por sus ojos negros y sus dientes afilados como los de un tiburón, perfectos para arrancar la piel de la carne de un mordisco.
Me ofrece la mano con una sonrisa, le devuelvo el gesto con duda. —Mamá...—repito con cautela, al sentir de nuevo el cosquilleo en la nuca cuando ella se me acerca.
— Cariño, ella lleva horas esperándote— explica mi madre— . Ella es muy amiga de Peeta.
— Más que su amiga Merril— corrige la feroz chica.

¿Más que su amiga? ¿Su novia? Me coloco más alerta que nunca. Las personas celosas, son personas sin sentido común, que se convierten en estúpidos y los estúpidos son peligrosos.

Le lanzó una mirada de advertencia.

— . Se parece tanto a Melodie—murmura para ella.
— ¿Qué?—gruño
— ¡Oh nada!— Se sobresalta— . Solo quería conocer a la chica con la que está pasando tanto tiempo Peeta. Ya sabes como somos nosotras, querida, siempre preocupandonos por lo que es nuestro.
— Bien—digo—, ahora que ya me viste ¿tienes algo más pendiente en esta casa?

Para que puedas largarte de una buena vez.
— No, es todo.— sonríe, mientras camina a la puerta principal contoneándose en su figura forrada en pantalones y chaqueta de cuero.
¿Qué es esta chica? ¿Qué es de Peeta? Siento una pequeña chispa en mi interior al imaginarme que está chica pueda ser más que amiga para él, sobre todo en la forma que lo dijo, como si fuera de su posesión. Además, mi piel siente escalofríos, algo no está bien y espero que no vuelva aparecerse por aquí.
— ¿Se conocen desde hace mucho?— pregunto, sin poder evitarlo cuando está fuera de mi casa.
Suelta una carcajada trotando hacia una motocicleta pintada de negro aparcada sobre los arbustos. Peeta y esta chica Enobaria, ambos vestidos de cuero negro ¿acaso es un requisito importante para tener una motocicleta? Lucir letal, peligroso y misterioso. La enciende después de montarse

— Bastante tiempo— Está lista para irse— , soy su novia desde hace mucho tiempo— grita, alejándose por la acera.
Busco a mamá, que no es difícil encontrarla en esta casa tan pequeña. Se encuentra en la cocina apretando en un puño el filo de un cuchillo.
— ¡Mamá!— grito, corriendo a ella, pero no reacciona cuando la llamo.

La obligo a soltar el cuchillo forcejeando con ella y comienza a desmayarse, así que tengo que sujetar a mi madre entre mis brazos, mientras mancha de sangre el piso y mi ropa. Es una suerte que Prim no esté aquí.
— Mamá— repito.

Siento otro cosquilleo, pero este viene de mi interior. La cargo por el suelo hasta colocarla en el sofá sin mucho esfuerzo, me quito la blusa y me quedo con una interior para impedir que siga brotando sangre.

— Mamá ¡despierta ya!— ordeno, y al instante lo hace. Sus ojos parecen volver de un trance.
Me mira asustada, pero después de comprobar que soy yo se calma y voltea la vista al sillón donde estaba sentada esa chica, toma un respiro y se incorpora para ver su mano roja. Me empuja con el hombro para ponerse de pie y camina al cuarto de baño para sacar un botiquín y limpiarse la herido. La miro sorprendida.
— Mamá— La llamo de nuevo.
Se voltea hacia mí con una mirada de furia, que jamás le había visto. — Ese chico, Peeta Mellark, no quiero que vuelvas a verlo— sentencia, y le escucho una voz segura por primera vez desde que dejó a mi padre. — . Y llama a tu padre.
— Pero...— comienzo a protesta.
— ¡Llama a tu padre!— grita desesperada.
— ¡No me grites!
— ¡Entonces has lo que te digo y llama a tu padre!
Voy por el teléfono y tecleo su número con prisa. —¿Por qué?—pregunto.
Me mira a los ojos, severa — En esto, solo tu padre me puede ayudar— dice.

Mi padre contesta al tercer tono y mi madre me arrebata el teléfono para hablar con él.