Capítulo 2: "Primera semana"
Había arribado a la escuela, sólo se sentó en su pupitre y no dirigió palabra ni mirada alguna a ninguno de sus compañeros y menos a sus amigas. Estaba en otro mundo, con lo que había pasado hacía una semana atrás. Estaba perdida en sus pensamientos, no quería salir a ningún lado y ¡claro! Si estaba castigada y ¡encima! Debía trabajar. ¿Qué peor cosa que eso? ¡Ah! Que su propio jefe la acechaba cuando menos creía que lo haría.
Hace una semana atrás…
Mayura había dejado la mansión, ya tenía su uniforme escolar puesto nuevamente y caminó hasta su casa. Quedaba un poco lejos, pero en ese momento no le importaba nada, ¡nada! Porque nada peor que lo que le había pasado, le pasaría. Que le robaran o la raptaran los extraterrestres sería mejor que lo de tener que trabajar para un estúpido y arrogante muchacho un par de años más grande que ella.
Se sintió estúpida, ultrajada cuando tenía aquel uniforme de servidumbre. ¿Por qué la observaba de aquella manera? Y encima la proposición de acostarse, era muy descarado y en ningún momento sintió que fuera una broma. Ese tal Yamino parecía ser ingenuo, ella también lo era pero eso lo había captado a la perfección. Ashhh… tan sólo quería llegar a casa y acostarse a dormir, apetito no tenía, se había ido por el mal trago de hacía horas.
La llegada a casa tarde fue otro problema, por el cual tuvo que soportar el sermón de dos horas y media de su querido padre, el dueño del templo y sacerdote de éste. El señor Misao Daidouji.
— ¡Mayura! — espetó furioso, pero con un ligero tono de preocupación —. ¿A dónde te habías metido?
— Hola padre… yo… yo… ¡perdóneme!
— ¿Qué haz hecho Mayura? — dijo al notar a su hija apenada y ante aquella reverencia que había hecho, sólo podría tratarse de algún lío en el que ella se había metido. Su indignación se disipó con un suspiro, dio la media vuelta y caminó un par de pasos hacia la casa. Mayura sintió que su padre la había ignorado, cosa que entendía muy bien y estaba en su derecho, siempre se metía en problemas en los cuales terminaba él metido.
No deseaba mentirle, pero tampoco quería ponerlo de los pelos. Otra no quedaba y titubeó al querer entrar a su propia casa. Su padre dio media vuelta al notar que ella no se movía de su lugar.
— ¿Mayura? ¿No piensas entrar?
Ella lo miró y a paso lento se acercó hasta él. Lo quedó mirando, en esa mirada le trasmitía pena, vergüenza de sí misma por ser tan torpe. Quería llorar, las primeras lágrimas se asomaron en sus ojos. Su padre levantó su mano, cerró los ojos cuando sintió una suave caricia en su cabeza. Él le estaba consintiendo con una dulce sonrisa.
— Vamos adentro y hablamos.
Se quedaron mirando fijamente. Su padre mantenía en sus manos un vaso con su bebida mientras que Mayura llevaba ambos puños sobre su rodilla, con sus dedos arrugaba las tablas de la falda escolar.
El señor Daidouji dio un suspiro de resignación y miró a su hija con desgano. El haberse enterado del problema de su hija le había desanimado y con tan buen día que había tenido. Pero bueno, los hijos son los hijos y le dio ánimos con una sonrisa.
— Y bueno, Mayura… tendrás que trabajar en aquella casa. No quisiera que lo hicieras, pero yo no puedo. Sabes como está nuestra economía y mantener el templo no es tan fácil.
— Lo entiendo padre, por eso quería pedirte permiso de poder trabajar allí y pagar con trabajo mi error.
— Está bien, pero cuídate. No descuides tus estudios porque son más importantes que aquel… aquel… aquel jarrón de dos billones de yenes — dijo entre lágrimas, su hija trabajaría de por vida bajo las manos de aquel extraño hombre. Pensó la situación, no vería tanto a su hija.
— Gracias padre.
— Mayura… trata de hacer todo lo que te pida rápido y bien, así puedes venir a casa con tranquilidad después de salir de allí… y podamos compartir tiempo.
— "Ahora que pasa esto quiere compartir tiempo" — se dijo un poco indignada, jamás tenía tiempo para ella. ¿Tenía que pasar algo así para que se acercara a ella? Que padre más descuidado. Pero bueno, peor es nada ¿no?
Primer día de trabajo…
Mayura salió del colegio disparada, no quería llegar tarde y tener que quedarse tanto tiempo allí. Veía a unos cuantos metros la punta de la casa, estaba cerca y cuando llegó al portón, tocó el timbre. La voz de Yamino se oyó del otro lado preguntando por la persona visitante.
— Soy Mayura Daido… — pero antes de terminar, la puerta se abrió delante de ella, permitiéndole la entrada. Se adentró y caminó hacia la mansión, en la puerta estaba aquel muchacho de cabellos verdes y de anteojos con una escoba en mano. Sonreía dulcemente y la invitó a pasar.
— Hola señorita Mayura, que gusto tenerla aquí.
— Si, si — dijo en desagrado, pero luego sonrió y lo observó. Él le sonreía amablemente, no tenía la culpa de nada así que lo saludó con una muy hermosa sonrisa —. Hola joven Yamino.
— Vamos que la llevaré al cuarto para que se cambie el uniforme y no se manche el escolar.
— Gracias — siguiendo sus pasos hacia el segundo piso. Le indicó el cuarto en el cual podía cambiarse, pero Mayura es taaan despistada que se adentró al último de la derecha y no al de la izquierda.
Observó su interior, estaba una gran cama tendida y demasiado elegante con sus frazadas y almohadas de fundas color vino, las cortinas corridas hacia los lados dejando la entrada del sol. Los sillones de terciopelo negros, los muebles de roble y un escritorio en un rincón. Dejó el vestido sobre el sillón y comenzó quitándose la falda, dejándola deslizarse por sus piernas hasta quedar en el suelo. Tomó la falda y la extendió sobre el sillón para que no se arrugara.
Comenzó a quitarse la camiseta cuando se quedó atorada, se le había enganchado con el abrojo del corpiño. La única manera era quitándoselo. ¡Que pena! En la casa en la cual era habitada por dos hombres.
El maldito abrojo no se desenganchaba y se estaba ahogando con la camiseta en su cara, por decirlo así. "Mágicamente" el broche se salió y la camiseta fue deslizada rápidamente. Abrió los ojos – costumbre de ella el cerrar los ojos cuando quitaba su ropa – y se vio sin brasier. Volteó y sus ojos se agrandaron aún más, la boca se quedó abierta, estaba paralizada. Aquella sonrisa arrogante la estaba incinerando en su propio fuego. El calor en sus mejillas la estaban quemando aún más, explotaría.
Su jefe la miraba de arriba abajo, como pensando que hacer primero en aquel cuerpo. Los pelos de Mayura se pusieron de punta cuando él acercó su rostro al de ella, no sin antes tomarla del mentón y levantarle el rostro hacia él. Estaba a milímetros, la besaría y eso ella no quería, ¡no quería!
Se apartó pegando un grito y tapándose con su ropa. Tomó todo dispuesta a salir corriendo de la habitación cuando una mano la detuvo por la muñeca y la atrajo hacia el lado contrario al que ella quería ir. Chocó contra su pecho y la mantuvo entre sus brazos. Respingó cuando sintió que aspiraba en su cuello, haciéndola temblar entre sus brazos y sintiendo más calor en su cuerpo. Tenía miedo, sentía miedo de sus actos.
Sollozó a lo bajo, algo que no fue inaudible para el joven que, entendiendo a la muchacha, le acarició el cabello con ternura. Mayura se quedó allí, quieta, sintiendo calma, relajándose de toda la tensión del momento.
La soltó y volteó para que ella se vistiera. No esperó mucho y se vistió velozmente. Dobló su ropa y la tomó en sus manos.
— Tonta… este es mi cuarto — dijo queriendo cortar la tensión del ambiente, aunque se sentía más calido todo aquello.
Ella se sonrojó y agachó la cabeza —. Discúlpeme… suelo ser despistada.
— Torpe, inocente y atolondrada.
— ¿Eh?
— Vete y haz lo que Yamino te diga — dijo aún de espaldas. Ella caminó hacia la puerta y salió de aquella habitación. El joven muchacho se acercó a la cama y se tiró sobre ésta bocabajo queriendo ser tragado por la tierra y no de vergüenza, sino por haberla hecho llorar cuando quería solamente apenarla, hacerla desear.
Una presa bastante sensible, no sería como las otras que sólo deseaban llegar a su cama. Sonrió, por fin alguien que se resistía de la forma más dulce, avergonzándolo. Pero quizás sería una estrategia, porque aquella mirada demostraba tantas cosas que no podían ser así. Ya lo averiguaría, cuando la confianza fuera mutua, se atrevería a tocarla más íntimamente.
Acomodar las habitaciones. Ese era su trabajo. Iba y venía por toda la casa, era realmente emocionante. Tenía muchaz cosas extrañas y antiguas, las cuales atrajeron su atención y observó todo minuciosamente. Limpió los cuartos y ordenó lo que dentro había. No era tarea difícil y su recompensa era una buena taza de té con dos porciones de torta de crema con frutillas – cortesía del bueno cocinero Yamino.
La semana transcurrió así, hasta el día viernes, el cual fue el último y después disfrutaría un hermoso fin de semana.
Actualidad.
Estaba muerta, había dormido muy poco el domingo por quedarse hasta tarde leyendo historias de misterios. Se recostó sobre el banco y se dejó llevar por el sueño, sentarse en el último de la fila tenía sus ventajas.
El receso había llagado, sus amigas se acercaron, pero ella las ignoró. Estaba en otro mundo, no quería pensar más que en su club del misterio en el cual se refugió todo el receso.
Estaba tirada en el suelo, descansando allí. Nadie concurría en él, sólo ella era la que trabajaba y dedicaba su tiempo en él. Pero la interrupción la despertó y detrás de la puerta se encontró Yuuko, su mejor amiga. Parecía preocupada y un poco enojada.
— ¿Qué ocurre? — dijo refregando su ojo derecho, estaba algo nublada su vista por haber dormido.
— ¿Qué te ocurre a ti? No nos hablas ni nos diriges la vista — espetó furiosa. Dos manos la tomaron por el hombro a la chica de cabello corto, dos personas estaban detrás. Koutaro y Kaho, compañeros y amigos de ella, también.
— Tranquila Yuuko, Daidouji está cansada — dijo Koutaro con amabilidad.
— Es verdad, mira su semblante… no habrá dormido bien — acotó Kaho, pero Yuuko se separó de ellos algo brusca y los miró.
— Ella dejó de hablarme desde que fuimos a esa casa — volteó a hacia Mayura —. ¿Qué te pasó? Dime — le gritó desesperada, a lo que Mayura bostezó y la miró a los ojos.
— Nada… ¿Qué podría haberme pasado? — dijo secamente.
— Ma…Mayura… ¿Por qué? ¿Por qué me tratas así? ¿Es porque te dejé sola? ¿Es por eso?
— Mmm… no, es porque… — volvió a bostezar —. Trabajo allí.
— ¿Tra…trabajas? — dijeron los tres jóvenes mirándola.
— Ajam, los rumores fueron erróneos… allí viven personas y por mi corrida y el tropezón con la puerta, rompí uno de los jarrones de la casa. Ahora, trabajo para pagarlo.
— Ah… — dijo Yuuko algo aliviada y para recompensar su mala interpretación de las cosas, la invitó a tomar algo.
— No puedo — suspiró exhausta —. Tengo que ir a trabajar después de aquí.
— Y ¿Después?
— Tampoco puedo porque salgo de allí y voy a casa. Sabes que tengo que venir hasta aquí al otro día y no es tan cerca.
— Ah… — dijo desilusionada. Kaho también, pero Koutaro miraba su pecho.
— Daidouji — y captó su atención, le señaló el pecho —. ¿Qué es eso? — señalando un pequeño colgante con un dije en forma de guadaña lunar.
— ¿Ah? — miró su pecho y sonrió —. Me lo dio mi jefe, dijo que era de la buena suerte.
— ¿Se llevan bien?
— Bueno… en realidad no tanto, pero no es un ogro. Siempre hace bromas y miente en algunas cosas.
— ¿Te miente?
— No, a Yamino… su fiel sirviente… pero no lo hace de maldad, son mentiritas piadosas.
— ¿Hablas mucho con él?
— No. Nos dirigimos muy poco la palabra, hablo más con Yamino.
— Ah.
Todos se adentraron al salón de clases y se pusieron en ronda, quería escuchar acerca del jefe de Mayura, pues era alguien interesante.
— ¿Por qué quieren saber de él?
— Curiosidad… — dijeron a la vez. Suspiró y cedió ante sus amigos.
— Es joven, apuesto… mmm… bueno, es burlón y le gusta hacer bromas, duerme siempre, por lo que sé, ya que las veces que fui está durmiendo o encerrado en su despacho. Me lo habré cruzado cinco veces la semana pasada.
— ¿Por qué será?
— No lo sé.
— ¿No era que te gustaba ser detective? ¿Por qué no lo investigas? — sonrió Yuuko, emocionando a su amiga.
— Tienes razón, lo investigaré.
Cada uno siguió con lo suyo, las clases habían comenzado y no debían distraerse.
— Señor Loki… le traigo el té — dijo el joven sirviente dejando la bandeja en la pequeña mesa en el centro del despacho entre los sillones.
— Gracias Yamino — sonrió el joven, estaba con la vista hacia el cielo, a través de su ventana, sentado en su mullido y cómodo sillón de escritorio. Yamino dejó la habitación, sintiéndose el silencio.
No pudo evitar sonreír ante lo que pasaba, las próximas acciones de su torpe sirvienta eran la de investigarlo, eso sonaba interesante. Un juego de detectives en el cual él ya llevaba la delantera.
— Si tan solo supiera — sonrió burlón, recordando el día en que le dio el pequeño collar con el dije de guadaña lunar.
Flash back.
Era miércoles, estaba algo aburrido. Era el segundo día que ella trabajaba en esa casa y no pudo acercarse por lo del día anterior. No quería que aquel percance arruinara sus planes de conquistarla, así que no tenía otra opción que caer tan bajo como eso. Bueno, quizás no era caer tan bajo, pero no podría ser él al 100 %.
Extendió sus manos frente a él y una pequeña luz brilló entre ellos. Una pequeña guadaña lunar con una cadena de plata. Perfecto.
Sonrió, aquello lo mantendría al tanto de todas las cosas que ella hiciera, por ende, la conocería profundamente. Además, de vigilarla y saber de sus gustos, eso la mantendría protegida de cualquier peligro.
Escuchó unos pasos, Yamino no era, había salido a comprar. Entonces, sería ella. Se encaminó a la puerta y la abrió, miró hacia su derecha del pasillo y no estaba, miró hacia la izquierda y allí estaba, cargando unas sábanas blancas de seda dobladas perfectamente.
— Mayura.
Ella volteó lentamente hacia él y lo quedó observando. Sus ojos demostraban curiosidad, cosa que a él lo encandiló más. Se veía tan tierna en aquel uniforme y con aquella mirada de niña curiosa por la cual no pudo evitar dejar salir una sonrisita.
— ¿Qué ocurre amo Loki? — aún lejos, no porque no quisiera estar cerca, tan solo porque no podía actuar ante aquella sonrisa que parecía de travesura. Aquella sonrisa que la aterraba, pero también le apenaba, se sentía tan chiquita a su lado. Además, aquellos ojos verdes la cautivaban totalmente, siendo extraño para ella ya que no solía pensar en muchachos aún estando en edad de hacerlo, pero no le interesaban. Sólo él lograba lo que nadie podía, pero su razón siempre era más fuerte y no se dejaba a merced de nadie y menos de aquel arrogante de su jefe.
— Mmm… nada, sólo que tengo algo para ti.
— ¿Para mí? — sonó confundida. Los pasos de Loki se dirigieron hacia ella y se quedó frente a frente. Mayura dirigió sus ojos hacia los de él, tontamente se sonrojó y agachó la mirada.
— Si, para ti. Es un collar… te dará suerte y te mantendrá protegida — dijo mostrándole el collarcito colgando de los dedos del joven. Se puso detrás y pasó el collar por el frente de ella, corrió el abundante cabello rosado hacia un lado y colocó el collar en el cuello, abrochándolo. Puso el cabello en su lugar y volteó hacia ella nuevamente, acercando sus rostros y mostrándole el pequeño dije de guadaña color blanco.
Miró el dije, era muy lindo y sonrió ante tal detalle sin saber lo macabro que se escondía detrás de éste. Nada bueno podría salir de él, pero ella eso no lo sabía. No sabía aún nada de él, tan solo algunas cosas que le comentaba Yamino o que él solía mostrar cuando salía de su despacho o habitación.
— ¿Te gusta? — preguntó mirándole los labios, pero ella no notó aquello, sorprendiéndolo. Que tonto había sido pensando que de aquella forma obtendría los labios de la chica, ¿solía equivocarse ahora?
— Me encanta, muchísimas gracias — sonrió con tal ternura que lo hizo olvidarse de las reprimendas y aliviando a su corazón, de alguna extraña manera, así se había sentido. Alejó su rostro del de ella para no atosigarla. Sonrió y caminó hacia el despacho.
— Me alegro, disfrútalo — adentrándose.
Ella emitió un sonido asintiendo y giró sobre sus talones, continuando con su labor. Mientras Loki estaba recostado sobre la puerta, sonriendo con paz y tocándose el pecho, había sido tan dulce aquella sonrisa y fue especialmente para él, eso le puso de bueno humor.
Fin del FB
— Que empiece el juego.
Continuará…
N/A: Hola, debo confesar que este mensaje los escribí ya tres veces y las tres veces que lo guardé no me lo guardó porque no respondió la página xD
Bueno, primero que nada, espero que les guste el segundo capítulo y que sigan pasándose por aquí. No sean tímidos y pueden dejar sus mensajes y POR FAVOR si es una crítica que sea constructiva, porque si no lo es, no me vale de nada :) va con toda la onda. Otra cosa, esta fic la publicaré todos los viernes (más tardar sábado) porque empecé la universidad y la carrera que me elegí es bastante jodida xD Requiere de mis habilidosas manos de dibujante y toma su tiempo eso también, y porque he calculado la cantidad de capítulos y me parece bien que una vez por semana publique ÉSTA historia. Esto no significa que no me pase a publicar algún One-shot (acostumbro a trabajar con one-shots) por aquí.
Quiero agradecer a las dos niñas que han comentado: Monique1992 y Nashmy. Espero que sigan por aquí y también agradezco a los que pasaron a leer nomas y a los que me felicitaron por la página de FB mía :)
SI! He podido subir segundo capítulo (es que no entiendo la mecánica de xD soy muy retardada para estas cosas jejeje)
Nos leemos pronto!
