Capítulo 4: "Viernes"
El día había llegado. Ella aseaba la casa con tranquilidad cuando fue tomada de la cintura, cargada sobre un hombro y llevada a toda velocidad. El lugar en donde se habían detenido era el despacho y el lugar de aterrizado fue el suave y mullido sillón de terciopelo oscuro. Delante de ella, sobre la mesa, habían dos platos con una porción de pastel de crema con frutillas y rellena de chocolate en cada uno, además, dos tazas de té y unas masitas.
Miró a su secuestrador que se sentó en el sillón de enfrente, tomando uno de los platitos y una de las tazas con el líquido caliente servido. Parecía un niño pequeño sonriéndole al pastel con la expresión de "te voy a comer" en su rostro. Tomó un poco del té y luego comió un pedacito de pastel. Sabiéndose que no era acompañado, le indicó a la peli-rosa que se sirviera.
Ella tomó la tacita de té y tomó un poco del líquido rojizo amarronado, lo dejó posado en su mano y sosteniéndola con la otra de la manija. Miró a Loki que seguía degustando el pastel como todo un niño. Suspiró y carraspeó dulcemente, llamando la atención del muchacho.
— ¿Qué ocurre? ¿Por qué me trajo aquí, amo Loki?
— Ah… — dejó el plato sobre la mesa con la cuchara y limpió su boca con la servilleta. Se echó hacia atrás y estiró sus brazos sobre el respaldo del sillón, cruzando sus piernas, en una pose relajada. Ella seguía derechita, con sus piernas juntitas, viéndose tierna en su uniforme de sirvienta que dejaba descubierta parte de sus piernas por lo que se había levantado, era muy acampanado y le quedaba corto del largo, pero bien del resto —. Bueno, habíamos empezado el juego… hoy es su finalización, ¿Qué haz averiguado?
— Ah… de eso se trataba — buscó en el pequeño bolsillo de su delantal y sacó un pequeño cuaderno. Lo abrió y fue pasando las páginas, su expresión seria se volvió suave y procedió a decir todo lo que había averiguado.
Había trabajado arduamente en recolectar información y no solo preguntando a Yamino o algunas de las damas con las que había salido – si, reconoció a algunas y fue sin pena a preguntar sobre Loki, al principio no entendían mucho pero al explicarle acerca del juego, las chicas amablemente hablaron lo poco que sabían y pudieron conocer del joven casanova –. También, observó mucho a su amo entre la casa y cuando salía, los horarios y todo eso, pero siempre desde un lado desinteresado, sin levantar sospechas.
— Bueno, comienzo… — inhaló y su voz actuó —. Descubrí que le teme a los vehículos, ¿la razón? Cada vez que le ofrecía tomar un taxi o un transporte público, usted prefería caminar metiendo como excusa que la mañana era preciosa, que es bueno caminar y que estaba de mal humor como para soportar gente. Le gusta hacer bromas, siempre que Yamino se distrae, le cambia las cosas de lugar y hasta una vez cambió todos libros de cocina de lugar y colocó libros sobre meteorología y agricultura. También, le hizo una broma al cartero acerca de que tuviera cuidado cuando se acercara a la casa – aclarando que se hizo pasar por otra persona y no por el dueño de casa – porque en ella solían aparecer monstruos y con ayuda del inocente de Yamino, su broma se efectuó porque a éste se le cayó un pote de harina al abrir la puerta y quedó blanco como un papel, pareciendo un fantasma y haciendo huir al cartero…
— Wow… sorpren…
— Espere por favor, aún no he terminado — dijo sonriendo, pero sin quitar la vista de su libreta. Accedió disculpándose y ella continuó —. Las mujeres con las que hace sus…mmm… sus cosas siempre son invitadas los días jueves, sábados y muy extraña vez los lunes. La mayoría de las veces, conoce a las damas en el día y sólo sale una vez o dos con la chica de turno. Les sonríe, así las compra; les guiña el ojo, así le da confianza a adentrarse a sus terrenos; les dice cosas bonitas, así obtiene su cita; les corteja y las lleva a lugares bonitos y así obtiene la noche asegurada.
Suspiró, aún no terminaba, había hecho un trabajo a fondo ya que la vida del joven parecía interesante.
— Sus gustos… — observó y corrió la hoja —. En general, su color favorito es el color vino; su edad está situada entre los veinte y veintitrés años; le gusta dormir mucho y su mal humor nace cuando no duerme bien o se despierta temprano, cosa que está pasando actualmente. Ante que lo dulce, prefiere lo salado y su bebida favorita es el té rojo. Cada que conoce a una mujer, no deja de sonreír; su arma principal es la sonrisa demostrando: travesura, picardía y atrevimiento. La amabilidad la utiliza para cuando sale con muchachas que no pretenden segundas intenciones, mientras que con las mujeres que desea llegar a fin, saca su lado seductor. Fanfarrón, apuesto y varonil son las referencias a su persona, las mujeres están encantadas con aquella combinación. Ninguna ha quedado insatisfecha, todas tienen buenos recuerdos de usted como una persona respetuosa a pesar de todo. Odia los artefactos tecnológicos, odia la lluvia, odia que alguien sea el centro de la atención si no lo es usted, odia las insistencias por parte de las mujeres. "No" es "si" y "si" es "si", no acepta un "no" como respuesta y hará todo lo posible para que se revierta esa respuesta, por ende, suele ser usted el que insiste… mmm ¿Qué más?... ¡Ah! No se fía de todas las personas, cuando sale con las mujeres prefiere que sean mayores para no crear falsas ilusiones en las más chicas, pero no le quita tampoco a no darse el gusto de vez en cuando… considerado de su parte — dijo con algo de ironía y para finalizar —. Por último, le gusta pasar el día contemplando la tarde. Fin — cerrando la libreta —. Hay más cosas, pero me estoy reservando para una segunda partida — sonrió dulcemente.
— Mmm… muy bien eh, me sorprendiste… felicitaciones.
— Gracias.
— Ahora me toca… — cerró los ojos y pensó todo, recordando todo lo que había visto y lo que había deducido y todo gracias al pequeño pendiente de su cuello y sus recuerdos —. Te gustan mucho los dulces, siempre compras helados luego del salir de la escuela y procuras terminarlo antes de llegar a casa; eres perezosa para estudiar, no te gusta matemática ni algebra. Te gustan las cosas paranormales y fuera de lo común, y cada vez que pasa algo extraño dices la frase "Fushigi Mistery"; crees en esas cosas pero nunca haz visto nada. Te gustan los osos de peluche, especialmente los pandas. Tienes tres amigos con los cuales compartes tus horas libres, ellos son Koutaro Kakinouchi, Yuuko Tatehuaki y Kaho Ryukki (totalmente inventados, menos el de Koutaro), sueles despertar a la madrugada para tomar un vaso de leche tibia y luego vuelves a dormir pero bocabajo; comes todo sin problemas, no eres exigente con la comida; no tienes mucho trato con tus compañeros más que un saludo o despedida. Tu pierna derecha es más chueca que la izquierda, hueles a jazmín, te gustan las cosas tiernas y amas a los niños pequeños. Ayudas a tu padre en el templo los fines de semana y vistes como una hermosa sacerdotisa — logrando con ese último comentario que se sonrojara —. Tu libro favorito es uno que tienes desde niña "el gato detective"; sueñas con casarte con un detective, ser una y ser famosa; eres demasiado ingenua que nunca te enteras cuando alguien se te insinúa o te mira, siempre entiendes todo por la mitad, duermes en clases de historia, babeas cuando sueñas cosas que te gustan, te gusta mucho el color blanco. Eres una chica dulce, buena que le gusta ayudar a los demás sin nada a cambio y cuando estás triste, lees o escribes. Fin, también para mí.
— Increíble… parece que es un empate ¿no?
— Ajam…
— Por lo menos nos conocemos un poco.
— Claro, Mayura… vamos a cenar, invito yo.
— ¿Eh?
— Vamos… es último día de la semana y hay que salir…
— Está bien, amo Loki — sonrió dulcemente y se puso de pie —. Me iré a cambiar de ropa, con su permiso — e hizo una pequeña reverencia, delante de él. Se acercó – aún sentado – y tomó el mentón de la muchacha. Ella abrió los ojos pesadamente y los enfocó en él, le sonreía seductoramente y la miraba con dulzura.
— Deja de lado las formalidades, por favor… — acercó sus labios al oído de la muchacha, sentándose en el borde del sillón, y susurró —. Yo sé que no eres así… eres atolondrada, exigente e impulsiva… me gusta.
La chica se sonrojó y se puso de pie. Tomó sus manos nerviosas, apretándolas y tronándose los dedos, y marchó hacia la puerta. Caminó el largo pasillo hasta su habitación y entró con fingida tranquilidad. Comenzó a temblar, se abrazó a si misma y se encaminó hacia el placard, abriendo sus puertas y buscando un vestido simple y fresco para aquella calurosa noche. En silencio, comenzó a quitarse su uniforme y lo dejó tendido en la cama para que no se arrugara.
Después de una ducha de diez minutos, secó su cabello y su cuerpo y se miró al espejo; su cuerpo era delgado, no tenía suficiente busto pero tampoco poco. El vientre plano y liso, suave; sonrió ya que su rostro demostraba sus rasgos infantiles, aún, y la pregunta rondó por su cabeza, ¿Cómo sería en unos años? Despertó de la ensoñación y terminó de secarse y peinarse, no debía perder tiempo.
Se colocó el vestido amarillo claro; era de tiras muy finas, una cinta dividía el pecho del vientre uniéndose detrás en un moño del mismo color del vestido sólo que era otro tipo de tela brilloso, unas sandalias blancas y el cabello atado en una coleta alta. Ya estaba lista para salir.
La puerta de su habitación sonó hueco, volteó y se acercó a abrir. Allí estaba él con unos pantalones negros tiro alto y apretados; una camisa blanca que estaba dentro del pantalón, y con los primeros tres botones desabotonados, permitiendo la vista de su pecho sin vello; unos zapatos negros y el cabello revuelto.
Sonrió ante el sonrojo de la chica y le acarició el rostro, bajó su mano pasando por su hombro y acariciar el largo de sus níveos brazos para tomar la pequeña mano.
— Vamos — apretando su mano, ella reaccionó asintiendo.
En la puerta se encontraron con Yamino quien sonreía amablemente y a gusto. Al verlos irse, cerró suspirando la puerta. Caminó unos pasos hacia una pequeña sala y allí abrió una revista que había sobre la mesa.
— Que suerte que trajeran la nueva revista de catálogos — sonrió a gusto, observando las cosas increíbles para comprar. La idea de que su amo saliera con Mayura le hizo sonreír con alegría —. Ojalá Mayura pueda calmar a ese corazón travieso y herido de una vez por todas.
— ¿Qué deseas cenar, Mayura?
— Mmm… escuché sobre un nuevo restaurante donde preparan platillos muy buenos, no serán mejor que los de Yamino pero quisiera probarlos.
— Está bien — y entrelazó sus dedos, apenando un poco a Mayura y calmándolo a él, llenándolo de paz.
— Es ese — señaló con la mano que no era tomada, empezó a tirar de él con una sonrisa y él no pudo negarse que lo llevara, sus planes de conquistarla no habían cambiado y haría cualquier cosa para poder ser el primero en todo. Claro, él la había investigado a fondo y sabía que aún no había dado su primer beso y menos que menos haber tenido relaciones sexuales. "Virgen" esa palabra lo llenó de unas sensaciones asquerosamente intensas dentro de su estómago, llenándolo de deseo. Jamás, pero jamás pudo desvirgar a una mujer, ya todas estaban sucias. "Conocer" a Mayura le pareció algo grandioso, quería que sea de él y sólo para él, nadie más que él era el indicado para enseñarle todas las cosas más hermosas, pervertidas y excitantes que habría vivido en su vida.
Pero todo era complicado. Él era una persona mucho más grande que ella y no podía aprovecharse de la ingenuidad e inocencia de la chica, por ende, la conquistaría y enamoraría. Sería su princesa, su diosa y le daría el mundo con tal de que ese cuerpo fuera marcado con su esencia el día que llegara ese momento y el resto de su vida. No, no… el no se había enamorado, él sólo quería algo de su propiedad… bueno, eso según él ya que nunca sintió amor por alguien más que por sus… sus… sí, hay que decirlo… sus hijos.
Si, él… el gran Dios del caos y el fuego, el engaño y las travesuras, y de la seducción. Viviendo en el mundo de los humanos por la curiosidad, por el querer enamorar a más mujeres; se había cansado de las diosas, todas eran tan fáciles y, por desgracia, en el mundo de los humanos también había mujeres así, aunque podía hacer muchaz cosas además de eso, divertirse, comer y conocer sus casas.
Pero Mayura era diferente, ella nunca se dejó caer por el poder de la seducción, hasta parecía resistirse a eso. No le importaba si le costaba tiempo, se lo daría, porque después de todo él quería a esa chica, no la amaba, aclarando lo que se planteaba anteriormente, pero todo según él.
— Delicioso — dijo la muchacha degustando su platillo, parecía una criatura. Era hermosa, dulce, pero aún él esperaba ese lado demandante y salvaje de ella, sabía que se contenía y hasta le parecía costarle, por eso, esos constantes temblores en su habitación.
— Si, es cierto… Mayura, ¿Qué quieres hacer después de comer? — curioseó el Dios sonriente, esperaba alguna locura, quería divertirse mucho esa noche.
— Mmm… me gustaría caminar… — se levantó de golpe, golpeando la mesa con ambas manos, pero sin llamar la atención —. Quiero ir a la fuente de la plaza, dicen que es muy lindo por las noches, todo brilla y se ve hermoso.
— Donde la muñequita diga — sonando dulcemente, sin otras intensiones en la palabra. Se sonrojó ante lo íntimo que sonaba eso.
Terminaron la cena, Loki pagó la cuenta y marcharon hacia adonde habían quedado ir. Ella tomó el brazo de Loki y lo arrimó hacia ella, logrando hacer sonreír al muchacho y querer estar más cerca de ella. Llegaron a dichoso parque y se sentaron en la banca frente a la fuente. Ella sonreía sólo por la simple razón de ver la fuente, estaba feliz por salir esa noche y conocer el iluminado lugar. Loki la observó en silencio, la admiró tranquilamente.
— Señorita, es muy bonita — dijo un niñito de unos ocho años aproximados, acompañado de una pequeña niñita.
— Gracias, tú también eres muy bonito —poniéndose a su altura —. ¿Cómo te llamas?
— Yo soy Hikaru y mi hermana menor se llama Sora — la pequeña niña se escondía detrás de su hermano. Hikaru era rubio de ojos color miel, piel blanca y los pelos en punta; su hermana era castaña, cabello largo y sedoso, ojos miel y una tímida mirada decoraba su rostro. Loki los vio y se acercó por detrás, Mayura levantó la vista hacia él y le sonrió.
— Yo me llamo Mayura y él es el señor Loki.
— Encantados señorita Mayura, señor Loki — el pequeño saludó respetuosamente, la niña sólo les dedicó una miradita.
— ¿Están solos? — se atrevió a preguntar Loki al verlos allí.
— Mamá y papá están del otro lado de la fuente, le dijimos si podíamos ir a la fuente y nos dejó — contestó el mayor. Miraba mucho a Mayura, mientras que la niñita miraba a Loki.
— Sora chan… Eres muy linda, ¿sabías? — dijo Loki poniéndose a su altura, acuclillándose. La niña se sonrojó y dejó de esconderse detrás para ponerse frente a Loki. Él estiró su mano y ella posó su pequeña manito sobre la de él, sonriendo tímidamente. Mayura sonrió ante el gesto, Loki la estaba ayudando a integrarse, brindándole seguridad.
— Señorita Mayura, el señor Loki es su novio — interrogó el niño. Loki lo miró y buscó los ojos de Mayura, curioso de su respuesta, pero ella sólo estaba sonriendo sonrojada.
— No, somos… amigos — respondió ella. Loki volvió la vista hacia la niña, ella seguía sosteniendo su mano. Sonrió y la niña hizo lo mismo.
— Señor Loki es muy lindo, la señorita Mayura también… — dijo la niña sonriente, llamando la atención sólo de Loki —. Ellos parecen enamorados — dijo con inocencia.
— ¿Tú crees? Mi princesa no me da señales de amor — dijo Loki fingiendo tristeza, la pequeña niña apretó su mano, él la observó.
— La señorita Mayura quiere mucho al señor Loki — dijo.
— ¿Cómo lo sabes?
— Porque los ojos de la señorita Mayura brillan cuando ve al señor Loki… y el señor Loki también se ilumina por la señorita Mayura.
Sonrió y acercó la pequeña mano hacia su boca, dejándole un pequeño beso —. Gracias Sora chan… gracias.
Los niños volvieron de la mano con sus padres, mientras que Mayura los despedía extendiendo la mano cerca de su cuerpo. Finalmente, apoyó su mano en su pecho sonriente, Loki la miró de costado.
— Los niños siempre dicen la verdad — dijo Loki, Mayura giró sus ojos encontrándose con la serena mirada de Loki. Ambos se quedaron mirando por unos instantes, hasta que él rompió el contacto visual, extrañamente sentía un pequeño calor en sus mejillas, pero no serían nada ¿no?
Ambos voltearon rumbo hacia la calle, cruzándola para retomar camino a casa. Había sido una velada dulce y alegre, mañana sería un nuevo día.
Continuará…
N/A: Hola! Actualizando como es debido... como el pan de cada día... bueno, esto sería el pan de cada viernes xD casi me olvidaba que era viernes y casi no actualizo xD espero que les guste y no teman en comentar que no muerdo jajajaja
Hasta la próxima y gracias por leerme! Pronto subiré algún one-shot así que atentos!
