Percy Jackson, pertenece a Rick Riordan.

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La Nueva Luz del Olimpo.

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25: Campistas vs Cazadoras.

Quirón trató de enseñarles a los Di Ángelo y a Hazel tiro con arco, pero nos dimos cuenta muy rápido que ellos no era nada buenos con un arco y flecha. No se quejaban de que erraran el blanco.

¿Carreras? Tampoco eran buenos. La ninfa del bosque instructora los dejó en el polvo. Al igual que conmigo, les dijeron que no se preocuparan por eso, pues ellas habían tenido siglos de práctica de huir de los dioses enfermos de amor. Pero yo misma sabía de primera mano, cuan humillante era el ser más lento que un árbol.

¿Y la lucha libre? Olvídalo. Cada vez que se subían a la colchoneta, Clarisse los pulverizaba.

Tampoco destacaron en canoa.

No eran tan fuertes como los niños Ares.

Ni buenos en el tiro con arco como los niños Apolo.

Carecían de la habilidad de Hefesto con el trabajo en metal.

Ni el método de Dionisio con plantas de la vid.

—De acuerdo Nico, Bianca, Hazel —les dije yo, mientras que varios se reunían a nuestro alrededor —Vamos a aprender algo de esgrima, ¿de acuerdo? Entonces: por favor, tomen una espada. —les enseñé las espadas —Solo empuñen que la sientan balanceada. Ni muy pesada, ni muy liviana. —no me molestó esperarlos —Ahora, comenzaremos con puñaladas, cortes y paradas básicas. Entrenaré con Nico y luego, Bianca y Hazel nos imitan, ¿entienden? —ellas asintieron y comenzaron a imitarme y a escuchar lo que yo decía. Estuvimos en esas, por varios minutos, hasta que les dije que se tomaran un momento y les entregué una botella de agua a cada uno.

—Los está entrenando la mejor esgrimista del Campamento —dijo Luke, apoyado contra la pared de la cabaña de Hermes y una sonrisa en los labios. —Por cierto, Penny: Mañana en la noche, es el Captura la Bandera con las Cazadoras.

—Si tomas el mando, voy a agradecértelo, en verdad —le dije yo. Él me miró sorprendido, pero asintió.

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Aquella noche, después de cenar, estaba resuelto a derrotar a las cazadoras en la captura de la bandera. Iba a ser un partido muy reducido: sólo trece cazadoras, y más o menos el mismo número de campistas. Zoë sonreía al participar en aquel juego. A las demás cazadoras se las veía igualmente muy contentas.

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A la noche siguiente, las Cazadoras se apiñaban en el pabellón y susurraban entre ellas mientras se ajustaban las armaduras.

Nosotros teníamos en nuestro equipo a Beckendorf, Nissa y a otro chico de Hefesto, a unos cuantos integrantes de la cabaña de Ares con Clarisse al mando, a los hermanos Stoll y a Nico, de la cabaña de Hermes, y a varios chicos y chicas de Afrodita. Era curioso que la cabaña de Afrodita se prestase a jugar. Ellas habitualmente se mantenían al margen, charlando y contemplando su reflejo en el río. Pero en cuanto se enteraron de que íbamos a enfrentarnos con las cazadoras, se apuntaron con unas ganas enormes.

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Esa la noche, le cedí el mando a Thalía, para evitarme una pelea que no quería tener, con mi bella Cara de Pino. Ella me miró sorprendida de que yo hiciera eso y me besó en los labios.

—Ya les enseñaré yo sí «el amor no vale la pena» —refunfuñaba Silena Beauregard ya con su armadura rosa, encima de su cuerpo y su espada en la mano izquierda—. ¡Las voy a pulverizar!

Y finalmente, estábamos Thalía y yo. —Encargarte del ataque —me propuso ella, asombrándome —. Yo me ocuparé de la defensa. —los Stroll, Beckendorf, Nyssa y otros hijos de Hefesto, estaban instalando unos artefactos en los árboles, apuntando hacia abajo.

—Y nosotros auxiliaremos a Thalía con la defensa —se comprometieron Travis y Connor, al unísono, enseñándome sus escudos. Asentí.

Thalía se puso a ayudar a las chicas de Afrodita, pues algunas tenían problemas para ponerse la armadura sin estropearse las uñas.

Nico di Angelo se me acercó esbozando una ancha sonrisa. Sus hermanas lo seguían de cerca y me sonreían tensas, como lamentando que yo tuviera que aguantarlo. — ¡Esto es una pasada, Penny! —El casco de bronce, con un penacho de plumas azules en lo alto, casi le tapaba los ojos, y su peto debía de ser unas seis tallas grandes. Definitivamente yo también sufrí con aquel aspecto tan ridículo cuando llegué al campamento. — ¿Podemos matar a los del otro equipo?

—Eh... no.

Me miró con duda. —Pero las cazadoras son inmortales, ¿verdad?

—Sólo si no caen en combate.

—Sería genial que resucitáramos en cuanto nos mataran y pudiéramos seguir peleando...

—De ustedes eso sí me lo creo —dejé salir.

— ¿Eh? —Preguntó Nico con curiosidad. — ¿A qué te refieres? —un segundo más tarde, Bianca me daba un golpe flojo en el hombro. Sí. Mala elección de palabras.

—Solo haz lo que en el entrenamiento —dije yo. —Desviar las cuchillas de las Cazadoras y bloquear sus flechas —Nico asintió —es la parte negativa de las Cazadoras: Van con armas de largo alcance (el arco y la flecha)

—Estaremos a tu lado —dijo Bianca sonriente a su hermanito menor.

—Nico, esto va en serio. Son espadas reales. Y pueden hacer mucho daño. —Me miró, un poco defraudado, y me di cuenta de que acababa de hablar como mi madre. Grrr. Mala señal. Le di unas palmaditas. —Ya verás, será fantástico. Tú limítate a seguir al equipo. Y mantente alejado de Zoë. Nos lo pasaremos bomba.

Los cascos de Quirón resonaron, en el suelo del pabellón. — ¡Héroes! —llamó—. Ya conocéis las reglas: El arroyo es la línea divisoria. El equipo azul, del Campamento Mestizo, ocupará el bosque del oeste. El equipo rojo, de las cazadoras de Artemisa, el bosque del este. Yo ejerceré de árbitro y médico de campaña. Nada de mutilaciones, por favor. Están permitidos todos los artilugios mágicos. ¡A vuestros puestos!

— "Estupendo" —me susurró Nico—. ¿Qué tipo de artilugios mágicos? ¿Yo tengo alguno?

—Tu espada, por el momento —le dije yo sonriente y él asintió emocionado. Entonces, noté que todos me miraban. Era la líder, después de todo. Ya había salvado el día en dos ocasiones. — ¡Equipo Azul, es hora de triunfar contra las Cazadoras!

Situamos nuestra bandera en lo alto del Puño de Zeus: un grupo de rocas en mitad de los bosques del oeste que, visto desde cierto ángulo, parece un gigantesco puño surgido de las entrañas de la tierra. Si lo miras por el otro lado, parece un montón de excrementos de ciervo, pero Quirón no nos habría permitido que lo llamásemos "Montón de Mierda", sobre todo después de haber sido bautizado ya con el nombre de Zeus, que no tiene demasiado sentido del humor.

En todo caso, era un buen lugar para situar la bandera. La roca más alta tenía seis metros y era bastante difícil de escalar, de manera que 1a bandera quedaba bien visible, tal como establecía el reglamento, sin que importara demasiado que los centinelas no pudieran permanecer a menos de diez metros de ella.

Puse a Nico de guardia con Beckendorf, Nyssa e Isabella, estaban terminando sus artefactos en los árboles, Thalía, mi hermano Anthony y los hermanos Stoll, pensando que así quedaría a salvo y al margen de la trifulca.

—Vamos a enviar un señuelo hacia la izquierda —dijo Thalía a todo el equipo—. Silena, tú lo encabezarás.

— ¡Entendido!

—Llévate a Laurel y Jason. Son buenos corredores. —dije yo —Describe un arco bien amplio en torno a las cazadoras. Atrae a todas las que puedas. Daré un rodeo por la derecha con el grupo de asalto y las pillaré por sorpresa. —Todos asintieron. Parecía un buen plan, y Thalía asintió, antes de agarrarme la cara y besarme. Ambas nos reímos.

Yo corrí hacía la espesura del bosque. Me volví y vi a Nico trepando hasta lo alto del Puño de Zeus para disponer de una buena vista del bosque. Yo todavía recordaba cómo habían surgido las cazadoras sin más la otra ocasión, mientras luchábamos con la Mantícora, y me esperaba un ataque relámpago parecido: una carga por sorpresa pensada para arrollarnos. Pero no pasaba nada.

Divisé un instante a Silena y sus dos exploradores, cruzaron corriendo un claro, seguidos por cinco cazadoras, y se internaron en el bosque con el fin de alejarlas lo máximo posible de Thalía. El plan parecía funcionar. Luego vi a otro pelotón de cazadoras que se dirigían hacia el este con sus arcos en ristre. Debían de haber localizado a Thalía.

Desenfundé el arco, coloqué tres flechas y disparé casi a ciegas, pero logrando atraer la atención de las Cazadoras, quienes se quedaron quietas por un instante.

Katie y Miranda, hijas de Deméter, atacaron con su Cloroquinesis: manipulaban las plantas, arrojándoles a las cazadoras, hojas de arbustos, tan veloces, que lograban cortar sus ropas e infringirles heridas menores, obligándolas a correr para resguardarse. Pero las raíces de un árbol, se movieron y las hicieron tropezar.

Silena y su grupo se fueron encima de ellas, como si fueran hijas de Ares con ira corriéndoles por las venas y les ataron las muñecas a la espalda, mientras que tres hijas de Afrodita, se llevaban a las cinco Cazadoras, hacía nuestro territorio.

Corría a toda velocidad y me sentía fenomenal. Salté el arroyo y entré en territorio enemigo. Ya veía su bandera plateada un poco más adelante, con una sola cazadora de guardia que ni siquiera miraba en mi dirección. Oí ruido de lucha a derecha e izquierda, en el espesor del bosque. ¡Estaba hecho!

La cazadora se volvió en el último momento. Era Zoë. Abrió los ojos de par en par justo cuando yo comandaba la nieve, atrapándola de la cintura para abajo, también sus manos y una mordaza de nieve en su boca, para que no gritara, como lo había hecho Bianca en la línea de tiempo pasada. —Lo siento, nena.

Tomé su bandera y corrí hacía la derecha, tratando de rodear el bosque.

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Unos metros más hasta el arroyo y me alzaría con la victoria. Varias flechas me silbaron en los oídos, como la última vez. Dos cazadoras surgieron como por ensalmo y mientras que una de ellas me lanzó un tajo con su cuchillo, la otra me lanzó una flecha, espero esquivé ambas y seguí corriendo.

Sabía que las tenía detrás, veía el arroyo, miré hacia el cielo y al no ver ramas de árboles, arrojé la bandera de las Cazadoras, hacía el cielo, como si fuera una jabalina, logrando que la bandera cruzara el arroyo.

Nadie decía nada. Quirón llegó al galope. Miró la bandera, me miró a mí, miró alrededor. Todos los combates habían cesado. Quirón miró a Artemisa, quien le daba una sonrisa y asentía. Zoë me miraba como en nuestra vida pasada: Con ganas de matarme. — ¡LOS CAMPISTAS GANAN! —Dijo el Centauro, solo al percatarse de que las Cazadoras, miraban tristes la escena. Los Campistas celebramos y nos estábamos devolviendo hacia las cabañas, justo cuando varios ahogaban un gemido y por encima de las cabezas de los Di Ángelo y de Hazel, aparecía un holograma del casco de invisibilidad. —Dios de la muerte y la riqueza. Señor del Inframundo. Salve gemelos Di Ángelo, Hazel Levesque, hijos de Hades. —la tierra tembló y todos corrimos hacía la zona de las cabañas, en donde la décimo tercera cabaña, se alzaba desde las profundidades de la Tierra. Las paredes de la cabaña estaban hechas de obsidiana sólida y posee un cráneo colgando sobre la puerta. Antorchas de fuego griego ardían en las paredes.

—Me parece aún menos genial —gimió Bianca, cruzándose de brazos. Cuando fuimos a rescatarlos, Nico se tomó muy bien el hecho de ser un semidiós; pero a Bianca no le gustó la idea y por lo visto, ahora le gustaba todavía menos. —Soy la hija del señor del inframundo... —y luego añadió un más colorido y emocionante: —¡Esto es tan raro!

Yo no acababa de ver, si ella estaba feliz o disgustada.

Mujeres...

Solemos ser tan complicadas.