Bueno, aquí llego con el capítulo 3 ^.^

Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, la historia si :)

Pairing: Pirate!InglaterraxFem!España (Arthur Kirkland / Isabel Fernandez Carriedo), leve RomanoxFem!España (Lovino Vargas / Isabel Fernandez Carriedo) Más adelante: FranciaxFem!Canada (Francis Bonnefoy / Madeleine Williams), Pirate!InglaterraxFem!USA (Arthur Kirkland / Emily Jones)

EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)


Capítulo 3

La española se levantó ese día un poco más tarde que de costumbre. Después de bastantes días navegando (no hace falta decir que aunque había intentado evitar a su capitán todo lo que había podido y más, aún habían tenido algunos encontronazos… No muy agradables para Isabel, aunque divertidos para el inglés) por fin habían llegado a una ciudad.

Isabel salió del camarote que compartían con Elizabeta y Yekaterina para encontrarse con Gilbert, que la esperaba apoyado al lado de la puerta.

—Buenos días, señorita. El capitán me ha encomendado la misión de acompañarte cuando salgas del barco.

—Oh, bien, me gustaría pisar tierra firme, e ir a algún sitio —y alejarme de este barco, aunque lo último sólo lo pensó.

Mientras bajaban del barco, Isabel se dio cuenta de la táctica de Arthur. Ella se llevaba bien con Gilbert, de manera que su compañía no supondría ningún problema… Y encima podía asegurarse de que no intentaría escapar.

Astuto capitán.

—Hey, Gilbo, tengo hambre, ¿te apetece ir a algún sitio a comer?

—Kesesesese. Pensaba que nunca lo dirías… ¡El asombroso yo invita! Vamos a buscar un buen sitio.

Mientras el albino murmuraba para sí mismo, Isabel observaba los alrededores: se encontraban en un pequeño pueblo rural: allí no iba a encontrar ni mucho menos la ayuda que necesitaba.

Después de comer, Gilbert y ella visitaron un poco el pueblo, y el prusiano aprovechó para comprarle comida a Gilbird.

—Ey, pollito, tú eres un tanto especial, ¿no? —Isabel se encontraba sentada en la calle acariciando al pollito amarillo mientras esperaba a su amigo.

—No sabes cuánto —comentó un voz divertida a su lado de repente, provocándole un sobresalto y un gran daño para su corazón.

—¡AH!

—¿Oh? ¿Te he asustado? Cuanto lo siento. —El hombre sarcasmo, pensó Isabel, así lo voy a llamar.

—Sí, que gran placer, encontrarle aquí, capitán…

—Vamos querida, creo que tenemos suficiente confianza como para llamarme por mi nombre.

—¿Y en qué momento conseguimos esa confianza? ¿Cuándo me obligaste a subirme a tu barco en contra de mi voluntad? ¿Cuándo me dijiste que debería estar muerta? Oh… no… Espera… Probablemente fue hace cinco años, cuando mataste a mi padre.

A diferencia de lo que esperaba, Arthur no se enfadó ni reaccionó de inmediato. Estuvo unos instantes callado con la mirada perdida para luego girarse hacia Isabel y agarrar su mentón para obligarla a mirarle, quedándose sin decir nada unos segundos.

En ese momento, rompiendo la tensión entre ellos, llegó Gilbert.

—¡Arthur! ¡Qué sorpresa! ¿Vas al barco?

—Sí, iba hacia allí a organizar mapas y papeles importantes.

—¡Perfecto! Mi asombrosa persona e Isabel íbamos hacia allí también.

Tras un rato de silencio sólo roto por Gilbert y sus conversaciones espontáneas, llegaron al barco, donde sin dirigir una palabra a nadie, Arthur se encerró en su camarote.

—¿Qué mosca le habrá picado? —murmuró Elizabeta, acercándose a Isabel.

—Ah, no se… A mí me parece que siempre está igual.

Elizabeta sonrió, divertida.

—Bueno, en parte tienes razón… Aunque hoy está más arisco, si cabe.

Isabel iba a contestar cuando para su sorpresa una extraña paloma pasó lentamente por su lado metiéndose en la ventana del camarote del capitán.

—Y… ¿eso?

—¡Ah! Debe ser una carta de Francis… ¡Hace ya un tiempo que no coincidimos! Seguro que debe estar impaciente por encontrarse de nuevo con el increíble yo.

—Ay, ya verás cuando se entere de que Antonio es en realidad Isabel —rió Elizabeta.

—¿Quién es Francis? —preguntó curiosa Isabel.

—Un viejo amigo de Arthur. Antes solían coincidir más, pero ahora se vuelve un poco difícil. —Isabel asintió sin saber muy bien a qué se refería —. Pronto lo conocerás.

—¡Noo! —exclamó Gilbert —. No voy a permitir que ese pervertido, mujeriego, violador, con cara de mujer deshonre a nuestra Isa. —Rápidamente, abrazó a la española como si así pudiera protegerla.

—Gilbert…

—¡No permitiré que te deshonre, tranquila!

—Gil…

—¡Tu inocencia permanecerá resguardado por mi!

—Gilbo…

—¡No te preocupes, Isa, yo te protegeré!

—¡GILBERT! —Un poco asustado, el albino soltó a Isabel —. Si lo que te preocupa es mi inocencia… Eh, bueno, no sé cómo decírtelo, pero… no soy virgen

—¿Eh? Pero yo estaba seguro… Bueno, no importa… ¡Hay muchas cosas que puede corromper Francis aparte de eso!

—¿Si te prometo que no dejaré que me corrompa me dejarás en paz?

—¡No! ¡Tú promesa no me basta! No te preocupes… estaré contigo.

Elizabeta puso los ojos en blanco mientras Isabel sonreía y abrazaba al prusiano por petición de este último.

En ese momento, salió la paloma en dirección hacia el mar abierto.

Arthur salió también de su camarote, con una expresión entre cansancio y resignación.

—¡Ey, capitán! ¿Cuándo nos encontraremos con Francis?

—Ese pervertido tenía pensado coincidir con nosotros mañana o pasado mañana, pero al parecer, cuando Emily se enteró, le dijo que ni se le ocurriera acercarse hasta que ella no estuviera… Ahora están esperándola, a ella y a Madeleine, y luego se pasarán por aquí.

—Siii… Maddie también va a venir... Ah, que bien, al menos hay algo bueno.

Isabel se alejó de allí en dirección a la cocina, y fue seguida enseguida por Elizabeta.

—No creas lo que dijo Gilbert. Francis puede ser un poco… galante, pero no creo que se pase con Madeleine delante. La quiere mucho.

—¿Madeleine?

—Sí, es una de sus protegidas. Le tiene mucho cariño… Es imposible no cogerle cariño a Maddie, aunque a veces puede pasar un poco… desapercibida, sobre todo cuando Emily está delante.

—¿Emily es su otra protegida?

—Sí. Ambas son huérfanas, emparentadas por sus madres, que eran gemelas. Son polos opuestos en cuando a actitud se refiere. Maddy es tranquila, obediente, callada, tímida, dulce… Emily es extrovertida, revoltosa, nerviosa. No se puede estar quieta.

—Mmmm… Sí que son diferentes.

—Ahora que estamos hablando de ello… ¡Es posible que sea esa la razón por la que el capitán esté así!

—¿No le gusta que vengan Madeleine y Emily?

—No es eso… Simplemente, Emily tiene un poco de fijación con él. Aunque Arthur la quiere mucho, a veces (siempre) termina cansado por su hiperactividad. Nos veremos libradas de capitán por unos días. —La húngara sonrió. Era divertido ver al capitán en apuros por una simple joven revoltosa —. Bueno, voy a ayudar a Yekaterina con la cena. Sal a dar una vuelta.

La castaña siguió sus instrucciones y se alejó de allí.

Isabel se sentó a contemplar el mar.

Le gustaba cuando todo estaba tranquilo como ahora. Tenía un efecto relajante que la embriagaba y que se podía volver adictivo.

Amaba esos momentos de soledad, donde podía sentir la brisa marina sobre su piel, y olvidarse de todo.

No sabía cuánto tiempo había pasado cuando abrió los ojos. ¿Minutos? ¿Horas? Tampoco le importaba.

Apreció un leve aroma en el aire que le hizo pensar que la cena ya estaba lista. Entró y se encontró con un plato de pasta con salsa de tomate.

Era delicioso (Yekaterina cocinaba muy bien), pero hizo que se sintiera triste: todo eso le recordaba a Lovino. Aunque lo veía difícil, por no decir imposible, deseaba poder encontrarse con Lovino algún día. Había pensado en él mucho durante ese tiempo. Probablemente ahora estaría por las calles de algún pueblo de Italia coqueteando con alguna jovencita.

Isabel suspiró, lamentándose haberse puesto a pensar en eso.

Mientras, Arthur no parecía estar de muy buen humor y farfullaba cosas acerco de que lo último que necesitaba en ese momento era encontrarse con una cría revoltosa.

Pasaron unos días en los que todo estuvo en una relativa calma. Al cuarto día Arthur se encerró en su camarote sin cenar pero nadie dijo nada.

Ya por la noche, Isabel se sentó a contemplar el mar. Había un montón de estrellas brillantes esa noche y la luna se reflejaba sobre el agua de una manera romántica.

Después de un rato, cuando ya estaban casi todos durmiendo (menos Vash, que se encontraba en la otra punta del barco) Isabel decidió irse a dormir.

Cuando ya se había levantado notó una figura un poco tambaleante que se apoyó en una pared. Curiosa se acercó para descubrir al inglés un tanto borracho.

Se cruzó de brazos quedando cerca de él, mirándolo con desaprobación.

—¿Qué miras?

—Estás dando un espectáculo lamentable, ¿sabes?

—¿Yo? ¿Un espectáculo lamentable? No sabes lo que dices…

—Oh, claro, después de haber aguantado a piratas borrachos día sí, día también, no sé lo que digo… Perdóneme usted, mi majestad, por mi ignorancia.

—¿Quién te crees que eres para hablarme así, maldita española?

—Mira, Arthur, en serio creo que…

Pero sus palabras interrumpidas por un beso repentino por parte del inglés que la dejó paralizada.

Cuando por fin se separó de ella, le empujó con fuerzas antes de que algo parecido volviera a pasar.

—¡Eres totalmente bipolar! ¡Primero soy una persona odiosa, y al momento siguiente me besas!

—¡Maldita sea, tu no me comprendes! —gritó el rubio, habiéndosele pasado ya todo signo de la borrachera.

—¿¡Qué se supone qué debo comprender!?

—¡A mí! ¡A lo que estoy sintiendo! ¡Quiero odiarte, por ser española, por que los españoles arruinaron mi vida! —le respondió Arthur, muy alterado —. Pero no puedo, ¿no lo comprendes? Eso me está matando.

Isabel se quedó callada sin responderle.

—…

—¿Qué, ahora no dices nada? Estupendo. —El inglés le dio un fuerte puñetazo a la pared mientras hacía ademán de alejarse.

—¡Espera Arthur!

—¿Qué demonios quieres ahora?

—¿Qué te hicieron los españoles?

—¿Por qué debería contártelo?

—Creo que me debes mucho después de lo que me has hecho pasar, y una explicación es lo mínimo que pido —reclamó la española.

El rubio chasqueó la lengua, pero dio la vuelta y se acercó a ella.

—Está bien, supongo…

XxXxX

El joven rubio de muy temprana edad que se había despertado hacia no mucho de una hora caminaba contento de la mano de su madre, acercándose al pueblo.

Solía estar de mal humor, era raro verlo de una manera diferente, pero ese día se había despertado con un sol radiante como nunca había visto. Ni una nube cubría el cielo azul y hacía un tiempo perfecto para pasear.

El día pasó con normalidad pero tanto su madre y su padre como John y Mary, los sirvientes más fieles de la casa, notaban que ese día estaba extrañamente… feliz.

A Arthur le encantaba el sol. Lo único que podía hacer que dejara de lado su mal humor era un sol brillante sobre el cielo, tal como estaba ese día.

Parecía que todo iba perfecto, hasta que un habitante del pueblo llegó corriendo a anunciarles una terrible noticia: un grupo de piratas estaban arrasando el pueblo y pensaban dirigirse a la mansión a continuación.

Todos allí sabían que no les daría tiempo a huir así que el padre de Arthur decidió que se quedarían y lucharían.

John y Mary escondieron a Arthur, tranquilizándole, diciéndole que no se preocupara, mientras al rubio se le salían las lágrimas de los ojos.

—¿Qué va a pasar? —preguntó tembloroso, sin querer separarse de su madre.

—Tranquilo, Artie… No va a pasar nada, ahora escóndete. —Mary obligó a Arthur a meterse en una trampilla debajo de su habitación muy pequeña, utilizada a guardar cosas, en la que Arthur cabía debido a su pequeño tamaño.

No pasó mucho tiempo antes de que los piratas llegaran a la casa.

El pequeño ojiverde no sabía lo que estaba pasando, pero oía ruidos fuertes y gritos, lo que le asustaba en gran medida.

Al cabo de poco un grupo de piratas entró en la habitación donde él estaba, buscando cualquier cosa de valor. Por fortuna no le descubrieron.

Los piratas hablaban un idioma que Arthur no conocía, por lo que no entendía nada de lo que decían.

Pasaron las horas y los piratas se fueron y desaparecieron de allí. Cuando por fin Arthur se atrevió a salir del escondite encontró una imagen que le dejó desolado: toda la casa estaba destrozada y los cadáveres de muchas personas estaban en el suelo.

Su desolación fue total cuando descubrió que sus padres se encontraban entre los muertos.

Desesperado, y sin saber qué hacer, se echó a llorar.

Así estuvo un tiempo hasta que decidió que tenía que hacer algo.

Armándose de valor, y poco a poco, bajó al pueblo.

Cuando llegó allí no le esperaba una imagen mucho más alentadora. Todo el pueblo estaba destrozado y había muchos heridos y muertos que habían intentado defender sus casas.

Empezó a buscar a alguien que le ayudara pero todos parecían muy ocupados. Después de lo que le parecieron horas, por fin alguien accedió y le pidió que le condujera a la mansión.

Allí, los tres hombres y las dos mujeres que le habían acompañado observaron la escena con pesar. Aquel niño tenía suerte de haber sobrevivido.

Sin darse cuenta, y después de tantas emociones, Arthur se quedó dormido.

Cuando despertó, se encontró con que se habían llevado los cadáveres y con sorpresa, observó que tanto Mary como John seguían vivos.

Una de las mujeres le preparó algo de comer.

Después con la ayuda de Mary y John hicieron un recuento de lo que se habían llevado los piratas. No debían ser muy inteligentes, ya que no se les había ocurrido buscar compartimentos secretos. A pesar de la cuantiosa cantidad de oro que se habían llevado, apenas habían perdido una décima parte de sus riquezas… de las riquezas que ahora pertenecían a Arthur.

Tras unos días en los que se vio obligado moralmente a superar rápidamente la muerte de sus padres para ayudar a gente que lo necesitaba, decidió utilizar prácticamente todo su nuevo oro para la reconstrucción del pueblo.

Eso hizo que se ganara el respeto de todos sus habitantes, a pesar de ser tan pequeño a ojos de un adulto.

Apenas creció lo suficiente, se alejó del pueblo para apuntarse a la Marina y poder perseguir a los piratas, pero de esa época (que fue bastante corta), solo consiguió dos cosas: un enemigo/amigo francés, que había comenzado junto a él, y averiguar la identidad de los piratas que mataron a sus padres, todos de nacionalidad española.

Después de comprender, que haría falta mucho tiempo para poder actuar contra esos piratas estando en la Marina, decidió ir por el camino fácil: se convirtió en pirata. El primero en unirse a él sin dinero de por medio, fue un sueco llamado Berwald, que al poco tiempo fue seguido por un suizo, de nombre Vash. Los dos habían salido de casa intentando encontrar algún trabajo para alimentar a sus familias, y la piratería en ese momento les pareció la mejor opción, y Arthur sintió una conexión especial con los dos. Después vino una chica un tanto llorona que decía que tenía que ir en busca de su hermano, pero no sabía cómo. Le cogió tanto cariño a la tripulación que incluso después de encontrarse con su hermano menor, se quedó con ellos. La siguiente fue Elizabeta, una húngara sedienta de aventuras. Y después vino un polaco un tanto afeminado aunque con un gran manejo de los cuchillos.

Por fin encontraron a los piratas que buscaba Arthur, y los masacraron por orden del rubio.

A las pocas semanas se encontraron con otro barco español, y Arthur no dudó en saquearlo, pero aquel niño llamado Antonio provocó algo en su interior que le impidió matarlo.

Un año después un miembro de la Marina alemán tuvo una fuerte discusión con el polaco, llamado Feliks, que hizo que Arthur interviniera, sin piedad, en la pelea, la cual acabó con el alemán malherido.

Su hermano mayor, buscando venganza buscó a Arthur. Cuando por fin lo encontró, le echó en cara la sangre fría con la que había dejado de tal manera a su pequeño (sarcasmo) hermano.

El inglés, que estaba un tanto bebido, entre unas cosas y otras, acabó contándole la razón de sus desgracias, mientras el albino aprovechaba para beber también. Todo terminó con la compasión del albino (que aún así, le dio un buen golpe al inglés para vengar a su hermano) y ante la promesa de aventuras, su adhesión a la tripulación.

XxXxX

—Hemos vivido muchas aventuras todos juntos —finalizó el pirata con nostalgia —. No se te ocurra contárselo a nadie —amenazó justo después.

Isabel le miró pensativa.

—Te has convertido en lo que más odias.

—… Supongo que sí.

—¿Por qué?

—Odiaba a los piratas… Pero tal vez el hecho de haber vivido tanto junto a mis amigos haya hecho que cambie de parecer.

Isabel negó con la cabeza.

—Sigues siendo un pirata… Que mata a personas.

Arthur se encogió de hombros.

—No me importa. —Y dio por finalizada su conversación, metiéndose en su camarote.

XxXxX

Cuando Isabel despertó y salió del camarote en el que ya no estaban ni Elizabeta ni Yekaterina lo primero que vio fue un barco de la Marina al lado de su barco.

Su corazón dio un vuelvo de felicidad, aunque en su interior, en el fondo, se sentía un poco preocupada.

Isabel se sacudió esa sensación extraña. ¡Eran piratas! Estaba bien que les arrestaran… y que…

Intentando no pensar en nada más caminó por la cubierta del barco hasta descubrir a su querido capitán y el que parecía un importante oficial de la Marina charlar animadamente.

Eso extrañó a Isabel.

¿Qué demonios estaba pasando ahí?

Al lado de Arthur había una chica pegada a su brazo, con el pelo de un color rubio tirando a castaño y unos bonitos ojos azules.

El oficial era un hombre un poco más alto que su capitán con una melena rubia ondulada, ojos azul cielo y un indicio de barba. A su lado, medio escondida detrás de él, estaba otra joven muy parecida a la primera, con el pelo un poco más largo recogido en dos coletas bajas y sus ojos con un toque más violeta que la otra.

Isabel ató cabos rápidamente. Aquel oficial de la marina era el antiguo amigo del inglés.

Eso era malo, ¿no?

Significaba que su oportunidad se había ido al traste.

¿Por qué no se sentía triste?

Miró a la primera chica que estaba muy pegada a Arthur y no paraba de mover las pestañas y reír coquetamente.

Arthur, en vez de portar su habitual mirada molesta, simplemente sonreía (una sonrisa cansada, pero sonrisa al fin y al cabo) mientras la chica hablaba y hablaba.

Isabel se quedó paralizada, ¿qué le estaba pasando?

Debería estar gritando de rabia por tener que seguir en ese barco… y sin embargo el único sentimiento que tenía era algo parecido al odio, y no podía evitar, que estuviera dirigido hacia la joven que en ese momento abrazaba amorosamente a su capitán.


Bueno, aquí el final del capítulo, con el pasado de Arthur... A ver, es malo, pero todo no será su culpa D:

Aparte, me han alegrado muchísimo los reviews que me habéis dejado, me han animado mucho... Gracias :D

hethetli: Ufff... es que si Arthur y Antonio ya son sexis por separado... juntos lo son más XD Pero bueno, yo leo de todo (yaoi, hetero...) y esta historia estaba en mi mente desde hace muuuucho tiempo... y el personaje no cuadraba en un Antonio... pero si una Isabel... Si usaba a Antonio tenía que cambiar un montó lo que es la personalidad de Isabel y no se... no quedaría como realmente yo me lo imaginaba XD Y lo de la Marina... es bueno, la Marina como Armada, si XD Se refería a que tendría que confiar en que algún oficial de la Marina la rescatara :$ Igualmente, gracias por el review ^.^

AwesomeOre-sama: Gracias por el review ^.^ Me hizo mucha ilusión (fue mi segundo review) y me animó a ponerme a escribir el siguiente capítulo gracias :D

Bloody Liss: Gracias por los DOS reviews... Me subiste la moral muchísimo T.T Y la verdad es que... si ya hay pocas historias de Arthur y Antonio, pues todavía hya menos de Arthur y Isabel... Pero bueno u.u... Y gilbert es simplemente... muy él XD Y lo de Yekaterina no sabía si incluirla con Rusia o con Artie... y al final, ahí se ha quedado :3

Muchas gracias también a los que pusieron la historia en favoritas, en alerta, etc ^.^


Comentarios: No mucho, lo que he dicho antes, el pasado de Iggy sale a la luz, y aunque ellos fuera lo que impulsara a la vida de la piratería... bueno, como es evidente, lo que le pasó no es excusa para ser un pirata, tal y como es... Pero esa es la gracia de Pirate!Inglaterra, no? :$ Y nuestra Isa se comienza a dar cuenta de sus sentimientos (como era? Sindrome de Estocolmo, o algo así, no? Que masoquista XD)

Avances: Lo que viene no será un capítulo, ya que como en los capítulos me quiero centrar un poco en la historia de Arthur y Isabel (aunque a lo mejor en algún momento me desvíe un poco), de vez en cuando subiré Extractos de diario, donde más o menos, se puede entrever un poco del pasado. Y ya al siguiente el capítulo cuatro... Encuentro del BFT XD Y ya vereis!


Y hasta aquí la edición del capitulo tres OwO. Voy avanzando en la corrección~

Muchas gracias :3