Disclamer: No poseo los derechos de The Legend of Zelda
Nota del Autor (Editado el 26/02/18): Debido a los problemas que ha tenido Fanfiction las notificaciones no han funcionado por lo que he vuelto a subir el capítulo.
Capítulo 4: Línea del Héroe Niño
Majora's mask
Link comenzaba a estar desesperado. No podía ni quería aceptarlo, pero la dura realidad se imponía de nuevo. Su amiga había desaparecido sin decir nada a nadie, ni siquiera a él. El dolor que sentía Link por ese hecho era más grande de lo que quería admitir.
Su amiga perdida era Navi, un hada que, siguiendo las órdenes del Gran Árbol Deku, le acompañó y ayudó durante sus viajes por Hyrule y su batalla contra Ganondorf y su ejército del mal. Si fue capaz de abandonar el bosque Kokiri y sobrevivir en el mundo exterior fue en parte gracias a Navi.
Tras la derrota de Ganondorf la princesa Zelda les envió de regreso a su línea temporal, pero al despertarse en el Templo del Tiempo Link vio que estaba solo. Navi había desaparecido por completo.
Link la buscó sin descanso por toda Hyrule e incluso llegó a preguntar a sus amigos, quienes fueron sabios legendarios en la otra línea temporal por si sabían algo. Al contrario que el resto del mundo, ellos si conservaban sus recuerdos de aquellos siete oscuros años vividos bajo el yugo de Ganondorf.
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-Quizás su misión inicial, cuidarte, ya ha terminado y por eso se fue-intentó explicarle Saria-. Al fin y al cabo, solo los Kokiri tenemos hadas como compañeras de por vida.
-Lo siento hermano, pero no he visto a esa valiente hada-le aseguró Darunia-. Me gustaría poder ayudarte más pero no sé cómo.
-No, no la he visto ni tampoco sé donde puede estar-dijo Ruto encogiéndose de hombros-. Por cierto, no olvides que ya no soy una sabia, por lo que cuando crezca tu y yo podremos casarnos.
-Me temo que mi poder es inservible en esta situación, joven Héroe-confesó Rauru-. ¿Has pensado que tal vez, Navi tuvo un buen motivo para marcharse sin decir nada?, no sé si deberías seguir con tu búsqueda…
-A veces, Héroe, hay misterios y preguntas cuyas respuestas es mejor no conocer -dijo Impa muy seria-. Ciertamente las acciones de Navi pueden resultar dolorosas para ti, pero siempre te quedará el recuerdo de la amistad que compartisteis.
-Así que has buscado por toda Hyrule, ¿eh?-preguntó pensativa Nabooru-. ¿Y si Navi no está en Hyrule? Ya sabes, como es un hada y tiene alas puede haberse ido volando a otro sitio.
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Las palabras de Nabooru dieron algo de esperanza a Link. Tal vez su amiga se encontraba en otro lugar. Aun así, volvería una vez más al bosque Kokiri y de allí se dirigiría hasta el bosque perdido. Con suerte podría llegar a otro reino y continuar con su búsqueda. Antes de eso le contó sus planes a Zelda, con quien mantenía una fuerte amistad.
-Entonces, ¿viajarás por otros reinos?-preguntó la ex-Sabia del Tiempo sin poder ocultar la tristeza de su voz.
-Zelda, buscar a Navi no es el único motivo por el que quiero ir a otros reinos-le confesó Link mientras envolvía sus pequeñas manos con las suyas.
-¿A-a qué te refieres?-preguntó la princesa algo sonrojada.
Link la miró a los ojos durante unos segundos antes de decirle la verdad.
-Zelda, sé que conservas los recuerdos de la otra línea temporal y también tus sentimientos hacia mí.
-Así es-afirmó con fervor la joven princesa.
-Yo también-dijo Link, aunque su mirada reflejaba una gran tristeza interior-. Sin embargo… Solo soy un niño salido de un bosque mágico.
-Un niño que se convirtió en el Héroe del Tiempo-replicó Zelda con cariño-. No olvides que gracias a ti todos estamos a salvo.
-Pero eso solo lo sabemos tú, yo y los sabios-dijo Link frunciendo el ceño-. Nadie recuerda que soy el Héroe del Tiempo ni lo que hice porque simplemente nunca han "vivido" esos siete años de oscuridad.
-Pero gracias a ti Ganondorf, nuestro Ganondorf, está encerrado y se pasará el resto de sus días en una prisión-dijo Zelda rápidamente.
-O será ejecutado-añadió Link-. Pero esa no es la cuestión, Zelda. Si Ganondorf está pudriéndose en una prisión es gracias a la confianza que tiene tu padre en ti, no en un niño que no conoce de nada.
-No sé a dónde quieres ir a parar con todo esto, Link-confesó Zelda. La niña estaba muy molesta por la forma en la que Link se estaba menospreciando a sí mismo tras todo lo que había logrado.
-Lo quiero decir es que…Yo no soy nadie. No tengo tierras, ni títulos ni dinero. Jamás podría cortejarte cuando estuvieses en edad de casarte.
-… ¿Tú, querrías cortejarme?-preguntó Zelda confusa e ilusionada al mismo tiempo. Sabía de los sentimientos de Link hacia ella, pero siempre tuvo miedo de que no fuesen tan intensos como los suyos por él.
-¿Y por qué no iba a querer?-preguntó Link arqueando una ceja-. Ese es el otro motivo de mi viaje. Quiero convertirme en algo más que un niño. Quiero hacerme un nombre. Quiero poder regresar a Hyrule con fuerzas más que suficientes como para que nadie pueda decir que mis posibilidades de cortejarte son nulas.
Zelda sintió que unas pequeñas lágrimas caían por sus mejillas al oír aquello.
-Y yo estaré esperándote, pues no creo que haya alguien mejor con quien compartir mi vida.
-Gracias-dijo Link besando suavemente las manos de la princesa.
Para oídos externos aquella conversación entre dos niños podía resultar de lo más extraño. Sin embargo, ellos habían madurado mucho más rápido de lo debido por culpa de las experiencias vividas. Sus inmaduros cuerpos contenían la mentalidad de dos jóvenes adultos.
Tras aquello Link pasó unos días más en la Ciudadela en compañía de Zelda. Los dos disfrutaron paseando por las calles y participando en diversos juegos. Impa siempre los vigilaba y cuidaba desde las sombras, aunque los dos niños eran más que capaces de cuidarse solos.
Finalmente llegó el día de partir para Link.
-Siento mucho que mis poderes no te sirvan para encontrar a Navi-confesó Zelda apenada-. Aun así, me gustaría que te quedases con mi ocarina, estoy segura de que te será de gran ayuda en el futuro.
-Muchas gracias Zelda-dijo Link con una gran sonrisa en su rostro-. Con tu ocarina a mi lado sé que no fallaré en mi misión.
-Si la tienes tú Ganondorf jamás podrá acceder al Reino Sagrado-dijo Zelda poniéndose seria, aunque una tierna sonrisa asomó de nuevo por su infantil rostro-. Antes de que te vayas quiero enseñarte la Canción del Tiempo.
-¿La Canción del Tiempo?-repitió Link con curiosidad.
-Sí-asintió Zelda-. Te ayudará a viajar en el tiempo. Por lo que si algo te sucede, no dudes en tocar la melodía y pedir ayuda a la Diosa del Tiempo.
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La primera tierra que visitó, casi por accidente, fue la misteriosa, oscura y algo deprimente Termina. Fue en Termina donde se enfrentó a un Skull Kid que conoció hace años y a la terrible máscara maldita de Majora. Por suerte tuvo la ayuda de un hada bastante mandona llamada Taya.
Taya le recordaba a Link sus aventuras vividas con Navi, pero la nostalgia no le impidió detener los planes de Majora y salvar a Termina. En esa aventura vio como Skull kid solo quería recuperar a sus amigos los gigantes. No quería aceptar que le dejaron debido a sus responsabilidades como dioses guardianes de Termina. Skull Kid, manipulado por Majora, estuvo a punto de hacer que la luna colisionase contra Termina, pero Link pudo impedirlo a tiempo.
-Una amistad verdadera siempre perdura en el tiempo, Skull Kid-le explicó Link cuando terminó toda aquella locura-. Que tus amigos se fuesen no significa que ya no te quieran. La gente tiene una vida y unas responsabilidades. Muchos se van y otros vienen, pero los amigos de verdad siempre permanecen en tu corazón. No debes deprimirte solo porque no vas a volver a verlos. A veces hay que dejar a los amigos marchar porque esa es la manera de hacerles felices.
-P-pero yo…no quiero estar solo-dijo llorando Skull Kid.
-Y no lo estás, tienes a Taya y Tael-le dijo Link con una pequeña sonrisa-. Además, ahora también me tienes a mí en tu corazón, pues somos amigos.
-… ¿De verdad?-preguntó dubitativo Skull Kid.
-¡Por supuesto!
Skull Kid comenzó a reír y saltar con entusiasmo ante la noticia mientras Taya y Tael revoloteaban por encima de él.
-¡Ey, escucha!-exclamó de repente una voz chillona en la cabeza de Link-. Tal vez deberías seguir los consejos que le has dado a Skull Kid.
-N-Navi-Link miró hacia todos lados muy confuso. Al no ver al hada creyó que todo había sido cosa de su imaginación.
ooOoo
Tras eso prosiguió con su búsqueda en otros reinos. Durante sus viajes siempre se mantuvo en contacto con Zelda a través de cartas. La princesa leía con emoción, miedo, preocupación y orgullo las aventuras de su Héroe mientras crecía y se convertía en una bella y sabia mujer.
Siete años más tarde Link regresó por fin a Hyrule. Al llegar muchos lo felicitaron y aclamaron pues sus hazañas habían llegado a oídos de todos. Era muy admirado por el pueblo y el ejército de Hyrule. Algunos incluso lo consideraban un héroe.
El rey le pidió encarecidamente que formase parte del ejército y adiestrase a sus soldados. Link aceptó la primera propuesta pero con la segunda tuvo sus dudas ya que no se sentía a gusto enseñando a otros sus técnicas de batalla. De todas formas, lo único que le importaba en esos momentos era poder estar cerca de su amada.
En tres años Link llegó a ser general, el mejor general que había tenido el ejército de Hyrule según muchos. Aun así, muchos nobles no veían aceptable que un plebeyo, por muy diestro e inteligente que fuese, ascendiese de esa forma en la jerarquía. El rey y la princesa se encargaron de hacerlos callar enseguida pues sus protestas no tenían fundamento alguno.
Eso no impidió que sus detractores se encargasen de difamarlo siempre que pudiesen o intentasen ridiculizarle en público. Por suerte para ellos, Link nunca les guardó rencor ni buscó venganza. "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio", solía decir el joven guerrero.
ooOoo
-¿Qué ocurre, Link?-preguntó Zelda un día. La joven princesa estaba muy preocupada al ver a la triste mirada de su prometido.
-Son los soldados-suspiró Link-. Todos me siguen rogando que les enseñe mis técnicas más poderosa pero me veo incapaz de ello.
-¿Por qué?
-Aunque parezca una tontería, no siento que ninguno de ellos sea digno de aprender mis secretos. Y por alguna razón, creo que moriré sin que nadie pueda heredar mis técnicas.
-Por favor Link, no digas eso-le pidió Zelda mientras lo abrazaba por detrás-. No quiero que tengas esos pensamientos tan oscuros cuando estamos tan cerca de casarnos.
-Tienes razón, mi vida, perdóname-dijo Link dándose la vuelta para besar a su princesa-. No sé qué haría sin ti, Zelda.
-Yo tampoco, Link-respondió ella mientras correspondía con fervor sus besos. Nunca pensó que un gesto tan simple que había visto miles de veces pudiese ser tan maravilloso si uno mismo lo experimentaba, sobre todo con la persona que amaba.
ooOoo
-Negación-
Zelda lo sabía. Lo sabía pero no quería admitirlo. Su marido no iba a volver. La había dejado sola.
-Zelda…No puedes seguir encerrada en tu habitación-le dijo Impa-. A mí también me duele la pérdida de Link pero no puedes permitirte seguir así.
-Link no está muerto-se mintió a sí misma-. Solo está en uno de sus viajes, seguro que vuelve pronto.
-Zelda…
-No está muerto-dijo un poco más fuerte.
-Zelda por favor-Impa puso una mano encima de su hombro-. Algún día serás nombrada reina de Hyrule. Tienes un deber que cumplir. Tu pueblo te necesita…y también tu hijo.
Zelda se llevó las manos a su abultado vientre de forma instintiva. Si no fuese por aquella vida que llevaba en sus entrañas seguramente se habría reunido sin dudarlo con su amado, allá donde estuviese.
-Link volverá-pensaba con desesperación-. Siempre vuelve, no importa el tiempo que pase. Esta vez no será distinto.
-Ira-
Zelda hizo caso de lo que Impa le decía y cumplió con sus deberes, al menos los primeros días. Impa, al haber cuidado durante toda su vida de Zelda, supo predecir lo que iba a ocurrir así que la llevó a Kakariko. Allí la princesa pudo desatar toda su ira contenida. Por suerte todos los habitantes prometieron no contar nada de lo sucedido aquella semana.
-¿Ya estás mejor?-preguntó Impa a la princesa. Estaban en una zona libre de hierba, árboles, rocas e insectos, todo gracias a la magia de Zelda.
-La culpa la tienen ellas-susurró la princesa. Parecía estar en un estado de trance y llevaba días sin dormir bien. A Impa le preocupaba que aquello fuese contraproducente para el bebé.
-¿Cómo?
-¡La culpa la tienen esas malditas gerudo!-rugió Zelda furiosa-. La guerra, los monstruos y demonios que asolaban nuestro reino… ¡Si ellas no hubiesen intentado liberar a Ganondorf de su prisión Link no habría muerto!
-Zelda…
-Las hermanas Birova, Ganondorf…-dijo Zelda con odio. Impa se asustó al verla en ese estado-. Debería exterminar a todas las gerudo para que Hyrule nunca más vuelva a sufrir por su culpa. No son más que una plaga.
-¡Cálmate, Zelda, no estás pensando con claridad!-le gritó Impa. Rápidamente se acercó a ella y la obligó a mirarle a los ojos-. Esas gerudo eran solo una facción extremista que apoyaba a Ganondorf. ¡No puedes hacer un genocidio contra personas inocentes solo porque no eres capaz de superar tu dolor!
Zelda pareció tranquilizarse un poco al oír las duras palabras de su ex-nana.
-Me da igual-respondió de repente con frialdad-. Gracias a Link ganamos la guerra pero su cuerpo se está pudriendo en algún lugar del bosque perdido… ¡Y todo por culpa de esas malnacidas gerudo!
Zelda no vio llegar el tortazo que Impa le dio. La princesa se llevó una mano a su dolorida mejilla. Su mirada era de incredulidad total pues jamás pensó que llegaría el día en el cual Impa tendría que darle una bofetada.
-Zelda, ¿Es qué no eres capaz de ver la oscuridad que está anidando en tu corazón?-dijo Impa. Zelda se sorprendió al alzar la vista y ver lágrimas cayendo por el rostro de la sheikah-. Yo también echo de menos a Link, todo le echamos de menos... ¿Qué crees que pensaría Link si te viese de esta manera?
-…Estaría muy decepcionado, pero aun así me perdonaría porque tenía un corazón más grande que este reino-dijo Zelda. Sin darse cuenta también se había puesto a llorar.
-Cierto-rió Impa, aunque su rostro recuperó la seriedad enseguida-. Ahora mismo hay mucha gente como tú que está deseando exterminar a las gerudo, sean inocentes o no. No puedes permitirlo Zelda. Las gerudo son una parte muy importante de Hyrule y tú como princesa debes defenderlas. Y aunque no fuesen parte de Hyrule atacarlas no está bien y lo sabes.
-Tienes razón, perdóname Impa, por favor perdóname-sollozó Zelda mientras pensaba en la gerudo Nabooru, con quien compartía una gran amistad-. Que las Diosas me perdonen por mis palabras.
-Yo no tengo nada que perdonarte, mi niña-respondió Impa con cariño mientras la abrazaba y acariciaba su cabellera-. Y estoy segura de que las Diosas tampoco.
ooOoo
-Negociación-
-Link no va a volver-se dijo a si misma Zelda. Estaba frente a un espejo, observando su abultado vientre de ocho meses-. Pero te tengo a ti. Si eres niña te llamarás Zelda pero si eres niño te llamaré Daphness. No tendrás a tu padre pero me aseguraré de que conozcas toda la verdad sobre él. La verdadera historia del Héroe del Tiempo.
Numerosos príncipes y nobles le habían pedido su mano en matrimonio pero ella se había negado en rotundo. Jamás amaría a otro hombre como a Link y la descendencia al trono estaba asegurada por lo que el rey de Hyrule no insistió con ese tema. Zelda tenía bien claro que cuando llegase el momento, no compartiría su poder con nadie que no fuese Link. Por lo tanto, reinaría sola.
Con mucho pesar, Zelda se cambió de habitación y ordenó cerrar la que ya poseía. No se veía con fuerzas de levantarse todo los días en la cama matrimonial, creyendo que todo aquello era una pesadilla, creyendo que Link se encontraría a su lado cuando despertase.
-Es hora de que despierte a la realidad-pensó Zelda mientras se alejaba de su antigua habitación. Los soldados y criados que la vieron no pudieron evitar sentir como un escalofrío recorría sus espaldas. La princesa no parecía hyliana, les recordaba demasiado a un alma en pena.
ooOoo
-Depresión-
Varios meses después...
Zelda entró en las caballerizas y fue directa hacia Epona, la noble y fiel yegua de su amado. Según los cuidadores la yegua había cambiado drásticamente desde la pérdida de su amo. No dejaba que otros caballos o yeguas se acercasen a ella. Se había vuelto arisca, agresiva y parecía haber perdido la ilusión de vivir. Para evitar que muriese de pena Zelda la visitaba siempre que podía y juntas solían salir de paseo.
-Tú también le echas de menos, ¿verdad Epona?-dijo Zelda entre lágrimas.
La yegua dejó que la princesa le abrazase y juntas lamentaron en silencio la pérdida del Héroe del Tiempo. Las dos habían llegado a conocerle muy bien y sus vidas habían cambiado drásticamente debido a ello. Aun así, jamás se arrepentirían de que sus destinos se hubiesen cruzado con el de Link.
ooOoo
El rancho Lon Lon, dirigido por Malon, una amiga de ella y Link. Siguiendo los consejos de Impa, Zelda había decidido visitar a su amiga.
-Hola, Malon-dijo Zelda con una sonrisa algo forzada al ver a la granjera saliendo de los establos. No es que le cayese mal, pero hacía tiempo que su capacidad de sonreír de forma sincera escaseaba.
-Zelda-dijo sorprendida la granjera pelirroja. Pudo observar que tras el parto la princesa parecía un alma en pena. Era sorprendente que con lo delgada que estaba pudiese mantenerse en pie-. No sabía que ibas a venir.
-Yo tampoco-admitió ella-. Pero parece ser que Epona tenía muchas ganas de verte.
-Epona es muy buena chica-dijo Malon con una tierna sonrisa mientras acariciaba a la yegua-. ¿Queréis que os traiga algo de comer a las dos?
Epona relinchó con entusiasmo al oír aquello. Malon se rió ligeramente.
-Esperad unos minutos y enseguida estoy con vosotras.
Malon se marchó a terminar sus tareas. Cuando volvió las dos comieron dentro de su casa mientras Epona disfrutaba de una buena ración de zanahorias y manzanas.
-¿Cómo está el bebé?-preguntó Malon.
-…Muy bien. Casi siempre estoy con él-dijo Zelda. Sus apagados ojos brillaron muy levemente al recordar a su retoño-. Hoy Impa se encarga de cuidarlo.
-Me hubiese gustado verle.
-La próxima vez lo traeré-prometió Zelda.
-He visto a Epona muy delgada-comentó Malon algo preocupada-. ¿No la alimentan bien en el castillo?
-Sí, pero desde lo de…Desde aquello apenas come lo que le dan-dijo Zelda con la voz a punto de quebrarse.
-Siento mucho haber sacado el tema-se disculpó Malon enseguida.
-No, no pasa nada-Zelda puso una mano encima de la de Malon para tranquilizarla-. Algún día tendré que superarlo.
-…Yo…Nunca he estado casada, pero tras ver a mi padre puedo entender que algo así nunca se supera.
Zelda cerró los ojos mientras una lágrima caía por su mejilla. Malon se levantó de su silla y la abrazó con fuerza.
-Conmigo no tienes que hacerte la fuerte, Zelda-le susurró con cariño-. Somos amigas. Puedes desahogarte todo lo que quieras.
Y eso fue lo que hizo Zelda. Estuvo llorando en los brazos de su amiga durante lo que le parecieron horas. Cuando por fin se calmó Malon le dio varios pañuelos y un vaso de agua para que se hidratase.
-Gracias-dijo Zelda una vez estuvo recuperada-. Siento mucho haberte puesto en este compromiso.
-¡Ni lo pienses!-respondió Malon sin darle importancia alguna a lo sucedido-. Ya te he dicho que somos amigas. Siempre que necesites un hombro para llorar aquí me tendrás.
-Malon, eres una de las personas más buenas que jamás he conocido, no me extraña que Link te tuviese en tan alta estima-dijo Zelda con una pequeña sonrisa. Aunque enseguida se le borró-. A veces creo que si Link se hubiese casado con alguien como tú aun estaría vivo.
Hubo una época en la cual todo el mundo aseguraba que Link y Malon acabarían juntos. La granjera tenía cariño por el Héroe del Tiempo, eso no lo negaba nadie, pero no había nada que indicase que entre ellos había algo más. Aun así, fueron muchos los que insistieron en que serían una pareja ideal, tantos que incluso Zelda llegó a pensarlo alguna vez. Por suerte ni ella ni Link eran personas fácilmente influenciables.
Malon la agarró de los hombros con brusquedad y la miró fijamente a los ojos.
-Nunca vuelvas a decir eso, ¿de acuerdo? -le ordenó la granjera a la reina-. Link solo tenía ojos para ti y eso lo sabe cualquiera que le conociese. No quiero que vuelvas a pensar que vuestro amor fue un error.
Zelda, algo intimidada asintió rápidamente con la cabeza.
-¡Perfecto!-exclamó Malon separándose de ella-. Ahora rezaré a las Diosas para que no me ejecuten por haber osado dar una orden a la reina.
Por primera vez en mucho tiempo, Zelda se rió. Y fue una sensación maravillosa. Debía recordar darles las gracias a Impa por su sugerencia de visitar a Malon.
ooOoo
Por la noche, sola en su habitación, Malon lloró durante horas al recordar a su querido amigo. También lloró por la esposa, retoño y amigos que dejaba atrás.
-¿P-por qué, Link?-sollozó Malon-. ¿Por qué tuviste que ser un héroe hasta el final?
ooOoo
-Aceptación-
El sacrificio de los seis sabios, la expulsión definitiva de las gerudo de Hyrule, la ejecución fallida de Ganondorf y su posterior destierro al reino del Crepúsculo, el nacimiento del infante Daphness, la muerte del rey de Hyrule, el reinado de Zelda VII la Sabia…Muchas cosas podían pasar en un siglo, sobre todo teniendo en cuenta la longevidad de algunos hylianos como los miembros de la familia real.
Daphness había oído hablar mucho de su padre. Su madre y los habitantes de Hyrule hablaban de sus hazañas militares y de como él solo era un ejército en un solo hombre. Su padre nunca llegó a ser rey, pero pasaría a la historia como un gran guerrero…O tal vez no, pues siempre hay personas más que dispuestas a manipular la historia, sobre todo si guardan un gran rencor en sus oscuros corazones, pero esa historia no debe ser contada ni aquí ni ahora.
ooOoo
Fue en una noche iluminada por la luna llena cuando Daphness fue a la habitación de su madre. Quiso llamar a su puerta, pero se detuvo al oír una voz que no reconocía.
-¿Por fin ha llegado la hora?-preguntaba con entusiasmo la anciana ex-reina.
-Así es, mi amor-dijo una voz fuerte y masculina, pero que a la vez era cariñosa.
-No sabes cuánto tiempo he esperado por este momento, Link.
Daphness abrió los ojos como platos al oír aquella. ¿Link?, ¿Cómo su padre? ¿Acaso su madre había perdido la cabeza?
-Siento mucho todo por lo que te hecho pasar.
-No lo sientas-replicó Zelda riéndose levemente-. Me ha costado mucho vivir sin ti pero al final encontré un motivo para seguir hacia delante.
-… ¿Nuestro hijo?
-Así es-afirmó Zelda-. El fruto de nuestro amor.
Daphness no sabía lo que pasaba y estaba cada vez más nervioso. Tenía ganas de entrar pero algo se lo estaba impidiendo.
-Juntos en una nueva aventura-dijo aquella voz masculina.
-La mayor aventura de todas…Y esta vez podré acompañarte, sin trucos ni disfraces-respondió feliz Zelda-. Solos tú y yo.
-Solos tú y yo, mi amor.
Daphness no pudo soportarlo más y entro en la habitación rápidamente. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que su madre estaba sentada en una silla en mitad del balcón. Ya no respiraba, pero tenía una expresión de felicidad en el rostro que jamás le había visto en toda su vida.
Daphness soltó un par de lágrimas mientras abrazaba el cuerpo de la que para él fue, la mejor reina y madre del mundo.
-Mamá…No sé si lo que estoy pensando es cierto, pero si es así, espero que tú y padre seáis muy felices allá donde estéis.
Twilight Princess
-Sir Link, ¿qué es lo que deseáis?
-¿Por qué me hacéis esa pregunta, majestad?-preguntó Link confuso.
-Habéis salvado a dos reinos y las vidas de sus habitantes-respondió Zelda muy seria-. Pedidme lo que queráis. Mientras esté a mi alcance, os lo concederé.
-No necesito nada más-dijo Link negando con la cabeza-. Nombrarme caballero de Hyrule es más que suficiente. Además, si hice lo que hice no fue por una recompensa.
Zelda observaba con atención a Link. Aquel joven había arriesgado su vida y sin embargo no buscaba premio alguno. Durante toda su vida se había rodeado de gente codiciosa y no conocía a ningún noble que hubiese rechazado una oferta de la reina de Hyrule.
-Cada día puedo entender mejor porque fuisteis elegidos por las diosas, sir Link-dijo Zelda con una tierna sonrisa.
Los ojos de Link brillaron con alegría a la vez que su rostro se sonrojaba.
-¿Qué ocurre?-preguntó Zelda con curiosidad.
-Tenéis una sonrisa preciosa, majestad, no deberías esconderla tanto.
Zelda se sonrojo al oírle hablar así. Muchos nobles y pretendientes la habían halagado durante años pero al contrario que ellos, las palabras de Link si eran del todo sinceras y no tenían motivos ocultos.
ooOoo
Varios meses después…
Link miraba fijamente a Zelda y esta no tardó en darse cuenta de ello.
-No tengáis miedo en preguntarme lo que sea, Sir Link-le dijo con una tierna sonrisa.
-Link, llamadme solo Link, su majestad-respondió él con otra sonrisa.
-¿No os gusta vuestro título de caballero?-preguntó la reina preocupada.
Link negó con la cabeza.
-No es eso, simplemente prefiero que no me tratéis como si fuese un noble, pues no me considero como tal.
-Puede que no seáis un noble, pero vuestro corazón lo es-le aseguró Zelda-. De acuerdo, os llamaré Link…si vos me llamáis también por mi nombre.
-P-pero majestad…yo no…
-No os pido que lo hagáis en público, tan solo cuando estemos solos-se explicó rápidamente ella. La reina non pudo evitar reír al ver el sonrojo del Héroe-. Además, ya ha pasado un año desde que nos conocimos y siento como si llevásemos toda la vida juntos. Somos amigos y los amigos no se tratan con tanta formalidad. ¿Acaso me equivoco?
-Para nada…Zelda-Link se sorprendió al descubrir que no le costaba nada pronunciar el nombre de su soberana, es más, disfrutaba de poder hacerlo.
-¿Y bien, Link?, ¿qué quieres preguntarme?-preguntó Zelda. No sabía por qué, pero el hecho de que Link la tratase por fin como a una amiga la llenaba de felicidad.
Link la miró con firmeza. Su anterior nerviosismo había desaparecido por completo.
-Estaba pensando que tal vez os…te gustaría ir al festival.
Los ojos de Zelda se abrieron de par en par ante esa sugerencia.
-¡N-no es una cita ni nada por el estilo!-aclaró rápidamente Link-. Solo quiero que disfrutes y puedas ver como celebra tu pueblo las fiestas…
-Gracias por la invitación-dijo Zelda con una sonrisa-. Si tú eres mi acompañante no puedo negarme.
El corazón de Link dió un vuelco cuando este volvió a contemplar aquella sonrisa que le provocaba sensaciones que jamás había sentido antes. Y eso le asustaba.
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Durante el festival, Link y Zelda participaron en varios juegos y comieron en bares y restaurantes que harían que al resto de nobles les diese un ataque al corazón. Por primera vez desde hacía mucho tiempo, Zelda volvió a recordar lo que era la diversión.
Los celestes ojos de Zelda, su contagiosa y dulce sonrisa, su cabello castaño siendo mecido por el viento, el cómo se movía y hablaba con elegancia, su forma de tratar con amabilidad a todos los habitantes con los que se cruzaba…
Link sabía muy bien lo que le estaba pasando. Eso solo hizo que sus anteriores miedos aumentasen, pues alguien como él jamás podría ser algo más que un amigo para la maravillosa reina de Hyrule.
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Un año después…
Cuando Zelda visitó Ordon junto a Link fue cuando se dio cuenta de que estaba completamente enamorado de él. Sus vibrantes y salvajes ojos azules, su pícara sonrisa, su atlético cuerpo, su humildad a la hora de hablar, su forma de jugar con los niños y de contarles historias…Fue en ese momento cuando Zelda se dio cuenta de que no le importaría nada tener a alguien como él a su lado…Siendo algo más que un amigo.
Por desgracia, Ilia, la amiga de la infancia de Link, también se dio cuenta de ello. Muchos pensarían que trataría a Zelda de forma fría y descortés, pues era bien sabido que la joven humana llevaba años enamorada de su amigo de la infancia. Más fue todo lo contrario. La trató con mucha amabilidad e incluso puso esfuerzo de su parte para que Zelda y Link tuviesen varios momentos a solas.
Un tiempo más tarde Zelda le preguntaría el porqué de aquello.
-He podido ver como Link os mira cuando creía que nadie le veía. Cada vez que lo hace sus ojos se iluminan por completo, jamás lo había visto tan feliz-confesó Ilia-. Puede que no lo parezca, pero sé cuándo he perdido una guerra. Link es mi amigo y siempre lo será, por eso su felicidad es lo primero para mí. Lo quiero demasiado y cuando quieres a alguien buscas lo mejor para él…aunque no seas tú.
Zelda abrazó a Ilia, dejándola sorprendida y sonrojada por aquel gesto de la reina de Hyrule.
-Sois una persona maravillosa, Ilia-murmuró Zelda-. Por eso os deseo una vida feliz y que encontréis a alguien especial con quien compartirla.
-Gracias, majestad.
-Zelda, llamadme Zelda cuando estemos solas.
-Solo si vos me llamáis Ilia.
Zelda se rió ante ese comentario, pues le recordó la situación vivida con Link hace años.
Cuando él y su Héroe se marcharon de Ordon, Zelda tenía muy claro quién le gustaría que fuese su dama de honor en una hipotética futura boda.
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Amar y ser correspondido. Zelda y Link podían comprender ahora que no había mayor felicidad que esa. Una bonita amistad, diferencias sociales y supuestamente nada en común. Esas eran las barreras que les impedían ir más allá en su relación. Pero ellos las habían roto todas. Habían descubierto que el amor, sobre todo un amor tan ancestral como el de ellos, era una fuerza a tener en cuenta.
No era un simple enamoramiento de juventud, era algo más y ambos lo sabían, lo sentían en sus corazones. Eran sin duda muy afortunados pues no todos en el mundo tenían la posibilidad de encontrar a su alma gemela en el mundo terrenal. Y por eso dieron las gracias a las Diosas.
Mientras se besaban y abrazaban, en un rincón del jardín lejos de miradas indiscretas, sus almas fueron reconociéndose y el lazo rojo del destino fue haciéndose más y más visible para aquellos con la capacidad de ver más allá de lo material. Por suerte para ellos, solo un miembro del Consejo Real tenía esa capacidad.
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Había que ser muy estúpido para no darse cuenta de que había algo entre la reina de Hyrule y el Héroe del Crepúsculo. Cinco años habían pasado desde que Link derrotó a Zant, el rey usurpador y a Ganondorf, el demonio gerudo. Cinco años en los cuales el joven Héroe había dejado su pueblo para ir a la Ciudadela de Hyrule y ayudar con las restauraciones del palacio.
En todo ese tiempo Link se había acabado uniendo al ejército de Hyrule, había sido nombrado caballero y escolta personal de la reina, incluso se le había premiado con tierras y dinero, dos cosas que rechazó enseguida para sorpresa y alivio del resto de nobles y ministros.
-Menudo ignorante, rechazar semejante propuesta de su majestad.
-Obviamente un cabrero no puede tener mucha inteligencia por más héroe que sea.
-Aunque el cabrero se vista de Héroe, cabrero se queda.
Esos eran algunos de los insultos que Link recibía de parte de los otros nobles. Sin embargo el joven siempre los ignoraba y no hacía nada que pudiese provocar una pelea, para disgusto de sus detractores. Estos no se atrevían a ir más lejos por temor a enfurecer a la reina por lo que nunca hubo altercados. Más de uno se revolvería en el suelo si supiese que Link poseía una fortuna para nada desdeñable, fruto de sus aventuras por Hyrule.
Sin embargo, la estupidez de los nobles no distrajo a Perícleo de lo que le contaban sus ojos. La manera en la cual Zelda se sonrojaba cuando esta con Link, la manera en la que ambos les brillaban los ojos cuando intercambiaban miradas, la manera en la que se cogían de la mano cuando nadie los veía…
Perícleo podía ser viejo pero reconocía lo que estaba sucediendo. Por una parte se sentía feliz pues la reina era como una hija para ella. Verla tan contenta tras tantos años siendo una "reina de hielo" hacía que su corazón latiese de nuevo. Por otro lado…Link prácticamente era un candidato perfecto para ella, era un Héroe y el mejor caballero del reino, aun así los ministros no aceptarían que fuese rey.
Sus miedos y alegrías se acentuaron cuando hace dos años, Link se acercó a él con una extraña petición.
-Deseo estudiar ciencias políticas, economía y todo lo que le enseñaste a la reina-dijo Link.
Perícleo lo miró como si le hubiese crecido otra cabeza. ¿Para qué iba a querer alguien como Link estudiar eso? A menos que…
-N-no tienes por qué hacerlo si no quieres-dijo Link de repente. El viejo tutor pudo observar el nerviosismo del joven al ver que no le respondía.
-Hum…Enseñarte todo lo que sabe la reina es imposible, muchacho-dijo desanimando a Link-. Pero, puedo enseñarte la cuarta parte y con eso será más que suficiente para que consigas los títulos académicos necesarios para llevar a cabo tu plan.
-M-mi plan-preguntó Link aún más nervioso.
-Soy viejo, no estúpido muchacho-le replicó en un tono que fingía ser severo-. Sé porque quieres volverte un erudito. Tranquilo, será nuestro secreto.
ooOoo
Link y Zelda cabalgaban por la pradera de Hyrule mientras soplaba un suave viento. Ambos disfrutaban de los pocos momentos en los cuales podían estar solos, in tener que ocultar sus sentimientos el uno por el otro, pudiendo ser ellos mismos.
Allí, en la soledad del campo podían compartir besos y caricias sin necesidad de preocuparse de ser juzgados por otros. Allí podían expresar con gestos y acciones lo que sentían el uno por el otro.
-Link…yo…te quiero-dijo Zelda entre besos. Link se separó de ella tan solo unos milímetros. Estaba sorprendido pues no era muy común que Zelda le dijese eso. No es que no se lo demostrase siempre que pudiese, pero oírla decir esas palabras le llenaban de una alegría indescriptible.
-Yo también te quiero-dijo él mientras volvía a besarla, esta vez con más fervor. Zelda puso sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo más hacia ella. La felicidad que la embargaba era tal que se sentía la mujer más dichosa del mundo.
Tras unos minutos más intercambiando besos, se volvieron a separar por la falta de aire y se levantaron del suelo.
-Zelda, tengo algo muy importante que decirte-dijo Link de repente-. Cuando te conocí me pareciste la persona más hermosa que jamás había visto. Y además, era la primera vez que veía a alguien como yo.
-¿Alguien como tú?
-Un hyliano-aclaró él-. Una persona de orejas largas y puntiagudas... Sentí mucha vergüenza de que la princesa del reino me viese convertido en una bestia, pero aun así me miraste a los ojos y me trataste como si fuese la persona más importante del mundo, erradicando enseguida mis inseguridades.
-¿Y por qué no iba a hacerlo?-preguntó Zelda confusa-. Podía sentir tus miedos por lo que me pareció bien ayudarte.
-¿Lo ves?, eres tan buena que ayudas a los demás aunque no les conozcas de nada. A mí, a Midna, a tu reino…Lo sacrificaste todo sin esperar nada a cambio-dijo Link con orgullo-. Por eso me gustaría poder compartir el resto de mi vida con alguien tan maravillosa como tú.
Zelda se llevó las manos a la boca y contuvo la respiración al ver como Link sacaba un objeto de su bolsillo. Una cajita de color morado que tenía en su interior un anillo de oro con el símbolo de la Diosa Nayru graba en el. El corazón de Zelda iba a mil por hora, no podía creerse lo que iba a suceder.
-Zelda… ¿quieres casarte conmigo?
-…Sí, sí, sí, ¡sííííí!-exclamó ella sorprendiendo a Link, pues jamás la había visto tan emocionada. Aun así, no perdió el tiempo y la cogió en brazos mientras ambos reían y se besaban. Lágrimas de felicidad recorrían las mejillas de ambos enamorados sin que pudiesen ni quisiesen remediarlo.
ooOoo
Era un día soleado y Zelda decidió pasear por la Ciudadela junto a Link. A los ministros no les hacía mucha gracia que paseasen solos tantas veces pero no se atrevían a contradecir los deseos de la reina. Desde que no era una princesa había dejado muy claro a sus ministros quien era la líder de Hyrule, aunque eso no impedía que siempre buscasen alguna forma de posicionarse por encima de ella.
-Los ministros, tienen miedo de lo que dirá la gente si sabe que mantenéis una amistad tan grande con un simple caballero. Un caballero que fue cabrero de un pueblo alejado de las manos de las Diosas-le comentó Perícleo. Al ver la mirada que le dirigió su ex-pupila levantó las manos en señal de paz-. Sus palabras, no las mías. Ya sabéis que adoro a ese joven.
-Lo sé, disculpadme-dijo Zelda suspirando-. Ahora mismo lo que los ministros piensen sobre Link me importa poco. Pero no permitiré que insulten al Héroe que salvo dos reinos y derrotó a Zant y a Ganondorf.
-Hazañas más que impresionantes-admitió Perícleo-. Sobre todo para alguien que nunca había entrado en combate hasta que llegó la invasión del Crepúsculo.
-Link merece ser recompensado pero siempre insiste en que su mayor recompensa es poder estar aquí, ayudando a nuestros soldados y haciendo Hyrule más seguro-dijo Zelda. Una tierna sonrisa se dibujó en su rostro al pensar en el Héroe del Crepúsculo. Una sonrisa que no pasó desaperciba para su ex-maestro.
-¿Sabéis?, desde que Link está junto a vos sonreís mucho más, majestad.
-¿C-cómo?-preguntó algo alterada la reina.
Perícleo simplemente ser rió entre dientes.
-Por cierto, los estudios de Link van muy bien-le informó mientras, para alivio de Zelda, cambiaba de tema-. El joven aprende muy rápido. No posee vuestro talento pero tampoco se aleja mucho. Ha superado todas mis expectativas y está dominando en cuestión de meses lo que a otros nobles les cuesta años aprender.
-Aventurero, explorador, botánico, entomólogo, domador de caballos, caballero, exterminador de monstruos, héroe y ahora académico-recitó Zelda sin poder ocultar su orgullo y admiración por aquel joven-. ¿Hay algo que Link no sepa hacer?
-Sin duda es un diamante en bruto-afirmó Perícleo-. Cuando lo haya pulido del todo será un buen príncipe consorte.
Zelda giró la cabeza con brusquedad para mirar atónita a su tutor. Su rostro estaba rojo como un tomate y su boca abierta de par en par aunque no podía articular ni una sola palabra.
Perícleo la miró con una sonrisa traviesa en su rostro. Una sonrisa que acabó contagiando a Zelda.
-Os equivocáis-replicó Zelda sorprendiéndole-. No será un buen príncipe consorte, sino uno de los mejores reyes que Hyrule jamás haya tenido.
Perícleo solo pudo reír al oír las firmes palabras de la reina. Al parecer Link no era el único que iba a superar sus expectativas.
Zelda sonrió aún más. Por fin estaba segura de que no solo su pueblo y su ejército la iban a apoyar en sus planes.
ooOoo
-Me gustaría que Midna pudiese asistir a nuestra boda-confesó Zelda un día.
-A mí también-admitió Link con pesar-. Si no fuese por ella yo no estaría aquí, no me habría convertido en un héroe ni te habría conocido.
-… ¿La echas mucho de menos?
-Sí, es mi mejor amiga al fin y al cabo, con la que pasé muchas penurias y superé muchas batallas-dijo Link con una triste sonrisa-. Jamás podré agradecerle lo suficiente todo lo que hizo por mí.
Zelda sentía lo mismo por la princesa Twili, con la cual llegó a compartir su alma para salvarle la vida. Gracias a eso también sabía cómo de profundos eran los sentimientos de Midna hacia Link, pero no le correspondía a ella hablar sobre ese asunto.
-Espero que allí donde esté, pueda ser feliz-le deseo Zelda de todo corazón a la princesa del crepúsculo.
ooOoo
La boda había terminado y casi todos se habían marchado. La cantidad de invitados había sido tal que parecía que toda Hyrule se había reunido en el castillo.
Debido a sus hazañas y viajes Link había hecho muchas amistades y alianzas. Además de que todos los habitantes de Ordon no querían perderse la boda de su Héroe. También se había celebrado la coronación del Héroe aquel día por lo que se invitó a muchos nobles gente de cargos importantes para que saludasen al nuevo rey de Hyrule.
Una vez en sus aposentos Zelda no quiso tardar ni un segundo y comenzó a desvestir a su héroe. Link siguió sus pasos e hizo lo mismo con ella. Ambos estaban deseando consumar su relación de una vez por todas.
Los besos que se dieron fueron escalando en intensidad, pues la pasión que sentían el uno por el otro era desbordante. No dijeron nada, tan solo querían demostrar sus sentimientos mediante actos no palabras
Link cogió a Zelda en brazos y la depositó con cuidado en la cama sin deshacer el beso. Eran marido y mujer, eran rey y reina. Aquella noche solo las Diosas serían testigos de cómo reforzaban del todo el lazo rojo que los unía desde tiempos ancestrales.
Four Swords Adventures
Su lado oscuro Dark Link, el brujo de los vientos Vaati y el demonio gerudo Ganon. Sin duda Link podía presumir de ser la encarnación del Héroe elegido que peor lo había pasado durante sus aventuras. O eso es lo que se decía a sí mismo.
-¡He derrotado a tres de los peores villanos de la historia de Hyrule!-exclamó muy alterado.
-¿Y qué?-preguntó Valenzuela cruzándose de brazos-. Tuviste la ayuda de tus "clones" y además, ser un héroe no te da derecho a entrar en el despacho de la princesa cuando quieras.
-Soy su mejor amigo y solo quiero ver si está bien-se quejó Link-. Lleva dos días enteros sin salir.
-¿Y de qué te extrañas?, tiene que hacer mucho papeleo relacionado con los tratados de paz con las gerudo-le explicó el general del ejército-. Desde el reinado de la reina Zelda VII la Sabia, las relaciones entre los hylianos y las gerudo no han sido muy buenas que digamos.
-¿Eso se debe a que Ganondorf siempre nace en su tribu?
-Es una gran parte del problema, sí-admitió Valenzuela-. Tener al rey del mal como líder de las gerudo es algo que no hace gracia a nadie como podrás imaginar.
-¿Y no se puede hacer algo?
-¿Cómo qué?-preguntó Valenzuela mientras cerraba los ojos-. Los hylianos más radicales suelen hablar de exterminar a todas las gerudo pero es obvio que eso no es debatible.
Cuando Valenzuela volvió a abrir los ojos vio que Link había desaparecido.
-¡¿P-pero cómo…?! ¿No habrá…?-Valenzuela dirigió su mirada hacia la puerta del despacho de la princesa. Era imposible que Link se hubiese colado estando él delante, ¿verdad? No se atrevía a entrar y molestar a la princesa porque lo decidió pensar que Link simplemente se había rendido.
ooOoo
Era una gran suerte que solo Link y Zelda conociesen todos los pasadizos secretos del castillo. De esa forma solían escaparse de los adultos cuando eran más pequeños y querían ir a jugar por el bosque o la pradera.
La princesa Zelda estaba muy ocupada revisando unas leyes cuando oyó como una de las puertas secretas de su despacho se abría. No le hizo falta darse la vuelta para saber quién era el "intruso".
-¿Qué es lo que quieres?-preguntó sin apartar la vista de los documentos.
-Hola preciosa, yo también me alegro de verte-dijo Link mientras le daba un suave beso en los labios.
Zelda le correspondió durante unos segundos y volvió al trabajo enseguida.
-Link, no tengo tiempo para estar contigo-dijo ella.
-¿No tienes o no quieres?-preguntó él mientras le masajeaba sus tensos hombros.
-Ya sabes la respuesta-replicó ella. Aun así dejó los papeles en la mesa y cerró los ojos mientras disfrutaba de aquel masaje gratuito.
-Zelda, no puedes estar todo el día trabajando-le dijo Link muy preocupado-. Necesitas descansar.
-Pero tengo mucho trabajo.
-¿No puedes pedir que te ayuden?-al ver que Zelda no contestaba Link creyó saber cuál era el problema-. ¿Otra vez con esas ideas de que no has sido útil a Hyrule?
-¡Pero es verdad!-exclamó ella separándose de él La princesa se levantó de su silla y se paseó por todo el despacho-. ¡Soy la princesa regente y me dejé capturar por un viejo brujo! Si no hubiese sido por ti Hyrule estaría en manos de Vaati o Ganon.
-No estoy para nada de acuerdo-replicó Link-. Como princesa regente has conseguido evitar varias guerras con las gerudo, has mantenido el reino unido y apenas se notan los problemas que causaron Dark Link, Vaati y Ganon. Y todos gracias a ti y esa cabecita tan mona que tienes.
Zelda lo miró fijamente mientras sus mejillas se ponían rojas.
-¿Qué me dices si salimos a practicar un poco de ejercicio?-le sugirió Link. Zelda dudó ante esa petición-. Vamos, estoy seguro que necesitas aire fresco a toda costa.
Finalmente Zelda asintió con la cabeza y cogió la mano que Link le tendía.
-Desde que somos novios te has vuelto muy atrevido-le dijo con una sonrisa-. No creo que a nadie le guste saber que te cuelas en el despacho de la princesa para llevártela del castillo.
-Por eso esto será un secreto para todos-bromeó Link.
ooOoo
-¡Maldición!-escupió Valenzuela irritado mientras recorría los pasillos del castillo.
-¿Qué ocurre general?-le preguntó Kaepora Gaebora preocupado al verlo de esa forma.
-Sumo Sacerdote-dijo Valenzuela mientras hacía una leve inclinación-. Las criadas me han dicho que la princesa ha desaparecido de sus aposentos-le explicó rápidamente-. Me apuesto lo que sea a que ese mequetrefe de Link ha tenido algo que ver.
-Seguramente-rió el sabio hombre-. Y si es así me siento más tranquilo, sé que Link protegería a la princesa con su propia vida.
-No considero apropiado que un caballero mantenga una relación tan estrecha con la princesa-replicó él.
-Estoy seguro de que muchos en Hyrule piensan como tú y puedo entenderlo-admitió Kaepora-. Pero los tiempos cambian y tras todo lo sucedido con Ganon seguro que te has dado cuenta de que hay cosas en las que es mejor no inmiscuirse.
-P-per-
Kaepora levantó su gruesa mano interrumpiendo al general.
-¿Qué es lo que te preocupa tanto, amigo mío?
-Que su relación evolucione a algo más, Sumo Sacerdote. No sería apropiado.
-Lo dudo, pues según los libros de historia no sería la primera vez que una regente mantiene una relación romántica con el Héroe de su época-dijo Kaepora, muy dispuesto a apoyar a la pareja si era necesario-. ¿O has olvidado a las reinas Zelda VII la Sabia y Zelda XII?
Valenzuela tuvo que callar ante las certeras y aplastantes palabras del Sumo Sacerdote. Sin embargo, a pesar de que Link no le caía bien debido a su actitud algo infantil, debía admitir que el joven tenía talento y un gran corazón. Tal vez debía darle un voto de confianza al joven Héroe.
ooOoo
Varias horas más tardes...
Zelda manejaba el florete como si fuese una extensión de su brazo derecho. Link estaba sorprendido y alegre al ver como la princesa había adquirido semejante maestría con tan solo tres años de práctica.
Link atacó con un tajo vertical desde arriba mientras Zelda alzaba su florete para detener el golpe.
-Mal movimiento, Zelda-pensó Link algo decepcionado-. Soy más fuerte y mi espada es más grande y resistente que la tuya. Un bloqueo no es la mejor opción en tu caso.
Era demasiado tare para que Link detuviese su golpe más la princesa le dio una sorpresa inesperada. En el último segundo, se echó hacia un lado permitiendo que la espada de Link se deslizase sobre la suya y de esa forma desvió el tajo vertical sin recibir daño alguno.
-¡¿Pero qué?!-pensó Link atónito, pues aquel movimiento no era algo que cualquiera pudiese hacer tan fácilmente. El talento de Zelda en la esgrima superaba todas sus expectativas. Casi parecía otra persona.
Debido a la fuerza de inercia Link cayó hacía delante y una vez en el suelo rodó y se levantó de nuevo, evitando una patada descendente de Zelda. Sin duda alguna las clases de artes marciales impartidas por Impa también estaban dando sus frutos.
Zelda no perdió el tiempo y continuó con una serie de golpes rápidos ejecutados con su florete. Link detuvo todos y cada uno de ellos con relativa facilidad, pero poco a poco se vio obligado a retroceder debido a los insistentes ataques de Zelda. Para cuando quiso darse cuenta su espalda había chocado contra una pared rocosa.
-Parece que he conseguido acorralar al gran Héroe de las Cuatro Espadas-se burló Zelda, aunque no había ni una pizca de malicia en su voz. Lo que Link si se notaba es que la joven ya no respiraba con dificultad como en los primeros entrenamientos que tuvieron.
-Te has vuelto muy fuerte y aun así te he subestimado-admitió Link cerrando los ojos paras abrirlos enseguida de forma abrupta-. ¡Y tú me has subestimado a mí!
Sin que Zelda pudiese hacer nada por evitarlo Link saltó por encima de ella dando una voltereta en el aire. Se posicionó detrás de ella y colocó su espada en su delgado y elegante cuello.
-He ganado-dijo Link con una sonrisa traviese en su rostro.
-Tch…presumido-murmuró Zelda mientras bajaba su florete.
-No es cierto, simplemente tengo mucho más estilo-dijo él.
-¿Y bien?-dijo Zelda arqueando una ceja-. ¿Cuál es el consejo que me vas a dar hoy, estiloso Héroe?
-Que muevas tu florete como si fuese una espada y no una flor.
Zelda puso los ojos en blanco y suspiro.
-¿Se supone que eso es una broma?-le preguntó ella-. No podría esperar menos de un payaso sin imaginación como tú.
-Un payaso sin imaginación que os tiene loca, su alteza-dijo él dándole un profundo e intenso beso. Zelda no tardó en corresponderle a pesar de haberla pillado por sorpresa con aquel gesto.
-Huuumm…Tal vez debería nombrarte payaso real-le dijo pensativa.
-Estoy seguro de que mi padre y Valenzuela lo encontrarían muy apropiado-rió Link.
Ambos se dejaron sus armas y se sentaron en la hierba. Sus manos entrelazadas mientras contemplaban el paisaje de su bello reino.
-Parece mentira que hace tan solo tres años Hyrule estuviese amenazado por tres de los peores criminales de nuestra historia, según los libros que he leído-comentó Zelda de repente-. Me alegra no ser tan inútil como en esa época.
Link la miró de soslayo. Siempre había sabido que Zelda tenía cierto complejo de culpa debido a su incapacidad de defenderse si no era usando magia, y aun así su magia tampoco se especializaba en el área del combate.
El fallecido rey de Hyrule nunca había permitido que su hija entrenase pues decía que eso era algo "indigno" de la alta nobleza como ellos. Zelda opinaba que un buen regente debía estar al frente de sus hombres para inspirarlos con actos y no solo palabras. Por suerte Zelda no siempre hacía caso de los consejos u órdenes de su padre, si no ellos dos nunca habrían sido amigos y luego más que eso.
-¿Acaso has olvidado que fue gracias a ti que pudimos sellar a Ganon?-le dijo Link en un intento de animar a su novia.
-Las otras doncellas también ayudaron-le recordó Zelda.
-Cierto, pero tú nos ayudaste a mí y a mis "clones" a destruir a Dark Link y a Vaati.
-Y antes de eso estuve encerrada en la Torre de los Vientos como si fuese una damisela en apuros, esperando a su caballero de blanca armadura-se quejó ella.
-Más bien como una doncella esperando a sus cuatro caballeros de color verde, azul morado y rojo-rió link.
Zelda fue contagiada por la risa de Link y juntos se carcajearon hasta que les dolió la tripa.
-No deberías ser tan dura contigo misma-le aconsejó Link con cariño mientras la abrazaba-. Todos teníamos un papel que cumplir y tu hiciste muy bien el tuyo. ¿O has olvidado que fuiste la primera en darse cuenta de que el sello de Vaati se estaba rompiendo?
-Yo…
-Eres una gran princesa regente, Zelda-le susurró al oído-. Y algún día serás una gran reina.
Pequeñas lágrimas se asomaron por los ojos de Zelda la oír las palabras de su amado.
-Link…gracias por creer en mí.
-Aunque no lo creas casi todos en Hyrule creemos en ti, Zelda-le aseguró él mirándola a los ojos-. Espero que algún día seas capaz de verlo.
Link limpió las lágrimas de sus mejillas y le dio un suave beso donde puso todo su amor hacia ella, transmitiéndole con eso todo lo que no era capaz de transmitirle con palabras.
Cuando por fin se separaron los ojos de la princesa brillaban con una luz nueva.
-Me alegro de haber venido hasta aquí contigo-le confesó mientras sus frentes se tocaban ligeramente-. No sabía cuánto necesitaba tus palabras, tu cariño y tu comprensión.
-¿Lo ves como no siempre soy un payaso?-bromeó Link.
-Eso es algo muy dudoso-rió ella mientras se levantaba y recogía su florete del suelo-. Vamos Héroe de las Cuatro Espadas, es hora de que te derrote de una vez por todas.
-Eso ya lo veremos, Séptima Doncella.
Desde el cielo un extraño búho observaba feliz como la pareja iniciaba de nuevo su combate.
-Parece que Hyrule saldrá adelante de nuevo gracias a los elegidos por las Diosas-ululó el Búho muy feliz-. Siempre es un placer veros juntos, Hylia y Link.
Dicho esto, el búho se alejó volando hacia el castillo sin que la pareja lo viese u oyese.
