Disclamer: No poseo los derechos de The Legend of Zelda
Capítulo 5: Línea del Fracaso
A Link to the Past/Link´s Awakening
Bajo la atenta mirada del Héroe se encontraba el malvado sacerdote de las tinieblas, Agahnim. El Héroe había llegado demasiado lejos como para rendirse ahora.
—Ajá... ¡Link, he estado esperándote! Je, je, je... Tenía la esperanza de que podría hacer desaparecer a Zelda delante de tus ojos ¡He aquí el último momento de la Princesa Zelda!
— ¡No lo hagas!—rugió Link al ver como el villano dirigía su magia oscura hacia la princesa Zelda, quien en su debilitado estado no pudo hacer nada por evitarlo.
—Link…—fue lo último que dijo la princesa antes de desvanecerse entre las sombras.
A pesar de que Link la había conocido hacía unos pocos días, sentía una extraña conexión con ella. Ahora esa conexión acababa se había perdido por completo. Todo por culpa de Agahnim.
—Ju, ju, ju…Llegas demasiado tarde Héroe—se burló Agahnim—. Ahora con las siete doncellas aprisionadas en el Mundo Oscuro mi plan ya no puede ser detenido. Ni siquiera el legendario guerrero de ropajes verdes puede hacer nada contra mí.
Link no le escuchaba, solo tenía una cosa en mente, vengar a Hyrule y a todos los que habían sufrido bajo el yugo de Agahnim.
—Vas a pagar con tu vida por lo que has hecho—dijo Link muy serio mientras alzaba la espada Maestra, que por alguna extraña razón parecía más pesada.
—Eso es…deja que la oscuridad llene tu alma—le aconsejó maliciosamente Agahnim—. Solo así, podrás vencerme. Usa tu ira, usa tu odio, son las únicas armas con las que puedes contar ahora mismo.
La batalla fue más dura de lo que Link se imaginaba. El sacerdote de las tinieblas no dudaba en desaparecer y aparecer de forma continua, además de que también atacaba con bolas eléctricas que el joven Héroe devolvía como podía.
La ira de Link aumentaba por momentos al verse incapaz de golpear a su odiado enemigo. Que el peso de la Espada Maestra siguiese aumentando a cada segundo no ayuda en lo absoluto.
—Link…Link…
El Héroe alzó la mirada. El tiempo parecía haberse detenido por completo. Nada ni nadie se movía excepto él. Incluso Agahnim seguía congelado en su postura de combate.
Para su sorpresa, ante él estaba la figura traslúcida de la princesa Zelda. La joven princesa no parecía estar sufriendo pues su rostro era de calma absoluta.
—P-princesa Zelda—murmuró Link confuso. ¿De dónde provenía su voz y figura si ya no estaba en este mundo?
—No dejes que la oscuridad domine tu corazón, Link—le rogó Zelda—. Eres el Héroe que Hyrule tanto necesita. El odio y la venganza no desharán los pecados de Agahnim. Tú posees un corazón muy grande, prométeme que no dejarás que nadie te lo arrebate.
Link la miró sin poder creerse lo que le pedía. Dejar ir su odio contra aquel malvado era algo casi impensable. La ira era lo que le daba fuerzas para continuar peleando.
Link iba a explicarle todo aquello, más al observar su cristalina y pura mirada algo se encendió en su corazón, quemando la oscuridad que intentaba anidar en él.
—Lo prometo, alteza—las palabras salieron de la boca de Link antes de que este comprendiese lo que estaba haciendo. Y por alguna razón, aquello no le molestó.
Zelda sonrió y entonces Link notó con sorpresa como la Espada Maestra se volvía increíblemente ligera. Ahora sí que estaba preparado para cumplir su destino. Aunque en el fondo, se seguía preguntando que era aquel extraño efecto que la princesa tenía sobre él.
ooOoo
Link y Zelda habían derrotado a Ganon. La Trifuerza había desecho todas las maldades de Agahnim y la paz reinaba en Hyrule. Aun así, Link no podía olvidar las últimas palabras del asesino de sus padres, quién había sido traicionado y asesinado por su amo Ganon.
—Y-yo…q-quería p-poder—había susurrado un moribundo Agahnim—. T-tus padres… supieron ver la oscuridad que comenzaba a rodear mi corazón. Deberían haberme matado, pero era demasiado buenos y me querían como a un hermano…I-intentaron convencerme de que escapase de la influencia de Ganon pero el poder me cegó y acabé por traicionarles…
—... ¿Te arrepientes de haberlo hecho?—preguntó Link mientras apretaba con fuerza sus puños. Zelda puso una mano sobre su hombro para tranquilizarle.
—Sí—respondió Agahnim con lágrimas en los ojos—. Ojalá hubiese sido más fuerte…Por favor, prométeme que vencerás a Ganon…No dejes que ese demonio obtenga la Trifuerza…No dejes que oscurezca el corazón de la gente débil como yo…
—Lo prometo—respondió Link con firmeza.
—Me alegro de que hayas salido igual a tus padres…Link—con esas palabras la antes corrupta alma de Agahnim abandonó su cuerpo. Mientras tanto, Link y Zelda se preparaban para la batalla final.
— ¿Estás bien?-le preguntó la princesa al Héroe, al ver que este se secaba las lágrimas de sus ojos.
—Lo estaré, cuando hayamos vencido a Ganon, alteza.
—Sé que podremos hacerlo—dijo Zelda. Puso su mano encima de la de Link y le miró fijamente a los ojos—. Has sido tentado muchas veces por el mal, has conocido la ira y el deseo de venganza y aun así has seguido adelante sin convertirte en aquello que buscabas destruir. Eres alguien más que digno de admirar.
—Solo he hecho lo que debía, alteza—replicó él, algo avergonzado por las palabras de la princesa.
—Zelda.
—¿C-cómo?
—Puedes llamarme Zelda, pues tú y yo no somos ya desconocidos y hemos pasado por demasiadas cosas como para tratarnos con tanta formalidad—dijo la princesa con una tierna sonrisa en su rostro.
—P-pero yo no…—al ver la triste mirada de Zelda, el joven rectifico y decidió cumplir su deseo—. De acuerdo, Zelda.
Link jamás olvidaría como todo a su alrededor se iluminó al contemplar la amplia y alegre sonrisa de aquella maravillosa joven.
ooOoo
Varios años después…
—¡Papá, papá, despierta!-gritaron un niño y una niña al oído de su adormilado padre.
El rey de Hyrule abrió los ojos y vio que se había quedado dormido bajo su manzano favorito. A su lado estaban sus hijos, "el terrible dúo dinámico" los llamaban en el castillo debido a todas las travesuras que hacían.
El rey nunca les regañaba pues él era igual o más infantil que ellos, por lo que la reina se veía obligada a ser la única adulta del lugar cuando alguien debía detenerlos.
— ¿Qué ocurre, pequeños?—dijo el rey mientras cogía con sus fuertes brazos a ambos gemelos.
—Nos prometiste que hoy nos contarías un cuento-dijo la niña.
—Pero te has dormido-le regañó el niño-, otra vez.
—Tenéis razón, he sido muy malo-admitió el rey fingiendo estar muy decepcionado consigo mismo—. ¿Por qué no vamos todos con mamá y así ella también oye esta historia?
— ¡Sí, sí, sí, sí!—exclamaron con mucho entusiasmo los niños al oír su sugerencia. Link los miró y les acarició la cabeza con ternura. Marín y Tarín eran lo mejor que podía haberle pasado en la vida.
— ¿Con qué estabas soñando papá?—preguntó Marín con curiosidad.
— ¿Soñando?
—Sí, parecías muy feliz.
—Hum…Si os soy sincero, era un sueño que se volvía más bonito al final-les confesó el rey con una sonrisa—. Pero al despertar me he encontrado con algo mucho mejor.
— ¿Con qué?—peguntaron sus hijos con curiosidad y entusiasmo.
— ¡Con dos pequeños diablillos, por supuesto!—exclamó mientras los abrazaba con fuerza. Sus hijos rieron e intentaron escapar de él, pero el esfuerzo fue en vano, acabaron llenos de besos por todos sus pequeños cuerpos.
ooOoo
—Veo que por fin habéis decidido volver—dijo la reina Zelda al ver a su familia en la sala del trono. Los niños corrieron hacia ella y la abrazaron. El enfado de la reina se desvaneció enseguida ante la ternura de sus retoños.
—Papá ha dicho que va a contarnos a todos un cuento—le informaron los niños.
—No sabía que ahora eras un cuentacuentos—dijo Zelda alzando una ceja.
—Sí, parece que soy toda una caja de sorpresas—dijo él mientras se inclinaba para besar a su esposa.
—Eso lo tengo muy claro—dijo ella, correspondiendo enseguida sus besos.
—Puaj—dijeron sus hijos al ver lo acaramelados que se ponían sus padres.
Ambos adultos rieron y luego todos se dirigieron al cuatro de los niños. Allí, Marín y Tarín se sentaron en el regazo de su madre mientras el rey comenzaba su relato.
ooOoo
Hace mucho tiempo, un joven Héroe partió de Hyrule para hacerse más fuerte y poder derrotar a un futuro mal que asolaría su amado reino. El Héroe sabía que el viaje sería duro, pero era necesario si quería cumplir con su destino.
El Héroe recorrió los siete mares hasta que se topó con una fuerte tormenta y naufragó en una misteriosa isla. En esa isla fue asistido por una joven y su padre, dos personas de gran corazón que le acogieron en su casa hasta que se repuso de sus heridas. Incluso le enseñaron la isla y lo presentaron al resto de habitantes.
Fue en uno de esos días cuando el Héroe recibió la visita de un extraño búho que le pidió su ayuda para que despertase al dios de la isla de su profundo sueño. Para ello, el Héroe necesitaba los ocho Instrumentos de las Sirenas, que se encontraban en lugares muy peligrosos. Pero despertar al dios de la isla sería la única manera de volver a Hyrule, junto a su amada.
Aun así, las cosas no eran tan sencillas. Un malvado ser llamado DethI estaba creando pesadillas, criaturas de la oscuridad que se trasformaban en los mayores miedos de las personas. Aun así, ninguna fue rival para el Héroe.
Viendo que el Héroe seguía recolectando de forma exitosa los Instrumentos de las Sirenas, DethI decidió perturbar su mente revelándole un gran secreto…La isla y todos sus habitantes eran en realidad un sueño creado por el dios de la isla. Si el Héroe le despertaba, la isla desaparecería para siempre.
El Héroe no quería hacerlo, pero debía salir de allí para salvar a su tierra natal de futuros peligros. Por lo que tomo una difícil decisión y continuó con su viaje. DethI intentó disuadir al Héroe diciéndole que pensase en todas las vidas que iba a destruir, más el Héroe tenía aclaro que a veces hay que hacer sacrificios. Además, si todo aquello era un sueño, los habitantes no estaban realmente vivos, ¿verdad?
Tras pasar muchas pruebas, el Héroe derrotó al malvado DethI y despertó al dios de la isla, haciendo que el sueño desapareciese para siempre entre las olas del mar.
ooOoo
Los niños llevaban ya unas horas dormidos. El rey y Zelda descansaban sentados en el jardín del castillo mientras contemplaban el cielo nocturno. Ambos tenían sus manos entrelazadas y disfrutaban de la compañía del otro.
— ¿Aun te arrepientes de la decisión que tomaste, Link?—preguntó Zelda con suavidad.
—Cada día de mi vida—confesó el rey tras dar un suspiro—. Y sé que no debería. No eran reales…ninguno de ellos lo eran.
—Tal vez no para el resto del mundo, pero si para ti—dijo Zelda mirándole con cariño a los ojos.
—Lo peor de todo es me recordaban a personas que ya había conocido en Hyrule.
—Hum… Tal vez tú subconsciente era tan fuerte que influyo en el sueño del Pez del Viento, por eso todos ellos se parecían a personas que conocías—le explicó Zelda—. Al fin y al cabo eres el ex-portador de la Trifuerza del Valor.
—Tal vez…
Zelda lo miró con algo de tristeza. A pesar de los años Link no habías perdido ni un ápice de aquella bondad que lo caracterizaba. La cruel realidad del mundo no había podido robarle la luz que aun brillaba en sus ojos. Pero eso no impedía que su corazón estuviese lleno de cicatrices.
Con cuidado, Zelda cogió su rostro entre sus manos y lo besó de forma lenta y luego de una manera más apasionada. Link no tardó mucho en reaccionar y pronto ambos estuvieron compartiendo su amor con una pasión que no había disminuido a lo largo de los años.
— ¿Y eso?—preguntó riéndose cuando por fin se separaron.
—Para que recuerdes que tu vida y tu familia no somos un sueño-respondió ella mientras le acariciaba el rostro—. No sabes cuánto me alegró verte con vida tras tantos años desaparecido en el mar.
—El sentimiento era mutuo, te lo aseguro—dijo Link sonriendo—. Tú y los gemelos sois toda mi vida.
—Lo sé, Link.
Los dos estuvieron así un buen rato, abrazados en silencio, hasta que empezaron a notar el frío en sus cuerpos.
—Sera mejor que volvamos a dentro—sugirió Zelda. Link asintió con la cabeza y comenzaron a caminar hacia el castillo. De repente, un ave blanca pasó volando y sus alas reflejaron durante unos segundos el brillo de la luna. El ave blanca desapareció tan rápido como había aparecido.
Link se quedó paralizado por unos instantes, creyendo que todo había sido una ilusión puesto que el ave le había parecido una gaviota. Y no había gaviotas en esa zona de Hyrule.
— ¿Qué es lo que has visto?—preguntó Zelda con curiosidad al ver la nostálgica mirada de su marido.
—Nada…-respondió él con tranquilidad tras echar un último vistazo al cielo—. Tan solo una conexión con mi pasado.
Oracle of Seasons/Oracle of Ages
Durante siglos Farore, Din y Nayru habían observado a su hermana y a su héroe a través de las eras. Como su amor había sido puesto a prueba una y otra vez mientras combatían contra las fuerzas del mal.
Casi siempre ganaban, pero otras veces su historia tenía un final muy desagradable. En momentos así deseaban haber podido hacer algo más, pero conocían muy bien las reglas, ellas mismas habían creado la mayoría.
Sin embargo, cuando la historia de Hyrule se vio dividida en varias líneas temporales, las Diosas de Oro vieron una oportunidad para dejar atrás y durante un tiempo, sus formas divinas y contemplar el mundo con los mismos ojos que los mortales. Al fin y al cabo, Hylia había hecho lo mismo y no le había ido tan mal.
Sus formas mortales eran débiles, limitaban sus poderes y las necesidades fisiológicas eran una molesta añadida a todos los problemas que conllevaba no ser ya una diosa. Por suerte, las tres se acostumbraron pronto y partieron a diferentes tierras, buscando una forma de ayudar a Hylia en aquella nueva era. No era la primera vez que hacían algo así. Durante la era del Héroe de los Minish, también adquirieron formas mortales más interactuaron muy poco con Link y Zelda.
Din fue secuestrada por Onox, el general oscuro de Holodrum. Nayru fue poseída por Veran, la hechicera de las sombras de Labrynna. Farore sin embargo, no sufrió ninguna clase de percance pues evitó ser secuestrada por las hermanas Birova y lo paso bastante bien en su viaje por Hyrule.
Tras numerosas aventuras y desventuras, la nueva encarnación de Link salvó a Din y a Nayru y junto a Zelda, trajo la paz a los tres reinos.
-Diosa de la Sabiduría/Oráculo de las Eras-
Cada vez que Nayru veía a Zelda sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas. Incluso en su forma mortal, su hermana Hylia mantenía su misma belleza, porte, picardía e inteligencia. Cuanto la echaba de menos. Tal vez no debía haber permitido que se alejase de ella… ¡No!, no debía pensar de esa forma. Lo hecho, hecho estaba. Ahora debía concentrarse en disfrutar del tiempo que le quedaba junto a su hermana.
ooOoo
La princesa Zelda se encontraba en leyendo en su jardín mientras tomaba el té. Aquel día no tenía nada importante que hacer pues se había asegurado de ello. A pesar de que la lectura era uno de sus pasatiempos favoritos no era capaz de concentrarse, estaba impaciente por la llegada de cierta persona.
—Buenos días, princesa del destino—la saludó Nayru nada más llegar al jardín. La hermosa joven de cabellos azules portaba una cálida sonrisa en su rostro.
Zelda y ella habían congeniado enseguida nada más conocerse hace tres años, cuando las fuerzas del mal intentaron resucitar a Ganon.
La Oráculo de las Eras y ella compartían el gusto por los enigmas y adivinanzas, ambas adoraban tocar el arpa y leer libros que ampliasen sus conocimientos o que simplemente les permitiese evadirse del mundo real durante un tiempo.
—Me alegra ver que vuestro viaje desde Labrynna ha sido sin incidentes—comentó Zelda mientras ambas tomaban un té.
—Todo se lo debo a mi buen amigo Ralph—le aseguró Nayru—. Siempre está cuidándome. Es muy buena persona a pesar de ser algo torpe y sobreprotector.
—Me recuerda bastante a Link-dijo Zelda con una risita—. Sobre todo, en la parte de sobreprotector.
A Nayru no se le pasó por alto la mirada cariñosa de Zelda al hablar del Héroe
—Tengo la sensación de que vuestra relación con el Héroe es bastante buena.
Zelda se sonrojó ligeramente mientras asentía con la cabeza.
—Él y yo nos hemos vuelto bastante cercanos.
Por lo que Zelda le había contado en otras ocasiones, Link había sido elegido como guardián de la princesa debido a su increíble talento con la espada y su afilada mente. Además, era el héroe de no uno, sino tres reinos.
—A Link le ha costado un poco adaptarse a la vida del castillo, pero nunca se queja y siempre está dispuesto a ayudar a los demás en lo que sea—dijo Zelda con orgullo, tras lo cual soltó una risita—. La gente lo llama a veces el chico de los recados, pero lo hacen con cariño.
— ¿Y los otros nobles ven con buenos ojos que paseéis tanto tiempo con él?—preguntó Nayru con curiosidad.
—Sinceramente, me da igual lo que ese grupo de estirados y descerebrados piense-contestó Zelda—. Link es de las mejores cosas que me han ocurrido y no pienso dejar que nada ni nadie me haga creer lo contrario.
Nayru tan solo pudo reír ante esas palabras. Le gustaba mucho ver que, a pesar de haber pasado por tantas reencarnaciones, aún conservaba ese fuego interno.
—Me alegra ver que vuestro lazo sigue igual de irrompible—susurró Nayru.
— ¿Cómo?
—Nada, tan solo pensaba en voz alta—respondió enseguida Nayru mientras pensaba en una forma de cambiar de tema—. Decidme, ¿no tenéis nada que contarme sobre como os trata la vida?
— ¿La vida? Mejor que mi padre.
Nayru arqueó una ceja ante el cambio de humor de la princesa.
— ¿Y eso?
—Cree que no debería inmiscuirme tanto en temas de política—comenzó a decir Zelda. Su mirada destilaba fuego más su tono de voz era calmado—. Dice que debería estar más tiempo con mis damas de compañía en vez de entrenando esgrima con Link…Y también piensa que debería ir pensando en escoger a un digno marido para que sea rey.
—Ya veo—dijo Nayru muy seria.
—Vos… ¿creéis que mi padre tiene razón?—preguntó Zelda mirándola fijamente.
—Si os soy sincera, no-fue la respuesta de Nayru—. Me parece bien que os intereséis por la política puesto que sois más inteligente que todos esos ministros que os menosprecian. En cuanto a la esgrima me parece muy necesario que conozcáis tan noble y antiguo arte, estoy segura de que vuestros súbitos y soldados verán con buenos ojos a una princesa que puede defenderse por sí sola. Nunca dudéis a la hora de haceros más fuerte, aunque para mí ya lo sois.
— ¿De verdad pensáis eso?—preguntó Zelda algo sonrojada. Nayru le dedicó una sonrisa de apoyo mientras asentía con la cabeza.
—Y sobre elegir un marido, aun sois muy joven y no debéis acelerar las cosas. Cuando llegue el momento sabréis quien es el adecuado para reinar a vuestro lado.
—Nayru—Zelda puso una mano encima de su amiga—. Gracias por animarme.
—No me deis las gracias, he hecho lo que cualquier amiga haría.
—Si de verdad sois mi amiga, entonces quiero que me tratéis de una manera menos formal.
—P-pero princesa…—dijo Nayru, fingiendo estar asustada ante esa petición. Ser más cercana a ella era su mayor sueño en esos momentos.
—Por favor—le suplicó Zelda—, no quiero tener que ser tan formal con mi mejor amiga. Al contrario que mis damas de compañía, tú si te preocupas de verdad por mí.
—De acuerdo, Zelda—dijo ella con una sonrisa—. Por cierto, ¿qué es ese rumor que he oído acerca de Link?
— ¿Rumor?
—Sí, al parecer tiene una amante a la cual nadie ha visto todavía-dijo Nayru fijándose en las reacciones de Zelda ante sus palabras—. ¿No sabrás quién es, verdad?
— ¿Por qué iba a saberlo?—preguntó Zelda mientras ocultaba su sonrisa y sonrojo tras su taza de té—. No deberías hacer tanto caso a rumores sin fundamento. Link se pasa todo el día conmigo o trabajando, no tiene tiempo para amantes secretas.
—Cierto—dijo Nayru mientras guiñaba un ojo a la princesa.
-Diosa del Valor/Oráculo de los Secretos-
Farore siempre estuvo segura de que aquel chico debía ser su elegido. Link estaba lleno de inseguridades, miedos y no tenía claro que hacer con su vida. Sin embargo, superó todo eso tan solo para poder proteger y cuidar sus seres queridos, a su tierra y a su diosa. Tras observarle durante tanto tiempo, se sentía como algo más que su diosa patrona. Sus alegrías, sufrimientos, triunfos y derrotas...las sentía como propias. Lo había visto crecer y madurar tantas veces que para ella, era como un hijo...Y en cierto modo era su hijo.
ooOoo
Link paseaba tranquilamente junto a Farore. La misteriosa joven de aspecto infantil y cabello verde solía esperarle siempre cerca del Bosque Perdido.
Una vez al mes quedaban allí para conversar e intercambiar información relacionada con la seguridad de Hyrule. Link era de las pocas personas conocedoras de la existencia del Oráculo de los Secretos. Las otras eran Zelda, Din y Nayru. Las brujas Birova estaban muertas, al igual que Onox y Veran, quienes nunca habían sospechado de la existencia de un tercer oráculo.
—¿Seguro que no quieres saber con quién está engañando el duque Dagianis a su esposa? ¿O lo que hace el rey por las noches en sus aposentos cuando está solo? ¿O lo que dicen de ti las damas de la corte?
—Los cotilleos y vidas de los nobles no me interesan, Farore-—e repitió Link por décima vez a su informante.
—Pues deberías—rió Farore—. Este tipo de cosas son poder en el mundo de la nobleza, amigo mío.
—No me gusta depender de esa clase de poder.
—Y eso te ennoblece, Héroe de los Oráculos—admitió Farore con una pequeña sonrisa rindiéndose—. De acuerdo, ¿entonces qué quieres saber?
— ¿Hay algo o alguien que amenace a nuestro reino?
—La paz reina en toda Hyrule, amigo mío—dijo feliz Farore—. Hay algunos bandidos sueltos por ahí y algún que otro monstruo, pero desde que eres general del ejército tanto los primeros como los segundos han sido repelidos por los soldados.
-Hum…
-¿Y ese hum?
—Todo va bien por el momento, pero el ejército de Hyrule siempre ha tenido la mala fama de fallar en los momentos más importantes y decisivos—dijo Link con gesto preocupado—. Al menos eso dicen los libros de historia.
—Bueno, algo de verdad tiene esos libros—confesó Farore con una risita nerviosa mientras se rascaba la cabeza—, pero hay que tener en cuenta que hay muchos factores que influenciaron aquellas aplastantes derrotas.
—Por eso quiero que los soldados sean tan fuertes que las siguientes generaciones estén deseosas de superarlos—dijo Link con algo más de entusiasmo—. De esa forma nuestros descendientes no sufrirán bajo las garras del mal.
— ¿Nuestros descendientes?—repitió Farore con una sonrisa pícara en su rostro—, ¿es qué ya sabes con quién quieres tener descendientes?
—B-bueno…Y-yo…—Link estaba tan nervioso que no sabía que decir.
— ¿Tal vez hay una bella doncella a la que ya estés cortejando en secreto?
—…
—Tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo—le dijo Farore guiñándole un ojo—…Dime, Link… ¿La quieres?
—Más que a nada en este mundo, daría mi vida por ella—confesó Link sin titubear ni un instante.
—Entonces no tengas miedo de nada—dijo Farore poniéndose algo seria—. Estoy segura de que vuestro amor es de esos que sobreviven el paso del tiempo. No permitáis que nada ni nadie os separe.
—…Gracias, seguiré tu consejo—dijo Link sorprendido—… ¿Alguien más lo sabe?
—No, solo yo. Aunque supongo que muy pronto le darás ese objeto brillante que le compraste el otro día a aquel goron—dijo Farore. Le costaba mucho no reírse al ver la expresión de sorpresa de Link—. Cuando se lo des a tu doncella me temo que vuestra relación no será ya un secreto.
Link sonrió finalmente mientras daba un pequeño suspiro.
—No sé cómo consigues enterarte de todo—dijo Link con cierta admiración por su amiga—, ¿algún día me lo dirás?
Farore rió al oír la pregunta.
-Lo siento, pero es un secreto para todos.
-Diosa del Poder/Oráculo de las Estaciones-
A pesar de haberla ayudado, Din creyó durante mucho tiempo que la decisión de Hylia de perderlo todo por un mortal era estúpida. Sentir amor por un mortal… ¡Qué tontería!... Ahora que había conocido personalmente a Link, podía entender a su hermana. Era imposible no enamorarse de ese mortal. Una lástima que se hubiese dado cuenta tan tarde. Lo que daría por estar en el lugar de su hermana...
ooOoo
Din observaba, escondida tras un árbol, como una joven pareja intercambiaba besos y caricias en un rincón del jardín. Había acudido al castillo de Hyrule con la esperanza de confesarle algo muy importante a Link. Pero al llegar la realidad le golpeó con fuerza.
La bailarina de Holodrum veía con cierta envidia como Link sacaba un anillo y hacía la pregunta que la princesa tanto tiempo llevaba esperando. Vio cómo se abrazaban mientras lágrimas de felicidad surcaban sus rostros.
—Todo está predestinado—susurró Din. El dolor podía notarse en su voz. Se sentía tan estúpida por haber creído que durante su estancia en Holodrum, Link habría desarrollado profundos sentimientos hacia ella. Sentimientos que tal vez superasen el lazo rojo que lo unía a otra diosa.
La Oráculo de las Estaciones sabía muy bien que interponerse entre ellos sería romper el juramento que hizo hace tanto tiempo. No importaba que hubiese abierto por fin los ojos, el Héroe elegido y su hermana debían estar juntos.
—He cometido muchos errores en mi larga vida—dijo Din con tristeza—. La mayor fue otorgar la Trifuerza del Poder a la manifestación del odio de Demise. Creía que usaría mi don para cambiar su naturaleza maligna, más no fue así. No cometeré el error de herir a mi hermana, a la que tanto quiero.
Din sonrío. Era tan directa y apasionada que no solía meditar muy bien sus decisiones, por suerte en ese momento vio un lazo de color dorado rojizo uniendo las alamas del Héroe y la princesa, eso fue el signo definitivo que le hizo darse cuenta de que estaba tomando la decisión correcta.
—Adiós, Link…Nos veremos en tu boda…
ooOoo
Farore, Din y Nayru observaban desde lejos como los jóvenes intercambiaban juramentos de fidelidad y amor eterno, algo nada común en una boda de la de la nobleza.
Pero los novios no eran nada comunes. La princesa Zelda y el general Link tan solo estaban reafirmando algo que los oráculos y ellos mismos sabían. Que Hylia y su amado siempre estarían juntos, de una forma u otra.
—Parecen muy felices—comentó Nayru al ver como los novios se besaban como si no fuesen a verse nunca más.
—Más les vale ser felices—dijo Farore con una amplia sonrisa—. Después de todos los problemas por los que hemos tenido que pasar para que siempre reencarnen en la misma era.
—Sin duda nuestra hermanita es muy afortunada—dijo Din cruzándose de brazos—. Tiene un marido por el que muchas mujeres matarían.
— ¿Mujeres como tú?—rió Farore.
— ¡C-cállate!—rugió Din avergonzada y con las mejillas rojas.
—Para mí, es Link el afortunado al tener a nuestra hermanita como esposa—dijo Nayru.
—Dejémoslo en que los dos son muy afortunados—dijo Farore, sin muchas ganas de comenzar una discusión.
Las tres Diosas/Oráculos caminaron juntas hacia los recién casados para felicitarlos y sin que ellos lo supiesen, bendecir de nuevo el lazo del destino que unía sus almas.
—Nayru, Din, Farore—las saludó Zelda cuando ella y su ahora marido, estuvieron algo alejados del resto de invitados—. Gracias por venir a nuestra boda.
—Nos hace muy feliz que podáis estar en el día más importante de nuestras vidas-comentó Link mientras sujetaba con firmeza la mano de su esposa. Ninguna de las tres oráculos lo había visto jamás con una sonrisa tan amplia y unos ojos tan brillantes. Sin duda alguna el joven era feliz.
Din ocultó muy bien su tristeza al ver las manos de ambos entrelazadas con fuerza. Nayru tuvo que secarse con un pañuelo las lágrimas que asomaban sutilmente por sus celestes ojos y Farore abrazó con alegría a la pareja.
—Deseo que tengáis el valor de afrontar la difícil misión que es el matrimonio—dijo Farore.
—Deseo que tengáis la sabiduría para aceptar vuestros problemas y corregirlos—dijo Nayru.
—...Deseo que tengáis el poder para superar cualquier obstáculo que se interponga en vuestro camino—dijo Din tras darles una palmada en la espalda.
—Y nosotros deseamos que la luz de las Diosas guíe siempre vuestro camino—dijo Zelda con una tierna sonrisa.
—Muchas gracias por vuestras bendiciones—les agradeció Link.
—No, gracias a ti Link, por ayudarnos a comprender que las cosas nunca son lo que parecen—dijeron ellas al mismo tiempo—. También te damos las gracias a ti, Zelda, por ser capaz de ver con el alma y no solo con los ojos.
Link y Zelda estaban algo confusos por aquellas palabras, pero tan solo inclinaron sus cabezas y sonrieron. Tras esto todos, menos Farore, regresaron a la fiesta pues los cocineros ya habían traído la enorme tarta de boda, y los invitados se morían por probarla.
A Link Between Worlds/Triforce Heroes
—Ravio, tras mucha deliberación he decidido, por una vez en mi vida, tomar las riendas de mi destino—dijo Hilda muy seria—. Esta vez no dejaré que nadie, ni siquiera el consejo, influya en mi decisión.
— ¿Decisión, princesa?—preguntó Ravio algo confuso. No era común ver a Hilda tan nerviosa cuando por lo general era alguien más…dominante. A sus ojos eso la hacía más atractiva, aunque jamás lo diría en voz alta. A pesar de llevar un año cortejándolo aún no sabía que cosas podía decir y cuáles no. Le daba mucho miedo traspasar alguna clase de línea invisible y estropearlo todo.
Hilda cogió aire antes de soltar la gran noticia.
—Ravio... ¿quieres casarte conmigo?
ooOoo
— ¿Y qué le dijiste?—le preguntó Link intrigado.
— ¿Y qué le iba hacer? ¡Le dije que sí, por supuesto!—exclamó Ravio muy feliz—. Soy un cobarde, pero no un estúpido. Aunque si te soy sincero, jamás pensé que alguien como yo y Hilda…Bueno, ya sabes. Somos amigos de la infancia y desde que Yuga ya no está nos habíamos vuelto muy cercanos… ¡Pero nunca pensé que llegaríamos a esto!
Los dos amigos podían conversar usando espejos gracias a un hechizo de Zelda. Link contemplaba con cierta envidia como Ravio sonreía igual que esos tontos enamorados que tantas veces había visto al pasear por la Ciudadela.
—Y dime, ¿qué tal tú y Zelda?—preguntó Ravio cuando salió de su ensimismamiento.
— ¿Qué quieres decir?
—Ya sabes lo que quiero decir.
—No, no lo sé—replicó Link de mala gana. Se cruzó de brazos dando a entender que no iba a ceder ante las insinuaciones de Ravio.
—Bueno, tú y yo somos "contrapartes" por lo que deduzco que nuestros gustos por las mujeres pueden o deben ser similares.
—Lo dudo—resopló Link—. Zelda no se parece en nada a Hilda.
—Cierto, Hilda es mucho mejor.
—Ravio…
— ¿Qué?, ¡es la verdad!
—Zelda no estuvo a punto de destruir dos reinos y ni invocó a la más famosa encarnación del mal.
—…Eso es caer muy bajo, amigo.
Link decidió no contestar. No era la primera vez que tenían esa clase de discusión y no tenía ganas de estar horas hablando sobre como las virtudes de Zelda eran superiores a las de Hilda. Ni tampoco quería oír a Ravio diciendo lo contrario.
— ¿Qué te pasa?, pareces deprimido—comentó Ravio algo preocupado al ver el desánimo en el rostro de su amigo.
—…Yo…—Link pensó que no merecía la pena esconderle aquello a Ravio—. El consejo de Hyrule por fin me ha dado permiso para cortejar a Zelda.
— ¡Pero eso es una gran noticia! Que calladito te lo tenías, ¿eh?-dijo Ravio con una sonrisa pícara—. Aunque no entiendo porque no estás más feliz.
—E-es complicado—dijo Link nervioso.
— ¿Complicado?—Ravio seguía sin entender la actitud de su contraparte.
—También he recibido una carta del consejo de Pasarelia—confesó Link finalmente—. Me piden encarecidamente que corteje a la princesa Cursilinda.
Ravio se quedó sin habla. Que se le otorgase a un plebeyo el honor de cortejar no a una, sino a dos princesas era algo insólito e inconcebible. El mercader de Lorule no sabía si sentir envidia o pena por Link
—… ¿Y qué es lo que vas a hacer?—preguntó tras varios minutos de silencio.
—No lo sé—respondió Link con sinceridad—. Zelda y yo…La conocí hace tres años por culpa de Yuga, pero siento como si la conociese de toda la vida. Siempre que estoy con ella es como si…nos complementásemos el uno al otro.
— ¿Y entonces cuál es el problema?—para Ravio estaba muy claro a quien debía cortejar Link.
— ¡Qué no quiero provocar una guerra!—exclamó Link angustiado mientras se llevaba las manos a la cabeza—. Tú no sabes cómo son los habitantes de Pasarelia. Se toman todo demasiado en serio, sobretodo Cursilinda. Por culpa de una bruja se quedó atrapada en unas mallas ajustadas, ¡y ya no quiso salir nunca más de su habitación! ¡Por unas malditas mallas!
—…Mallas ajustadas…
—Ravio, deja de pensar en Hilda de esa forma—le aconsejó Link tras ver el sonrojo de su amigo.
— ¡¿Cómo sabes lo que estoy pensando?!
—Porque yo pensé lo mismo con Zelda.
Ravio tosió de forma brusca y miró hacia otro lado.
—Bueno…Creo que no deberías tener miedo de hacer caso a tu corazón-le aconsejó el mercader de Lorule—. Si es por Zelda por quien sientes algo, entonces no dudes más. No seas un cobarde como yo.
—Ravio, realmente te subestimas. Sin ti yo no habría podido vencer a Yuga y no solo Lorule sino también Hyrule habrían caído—dijo Link muy serio—. Fue gracias a ti que Hilda recuperó la sensatez. Algún día te darás cuenta de lo valiente que eres.
—Si piensas que vas a emocionarme con ese discurso estás muy equivocado—dijo Ravio mientras se colocaba su máscara de conejo para evitar que se vieran sus lágrimas.
—Claro, lo que tú digas—se burló Link de forma amistosa—. Gracias por todo, seguiré tu consejo.
—Tu tranquilo. Si se produce una guerra me aseguraré de que tengáis a Lorule como aliada.
—Más te vale…
—Oye, ¿y los dos héroes que te ayudaron en Pasarelia?—preguntó Ravio al acordarse de lo que Link le contó hace un tiempo.
—Esos dos "Links" eran clones creados con magia que Zelda me prestó—confesó Link—. Si no hubiese llevado a dos personas más conmigo que tuviesen los "rasgos" de un héroe no me habrían permitido salvar a Cursilinda.
—Entonces me temo que esa princesa humana se va a quedar sin su héroe hyliano.
ooOoo
Link estaba delante de su adorada princesa. Arrodillado y con la cabeza fija en el suelo. La anciana Impa le había advertido que Zelda no estaba muy feliz así que debía andarse con cuidado. Como sospechaba, la había encontrado mirando fijamente su cuadro favorito, en el cual salía un Héroe de la antigüedad abrazado a una princesa.
—Princesa…No, Zelda—dijo alzando la vista—. Siento mucho haber dudado y haberte hecho esperar. Para mí tu eres la única princesa con la que me casaría y mi amor hacia ti es inmenso, sin embargo, al haber dudado he puesto en duda mi amor. Si no quieres que te corteje lo aceptaré sin resentimiento alguno. Tan solo pido tu perdón.
Zelda lo miró fijamente durante unos minutos, minutos que a Link le parecieron años, hasta que finalmente una sonrisa asomó por su rostro. Zelda se agachó y cogió el rostro de Link entre sus manos. Sus azulados ojos indicaban que al menos no estaba furiosa con él.
—Link, por supuesto que te perdono—dijo con suavidad—. Es verdad que estoy algo dolida por que hayas considerado la oferta de los ministros de Pasarelia, pero puedo entender tus motivos.
—Entonces...
—Sí, acepto ser cortejada por ti—Zelda apenas tuvo tiempo de terminar de hablar pues Link la abrazó con fuerza mientras llenaba su cara de besos y le decía palabras de agradecimiento al oído. La joven princesa rió mientras le devolvía los besos con igual o más fervor-. Aun así, vas a tener que compensar todas estas horas de preocupación.
—Haré cualquier cosa que me pidas, mi princesa—dijo Link de inmediato.
—Vas a enviarle una carta a Cursilinda y a los ministros de Pasarelia diciéndoles tus motivos para rechazar su oferta.
— ¿P-pero eso no sería mejor que lo hicieses tú?—preguntó Link poniéndose algo pálido.
—No, mi querido héroe-contestó Zelda con una traviesa sonrisa en su rostro-, es mejor que te vayas acostumbrando a hacer este tipo de cosas si alguna vez quieres ser mi príncipe consorte.
-C-claro...
Para no dejarle con mal sabor de boca, Zelda volvió a besarle y esta vez con más pasión. Las palabras que le susurró Link habrían hecho que Impa se desmayase, por suerte solo ellos dos estaban allí.
ooOoo
— ¿En serio Link te dijo todo eso?—preguntó Hilda con curiosidad y por qué negarlo, algo de emoción.
—Sí, parecía tan arrepentido que no pude decirle nada de lo que tenía planeado—dijo Zelda, cuyo enfado con Link se había esfumado por completo.
—Debes imponerte más—le aconsejó Hilda—. Tienes que dejarle claro que tú eres la que lleva las riendas en la relación.
—Hilda, las relaciones tiene como base el amor, el respeto y la igualdad-la riñó Zelda—. Las dos partes llevan las riendas.
—Eres demasiado amable—suspiró Hilda—. Aun así, va a hacerse responsable de sus actos.
—Quizás debería ayudarle con la carta—dijo Zelda pensativa.
— ¡No!, como bien le has dicho, es mejor que se acostumbre a ese tipo de cosas.
Zelda dió un pequeño suspiro.
—Cierto... ¿Y qué tal va tu relación con Ravio?
— ¡Muy bien!—exclamó Hilda con alegría desmedida—. Tan bien que aún no puedo creérmelo.
— ¿Por qué?
—Que alguien como yo, que ha cometido tantos errores, pueda ser feliz y que encima una persona tan buena como Ravio me quiera...—Hilda no pudo terminar pues recuerdos dolorosos asaltaron su mente—. Me parece tan surrealista. No importa cuántas veces fue mala con él, siempre me perdonó e intentó ayudarme...a su manera.
—Porque eso es lo que haces por las personas a las que amas—le dijo Zelda—. Estás con ellas y las ayudas a no ir por el mal camino. Hilda, me prometiste que no volverías a dudar de ti misma. Eres una buena regente y junto a Ravio haréis que Lorule sea grande de nuevo.
Hilda se quedó en silencio durante unos instantes, procesando las palabras de su amiga.
—...Eres de las pocas personas que no dudan de mí, Zelda. En momentos así puedo ver porque Link te ama. Tienes un corazón demasiado grande.
Zelda se sonrojó ligeramente.
—No Hilda, lo que tengo es a personas maravillosas a mi lado que me han enseñado a valorar las cosas importantes de la vida. Tú y Ravio vais a ser muy felices si seguís apoyándoos el uno al otro.
—Gracias, princesa de Hyrule-dijo Hilda con una sonrisa—. Os deseo a ti y a Link una feliz vida como futuros monarcas, nunca dejéis de tener unas almas tan brillantes.
—Gracias, princesa de Lorule.
The Legend of Zelda/Link´s Adventure
La vida de Link era complicada. El solo quería ser un aventurero y hacer lo que hacía cualquier aventurero. Descubrir tesoros, matar demonios, viajar por tierras inhóspitas, deshacer maldiciones, impartir justicia y rescatar princesas. Esa última parte era lo que le había traído tantos problemas.
Todo empezó un día como otro cualquiera en el que se encontró con una anciana llamada Impa, la cual estaba siendo atacada por unos monstruos. Hasta ahí todo normal. Después del heroico rescate, Impa le pidió que rescatase a la legendaria princesa Zelda, de quien se decía que era la reencarnación de la Diosa Hylia.
Link pensó que la anciana se había dado un buen golpe en la cabeza. Pero por no ser maleducado escuchó las peticiones de aquella extraña anciana. Encontrar los ocho fragmentos de la Trifuerza de la Sabiduría ocultos en mazmorras secretas, salvar a Zelda, matar al demonio Ganon y devolver la paz en Hyrule… En momentos así Link deseaba haberse quedado en casa.
Lo más raro que llegó a encontrarse en su viaje fue a varios ancianos escondidos dentro de mazmorras y cuevas, esperándole para regalarle armas o consejos...Link pensó que aquellos ancianos debían de tener mucho tiempo libre, porque no se le ocurría otro motivo por el cual querrían estar esperando durante días, incluso años, dentro de una cueva a que un Héroe viniese a hablar con ellos.
Tras terminar con su ardua misión decidió irse antes de que alguien más le pidiese un favor. No tuvo tanta suerte pues una guerra civil estalló en Hyrule. La ausencia de Zelda, debido a su cautiverio, había creado un vacío de poder que todos los nobles y ministros aprovecharon para intentar quedarse con la corona. Algo normal y esperable.
Link tuvo que quedarse y combatir en el bando de la princesa Zelda. Por desgracia, la princesa quiso combatir junto a sus hombres a pesar de no tener experiencia en combate y sucedió lo esperable, fue herida de gravedad.
La información de que la princesa tenía los días contados era tan solo conocida por unos pocos, entre ellos Link, quien deseaba con todas sus fuerzas no haberse ido nunca de casa. La situación era muy desesperada para los que querían a un miembro de la familia real como líder de Hyrule y la guerra se recrudecía por momentos.
Link cumplió dieciséis años justo el día en el que Zelda murió. Fue en ese día que su vida se complicó cuando un brillante mapa apareció dibujado en su mano. Fue ese día en el que Impa decidió revelar a Link una información de suma importancia. El por qué no lo hizo antes sigue siendo un misterio.
Impa le explicó que la princesa Zelda no era la verdadera reencarnación de la Diosa Hylia, aunque si era descendiente de la realeza de Hyrule. Impa le dijo que, en el Castillo del Norte, había una doncella llamada Zelda y estaba sumida en un profundo sueño. Ella era la verdadera reencarnación de Hylia, la verdadera Zelda de la cual se hablaba en las leyendas, historias y cuentos de Hyrule.
Impa dijo que hace mucho tiempo la verdadera Zelda se negó a decirle a su hermano la ubicación de la Trifuerza del Valor. Su hermano era el príncipe regente de Hyrule, pero también era codicioso, arrogante, desconfiado y algo sádico.
Harto de las negativas de su hermana, el príncipe pidió a un mago que la interrogase. El mago había sido consejero del antiguo rey y sus poderes eran sin duda inmensos. Solo algunos sabían de su insano gusto por la magia negra. Zelda sospechaba que la actitud de su hermano se debía en parte a la mala influencia de este mago.
—Pero aun así el mago no pudo sacarle la verdad a Zelda, ¿verdad?—preguntó Link, totalmente metido en la historia.
— ¡Cállate!, no vuelvas a interrumpirme o no te contaré el resto—le amenazó Impa—. Además, desde cuando dices más de dos palabras seguidas, lo tuyo es callar, escuchar y obedecer.
La mente de Zelda/Hylia era demasiado poderosa por lo que el mago fracasó en su empeño. A pesar de sus continuas amenazas Zelda se mantuvo impasible e incluso rechazó con su magia la del mago. Este, enfurecido, usó su más poderoso hechizó y la sumió en un sueño eterno, para luego morir en el acto.
—Pue menudo mago más patético—comentó Link al oír el final de aquel villano.
—Ten encuentra que necesito todas sus energías para poder dormir a la encarnación mortal de Hylia—le explicó Impa—. Y menos mal que murió porque sospecho que era parte de una secta que adoraba a Ganon.
— ¿Hay una secta que adora a Ganon?—preguntó Link sorprendido y asqueado-. ¿Por qué no hay sectas que adoren a los Héroes como yo? Sería la mejor secta del mundo, ¡una secta heroica!
Impa lo miró durante un rato con una extraña expresión en su rostro.
—Cuan cierta es la frase que dice: "Más vale callar y parecer tonto, que hablar y despejar todas las dudas"—murmuró la anciana sheikah.
— ¿Cómo?
—Nada, déjame seguir con la historia.
El príncipe, como era lógico, se sintió culpable de la condición de su hermana. Al no estar bajo el embrujo del mago recobró su cordura y trasladó a su hermana a la torre del Castillo del Norte, con la esperanza de que algún día despertase. Además, el príncipe decretó que toda niña que naciese en la Familia Real de Hyrule llevaría el nombre de Zelda. De esa forma se recordaría siempre a su hermana.
—Pero según los libros de historia todas las princesas de Hyrule ya se llamaban Zelda antes de ese decreto—dijo Link confuso.
— ¿Sabes leer?
— ¡Pues claro que sé leer!—replicó el Héroe muy ofendido.
Impa ignoró al joven y procedió a explicarle lo que debía hacer a continuación.
—Esa marca en tu mano indica que eres el héroe elegido para despertar a Zelda.
— ¿Con un beso de amor verdadero?—preguntó esperanzado el Héroe. Con la falsa Zelda no había tenido una relación más allá de una simple amistad. Tal vez con la verdadera Zelda las cosas fuesen diferentes.
— ¡¿Un beso de amor verdadero?! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Qué más quisieras!, pero si ni siquiera la conoces—rió Impa al pensar en tal ridícula idea. Aunque…si Link era la reencarnación del Héroe elegido por las diosas tal vez aquello no era tan mala idea… ¡No!, lo mejor era ceñirse al plan.
Entonces, le dio al decepcionado Héroe un cofre con seis cristales y escritos antiguos. Con ellos tendría que viajar por Hyrule y abrir el camino hacia el Gran Palacio, donde estaba la Trifuerza del Valor. Con ella, y no con un beso de amor verdadero, podría despertar a Zelda.
—Bueno, he vencido a Ganon y muchos monstruos, ¿qué tan difícil puede ser despertar a una princesa/Diosa rencarnada?—dijo Link para nada molesto con su misión. Ya se iba haciendo a la idea de que su vida iba a consistir en hacer recados para todo el mundo.
—Date prisa—le urgió Impa con impaciencia—. Hyrule necesita una Zelda cuanto antes.
Mientras tanto, los seguidores de Ganon habían formado una secta cuyo único objetivo era asesinar a Link para usar su sangre y resucitar al rey demonio. Siendo sinceros, nunca pasaron de ser una anécdota en la aventura de link.
Finalmente, Link venció a todo lo que se le puso por delante, incluido su némesis Dark link, consiguió la Trifuerza del Valor y despertó a Zelda, quien le recompensó con un beso. Y años después con un matrimonio y la oportunidad de ser rey de Hyrule, aunque el puesto le quedaba demasiado grande.
Por supuesto, Link aceptó todo aquello. La vida de aventurero no era tan divertida e ir por la vida haciendo favores le estaba pasando factura a su cuerpo. A ese ritmo iba a tener la misma salud que un hyliano de doscientos años.
Siendo rey su vida fue más complicada, por suerte su esposa era inteligente y hacía todo el trabajo mientras él dirigía el ejército de Hyrule.
Al final de su vida Link fue descrito en los libros de historia como uno de los mejores reyes de Hyrule, lo cual no era del todo cierto, y como el mejor guerrero de Hyrule, lo cual si era más cierto. La cuestión es que al final él y la verdadera Zelda comieron cuccos y vivieron felices para siempre.
Agradecimientos a todos los que han seguido esta historia hasta el final. Seguramente haré un capítulo extra para Breath of the Wild e Hyrule Warriors, así que esto no es una despedida :)
