Y aquí llega el capítulo 6 :D Sinceramente, me costó menos de lo que pensé :$
Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, la historia si :3
EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)
Capítulo 6
Apenas llevaban unos días de viaje cuando los piratas asaltaron un barco. Isabel se dio cuenta que era el primero en todo lo que llevaba allí.
Cuando la acción estaba a punto de comenzar, miró a Gilbert, interrogante. ¿Qué se suponía que debía hacer?
—Hey, Isa, no te preocupes, vuelve a tu camarote, ¿vale? Yekaterina siempre se queda dentro cuando vamos a abordar un barco.
Isabel asintió con resignación.
No es que quisiera colaborar en el asalto —ni mucho menos—, pero esa situación le había hecho abrir los ojos. Todos en aquel barco, excepto Yekaterina, sabían manejar armas con total precisión.
Ella no tenía con que defenderse. Y eso la hacía sentirse terriblemente vulnerable.
Aunque las armas tampoco le habían atraído nunca. Los piratas aliados de Arthur siempre estaban armados y ella lo aborrecía.
Pero también era consciente de que era una locura vivir en ese mundo sin poder defenderse. Tendría que pedirle ayuda a Elizabeta, aunque esperaba que su consejo no consistiera en regalarle una sartén.
Siguiendo las instrucciones del prusiano, Isabel entró en su camarote, donde se encontraba Yekaterina.
—Entonces, ¿tú no luchas? —le preguntó la castaña, curiosa.
—No me gusta mucho luchar —le respondió la mayor con una sonrisa afable —. Cuando mis padres murieron y después de una serie de… circunstancias, tuve que encargarme de mis dos hermanos, pero… A pesar de ello, siempre tuve la sensación de que mi hermano era quien se encargaba de mí. Yo no quería tener nada que ver con la violencia, así que aunque yo hacía el papel de madre, era él quien nos defendía a mi hermana y a mí de los verdaderos peligros.
Isabel la miró fijamente. La verdad es que si que parecía alguien que pudiera ocupar el papel de madre en una familia.
—Y, ¿cómo terminaste en un barco pirata?
La ucraniana titubeó un segundo.
—Bueno, cuando fue suficientemente mayor, mi hermano decidió que no quería quedarse más donde vivíamos. Allí sólo había miseria para él y para nosotras… Cuando era pequeño, cuando mis padres aún vivían, siempre soñaba que se haría pirata y recogería todas las riquezas del mundo y nos haríamos ricos y no tendríamos que vivir en nuestra situación nunca más. —Isabel advirtió un deje de tristeza en su voz, pero había algo más, algo verdaderamente desesperante. Aunque sentía mucha curiosidad, prefirió no preguntar. Ella le contaría lo que quisiera —. Cuando crecimos, después de… todo lo que nos pasó, lo que le pasó, mi dulce hermanito seguía teniendo el mismo propósito. Seguía diciendo que seríamos ricos y que no tendríamos que trabajar, ni mendigar, ni… —A Yekaterina le empezaron a salir lágrimas de los ojos.
—No hace falta que sigas —susurró Isabel, preocupada por la mujer.
—Se lanzó a la mar —continuó ella, después de secarse las lágrimas y dedicarle una sonrisa melancólica a la española —. Yo no quería que se fuera, quería que los tres estuviéramos juntos. Y por supuesto mi hermana pequeña fue tras él. Mi hermano siempre había sido su héroe. ¿Cómo no seguirle? No hubo manera de convencerle de que se quedara. Después de que se fueran, pasé días llorando, sin saber qué hacer. Echándoles la culpa por abandonarme. Y después me llegó su primera carta. Estaba tan feliz de ver que estaban bien… Pasó un tiempo hasta que me di cuenta que la culpa la tenía yo. Había querido actuar como una madre, pero en realidad era sólo su llorona hermana mayor. Había sido yo quien había roto nuestra familia.
La ucraniana hizo una pausa mientras intentaba impedir que las lágrimas volvieran a salir.
—En sus cartas nombraba los capitanes con los que había firmado alianzas. Le tenía especial cariño a Yao. Eso me hacía feliz. Si mi hermano era feliz, yo era feliz. Y un día llegó a la ciudad un famoso capitán: Arthur Kirkland. Yo no cabía en mi misma de la felicidad que sentí. Era uno de los aliados de mi querido hermano. Hizo todo lo posible por encontrarme con él, aunque tenía un miedo enorme. Cuando por fin me conseguí reunir con el capitán, intenté explicarle mi situación, pero tenía mucho miedo. Había oído historias horribles sobre Arthur. No sabía que podía pasar y me daba cuenta de la tontería que había hecho. Sin poder evitarlo, apenas acabé mi historia me eché a llorar. Pensé que ese era mi fin. No creía que tomaran muy en serio a una llorona. Pero, sin embargo, el temible capitán Kirkland, sonrió y me dijo que le debía mucho a mi hermano. Me ofreció unirme a él en calidad de invitada hasta encontrarle y yo acepté encantada.
—¿Arthur hizo eso? —susurró Isabel incrédula.
—Sí, fue muy bueno conmigo, así que decidí encargarme de la cocina. Él insistió en que no debía, pero… Tenía que hacer algo para agradecerle lo que estaba haciendo por mí.
—¿Aún no habéis encontrado a tu hermano?
La ucraniana empezó a estar incómoda.
—En realidad si… Pero cuando le encontramos yo ya estaba muy unida a la tripulación. Eso le cabreó mucho. Nunca había visto a mi dulce hermano tan enfadado. Aunque a mí no me gritó, simplemente me miró dolido, y yo le comprendía. Había llorado y me había negado a unirme a él cuando se convirtió en pirata, y sin embargo estaba en otra tripulación. Los gritos fueron dirigidos hacia Arthur. No lo recuerdo muy bien, porque me encerré en el camarote. Pero sé que golpeó a Arthur bastante. Luego me dijeron que realmente el capitán no había hecho nada para defenderse. No lo entendía, ¿por qué iba a dejar que le pegaran? Ahora lo comprendo mejor… Arthur piensa que le debe todo a mi hermano. Su vida, el sentido de su existencia. —La ucraniana vaciló, estaba claro que no quería desvelar cosas de la intimidad de los demás —. Hemos tenido más encontronazos con él. Por lo general, me escondo. Sé que le hace daño verme en la tripulación de otro. Se siente traicionado. Y también sé que le causa muchos problemas a Arthur. Y Gilbert… —Yekaterina cayó repentinamente y empezó a llorar —. Y sé que todo es mi culpa, que si me hubiera ido con él la primera vez nada de esto pasaría y…
—¿Qué pasó con Gilbert? —le preguntó Isabel, un poco consternada.
—Él… él me odia… Y yo lo comprendo, porque aunque no lo admitamos abiertamente, todos sabemos que las acciones de mi hermano se desencadenaron por el hecho de que yo esté en esta tripulación. —Yekaterina intentó hablar, pero las palabras no le salían. Miró a Isabel con una disculpa escrita en la cara. Isabel suspiró con resignación. Y entonces recordó un momento, en su llegada al barco, en la cocina.
XxXxX
—Y Yekaterina es…
—Ella es nuestra cocinera. Aunque Gilbo siempre la ignora. Pobrecita.
—¿La ignora?
—Sí, bueno… ella es la persona más amable que vas a conocer jamás.
[…]
—Si necesitas algo… simplemente habla con ella. Y si quieres algo especial para comer díselo. Le encanta salir de la rutina en cuanto a lo que cocina se refiere.
—Pff… Seguro que es todo una fachada —murmuró Gilbert, recibiendo por primera vez una mirada de la húngara que no era de enfado, reproche o desaprobación —. Es hermana del ruso loco. Lleva la locura en sus venas.
XxXxX
Yekaterina dejó de llorar pero se quedó en silencio.
Isabel, mientras tanto, le daba vueltas en la cabeza a lo que había oído. A simple vista, el hermano de la ucraniana parecía una persona adorable, pero… Estaba claro que no lo era, y que le había hecho a Gilbert algo muy malo.
No sabía qué, pero la enfurecía. ¡Gilbert era su amigo!
Afuera se oyeron gritos cada vez más fuertes, y no pasó mucho tiempo hasta que todo se quedara en un relativo silencio.
Elizabeta entró al camarote, donde Yekaterina se encontraba sentada en su cama y Isabel tumbada en la suya.
—¿Ya habéis terminado? —preguntó Isabel sin querer saber realmente que es lo que había pasado.
Elizabeta, comprendiéndola, asintió con la cabeza.
La española se levantó para salir y despejarse mientras la húngara se giraba hacia Yekaterina.
—Oye… —le dijo suavemente —. Estamos por la zona. Si quieres algo grita, ¿vale?
Isabel miró confundida a Elizabeta cuando ésta cerró la puerta.
—¿La zona? ¿Qué es eso?
—Donde siempre nos encontramos con su hermano.
—¿Qué? ¿Y por qué pasáis por aquí? ¿Por qué no dais un rodeo?
—No podemos, el capitán tiene muchos negocios de los que sólo puede hacerse cargo pasando por aquí… Y Yekaterina nos dio su aprobación.
Isabel suspiró.
—Me ha contado algo respecto a su hermano, pero…
Elizabeta la miró como queriendo decirle algo, y en ese momento llegó Gilbert, alegre como siempre, con Gilbird encima de su cabeza.
—Mi asombrosa persona ha llegado, ¿de qué hablabais?
Las dos castañas vacilaron, mirándole, sin saber si decirle la verdad. Gilbert estaba ajeno a todo, sonriendo.
—Oh, vamos… ¿eran cosas de chicas? Podéis decírmelo, no se lo voy a contar a nadie.
Eso le costó una mirada reprobatoria de Elizabeta.
—Sí, cosas de chicas. Lárgate.
Ante estas palabras, el ánimo del prusiano decayó.
—Oh, está bien, veo que no sois suficientemente asombrosas para disfrutar de mi compañía.
—¡No! Gilbert, no queríamos decir eso… Yo solo…
—Gilbo, tú de verdad no quieres escuchar aburridas conversaciones sobre uñas, vestidos, cocina y cosas que les pasan a las mujeres una vez al mes, ¿verdad? —intervino Isabel en rescate de su amiga.
El albino palideció.
—Bueno, si ya decía yo que tenía muchas cosas importantes que hacer, ¿no? Adiós Isa, hasta la vista, marimacha.
Y desapareció veloz.
Elizabeta e Isabel se sentaron juntas.
—¿Qué es lo que ocurrió, Eli?
—En realidad ni siquiera yo lo sé. Le cuesta hablar de lo que le pasa en el barco. Braginski parece haberle cogido un cariño especial. —Este comentario hizo que Isabel se estremeciera —. Todo comenzó hace un tiempo… Francis, Emily y Madeleine estaban de visita, y como no, estábamos todos bastante relajados porque sabíamos que no nos iba a atacar nadie…
La húngara se quedó pensativa un momento, pensando como continuar la historia.
—No, espera, no comienza ahí. No hacía mucho tiempo que nos habíamos encontrado con Braginski. Todo iba a pedir de boca aquel día. Arthur estaba un poco temeroso porque el otro capitán tiene una personalidad un tanto extraña… Se comporta como un niño. Un niño que consigue lo que quiere y cuando quiere. Yekaterina nos había advertido acerca de él, aunque igualmente no sabíamos que esperarnos. Pero llegó el momento de la verdad, y Yekaterina no quiso dejar nuestra tripulación. Todos nos sorprendimos y alegramos. La queríamos mucho. Todos menos Braginski. Llegamos a temer por nuestra vida. Fue lo más aterrador que habíamos visto. Incluso enfadado, incluso dándole una paliza a Arthur que casi lo dejó muerto… él seguía con esa sonrisa infantil en su cara. Actuaba como si fuera natural. No creo que se diera cuenta de algo más aparte de sí mismo.
—¿Carece de empatía? —preguntó Isabel, dudosa de a qué se refería su amiga.
—No —negó Elizabeta —. No es eso. Es lo que te he dicho antes. Un niño sólo se preocupa por él. Pero no porque sea egoísta, sino porque no sabe por qué debería preocuparse por los otros… Es complicado.
Isabel asintió con la cabeza. Le parecía que más o menos entendía a dónde quería ir a parar.
—Pero la diferencia es que él no es un niño. Es un gigante con una fuerza sobrehumana, con necesidades muy diferentes a las de un niño y con la tripulación pirata más peligrosa que conozco a su cargo. Pero aquello no fue lo peor… Después de despedirnos, volvimos a encontrarnos con ellos… Y otro miembro de su tripulación abandonó el barco.
Isabel abrió los ojos. ¡Eso era una locura!
—Me acuerdo de la expresión de Berwald, mientras sujetaba a Tino contra él, y argumentaba que era su esposa, y que por tanto debían estar cerca para que pudiera protegerlo. Braginski le hizo elegir, y Tino eligió a Berwald… No digo que hiciera mal, ya les has visto. Aunque Tino a veces se incomoda un poco por la presencia aterradora de Berwald, hacen una pareja estupenda…
Isabel sonrió levemente. Lo sabía, los había visto.
—Pero claro, esto ocasionó más odio por parte de Braginski… Nos separamos de él con las relaciones tensas entre los dos barcos. Un poco después, Gilbert se unió a la tripulación. Fue algo especial. Trajo a este barco una alegría que no teníamos desde el incidente del ruso. Gilbert avanzaba con su presencia, sin importarle lo que dijeran los demás…
—Eso suena muy como Gilbert —afirmó Isabel, imaginándoselo.
—Tenías que verlo después de conocer a Francis… No había visto mejores amigos nunca. Y luego llegó ese día… Francis estaba de visita, junto a sus protegidas. Todos estábamos tan tranquilos, que tardamos en darnos cuenta de que Madeleine había desaparecido… Y de que el barco de Braginski estaba junto al nuestro. Arthur se temía lo peor… Y acertó. Subió al otro barco él solo y volvió, diciendo que se encontrarían todos al día siguiente a mediodía.
—¿Secuestró a Maddie? —preguntó Isabel, sin poder creérselo.
—Si… Aún recuerdo cuando nos encontramos con ellos. Madeleine estaba muerta de miedo, pero por fortuna no le había hecho nada… Estaba intacta. Creo que Francis casi desmayó allí mismo al verla sana y salva. Arthur le preguntó a Braginski que quería a cambio de Madeleine. Él le respondió que simplemente quería pasar un buen rato con ella. Todo eso con su sonrisa. Esa que me pone tan nerviosa. ¡Eso es lo que más me fastidiaba! Él lo veía como algo natural… Quería algo, así que lo cogía. Sus razones eran simples. Y aún recuerdo la cara de Yekaterina cuando pronunció aquellas palabras. No sé qué significado tendrían en realidad, pero Yekaterina empezó a llorar.
Isabel tragó saliva mientras Elizabeta se aclaraba la garganta para seguir con la historia.
—Y luego, para sorpresa de todos, su sonrisa se acentuó y en sus ojos brilló un deje de locura cuando preguntó si había alguien que se ofreciera a ocupar su lugar… Podríamos habernos ofrecido cualquiera de nosotros. Desde Emily, hasta Francis, pasando por mí y por Arthur… pero estábamos todos en shock. El único que pudo reaccionar ante sus palabras fue Gilbert. —Elizabeta, bajó la cabeza para que la española no viera las lágrimas que se escurrían por sus mejillas —. En un principio, la expresión del ruso cambió… Estaba sorprendido. Supongo que no pensaba que nadie se ofreciera a ocupar el lugar de Madeleine. Sin embargo Gilbert se adelantó, orgulloso. Gritando que él la sustituiría.
Un escalofría recorrió la espalda de Isabel mientras se imaginaba al orgulloso Gilbert en esa situación.
—Todos estaban muy ocupados comprobando si Madeleine estaba bien cuando volvió con nosotros, y creo que fuimos pocos los que vimos la cara de Braginski cuando Gilbert se acercó a él. Una cara de felicidad. No de las fingidas, irónicas, o malvadas. Era una felicidad infantil que podrías ver en un niño al que le regalas un juguete nuevo. Gilbert simplemente se giró hacia mí y me sonrió. Le grité que no lo hiciera. Le grité con toda mi alma, pero no me hizo caso…
—¿Qué pasó después?
—Braginski y su tripulación se alejaron junto con Gilbert. Francis les persiguió, pero… No logró encontrarles. Desaparecieron sin dejar rastro. Al cabo de tres semanas nos vimos aparecer al barco en el horizonte. A plena vista. Algo inusual en Braginski. Nos devolvió a Gilbert. Intenté que me dijera algo, pero se limitó a estar callado. Se encerró en su camarote, y no salió de allí durante unos días. No comía y no bebía… Feliks gritaba cosas acerca de que no podía cambiarse de ropa, pero en realidad le preocupaba Gilbert… Cuando Arthur ya había decidido que si hacía falta le metería la comida por la fuerza, Gilbert salió del camarote. Tenía unas ojeras espantosas, pero fingió como si nada hubiera pasado, así que decidimos hacer lo mismo. Lo único que cambió fue su relación con Yekaterina. La ignoraba completamente excepto alguna mirada de odio… Eso la mataba por dentro pero simplemente lloraba a solas en nuestro camarote…
Isabel hizo ademán de interrumpir el relato, pero Elizabeta no la dejó.
—La cosa no termina ahí.
—¿¡Qué!?
—¿Cuántas veces han sido? —contó Elizabeta —. Creo que otras tres…
—¿Otras tres qué?
—Han sido otras tres veces las que nos hemos encontrado con Braginski… Y siempre hace lo mismo. Secuestra a alguien… Nos reunimos con él al día siguiente, y hace su pregunta… Y todos sabemos cómo va a continuar la historia.
—¿Se sigue ofreciendo voluntario? —susurró la española.
Elizabeta asintió con la cabeza.
—Me duele decirlo, pero la primera víctima después de Madeleine fui yo. No pude hacer nada para defenderme… Tampoco me hizo nada, pero yo estaba muy asustada. No sabía que podía hacerme. Cuando Gilbert comprendió la situación, palideció más aún. Me miró con pánico y durante unos segundos, la tensión entre él y Braginski se podía cortar con un cuchillo. No dudó ni un momento a la hora de ponerse en mi lugar.
—Pero… él… —Isabel no sabía que decir.
—Lo sé. La expresión de Braginski fue inolvidable. Estaba contento. Su juguete volvía a él por voluntad propia, si se le puede llamar así. Le cogió del brazo y le acercó a él. Gilbert se soltó con furia, y ese maldito ruso simplemente le dedicó una mirada de reproche como quien regaña a su mascota y le susurró algo al oído que hizo que Gilbert bajara la cabeza, como rindiéndose. Ni siquiera se despidió. Y ahora estamos en la zona de Braginski.
Isabel tragó saliva.
Todo lo que había debido sufrir Gilbert.
A la española le gustaría que el propio prusiano se lo contara, pero sabía que era imposible.
—¿Por qué Arthur no hizo nada?
—¿Qué?
—¡Qué por qué ese maldito idiota cejón no hizo nada por Gilbert!
Isabel la miró con fiereza.
—No habría podido hacer nada aunque quisiera. Era la decisión de Gilbert aunque a todos nos doliera.
—Yekaterina me dijo que Arthur se siente como si le debiera la vida a su hermano. ¿Es verdad?
—Si… Braginski fue su primer contacto con el mundo pirata, y en cierto modo, le sirvió de escudo durante los primeros años… Y luego, fue él quien le dio toda la información que necesitaba sobre la tripulación a la que perseguía. Y quien, finalmente, le dio su localización.
Isabel se quedó sin habla. Recordó su conversación con Arthur.
Ahora todo parecía que tenía un poco más de sentido… Por eso, el idiota inglés no había hecho nada. Aún así, decía mucho a su favor que no hubiera entregado ni a Yekaterina ni a Tino.
Elizabeta se disculpó con ella y se levantó, alejándose hacia la cocina. Esos días se debía ocupar ella sola de la cocina.
Isabel levantó la vista al cielo. Ya había oscurecido y era completamente de noche. Después de unos momentos en silencio, reflexionando, se levantó decidida a ayudar a Elizabeta en la cocina.
Nada más levantarse, oyó un ruido a su espalda y no le dio tiempo a girarse antes de una enorme mano le tapara la boca mientras la otra le cogía los brazos en la espalda.
Isabel intentó liberarse, pero quien sea que estuviera a su espalda tenía una fuerza enorme.
—No grites y no te pasará anda malo, ¿da? —le susurró alguien —presuntamente, su captor— al oído.
Lentamente, la soltó, pero antes de que Isabel pudiera reaccionar, todo se volvió negro, y lo último de lo que fue consciente era de cómo alguien la cogía en brazos y se alejaba en la dirección en la que había llegado.
Y hasta aquí el capítulo 6 :D Espero que os haya gustado ^.^
Comentarios: Bueno, aquí se desvela el pasado de Yekaterina y Iván, pero aún quedan cosas por contar, obviamente... Y también parte de lo que le pasó a Gil con Iván... Me siento culpable por él. D: Y quería aclarar que mi intención no es hacer a Iván el típico malo de la película (aunque, obviamente, aquí tenga el papel de malo). Es una persona con profundos traumas en su ñiñez... Lo cual lo hace como intenté que describiera Elizabeta arriba. Si alguien no entendió que me lo digo y lo intentaré explicar mejor... Y todo hasta aquí! (Creo e_e)
Avances: En el siguiente capítulo, habrás más Iván :D
Y gracias por los reviews ^.^Me subías la moral :D
IreneRodriguez: Me alegra que te gustara el capítulo ^.^ Y por supuesto... Emily rindiendose? No suena muy Emily XD Y bueno es Arthur... Lo soluciona todo con la bebida :u Ahahahaha, tal vez Isa siga tu consejo (?) Quien sabe... Y bueno, lo de Vash fue triste... En los pueblos pequeños aun sin pruebas lo puedes pasar muy mal T.T Pobre Vash :( Y en cuanto a Feliks... piensa igual que nosotras en realidad XD Es todo un plan muahahaha (?) Y eso... Lily era adorable y no pude resisitirme a añadir dulzura belga a la mezcla :3 Y viva el acento español XDDD Y Gilbert y Eli son tal para cual *O* Y hay que comprender a Isa y Iggy... se odiaban... y entre el tsunderismo de Arthur y Isa que es, bueno... Isa XD Pos no hay kien se aclare :D Pues si he cortado así en ese capítulo no se como lo habré hecho en este ¬¬ Y habrá más Ivan aún :DD Y bueno, más awesome diarios, más Sufin, más Franada, más BFT y más de todos ^_^ Gracias por el review :D *Ve los links* *Los mira* *Muere de una hemorragia nasal*
LaLa-chan32165: Si... los dos lo han pasado muy mal XDDD OwO no lo había pensado asi *o* Y Arthur morira desangrado :D Pero lo resucitaremos XDD Y bueno... yo fiel seguidora de Iván x el mundo (?) No, en serio... Ivan les quiere a todos XD Gracias por el review :3
Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^
Muchas gracias :3
