Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, la historia si :3
EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)
Capítulo 8
Gilbert miró a Arthur alzando una ceja.
—Entonces… ¿la vamos a encontrar?
Arthur asintió con la cabeza, serio.
—Pero no se cuanto tiempo tardaremos… Temo que cuando lleguemos sea demasiado tarde —admitió el capitán.
Gilbert frunció el ceño y apretó la mano de Elizabeta.
—Vamos a hacer todo lo que podamos, ¿cierto? —preguntó el finlandés.
—O sea, como que no podemos dejar a nuestra chica en manos de ese ruso —intervino Feliks.
—Si le ocurriera algo no me lo perdonaría —susurró Gilbert.
Yekaterina agachó la cabeza, con unas lágrimas amenazándole por salir.
—No te preocupes, idiota, vamos a salvarla —le animó la húngara.
El albino sonrió.
—Claro que sí, soy demasiado asombroso como para dejarla sola.
El resto de la tripulación puso los ojos en blanco.
Ya era el Gilbert de siempre.
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Arthur se retiró a su camarote.
Realmente había sabido por mucho tiempo de su sangre feérica, Mary y John se habían encargado de hacérselo saber.
Pero no había hecho uso de esas artes demasiado como para controlarlas… Un hechizo de rastreo era de lo poco que podía asegurar que saldría bien…
Y aún así no las tenía todas con él.
Miró el trozo de bufanda que le había dado Yekaterina.
Ahora que lo pensaba, si que era cierto que Braginski siempre llevaba esa bufanda consigo.
Ni siquiera una vez que se habían encontrado en pleno verano se la había quitado.
Debía ser muy preciada para él…
Podría servirle.
El rubio volvió a quedarse pensativo.
Aún no soportaba el hecho de que Isabel estuviera en el barco de Braginski.
No se podía creer lo que había hecho.
Aunque era propio de ella… En el fondo lo había esperado.
El rubio no pudo evitar sonreír con melancolía. ¿Qué era lo que pasaba? No lo tenía claro. Emily había hecho que empezara a reflexionar sobre sus sentimientos.
Realmente sí que sentía algo por la española y no podía remediarlo.
¿Realmente era amor? Algo en su interior le decía que si.
Igualmente, no podía asegurar que ella sintiera lo mismo por él. ¿De verdad iba a dejarse en evidencia por un presentimiento?
Lo único que tenía claro es que su prioridad en ese momento era salvar a Isabel.
Antes de ponerse en marcha con el hechizo, Arthur esbozó una sonrisa irónica.
Jamás habría pensado que tendría pensamientos tan ñoños por una española.
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Isabel intentó quitárselo de encima.
Pero para su desgracia, el ruso era grande, fuerte y pesaba demasiado para ella.
La besó con fiereza impidiendo que dijera nada.
Cuando sintió la lengua de Iván jugueteando con la suya tuvo tentación de mordérsela, pero sabía que eso sólo sería malo para ella.
Una de las manos del ruso empezó a acariciar el pelo suavemente mientras la otra exploraba su cuerpo.
Isabel estalló de furia.
¿Quién se creía que era para tratarla así?
Pero estaba el mismo problema que antes.
Iván pesaba demasiado y no le dejaba hacer nada. Todo su cuerpo se encontraba aplastado por la montaña soviética.
Los labios de Iván se separaron de los suyas para dirigirse a su cuello, haciendo que su espalda se arqueara.
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Arthur dio un puñetazo en la mesa.
Pero de alegría.
Los había encontrado.
La verdad es que se habían alejado demasiado en tan poco tiempo.
Rápidamente informó al resto de la tripulación.
Yekaterina no pudo evitarlo y abrazó a Arthur fuertemente.
Tino hizo lo mismo con Berwald.
—Oh, no me puedo creer que la vayamos a salvar de verdad —gritó el finlandés mientras se abrazaba al otro.
Gilbert se dejó caer sobre una silla mientras Elizabeta sonreía, feliz.
—Va a ser un rescate asombrosamente asombroso —aseguró el albino.
Yekaterina salió de la sala.
Estaba realmente contenta, y había tomado una importante decisión que les concernía a ella y a su hermano.
Se sorprendió cuando Gilbert la siguió.
—Hey —la llamó el albino.
La ucraniana se giró, sorprendida.
Cuando vio quien la había llamado puso una mirada de confusión.
—¿Gilbert?
—Mira, últimamente he estado reflexionando… No debí tratarte así. Nunca debía tratarte de esa manera.
Yekaterina bajó la mirada. ¿El egocéntrico Gilbert se estaba disculpando?
—Lo que pasa es que realmente no pensaba que fuera tu culpa… Simplemente me recordabas mucho a tu hermano. —Yekaterina le miró —. Mira, lo siento… Yo… He visto tu mirada. No quiero que hagas nada de lo que después te arrepientas. Yo también quiero que te quedes con nosotros.
Los ojos de la ucraniana empezaron a llenarse de lágrimas.
—Oh, Dios mío Gilbert. —Yekaterina se tiró hacia él, abrazándole y ahogándole de una manera que a Elizabeta no le gustaría nada.
Gilbert consiguió separarse, tomando aire para respirar.
—Ya, tranquila… Eso no ha sido nada asombroso.
Yekaterina le cogió las manos.
—La encontraremos.
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Isabel consiguió darle una patada, que aunque no le hizo daño, logró que se separara unos instantes, donde la observó intensamente, antes de acercarse de nuevo a ella y besarla, esta vez lenta y suavemente.
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—Entonces, la ruta está decidida —avisó el capitán.
Vash, para sorpresa de muchos, no había interrumpido en toda la reunión.
Elizabeta le siguió nada más acabar.
—Hey, Vash, ¿qué te pasa?
—Todo esto es muy irreal… Isabel me recordaba, en cierta manera, a mi hermana… Es todo demasiado para mí.
Elizabeta le miró.
—No temas por la pequeña Lily, no le va a pasar nada…
—Nadie se hubiera esperado esto, no puedes asegurarme que ahora a Lily no le vaya a pasar nada.
Elizabeta le abrazó, y aunque Vash gruñó, no se alejó de ella.
—Es todo el estrés que estamos acumulando. Ya verás como todo va bien.
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Por fin, Iván se separó un mínimo de ella.
El ruso estuvo unos segundos quieto, mirándola a los ojos, antes de sonreír.
—¿Ahora qué te pasa? —preguntó Isabel, extrañada.
—Tus ojos —comentó Iván con añoranza, aflojando el agarre sobre la española —. Brillan.
—¿Brillan? —repitió, confundida.
—Brillan —afirmó el ruso —. Brillan como el sol. No quiero que desaparezca ese brillo.
Estuvo parado unos segundos más mientras la mente de Isabel trabajaba a toda velocidad.
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—Oye, no te pongas así. El capitán no es malo… Te voy a dar un consejo: si te da la oportunidad, entretenle. Le encantan los juegos. En realidad todo esto es el resultado de su aburrimiento.
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Isabel abrió los ojos.
—¿No quieres que desaparezca ese brillo? —volvió a preguntar.
Iván negó con la cabeza, mientras la miraba, embelesado.
—Si me obligaras a hacer algo que no quiero, desaparecería.
—¿Por qué? —preguntó el ruso, confundido.
—Porque eso está mal… Los ojos brillan cuando estás feliz, por ejemplo…
—Los juegos hacen felices a las personas… ¡Juguemos a un juego!
Isabel le miró, desconfiada.
—¿Qué tipo de juego?
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—Están demasiado lejos —protestó Gilbert —. No vamos a llegar a tiempo.
Arthur le miró con furia.
—Llegaremos… No vamos a abandonar a Isabel ahora que tenemos la manera de salvarla.
Elizabeta puso una mano sobre el hombro del prusiano para tranquilizarlo.
Mientras, el finlandés hablaba con Berwald fuera.
—Espero que la rescatemos a tiempo… Me ha caído bien, es muy diferente a nosotros… Creo que es más parecida a Gilbert y Elizabeta… Ellos también están llenos de pasión. Tal vez sea la razón por la que siempre discuten… Aunque también se complementa con el capitán, ¿sabes a lo que me refiero? Son parecidos en cierto modo.
Berwald asintió. Aunque a él, en realidad con estar con Tino le bastaba.
Vash se sentó con ellos.
Llevaba el malhumor de siempre, pero en sus manos portaba una carta.
Empezó a leerla lentamente y su cara se relajó.
Elizabeta apareció detrás de él.
—¿Una carta de Rode? —le preguntó.
El suizo asintió.
—Ha conocido a mi hermana… Dice que enseguida la reconoció por lo que se parece a mí. Dice que está bien, que la chica que está con ella es de fiar, pero que aún así les echará un ojo.
La húngara le sonrió.
—¿Ves? No hay nada de qué preocuparse.
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—Quiero conocerte para saber qué cosas pueden hacer brillar tus ojos.
—¿Conocerme? ¿De qué forma? —preguntó Isabel, con cautela.
—¡Con preguntas! ¡Un juego de preguntas!
Isabel suspiró aliviada. El ruso envolvió un brazo alrededor de su espalda.
—Mira, te lo explicaré… Jugué a este juego con Toris, con Raivis y con Eduard cuando los conocí… Así es como se unieron a mi tripulación.
—¿Lo jugaste con Gilbert? —preguntó Isabel suavemente.
—No —admitió Iván —. Si pierdes el juego tienes que quedarte en mi tripulación… Y Gilbert no habría sido feliz así… Le retenía un tiempo y luego le dejaba marchar… Como un pajarito. O un conejito.
—Espera, ¿si pierdo tengo que quedarme aquí? —preguntó Isabel, alarmada.
Iván asintió.
—¡Y no te estaría obligando! Sería un juego, si lo pierdes tienes que cumplir, pero en realidad no te estoy obligando yo, ¿no?
Isabel suspiró.
Realmente ese hombre no entendía ese tipo de conceptos.
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—Ya es de noche, Arthur. —Yekaterina entró, arrastrando a Feliks con ella.
—Deberías ir a dormir… Ya sabes que Vash se puede encargar de todo. Estás agotado. Él y Berwald pueden turnarse para vigilar…
—¡No! Tengo que estar despierto para estar atento por si divisamos el barco.
Unas horas más tarde, Arthur había caído totalmente dormido, así que Berwald lo llevó a su camarote, dejándole descansar.
Casi todos estaban durmiendo menos Berwald, al que le tocaba vigilar y Gilbert, que no podía dormir.
—Gilbo —susurró Elizabeta, despertándose —. Deberías dormir.
—Esto es culpa mía —contestó el albino.
—No te tortures más. No creo que Isabel quisiera que lo hicieras.
Gilbert suspiró.
—Supongo que no.
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—¿En qué consiste ese juego?
—¡Oh, espera! ¡No podemos jugar sin vodka!
Isabel vio como Iván sacaba dos botellines de vodka y dos pequeños vasos y sonreía.
—Es un juego de preguntas. Por ejemplo, yo te hago una pregunta sobre algo y tú tienes que responderme y luego adivinar la respuesta que habría dado yo a la misma pregunta. Si aciertas, yo bebo. Si fallas, tú bebes. El que más haya bebido al final, pierde. Por cada botellín que te acabes, te puedo decir que hagas algo. Y el que gana al final puede pedirle al otro lo que quiera, en todos los aspectos.
—Si pierdo al final, tu petición será que me una a tu tripulación, ¿cierto?
Iván asintió.
—¿Cuándo termina el juego?
—Cuando uno de los dos se termina cuatro botellines.
Isabel miró dichas botellines.
No eran tan grandes como las botellas normales, ni mucho menos, pero seguían siendo cuatro, y seguía siendo vodka, demasiado para una persona normal.
Suerte que ella no era alguien normal, ¿no?
Isabel suspiró.
Realmente no tenía opción alguna así que se encogió de hombros.
—¿Empezamos?
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En el barco se respiraba una tensión innombrable.
Casi todos estaban dormidos y sin embargo, sus pensamientos y sentimientos rondaban alrededor de ellos, haciendo que el aire pesara.
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—¿Tu color favorito? —preguntó Iván.
Ambos habían tenido que beber ya alguna vez, y mientras que Isabel sabía que dentro de poco empezaría a notar los efectos del alcohol, Iván seguía tan fresco como si fuera agua.
—El rojo.
Iván esperó expectante. Ahora le tocaba a Isabel intentar adivinar el suyo.
—Mmmmmm… No se…
—Inténtalo.
—¿El morado? —aventuró la española.
—Nyet. El verde, como tus ojos.
Isabel resopló y miró la botella. Tranquilamente llenó el vaso y lo bebió de un trago.
Si fallaba dos preguntas más, acabaría la primera botella.
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Feliks, en realidad, estaba feliz.
Sabía las condiciones bajo las que se había unido Toris al barco de Braginski, y sabía que era demasiado bueno como para incumplir su palabra.
No le quedaba más remedio que ser él quien acudiera al lituano.
¡Ese barco no podía ser tan malo!
El polaco rió de una manera extraña.
Extrañaría a todos.
Echaría de menos a los dos nórdicos, tan diferentes el uno del otro. Echaría de menos a Yekaterina, siempre con sus lloros, intentando hacer lo mejor por todos los que conocía. Por supuesto, echaría de menos a Elizabeta. Ellos en cierta manera se complementaban. El afeminado y la marimacha… Aunque no es como si fuera a decírselo a nadie.
Y por supuesto, echaría de menos sus peleas con Gilbert acerca de quién era más asombroso.
¡Podían pasar horas discutiendo!
Y claro está, nunca ganaba ninguno, realmente.
Pero quería estar con Toris.
Era capaz de dejar atrás todas esas cosas maravillosas por estar con él.
En cierta manera, ahora entendía a Tino.
Cuando te enamoras, dejas de ser consciente de cualquier cosa aparte de la otra persona.
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Isabel se separó lentamente de Iván.
Eso es lo que le había pedido el ruso cuando terminó su botella: un beso.
Un beso que le diera ella a él voluntariamente.
En otra ocasión tal vez hubiera protestado, pero ya llevaba mucho alcohol en las venas como para que le importara demasiado.
Aunque claro, tampoco podía negarse.
Ella le había obligado a ponerse unas orejas de gato que el ruso tenía en su camarote —prefería no saber para qué—… Y había que admitir que estaba adorable.
—Me toca —canturreó Isabel —. ¿Cuál crees que es mi flor?
El ruso la miró confundido. Esa era pregunta extraña.
—Yo diría que el clavel, ¿da?
Isabel inspiró un momento.
—El clavel es bonito…
—Apasionado —la corrigió Iván. Vaciló un momento y luego preguntó él —. ¿Cuál crees tú que es la mía?
Isabel le miró fijamente y soltó una carcajada, dejando en la cara del ruso una mirada de confusión.
—El girasol.
El ceño de Iván se acentuó aún más.
—No sé qué flor es esa.
Isabel le miró, sorprendida.
—¿No has visto nunca un girasol?
Iván negó con la cabeza.
—Son unas flores que siempre están giradas hacia el sol… Podría decirse que siempre están buscando al astro rey… Como tú.
Iván sonrió.
—Girasoles… ¿Son bonitos?
Isabel asintió.
—Dónde yo vivía teníamos muchos girasoles. Son grandes y amarillos, como el sol que buscan.
El ruso siguió sonriendo.
—Creo que me gustarán los girasoles…
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—¡Capitán!
Arthur despertó bruscamente por el grito de Tino.
—¿Qué pasa?
—Hemos divisado el barco del capitán Braginski.
—¿Estás seguro de que es el de Braginski?
—Reconocería ese barco y esa bandera en cualquier sitio —afirmó el finlandés, serio y convencido.
Arthur sonrió.
—En marcha, entonces.
Comentarios: Volví! Alguien me echó de menos? XD Bueno, ahora que estoy lejos del calor italiano, de vuelta en el calor español... -que en realidad es lo mismo, solo que aqui tengo ventilador :u- Os traigo nuevo capítulo. Fiuuu... Creí que jamás lo acabaría... Debeis comprenderme, tenía muchos sentimientos encontrados a la hora de escribirlo, así que ni yo misma se como ha quedado T.T Simplemente, espero que os guste ^.^ Chararan!
Avances: No mucho, no se que avanzar... En el siguiente llega Arthur al barco del ruso y habrán cambios en la tripulación -creo que quedó obvio en ese capítulo- XD Y reencuentros :D
Gracias por los reviews, me hicieron feliz :D
LaLa-chan32165: Dios mío, es que me los imaginaba tan... ellos, que no pude evitar que tuvieran una "conexión". Siempre he pensado que los ojos de España brillan como el sol... Y a Rusia le gusta el sol... Y tuve oportunidad de mostrarlo en este fic ^.^ Una de las cosas que mas me gustan del personaje (tanto el original como la nyo) es la pasión de sus ojos, y a Iván también por lo que veo (?) Mmmm... te daría un spoiler muy grande... seguro que quieres saberlo? Puede cambiar tu idea del fic O.o No se cuando, supongo que un poco más adelante, otro personaje hetaliano se interpondrá entre nuestra pareja... Y no te digo quien :D Y lo de la magia... Yo tampoco iba a ponerlo, vale? D: Pero necesitaba una excusa para que encontraran el barco... Y -spoiler- Yekaterina quería reencontrarse con Iván, así que se juntó todo, y la magia me venía que ni pintada para que tanto Artie como Yekaterina colaboraran en lelgar al barco de Vanya :S Gracias por comentar XD
Harakumi Nakamura: No pudeee! Una parte de mi me decía: "hazlo, hazlo" Pero es que habían dos cosas que me lo impedían: Una, los veía demasiado tiernos juntos, y me obsesioné demasiado con esa imagen T.T; y dos, no quería que Isabel me fuera con ningún trauma, porque ya suficiente tienen que pasar ella y Artie con sus prejuicios . Como para encima otra cosa que les separe :I Así que al final se quedó así XD Siento si te decepcionó D: Igualmente, gracias por comentar ^.^
hino-senpai: Iván es raro... Es malo, pero no es malo D: Y por eso le queremos XD Aish, a mi también me gusta el RusAme... Emily es demasiado dulce como para no gustarme XD -Es que son perfectos ._.- PruHun forever XD Una de las pocas parejas en Hetalia que no necesita a Nyotalia XDDD Y no llovió... aunque hizo muuucho calor U.u Gracias por el review :3
IreneRodriguez: Aish, y mira que no me gustan los culebrones eh? D: Lo tengo en la sangre (?) Y es que Gilbdert en este fic es muy sobreprotector con Isa... después de Artie era el que más preocupado estaba :( Si... Gilbert con Eli y Rode con Vash... Y todos contentos! Aish, aún nos falta ver a Isa con un hacha :D Dentro de poco (*risa malvada*) Al final no pasó nada entre Vanya y Isa, pero si Vanya se quedó prendado... (Dios, sinceramente, soy una fan del RusiEspa, así que no sabía que hacer... pero en este fic, Isa es de Iggy . Y yo tmbn soy del todos por España... Pero es porque Toño es un amor que pega con todos XD No es nuestra culpa, es suya D:) Viva España yandere... Si Toño es un trozo de pan, y Toño yandere es sexy... El maldito creador de Hetalia (mentira, le amo XD) nos lo pone en bandeja D: Todos con España :D Dios, me encantan las fotos, son tan desagrantes que algunas hasta me las descargo en el ordenador jaskjaskas... Gracias por comentar! :3
Bloody Liss: Me alegra que te gustara el extracto de Gilbert-sama ^.^ Es que es perfecto para salir de la rutina XDD Las fujoshis dominaremos el mundo (?) Bueno, todos los frikis lo haremos, pero nosotras tendremos un reinado especial *risa maniática* Me alegra que te gustara y gracias por el review :D
AwesomeOre-sama: Y Arthur se lanza al rescate! :D Por supuesto... entre Toris y Emily, les van a organizar una cita XD Me alegro que te gustara :$ Gracias por comentar ^.^
Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^
Muchas gracias :3
