Notas: Si os habéis descargado esta historia antes de que la terminara volved a descargarla porque todas las semanas modifico alguna errata que se me pasó, o cambio alguna palabra por otra que queda mejor, o, como en el capítulo anterior, añado alguna nota final.

-.-.-.-

CAPÍTULO 8

21 de Agosto de 2014…

Unas horas después ya estaban de nuevo en la carretera, rumbo a, pensaba Darcy, Los Ángeles, la ciudad donde había nacido Darcy y de la que ahora Luigi era capitán.

No pararon en ninguna otra casa segura, ni en ningún hotel. Los soldados fueron turnándose para conducir, descansar y vigilar; una máquina bien engrasada que funcionaba a la perfección. Solo pararon para echar gasolina, y ocasionalmente para ir al baño. Después de varios días metida en un coche Darcy quería arrancarse el pelo.

Luigi iba en uno de los coches que los seguían. No sabía si sentirse aliviada o no por ello. Por una parte, no imaginaba pasar días y días metida en un coche con Luigi mirándola con esa mirada vacía que le había dedicado el otro día. Por el otro, resultaba insultante que hubiera pasado por tantos problemas para encontrarla y atraparla para luego ignorarla.

Excepto que cuando Luigi había hecho planes para encontrarla nunca había esperado tener que hablar con ella, ¿verdad? Había planeado en todo momento deshacerse de ella.

Un nudo se formó en su estómago al pensar en su hermanito, el adolescente que había sido hace ocho años, queriendo acabar con su vida. ¿Cuán más errático se había vuelto su padre después de que Darcy escapara también? Darcy había vivido de primera mano cómo lo había afectado la huida de Bianca, y la suya solo habría empeorado las cosas. Probablemente Luigi pensaba que tenía todos los motivos del mundo para odiarla después de dejarlo solo con él, y probablemente tenía razón. Eso era lo peor de todo, saber que había hecho las cosas mal. ¿Pero qué podría haber hecho? ¿Escapar con Luigi?

Conseguiste hacer mi vida un infierno cuando escapaste, le había dicho su hermano.

Darcy se estremeció. Reclinó la cabeza hacia atrás en el coche y miró por la ventanilla los árboles pasar a gran velocidad. Se preguntó qué había sido de Natasha después de que chocaran con ese coche. Si no estaba aquí eso significaba que había conseguido escapar, ¿verdad? Era la Viuda Negra; había sobrevivido a cosas mucho peores… ¿no es así? Ahora mismo Darcy solo podía decirse a sí misma que Natasha estaba bien, que había podido volver con los otros, que al menos podría explicarles que Darcy no había simplemente decidido desaparecer y no volver a contactarlos nunca más. ¿Qué debía estar pensando Tony? ¿Y Jane y Thor?

¿Y Bianca?

No sabía qué tan profunda había sido la investigación de Luigi. ¿Había encontrado a Darcy por las fotos que la gente había hecho en la heladería? Excepto que para que le diera tiempo a llegar tendría que haber estado ya en la ciudad. Así que probablemente había estado buscándola desde que había visto la fotografía que había salido en televisión.

¿O quizás sabía más? ¿Había logrado rastrearla hasta el apartamento donde vivía con Jane? ¿La había vigilado por días? ¿La había visto subirse al tren para encontrarse con Bianca? ¿Conocía la dirección de su hermana?

No, se dijo. Seguramente no, ¿verdad? Bianca estaba bien. Tenía que estarlo. No podía ser responsable de arruinar la vida de otro de sus hermanos.

-.-.-.-

Llegaron a Los Ángeles en medio de la noche.

El coche se detuvo enfrente de la gran mansión donde había crecido Darcy. Estaba exactamente igual desde el exterior, lo que por alguna razón la sorprendió, como si hubiera pasado toda una vida desde su huida en lugar de solo ocho años.

Uno de los soldados que viajaba con ella le abrió la puerta, pero fue Luigi quien la cogió del brazo y la arrastró al interior. Su hermano no dijo nada, simplemente la llevó escaleras arriba hasta el dormitorio que solía ser de Darcy y la encerró allí bajo llave. Ella se quedó mirando la puerta cerrada durante un largo momento; luego levantó la mirada y la posó en las dos cámaras de seguridad que seguían en el mismo sitio que en el pasado.

Hacía tiempo que no se sentía tan vigilada. La sensación le dejó un regusto amargo en la boca.

De nuevo estaba en la cueva del lobo.

-.-.-.-

Durante los siguiente dos días Darcy dejó la habitación tres veces al día: durante el desayuno, la comida y la cena. En ambas ocasiones alguien vino a primera hora de la mañana para traerle el vestuario del día. Ropa formal de día y vestido de noche. Parecía una recapitulación de su infancia, excepto que esta vez no tenía que impresionar a los invitados de su padre ya que los únicos sentados a la mesa eran Luigi y sus soldados.

Su padre nunca había invitado a la mesa a sus hombres. Ni siquiera se le habría pasado por la cabeza. Se esperaba que ellos vigilaran la casa y los exteriores y que comieran en su tiempo libre.

Darcy obedeció y bajó al comedor cada vez, porque no le estaban dando otra opción, pero no dijo una sola palabra durante las veladas, ni siquiera cuando se dirigieron ocasionalmente a ella. Mantener la boca cerrada y mostrarse inaccesible era el único modo que tenía de mostrar su inconformidad. Darcy quería creer que había cambiado durante todos estos años, que se había vuelto más valiente, pero la verdad era que recordaba demasiado bien las palizas de su padre como para hacer mucho más que rebelarse silenciosamente.

A Luigi parecía no importarle, de todos modos. Él la estaba ignorando tanto como ella ignoraba a todos los demás. Sus miradas no se habían cruzado ni una sola vez desde su conversación en la casa segura, hacía ya tantos días.

Para el tercer día, sin embargo, Darcy ya había tenido suficiente.

-¿Qué vas a hacer conmigo? -le preguntó a su hermano mientras bajaban las escaleras, sus cuerpos separados por más de dos metros de distancia-.

-¿Tengo que hacer algo distinto? Pienso que nos está yendo muy bien.

-¿Piensas tenerme encerrada el resto de mi vida y sacarme solo cuando te interesa, como si fuera una muñeca?

-Siempre estamos a tiempo de matarte, si lo prefieres.

Darcy se detuvo. Tras unos segundos, al no escuchar sus pasos detrás de él, Luigi se detuvo también.

-No puedes haber cambiado tanto -musitó ella, mirando hacia otro lado para no tener que ver su espalda rígida-. Mi hermano nunca me habría hecho daño antes.

Él no volteó a mirarla tampoco.

-Me dejaste solo aquí. Con él.

-Luigi, yo…

-Ni siquiera esperó a que cumpliera los dieciséis. ¿Sabías eso? Tenía demasiado que demostrar a los otros capitanes y al capo. No quería que pudiera huir antes de marcarme -estiró el brazo para mostrarle el tatuaje de su brazo-. Todavía no tenía quince años cuando me arrastró delante de ellos para hacer mi juramento. ¿Crees que me lo pusieron fácil? Tenían que estar seguros de que no echaría a correr también, o de que no me quebraría si nuestros enemigos me atrapaban y soltaba toda la información que tenía sobre la organización. Y todo el tiempo que estuve allí nuestro padre no dejaba de repetir: ¿ves lo que tu hermana nos ha hecho hacer?

-Lo siento.

Luigi se giró por fin. Caminó hacia ella y le levantó el mentón casi con violencia. Darcy intentó no mirarlo pero él apretó su agarre hasta que sus ojos se cruzaron.

-Le pegué un tiro entre los ojos dos años después.

Ella dejó de respirar al escucharle.

El azul de sus ojos era tan claro que en ocasiones casi parecían plateados; una lámina de hielo sin final aparente. La gente decía que los ojos eran el espejo del alma. Solo había frialdad en los de Luigi.

-La Bratva llevaba meses tras nosotros, tratando de hacerse con nuestro territorio. Hubo toda una guerra entre nuestras organizaciones. Un día nos enfrentamos en las afueras de Sacramento, en un viejo almacén. Estábamos claramente en desventaja y los refuerzos no llegaban. Aproveché que Padre y yo nos separamos un momento de los otros para coger la pistola del hombre que acababa de matar y dispararle a él. Nunca lo vio venir.

-L-Lui-

-Sospecharon de mí por un tiempo, estoy seguro. Sobre todo los amigos de nuestro padre. Ellos sabían perfectamente cómo nos trataba. Pero no había manera de que pudieran probar que fui yo. Y aquí estoy ahora. Me nombraron capitán cuando la mayoría de los de mi edad todavía eran simples novatos. Y no pudieron hacer nada para quitarme mi territorio, porque había demostrado que estaba tan desquiciado que era capaz de matar al hombre que me había criado.

-…Eso no es cierto -musitó Darcy-.

-Sí que lo es. Si sigues buscando al chico que fui no lo vas a encontrar -la soltó de golpe-. Si fui capaz de matar a nuestro padre seré capaz de hacerte lo mismo a ti. No lo dudes por un momento.

-.-.-.-

-¿Qué es esto? -preguntó Darcy al día siguiente, levantando el vestido que alguien había dejado sobre la silla más cercana a la puerta. Era de color azul, largo hasta los pies, y con los brazos y hombros al descubierto. Varias cadenas abrazaban su figura, con pequeñas perlas preciosas cosidas a ésta alrededor del vestido. Era la clase de indumentaria que habría llevado en el pasado a un gran convite… cuando todavía era la hija de un capitán.

-Vamos a ir juntos a una fiesta de compromiso. Estate preparada para salir antes de las seis.

-¿Una fiesta de compromiso? -repitió Darcy, estupefacta-. ¿Con todos los de la Organización? ¿Por qué me llevas?

-¿Por qué no?

Hubo una pausa silenciosa.

-Dijiste que manché tu nombre al escapar. ¿Realmente quieres pasearme delante de todos y recordarles mi existencia?

-Ah. ¿Pero estaré recordándoles mi humillación o solo verán los grilletes que llevas? -Luigi tocó las cadenas que envolvían el vestido, su boca apenas curvándose en lo que no se adivinaba si era una media sonrisa o una mueca de desdén-.

-Entonces no me pondré ese vestido.

-Como quieras. De todos modos vendré a buscarte a les seis. Puedes llevar un vestido a la altura de Darcella Vitiello y hacerles creer que no pueden tocarte, o puedes ir con trapos y que solo vean lo bajo que has caído.

Darcy se echó a reír.

-¿Para qué aparentar, ¿no? Quizás iré tal y como voy ahora.

-Haz lo que quieras, Dars.

Dejó de respirar cuando escuchó el mote que solo Bianca y él usaban para llamarla. Él también pareció quedarse estático durante un momento, como tomado por la guardia baja, pero luego se dio la vuelta y salió de la habitación.

-¡E-Espera, Luigi!

Cuando reaccionó Darcy intentó alcanzarlo, pero él ya se había ido.

-.-.-.-

Durante todo el trayecto en coche, que duró hora y media, Darcy se sintió tan nerviosa que sus manos sudaban y no podía evitar removerse en su asiento cada dos por tres. En esta ocasión Luigi viajaba con ella, pero parecía más interesado en mirar por la ventanilla o hablar con los soldados a su cargo.

-¿Para quién es la fiesta? ¿Quién se casa? -preguntó Darcy media hora después de haber salido de la mansión Vitiello, cansada del silencio y demasiado nerviosa para aparentar que no lo estaba-.

-Nevio.

-¿Nevio?

-Sí, Nevio. Nuestro primo. ¿Te acuerdas de él? -preguntó sarcásticamente-.

-Pero no tiene ni veinte años, ¿no?

-Diecinueve. La novia tiene veintiuno.

Darcy parpadeó.

-¿Con quién se casa?

-¿Por qué haces tantas preguntas? Ya lo verás cuando llegues.

-Pero…

Él dejó de escucharla. Darcy bufó y miró por su propia ventanilla. Menudo idiota.

Después de lo que le pareció una eternidad llegaron al hotel donde se celebraba el evento. Normalmente cuando se reunían todos los miembros de la organización nunca lo hacían en público, por lo que muy probablemente el hotel pertenecía a la mafia.

Ambos salieron del vehículo, el cual arrancó de nuevo segundos después. Dos soldados se colocaron a su espalda y otros dos a cada lado. Darcy miró alrededor de la calle, donde la gente normal paseaba despreocupadamente, sin tener ni la menor idea de quiénes eran o de qué hacían allí. Miró de cerca cada coche que pasó, imaginando que hacía parar cualquiera de ellos y escapaba antes de que Luigi pudiera reaccionar.

Pero entonces sintió la mano de Luigi cerrándose alrededor de su brazo, y él agachó la cabeza a su altura para sisearle:

-Ni lo intentes.

Darcy respiró hondo, cuadró los hombros y avanzó hasta entrar por las grandes puertas del hotel, cuyo interior derramaba luz. La relativa oscuridad de la calle desapareció a su espalda.

Caminaron por el vestíbulo sin ser interrumpidos. Nadie parecía haber notado su presencia todavía, pese a que más de una persona se había girado para ver a Luigi entrar. No era de extrañar; Luigi sobrepasaba en altura a la mayoría de hombres presentes y era lo bastante atractivo para captar la atención de cualquier persona con quien se topara, supieran quién era él o no.

No fue hasta que entraron al salón que la gente comenzó a notar a Darcy. Porque aquí, se dio cuenta al mirar las distintas caras que la observaban con la boca abierta, estaban presentes muchas de las personas que la habían conocido desde su infancia. Luigi puso una mano en su hombro y la hizo avanzar consigo a su lado, prestando cero atención al murmullo creciente que estaban provocando. Parecía estar en su elemento.

Un camarero se acercó con una bandeja y Luigi cogió dos copas.

-Termínatelo de un trago. Parece que estés a punto de desmayarte. Quizás así te despiertes un poco.

-Todo el mundo está mirándome -siseó ella en respuesta, pero cogió la copa de todos modos-. ¿Por qué me has traído aquí? ¿Soy un animal de circo o qué?

-Eso es exactamente lo que eres -respondió él con indiferencia-. Y vas a bailar al son de mi música por el resto de la noche. Ahora, ¿por qué no vas a saludar a tu vieja amiga?

Luigi señaló con su copa una figura femenina que estaba parada a unos metros de distancia, con su pelo negro recogido en un intrincado peinado y su cara blanca como el papel mientras los miraba.

-¿E-Esa es Margie?

-Margarita Rosello, sí. La prometida de Nevio es su hermana pequeña.

-Ha pasado una eternidad. Está tan cambiada…

-Se ha casado y ha dado a luz cuatro veces desde que te fuiste. Todos varones. Sin duda está cambiada -él le dio un trago a su copa y miró a Darcy de soslayo-. ¿A qué esperas?

-N-No puedo acercarme a ella. ¿Qué va a pensar la gente de Margie si la ven hablando conmigo?

Luigi puso una mano en su propia cadera, apartando la chaqueta hacia un lado y dejando ver a los invitados la pistola que llevaba en su cintura. No era el único que iba armado en este lugar, ni de lejos, pero aun así varias personas se apartaron disimuladamente de los hermanos mientras fingían haber encontrado algo interesante a lo que dirigir su atención.

-Mi reputación supera con creces la tuya, hermana -dijo Luigi en voz alta-. Ahora obedece.

Darcy se tensó ante la orden y estuvo a punto de decirle que se fuera a tomar viento fresco, pero una mirada alrededor, a todas estas personas que no habían sacado sus propias pistolas para dispararle en el momento en que la habían visto entrar, simplemente porque parecían temer más a Luigi, o respetarlo, o una combinación de las dos cosas, la detuvieron. Viendo la reticencia de estas personas, que estaban dispuestas a obviar su presencia a pesar de su traición, le hizo comprender que Luigi no había bromeado el día anterior. No le costaría ni un poco pegarle dos tiros y olvidarse de su existencia enteramente. Igual que no le quitaría ni una hora de sueño dispararle a cualquier de los presentes.

Fingiendo un paso firme, Darcy caminó hasta Margie, quien se puso aún más pálida al verla acercarse. Darcy se detuvo a varios pasos de distancia, intentando aparentar serenidad.

-He oído acerca del compromiso de Annetta. Mis más sinceras felicitaciones, señora Bianchi.

Margie la observó con los ojos como platos hasta que consiguió responder tímidamente:

-G-Gracias, señorita Vitiello.

Ambas siguieron con su conversación superflua, conscientes de los ojos que las miraban, hasta que varios minutos después la atención de muchos de ellos comenzó a menguar. Margie pareció notarlo porque se acercó un par de pocos pasos.

-Estás viva -susurró en voz baja, incrédula-.

-Sí. Estoy viva.

-¿Cómo es posible? -su vieja amiga fue acercándose cada vez más, como envalentonada por la respuesta de Darcy-. Fueron tras de ti. Tu… tu padre dijo que te encontraría y te mataría.

-No me encontró.

-P-Pero… ¿dónde te has escondido todo este tiempo? ¿Cómo? ¿Y qué haces ahora con tu hermano?

Luigi parecía ser el único que había visto su foto en la televisión, por lo visto, porque Margie no era la única en este lugar que estaba mirándola como si fuera un fantasma.

-No puedo hablar sobre ello, pero… Margie, ¿cómo has estado tú?

Margie parpadeó hacia ella, como si estuviera preguntándose por qué la conversación se volvía hacia ella cuando tenían cosas más interesantes de las que hablar.

-¿Luigi me ha dicho que tienes cuatro hijos? -insistió-.

-Oh. S-Sí. El pequeño tiene menos de un año. El mayor seis.

Se miraron la una a la otra, intentando leerse mutuamente y averiguar cómo habrían vivido sus vidas si sus papeles estuvieran invertidos. Darcy trató de imaginarse viviendo cada día la vida de Margie, levantándose al lado de un hombre al que nunca querría y criando cuatro niños para seguir los pasos de su padre, y sinceramente no creía que hubiera podido hacer nada de eso. Margie, por su lado, probablemente se había despertado muchas mañanas preguntándose qué hubiera pasado si hubiera echado a correr cuando tuvo la oportunidad, antes de subir al altar ese día y dar el sí quiero. Siempre habían sido tan parecidas, ambas hijas de capitanes, ambas con familias problemáticas, ambas deseando algo más que este tipo de vida, que resultaba increíble que sus vidas hubieran tomado caminos tan diferentes.

-¿Has estado bien? -preguntó Margie con un hilo de voz-. ¿Has sido feliz?

Darcy se tomó un momento para responder. En su mente surgió la imagen de su hermana, ese primer día después de que se mudaran a su nueva casa (una habitación diminuta sin cocina, sin baño y sin muebles excepto por dos camas diminutas que chirriaban). Recordó su expresión atemorizada pero pletórica al mismo tiempo. Cómo había lucido tan libre, tan entusiasta.

Recordó también a Jane, abrazándola la primera vez que le rompieron el corazón. Animándola cada día. Siendo más su amiga que su jefa, incluso en aquellos primeros días que todavía no se conocían bien.

Recordó a Thor, que nunca había tenido una sola palabra para criticarla, ni siquiera después de que se despertara en el hospital luego de que Jane lo atropellara y Darcy lo electrocutara. Quien nunca la había tratado solo como la amiga de Jane sino como su propia amiga. Quien siempre sonreía cuando Darcy bromeaba con él.

Y recordó a Tony. Tony, con esa sonrisa irreverente que había utilizado para dirigirse a ella la primera vez que lo había conocido, apoyado contra su coche en esa gasolinera como si estuviera imitando al chico malo en una película romántica de los noventa. Tony, riendo con ella en ese festival, comprando todo tipo de comida y, más tarde, con la cabeza metida en una guillotina mientras los niños le lanzaban zumo de ciruela, todo para que les regalaran una tarta. Tony, con las manos en sus hombros y sonriéndole ampliamente, tras siete años sin verse. Tony, mirándola como si quisiera ver a través de ella, mientras hablaban esa noche en la cocina. Tony, cogiéndole la mano mientras observaban Nueva York desde la distancia. Tony, observándola boquiabierto la primera vez que lo besó. Tony, demostrándole cada día lo mucho que significaba para él.

-Sí -dijo finalmente-. He estado bien, y he sido feliz. Más feliz de lo que nunca habría imaginado.

Margie la observó con ojos empañados. Darcy estiró la mano para tocarle el brazo pero se quedó a medio camino, no queriendo ponerla en problemas si alguien decidía que Margie estaba siendo demasiado amigable con la traidora. Su amiga miró su muñeca y sus ojos se abrieron cuando vio el brazalete de cuero que llevaba. El mismo brazalete que formaba parte de un par y que se habían regalado mutuamente cuando tenían dieciséis años, prometiéndose ese día ser amigas para siempre.

Margie encontró sus ojos, y sonrió.

-.-.-.-

Luigi la guio lejos poco después, parándose de vez en cuando para cruzar palabras con otros capitanes como si no tuviera a su hermana fugada a su lado, o como si fuera perfectamente normal haberla invitado a una celebración como esta después de lo que había hecho. Darcy palideció cuando se encontraron cara a cara con el capo, quien dedicó una sonrisa furiosa a Luigi antes de darle dos palmadas en el hombro como despedida y desearle una buena noche. Su hijo mayor, su sucesor, lo siguió unos pasos por detrás, enviando a Darcy una mirada que podría haberla matado si eso fuera posible. Este hombre había estado prometido a Bianca antes de que ella huyera y parecía que había decidido meter a Darcy en el mismo saco que la mujer que lo había dejado plantado una semana antes de que se anunciara su compromiso.

Luigi detuvo a un camarero que estaba pasando junto a ellos en ese momento y cogió otra copa de la bandeja, completamente imperturbable ante el enfado de los dos hombres que estaban en lo más alto de la organización. Si acaso, parecía complacido.

-¿Quieres bailar, hermana?

Darcy abrió y cerró la boca varias veces.

-¿Estás intentando que te maten esta noche, Luigi?

Luigi sonrió esa sonrisa vacía que parecía formar parte de su marca personal hoy en día.

-La vida sin riesgo es muy aburrida, Darcella. Prefiero un poco de caos; ya sabes, poner mi vista en imposibles, patear a quienquiera que se interponga en mi camino… y sacudir el avispero de vez en cuando. ¿Quieres sacudir el avispero conmigo, hermana?

Ella movió la cabeza de lado a lado, no negándose sino incrédula.

-Has perdido la cabeza. ¿De qué estás hablando?

Él la agarró del brazo y la llevó al centro de la pista, ignorando a una mujer que chilló con miedo cuando su piel tocó la de Darcy al pasar, como si acabara de contaminarla. La mujer salió corriendo de la pista.

-¿Recuerdas cómo bailar adecuadamente, o has estado estos años muy ocupada siendo el juguetito de Stark?

Ella lo miró a los ojos, negándose a ofrecerle otra cosa que no fuera una sonrisa inexpresiva. ¿Quería avergonzarla? ¿Hacerle ver que era menos que nada, inservible ahora que había estado tanto tiempo lejos, alguien sin valor, después de haber traicionado a la organización?

"No tiene ni idea de dónde he estado, ni qué he estado haciendo todo este tiempo. Solo tiene conjeturas y una foto que no cuenta nada realmente. No sabe dónde está Bianca, ni lo cerca que ha estado de atraparnos a las dos".

-Qué curioso, hermano. Por un momento he creído escuchar a Padre.

Luigi solo rio, divertido.

Justo en ese momento se escuchó una explosión fuera del salón de baile. Darcy se apartó, sobresaltada, pero Luigi la siguió y la agarró del brazo para evitar que escapara.

Algo cayó cerca de la puerta de entrada, y tras un click la sala se llenó de humo. Sin pensar, Darcy se acercó a su hermano para ocultarse.

Un par de minutos después, mientras los hombres gritaban que alguien dispersara el humo y que atraparan a quien lo hubiera provocado, se escuchó el sonido como de algo rasgando el aire. El humo se dispersó justo a tiempo para ver a Silvano Ruggiero, el hijo del capo, ser disparado en la pierna por una flecha. El hombre cayó al suelo con un aullido.

Justo cuando el capo avanzaba para socorrer a su hijo, una figura vestida de negro salió de entre las sombras, agarrándolo del cuello con un brazo y poniéndole una pistola en la cabeza con la otra mano.

-Natasha -murmuró Darcy, incrédula-.

-Soltad las armas -ordenó la Viuda Negra con voz firme-. Ahora mismo, si no queréis que le pegue un tiro a vuestro jefe.

Cuando los capitanes y soldados que estaban en el salón tardaron más de la cuenta en obedecer, una figura invisible descargó dos flechas más en el centro del salón de baile, cerca de los pies de uno de los capitanes y de su esposa. Uno a uno fueron bajando sus pistolas, a pesar de los gritos de Virgilio Ruggiero de que terminaran con "esta zorra".

La mirada de Natasha la buscó entre el mar de gente que estaba reunida en el salón y ésta se suavizó cuando la encontró, aunque no lo suficiente para que esta gente, que no la conocía, reparara en su gesto.

Tranquila y silenciosamente, tan serenamente que ninguno reparó en él hasta que estuvo casi al frente, Luigi empezó a avanzar hacia los intrusos, llevándola a ella tras él. Virgilio movió su cabeza hacia él cuando lo escuchó llegar, su mirada iluminándose repentinamente.

-Muy bien, chico, enséñales lo que…-

Luigi levantó la pistola…

…y le disparó entre los ojos.

Se escuchó un gemido y Virgilio Ruggiero cayó hacia adelante, deslizándose entre los dedos de Natasha. Ella reaccionó rápido; dejó caer su cuerpo sin vida y apuntó a Luigi, viéndolo como una amenaza ahora que se había quedado sin un rehén, pero para entonces Luigi ya había dado otro paso y había disparado a Silvano Ruggiero, matándolo en el acto también.

La reacción fue en cadena. Una mujer gritó y echó a correr, chocando con otra persona, quien también trató de escapar. De pronto todo el salón estaba alborotado, con la mitad de los presentes empujándose para llegar a la salida y los soldados y capitanes intentando recoger sus armas del suelo para enfrentarse a los Vengadores, pero siendo pisoteados por los que intentaban escapar.

Mientras todo eso pasaba, Luigi Vitiello y Natasha Romanoff parecían ocupados participando en una lucha de miradas silenciosa. Repentinamente, Luigi sonrió. Por una vez no fue una sonrisa vacía, pero sí inquietante en gran medida.

-Por favor -dijo, su voz teñida de diversión-, no dejéis que os detenga. Llevárosla.

Y empujó a Darcy hacia adelante.

Ella se giró a mirarlo boquiabierta pero Luigi ya había pasado a otras cosas. Se dirigió hacia el pequeño estrado que el hotel había preparado para que los padres de los novios se presentaran ante todos los invitados para anunciar el compromiso de sus hijos, y subió tranquilamente mientras el resto de miembros de la Organización seguía tratando de recuperar el control de la situación. Una a una, entre el transcurso de quizás tres minutos, las personas empezaron a notar su presencia en el estrado, su postura y expresión, y mientras Darcy corría a refugiarse detrás de Natasha y esta la cogía de los hombros como queriendo asegurarse de que estaba bien, mientras la figura de Iron Man entraba por la puerta al fin, corriendo hacia ella y abrazándola, Luigi Vitiello se autoproclamó el nuevo capo de la organización que controlaba la Costa Oeste de los Estados Unidos.

Porque para llegar a la cima uno tenía que agitar el avispero, y luego deshacerse de la abeja reina para tomar su lugar.

-.-.-.-

-¿Estás bien? -preguntó Tony una vez consiguieron salir del hotel, rodeándola con sus brazos-.

La noche era cálida pero Darcy estaba helada por la conmoción, y la calidez de Tony era como un bálsamo. Su cabeza no dejaba de dar vueltas a lo sucedido, sin embargo. Todo había sucedido tan rápido…

Luigi había matado al capo.

Luigi se había autoproclamado el próximo jefe de la mafia.

Y ahora Tony estaba aquí, abrazándola.

Las lágrimas empezaron a salir de sus ojos sin control.

-Darcy -él le tocó la cara-. ¿Estás herida? ¿Dónde te duele? ¿Darcy?

-Estoy bien -incapaz de mirarlo, miró al suelo-. No estoy herida.

-¿Estás segura? -los dedos de Tony recorrieron sus brazos y los lados de su cuerpo, tratando de encontrar heridas-.

-Stark, tenemos que irnos -dijo Natasha con urgencia-. No podemos estar aquí si su hermano cambia de opinión sobre dejarnos ir.

Clint Barton apareció de entre las sombras, cargando un arco y flechas.

-Bruce está llegando con el coche -dijo-.

Justo en ese momento un coche negro giró la esquina y apareció en la calle. Se detuvo delante de ellos y los cuatro se metieron sin perder el tiempo. Tony no soltó su mano en ningún momento.

-.-.-.-

Tiempo después, mientras Natasha le entregaba ropa limpia para que pudiera ponerse algo más cómodo y Tony se paseaba por la habitación como un león enjaulado, para luego sentarse en el borde de la cama, para luego volver a pasearse, Darcy preguntó:

-¿Cómo me habéis encontrado?

Tony detuvo su pasear y tragó saliva.

-Seguimos al coche que se te llevó todo el camino hasta Los Ángeles. J.A.R.V.I.S hackeó las cámaras.

-¿Hackeaste todas las cámaras desde Nueva York hasta Los Ángeles? Eso no tiene ningún sentido.

-Tony puede ser persistente cuando se lo propone.

-Además, tuve un poco de ayuda. Recordé que dijiste que eras de Los Ángeles cuando nos conocimos, así que más que seguir el coche simplemente tuvimos que comprobar por las cámaras que realmente os dirigíais aquí.

-P-Pero… eso no explica… ¿cómo sabíais…? ¿Por qué ninguno parece sorprendido por lo que ha pasado en ese hotel? ¿Por qué parece que ibais preparados para tener que pelear para sacarme de ese lugar? Estábamos en un hotel normal y corriente, celebrando, de entre todas las cosas, un compromiso… ¿Qué de esa situación grita peligro?

-Darcy, ninguno de ellos se tomó la molestia de cubrirse la cara cuando te secuestraron. No fue difícil llegar hasta sus identidades a partir de ahí, ni su conexión con la mafia.

Darcy no dijo nada durante varios minutos y al final Natasha se marchó, diciendo que tenía que reunirse con Clint y que era mejor que hablaran asolas.

Cuando Darcy continuó sin decir nada, Tony estiró la mano para cogerla y sentarla en su regazo, y luego la abrazó hasta que Natasha volvió a llamar para decirles que era hora de partir.

-.-.-.-

Apenas dos horas después de escapar de la fiesta el jet los recogió en la azotea.

Darcy miró por la ventanilla mientras el jet se elevaba en el cielo, consciente de que sus amigos estaban mirándola pero incapaz de decir nada. Toda su vida se había desmoronado cuando Luigi se la había llevado, y ahora estaba aquí y no tenía ni idea de si los pedazos de su vida iban a seguir rompiéndose a pedacitos o si era momento para empezar a contar los pedazos que le quedaban, para ajustar su vieja vida a esta nueva realidad.

Cuando llegaron a la Torre Natasha le apretó la mano antes de bajar del jet, Clint trató sin mucho éxito de bromear y Bruce le dio un abrazo. Entonces se quedó sola con Tony, sentados el uno frente al otro en los acolchados asientos. Tony se estiró hacia adelante.

-Habla conmigo, Darcy.

-¿Por qué no estás enfadado conmigo?

Él retrocedió, alarmado.

-¿Enfadado?

-Te he mentido. No soy… No soy quien creías que era. Mi familia… No somos buenas personas.

-Darcy Lewis ES una buena persona. Puedo dar fe de eso.

-Darcy Lewis ni siquiera es mi verdadero nombre -refutó ella, impacientándose-. ¿No lo ves? Creías que era ella. Una mujer normal. Con una vida normal. Pero mi familia no es normal en absoluto. Y aun así dejé que… dejé que te encariñaras conmigo.

-Darcy… Siempre he sabido que tu familia no podía ser muy normal. Te escapaste de casa a los diecisiete y no los mencionaste ni una sola vez durante todo el tiempo que viajamos juntos. Era obvio que estabas escapando de algo, o de alguien.

-¿Por qué me ayudaste, entonces? Si sabías que podías meterte en problemas por ayudarme…

Tony estuvo un momento en silencio, reorganizando sus pensamientos.

-Cuando tenía catorce años -empezó a decir- tuve una discusión horrible con Howard. Mi padre. Estaba a punto de graduarme del instituto. Ya había sido aceptado en MIT y todo. Pero dije que no quería ir -se rio por lo bajo al ver su mirada sorprendida-. Ir a esa universidad había sido mi sueño desde que era pequeño, pero también era lo que mi padre quería. Supongo que estaba en mi etapa de rebeldía adolescente, porque de pronto ya no me parecía tan buena idea darle lo que quería. Me inventé que quería pasar un año sabático viajando con mis amigos por el país. Ni siquiera tenía amigos, pero no era como si él lo supiera. Empezó a gritarme que me arrastraría él mismo hasta allí y que si se me ocurría escaparme me desheredaría y me dejaría en la calle. Así que eso hice. Mientras él ahogaba su enfado bebiendo en su despacho robé uno de sus coches y me marché. Mi idea era desaparecer durante unas horas y luego regresar. Incluso pensé que lo más probable era que ni siquiera se diera cuenta de que me había marchado, porque siempre perdía el sentido del tiempo cuando se emborrachaba. Pero el coche se quedó sin gasolina después de unas horas y no llevaba dinero encima. Les pedí a un grupo de universitarios que me llevaran con ellos. Les conocí en una gasolinera, justo como nos encontramos nosotros dos esa primera vez -Tony hizo una mueca-. Los universitarios estaban allí comprando cerveza barata. Me dijeron que estaban haciendo una fiesta en su apartamento. Fui con ellos y me pasé el resto de la noche bebiendo. Al día siguiente la fiesta continuó. En algún momento alguien me dio a probar LSD. No me pareció mala idea en ese momento. Estaba demasiado ido para preguntarme si lo era o no. Debí tener un viaje malo. Empecé a tener alucinaciones grotescas; hubo un momento en que casi me lancé del balcón. Se asustaron y me sacaron de la casa. Me dejaron solo. Me desperté horas después en un callejón, sin tener ni idea de cómo llegué allí. Un coche de policía se detuvo al final del callejón dos minutos después y me encontró allí, tiritando y sin ropa.

Darcy se inclinó hacia adelante y le cogió la mano, pese a que el tono de voz de Tony era firme, distante, como si la historia de ese niño de catorce años que de pronto se había visto en esa clase de situación no tuviera nada que ver con él.

-Me acompañaron a un hospital para hacerme pruebas, pero Howard apareció antes de que pudieran atenderme y se negó a dar su permiso. Dijo que no quería que nada de esto acabara en la prensa. Sobornó al jefe de policías y el caso se cerró. Luego me arrastró a casa y se negó a que sacáramos de nuevo el tema. Ni siquiera llamó a uno de nuestros doctores privados. No tengo ni idea de qué pasó mientras estuve vagando solo por las calles, Darcy. Me pasé meses preguntándome si había cogido algo. No fue hasta que entré a MIT y pude despegarme de Howard que pude pedir que me hicieran pruebas -se rio sin humor-. Creerías que después de eso nunca volvería a emborracharme o a tomar drogas, pero sucedió todo lo contrario. Me estaba ahogando. Parecía que la única forma de escapar del dolor era a través de más dolor. Empecé un camino de autodestrucción que me acompañó toda mi adolescencia y gran parte de mi adultez. Todo porque el idiota adolescente de Tony Stark quería escapar de papá por un rato -bufó, pero un momento después sus hombros se desplomaron. Estaba cansado-. Cuando te encontré en la gasolinera pensé que la historia estaba repitiéndose. Luego esa pareja te llevó con ella y pensé "quizás ella tendrá más suerte", pero al día siguiente ahí estabas de nuevo, en ese club de Las Vegas, sola. Parecía una pesadilla. Estaba seguro de que si volvía a encontrarte de nuevo más tarde, esa vez te encontraría en un callejón. No podía… no podía simplemente darme la vuelta y marcharme. Me ofrecí a ayudarte, y por alguna razón confiaste en mí y me seguiste. Dios, Darcy, ¿cómo pudiste simplemente seguirme así sin más? Eras tan confiada.

Y Darcy querría enfadarse por eso, pero la verdad era que sí que había sido demasiado confiada. Había tenido suerte de encontrarse con Tony y no con alguien que quisiera hacerle daño.

-Conforme pasábamos tiempo juntos estaba cada vez más claro que te habías escapado de casa. Pero tenías claro donde querías ir; tenías un destino en mente. Pensé que, o bien alguien iba a ayudarte cuando llegaras allí, o en algún momento te echarías atrás y me pedirías que diera la vuelta. Parecía más importante que llegaras sana y salva, fuera en una dirección u otra. Y quizás pensé que estabas escapando de otro Howard, de un padre ausente y controlador, pero eso quería decir que querías algo mejor para ti. Darcy, siempre has querido algo mejor. Ninguno escogemos en qué familia nacemos.

-Pero mi padre no es… no era solo ausente o controlador. Era un asesino. Era… era una muy mala persona. Y crecí en esa casa, Tony. Nunca podré ser normal. No tienes ni idea de la clase de cosas que vi…

-Ninguno somos normales aquí -señaló hacia la Torre-. Ninguno de los Vengadores. Todos nosotros hemos tenido pasados de mierda. Crecer con la mafia no es ni de lejos la historia más rara que tenemos aquí. Todos estamos rotos, Darcy.

-Pero eres una figura pública. No puedes salir conmigo. Si se enteran de quién soy…

-¿A quién le importa? -levantó una mano y la posó en su mejilla-. Han estado persiguiéndome toda mi vida. Han documentado cada momento bochornoso, cada fracaso, cada victoria. De no ser porque no quería que las acciones de Industrias Stark cayeran en picado, ya haría tiempo que los habría mandado a la mierda.

-¿Ves? Por eso mismo…

-Pero a ti no quiero perderte. He dejado ir demasiadas cosas por ellos, por la empresa, por lo que la gente pensará. A ti no puedo perderte.

-¿Por qué? -preguntó con un hilo de voz-.

-Tú sabes por qué. Estoy loco por ti, Darcy Lewis. Darcella Vitiello. Como prefieras que te llame. Estos últimos días han sido una pesadilla. No sabía si volvería a verte. No sabía si te encontraría viva -recorrió su mandíbula con un dedo, mirándola a los ojos-. No quiero sentirme así nunca más. No quiero preguntarme de nuevo qué haré si nunca llego a decirte que te quiero.

-Tony…

-Así que este soy yo, poniendo todas las cartas sobre la mesa. Te quiero. Quiero que estemos juntos. Quiero algo serio contigo. No… No tienes que contestarme ahora. Tómate unos días para pensar-

Darcy lo interrumpió echándose hacia delante de improvisto, sus manos enredándose en su pelo mientras sus bocas chocaban. El impacto fue demasiado fuerte y ambos se echaron hacia atrás con una mueca, pero unos segundos después volvieron a encontrase a medio camino. Sus labios se unieron en un beso suave, dulce, por una vez no colmado de esa pasión que parecía embargarles cada vez que se ponían la mano encima. Por una vez se veían claramente el uno al otro, sin barreras de por medio. Tony Stark y Darcy Vitiello, dos personas que no se habrían conocido en circunstancias normales, ambos de mundos completamente distintos pero marcados en su juventud por la misma soledad, la misma sensación de ineptitud e insuficiencia, el mismo deseo de escapar de todo ello; todo para encontrarse aquí ahora, juntos, creando un mundo distinto solo para ellos.

Tony Stark y Darcy Vitiello. Un niño que creció bajo los focos de la prensa y una niña que creció entre las sombras.

Tony Stark, quien creció en un mundo donde el carisma, la inteligencia y la buena imagen lo eran todo. Y Darcy Vitiello, en cuyo mundo la lealtad y la brutalidad eran lo que llevaban a uno a lo más alto.

Parecía imposible que se hubieran encontrado, pero aquí estaban, juntos, por tanto tiempo como pudieran estarlo.

Para siempre, si de ellos dependía.

Lejos, lejos, hasta donde la oscuridad no pudiera alcanzarlos.

FIN

-.-.-.-

Notas:

Y… este es el final. Se acabó. No puedo creerlo ;-;

Ha sido una montaña rusa de emociones escribir esto. Ha habido momentos cómicos, momentos románticos y momentos que tuve que detenerme de vez en cuando mientras escribía porque era demasiado doloroso, pero es una historia que quería contar y estoy feliz de que haya logrado ponerla en palabras.

Por favor, a todo aquel que haya leído, estaré feliz de leer sus comentarios y preguntas, o simplemente que me dejéis un emoticono sonriente. He puesto mucho esfuerzo en escribir esta historia; pero tampoco voy a obligaros, si no queréis u.u

En fin, espero que hayáis disfrutado de la historia.

PD: Mientras escribía el fic me vinieron a la mente algunos spin-off, basados en diálogos o narraciones de esta historia, en plan, ¿qué hubiera pasado si…?

Uno sería en este mismo capítulo, cuando Darcy se pregunta cómo sería su vida si nunca hubiera escapado. El spin-off que empecé (y que no pude continuar porque lo releí y no me gustó) trataba este tema. En este, Darcy nunca llegó a escapar, y en cambio se casó y se convirtió en una esposa de la mafia, algo así como lo que le sucede a Margie. Termina conociendo igualmente a Tony durante una fiesta a la que acude con su esposo, y surge algo entre ellos. Cuando sucede el chasquido de Thanos, Darcy no está planeando escapar pero queda atrapada en un atasco en mitad del evento, junto a su hijo y su hija (de 4 y 11 años), y termina averiguando algunas cosas que su marido le prohibió a sus hijos contarle, así que decide aprovechar que la ciudad está en caos, que hay un corte eléctrico por un accidente aéreo (seamos realistas, mucha gente murió ese día) y se une a un grupo de refugiados que se han quedado solos. Si os acordáis, en ese momento Tony está en una nave espacial en el espacio y no puede contactar con nadie, así que pasan semanas antes de que Darcy pueda pedir ayuda. Sería interesante ver su viaje a través del país viendo la destrucción provocada por Thanos y por los accidentes que hubo durante la desaparición de la mitad de la población, ver cómo la gente normal reacciona al "fracaso" de los Vengadores, etc.

El segundo spin-off está basado en este mismo capítulo también, cuando Darcy se pregunta qué podría haber hecho distinto para que Luigi no la odiara, y si debería haber huido con él. Así que en ese spin-off ambos hermanos huyen juntos, pero no les resulta nada fácil adaptarse al mundo real. Luigi se junta con personas poco apropiadas y recurre a la violencia y a las drogas. Darcy le increpa que para acabar viviendo como antes, para qué se han escapado; y él le contesta que no sabe vivir de otra manera, ni comportarse como una persona normal. No sabe lo que es ser una persona normal, y se "burla" de Darcy diciéndole que ella tampoco será nunca normal, que ambos están demasiado rotos.

El tercer spin-off, que nunca llegué a desarrollar en absoluto, es un spin-off del primer capítulo, en el que Darcy decide aceptar la propuesta de Tony e irse a Malibú con él. Pero eso es todo, no se me ocurrió nada más.

Dudo mucho que escriba alguna de estas historias, porque como he dicho empecé a escribir la primera y me atasqué, así que si alguien quiere escribirla en mi lugar por favor escribidme por privado o por los comentarios de esta historia y os cederé la historia. Pero no la escribáis sin permiso.

Un saludo a todos. Ha sido un placer ^.^