El domingo, Candy llegó a su cuarto casi a las seis de la mañana, ella solo se quitó los zapatos y después se aventó en la cama, quedándose dormida de inmediato. Ella había pasado toda la noche platicando con su guapo paciente, ya que en unas horas, él sería dado de alta. Candy despertó casi a la una de la tarde, recordó que había quedado de ir a despedirse de Terry a las nueve, rápidamente se puso su uniforme y se dirigió a la habitación de él, pero la encontró vacía.

Esa tarde, Candy no salió del dormitorio más que para ir a comer, era su día de descanso y quería aprovechar para repasar todo lo que había aprendido en sus clases de la semana. Ella no había podido estudiar como debía por ir a hacerle compañía a Terry durante las noches, pero ahora que él no estaba, Candy pensaba retomar sus estudios, después de todo, para eso había ido a Londres.

La semana siguiente, Candy no tuvo ninguna noticia de Terry, ella se sintió un poco decepcionada, aunque ella estaba consciente de tal vez no volvería a verlo cuando él saliera del hospital, ella tenía la esperanza de que los dos pudieran continuar con su amistad fuera de esas cuatro paredes.

Brenda, la compañera de cuarto de Candy, llegó esa misma semana, debido a problemas personales, no había podido llegar en la fecha prevista. Ella era una chica bastante fiestera y Candy se sorprendió mucho de que la hubieran mandado en representación del hospital de Nueva York. Brenda iba a tener el horario de la tarde, por lo que casi no tendría contacto con Candy.

Tres semanas después de su llegada a Londres, en una tarde cualquiera, Candy se dirigió a su cafetería predilecta, igual que todas los días. Ella llevaba su mochila en los hombros y cargaba un enorme libro de medicina, que el doctor Raymond le había prestado. Candy planeaba estudiar en la cafetería mientras cenaba, en los últimos días, solo entraba a su habitación para dormir.

Brenda se había convertido en un verdadero dolor de cabeza para Candy, ella era bastante desordenada, siempre dejaba su ropa sucia tirada por toda la habitación, además de que nunca recogía la basura, ni hacía el más mínimo intento por escombrar el cuarto. Hasta ese momento, Candy se había encargado de limpiar por Brenda, pero ya se había cansado de hacerlo, así que decidió que pasaría el menor tiempo posible en el dormitorio, para no tener que ver el desorden que ahí reinaba. También había pensado seriamente en buscar un pequeño departamento para mudarse ella sola.

Una vez que Candy entró a la cafetería, se sentó en la misma mesa de siempre, en lo que ella esperaba por el mesero, sacó su libreta de apuntes de la mochila y abrió su enorme libro, rápidamente comenzó a hacer varias anotaciones. Mientras escribía, sintió que alguien se había quedado parado al lado de ella, al levantar la mirada, se encontró con los hermosos ojos azules de su antiguo paciente.

- ¡Terry! – Exclamó ella, sin poder ocultar su alegría.

- Hola Candy, me da mucho gusto volver a verte.

- Pensé que ya te habías olvidado de mí…

- ¿Cómo crees que iba a olvidarme de ti? Si tú has sido la mejor enfermera que he conocido en toda mi vida.

Candy sonrió ante su comentario.

- Si no vine a verte antes, fue porque no pude. Paty, mi amiga, me tenía enclaustrado en el departamento, no me dejó salir hasta que mi pie estuvo completamente curado.

Terry no mentía, Patricia se había ofrecido a cuidarlo en lo que él terminaba de recuperarse, en más de una ocasión, Terry estuvo a punto de salir del departamento para ir a ver a Candy, pero Paty no se lo permitió, le dijo que no lo dejaría poner un pie afuera del edificio, hasta que la herida de su pie no estuviera completamente cerrada.

- He pensado en ti todos estos días… Recordé que me habías dicho que te gustaba cenar en esta cafetería, así que decidí venir a buscarte, de hecho, ya llevaba una hora esperándote, cuando te vi entrar, no sabes cómo me alegra volver a verte.

- A mí también me da gusto volver a verte… - Le respondió Candy, ligeramente apenada - Pero siéntate, no te quedes ahí parado.

Terry se sentó del otro lado de la mesa, por un momento se quedó observando el enorme libro que Candy tenía enfrente de ella – Vaya, ese libro sí que es grande – Dijo él.

- Los libros de medicina suelen ser muy grandes – Respondió Candy, después cerró el libro e intentó ponerlo en la silla que tenía al lado de ella, debido su peso, éste se le cayó de las manos, haciendo un ruido enorme. Terry se levantó rápidamente de su asiento y ayudó a Candy a acomodar el libro en la silla.

- ¿Y por qué vienes hasta acá, cargando semejante peso? Cuando te vi entrar, pensé que te ibas a ir hacia adelante con todo y libro… - Dijo él bromeando.

- La verdad es que no quiero estar en mi cuarto, mi compañera es muy desordenada y ya me cansé de limpiar sus porquerías. En mi próximo descanso, voy a buscar un departamento fuera del hospital.

- Ya veo, tal vez yo pueda acompañarte, conozco muy bien esta zona, de hecho vivo muy cerca de aquí.

- ¿De verdad?

- Sí, de verdad, también podría darte un recorrido por la ciudad, claro, si tú quieres…

- Eso sería magnífico, hasta el momento solo he podido conocer los alrededores del hospital.

- Bueno, entonces tenemos una cita el próximo domingo.

Candy lo miró confundida, la palabra "cita" la asustaba un poco. Terry se dio cuenta y decidió rectificar la oración anterior.

- Sí, tu sabes, una cita para que puedas encontrar tu departamento – Dijo él, tartamudeando un poco.

Los dos permanecieron en la cafetería por casi dos horas, cuando el mesero les llevó la cuenta, Terry se ofreció a pagarla.

- Tú ya me invitaste bastantes veces la cena – Le dijo él, rechazando el dinero que ella trataba de darle.

Cuando salieron del restaurante, el ambiente estaba bastante frío, mientras los dos estaban cenando dentro de la cafetería, afuera había llovido por un espacio de media hora. Candy se frotó los brazos, ella solo llevaba puesta una camisa de manga larga en color blanco y una pequeña falda tableada en corte "A", de color café; lo único que protegía a Candy del frio, eran sus botas, que le llegaban hasta las rodillas. Terry se dio cuenta y se quitó su gabardina para dársela a Candy, ella la aceptó gustosa y agradeció el gesto.

Terry le ayudó a Candy a llevar el pesado libro hasta el hospital, al llegar a la entrada de los dormitorios, se lo entregó y después los dos se despidieron con un beso en la mejilla, aunque ciertamente, Terry se moría por darle ese beso en la boca.

Cuando el domingo llegó, Candy estaba muy emocionada, sacó toda su ropa del ropero para escoger la que mejor le quedara, al final se decidió por un vestido amarillo con estampado de flores, una vez más dejó su cabello suelto y puso una banda blanca sobre su frente. Los dos quedaron de verse a las 10, ella salió cinco minutos antes de la hora pactada, para su sorpresa, Terry ya la estaba esperando afuera.

- Que bonita te ves hoy – Le dijo él al verla.

- Gracias, tú también te ves muy bien…

Los dos se saludaron con otro beso en la mejilla, Terry le entregó una rosa a Candy, ella no pudo evitar sentirse emocionada, después de todo, esa era la primera vez que alguien le regalaba una. Terry llevó a Candy hasta su coche, ella se impresionó bastante al ver que era un Ferrari de color rojo, a pesar de su sorpresa, no quiso hacer ningún comentario al respecto. Él le abrió la puerta y esperó hasta que ella se sentara, después se subió al carro y condujo hasta unos departamentos que estaban cerca de ahí.

- Creo que no te lo dije, pero estoy buscando un departamento que sea económico, no me pagan mucho en el hospital, así que no podría gastar en una renta elevada – Dijo Candy.

- Creo que los departamentos a los que vamos no son muy caros.

Una vez que llegaron ahí, Candy pidió informes con la administradora del lugar, ella le enseñó el departamento, pero a Candy no le agradó, ya que se veía sucio y descuidado. Ella le hizo un gesto de desagrado a Terry y minutos después salieron del lugar. Recorrieron más de cinco lugares diferentes sin mucho éxito, hasta que al final, llegaron a unos pequeños departamentos ubicados a unas cuatro calles del hospital.

Desde el momento en que entraron, Candy se quedó maravillada con el lugar, era pequeño, pero todo estaba limpio y ordenado, además de que estaba amueblado y muy bien decorado. Mientras Candy recorría la habitación, Terry le preguntó al administrador el precio de la renta, cuando el administrador se lo dijo, él se dio cuenta que estaba muy por encima del presupuesto de Candy, antes de que ella saliera de la habitación, Terry le pidió al administrador que le hiciera un gran favor.

- Por favor Señor, dígale a la señorita que la renta es menor a lo que usted pide, yo le daré cada mes, el resto del dinero.

El administrador lo miró sorprendido, pero al final aceptó hacer lo que Terry le pedía. Candy también se asombró al saber el costo de la renta, ella pensó que era raro que un departamento tan bonito, tuviera una renta tan barata. Sin pensarlo dos veces, Candy alquiló el departamento.

Una vez que salieron del edificio, Terry llevó a Candy a comer a un buen restaurante de la ciudad y después la llevó a conocer el Big Ben.

- Si quieres, al rato puedo ayudarte a que pases tus cosas al nuevo departamento – Le dijo él, mientras veían la torre del reloj.

- No gracias, todavía tengo que llegar a empacar todo, además quiero avisarle al director que me voy a mudar fuera de los dormitorios, antes de salirme de ahí.

- Entonces paso por ti mañana, a las 6 de la tarde, ¿te parece?

Candy dudó por un momento, le asustaba tener tanta cercanía con Terry, esa era la primera vez que permitía que un hombre se aproximara tanto a ella y a pesar de que él le gustaba mucho, sentía miedo. Al final dejó a un lado sus temores y decidió aceptar - Sí, está bien…

- ¿Te gustaría ir a mi departamento? Mis amigos se encuentran ahí reunidos, me gustaría que los conocieras mejor.

- No creo, tengo que ir a… repasar mis apuntes – Respondió Candy rápidamente, lo cierto era que la sola idea de convivir con sus amigos, la ponía nerviosa.

- Vamos, es tu descanso, solo será un rato. No todo en la vida es estudiar…

- Esta bien, pero solo un rato…

Los dos llegaron al departamento de Terry a las 5 de la tarde, al entrar, vieron a Stear, Paty y Archie sentados en la sala, ellos estaban escuchando un disco de Jimmy Hendrix y fumando un porro de marihuana. Los tres amigos se sorprendieron mucho al ver entrar a Candy, Terry nunca había llevado a ninguna chica al departamento, al menos no a convivir con ellos.

Stear, que se encontraba fumando en ese momento, comenzó a toser como loco de la impresión de volver a ver a su chica de ensueño. Archie se sintió profundamente apenado, aún recordaba el vergonzoso incidente que había tenido con la guapa enfermera en el hospital, nunca pensó que volvería a verla y menos en su departamento. Paty se dio cuenta de la reacción que la chica pecosa causaba en su novio, pero decidió no hacer un drama de eso, de cualquier forma, era más que obvio que Terry ya le había echado el ojo y eso era un impedimento grande para que Stear tratara de acercarse a ella.

- Vaya Terry, que sorpresa, de haber sabido que traerías visitas, hubiéramos ordenado un poco el departamento – Dijo Paty.

- Ni yo mismo lo sabía… – Respondió Terry.

Stear se levantó rápidamente del sofá y comenzó a recoger el tiradero que había en la mesita de centro, Archie hizo lo mismo con las cosas que estaban tiradas en el suelo.

- ¿Y no nos vas a presentar a tu…. Amiga? – Preguntó Paty.

- Ah, sí, perdón. Chicos les presento a Candy, no sé si la recuerden, ella es la enfermera que me atendió mientras estuve en el hospital. Candy, te presento a Stear, Archie y Paty, ellos son mis mejores amigos.

Candy se acercó a ellos para saludarlos, los dos chicos le sonreían idiotizados, mientras que Paty la miraba con mucha curiosidad, sabía que ella tenía que ser muy especial para que Terry se atreviera a presentarla con ellos.

- Siéntate Candy, disculpa el desorden, no imaginábamos que vendrías – Le dijo Stear.

- ¿Gustas tomar algo? – Le preguntó Archie.

- Un vaso de agua estaría bien, gracias.

Una vez que todos estuvieron sentados, Stear le ofreció el porro a Candy, ella lo rechazó.

- No gracias, no fumo y menos marihuana.

Stear le pasó el cigarro a Terry y él le dio una fuerte fumada, Candy lo miró sorprendida, si bien sabía que todo mundo fumaba marihuana, nunca pensó que él también lo hiciera.

- ¿Quieres una cerveza? – Le preguntó Paty.

- No gracias, tampoco bebo.

- ¿De dónde vienes? – Le preguntó Archie.

- De Estados Unidos, de la ciudad de Chicago, para ser precisa.

- Nosotros vamos a ir a Estados Unidos el próximo mes, al festival de Woodstock, cerca de Nueva York, si quieres, podrías venir con nosotros – Dijo Paty.

- Aunque quisiera, no podría, tengo que estudiar y trabajar en el hospital, además no creo que me den días libres por el momento.

- ¿Y tus padres viven en Chicago? – Preguntó Stear.

- No, yo soy huérfana, de hecho crecí en un orfanato.

- Lo siento, yo no lo sabía…

- No tienes por qué disculparte, no es algo que me avergüence, al contrario, es para mí un orgullo decir que gracias a mi esfuerzo, he podido llegar hasta donde estoy ahora.

Los tres amigos se miraron sorprendidos, por sus cabezas pasó la misma pregunta, ¿cómo era posible que Terry se hubiera decidido a salir con una chica tan diferente a él?

- Eso me parece muy bien, es admirable que una mujer como tú, haya llegado tan lejos. Yo siempre he defendido el papel de la mujer en la sociedad, hace poco participé en una marcha en favor de nuestros derechos, tal vez podías acompañarme la próxima vez – Dijo Paty.

- Yo te aconsejaría que no lo hicieras, la última vez que acompañé a mi amiga a una de sus manifestaciones, terminé detenido por más de 12 horas – Replicó Terry.

Stear y Archie comenzaron a reír. Paty era una fiel defensora de los derechos humanos y animales, pero por alguna razón, que ninguno de ellos se explicaba, siempre que Paty iba a apoyar en alguna protesta, algo salía mal.

- Yo solo me defendí de ese policía, pero como siempre, él abusó su poder para arrestarnos – Contestó Paty.

- No le creas – Le murmuró Terry a Candy, ella se limitó a sonreír.

- ¿Ustedes son novios? – Le preguntó Candy a la pareja que se encontraba sentada frente a ella.

- Sí, somos novios, llevamos varios años juntos – Respondió ella.

- Ellos llevan once años de noviazgo – Dijo Terry.

- ¡Ellos son novios desde que iban en el jardín de niños!... ¡Y aun no se casan! – Exclamó Archie y después soltó una fuerte carcajada, producto de su estado de pachequez.

Terry también comenzó a reír, no tanto por el comentario de su amigo, sino la forma en que él reía. Paty los miró furiosa, ese era un tema que a ella realmente le afectaba, sobre todo porque a pesar de todos sus esfuerzos, Stear todavía no se decidía a hacerla su esposa, y a sus 26 años, Paty comenzaba a sentirse quedada.

- Son unos idiotas – Les respondió y después se fue a la cocina, Candy pudo ver que ella tenía lágrimas en sus ojos, a los pocos segundos, Stear la siguió.

- Creo que lo mejor será que nos vayamos, hemos abierto la caja de pandora y aquí va a arder Troya – Dijo Archie aun riendo.

- Cornwell, por primera vez en la vida, creo que tienes toda la razón, ni loco me quedo a escuchar como esos dos comienzan a pelear - Terry tomó de la mano a Candy y la llevó hasta la puerta, ella solo alcanzó a despedirse rápidamente de Archie.

- ¿Y por qué van a pelear tus amigos? – Preguntó Candy, mientras se dirigían al auto.

- Porque Paty ya quiere casarse, pero Stear todavía no se siente listo y lleva más de dos años dándole largas con todo ese asunto del matrimonio. Archie ya sabe que ese tema no se toca en el departamento, pero el muy idiota no se pudo aguantar las ganas de hacer ese estúpido comentario. Ahora los dos van a discutir por horas el futuro de su relación…

Terry acompañó a Candy al hospital, los dos se quedaron parados afuera de los dormitorios por algunos minutos, él deseaba con todas sus fuerzas besarla, ella deseaba poder estar con él un poco más de tiempo.

- Entonces, ¿te veo mañana a las 6? – Le preguntó Terry a Candy, mientras tomaba un pequeño mechón se su rubia cabellera y jugaba con él.

- Sí, nos vemos mañana…

Terry se acercó a Candy para besarla, ya no podía seguir aguantando esas enormes ganas de sentir sus labios, Candy se sintió asustada y dio un paso atrás, él la miró extrañado, no estaba acostumbrado a que lo rechazaran, así que decidió intentarlo una vez más. Él puso su mano sobre la nuca de ella y se acercó nuevamente, esta vez, ella no opuso resistencia.

Terry comenzó a besarla tiernamente, mientras lo hacía, se dio cuenta de que ella no sabía besar, eso lo sorprendió bastante, nunca imaginó que una chica tan hermosa como ella, jamás hubiera sido besada antes de ese día. Terry comenzó a besarla con calma, pensó que si ese era el primer beso de Candy, él tendría que hacerlo muy especial para ella.

Cuando los dos se separaron, Candy se metió rápidamente a los dormitorios, se sentía demasiado apenada como para ver a Terry directamente a los ojos. Mientras ella se dirigía a su cuarto, se sintio como si estuviera flotando por las nubes, el solo hecho de recordar lo que había pasado, hacía que se le dibujara una enorme sonrisa en el rostro y que se le enchinara la piel. Cuando Candy entró a la habitación, se acostó en la cama a pensar en esa dulce despedida, tal parecía que la emoción de su primer beso, no pasaría en toda la noche.