Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, la historia si :3

EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)


Capítulo 11

—Ten cuidado con la posición de los brazos —señaló Soren mientras Isabel hacia cara de concentración y asestaba una estocada al aire —. Si te descuidas acabarás haciéndote daño a ti misma.

Isabel sonrió y bajó la alabarda poco a poco. El entrenamiento había durado varios días y a pesar de eso sólo le había enseñado lo básico.

—Igualmente, en tan poco tiempo no te puedo enseñar nada más —suspiró el danés mientras ambos se sentaban en el suelo.

—No pasa nada —replicó la española, recuperándose del esfuerzo físico —. Creo que ya he pillado más o menos la esencia.

De repente, alguien llamó a la puerta.

Soren miró a Isabel. Habían cerrado con llave para que nadie interrumpiera su entrenamiento, pero ahora ya no estaban entrenando, ¿cierto?

El rubio se levantó y abrió la puerta para encontrarse a Elizabeta.

—¿Seguís entrenando? —preguntó la húngara con curiosidad. Era una de las pocas que sabía porque se encerraban Soren e Isabel todo el día y no dejaban entrar a nadie.

Los únicos aparte de ella que lo sabían eran Arthur, Lukas y Sadiq.

Isabel negó con la cabeza.

—Acabamos de terminar. La verdad es que estoy agotada~

—Yekaterina acaba de preparar la cena —agregó Elizabeta mientras Soren le tendía la mano a Isabel para ayudara a levantarse —. Pegaros una buena ducha antes —añadió poniendo los ojos en blanco.

Isabel rió y se dirigió a la salida, seguida del danés.

—Nos vemos en diez minutos —se despidió mientras iba a su camarote.

Una vez allí, dejó la alabarda apoyada en la pared y suspiró.

Habían pasado una semana entera entrenando sin cesar.

El primer día había terminado agotada y el segundo no se podía ni mover cuando se levantó. A pesar de todo, Soren había demostrado ser un buen profesor, y no la había dejado descansar ni un momento.

La castaña se lavó mientras rememoraba el duro entrenamiento.

En tan solo una semana la fuerza de sus brazos había aumentado considerablemente, pero Soren ya le había advertido que si no entrenaba a diario, no serviría de nada.

A pesar del gran sacrificio que suponía, Isabel estaba orgullosa del camino que había tomado. Ahora no necesitaría a nadie que la protegiera. No sería débil.

Toda esa frustración que sentía después de haber sido secuestrada por Iván había desaparecido en parte. Ahora podía protegerse de futuros ataques sin depender de otro.

Se vistió rápidamente y acudió a donde estaban todos ya empezando a cenar.

Se sentó a la izquierda de Gilbert, quedando el sitio de su propia izquierda libre.

—Gilbo —le saludó alegremente, más este no le contestó. Ni siquiera se dignó a mirarla, mientras hablaba con un castaño adormilado que parecía que en cualquier momento se iba a caer del asiento —. ¿Gil? ¡Oye, háblame!

Gilbert continuó ignorándola, ante la mirada dolida de Isabel.

—Al menos dime que te he hecho para que no me hables, ¿no?

Al final, el albino se giró de mala gana y encaró a la española, que le miraba triste.

—No es sólo que me hayas hecho tú. Habéis sido tú, el danés estúpido, la marimacha, el cejón y el turco idiota —contestó, enfadado.

—¿Qué quieres decir?

—Pues que tú y Soren habéis estado desaparecidos toda la semana y nadie me ha querido decir qué demonios estabais haciendo. No sois nada asombrosos, espero que lo sepáis.

Isabel no pudo evitar abrazar a Gilbert.

—Oh, Gilbo, no te enfades con ellos. Fui yo quien les pidió que no dijeran nada a nadie.

—¿Y por qué en ellos sí que confiaste y en mi no?

—En realidad no debería haberse enterado nadie, pero Arthur y Sadiq eran nuestros capitanes. Luego Soren se lo tuvo que decir que Lukas para que no se enfadara con él… Y Elizabeta se enteró porque es una cotilla y mi compañera de camarote. Tampoco podía ocultárselo.

—Pero, ¿ocultar el qué? Es que sigo sin saber que habéis estado haciendo estos días.

—Soren me estaba enseñando a luchar con la alabarda.

—¿Alabarda? ¿Eso es el hacha gigante esa con la que lucha él? —preguntó el prusiano, incrédulo.

Isabel asintió, orgullosa.

En ese momento llegó Soren, sentándose al otro lado de Isabel.

—Hey, Isa… Estaba pensando, que aún no le has puesto nombre. ¡Tienes que ponerle nombre!

—Oh, tranquilo, ya lo había pensado —comentó la castaña con cariño.

—¿Y cuál has elegido?

—Lola~

Soren la miró, extrañado.

—Y, sólo por curiosidad… ¿Se puede saber que impulso te ha llevado a llamarle Lola a tu alabarda?

Isabel le miró mientras seguía sonriendo.

—Oh, ¿no lo sabes? Lola es el diminutivo de Dolores en mi idioma natal~

Gilbert y Soren tragaron saliva mientras un aura negra se instalaba alrededor de la española.

Por suerte, rápidamente desapareció, así que los dos decidieron cambiar rápido de tema.

—Entonces, ¿ya estás libre? —le preguntó el albino al rubio, mirándole atentamente.

—Sí, creo que si —contestó el otro, dedicándole una mirada cómplice.

—Entonces, Arthur ya no se puede escaquear… —murmuró malévolamente el prusiano.

—¿De qué habláis? —preguntó Isabel, curiosa.

—Oh, joven e inocente Isabel —comenzó a relatar Gilbert, poniendo un brazo sobre su hombro —. Todo comenzó hace mucho tiempo, en un día nublado, donde parecía que las nubes iban a ponerse a llorar en cualquier momento. Íbamos yo y el capitán tranquilamente, completamente serenos y hablando de cosas de vital importancia, cuando-

—Gilbert, por el amor de Dios —interrumpió Soren, para luego girarse hacia Isabel —. Yo te contaré la verdad. Yo estaba tranquilamente en mi barco, tarareando una inocente cancioncilla, cuando nos cruzamos con vuestro navío, y me encontré a Arthur y a Gilbert, los dos como una cuba. Claro que yo, como buena persona que soy, decidí que debía ayudarles y-

—¿Qué demonios estás contando? —interrumpió de repente Arthur, que había estado detrás de ellos todo el tiempo. A continuación miró a la española, que aunque por dentro enrojeció, recordando la última vez que se habían encontrado, por fuera se mostró como si no hubiera pasado nada —. Yo te diré la verdad. Era un día normal, como todos, pero no encontrábamos a Gilbert por ninguna parte. Ni siquiera Elizabeta, que se había pasado el día buscándole. De repente, el barco de Sadiq paró junto al nuestro, y muy necesitado, me pidió ayuda para buscar a un tripulante suyo que también se había perdido. Yo, como el caballero que soy, decidí ayudarle a pesar de que-

Los tres que habían intentado dar su propia versión de la historia recibieron un golpe por parte de Lukas, que les miraba con cara de desaprobación.

—Sois unos malditos mentirosos —señaló —. Cuando las dos tripulaciones se encontraron, y Gilbert y Soren se conocieron empezaron a discutir de cerveza, y pronto se unió Arthur a la discusión. Acabaron los tres borrachos, como una cuba. Empezaron a pelear, e hicieron una apuesta, a ver quién de los tres aguantaba más la próxima vez.

Después de contar de manera corta y concisa los hechos, Lukas asintió con la cabeza hacia Isabel como saludo y después de darle un último tirón de oreja a Soren, se alejó de allí, a continuar cenando.

Los tres apartaron la vista, un poco avergonzados.

Sin embargo, Isabel se echó a reír.

Secándose las lágrimas de los ojos, se levantó de la mesa.

—Sois de lo que no hay~

Y se alejó de allí, hacia el camarote, a descansar.

Una vez llegó, se encontró a Elizabeta, leyendo un libro.

Se acostó en su cama y se quedó mirando el techo, sin poder cerrar los ojos. Involuntariamente, su mirada se dirigía hacia la alabarda que descansaba apoyada en la pared.

—Isa —comenzó Elizabeta —. ¿Qué es lo que está pasando entre Arthur y tú?

Isabel se tensó rápidamente mientras la húngara la miraba, alzando las cejas hacia ella.

—N-nada, p-por supuesto.

Elizabeta soltó una carcajada ante la respuesta de Isabel, negando con la cabeza.

—De verdad sois de lo que no hay.

Estuvieron un rato más en silencio, hasta que al final, Isabel suspiró.

—No sé exactamente qué es lo que está pasando, ¿vale? No sé si me gusta, o le odio, o simplemente… No lo sé… Todo empezó por Emily. Si ella no me hubiera dicho nada, yo no habría comenzado a tener estas dudas… Y luego Toris también… Y ahora tú.

—¿Tú qué crees?

—¡No lo sé! —gritó, frustrada —. Y ahora él está también empezando a comportarse raro. Y me pone nerviosa cuando estoy cerca de él.

Isabel dejó de hablar, y se quedó mirando el techo, mientras Elizabeta sonreía, divertida por el lío mental que llevaba su amiga.

—Es decir… Que te gusta~

Isabel fulminó a la húngara con la mirada.

—Ahí, precisamente, está el problema.

Elizabeta la miró, pensativa. Comprendía los sentimientos de su amiga. ¿Era odio o era amor? Realmente, no había mucha diferencia entre los dos sentimientos.

—Te entiendo —susurró la húngara, esbozando una media sonrisa —. Yo creía que odiaba a Gilbert hasta que le besé.

—¿Y por qué le besaste? —preguntó Isabel, confundida.

Elizabeta se encogió de hombros.

—No lo sé muy bien… Fue instintivo. Simplemente se, que cuando lo besé se disiparon todas las dudas.

Hubo un momento de silencio mientras Isabel recapacitaba sobre lo dicho.

—¡Espera! ¿Estás diciendo que debería besar a Arthur? —preguntó, alarmada.

—No, no exactamente. No tienes porque besarle. Pero tarde o temprano ocurrirá algo que hará que te des cuenta de lo que sientes realmente.

Isabel suspiró. Pensar en aquello le daba dolor de cabeza.

—Supongo…

Antes de que ninguna pudiera decir nada más, se empezaron a oír ruidos bastante fuertes fuera, y Yekaterina entró en el camarote, con una expresión cansada.

—¿Qué está pasando allí fuera? —preguntó Isabel, curiosa.

—Soren, Gilbert y Arthur…

—Esperad aquí —murmuró la húngara entre dientes, mientras se levantaba rápidamente y salía del camarote.

Se oyeron varios ruidos que sonaban bastante parecidos al sonido de una sartén chocando con fuerza contra una cabeza y poco después, volvió Elizabeta, sonriendo satisfecha.

—Arreglado.

Isabel se echó a reír e incluso Yekaterina soltó una risa ante el temperamento de su amiga.

Las tres se durmieron pronto, sin ruidos que las molestaran.

XxXxX

—Ganó el asombroso yo, por supuesto.

—Ya te gustaría. El Rey del Norte fue el ganador, es evidente.

—¿De qué habláis vosotros, malditos egocéntricos? Está claro que el ganador fui yo.

Los tres se miraron entre ellos mientras echaban llamas por los ojos. A decir verdad, ninguno de los tres recordaba que es lo que había ocurrido la noche anterior, pero tenían un terrible dolor de cabeza que solo se les ocurría atribuir a una enorme resaca.

Los tres empezaron a discutir de nuevo, cuando Lukas se plantó frente ellos y miró a Soren.

—Debemos irnos —le comunicó, mientras Sadiq saltaba al barco de Arthur para despedirse.

—Se acerca una tormenta, Kirkland —le avisó —. Nosotros vamos en dirección contraria, pero si sigues tu ruta te la encontraras en poco tiempo.

Arthur frunció el ceño, molesto.

—No voy a cambiar la ruta, tenemos prisa y perderíamos mucho tiempo.

Sadiq suspiró y se encogió de hombros.

—Allá tú. Yo te he avisado.

—Y agradezco que me lo hayas dicho, pero seguiremos nuestra ruta.

Isabel salió en ese momento de su camarote, dirigiéndose a la cocina a preparase algo de desayunar, cuando se los topó despidiéndose.

Hizo un mohín un tanto infantil, cruzándose de brazos.

—Bueno, ¿no pensabais despediros de mí? —les preguntó, fingiendo estar molesta.

Soren no tardó en echarse a sus brazos.

—Pero bueno, no sé cómo pudiste pensar eso —bromeó —. Acuérdate de entrenar bien con Lola.

—¿Lola? —preguntaron Sadiq y Arthur a la vez.

—Sí, es el nombre de mi alabarda~

El danés y el prusiano se miraron el uno al otro mientras tragaban saliva. Sería mejor para sus capitanes mientras no supieran que significaba ese nombre.

Isabel se despidió de Sadiq mientras Lukas se despedía de Arthur.

—Ten paciencia —le recomendó el noruego al ver la frustración del ojiverde con el comportamiento de Gilbert —. Son como niños pequeños.

Isabel se unió pronto a las bromas de los otros dos, siendo seguida por Sadiq. Sus estruendosas risas sonaban por todo el barco, ante los ojos divertidos de los tripulantes que pasaban por su lado.

Ambos suspiraron mirando a sus compañeros.

—No nos queda otra —aceptó Arthur, resignado.

Pero ambos sonrieron.

Las dos tripulaciones se despidieron para desagrado de muchos. No tenían mayores fiestas que cuando se juntaban todos, y desde luego, Gilbert y Soren siempre ofrecían un buen espectáculo.

Isabel se giró y fue a buscar a su querida alabarda para entrenar con ella.

XxXxX

—Capitán —le llamó Tino —. Berwald dice que se acerca una tormenta. Deberíamos cambiar la ruta.

—Ya me lo había dicho Sadiq —suspiró Arthur, pero se mantuvo firme en su posición —. Ya lo he dicho antes. Tenemos prisa, debemos apresurarnos. Si cambiáramos a ruta perderíamos mucho tiempo.

—Capitán, ¿está seguro? —volvió a preguntar Tino.

Arthur volvió a asentir, y el finlandés no tuvo otro remedio que dirigirse hacia Berwald y comunicarle la decisión de su capitán. El sueco frunció el ceño ante la respuesta del inglés, pero acató las órdenes.

No pasó mucho tiempo antes de que el mar empezara a estar bastante revuelto, el viento se alzara y comenzara a llover torrencialmente.

Casi todos estaban refugiados en el interior, ya que la tormenta se estaba volviendo peligrosa.

Todos menos los de siempre.

Vash, Arthur y Berwald se habían quedado fuera, ocupándose de que el barco fuera en perfecto funcionamiento.

Parecía que estaban bastante estables por el momento, así que con ellos tres era suficiente. Tampoco es como si dejaran a cualquier otro salir a ayudarles.

Gilbert, que estaba de mal humor, estaba tumbado en el suelo, acariciando a Gilbird, mientras Elizaeta caminaba de un lado a otro, nerviosa por la tormenta.

Isabel estaba sentada en el suelo, retorciéndose las manos y Yekaterina tarareaba una canción que se veía ahogada por el ruido del viento.

Tino, que sorpresivamente se encontraba con ellos, también estaba bastante nervioso, y se mordía el labio inferior, pensando en Berwald.

De repente, un trueno hizo que todos se sobresaltaran.

Isabel bufó.

—Maldito trueno… ¿Sabes que susto nos has dado? —preguntó al trueno, como si pudiera oírla.

El pequeño Gilbird voló hacia la española para consolarla, mientras Elizabeta dejaba de andar y se sentaba junto a Gilbert quien le cogió la mano, apretándola.

—Me pregunto cómo estará Berwald —murmuró Tino, preocupado.

Yekaterina le sonrió afablemente.

—Ya verás cómo no pasa nada.

—Si, Yekaterina tiene razón —añadió Isabel —. En poco tiempo, la tormenta pasará.

—Eso espero —murmuró Elizabeta mientras se apretujaba al lado de Gilbert.

Mientras tanto, afuera, la tormenta se iba embraveciendo.

—¿Vash? ¿Todo bien?

—¡Sí, capitán!

—¿Berwald?

—¡Sí!

Entre los tres, intentaban ocuparse de todo el barco, aunque era algo complicado.

El viento les impedía comunicarse y la fuerte lluvia les emborronaba la visión.

Arthur maldijo por lo bajo. Debería haber cambiado la ruta.

Ahora se daba cuenta de lo cabezota que había sido, aunque eso no era algo que iba a admitir a nadie. Pero se sentía culpable. Por su culpa, Berwald y Vash estaban poniendo su vida en peligro.

En el interior, todos notaron como la tormenta se embravecía.

Al final, fue Isabel quien no pudo más.

Oía ruidos de otros camarotes, donde los tripulantes bebían, esperando a que pasara la tormenta.

Pero ella no podía quedarse quieta sin hacer nada. Con Gilbird aún en el hombro, se dirigió a la puerta del camarote.

—¡Isa! ¿Qué piensas hacer?

—Voy a ver si necesitan ayuda.

—Si la necesitaran, iría mi asombrosa persona, no hace falta que arriesgues así.

Isabel bufó, divertida.

—Tú quédate con Eli.

Sin escuchar a nadie, salió del camarote, e inmediatamente las gotas de lluvia empezaron a acribillarla, y el viento le removió el pelo impidiéndole ver casi nada.

Se recogió el pelo en un moño y avanzó intentando ver, como podía.

En uno de los extremos del barco, pudo divisar una cabellera rubia. Pero los tres eran rubios, así que había muchas posibilidades.

Avanzó un poco más, y después de confirmar que no era Berwald, cuya altura era inconfundible, rezó porque fuera Arthur.

Poco a poco, y aguantándose donde podía, avanzó lentamente. Cuando ya estaba cerca se dio cuenta de dos cosas a la vez: una, efectivamente, era Arthur; la otra, es que estaba a punto de caer por la borda.

Corriendo todo lo que podía, Isabel se acercó a él, pero fue demasiado tarde.

Justo antes de llegar, sus miradas se cruzaron mientras su capitán caía al mar. Isabel llegó y se asomó, intentando divisarle, pero Arthur no asomaba la cabeza.

A poca distancia de allí, se encontraba Vash, aunque con las manos ocupadas.

Isabel se acercó.

—¡El capitán ha caído al agua!

Vash maldijo en alemán y luego se giró hacia Isabel.

—¡Arthur no sabe nadar! ¡Pero no hagas nada imprudente!

A su pesar, Isabel no había escuchado la última frase.

Nada más oír que Arthur no sabía nadar se dirigió al lugar donde había caído y se lanzó al agua sin pensarlo ni un momento.

XxXxX

La tormenta amainó y la puerta del camarote se abrió.

Un Vash empapado y jadeante entró, cayendo al suelo, seguido de Berwald.

Gilbert miró detrás de ellos, buscando al inglés y a la española. Al no verlos tragó saliva y se temió lo peor. ¿Qué podía haber pasado?

—¡Berwald! ¡Qué preocupado estaba! —Tino no dudó un momento antes de correr a abrazar a Berwald, sin molestarle que el nombrado estuviera empapado.

—Arthur e Isabel —comenzó Vash —. No están.

Todos se quedaron helados.

—¿Qué quieres decir? —exigió Elizabeta, asustada.

—El capitán cayó al mar durante la tormenta —comenzó el suizo.

—Pero el capitán no sabe nadar —se horrorizó Tino, que seguía abrazado a Berwald.

—Eso le dije a Isabel —suspiró Vash —. E inmediatamente después se tiró detrás de él.

Todos se quedaron callados.

Elizabeta apretó la mano de Gilbet, sabiendo lo que venía a continuación.

—No hay rastro de ellos.


Comentarios: Bueno, quién se lo esperaba? Creo que nadie xD Mmmm... después de unas risas viene otra vez la tensión... Dios, no les doy descanso, pobre Arthur, pobre Isabel... Soy una mala persona, no les dejo que se lo pasen bien TT Muchas gracias, a todas las que me disteis mensajes de ánimo y consejos... Realmente estoy pasando una mala racha en asuntos personales, y escribir para gente como vosotros que me anima así me ayuda mucho, por eso no me gustaría bajar el nivel de escritura y que podáis seguir disfrutando~ Muchas gracias a todas! PD: Lo traje pronto, no? xD

Avances: En el próximo capítulo comenzaré directamente desde el punto de vista de nuestros protas~ No seré tan mala como cuando Iván secuestró a Isa, que apenas dejaba entrever lo que pasaba con ellos xD Espero~


Gracias por los reviews a todas *Se arrodilla y les agradece*

Poppy-chan: Nadie esperaba a Turquía D: Pobre Turquía, debe sentirse poco querido xD Arthur? Romanticismo? Creo que debemos enseñare el significado de esa palabra... Yeah, estaba esperando el momento para meter al FBT... Es que son geniales! Es que Soren es el Rey del Norte... Pero Isa es Isa... Los dos son geniales, vamos XD Me alegro que pienses que no ha bajado mucho, muchísimas gracias :D Y no te preocupes, cuando llegue el capítulo en que se encuentren con ellos lo verás xD

LittleMonsterStick: Nadie se esperaba a Turquía! Aish, ven aquí Sadiq, yo te consuelo xD Grecia-Turquía, si es lo mejor que hay xD Gracias por los consejos... De verdad he revisado lo que he escrito y tienes razón U.u O sea, muchísimas gracias, me has ayudado mucho :D Me halaga que te guste mi Isabel~ Intentó no hacerla como Toño, porque bueno, no son la misma persona, pero que tampoco pierda ese aire que le da el autor a la nación española... Y bueno, es difícil, así que me alegro que te guste :D

Gest: Que sepas que se volvió a mandar como Guest! xD A mi también me ha pasado varias veces... Y me fastidia mucho U.u Ya, como digo... A nadie se le pasó el turco por la cabeza... Habrá que ir a consolar a Sadiq, que está deprimido en su barco :( Me alegra que te guste Artie e_e El es sexy cuando quiere... Lo que pasa es que es un tsundere xD Me alegro que te haya gustado ese Artie... Ese es el verdadero, el otro es la tsunderidad hablando por él xD Todos amamos a Igg~


Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^

Muchas gracias :3