Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, la historia si :3
EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)
Capítulo 12
Lo último que recordaba era estar hundiéndose en las frías aguas del mar. Las olas la golpeaban, pero ella no había dejado de buscar a Arthur.
La tormenta era fuerte, y el agua estaba fría.
No recordaba cuando había dejado de luchar y simplemente se había dejado llevar.
La sensación de ahogarse era terrible. Todo estaba oscuro y hacía frío. Intentaba nadar hacia la superficie, pero no tenía fuerzas suficientes. Abrió los ojos, desesperada, y empezaron a escocerle. Igualmente, no podía ver nada. El verdadero pánico comenzó cuando empezó a acabársele el aire. Abrió la boca para respirar, pero lo único que consiguió fue tragar agua. Comenzó a toser, pero no había aire para aliviarla, sino más agua.
Poco a poco, empezó a perder la conciencia. Su visión empezaba a ser puras manchas rojas y negras, y ya no sentía la necesidad de respirar. Como si se estuviera durmiendo, dejó de luchar. Así se estaba muy bien. No tenía ganas de hacer nada más.
Cerró los ojos y ya no sintió nada más.
XxXxX
Las hijas de la casa fueron corriendo a avisar a su padre. La joven que unos misteriosos hombres habían traído hacía unos días a su casa estaba despertando.
El hombre, que se había encargado personalmente del cuidado de la joven, entró en la habitación.
Los marineros que la habían traído se habían visto preocupados, pero también apresurados.
—Cuídenla-aru.
Esas habían sido sus palabras. Después de dejar a la joven, se habían marchado inmediatamente sin dejar rastro.
El hombre negó con la cabeza. Aunque en realidad, a él tampoco le había importado hacerse cargo de la joven. Tenía cuatro hijas, así que sabía cómo tratar a las jóvenes.
Poco a poco, la extranjera abrió los ojos.
—¿D-dónde estoy? —preguntó confundida mientras miraba a su alrededor.
—Estás en mi casa… Unos hombres te rescataron después de que naufragaras —le explicó —. ¿Cuál es tu nombre?
—¿Mi nombre? —La joven se paró a pensar un momento —. N-no lo sé…
—¿Qué quieres decir con que no lo sabes?
—¡No lo sé! No me acuerdo. Yo- —la castaña se cogió la cabeza con las manos. Le había empezado a doler repentinamente.
—Vale, tranquila, no te alteres… —la tranquilizó el hombre —. ¿De dónde vienes? ¿Qué es lo último que recuerdas?
La chica palideció. Intentó recordar algo, pero no podía. Negó con la cabeza, mientras el hombre suspiraba.
—Ya, no pasa nada… Debiste pasarlo mal durante el naufragio…
Ella asintió y entonces se fijó en un colgante que llevaba en el cuello.
Despacio, lo cogió. En el reverso estaba grabado un nombre: Carmen Carriedo. Y delante, un clavel.
—Bueno… Según este colgante, mi nombre es Carmen Carriedo.
—Ese nombre suena español… Sin embargo, no estamos en España, y tú hablas mi idioma… ¿Crees que sepas hablar español?
La joven lo pensó durante unos instantes e intentó hablar en ese idioma. Efectivamente, lo conocía a la perfección, lo que la hizo presuponer que realmente era su idioma natal.
—Está bien, Carmen, puedes quedarte aquí hasta que recuperes la memorias.
La castaña asintió, agradecida.
—Yo, no me gustaría estar aquí sin hacer nada. Por favor, dime como puedo ayudarte.
El hombre se rió y negó con la cabeza.
—No hace falta. Mi nombre es Luis.
—Pero, me siento culpable estando aquí sin hacer nada y… —Carmen intentó levantarse pero empezó dolerle la cabeza así que se sentó en la cama de nuevo.
—No hagas esfuerzos innecesarios —le aconsejó Luis.
En ese momento, sus cuatro hijas que estaban detrás de la puerta, escuchando, entraron para presentarse.
—Yo soy Monique, ella es Marie, ella es Jeanne, y ella Michelle.
—Yo soy… Carmen. —No sabía por qué, pero se encontraba incómoda cuando se nombraba a sí misma como Carmen.
Se encogió de hombros interiormente y se levantó de la cama.
La más joven, Michelle, empezó a buscar por la habitación, como si buscara algo.
—¿Estás buscando el pajarito? —le preguntó Monique.
—Sí, pero ya no está —respondió la otra, triste.
Las cuatro muchachas pusieron una expresión triste que las delataba como hermanas. Todas tenían una figura delicada. Monique, la mayor, tenía el pelo rubio claro, recogido en una trenza larga a un lado y los ojos de un azul cristalino, mientras Michelle, la menor, tenía el cabello castaño, recogido en dos coletas y los ojos de un marrón claro, en contraste a sus hermanas.
Las otras dos, hermanas mellizas, Marie y Jeanne, de pelo rubio claro y ojos azules brillantes, Marie con el pelo largo recogido detrás de la cabeza, y Jeanne con el pelo corto, eran las que gozaban de más curvas, mientras que las anteriores estaban más igualadas.
El hombre, con el pelo gris y unos profundos ojos azules, las intentó consolar.
—Vamos, no os preocupéis… Habrá salido volando, a buscar a su familia.
—¿Tú crees? —preguntó Jeanne, que debía tener la edad de la española, y que era la más alegre de las cuatros. Estaba hecha toda una soñadora.
—¿Un pajarito? —repitió Carmen. Le dolía la cabeza, como si quisiera recordar algo pero no pudiera.
—Si… Estaba contigo cuando te trajeron al pueblo, y no se ha separado de ti mientras has estado en la cama… Pero ahora parece que se ha ido —informó Monique.
—A lo mejor era tu ángel de la guardia —agregó Marie, en voz baja —. Y te estaba cuidando por orden de Dios.
Carmen se rió.
—No creo…
—Bueno, no lo sabes —bromeo Michelle.
—Venga, niñas —apresuró su padre —. Deberías dejarla descansar. No recuerda nada y no creo que ahora le apetezca mucho hablar.
—¿No recuerdas? —preguntó Jeanne, horrorizada —. ¿Nada de nada?
Carmen negó con la cabeza, con tristeza.
—Ni siquiera sé donde estoy —murmuró.
—Bueno, es un pueblo costero de Francia —le informó Marie.
—¿Francia? —preguntó Carmen. La verdad es que ni siquiera se acordaba que el idioma que había estado hablando era francés… Aunque ahora sí que parecía acordarse. No solo podía hablar francés y español, ¿verdad?
La española hizo memoria. También sabía italiano… y alemán… e inglés. Cuando recordó esto, le di una punzada en la cabeza, que lejos de molestarla, la animó. Podría ser que hubiera estado hablando inglés antes de naufragar…
Intentó recordar algo, pero nada vino a su mente, para su desgracia.
Esbozó una sonrisa.
—Igualmente, me gustaría salir de aquí. Me estoy agobiando, y no tengo muchas ganas de quedarme en la cama.
Luís resopló con frustración, pero asintió.
—Bien, pero no salgáis del pueblo.
—No te preocupes, padre —le dijo Jeanne, mientras cogía a Carmen del brazo y la sacaba de allí, seguida de sus hermanas.
XxXxX
Arthur despertó en una cama desconocida.
¿Dónde demonios estaba? Lo último que recordaba era caer por la borda del barco y ser engullido por las olas.
Le había parecido que alguien se tiraba detrás de él… Pero era imposible, ya que sólo eran tres ahí fuera, y no podían haberse dado cuenta de su caída.
Lentamente, se levantó y salió de la habitación, bajando las escaleras.
Acabó de una sala de estar, donde se encontraba una pareja junto a una niña de unos ocho años.
Ellos tenían el pelo canoso y los ojos azules, al igual que su hija, que además tenía el pelo de un bonito color castaño oscuro.
La niña le sonrió y corrió hacia él.
—¿Ya se ha despertado, señor?
Arthur gruñó, internamente. Ugh, francés. Pero se iba a ver obligado a hablarlo para conseguir algo. Dedujo que por tanto, estaban en Francia.
—¿No ves que sí? —le respondió con malos modales.
La niña, lejos de molestarse, le volvió a sonreír.
—Me alegro, no sabíamos si iba usted a despertar.
Arthur no pudo evitar devolverle la sonrisa. Maldita niña adorable. Aunque ahora que se fijaba, aunque hablaba francés, tenía un acento extraño.
La mujer se acercó a él.
—Oh, joven, me alegra ver que ya se ha levantado. ¿Le puedo ofrecer algo?
Arthur iba a negarse, pero al final decidió aceptar la propuesta.
—Si pudiera preparar algo de té.
—Por supuesto, querido. Enseguida lo tendrás.
El hombre simplemente alzó la vista y saludó con la cabeza a Arthur. Estaba claro a quien había salido la niña.
—¿Dónde estoy, pequeña? —le preguntó el inglés, curioso.
—En Francia —contestó ella, contenta de ser de ayuda.
—¿Pero tú eres de Francia?
La chiquilla rió y negó con la cabeza.
—No. Yo soy de Andorra. Pero hace dos años nos mudamos aquí porque es la ciudad natal de mi papá.
—¿Y tu mamá?
—Ella es de España. Ella me enseñó a hablar español y catalán, y mi papá me enseñó a hablar francés.
La niña le cogió de la mano y le llevó hasta un asiento, obligándole a sentarse.
La mujer no tardó en salir de la cocina.
—Aquí tiene su té, caballero —le ofreció.
El padre de la niña gruñó.
—Dejad de ser tan amables. No sabes si es un pirata, o que.
Arthur se tensó.
—Querido, no seas maleducado. Sea pirata o sea lo que quiera ser, ahora es invitado en nuestra casa.
—¿Te vas a quedar mucho? —preguntó la niña, ilusionada.
—No creo —respondió Arthur. Al ver como la tristeza inundaba la cara de la castaña, se apresuró a cambiar de tema —. ¿Cómo te llamas?
—Soy Adrianne.
—Encantado, Adrianne. Yo soy Arthur.
—¿Eres inglés? —preguntó la niña con curiosidad.
—Vaya, si que eres inteligente —murmuró el inglés mientras asentía con la cabeza.
Una vez terminó el té, se levantó dando las gracias.
—Creo que debería irme. No quisiera ser molestia.
—Pero si no tienes adonde ir —exclamó la mujer.
Arthur se encogió de hombros.
Ahora su prioridad era encontrar un modo de mandarle un mensaje a Francis. Era un oficial de la Marina, así que sólo enviaría el mensaje a su base, y de allí se lo mandarían a él directamente.
—Necesito encontrar la manera de enviar un mensaje —explicó.
La mujer empezó a pensar pero fue el hombre quien los interrumpió.
—En el pueblo de al lado podrás encontrar una mensajería.
Arthur respiró aliviado.
—Gracias. Bueno, debería ponerme en marcha.
—Déjame que te acompañe —le pidió Adrianne.
—No creo que sea una buena idea.
La madre rió.
—Se recorre ese camino todos los días, no está muy lejos, ella te guiará.
—¿Va a dejar que su hija se vaya con un completo extraño?
—Querido, te lo veo en los ojos. Eres una buena persona, no serías capaz de hacerle nada.
Arthur sonrió con tristeza.
—Tiene razón, no sería capaz de hacerle nada.
—Pues vamos. —Adrianne cogió la mano de Arthur y salieron de la casa, mientras este se despedía.
—Adiós, señora, gracias por acogerme.
La mujer se despidió de ellos con una sonrisa mientras su marido también sonreía. A pesar de ser un gruñón, el inglés le había caído simpático.
XxXxX
—¿A dónde me llevas? —preguntó la española mientras era arrastrada.
Jeanne se giró y le sonrió.
—Vamos a nuestro huerto.
—¿Un huerto? —preguntó la castaña, extrañada. Jeanne asintió mientras Marie soltaba una risita, Michelle cogía el otro brazo de Carmen y Monique sonreía, siguiéndolas.
—Si —afirmó Michelle —. Nos encanta cultivar de todo. Ya verás, seguro que te gusta.
Pronto las cinco chicas llegaron al huerto.
Carmen entró y le inundó una sensación de tranquilidad que no había tenido desde que despertó. No sabía por qué, pero aquel huerto le daba buenas vibraciones.
—¡Mira, Monique! —gritó Michelle —. Los tomates ya están maduros.
Corriendo, se acercó a donde estaban Jeanne, Marie y Carmen, mientras Monique comprobaba las tomateras.
Se acercó y le tendió el tomate a Carmen.
—Toma, pruébalo.
Carmen lo miró, indecisa.
—¿Seguro?
—¡Claro! ¡Están buenísimos!
La castaña, cogió el tomate con cuidado y lo miró cuidadosamente. Lentamente, lo probó, dándole un mordisco.
Sin darse cuenta, una sonrisa se le dibujó en el rostro. Aquel sabor tan familiar la inundó temporalmente.
Apenas dio otro mordisco, algunos recuerdos comenzaron a inundarla. Primero, algo confusos, sobre todo de Lovino.
Una vez estos se aclararon, llegaron otros, pero borrosos. Apenas podía comprenderlos. Parecía estar en un barco, pero no podía sacar nada más en claro.
Impaciente, intentó recordar más. De los últimos cinco años de vida lo único que sabía con certeza era haber estado en algún sitio donde no estaba Lovino. Pero no comprendía nada de eso.
Monique la miró, preocupada.
—Carmen, ¿estás bien?
La nombrada asintió, acordándose de donde estaba.
—De repente te pusiste seria y no nos respondías —explicó Jeanne.
—Yo… Recuerdo cosas.
—¿En serio? —preguntó Michelle, emocionada.
—Cuéntanos —le pidió Marie.
—Bueno… recuerdo mi infancia. Crecí sin mi madre, cuidada sólo por mi padre. Mi relación con él no era muy buena, pero a pesar de eso, le quería. Él me comprometió con un chico italiano. Nuestras familias eran amigas desde hace mucho, y decidieron unirnos. Al contrario de lo que pueda parecer, no me enfadé con él ni nada por el estilo. Tal vez, porque estaba enamorada de aquel chico.
Monique le sonrió compasiva mientras Michelle la miraba con ojos soñadores y Jeanne y Marie suspiraban.
—¿Y qué pasó?
—Bueno… Recuerdo que salí de viaje con mi padre. Ellos dos, mi padre y Lovino, que así se llamaba el chico italiano, no estaban de acuerdo… Pero yo amaba el mar, así que me corté el pelo, y me embarqué con mi padre. Luego recuerdo días divertidos con la tripulación en el barco… Pero luego todo está fragmentado. No sé qué ocurrió, pero lo único que tengo son recuerdos borrosos de una mansión que no era en la que yo vivía. Y en ninguno sale Lovino. Y luego, ya no sé nada más.
—¿Todo esto cuando lo recordaste? —preguntó Marie.
—Después de comer el tomate.
Las cuatro hermanas francesas se miraron entre sí.
—Tal vez… Tus recuerdos de Lovino van unidos a los tomates… —propuso Michelle, pensativa.
La española abrió los ojos. ¡Era cierto! En casi todos los recuerdos que tenía con Lovino, estaban o comiendo tomates, o estos salían en la conversación. Y su padre tenía un huerto de tomates en su casa. Tal vez era por eso.
—Pero, eso significa que después de lo que pasó ya no volviste a ver a Lovino, ¿no? —preguntó Marie.
—Es cierto —murmuró Monique.
—Me preguntó que me pasó —añadió Carmen, con tristeza. La llenaba de impotencia ese sentimiento de no saber que le pasaba.
—No pasa nada —la animó Jeanne —. Ya verás como dentro de poco recordarás más cosas.
—Eso espero —bromeó Carmen —. O me quedaré aquí a daros la vara eternamente.
Las francesas rieron y las cinco salieron del huerto, yendo hacia la casa de las hermanas, ya que entre unas cosas y otras, se había hecho la hora de comer, y todas estaban hambrientas.
Por el camino, la española empezó a pensar. ¿Qué demonios le había pasado? ¿Y cómo había terminado allí?
Le dolía mucho la cabeza, pero no le importaba. Lo único que quería era saber qué demonios le había pasado.
—¡Carmen, vamos, no te quedes atrás!
Y esa era otra.
Ese nombra no dejaba de sonarle raro. Según el colgante su nombre era Carmen… Pero tenía el presentimiento de que su nombre no era verdaderamente ese. Le costaba reaccionar cuando la llamaban así. Tenía que asegurarse dos veces de que le estaban hablando a ella, y se sentía incómoda pensando en sí misma como Carmen.
Pero no tenía ni idea de cuál podría ser su verdadero nombre.
XxXxX
Arthur siguió a la pequeña, que no paraba de hablar.
—Y en el otro pueblo viven mis tíos, ¿sabes? Así que podríamos quedarnos allí.
—¿Pero está muy lejos?
—No. Yo suelo ir corriendo, y llegó en media hora. Pero ahora vamos andando… No creo que tardemos mucho, igualmente.
Arthur asintió mientras Adrianne seguía hablando, y mientras pensaba que le iba a decir a Francis en la carta.
No quería poner mucho de lo que le había pasado, por si alguien más la leía… Pero necesitaba que comprendiera la urgencia de ir a por él.
Probablemente se reiría de su cara durante el resto de su vida.
Arthur resopló, molesto. Pero no le quedaba otra, así que debía resignarse.
No tardaron mucho en llegar al otro pueblo, como Adrianne le había dicho. Era un pueblo tan parecido al anterior, que cualquiera pensaría que seguían en el mismo.
Adrianne le cogió de la mano y le llevó hasta una casa.
—Aquí viven mis tíos. Ahora la mensajería estará cerrada, pero puedes ir mañana.
Arthur suspiró. No le quedaba otro remedio.
Adrianne entró un momento, dejando a Arthur en la puerta y salió poco después.
—Vamos, compremos el pan, mis tíos tiene preparada la comida.
—Yo no quiero ser una molestia.
—No digas tonterías —le recriminó la niña, inocentemente —. Ya les he hablado de lo que ha pasado, y me han dicho que estarán encantados de acogerte.
Arthur se permitió esbozar una sonrisa y se dirigieron a la panadería.
Mientras entraban se chocaron con una joven de pelo rubio y corto y ojos azules.
Arthur resopló, molesto.
—Perdón —se disculpó la joven, pero cuando le miró, sus ojos se achicaron con sospecha.
Arthur tragó saliva, ¿era posible que le conocieran?
—¿Cómo te llamas? —le preguntó la joven.
—Eh, soy John —mintió Arthur —. ¿Y tú?
—Jeanne —contestó la otra —. No eres de pueblo, ¿verdad?
—No —admitió Arthur —. Naufragué, y llegué aquí.
Jeanne se quedó pensativa y luego asintió.
—Un placer, John.
—Lo mismo digo, Jeanne.
La francesa salió de allí, mientras Adrianne llegaba al lado de Arthur.
—¿Quién era? —preguntó curiosa.
—Nadie —respondió Arthur, quitándole importancia.
Aunque la verdad es que había algo que no le daba buena espina.
Comentarios: Y aquí estoy! Bueno, es que estoy haciendo otro cursillo de oboe... Y este ni siquiera es en mi pueblo e_e Y en cuanto he podido he terminado el capítulo que os traigo ahora mismo... Sip, yo, como autora de esta historia, lo que me concede a moldearla como quiero, hice a Isabel perder la memoria... ¿Por qué? Porque soy cruel xD También me gustaría comunicar que después de este lío que terminará pronto, quedan sólo otras dos "sagas" para terminar :D Ya están ideadas... La que viene después de esta es relativamente fácil... Pero la otra me costará, lo se TT Así que, haré mi mejor esfuerzo :D
Aclaraciones: Bueno, para quien no se haya dado cuenta, Monique, es Monaco; Jeanne, es Juana de Arco (Jeanne d'Arc); Marie es Maria Antonieta (Marie Antoinette); Michelle, es Seychelles; y por último, Adrianne, es Andorra. Os preguntareis, porque son ellas y no simplemente les ha puesto un nombre y ya? Porque quiero y puedo (?) No, es porque me hacía ilusión xD
Avances: Bueno, creo que en el siguiente capítulo se arreglará todo, como notaréis no soy muy de alargar mucho estas cosas para no desviarme de la trama principal que es el amor entre Arthur e Isa... Aunque todo lo que ocurre en la historia aporta algo a la relación :D
Gracias por tooodos los reviews *-*
Lala-chan 32165: Si te soy sincera, creía que eras tú, pero tampoco quería arriesgar a que no fueras xD Me alegra saber que acerté *-* Es que es Gil, y él es asombroso y merece saberlo todo xD Y bueno, es que son todos iguales, no quieren quedar en ridículo delante de una chica xD Y si, aquí los tienes... Arthur perfectamente... Isabel, bueno, podría estar mejor... :$ En un principio pensaba ponerles a los dos en una isla desierta, solitos, esperando a que alguien les rescatara contando solo con su mutua compañía... Peeeero... Mi reciente cariño a Monaco, Seychelles y Jeanne (vino a la vez hacia las tres) hizo que saliera esto... Y así ha quedado xD
IreneRodriguez 1: No te preocupes, mujer :D Fui yo que fui demasiado rápida O.o Es que, hombre... Arthur se cree que Isa no socializó con nadie U.u Por favor... Que parece que no la conozca e_e Y bueno... Vash la quiere (en el fondo) porque le recuerda a su hermanita (?) Así que no le quedó otro remedio que hacerle caso xD Y sip, Isabel no serviría para psicóloga xD Aunque eso fue bueno para Sadiq e_e Y Arthur echando chispas por los ojos claro xDD Y es que son como niños pequeños... Ni piratas ni leches xD Son unos críos :D_ (pero sexys :D) Y bueno... es Arthur... Nosotras lo queremos tal como es xD Y es Isa... Lo de la alabarda es natural para ella :D Bueno, misterio misterio... Misterio solo para Gilbo que le cuesta pillar todo lo que no sea su asombrosidad xD Nosotras sabemos que Prusia sigue existiendo pero el gobierno intenta ocultarlo, porque es un país totalmente awesome xD Wow... Esa colcha molará, te lo digo yo Xd
IreneRodriguez 2: Si... Es que no tenía otra cosa que hacer xD Y por supuesto... Además, que Soren es un profesor sexy, y eso cuenta para mucho, jum! Y me da pena el pobre Gilbo, que lo marginaron totalmente... Nosotras te queremos, vamos a consolarte! Si! Esas dos parejas son explosivas, maldita sea... Los amo XD Y es que me los imaginaba a cada uno con su versión, dandoselas de importantes, y luego Noruega revelandolo todo e Isa partiendose de risa xD El mejor arma que existe... Una sartén xD Si es que Isa, al final no pudo evitar salir a por Artie *-* Si, le regalaremos ese flotador (y también con a bandera de España kolkolkolkol) Y bueeno... Eso iba a pasar en un principio... Pero hubo un cambio de planes (Léase, la autora está como una cabra xD) Yo... Yo no les torturo! No lo hago... verdad? *Llora* xD Dios... eso es épico e_e No es una coincidencia, yo lo se muahahaha... Gracias por comentar!
Poppy-chan: Es que Arthur... ya te vale, tío U.u Si, ellos creían que el dolor de cabeza era de la resaca mientras la sartén ponía cara de malvada xD Hombre... imaginate estar en su lugar. Prácticamente es una persona que te ha jodido la vida... Benditas escritoras, que contamos con el Síndrome de Estocolmo para que surga el amor e_e Y más les vale no meterse con Isa, o averiguarán de nuevo el significado de la alabarda xD Gracias por comentar!
Hana-Liatris: No pasa nada, te comprendo... Son vacaciones! Disfruta! xD Si... bendito Ron... Todos esperaban la isla desierta (que es lo que iba a ser en un principio)... Pero al final terminó así xD Aish, me alegra que a pesar de que no te guste la pareja te gustaran los personajes :D No has visto imagenes de España con la alabarda? Búscalas, están geniales! Le pega muchísimo :D Sip... Pobre Arthur D: Pero bueno, sigue vivo! Yay! Gracias por comentar :D
LittleMonsterStick: Me alegra que te gustara :$ Intento que ambos se vayan dando cuenta poco a poco... O sea que al salir de esta isla y ya deben tener los sentimientos bastante claros... Espero xD Y si... Bueno, es España... que se puede esperar? xD Y bueno, aquí está el capítulo Y por supuesto, está colada hasta las trancas... Aunque no lo acepte xD Y sí... tus consejos me ayudaron muchísimo *-* Si... Hungría y resaca... mala combinación xD Y gracias... parece que va algo mejor así que... Bueno, gracias por comentar!
Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^
Muchas gracias :3
