Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, la historia si :3

EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)


Capítulo 13

Gilbert miró a Gilbird, que estaba en apoyado en su cama, descansando.

—Tranquilo, has hecho un buen trabajo —murmuró el albino.

Gilbird pió, feliz de haber podido ayudar a su dueño.

Mientras, el barco había puesto rumbo a cierto pueblo costero de Francia, en busca de Arthur y de Isabel.

—¿Dónde iremos primero? —preguntó Elizabeta.

—No lo sé —murmuró Vash —. Creo que deberíamos empezar por el pueblo donde supuestamente está el capitán, y luego continuar el camino hacia donde está Isabel. ¿Estás seguro de que la información es correcta? —preguntó girándose hacia Gilbert, que bufó, ofendido.

—Por supuesto que la información es correcta, ¿por quién me tomas?

—No os peleéis —intervino Elizabeta —. Ahora lo importante es llegar rápido antes de que a cualquiera de los dos se les ocurra irse por su cuenta. Cosa que no me extrañaría nada.

Tino suspiró, al lado de Berwald.

—Espero encontrarlos pronto… Esto no es lo mismo sin ellos.

Yekaterina asintió, y a continuación, sonrió.

—Ya veréis como están bien. Estamos hablando de Arthur e Isabel. No les habrá pasado nada.

Tras esto, siguieron rumbo a la costa de Francia.

XxXxX

Jeanne subió a la casa, donde sus hermanas y Carmen ya habían terminado de poner la mesa mientras su padre preparaba la comida.

Con expresión seria, entró a la cocina, donde estaba su padre.

—¿Qué pasa? —le preguntó el mayor.

—Tenemos que avisar a la Marina —comenzó Jeanne.

Su padre paró de hacer lo que estaba haciendo y la miró fijamente, haciéndole un ademán de que se sentara.

—No puedes decir eso a la ligera. ¿Por qué deberíamos llamar a la Marina?

—Lo he visto. Un pirata. Uno de los más peligrosos.

—¿Quién era?

—Arthur Kirkland.

Luis se paralizó. ¿Arthur Kirkland? ¿Precisamente ese? No era posible, tenía que ser otro. Era demasiado increíble para ser verdad.

—¿Estás segura de que era él?

—¡Por supuesto que sí!

Su padre se levantó y fue hacia su habitación, dónde guardaba los carteles de Busca y Captura de los piratas que le enviaban desde la Marina. Sacó el cartel que buscaba, y volvió a la cocina, donde Jeanne le estaba esperando.

—¿Era este?

Jeanne observó el cartel fijamente. Hubiera deseado que aquel tipo que se encontró en la panadería no fuera aquel pirata. Ni siquiera tenía pinta de mala persona. Pero eran iguales, no podía ser otro.

—Era ese.

Luís dejó el cartel en la mesa y salió al comedor.

—La comida está lista, vamos a empezar a comer, chicas. —Luego de decir esto, volvió a entrar a la cocina, y cogió el papel para guardarlo de nuevo, girándose hacia Jeanne —. Mañana por la mañana iré a la mensajería.

La rubia asintió, aliviada. No quería que aquel pirata hiciera nada malo en su tranquilo pueblo.

Ambos salieron al salón, y sirvieron la comida.

—¿Qué hablabais ahí dentro? —preguntó Michelle, curiosa.

Jeanne miró a su padre, quien asintió, dándole permiso para contarlo.

—Hay un pirata en el pueblo.

—¿Qué? —exclamó Marie, asustada —. No puede ser… ¿Sabéis quién es?

—Arthur Kirkland.

Tras la revelación, una expresión de terror se dibujó en la cara de las otras tres francesas, pero la española se quedó callada, mientras el rostro de Arthur venía a su mente, junto a un fuerte sentimiento, que ni podía saber si era odio o tal vez… amor. ¿Pero por qué lo conocía? ¡Ella no se juntaba con piratas! O al menos, esperaba no hacerlo.

—No lo puedo creer —murmuró Monique —. Al menos habréis avisado a la Marina.

Su padre negó con la cabeza.

—La mensajería está cerrada. Deberemos esperar hasta mañana.

—¡Pero mañana será muy tarde!

—No te preocupes. Si no ha hecho nada hasta ahora no veo por qué debería hacerlo mañana o al otro. Y la base de la que se encarga Bonnefoy está muy cerca de aquí, así que no tenéis por qué preocuparos.

La ojiverde continuaba callada, mirando al suelo. Cada vez que pensaba en su nombre, le daba una punzada en el pecho.

Tal vez no estaban en el mismo pueblo por casualidad. Tal vez tenían algo que ver ¿Pero por qué razón iba ella a ir con un pirata? ¿Por qué iba a cambiar a Lovino a los tomates, por Arthur?

Todo aquello le provocaba un gran dolor de cabeza, pero no sabía que podía hacer. Una parte de ella le decía que lo mejor era alejarse del capitán Kirkland tanto como pudiera. Otra parte le pedía que le buscara, le pedía respuestas a todas las incógnitas que tenía. ¿Qué se suponía que debía hacer?

La castaña sacudió la cabeza. ¡Era un pirata! No se acercaría a él. Encontraría otra manera de recuperar sus recuerdos

Después de esto, siguió comiendo mientras las francesas ya habían cambiado de tema, y ahora hablaban de los chicos más guapos del pueblo.

El día pasó lentamente, sin noticias del pirata y pronto llegó la noche.

Las cuatro francesas acompañaron a Carmen a su cuarto.

—Buenas noches —desearon las cuatro. La española les respondió con una sonrisa.

—Estás preocupada por el pirata, ¿verdad? —adivinó Jeanne.

—Un poco… Cuando dijisteis su nombre, su cara vino a mi mente… Entonces, no se dé que puedo conocerlo.

Las hermanas se miraron las unas a las otras.

—No te preocupes —aseguró Monique —. Nosotras te protegeremos.

—Mañana nuestro padre va a avisar a la Marina, o sea que no tienes de que preocuparte —agregó Jeanne.

—Cuando hayan capturado al pirata, daremos una fiesta para celebrarlo —añadió Marie, con los ojos brillantes.

Michelle rió ante la ocurrencia de su hermana, y se giró hacia la española.

—No va a pasar nada.

Carmen rió también. Aquellas chicas le daban confianza, de verdad.

Se tumbó en la cama, intentando mantenerse despierta, pero el sueño la venció, y no tardó en sumirse en la inconsciencia, mientras imágenes de Arthur Kirkland iban y venían en su mente.

XxXxX

—Arthur, despierta —dijo una voz suave, mientras su dueña mecía a Arthur para despertarlo.

Con un gruñido, el inglés abrió los ojos para encontrarse a Adrianne, ya vestida, que le miraba fijamente, sonriendo.

—Mi tía ha preparado el desayuno. Ven a comer algo, y luego puedes ir a la mensajería.

De mala gana, Arthur se levantó y siguió a la niña hasta la cocina, donde su tía, una mujer igual de amable que su madre, ya le esperaba con el desayuno preparado.

—¿Ya has despertado? Toma, he preparado algo para comer. Necesitas fuerzas para recuperarte después de un naufragio.

Arthur frunció el ceño. Si ya le habían invitado a comer el día anterior. Tampoco iba a negarse, la comida estaba deliciosa.

—Luego te acompañaré a la mensajería —añadió Adrianne —. Y de paso daremos una vuelta por el pueblo y te lo enseñaré.

Arthur asintió mientras seguía comiendo, pensando en que le pondría a Francis en la carta. Esperaba que el maldito francés no estuviera muy lejos y pudiera llegar en un par de días como mucho.

Nada más acabar de comer, se dirigió a la mensajería, y allí envió el mensaje, después de dar un largo suspiro.

Mientras tanto, Luís había enviado a las cinco chicas a la mensajería por él, mientras el hombre limpiaba la casa.

Como no, ellas tampoco tenían ninguna prisa e iban deleitándose con el paisaje. A la española le fascinaba el pueblo. Era familiar y hogareño, y todos los habitantes se saludaban entre sí.

Justo antes de llegar a la mensajería, un joven se acercó a ellas, saludando a las cuatro hermanas inmediatamente.

—Monique, Marie, Jeanne, Michelle… Tan bonitas como siempre —alagó.

—No nos vengas con peloteos —regañó Monique, a pesar de haber enrojecido.

El joven rió y luego centró la atención en la española.

—¿Y esta joven quién es? —preguntó, cogiendo su mano y depositando un suave beso sobre ella.

—Ella es-

—¡Isabel!

El chico frunció el ceño y miró hacia donde estaba el que había gritado.

Jeanne se giró levemente para mirar quien había gritado así y palideció.

—Dios… Es Arthur Kirkland. Y está viniendo hacia nosotros —comunicó con un hilo de voz.

—Vale, no pasa nada —murmuró Monique entre dientes —. Vamos a fingir que no lo hemos visto y ya está. No tiene nada que ver con nosotras.

—¡Isabel! —volvió a gritar el pirata, mientras el joven francés se despedía de ellas apresuradamente.

XxXxX

Arthur no podía creerlo. Después de dejar el mensaje, había salido de la mensajería y había oído unas voces.

Al girarse, junto a otras cinco personas, allí estaba Isabel. ¿Pero qué hacía allí? Era demasiada coincidencia.

En ese momento vio como el chico le cogía la mano y se la besaba, y enrojeció de rabia. ¿Quién era aquel maldito francés que se atrevía a tocar a Isabel?

—¡Isabel! —gritó, esperando que se girara. Sin embargo, no fue ella quien le miró, sino la misma chica que se había encontrado el día anterior en la panadería.

Arthur tragó saliva. Aquello no le gustaba nada. Tenía un malísimo presentimiento.

Siguió avanzando hacia ellas.

—¡Isabel! —volvió a gritar. Pero la española no se giraba. ¿Qué le había picado? Ya un poco irritado llegó hasta donde estaban las chicas, ya que el joven se acaba de marchar. Bien por él —. ¿Por qué me estás ignorando? —le preguntó una vez la alcanzó, ignorando a las cuatro francesas que la miraban aterrorizadas.

—Eh… ¿yo?

Arthur rodó los ojos, ante la expresión de sorpresa de Isabel, y luego, impulsivamente, la abrazó, haciendo que Isabel se tensara muchísimo.

—Por Dios, ¿qué demonios estás haciendo aquí?

—¡Déjala en paz! —gritó de repente la joven de la panadería —. ¡No te acerques a ella, pirata!

—¿Quién eres tú? —preguntó malhumorado Arthur.

—Soy Jeanne. Y ella no es Isabel. Su nombre es Carmen.

Arthur, confundido se giró hacia la española, que le miraba desconcertada. ¿Qué demonios estaba pasando allí?

XxXxX

—¡Por fin hemos llegado! —proclamó Gilbert, impaciente por encontrar a Arthur e Isabel.

—Tranquilo, no queremos llamar la atención —le reprendió Elizabeta.

—Bien, Berwald y yo nos quedaremos en el barco. En cuanto lo encontréis venía pitando, ¿vale? A mitad tarde quedamos de nuevo en el barco para partir al siguiente pueblo a encontrar a Isabel —ordenó Vash.

Todos asintieron con la cabeza, convencidos y comenzaron la búsqueda de su capitán.

Al cabo de un tiempo sin rastro del capitán, una mujer se acercó a Gilbert, quien andaba ya desesperado, mientras Elizabeta seguía con todos sus ánimos en perfecto estado.

—Perdonen… ¿Ustedes son los que están buscando a un hombre inglés y rubio que naufragó?

—Cejón, no te olvides de cejón —señaló Gilbert entre risas.

La mujer sonrió.

—Puede ser que yo sepa a quien están buscando. Hace unos días naufragó un hombre con esas características. Su nombre era Arthur.

—¡Es él! —gritó Gilbert emocionado —. ¿Dónde está?

—Se fue ayer.

Elizabeta y Gilbert se quedaron callados, sin saber cómo reaccionar.

—¿Cómo que se fue ayer? ¿A dónde?

—Al pueblo de al lado, a la mensajería, a enviar un mensaje para que vinieran a rescatarle.

Después de pedir las coordenadas del pueblo, Gilbert suspiró.

—Así que ahora Arthur e Isabel están en el mismo pueblo. Deberíamos haber ido allí primero.

—No te quejes, al menos sabemos que está bien.

Volvieron al barco donde ya esperaban todos los demás, y les explicaron la situación.

Todos negaron con la cabeza, mientras Tino reía.

—Bien, pues vamos al siguiente pueblo —ordenó Vash —. Vaya pérdida de tiempo… ¿Quién le manda moverse del pueblo?

Todos se quejaron, pero en el fondo, al igual que había dicho la húngara, estaban contentos de saber que todo había ido bien.

XxXxX

—¿Cómo que Carmen? Tú no eres Carmen —aseguró Arthur mirando a la española fijamente —. Tú eres Isabel.

—¿Cómo lo sabes? —rebatió Monique, llenándose de valor.

Arthur la miró con incredulidad.

—Porque la conozco.

De repente, un montón de recuerdos invadieron la mente de Isabel. Desde el ataque a su barco, hasta los cinco años que se había pasado atrapada. La expresión de su cara fue cambiando.

—Oh, ahora recuerdo —comenzó.

Arthur sonrió.

—¿Ves? Ya podemos irnos.

—¡Por supuesto que te recuerdo! Maldito cabrón —agregó rencorosamente.

—¿Recuerdas? —preguntó Michelle, emocionada.

—¿Qué está pasando aquí? —exigió saber Arthur.

—Eres un idiota —continuó Isabel —. ¿Cómo te atreves a presentarte tan tranquilo? No sé cómo demonios llegué aquí, pero me alegro de haberme alejado de ti.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Arthur confundido.

—Oh, Dios mío, te odio —acabó la española.

Las cuatro francesas miraban la escena un poco sorprendidas. ¿De qué conocía Isabel a aquel pirata?

Arthur se mordió el labio, con impotencia. ¿Qué le pasaba a Isabel? Parecía que no recordaba nada de lo que había ocurrido en el barco. ¿De verdad lo había olvidado? ¿O lo recordaba pero prefería quedarse allí que volver con ellos?

Sin poder resistirse a la tentación, se acercó a ella y la besó con fiereza.

Isabel trató te apartarse pero Arthur se lo impidió.

Conformé el beso fue avanzando, el resto de recuerdos empezaron a invadir la mente de Isabel. Desde el primer día que había visto a Arthur después de aquellos cinco años, hasta la noche de tormenta, donde se había voluntariamente a rescatarlo.

Arthur se separó lentamente, mientras Isabel caía de rodillas al suelo. Sus recuerdos estaban recuperados, pero todo había ido muy rápido para su mente.

Jeanne hizo ademán de ir a golpear a Arthur, pero Isabel se lo impidió.

—No —susurró.

Y luego se desmayó.

XxXxX

Francis releyó la carta por millonésima vez, mientras iba camino al pequeño pueblo francés.

Riendo entre dientes, negó con la cabeza. Emily y Madeleine estaban también en el barco, en su camarote.

—Dios mío, Arthur… ¿A quién se le ocurre? Menos mal que mi base está justo al lado. ¡Qué suerte has tenido! Bien, no debe quedar mucho para llegar. Ha naufragado… Dios mío, no me lo esperaba de él.

Y así, continuó riéndose, mientras en otro barco ya estaban atracando en el puerto.

—Bien, ahora si… ¡Ya estamos aquí! —exclamó Gilbert lleno de euforia —. Esta vez sí que sí.

Vash resopló ante el escándalo que estaba armando el albino, pero él también estaba deseoso de encontrar al inglés y a la española.

Al final, también Vash y Berwald bajaron, dejando a otros tripulantes sin importancia arriba a proteger el barco.

Lentamente comenzaron a buscar por el pueblo, separándose de nuevo.

Yekaterina fue la que llegó a la mensajería, y acordándose de lo que les habían explicado Gilbert y Elizabeta, entró decidida.

—H-hola —saludó tímidamente —. ¿Por casualidad ha venido aquí un hombre rubio con unas cejas muy gruesas?

El encargado, que se le había quedado mirando embobado, tragó saliva y asintió. Los ojos de la ucraniana se iluminaron.

—¿De verdad? ¡Muchísimas gracias!

Tras esto se giró y salió corriendo, para buscar a alguien.

Vash estaba preguntando a la gente, o intentándolo al menos, cuando Yekaterina le encontró.

—¡Ha pasado por la mensajería, o sea que está aquí!

El suizo suspiró. Bien, al menos sabían que estaba en el pueblo.

Por otro lado, Tino y Berwald iban preguntando casa por casa. Al fin, llegaron a una casita donde les atendió una joven rubia de pelo corto.

—Perdona —comenzó Tino, sabiendo que Berwald no sería capaz de preguntar nada sin asustarla —. Estamos buscando a un hombre rubio con unas cejas muy gruesas.

La joven alzó las cejas.

—No será por casualidad el capitán Kirkland.

Tino abrió los ojos y tragó saliva. ¿Sabía que eran piratas? A lo mejor estaban manteniendo a Arthur como rehén, y habían llamado a la Marina. ¡A lo mejor tenían a Arthur torturado o muerto o algo peor!

—Está dentro —prosiguió la chica al ver que el finlandés con contestaba —. ¿Sois compañeros suyos?

Tino asintió lentamente.

—Está bien, entrad. Él y la otra chica están dentro de casa.

Tino le hizo una seña a Berwald para que fuera a buscar a los otros, mientras él entraba a la casa.

El sueco asintió con la cabeza y se dirigió a buscar a los demás, mientras el otro entraba en la casa cuidadosamente.

Dentro, sentados en las sillas, estaban otras dos jóvenes francesas, un hombre más mayor, y al lado, Arthur e Isabel.

—¡Arthur! ¡Isabel! —exclamó Tino, contento de verlos a salvo.

La cara de Isabel se iluminó y corrió a abrazarle.

—¡Tino!

—Este es Tino —presentó Arthur —. Es miembro de mi tripulación.

Las chica se presentaron, y le finés miró a su capitán, extrañado.

—¿No nos van a entregar? —preguntó, un tanto temeroso.

—No. Es una larga historia. ¿Los demás también vienen?

Tino asintió con la cabeza mientras el padre de las francesas se levantaba a preparar café para todos los que estaban por venir.

Los primeros en llegaron fueron Vash y Yekaterina. Vash se limitó a pronunciar un escueto saludo, mientras que Yekaterina se lanzó a ellos, fundiéndolos a los dos en un enorme abrazo.

Poco después llegaron Gilbert y Elizabeta. Gilbert se sentó en una de las sillas, agotado, mientras que Elizabeta le dio un golpe en la cabeza a Arthur –a falta de una sartén- y un gran abrazo a su amiga.

Cuando estuvieron todos acomodados, Arthur empezó a contar lo que le había pasado a él, la razón por la que se había movido del pueblo.

Luego empezó a relatar su historia Isabel. Comenzando por cuando había despertado sin recordar nada, y todas habían creído que su nombre era Carmen, a razón del colgante que le había regalado su madre antes de morir.

Cuando terminó fue Yekaterina quien preguntó tímidamente.

—Entonces, ¿no nos van a entregar?

Las francesas negaron con la cabeza.

—Si sois amigos de Isabel no podéis ser malos. —Aunque Jeanne seguía mirando a Arthur con desconfianza, este parecía haber hecho buenas migas con Marie y con Michelle.

Después de un poco allí, de repente, alguien tocó a la puerta.

Luís se levantó para abrir, descubriendo a dos hombres extraños.

—Hola~

—Buenos días-aru.


Comentarios: Sinceramente, mis vacaciones acaban de empezar realmente y mi sentido del tiempo ha desaparecido completamente. No se ni ha que día estoy y hace cuant que subí el último capítulo... Asi que no se si he ido rápida o lenta xD Estoy en la playa~ Así que no se cuando podré actualizar D: Pero haré lo que pueda :D En cuanto al capítulo... Bien, me costó más de lo que pensaba... Y se que hay muchos cambios de escenario, pero son completamente necesarios (?) Porque ahora va a haber un batiburrillo de gente impresionante O_O Así que, creo que todo el mundo sabe quienes son los que han aparecido... Bien, el último es evidente... El otro ya ha salido antes~ Y bueno, en el siguiente capítulo se averiguará :D

Avances: Eso, vuelven a salir una tirpulación pirata que ha salido antes, y saldrá de nuevo Francis :O Y otra tripulación nueva :D (pirata, la última, de la Marina me quedan otros dos/tres personajes xD) Así que la próxima saga, que supogo durará uno o dos capítulos, es de relax... Cuando termine irán los últimos extractos de los diarios de Gilbert-sama y luego ya comenzaremos con el final O_O


Gracias por los reviews :3

Poppy-chan: Aish, acertaste con el pollito, si que era Gilbird... Gilbird siempre está atento a todo, el es un miembro más de la tripulación :D Y sip... Carmen es el nombre que le puse a la madre de Isa, porque en el fandom japonés, a Fem!España se le dan dos nombres: Isabel (con el apellido Fernández, el correcto) y Carmen (con el apellido Hernández, que fue una confusión que hubo O_o) Así que... aquí tienes el capítulo xD

Lala-chan 32165: Muahaha China power-aru! A mi me pasó también... Y fue en plan: Fuck, se han enviado anónimos TT Y sip, acertaste, Carmen es el nombre de la madre de Isa :D Pues si, pobrecita D: Si, Arthur tiene un instinto para Isa D: Están unidos mentalmente (?) Pero si que le han reconocido! D: Bueno, algo parecido ha pasado, ha faltado el beso de Artie para que Isabel colapse con sus recuerdos~ Muestra de que siempre estaba pensando en él (?) Creeme, no sabía como hacerlo, yo tenía mil versiones en la cabeza :3 Al final quedó así... Bueno, no se como habrá quedado, pero bueno xD Gracias por comentar :3

Hana-Liatris: El acento de China es inconfundible-aru xD Aish, yo no soy mala... D: Si que l soy TT Y se reencontrará con él, no te preocupes e_e Pues si... Arthur va a morir muahahaha Si que soy mala TT me alegro que te gustara :$ Y gracias por comentar :D

LittleMonsterStick: En pueblos distintos, pero al lado el uno del otro eh? xD Me alegro que te haya gustado... No soy capaz de mantener los conflictos mucho tiempo por que si lo hiciera se haría eterno e_e Y bueno, después de esto, su relación avanzará *-*

IreneRodriguez: Aish, ahora me siento culpable por hacer que te agobiaras D: Y a mi es que me pasó en el mar, me pilló una corriente y no podía salir TT Lo pasé fatal D: Pues si, mira que no saber nadar TT Maldita sea, lo habéis adivinado todas (?) Es que ese aru, es inconfundible xD No me mateees TT *Huye corriendo* *Vuelve* Me lo merezco, matame D: Pero ahora ya ha recuperado sus recuerdos gracias a nuestro pirata sexy :D Sip, Carmen era la madre de Isa~ Aish, no te impacientes, que Lovi saldrá! Tranquila! Yo también me la estaba imaginanado y era una monada *-* Maldita sea, que cuca D: Y con Francis le espera una buena xD Se va reir de él hasta el día de su muerte ajaja Si! Quiero una foto de esa colcha *-* Que guay que te quedará, Dios xD Gracias por comentar!

Strawberry07: Me alegro que te guste tanto :$ Bueno, como ves si que se ha encontrado, y aquí tienes el capítulo :D Y no te preocupes... Se encontrará con Lovi, porque soy mala, y me gusta hacerles sufrir xD Gracias por comentar :3


Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^

Muchas gracias :3