SOFÁS DE CABARET

Sept.


Si uno no es más duro e inescrupuloso que todos los demás, lo destruirán, con o sin remordimientos.

Zygmunt Bauman.

El primer día siempre es difícil, nuevos compañeros, nuevos profesores, nuevas materias y horarios complicados. Al menos, esas eran las clases de «primer día» a los que estaba acostumbrada. Pero hoy, no iba a encontrar profesores ni materias. Este día iba a encontrar otro tipo de compañeros -porque no sabía como más decirles- y horarios asfixiantes e imperturbables.

Después de pasar tres días en el módulo de reciente ingreso, donde tuvo que asimilar su privación de la libertar con ayuda de trabajadores sociales y psicólogos en una celda particular, estaba siendo finalmente trasladada a un módulo donde se establecería su vida dentro del reclusorio.

El pasillo estaba mal iluminado por las linternas de bajo voltaje, el eco de sus pasos resonaba en sus oídos mientras los curiosos se asomaban a través de las minúsculas ventanas cercadas de sus puertas, susurrando entre ellos. Ahora estaba siendo escoltada por un guardia hasta su celda.

Sus manos esposadas al frente de su estómago se apretaron en puños. La sensación de amargo emergió a lo largo de toda su lengua mientras el rictus de sus labios se volvía cada vez más fino.

Una vez se detuvieron, la puerta de la celda se abrió para ella; un pequeño cubículo haciendo de dormitorio la saludó con tres camas, dos hechas litera, equipadas con sabanas percudidas aunque limpias, almohadas y una frazada para las épocas frías; incluso el piso estaba limpio. Aunque un leve olor de humedad le provocó cierta incomodidad en la nariz, probablemente por la poca ventilación del sitio.

El guardia quitó las esposas antes de empujarla dentro, murmurando algo como «escoria» posteriormente cerrando para alejarse. Maka se masajeó el brazo a lo largo, sujetándose a la manga mientras observaba desde dentro, no era un lugar esplendoroso pero tampoco estaba tan mal como creyó.

Por la situación en la litera superior y la cama individual asumió que esos espacios estaban ocupados. Dejando como único lugar disponible la litera baja donde yacían su juego de sabanas dobladas a lado de un recipiente para sus artículos de aseo personal, el carnet monedero y una almohada.

Con suavidad se sentó en el colchón intentando ni siquiera hacer ruido. La luz de una rejilla se colaba hasta el piso iluminando sus zapatos, además de proyectar una secuencia de luz y sombra similar a las teclas de un piano. Extendió la mano como si estuviera frente al instrumento mientras recordaba las bonitas melodías interpretadas por Soul en el café.

—Soul… —suspiró con tristeza. Era la única persona a la que podía considerar cercana en este país -en todo el mundo-. Fue el único que la escuchó en momentos realmente difíciles e incluso arregló para ella un lugar donde arrendar cuando llegó a Francia por primera vez. Aunque pequeño, aquel sitio era cómodo y de alguna forma hogareño. Soul también era la persona con quien solía cenar antes del trabajo, quien tenía un café y galletas esperándola al salir de su jornada. El mismo que la animó a presentarse en bazares con sus cuadros a cuestas.

Entendía que por su posición, acercarse a ella no era una buena idea si esperaba desligarse de su familia eventualmente. Además, siempre había sido franco al respecto de su extraña ¿amistad?, quizá él terminaría desapareciendo de su vida igual que llegó como muchas veces hizo alusión. Al menos era honesto; eso era exactamente lo que Maka valoraba.

Si no podía venir a verla o ayudarla, no lo culparía. Ya hizo bastante en el pasado. Quizá lo único que lamentó de esto, fue la incapacidad de despedirse y darle las gracias. De no verlo una última vez, aunque fuera un poquito.

Suspiró decidiendo ser optimista, ya que llegó en el horario de siesta según las indicaciones del penal, se daría a la tarea de acondicionar su espacio. Ocuparse en algo la haría olvidarse del mundo por un momento, incluso de sus compañeros de celda ausentes.

No pasó mucho tiempo cuando las alarmas del penal resonaron, era momento para que los internos nuevamente hicieran sus asignamientos o pudieran acudir al patio comunitario según el rol de actividades. A pesar de querer quedarse en la celda, porque no le apetecía salir a ver a nadie, las reglas estrictas de horarios le impidieron quedarse dentro. Su puerta nuevamente se abrió para ser enfilada con el resto de prisioneros guiándolos hasta el espacio abierto.

Su módulo estaba conformado por al menos cien reos, junto con otro edificio fueron vaciados alcanzando casi doscientas personas en el patio. La luz del sol estaba casi extinta pero a los demás no les importaba en absoluto, se agruparon en lo que Maka llamaría pandillas, conviviendo de forma armoniosa hasta cierto punto. Dejándola como el único individuo sin un grupo.

No importaba, siempre fue alguien solitaria de cualquier manera.

Buscó un lugar tranquilo entre la gente, tratando de ignorar el escrutinio del resto, encontrando un hueco bastante aislado en la pared norte. Ahí se sentó en posición de loto para contemplar las nubes anaranjadas del ocaso a falta de interés por hacer contacto visual con alguien; y sonrió. Hacía tanto que no «veía» un atardecer por pasársela trabajando o estudiando. Irónicamente, este era un extraño momento para ser ociosa en medio de su supervivencia por un lugar en el mundo.

Estiró el cuello con curiosidad, intentando encontrar formas en las nubes porque no tenía nada mejor que hacer, hasta que sintió el golpe de un balón caer sobre su hombro. Al estar distraída, su balance fue malo dejándola contra el suelo.

Un conjunto de risas estalló sin tapujos desde la cancha de baloncesto cercana, donde un grupo conformado por hombres y mujeres se burlaban de ella. Se puso de pie sacudiendo el enterizo para salir de ahí, no convenía hacer problemas con nadie.

—Hey, rubia. Sé educada y al menos devuelve nuestro balón. Do you undertand?

Nuevamente las carcajadas flotaron alrededor, Maka pensó en ellos como los matones de la clase y dejó de prestarles atención cuando se alejó sin prisa. Desafortunadamente, no pensaban dejarselo fácil después de ese desplante. El más alto, de piel tostada; que tenía una boina tipo newsboy al estilo de los años veinte, señaló con la mirada a su acompañante rubio como si indicara su captura. Este joven obedeció yendo a detenerla, se paró delante suyo obstaculizando su camino sin esfuerzo.

Maka en verdad no tenía intenciones de comenzar de forma hostil aquí cuando de por sí ya se podía respirar tensión en el ambiente. Se disculpó intentando ser educada pero nuevamente bloquearon su paso. Suspiró, no entendía porqué la gente necesitaba ser estúpidamente problemática por un poco de dominio. Sin más opción se detuvo contemplando el suelo.

—Te dije que nos pasaras el balón, mocosa. Ah, no entiendes francés. Can you give me the ball? Is it correct?

El espectáculo rápidamente se convirtió en el evento principal del patio. Las pandillas se mantenían atentos e incluso algunos se acercaron a merodear. Era extraño obtener algún tipo de entretenimiento nuevo, al grado que los guardias no intervinieron para ver como se desarrollaban los hechos.

Un tipo de aspecto más joven perdió la paciencia, comenzando a empujarla—. Que chica más estúpida. El señor Noah está siendo amable contigo ¡¿Quién diablos crees que eres para ignorarlo, ah?! —increpó revelando el nombre del moreno. El aludido miró las acciones del otro sin aprobarlas.

—Gopher, debemos ser amables con los nuevos. Deben de estar asustados —ironizó haciendo a un lado al más bajito. Luego cambió de sitio con el rubio que la detuvo en primer lugar, agachándose un poco—. Además, ella podría asesinarte como a ese agente. Ten cuidado.

El sujeto recién nombrado liberó una risotada sin escrúpulos—. Tuvo que embriagarlo para matarlo —mencionó apretando el hombro de ella con fuerza, haciéndola gesticular dolor— ¿Usted cree que esta basura puede hacerme algo? Simplemente está siendo altanera porque nadie le ha dado una lección.

Maka llevaba demasiados días reprimiendo su genio y sus ganas de estallar, intentando decirse que ser violenta y oponerse solo traería desgracias, pero aquí era una historia diferente. Aquí era comer o ser comido; hasta no demostrar su inocencia, ella estaba condenada a la supervivencia en este reclusorio.

De un movimiento brusco hizo a un lado la palma del tal Gopher y encaró a Noah—. Con permiso, por favor —escupió con su último vestigio de diplomacia.

Al ser ignorado, el de cabello rizo imprimió mucha más fuerza para agarrarla del hombro, desafortunadamente, subestimó a la chica cuando le doblegó por la muñeca en un agarre firme alrededor de sus huesos, hiriendo la zona hasta ser liberada. Lo único que sintió después fue un poderoso golpe sobre el pecho que lo envió contra el suelo.

À suivre…


Aclaraciones:

Do you undertand?: ¿Entiendes?

Can you give me the ball? Is it correct?: ¿Puedes darme el balón? ¿Es correcto?