Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, la historia si :3
EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)
Capítulo 14
La primera en reaccionar fue Yekaterina.
—¡Vanya!
El resto se quedó para mirando a Iván, que era abrazado por su hermana mayor, y al joven que se encontraba a su lado, que tenía una mirada enternecida en la cara, asombrados.
De repente, Luís se levantó, apuntando al joven de origen chino.
—¡Tú eres quien trajo a la chica!
Arthur miró al chino, enarcando una ceja.
—¿Tú la trajiste aquí, Yao? —preguntó.
—Bueno —titubeó Yao —. Me hubiera gustado quedarme con ella y esperar a que despertara-aru. Pero tenía a un peligroso pirata acosándome-aru.
—Yo no te acosaba, da~ —protestó Iván, mientras Yekaterina se había colgado de su brazo.
—¡Si lo hacías-aru! —exclamó el chino —. Igualmente, eso ya no importa-aru. Para mi desgracia, al final me alcanzó-aru.
Isabel los miró divertida, mientras Elizabeta tenía una sonrisa sospechosa en la cara.
Antes de que ninguna pudiera decir nada, Iván intervino.
—Nada más le alcancé y me contó lo que había pasado, me preocupé, ya que la chica que describía se parecía mucho a Isabel~
—Me alegra ver que estáis todos bien-aru —suspiró Yao —. Nuestras tripulaciones están en la plaza, esperando noticias-aru.
Arthur asintió, y se levantó, siendo seguido por el resto de la tripulación.
Iván se quedó atrás, esperando a Isabel, que estaba junto a Elizabeta.
—YaoYao me dió un girasol para regalártelo cuando te recuperaras~ ¡Pero está en el barco! Debería volver, ¿da? Y te lo daré~
—Eh, Iván, de verdad, no hace falta —intervino Isabel, halagada por que hubieran pensado en ella.
—Entonces, Braginski —comenzó de repente Elizabeta —. ¿Por qué perseguías a Yao?
—¡Porque es un acosador-aru! —exclamó el capitán Wang, que había oído la pregunta.
—Para que Yao sea uno conmigo~ —contestó en cambio Iván.
Isabel se quedó de piedra, pero a Elizabeta le brillaron los ojos.
—Oh, eso es tan romántico —dijo en tono soñador.
—No es romántico. Da miedo-aru —volvió a intervenir Yao, que estaba más atento a la conversación del ruso que a la suya propia.
—Aww, Yao, sabes que serás uno conmigo, ¿da?
Isabel y Elizabeta se pusieron a reírse sin poder evitarlo ante la cara de resignación del chino mientras a Arthur y a Gilbert les entraba un escalofrío por el comentario casual de Iván.
Pronto llegaron a la plaza, donde estaban las dos tripulaciones.
—¡Chicas! —exclamó Feliks mientras corría a saludar primero a Yekaterina y después a Isabel y Elizabeta, ignorando olímpicamente a los hombres —. O sea, tipo, la única mujer que hay en la tripulación no es nada-fabulosa… Y Toris está obsesionada con ella, y es, tipo, nada genial.
—Oh, Feliks, no te preocupes —le consoló Elizabeta, para a continuación, un aura tenebrosa la envolviera mientras susurraba —. El amor siempre florece.
Y Gibert, que seguía un tanto incómodo por la presencia del ruso, prefirió volver con Elizabeta.
—Deberíamos ir a saludar a la tripulación de Yao, ¿no? —comentó ella. Gilbert e Isabel se encogieron de hombros. Isabel no les conocía de nada, y Gilbert apenas había intercambiado unas palabras con ellos.
Llegaron a donde estaban los otros.
—Te presentaré a los más importantes. Él es Im Yong Soo, el timonel de la tripulación. Es el que le hace la mayor competencia a Iván por la atención de Yao —rio Elizabeta, mientras Isabel sonreía divertida, y Gilbert rodaba los ojos —. Y él es Xian Wang. Se encarga de las armas. Algo así como nuestro Vash.
El coreano se acercó enseguida a saludarlos emotivamente para luego volver a "proteger" a Yao de Iván, mientras que Xian les saludó con un simple movimiento de la cabeza.
Y luego, Elizabeta sonrió.
—Y aquí vamos —canturreó —. Estos son mis mejores amigos (al mismo nivel que Emma y Lily). Kiku Honda y Mei Wang. Mis compañeros de confidencias.
Los nombrados saludaron educadamente a Isabel y a Gilbert, que no se enteraban de nada, y luego se giraron hacia Elizabeta.
—¿Qué material nuevo tienes, Isa? —preguntó Mei, emocionada, mientras Kiku se inclinaba a escuchar, atento.
Elizabeta se inclinó también.
—Tengo de Sadiq y Heracles… Y de Soren y Lukas… Fueron las más difíciles de conseguir.
—¡Las quiero! —exclamó la taiwanesa.
—Estoy de acuerdo con Mei —apoyó el japonés.
Isabel y Gilbert, lentamente, se cogieron de la mano y se marcharon andando hacia atrás.
—Vamos a fingir que no hemos oído nada —susurró Gilbert.
—¿Oír? ¿De qué estás hablando?
Ambos asintieron y luego se separaron.
Gilbert desapareció de la vista en poco e Isabel miró alrededor. Iván estaba al lado de Yao, hablando, mientras el chino asentía, así que decidió no molestarles. De repente, alguien le puso una mano en el hombro, haciendo que se sobresaltara. Se giró para encontrarse a Arthur, que la miraba, divertido.
—Ah, eres tú —suspiró Isabel —. Vaya susto me has dado.
—¿Quién esperabas que fuera? —preguntó Arthur, alzando las cejas, sin poder evitar que una sonrisa divertida se dibujara en su rostro.
—No lo sé, en realidad…
Pero antes de que pudiera continuar, llegó el único que faltaba.
—¡Arthur, mon petit!
Francis entró a la plaza y corrió hacia Arthur.
—¿Cómo has llegado tan pronto? —preguntó Arthur, resoplando, zafándose del abrazo del francés.
—Mi base está aquí al lado —replicó Francis.
—Bueno, al final todos nos encontraron antes que tú, así que aún así, llegas tarde —contestó Arthur en tono mordaz, pero con un destello de diversión en los ojos.
Francis le miró lastimeramente.
—Yo vine muy rápido… Pero tuve que esperar a Madeleine y Emily.
—¿También han venido? —preguntó Arthur mirando entre la multitud, buscándolas.
Francis se giró también y no tardó en fruncir el ceño.
—¿Qué hace Braginski aquí con todos vosotros?
—Bueno —titubeó Arthur, mirando a Isabel —. Ocurrieron cosas… Podría decirse que ahora estamos en buenos términos con él.
Francis frunció el ceño, mientras seguía mirando al ruso. Parecía que él no había sido el único que se había dado cuenta de su presencia. A la vez, él y Arthur empezaron a caminar hacia Iván, siendo seguidos pronto por Isabel.
—¡Emily, tranquila! —gritó Francis mientras llegaba a donde su protegida fulminaba con la mirada al ruso, que tenía una mueca extrañada dibujada —. No pasa nada.
—¿Cómo que no pasa nada? ¡Él secuestró a Maddie!
La nombrada se encontraba detrás de su prima, que la protegía con su cuerpo, y estaba mucho más tranquila que ella.
—No pasa nada —susurró Madeleine, sin querer ocasionar problemas, pero otra persona le interrumpió.
—¿Secuestraste a una pobre chica? —preguntó Yao, horrorizado.
—Eh, yo —comenzó Iván —… Bueno, puede ser. Pero no le hice nada.
—¡Claro! ¡Porque Gilbert se ofreció por ella!
Unos cuantos se habían reunido alrededor, curiosos por lo que estaba pasando.
Isabel miró la escena, angustiado. Ciertamente, Iván podía parecer una mala persona mirando las cosas desde un punto de vista objetivo… ¡Pero no lo era! Aunque sus actos dijeran lo contrario.
El que actuó fue quien menos esperaba.
—No pasa nada —intervino Gilbert, poniendo una mano en el hombro de Emily —. Ya lo hemos arreglado con Braginski. Y él prometió que no volvería a hacerlo.
Emily se cruzó de brazos.
—Igualmente, yo no le pienso perdonar. ¡Vamos, Maddie!
Madeleine miró a Gilbert y le sonrió antes de seguir a Emily.
Yao miró a Iván con los brazos cruzados, esperando que el ruso dijera algo, pero él no sabía que podía decir.
—De verdad, Yao —dijo al final Arthur —. Lo hemos arreglado todo con Braginski… No ha hecho nada… malo.
—Mpf. —El chino giró la cara, e hizo ademán de irse, pero el ruso le cogió del brazo.
—Vamos a hablar, ¿da?
Mientras ambos se alejaban y la multitud se dispersaba, Francis se pasó una mano por el pelo.
—Debería ir a ver cómo están Emily y Madeleine… Adieu, mes amis.
Dicho esto se alejó, dejando a Isabel y a Arthur solos, tal como los había encontrado.
Entre ambos se formó un silencio incómodo, al que ninguno sabía cómo reaccionar.
—Eh, bueno, yo… Debería irme —murmuró Isabel mientras empezaba a moverse.
Arthur no tardó en reaccionar, cogiéndole del brazo.
—¡Espera!
Ambos se miraron un momento, en silencio, como estudiándose mutuamente, sin saber si dar el primer paso. Después de unos segundos así, Isabel fue la que se acercó a él, posando sus labios sobre los del inglés.
Sin perder un segundo, Arthur correspondió el beso, profundizándolo, probando el sabor de la española.
Igual que había comenzado, Isabel se apartó de él.
—¿Cómo he terminado así? —susurró, después de suspirar.
—A lo mejor es que soy terriblemente irresistible —bromeó el inglés.
Isabel negó con la cabeza para luego acercarse de nuevo a él, besándose otra vez. Arthur no pudo evitar sonreír cuando terminó el segundo beso.
—¿Dónde ha quedado todo nuestro odio? —continuó la española, siendo callada por el rubio con otro beso.
—Olvídate de eso —susurró Arthur —. Ya no importa. Eres mía.
En vez de enrojecer, Isabel sonrió confiada.
—Y tú eres mío~
—Por supuesto.
XxXxX
Francis no tardó en alcanzar a las dos chicas.
—¡Emily! ¡No corras! —La joven se paró para girarse, sin soltar a la pobre Madeleine, que estaba jadeando por la velocidad de su prima.
—¿Qué quieres?
—No hacía falta que reaccionaras así.
—¡Claro que hacía falta! ¡Ese ruso gigante secuestró a Maddie! ¡Y ellos son sus amigos como si no hubiera pasado nada!
—No solo secuestró a Maddie, ¿sabes? —replicó Francis —. Elizabeta también sufrió. Y Gilbert el que más-
—¡Entonces no comprendo cómo pueden olvidarlo y perdonarlo!
—Tal vez lo hayan perdonado, pero no lo habrán olvidado. Igual que nosotros no lo olvidaremos. ¿Vas a permitir que unos piratas te ganen moralmente? ¿Ellos son capaces de perdonar y tú no?
Emily bufó, soltando a Madeleine, que se cogió el brazo, dolorida.
—No pasa nada, Emily… Yo puedo perdonarlo. No parecía una mala persona.
—¡Estabas aterrorizada! —le gritó su prima, exasperada.
Madeleine bajó la vista, enfadada porque su prima le recordara lo débil que había sido. Francis se dio cuenta enseguida de que algo pasaba y le hizo una señal a Madeleine para que se acercara.
—Maddie, ¿qué te pasa? —preguntó fraternalmente, mientras Madeleine cerraba los puños.
—Nada. Yo… Me voy a mi camarote.
La joven se alejó en dirección al barco del francés, que se quedó con Emily.
—Mira lo que has conseguido —le recriminó.
Emily bufó y se cruzó de brazos. Después de unos instantes así, descruzó los brazos, le sacó la lengua a Francis y empezó a alejarse.
—Me voy. Adiós.
Francis suspiró y fue al barco, buscando a Madeleine.
La chica no estaba en su cuarto, como les había comunicado, sino que se encontraba en la cocina, cocinando algo, como siempre hacía cuando necesitaba desahogarse.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó la más joven.
—Vengo a ver cómo estás.
—No me pasa nada, estoy bien.
—No lo estás. ¿Qué es lo que te ha molestado? ¿Ha sido Iván?
—¡No! ¡Es lo que estaba intentando decirle a Emily! ¡Iván no me hizo nada!
—¿Entonces qué te pasa?
—Es eso… Él no me hizo nada, y sin embargo yo estaba tan asustada… Como si fuera una cría. Y por mi culpa, Gilbert… Yo no comprendo cómo luego se comportaba tan bien conmigo, cuando había tenido que sufrir tanto. Y Emily no cesa de recordármelo. Lo débil que fui. Seguro que ella no habría actuado así. Ella habría hecho algún acto heroico, como escaparse ella sola, o no se… Yo no. Me quedé quieta, paralizada por el miedo y…
Francis abrazó a su protegida.
—Maddie, no te preocupes. Tú no fuiste débil. Si a Emily le hubiera pasado eso habría actuado igual que tu.
—Pero-
—Estabas en el barco de uno de los piratas más temidos de la historia, y no tenías ni idea de que te iba a pasar. Tenías el derecho de sentir miedo.
Madeleine le miró.
—¿De verdad? —preguntó con un hilo de voz —. ¿Es normal que estuviera tan asustada?
—No tienes de que avergonzarte, querida. Eres una de las personas más valientes que conozco. Y desde luego, eres la única capaz de aguantar a Emily veinticuatro horas al día, siete días a la semana.
Madeleine soltó una pequeña risa, y Francis la abrazó, besándole la frente.
La joven le miró un momento para luego acercarse y darle un casto beso a los labios. Enrojeciendo violentamente, salió de la cocina y se fue a su camarote.
Francis se quedó quieto un momento y luego salió detrás de ella.
—¡Maddie! ¡Espera! ¡Ábreme la puerta!
—N-no —susurró la joven, avergonzada de lo que acababa de hacer.
—Por favor —suplicó el francés —. Necesito hablar contigo.
—¡L-lo siento! No debería haber hecho eso —murmuró tapándose los labios con la mano.
—Ábreme y hablemos —volvió a insistir Francis.
Madeleine abrió la puerta poco a poco.
—Y-yo, lo siento —repitió, con las mejillas rojas.
—No tienes nada que lamentar —replicó el francés acercándose a ella.
—Pero tú eres mi protector. Es egoísta por mi parte querer algo más.
—¿Es egoísta querer tu propia felicidad? Maddie, yo-
—Estoy enamorada de ti —confesó la joven, en voz baja, cada vez más sonrojada —. Desde el día que te hiciste cargo de nosotras. No dudaste un momento en ocuparte de mi prima y de mí, y siempre fuiste muy amable conmigo.
Francis le pasó la mano por la cara, y sonrió.
—Je t'aime, ma chèrie.
Madeleine alzó la vista ante la declaración del francés.
—Y-yo… Y-yo…
La joven se acercó al francés para volver a besarlo suavemente.
—No quiero que se entere nadie —suplicó Madeleine, haciendo que Francis frunciera el ceño.
—¿Por qué? —protestó.
—Porque no sería bueno para ti… Te mirarían mal, como si quisieras aprovecharte de mí, cuando yo sé que no es así.
Francis la miró, pensándolo bien. Estaba seguro de que ella no había caído en la cuenta, pero si formalizaran su relación, la haría vulnerable a ataques de piratas, la convertiría en su punto débil, y la pondría en peligro. El rubio suspiró.
—Está bien… Tanto tiempo como logres que Emily no se entere, lo mantendremos en secreto. En cuanto ella lo sepa… te casarás conmigo.
Madeleine le miró sorprendida. ¿Francis? ¿El mujeriego? ¿Dispuesto a casarse?
—No sé si-
—Yo aceptaré tu condición, tu aceptarás la mía —presionó el francés.
—Supongo que no me queda otra opción —susurró la rubia, esbozando una sonrisa tímida.
XxXxX
Arthur e Isabel continuaron besándose mientras escapaban hacia el barco, los dos impacientes, subiendo al camarote del capitán.
En ese momento en el navío no se encontraba nadie, ya que todos habían decidido salir al pueblo francés a divertirse. La noche ya había caído y el ambiente era silencioso y tranquilo, a excepción de los dos piratas que abrían la puerta del camarote.
Una vez dentro, el inglés cerró la puerta como pudo, para volver con Isabel, que le esperaba con una sonrisa pícara. Lentamente, la fue recostando sobre la cama, mientras ambos empezaban a liberarse de la ropa que les aprisionaba.
Arthur se acercó a ella, susurrándole en el oído.
—Llevo queriendo hacer esto desde que descubrí que eras Isabel, y no Antonio.
Isabel sonrió, besándolo antes de contestar.
—Parece que no soy la única que tenía que reprimir sus instintos~
XxXxX
El día amaneció diferente para unos que para otros.
Francis había comenzado su día como siempre, dando un paseo matutino, donde saludó a todos los habitantes, que ya le conocían de otras visitas anteriores.
A media mañana, cuando nadie más parecía haberse levantado, Madeleine salió del barco buscando a Francis.
Una vez le encontró, el marine besó su mano suavemente, haciendo que la joven se enrojeciera. Momento que fui interrumpido por Emily, que llegó corriendo diciéndole a Francis que quería desayunar mientras se cogía a brazo de Madeleine.
Poco después de esta escena, Iván salió de su barco para llegar al de Yao, donde Kiku le dedicó una mirada desconfiada.
—Estoy buscando a Yao, da~ —comunicó el ruso.
—Está durmiendo —le respondió el japonés, sin apartarse de la entrada.
En ese momento, se unió a Kiku el coreano, Im Yong Soo.
—¿Qué quieres? —le preguntó a Iván, fulminándolo con la mirada.
—Ya lo dije, da? Estoy buscando a Yao. Si no es mucha molestia.
—¿Quién te dice que te vayamos a dejar pasar? —replicó el coreano, mirándole fijamente. La tercera asiática se unió a ellas, regañándoles.
—No seáis malos —recriminó Mei, para luego dedicarle una sonrisa deslumbrante a Iván —. Pasa, Yao está desayunando en la cocina.
—Bien~ Nos vemos luego.
El ruso pasó por su lado, sonriendo de manera infantil, buscando al que se había convertido en su nueva obsesión.
Los tripulantes de todos los barcos comenzaron a despertar poco a poco, y a disfrutar del paisaje rural de aquel pueblo costero.
En su cama, Arthur se removió, mientras su acompañante se acurrucaba contra su pecho, aún dormida.
El inglés abrió un ojo, como para asegurarse de que Isabel seguía allí, aunque sabía perfectamente que así era.
Sin darse cuenta, empezó a pasar la mano por el pelo de la española, mientras, ya completamente despierto, la observaba con deleite.
Cuando Isabel comenzó a despertar, Arthur apartó la mano, y comenzó a levantarse de la cama.
—¿Te vas a quedar ahí todo el día? —se burló el inglés, mientras salía del baño, ya vestido completamente, al ver a Isabel aún apretujada entre las sábanas, aunque ya despierta.
—Mmmm… No es una mala idea, ¿sabes? Creo que lo voy a hacer.
Entre bromas y muchísimo sarcasmo, al fin los dos salieron del camarote, donde se encontraron a Gilbert haciendo manitas con Elizabeta.
Los cuatro se quedaron en silencio, y al final salieron juntos del barco.
—Disfrutad —murmuró Arthur —. Después de esto nos queda un largo viaje. Nos hemos atrasado muchísimo, no podremos hacer ninguna parada más hasta nuestro destino.
Los otros tres asintieron, y fueron a reunirse con los tripulantes de los demás barcos.
Caía ya la tarde cuando Gilbert, Isabel y Francis se encontraron.
Los tres se miraron mutuamente, y luego Isabel y Gilbert miraron a Francis.
—Entonces… ¿qué es lo que pasa con Maddie? —preguntó Isabel, levantando una ceja.
Francis giró la cabeza.
—L'amour siempre triunfa —se jactó, para luego mirar maliciosamente a los otros dos —. Como habréis comprobado también.
—¿Qué dices? No sé de qué me hablas.
—Por favor, Francis, no digas chorradas…
—Oh, vamos, estoy seguro de que Elizabeta y Arthur están muy felices~
Gilbert e Isabel se sonrojaron, y luego golpearon a Francis, para a continuación echarse a reír.
—Veremos cuánto dura —murmuró Gilbert —. Espero que no nos ocurra nada malo a ninguno de los tres.
—Ya te lo he dicho Gilbert, l'amour siempre triunfa, así que no tienes de que preocuparte.
Los tres se quedaron callados durante rato, simplemente en silencio, disfrutando del momento, con la suave brisa golpeándoles en los rostros. Al final, fue la española la que interrumpió el momento.
—Ocurra lo que ocurra, siempre nos tendremos a nosotros.
Los otros dos sonrieron, y allí se quedaron, hasta la mañana siguiente, disfrutando de la soledad en compañía.
Por fin llegó el día en que todos se despidieron. Yao fue el primero en irse, seguido de cerca de Iván, que cogió su misma dirección, para desgracia del chino.
Luego de esto, Francis y Arthur se despidieron también.
—No sé cuando nos podremos volver a ver… Espero que tardemos mucho.
—Oh, no seas cruel~ En cuanto puedo me acercaré a visitaros.
—Eso si nos encuentras —bromeó el inglés.
Los últimos piratas (la tripulación del capitán Kirkland) no tardaron en zarpar. Cuando apenas llevaban un par de horas de camino, Isabel se acercó a Arthur.
—Y, ¿a dónde nos dirigimos si se puede saber?
—Nápoles.
Comentarios: Bueno, mi inspiración va y viene ahora que es verano... Igualmente, hice lo que pude O_O Así que, parece que todo marcha bien para Arthur e Isabel... Lo de Yao e Iván es porque son adorables, y punto... Y necesitaba darle un poco de felicidad a Maddie y a Francis, no? D: Bueno, no tengo mucho tiempo para comentar esto, así que, espero que lo hayáis disfrutado... Es un capítulo de enlace entre la trama anterior, y lo que va a ser el último episodio de este fic (no se cuantos capítulos quedarán, pero no muchos)... Estos próximos, advierto que es posible que me tarde más, porque quiero hacerlos bien, ya que esto a está por teminar :3
Avances: Lo siguiente será el último extracto de los diarios de Gilbert-sama (por fin~) Y tampoco se cuanto tardaré xD Dios, los finales es lo peor TT
Gracias por los reviews :3
Poppy-chan: Siii... Para nuestra fortuna y la de Arthur 8) Es que Gilbird es awesome... Tiene su propio protagonismo muahahaha El BFT, me di cuenta de que cuando se conocieron los tres estaban solteros, y ahora están enganchados... Ya no podrán tener momentos de diversión como antes D: Sip, no podía evitar que Yao apareciera xD Y estos, ya después de los diarios de Gilbert-sama, saldrán :3 Gracias por comentar, y si, Andorra es una monada xD
Lala-chan 32165: No se cuanto me tardé, en verano el sentido del tiempo desaparece jajaja Es que se le pegó la awesomidad de su amo xD Y yeah, Gilbert nunca pierde un momento para burlarse de las cejas de Arthur xD Ellos son geniales... Unos cabeza hueca, pero geniales, al fin y al cabo :3 Sip, era Iván... No pude el da, adrede, pos pa confundir, porque soy malvada (?) Yep, acertaste... Ya queda poco para terminar esto ._. Y Lud, y Holanda serán Marines, Germania, también (pero retirado) y luego otro, que estará en el barco de Holanda 8D Gracias por comentar ^.^
LittleMonsterStick: Te comprendo perfectamente, muchas veces la tentación también me puede jajaja Y yap, esta saga era un poco para cerrar cabos que deje abiertos anteriormente (como el hecho de que Yao rescatara a Isa, o el amor no correspondido de Francis), Y pobre Arthur, lo hago sufrir de mala manera, jajaja Yeah... Arthur solo es así con España, porque España también saca su lado "así" con Arthur xD Son tal para cual (?) Vivan las vacaciones... No se ni a que día de la semana estamos xD Y gracias por comentar!
LacusJavi: Me halagas :3 Me alegra que te guste (viva esta pareja genialosa jajaja) Jajajajaja, tranquila, no se cuanto tardaré, pero esto seguirá muahahaha Gracias por comentar :D
Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^
Muchas gracias :3
