Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, este fanfic si :3

Disculpas masivas abajo

EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)


Capítulo 15

Isabel abrió los ojos, tumbada en la cama de su camarote. Elizabeta y Yekaterina ya habían salido, pero ella estaba igual de pensativa desde hacía unos días, cuando Arthur les dijo que iban a Nápoles.

Lovino era de Nápoles, lo recordaba. Tal vez… Hubiera una mínima posibilidad de reencontrarse con él. Después de más de cinco años…

Pero no. Debía quitarse esa idea de la cabeza. Era prácticamente imposible que se encontraran con Lovino. Y en caso de hacerlo, ¿qué le iba a decir? "Hola, Lovino, soy Isabel, y estoy en una relación con el pirata que nos separó".

La española se llevó las manos a la cabeza. ¿Qué haría en el hipotético caso de que se encontrara con el dichoso Lovino? ¿Se quedaría con Arthur o se iría con el italiano?

No lo sabía, y prefería no tener que tomar esa decisión cuando ni siquiera sabía si se encontraría con el italiano, o si él se acordaría de ella.

Apartando esos pensamientos, se levantó del camarote, y acudió a la cubierta, donde Elizabeta y Gilbert estaban entrenando. Imitándoles, ella misma se puso a practicar con su alabarda. Cada vez tenía más técnica, y ya la notaba como una parte de sí misma.

La española estaba orgullosa de su arma.

Arthur apareció por su espalda, abrazándola.

—Capitán Kirkland, estoy en medio de un entrenamiento, preferiría que no me molestase —bromeó Isabel, poniéndose seria.

—Lo siento, señorita Carriedo, pero-

—Tsk. Fernández. Mi primer apellido es Fernández, inglesito —le regañó.

Arthur alzó las manos en señal de rendición.

—Vale, vale, lo siento.

Isabel depositó un suave beso sobre los labios del rubio y luego le empujó.

—Ahora vete, tengo que entrenar.

Arthur rió y se alejó de allí, a comprobar que todo estuviera en orden.

Tino le interceptó cuando acababa de dar una vuelta al barco. El finlandés estaba serio, así que Arthur supuso que debía ser bastante importante.

—Capitán —comenzó Tino —. Debemos tener mucho cuidado esta vez.

—¿Qué quieres decir?

—Vamos a tener cerca a dos oficiales importantes de la Marina.

—¿Dos? —preguntó Arthur, sorprendido.

—Sí. Al parecer uno de ellos va a contraer matrimonio con una joven adinerada, y él, junto a su flota, se ha trasladado aquí.

Arthur gruñó por lo bajo.

—No pasa nada —decidió al fin —. Simplemente, tendremos que ser cuidadosos. Por fortuna las únicas caras conocidas son la de Berwald y la de Vash, además de la tuya y la mía.

Tino suspiró.

—En unos días deberíamos estar allí. Contra antes termines con los negocios, antes podremos marcharnos.

Arthur rió entre dientes.

—Por supuesto. No sé porque, pero hay algo que me da muy mala espina.

—Incluso tus instintos te avisan de que ese desembarco va a ser peligroso —rió Tino.

—Sí, eso será —concedió Arthur mientras el finlandés se despedía, en busca de Berwald, para avisarle de lo mismo que ya había avisado a su capitán.

No quedaba mucho para la hora de la verdad.

XxXxX

Arthur bajó del barco con confianza, con Tino a su lado. La mayoría de los tripulantes ya habían bajado nada más llegar, así que Berwald y Vash se quedaron vigilando el barco, como ya era costumbre.

El capitán pirata empezó a andar con grandes zancadas, seguido por el otro rubio de cerca.

—¿A dónde vamos, capitán? —preguntó Tino, admirando la hermosa ciudad.

—Es un lugar en pleno centro. Tranquilo, no falta mucho para llegar.

El finlandés asintió con la cabeza y siguieron caminando. Se respiraba un ambiente tranquilo y alegre, que hacía que los dos se sintieran a gusto.

Si afinaban los oídos, podían incluso escuchar claramente los murmullos de la gente.

—Lo sé, y hay un nuevo diseñador en la ciudad, que cuenta con muchísimo renombre. No puedo esperar para hacerle una visita. Volviendo al tema de antes… ¿Se sabe algo de su matrimonio?

—Sí, dicen que se casarán dentro de poco. A ella le gustaría una boda por todo lo alto, pero estoy segura de que él no se lo permitirá.

—Hacen una pareja tan bonita…

—Sí, yo creo que se complementan perfectamente…

Arthur no pudo evitar sonreír disimuladamente. Estaba seguro de que el matrimonio del que hablaban era el del marine con la adinerada, de lo que le había advertido Tino. Si de verdad la boda estaba tan cerca como decían, el marine estaría demasiado ocupado con su prometida como para ocuparse por piratas. Ventaja para Arthur.

Aún así, se mantenía mirando las calles por si avistaba algún marine. Había estado más veces en esa ciudad, era toda una trampa para piratas.

Pronto llegaron al establecimiento donde Arthur entró dejando a Tino fuera, vigilando. El finlandés miraba a su alrededor, nervioso, como si en cualquier momento esperase que alguien fuera a saltar sobre él.

Cuando el inglés salió, Tino no pudo hacer más que respirar aliviado.

—Menos mal que ya has terminado por hoy… Deberíamos volver

—Tranquilo —rió Arthur ante la actitud nerviosa del otro —. Vamos a volver al barco, pero con tranquilidad.

Tino asintió, y ambos emprendieron el camino de vuelta. Al poco tiempo, Arthur le hizo una seña para que le prestara atención.

—Empieza a caminar más rápido. Nos están siguiendo.

—¿Quién?

—Los marines.

Tino tragó saliva mientras obedecías las instrucciones de su capitán.

—Ahora cuando gire la esquina empezaremos a correr. No me pierdas de vista y sígueme en todo momento, ¿entendido?

El finlandés asintió mientras comenzaba a sudar. Aunque en cierto modo se sentía bien. Un subidón de adrenalina impresionante como no los tenía desde hacía mucho tiempo.

Tal como había dicho Arthur, giraron la esquina y empezaron a correr rápidamente. De vez en cuando el inglés se giraba para comprobar que el otro le seguía, pero los marines eran rápidos como nadie. El ojiverde subió la velocidad, y le gritó a Tino.

—Estamos cerca del barco. Sígueme, ¿vale? —Mientras corría esperó la respuesta, pero no llegaba, así que se giró, temiéndose lo peor.

Arthur paró de correr inmediatamente. Estaba todo en silencio. No estaba Tino ni tampoco estaban los marines.

Lentamente, deshizo el recorrido, pero no encontró ni rastro del finés. Alicaído, emprendió el camino de vuelta al barco, pálido como un fantasma.

Una vez llegó, fue el sueco quien se dio cuenta de que algo pasaba.

—¿T'no? —fue lo único que preguntó.

Arthur se pasó la mano por el pelo y llamó a todos los otros para explicarles que había pasado.

—Entonces, ¿los marines han capturado a Tino? —preguntó Isabel, la más afectada —después de Berwald, claro está— , ya que no estaba acostumbrada a ese tipo de acontecimientos.

Arthur asintió.

—Tenemos que recuperarlo —gruñó Vash —. No quiero pensar cuál puede ser su destino.

—Vash tiene razón. Los marines no son nada asombrosos.

Arthur asintió.

—Lo sé, lo sé… Ya es tarde, y no sabemos a dónde lo han llevado. Mañana por la mañana esperaremos algún anuncio sobre su destino y decidiremos qué hacer.

Todos asintieron y fueron saliendo uno a uno, hasta que sólo quedaron Isabel y Arthur.

La española se acercó a la rubio y depositó un suave besó en sus labios.

—No te preocupes —susurró —. Sabes que no es culpa tuya, ¿verdad?

—Sí. Pero igualmente me siento culpable. Es mi responsabilidad.

—Haremos todo lo posible por rescatarlo. Es nuestro Tino, no vamos a dejar que nadie nos lo arrebate.

—Cierto. Estoy seguro de que Berwald estará en primera línea de la batalla.

Los dos rieron, mientras Isabel cogía la mano de Arthur.

—Superamos lo de Iván, ¿no? Podemos superar esto. Tino volverá a estar con nosotros antes de que nos demos cuenta de ello.

Arthur suspiró y ellos dos también salieron, en dirección al camarote del capitán.

XxXxX

La noticia se anunció por la mañana. Habían atrapado a un peligroso pirata, que estaba a las órdenes del capitán Kirkland. Iba a ser juzgado al día siguiente. Aunque era sólo otra manera de perder el tiempo. Todos sabían que los piratas siempre eran declarados culpables. Y siempre conseguían la pena de muerte.

Por primera vez desde que le conoció, Isabel vio a Berwald deprimido. El sueco estaba sin hacer nada, y cuando se levantaba o intentaba ayudar, lo tiraba todo con una torpeza increíble.

En un momento de silencio, estando casi todos reunidos, y con Arthur pensando que podían hacer, Vash entró apresurado.

—No sé si mis ojos me habrán engañado, pero… Capitán, ven a ver el barco al que nos estamos acercando.

Arthur frunció el ceño y salió apresurado detrás del suizo.

Al cabo de cinco minutos volvieron, donde Elizabeta, Berwald, Yekaterina, Isabel y Gilbert les esperaban impacientes por saber que era lo que había alterado a Vash.

—No me puedo creer la suerte que hemos tenido —murmuró Arthur —. El barco al que se refiere Vash… En él, viaja la prometida del nuevo oficial. Sólo tenemos que capturarla, y hacer un intercambio.

Yekaterina soltó un grito de alegría, mientras Isabel abrazaba a Arthur, y Elizabeta se dejaba caer sobre Gilbert, contenta.

—En poco tiempo llegaremos hasta ellos —anunció Vash —. Preparaos. Y acordaros de que en ese barco hay una ricachona que necesitamos viva, ¿de acuerdo?

Todos asintieron y fueron a prepararse. Isabel cogió su querida alabarda.

—Bien, todos preparados para luchar —fue lo que dijo Elizabeta con los ojos en llamas.

—Mi asombrosa persona les va a demostrar lo que es bueno.

—Al ataque —murmuró Isabel, retorciendo las manos sobre la alabarda.

Los demás tripulantes prácticamente daban saltos de alegría. Por fin una batalla.

Además, estaban lejos del puerto en ese momento, era improbable que la Marina se pudiera acercar a ayudar antes de que hubieran capturado a su objetivo.

Todos estaban preparados cuando por fin estuvieron lo suficientemente cerca para abordar el navío contrario.

Cada uno empezó a luchar fieramente. La chica no saldría hasta que se viera en peligro, y para eso había que eliminar a su escolta.

No había pasado mucho tiempo cuando Arthur descubrió a lo lejos a dos jóvenes dirigiéndose hacia el bote salvavidas, donde ya había algunos soldados esperándoles. Sin pensarlo un momento, empezó a dirigirse a ellos. Estaba seguro, por sus ropajes, de que ella era la que estaban buscando.

Cuando les había alcanzado, el chico que la acompañaba, la empujó hacia el bote y atacó a Arthur con una espada.

Él estaba temblando de miedo, pero sin embargo no daba tregua al inglés, que resignado, vio como la italiana se escapaba hacia tierra, en busca de su prometido, supuso.

Cabreado por ello, por fin pudo desarmar al joven, al que cogió del cabello, estirando hacia arriba.

—¿Quién eres tú? —le preguntó con ira.

—Asqueroso pirata —balbuceó él.

—Te he hecho una pregunta. Si quieres vivir, responde.

Esa amenaza hizo que el chico tragara saliva.

—S-soy… —El joven miró a su alrededor, como buscando una salida, pero todos los tripulantes estaban o muertos o heridos.

—He dicho que respondas.

—Mi nombre es Lovino Vargas —susurró el castaño, muerto de terror.

Arthur le miró fijamente un momento. ¿Vargas? ¿Ese no era el mismo apellido que el de la chica? Después de observarlo un momento y darse cuenta del gran parecido que compartía, Arthur se relamió los labios.

—¿Eres su hermano?

—¿Qué?

—Qué si eres hermano de la ricachona. La que se va a casar con el marine.

—¡S-si! ¡Y no dejaré que le hagas nada!

El rubio desvió la mirada. No alcanzarían a la italiana a tiempo, y sus hombres estaban cansados. Aquel chico serviría.

Le cogió del brazo y empezó a arrastrarlo. El italiano seguía temblando, pero no abrió la boca. El pirata le empujó al interior de su barco y ordenó a uno de sus hombres que le dejaran en una celda.

Después volvió a su camarote, mientras el resto de la tripulación saqueaba el barco.

—¿Cómo ha ido? —preguntó Isabel mientras entraba al camarote de Arthur —. La estuve buscando pero no la encontré. ¿La hemos atrapado?

—Se escapó. —Arthur chasqueó la lengua —. Pero atrapé a su hermano. Podría funcionar. Y si no lo hace, liberaremos a Tino por la fuerza. Es arriesgado pero no pienso dejar que muera.

—Mañana le juzgarán… ¿Cuándo vas a proponer el intercambio?

—Después del juicio. Enviaré a alguien a hablar con el oficial. Le condenarán a muerte, pero esta condena se hace efectiva al cabo de unos días normalmente, ya que lo hacen para atraer a su tripulación y poder capturar más piratas. Le dará tiempo para pensarlo. Si recibimos una negativa, liberaremos a Tino con derramamiento de sangre incluido.

Isabel se estremeció pero asintió.

Arthur le contó lo que había pasado en el barco, e Isabel sintió pena por el chico. Él se había sacrificado por salvar a su hermana, eso era entrañable.

Después de que todos cenaran, a Isabel le extrañó que Yekaterina no regresara al camarote inmediatamente, así que volvió a buscarla y la encontró en la cocina.

—¿Qué haces? —le preguntó, curiosa.

—Estoy cocinando.

—Pero si ya hemos terminado de cenar.

—Pero nuestro prisionero no ha cenado. Se lo dije al capitán y me dijo que lo dejáramos sin cenar… Pero él no ha hecho nada malo, no lo veo justo.

Yekaterina dejó los utensilios de cocina.

—No le dirás nada, ¿verdad?

—Claro que no. Pienso igual que tú. Su única culpa fue intentar proteger a su hermana.

La ucraniana bostezó y luego siguió cocinando, lo que hizo que Isabel riera por lo bajo. Yekaterina tenía la costumbre de acostarse pronto, así que quedarse despierta sólo para cocinarle algo a un prisionero era un gran acto de voluntad.

Cuando por fin terminó, Isabel cogió la bandeja.

—Vete a dormir. Yo se lo bajaré. Me ofreceré voluntaria para vigilarle, tranquila.

La ucraniana le sonrió, agradecida, y se encaminó al camarote. Isabel tal como había dicho, fue a buscar a Arthur.

—Arthur, cogeré el primer turno de noche para vigilar al prisionero.

—¿Qué? ¿Por qué deberías hacerlo?

—Porque no quiero que se escape, y no tengo sueño, así que no me importa. No estoy indefensa, tengo a Lola.

Arthur la miró un largo momento, y luego suspiró y la besó.

—Está bien. Igualmente no creo que sea una grave amenaza.

Isabel se rió y cuando iba a salir, Arthur volvió a hablar.

—Isabel… La respuesta es sí, puedes bajarle algo de cenar.

La española se giró, alzando las cejas, y le sonrió en agradecimiento, mientras volvía a reír, al mismo tiempo que cogías las llaves de las celdas.

Se encaminó rápidamente a la cocina y cogió la bandeja para luego bajar a las celdas. Una vez allí, abrió la celda del prisionero lentamente y depositó la bandeja con la comida, para luego volver a cerrar con llave.

Él no se movió de la esquina en la que estaba, se limitó a chasquear la lengua.

Isabel suspiró. Ni siquiera podía distinguir su cara, así.

—Come —le aconsejó.

—No…

—He dicho que comas, no era una pregunta.

—Ya.

—… ¿Me estás vacilando?

—¿Cómo se que no está envenenada?

Isabel bufó y puso los ojos en blanco.

—Primero, no nos interesa que estés muerto, así que tranquilo. Si te quisiéramos muerto Arthur os habría matado a los dos en ese instante. Segunda, he arriesgado mi vida para traerte esto —lo cual era mentira, pero podía adornar las cosas para convencerle—, así que haz el favor de comértelo.

El chico suspiró resignado, y se levantó con desgana hacia la comida. Isabel le miró y algo en él le resultó muy familiar. ¿Pero qué? No lograba encajarlo, aunque tenía la sensación de que le conocía de antes.

Él cogió la bandeja y volvía a la misma esquina en la que estaba antes, empezando a comer en silencio.

Isabel se sentó en el suelo en frente de la celda, apoyando la espalda contra la pared.

—¿Vas a estar ahí toda la noche? —gruñó el castaño, claramente incómodo.

—Esa es la idea —le replicó Isabel.

Después de un rato de silencio, el castaño abrió la boca para hablar de nuevo.

—¿Por qué habéis atacado mi barco? —preguntó con un hilo de voz que provocó la compasión de Isabel.

—El objetivo era tu hermana, en realidad.

—¿¡Qué demonios queríais de mi hermana!?

—Un intercambio —respondió Isabel con toda la tranquilidad que el otro no tenía.

—¿Un intercambio?

—Sí. Los marines, entre los cuales está su prometido, atraparon a un compañero nuestro y probablemente lo condenarán a muerte durante su juicio. La queríamos intercambiar, ella por él. No iba a salir herida. Pero…

—… yo me pude en medio.

—Exacto.

—No me arrepiento —replicó el castaño, con un leve temblor en su voz.

—Y eso es admirable —murmuró Isabel —. Esperemos que el intercambio también funcione contigo, la verdad. Si no, habrá derramamiento de sangre.

El castaño se puso pálido.

—Pero no de tu sangre —espero, pensó.

Estuvieron un rato más en silencio, en los que Isabel se dedicó a contemplar al otro, hasta que fue ella quien empezó a hablar.

—Sabes…

—Oye —la interrumpió —. Pareces una buena persona, ¿por qué estás en una tripulación pirata? Más bien. ¿Por qué estás en la tripulación pirata del capitán Kirkland?

Isabel tragó saliva.

—Bueno, sabes, soy una mujer libre, puedo tomar mis propias decisiones y-

—Estás mintiendo —señaló.

Isabel suspiró. Quería mentirle, pero ese aire familiar hacía que quisiera contarle la verdad.

—Fue hace unos años…

—¿Te uniste hace unos años? No es posible, eres demasiado joven.

—No, no, no me uní… Yo viajaba en un barco, con mi padre… Y fuimos atacados por piratas. Apenas pudimos defendernos. No sé en que estaba pensando el capitán Kirkland por ese entonces… Supongo que le di pena. No lo sé. La cuestión es que no me mató. Él me mantuvo cautiva en un pueblo de Inglaterra durante unos cinco años. Y luego, un día, simplemente apareció y me obligó a unirme a la tripulación.

El italiano bajó la mirada, sin saber que decir.

—Yo no quería, pero tampoco tenía muchas opciones. No me quedaba nada, así que me resigné.

—Si pudieras escapar… ¿Lo harías?

—No lo sé —respondió Isabel sinceramente. No es que no pudiera, es que no había vuelto a plantearse esa posibilidad. Ya consideraba a la tripulación como su propia familia.

—Yo perdí a una persona muy preciada para mí hace unos años, a manos de piratas. Intenté alistarme a la Marina, pero realmente, yo no sirvo para eso. En lo único en lo que estaba pensando cuando nos atacasteis era en que no podía dejar que eso le pasara también a mi hermana… Yo, no lo habría soportado.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Isabel, al fin.

El italiano clavó sus ojos en los de la española.

—Lovino…

Isabel se puso pálida. No podía ser, tenía que ser una coincidencia. Él no podía serlo. Él…

—Lovino Vargas.


Comentarios: LO SIENTO! SIENTO LA TARDANZA! Me siento muy pero que muy mal por haber tardado así. Se que no tiene excusa, pero me siento en el deber de explicarme. Si hay alguien que haya visitado mi perfil por casualidad, hay una excusa rápida, que es una de las razones. Toco en una de las dos bandas de mi pueblo, que es muy musical, y todos los actos son acompañados por la banda, y terminaba todos los días a las dos o así, y no tenía tiempo para nada. Encima, empecé la clases y el conservatorio, y ha sido un estrés continúo (tanto, que ayer caí enferma, imaginaos). Y encima, es, que son las fiestas, y tengo que tocar en la banda, mis amigos no quieren que les abandone, y etc etc etc. Sigo sintiendo muchísimo el haber tardado tanto, pero he subido capítulo cuando he podido y estoy poniendome al días con las lecturas :D Así que, respecto al capítulo, no mucho que comentar. Me da penita Tino D: Y por fin... Reencuentro entre Lovi e Isabel... ¿Qué pasará en el siguiente?

Avances: Yeah, Lovi e Isabel se verán las caras después de muchos años, y veremos que pasa con Tino B)

Extra: Otra de las razones de mi tardanza, es que me hice twitter (Por acoso de mis amigos) Si alguna tiene, que me lo dje por PM o por review, y la sigo. El mío es AnnieAstreneel :D


Gracias por los reviews :3

Poppy-chan: Me alegro que te gustara tanto! Viva el PruHun xD Y eso, pues no, en mi cabeza el triángulo amoroso es Hungria quiere a Austria, que quiere a Prusia, que quiere a Hungria... Entonces, la historia, se formó sola :D Y bueno, aquí está el capítulo, no respondo más, que tengo que irme y quiero subirlo ya jajaj Gracias por comentar!

LittleMonsterStick: Me alegra que te gustara... Y siento haber desaparecido, eres adivina O_o

IreneRodriguez: Wow, los capítulos resumidos en una frase... Me gusta xD Yao no sabe lo que le espera :D Arthur e Isabel se tenían ganas e_e Y lo de Francis y Maddy... Bueno, les quiero demasiado xD TENÍAN que terminar juntos :D Emily tendrá reacciones extrañas... Pero creo que al final lo aceptará D: Solo quiere la felicidad de Maddie *-* Y es Gil... Y es Eli... Ellos son así, siempre xD Aquí está el capítulo que tanto ha tardado D: Gracias por el review :D

Lala-chan 32165: Vivan las vacaciones... A mi me encantan, desconectas de todo xD Y me alegro que te haya gustado! SOn adorables, ellos dos xD Gracias po comentar :DD


Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^

Muchas gracias :3