Capítulo 2

Un extraño sitio

Elsa sintió un mareo poderoso, y luego la pérdida del oxígeno casi total, lo que produjo que cayera al suelo para recuperar el aliento. Un dolor punzante se había impregnado en sus sienes. Su estómago se encontraba revuelto completamente. Se sentía enferma. Muy enferma. Tardó varios minutos en poder recuperarse, apenas cayendo en cuenta del lugar en donde estaba. La oscuridad la rodeaba, a excepción de una tenue luz amarillenta que llegaba del otro lado de las ramas. Estaba cubierta de ellas y varios árboles, pero no se parecía en nada al bosque de Arendelle. No en esas fechas cuando el invierno estaba a la vuelta de la esquina. Aquel lugar estaba más bien húmedo.

Elsa tosió e intentó ponerse de pie, miró hacia todas partes, intentando agudizar la vista y el oído. ¿Qué rayos había sido todo eso? Sus manos se llenaron de una fina escarcha de hielo. Estaba en su despacho, y de un momento a otro... ya no.

―El medallón ―susurró con los ojos bien abiertos.

Se tuvo que inclinar de nuevo para tantear entre las hojas que tapizaban la tierra, con la poca visibilidad, no encontró nada. Rebuscó entre su chaqueta azul pero tampoco lo encontró. Su respiración se había hecho pesada y su cerebro estaba imaginando mil cosas al mismo tiempo, cada una más incoherente. "Esto es absurdo", se dijo.

Hubo un ruido tras de ella. En los arbustos. En dos segundos se había puesto en posición de ataque.

―¡Quién es! Salga de ahí en este instante. Soy la reina Elsa de Arendelle y no dudaré en usar mis poderes. Salga, ahora.

Hubo silencio. Los nervios recorrían cada fibra de su cuerpo. Se trataba de un truco de los imbéciles de las Islas del Sur, ¿qué otra cosa podría ser? Le habían tendido una trampa y ahora andaba perdida en quién sabe qué lugar. Con tanta oscuridad y alguien que no era capaz de enseñar su rostro.

―¡He dicho que...!

Un cachorro salió en estampida de los arbustos y se lanzó hacia su cuerpo. Elsa gritó por el susto y tropezó hacia atrás con una roca. Lo siguiente que supo es que se había lastimado la espalda y un pulgoso animal le daba lengüetazos en el rostro con una emoción descomunal.

―¡Hey, basta, basta! ―alejó al cachorro de ella―. No puedes hacer eso, me has metido un susto de muerte.

El perro dio vueltas mientras movía la cola. Parecía feliz de verla. Elsa lo miró por un momento y suspiró derrotada.

―Me encantaría quedarme, pero tengo que regresar al castillo. No, no me mires así. Eres igual que Anna ―se levantó con dificultad y sacudió las faldas de su vestido. También se quitó una rama del cabello que se había recogido hoy por culpa de una reunión con el consejo―. Apuesto a que soy un desastre ahora mismo―. El animalito emitió un ladrido como respuesta. ―Y tú no eres de gran ayuda. Vamos, ayúdame a salir de aquí.

Elsa dio un último vistazo hacia atrás, hacia la oscuridad, sin imaginar realmente todo lo que había sucedido. Siguió al cachorro hacia adelante, cuando al fin salieron de todos los arbustos, sus pies se detuvieron y su quijada cayó un poco. Mucho. Demasiado. La luz amarillenta, que en un principio había creído que se trataba de la luna y sus efectos visuales, resultaba ser en realidad unas... farolas. Muchas de ellas en realidad, que brillaban en una línea recta e interminable hacia otros lugares que parecían calles. Lo siguiente que notó fue todas las hileras de casas y más casas, y todas esas luces encendidas, como si hubieran prendido cientos de velas en cada hogar.

Nunca estuvo en el bosque. Ni aquello había sido un bosque, ni eso era Arendelle. Y tampoco tenía idea de dónde se encontraba. El cachorro volvió a ladrar. Elsa se había quedado petrificada, no entendía, no había explicaciones. Nunca había visto nada parecido, en ningún libro, en ninguna anécdota. Sintió pánico. Pensó en Anna, en Kai y Gerda, en lo preocupados que se pondrían cuando no la encontraran.

Dio pasos vacilantes, seguida por detrás por su nuevo amigo. Había una pared que le impedía ver hacia más allá, cuando dio la vuelta y su mirada se fijó hacia el horizonte, su corazón se estrujó y, sólo entonces, pensó que algo realmente muy grave estaba pasando.

―¿Dónde estoy...?

Frente a ella, había un mar de personas en atuendos extraños. Ropas sin sentido, arrastrando bolsas o carritos. O eran todos niños o... apenas había adultos. Elsa juró ver a una bruja, o quizá cinco en todo eso. Había bufones, y otros con ropas rasgadas; niños sangrando y nadie estaba haciendo nada para ayudarlos. Todos reían. Corrían y reían. ¡En qué lugar la habían mandado!

()()()()

Anna Andersen había acompañado a los Dunbroch, sus vecinos, que eran los hermanitos de Merida, una ex-compañera de universidad que por estar horas extras en el trabajo no pudo salir con ellos. Anna decidió acompañarlos ya que ellos le rogaron y, bueno, para variar ―como siempre― no se negó. Se le dificultaba decirle no a las personas, excepto claro, a su compañero de habitación.

Cuando tenía dieciséis había decidido ser veterinaria, y por ahora era asistente de una de las mejores en la ciudad, pensaba que para su corta edad de veinte años y su reciente salida de la universidad con honores, no estaba mal. Sobre todo porque le pagaban muy bien.

Esa noche de Halloween se había vestido de "novia muerta", solo que lucía más como si de verdad fuera a algún baile ya que no tuvo tiempo para maquillarse, era una escena curiosa ver a la pelirroja guiar unos niños vestidos ositos.

Andersen había notado que Lily, su cachorra, no estaba, con suerte solo se había desviado para hurgar en la basura o hacer algún amigo. Rodó los ojos.

―Esperen aquí, no avancen sin mí... ―los trillizos rieron y esperaron sentados comparando dulces, Anna se asomó a la penúltima casa por donde habían pedido dulces "No debe estar tan lejos", afuera no había señales de ella, así que se pasó a la parte del patio.

―¿Lilyyyy?. ¡Lily! ¡Bonitaa, ven con mami..!― silbaba distintivamente para que la reconociera entre tanto ruido, nada, e igual siguió con la última casa continuando alzando la voz y silbando.

―Lily…―se había acercado lo suficiente para ver que efectivamente estaba en lo correcto, había sido la segunda opción, al parecer ya tenía una nueva amiga.

―¡Heey! ¿Haciendo amigos sin mi permiso bonita?.

Se puso ambas manos en la cintura dirigiéndose a la perrita fingiendo un enojo, la cachorra se fue hacía ella moviendo la cola y jugueteando como sino hubiese regaño, la chica rodó los ojos y suspiró resignada.

―¿Quién puede negarse a tal cosita?.

Mientras mimaba a su mascota poniendo su correa notó la presencia de Elsa, que, de verdad parecía que habia visto un fantasma "No luzco tan mal ¿o sí?"

―¡Oh...!, Hola, ella es mi perrita, lily, gracias por detenerla― Andersen seguía agachada acariciando a la perrita, notó cómo la miraba con extrañeza aquella rubia.

―¿Está usted, bien?- el animal daba lengüetazos a la cara de Anna que aún miraba expectante a la reina.

Elsa se había quedado sin habla al notar a la persona que había aparecido frente a ellos. Anna tenía un vestido de novia, no es que se viera mal, pero aquello solo le producía un pequeño malestar estomacal y unas cosquillas en las manos que no podía identificar. Estaba abrazando al cachorro como si lo conociera hace mucho... Como... "¡Un momento!". Su cerebro hico clic con las piezas. ¡Todas encajaban! Anna de Arendelle iba a estar en grandes problemas.

―¿Bien? . Preguntó saliendo de su ensoñación. ―Bien, Anna, ¿qué pasa contigo? -caminó furiosa hacia ella.

―¿Sabes el susto que me he llevado? Esto, por mucho, es la peor broma que se te ha ocurrido. ¡Me has desaparecido de mi despacho! Terminé llena de barro, arruinando el vestido. ¿Quién fue? ¿Los trolls, Kristoff ? ¿Ellos te ayudaron?.― La tomó del brazo con fuerza y limpió una mancha inexistente que traía en la mejilla.

―Espera, y ¿qué haces vestida así? ¡Y toda esta gente!, creí haberte dicho que no haríamos ningún festival hasta que las cosas en Arendelle se tranquilizaran. Hay asuntos más importantes que atender, aún tenemos que reestablecer las rutas marítimas con Corona y... No me mires así. ¡No estoy jugando señorita!, debiste suponer que algo así ocurriría. ― No le agradaba en lo absoluto reñir a su hermana, pero tenía que poner su pose de reina o Anna creería que todo era un juego. Gastar en festivales no era una opción por el momento.

Anna quedó boquiabierta "¿Qué está...diciendo?" comenzó a forcejear del brazo al notar que aquella mujer quería continuar caminando y discutiendo con ella.

―¡Oiga!...¡qué!..¿qué, qué es lo que le pasa?, ¡Duele!.― Se quejó haciendo un chillido.

―¿Qué?..¿Trolls? ...¿Arenque qué? ¿de qué rayos me hablas? Y.. yy ¿cómo sabe mi nombre?― se liberó del agarre quejándose ―¡Auch!.

Mientras la escena ocurría Lily ladraba juguetona hacía ambas chicas.

―Oiga me está confundiendo con otra Anna, soy Anna Andersen y, si usted está ebria o algo se respeta mientras no dañe a los demás, celebrar Hallowen solía ser más divertido sin ustedes lunáticos.― Se quejaba refunfuñando sobando su brazo, alejó sus pasos hacía atrás, seguía algo asustada, pero mas extrañada por la rara sensación que sintió al toque de aquella extraña, era algo que no podía describir como miedo por la agresión, sólo sabía que ahora tenía ganas de "¿Abrazarla?", quedó sumergida en ese sentimiento mirándola confundida, aún quería una explicación.

―¿No va a disculparse?.― Alzó la voz titubeante.

Lily parecía contenta con el show, de tener aquella chica malas intenciones, Andersen estaba segura que no dejaría que la tocara. En cuestión de segundos aparecieron los trillizos pelirrojos corriendo hacía la rubia efectuando 'el rescate de Anna', habían visto como Elsa tironeó de su brazo, y ellos comenzaron a jalar de su falda habiendo esquivado a la pelirroja.

―¡Déjala en paz !- gritaban al unísono. En realidad no hacían mucho daño solo daban empujoncitos y algunas palmaditas.

― ¡Somos ositos y mordemos!- infló los cachetes uno, Anna se adelantó a quitárselo de encima al notar que la amenaza era un poco más seria.

―¡Hey, a-alto ahí! Niños, todo esta bien. Ella ya estaba por disculparse. ―Miró demandante a la reina con un gesto que decia 'Discúlpate'.

―Nada de mordidas ...¿Cuántas veces les he dicho?.― Los otros dos miraban con pucheros de enojo a Elsa, mientras ahora abrazaban las faldas de Andersen 'protegiéndola', alrededor la cachorra jugueteaba enredando un poco a los menores con la correa.

Elsa miró a Anna con un gesto de total confusión. Luego hizo lo mismo con los niños que le gruñían. Nunca un niño le había gruñido. Nadie en su sano juicio la había llamado ebria. "¿Hallowen?" Abrió la boca un par de veces, sentía que la cabeza le explotaría en cualquier momento. ¿Qué clase de cosas se estaba inventando su hermana ultimamente? Definitivamente tenía que hablar con Kristoff acerca de lo que sea que le estuviera enseñando a Anna. La pelirroja estaba pidiéndole que se disculpara para dar una lección a los niños ¿no es así?. Estaba muy segura que no la había tomado tan fuerte. Sintió unas inmensas ganas de estar en su habitación, acompañada de chocolate caliente, un buen libro y Anna bajo las sábanas escuchándola atentamente. Y no ésta, que la miraba como si se tratara de Hans y no Elsa, su hermana.

Negó con cansancio y suspiró, aclarándose enseguida la garganta.

―Bien, bien ― dijo, siguiendo el juego. Se irguió en toda su altura y se llevó una mano al pecho, actuando completamente como la reina que debía ser para una demostración con los niños.

―Mis más sinceras disculpas, princesa Anna.― Hizo una pequeña inclinación y le guiñó un ojo sin que la notaran los trillizos.

―No volverá a ocurrir, me temo que he tenido una momentánea pérdida de control, ya sabe, creí que nuestra agenda de hoy día solo sería cenar y dormir, como siempre. Ahora, ¿podría hablar con usted... a solas?.― Insistió.

Anna tenia una cara de asombro total, quedó boquiabierta al escuchar tal cosa, se estremeció ante tal comportamiento, parecía genuino "Me...me ¿me guiño el ojo?" .

―Estoy muy segura que los niños del rey Fergus estarán deseosos de acompañar a su padre en esta velada. Y quizá quieran saludar a su madre y hermana de mi parte.

―¿Papá es un rey?.― Los trillizos rieron brincaban abrazando a lily. ―¿Eres una princesa?.― Andersen seguia en una especie de shock "Esa mujer está ebria o se ha dado un golpe fuerte..¿Se conocen?".

Elsa no pudo evitar sonreír ante el comentario de los pelirrojos. La primera sonrisa de la noche. Después del deshielo, no podía mantenerse enfadada por más de un minuto con Anna.

―Espera. ¿Los conoces a ellos?...y yy ¡Yo jamás te había visto!, ¿Para qué tendríamos que estar a solas?. ¿Agenda? ¿C-co..con usted?.― Trataba de articular entre titubeos estando tanto confusa como nerviosa.

―Por cierto, es un buen disfraz, ¿mmm...medieval?. Miró a los niños ―¿Ustedes saben de que personaje se vistió?. Ellos la observaron y negaron al mismo tiempo con un puchero.

―Conozco a Merida, sí . Apuntó. ―Y Anna, estamos en el siglo XIX. ¿No has estado asistiendo a tus lecciones de Historia? Pensé que eras tú la que había elegido este vestido por la mañana.

―¡Conoce a Meri-Meh! -dijo uno de los niños brincando feliz, la pelirroja aún miraba con expectativa, definitivamente algo raro pasaba ahí. Notó el desastre en aquel vestido y marcas de las patas de lily por su pecho y el frente de la falda "¡Oh no...!" aún no encontraba conexión con nada de lo que la rubia decía "¿De verdad me parezco tanto a esa Anna?"

―Oiga…- Movía sus manos como si hubiese humo a su alrededor ―Sé que por el aspecto de su disfraz mi cachorra la atacó con, amor al parecer... ¿Se golpeó algo?, ¿la cabeza quizá?, déjeme reparar el daño. ¿ Viene ud. Acompañada ?, Salimos a buscar al Christopher del que habla, De verdad, ¿Está usted bien..?.― Hizo una mueca volviéndola a observar ahora un poco apenada.

―Su juego me ha costado un buen mareo y creer haber perdido los pulmones, pero estoy bien de la cabeza. Solo quisiera desharserme ya de esto y dormir, ¿Podemos seguir con esto mañana?. No tengo muchas ganas de lidiar con toda la gente, en verdad aprecio lo que has hecho, lo cual no significa que no tendremos una charla muy larga después, pero necesito descansar, Copo de nieve -.

Los pequeños dieron vueltas alrededor de ellas jugueteando:

'¡Yaay! ¡Conoce a Meri-mehh!', '¡Papi es el reyy!' '¿Entonces mamá es una reina?...' '¡somos caballeros!' '¡Noo príncipes ositos!' . Mientras lily los correteaba Anna reía un poco hasta que Elsa se acercó hablando igual de raro que momentos atrás

―Ohh entonces ...perdona, aún la estoy entrenando. ―Hablaba por el daño que había hecho su mascota. "¿Copo de nieve?..¿Me lo dijo a mí?"

La reina se acercó de nuevo a ella, ignorando la mirada de sospecha de los trillizos. Anna retrocedió un paso, lo que llevó a que Elsa frunciera el ceño.

―¿Qué pasa? .

Algo le decía que se detuviera. Un sexto sentido o sus poderes de hielo, las manos no dejaban de picarle. Pero quería dejar ese juego ya. Tenía que hacer que Anna dejara la actuación que, por cierto, nunca había notado que se le daba demasiado bien.

Un paso, y luego dos. Una de sus manos, por demás fría, levantó el mentón de Anna. Los ojos azules de la pelirroja brillaron bajo la luz de las farolas, Elsa contuvo la respiración dos segundos y delineó con cautela la expresión de su hermana. Un vistazo a su barbilla y fue consciente de que algo faltaba ahí. Algo que había notado cada noche después de que Anna se durmiera y que, con anterioridad, la pecosa se había tomado la molestia de relatar. Era una pequeña cicatriz que se había hecho cuando usaba la bicicleta en los pasillos del castillo cuando era pequeña, una que era solo notoria hasta que estabas lo suficientemente cerca. Justo como en ese momento.

―Anna, ¿dónde...? -Elsa sintió una corriente eléctrica viajar por toda su coronilla, las imágenes de todo su alrededor la golpearon mil veces. Quizá estaba soñando, todo era una pesadilla. Pero por qué sentía dolor y la sensación de pérdida tan profunda en el pecho? Miró una vez más, pero no había admiración, ni amor. Ni nada en los ojos de la chica.

―¡Tú no eres Anna!- Sentenció, más para sí misma. Como si de pronto se estuviera cayendo de una pendiente, sintió que las fuerzas la abandonaban y la desesperación se expandió por todo su cuerpo.

La pelirroja la miraba con un desconcierto total, quisó apartarse de todo aquel numerito, pero algo había en su toque, algo calmaba las ganas de darle una bofetada por invadir su espacio personal, miró descosertada cómo aquella rubia lucía asustada, se apartó ladeando la cabeza, su respiración se agitó un poco.

―¡Así es!, bueno, no tu Anna, pero sí soy Anna: Anna Andersen.

Todo estaba suspendido, pareciera que el volumen de la voz de aquella pelirroja se perdía en un eco muy pesado, "No es Anna" repetía tratando de no volver a caer de tal impresión.

―No te ofendas pero te tomaste muy en serio tu papel o lily se paso ésta vez, ¿o acaso perdiste tus gafas?- Suspiró hondo resignada, hizo una risilla aún estando en una posición algo defensiva, lo cual no ayudaba a calmar el agitado corazón de Elsa.

―¿Siglo XIX?, ¡pfff! Señorita usted viene de muy lejos entoces.― Arqueó las cejas riendo un poco más.

―Estamos en el año 2017 donde hay coches que aún no vuelan y sin patinetas Mcfly a la venta del público, aunque en China están adelantados por muchos años más, creo que Michael Jackson era el que tenía un auto volador. Pero, bueno, ¡eso no importa!―

Aclaró su pensamiento sacudiendo la cabeza siendo consciente de que estaba hablando de nueva cuenta cosas aleatorias con poco sentido.

―Dígame su nombre al menos, y pues yo me encargaré de reparar lo que hizo mi pequeña.― Apretó los labios haciendo un gesto nervioso jugando con sus dedos.

―Puedo ayudarle a encontrar a quienes venían acompañándole.― Confesó culpable de entretenerla más de la cuenta y obviamente arruinar su vestuario.

―Es una muy bonita actuación de tu parte, aunque la idea era que pareciera una novia, una novia sangrienta y no una princesa-. Secreteó fuera del alcance de los niños.

Elsa solo podía pensar en algo: "Dijo Anna Andersen ¿año 2017?". Esos eran muchos años para contar. No había entendido nada de lo que Anna, esa Anna dijo. La temperatura empezó a descender, no podía sentirlo, pero estaba lo suficientemente fuera de control como para saber que aquello sucedería. Lo que sea que la hubiera llevado a esa especie de dimensión, no era nada lindo. Así que cuando Anna siguió parloteando acerca de encontrar a las personas que venían con ella y novias sangrientas, la reina al fin cedió al mareo que venía golpeándola desde que llegó a ese lugar. Dió dos pasos hacia atrás, la gravedad se encargó de lo demás y las imágenes desaparecieron. A continuación, por segunda vez en la noche, la oscuridad era lo único que la acompañó.

Quizá al despertar se encontraría con que todo había sido un mal sueño. O quizás no. Su último pensamiento fue Anna, su hermana.