Disclaimer: Los personajes de Hetalia no pertenecen, este fanfic si :3
EDITADO: Estoy en proceso de corrección total de la historia. Si has llegado a este punto, es que está corregido y has tenido suerte (?)
Capítulo 16
La española se quedó paralizada un momento y luego se llevó una mano a la boca, intentando tranquilizar su respiración.
Lovino pareció no notar eso.
—¿Y tú cómo te llamas? —le preguntó, sin mirarla.
Isabel no respondió, se limitó a callar, mirándole fijamente. Ahora que lo sabía, podía reconocer al Lovino que ella conoció en aquel chico con el que estaba hablando.
Ironías del destino, que ambos hubieran sido capturados por la misma banda pirata.
—Es lo justo. Yo te he dicho mi nombre. Dime tú el tuyo.
¿Debía decirle quien era? Podía mentirle. Todos saldrían mejor parados si le mentía. No tenía porque saber que ella era aquella Isabel. Pero siempre se le había dado fatal mentir.
—Y-yo…
—No me mientas —gruñó Lovino, como leyendo su mente.
Isabel se permitió una pequeña sonrisa.
—Isabel —susurró, más para sí misma que para el italiano.
Lovino frunció el ceño. Le había parecido entender algo, pero la chica había hablado en voz tan baja que no la había escuchado correctamente.
—No te he oído —protestó.
—Isabel —repitió ella, esta vez en voz mucho más alta, mirando fijamente a los ojos, como esperando a que Lovino reaccionara.
El castaño se quedó parado un momento, acentuó su ceño fruncido y tartamudeando le pidió que le dijera los apellidos.
Isabel le dedicó una sonrisa torcida.
—Isabel Fernández Carriedo.
Esta vez fue el turno de Lovino de palidecer. La miró como si fuera un fantasma. No era posible que ella estuviera aquí.
—¿Isabel? ¿Mi Isabel?
La española asintió con la cabeza, aunque algo en el posesivo que Lovino había utilizado le molestó.
Quizá fue ahí donde se dio cuenta, aunque a lo mejor ya lo sabía desde hacía tiempo, pero no quería admitirlo.
Realmente, ella había amado a Lovino. Lo había amado de verdad, y él a ella. Habían estado profundamente enamorados, a pesar de su temprana edad, y así siguió durante los cinco años que pasó alejada de todos.
Sin embargo… Ese sentimiento había desaparecido. No había ningún cosquilleo, ni mariposas en el estómago, ni se sonrojaba cuando pensaba en él. La española tragó saliva.
Lovino, sin darse cuenta de sus pensamientos, se acercó a la puerta de la celda, apoyando su cara sobre los barrotes.
—Isabel, tú… Creía que estabas muerta.
La castaña pudo percibir un deje de dolor en la frase de Lovino. No pudo evitar que una lágrima se escurriera por su cara.
—Bueno… Ya ves que no. Aquí estoy. Sana y salva.
Lovino apretó los puños.
—Te obligaron a convertirte en pirata. —Su voz tembló cuando dijo y eso, y las alarmas de Isabel saltaron.
—Lovino, yo-
—Te obligaron. En contra de tu voluntad. ¿No te han hecho nada malo, verdad?
Isabel negó con la cabeza.
—No, pero-
—Cuando salga de aquí les voy a matar. —Esta vez la rabia en su voz era claramente percibible.
—Lovino- —Intentó hablar Isabel de nuevo.
—Mandaré a toda la Marina detrás de ellos y-
—¡Lovino, cállate! —le gritó Isabel, exasperada porque el italiano no la escuchaba.
—Isabel…
—No quiero que vayas detrás de ellos, no quiero que nadie se deshaga de ellos. Esta gente… Es mi familia. ¿No lo entiendes? Sí, me hicieron sufrir. En realidad, Arthur —Lovino frunció el ceño ante la mención del nombre de pila del capitán pirata— me hizo sufrir. Pero tenía sus razones, y yo lo he perdonado. ¡Y los demás no tienen nada que ver! Vas a salir de aquí dentro de poco, ¿vale? Pero no quiero que hagas nada.
Lovino se quedó callado un momento.
—Te han lavado el cerebro —susurró.
—¡Dios! ¡Lovino no lo entiendes! Ellos son mis amigos… ¡Si les haces daño a ellos, me haces daño a mí!
—¡No! ¡Tú eres la que no lo entiende! ¡La que parece no entender que siguen siendo piratas! ¡No son tus amigos! Isabel… Estás engañada. Ellos te hacen creer que son tus amigos, pero son personas rastreras, sin corazón. No son capaces de tener ese tipo de sentimientos.
Los ojos de Isabel resplandecieron.
—Bueno, ahora soy una pirata también. Entonces, ¿yo tampoco tengo sentimientos? ¿También soy un monstruo sin corazón? ¿También vas a hacer que me maten o que me arresten?
—Tú no eres así —protestó Lovino —. Tú no eres una pirata. Te están engañando, Isabel. Tú no perteneces a su mundo.
Isabel le miró, con los ojos llameando por la furia.
—¿Sabes? Durante todo este tiempo, quise reencontrarme contigo. Podría decirse, que era mi mayor deseo… Me has decepcionado… No eres el Lovino que recordaba.
—Soy exactamente el mismo. Es tu visión del mundo la que ha cambiado, Isabel —replicó el italiano.
Ambos quedaron callados sin saber que decir.
—Isabel —murmuró Lovino al fin, pero más hablando para él que para la española —. Yo, te quiero. Nunca he dejado de quererte.
El corazón de Isabel se encogió ante la declaración.
El italiano la miró, esperando una respuesta, pero ella apartó la vista. Se levantó, las lágrimas cayendo por su cara, y empezó a alejarse de allí.
—Lo siento —le dijo antes de subir a cubierta, lejos de él.
Lovino se quedó un momento mirando el lugar por el que se había alejado.
—Yo te salvaré, Isabel —murmuró —. Te prometo, que cuando sea libre, te salvaré.
XxXxX
—¿Dónde se hará el intercambio? —preguntó Isabel cuando vio aparecer a Gilbert por la puerta.
Después de, como valientes piratas que no temen al peligro, echar a piedra, papel o tijeras quien debía ir a negociar el intercambio, a Gilbert le había tocado la misión.
El albino fulminó a todos con la mirada, los cuales apartaron la vista fingiendo que no había pasado nada.
—En una isla cerca de aquí. Aquí están las coordenadas. —Le lanzó el papel Arthur, que lo cogió, observándolo —. Ha prometido que vendrá sólo él y la chica, pero que a cambio a la isla también pueden subir sólo dos personas. Una, el capitán, y la otra, alguien sin recompensa.
Berwald gruñó. Para su desgracia, el sí que contaba con recompensa, así que no podría estar presente durante el intercambio de Tino.
—Yo iré —murmuró Isabel.
Arthur frunció el ceño y la miró.
—De eso nada. No lo voy a permitir.
La española le dio un golpe en la cabeza.
—Voy a ir quieras o no. Tino también es mi compañero. No tengo recompensa, y el oficial se sentirá más seguro si va una mujer que si va otro hombre.
—Que vaya Elizabeta.
—No. Voy a ir yo.
Arthur suspiró, resignado.
—Está bien, decidido. Isabel me acompañará, entonces. Vamos a planear esto bien, ¿vale? Quiero que estéis todos preparados para luchar en el caso de que algo ocurra. Nosotros vamos a llevar las pistolas y mi espada. No, Isabel, tu hacha es demasiado vistosa. Manteneos cerca y observando. Si oís un disparo, venid de inmediato, ¿claro?
Todos asintieron, ansiosos por pelear, pero deseando que todo fuera bien con el intercambio.
Después de aclarar un par de detalles más, todos se dispersaron y pusieron rumbo a dicha isla.
El intercambio no tardaría en empezar.
Isabel se acercó a Gilbert, el cual estaba descansando, tirado sobre el suelo.
—Oye… ¿Cuál va a ser la versión oficial de lo que ha pasado con Tino?
—No lo sé. Probablemente que escapó. Mentirán, dirán que cogieron a algún pirata más pero que Tino logró escapar, o algo por el estilo.
Isabel rió.
—La cuestión es quedar como si fueran los ganadores, ¿cierto?
Gilbert alzó las cejas.
—Si… Intentan ser asombrosos, pero no le llegan a mi grandiosa persona ni a la suela de los zapatos.
Isabel ni se molestó en poner los ojos en blanco. Ya estaba acostumbrada a los comentarios egocéntricos de Gilbert.
En cambio, optó por tumbarse junto a él.
—Ah, Dios… Si que se está bien aquí —murmuró Isabel, cinco minutos después, sin ningunas ganas de levantarse.
—Kesesese… Lo sé… —suspiró el albino.
Sin embargo, su paz no duró mucho, ya que apareció Elizabeta.
—¡Gilbert! Con que aquí estabas, haciendo el vago… ¿Por qué me extraño? ¡Levanta! ¡Vamos!
El albino refunfuñó pero hizo caso a la húngara, que le esperaba con los brazos cruzados. Una vez en pie, ambos se alejaron dejando a Isabel sola con sus pensamientos.
Hacía dos días desde su conversación con Lovino, y desde entonces no había bajado de nuevo. No quería verle, no quería que se gritaran… Quería recordar a Lovino como lo hacía, y no como un posible enemigo.
Probablemente, después del intercambio, se alejaran de allí y jamás volviera a verlo.
Isabel se levantó del suelo, suspirando. Cuando miró hacia el mar, puso divisar que estaban llegando a la isla.
—¡Muy bien! —gritó el capitán una vez ya estuvieron en el puerto improvisado —. Quedaos aquí, pero estad preparados. Gilbert, ¿tienes al prisionero?
—Aquí está —exclamó el albino, apareciendo con un Lovino malhumorado e irritado.
Arthur no dudó un momento en apuntarle con la pistola, a lo que el italiano dio un respingo, provocando algunas risas en la tripulación.
—Bien, esta pistola no va a apartarse de ti. No vas a ir atado, y da gracias de ello, pero como vea que intentas escapar, no dudaré en disparar. Y créeme, tengo muy buena puntería, así que andando.
Lovino comenzó a andar y su mirada se cruzó con la de Isabel unos instantes, para luego apartar la vista rápidamente y empezar a caminar.
La española suspiró y siguió los pasos de Arthur y de Lovino, esperando llegar al lugar de encuentro.
Él viaje transcurrió en silencio y apenas duró diez minutos a buen paso. Por fin llegaron a donde habían acordado. Ellos estaban al extremo de un puente. No era muy largo pero si lo suficiente como para separarles de las tres figuras que se encontraban al otro extremo: el oficial de la Marina, un joven rubio, alto y fornido, con expresión seria y la mirada fija en Arthur; la joven, muy parecida físicamente a Lovino, que suspiró aliviada al verle; y por último Tino, que no llevaba su sonrisa característica, y tenía un gran moratón en el ojo.
Lovino tragó saliva.
Arthur se giró hacia Isabel.
—Es tu turno —murmuró.
—¿Qué? —preguntó ella confundida.
—Adelántate hasta la mitad del puente más o menos. Lovino irá a tu lado. Cuando desaten a Tino y él y la chica comiencen a caminar, empieza tú también. Una vez allí, comprueba, que Tino está bien. Cuando ya estén cada uno en el otro lado, emprende el camino de vuelta, muy lentamente, ¿claro?
Isabel tragó saliva y asintió.
—Bien —murmuró —. Puedo hacerlo.
Tal como había dicho Arthur, Tino y la hermana de Lovino no tardaron en empezar a caminar, haciendo que Isabel y el italiano les imitaran.
Al principio había parecido un puente corto, pero Isabel comprendió todo lo largo que podía hacerse en esa situación.
—¿Así va a terminar? —preguntó de repente Lovino.
—Lovino, esta es mi vida ahora.
—No voy a permitirlo. Espero que lo sepas.
Tras esto ambos se quedaron callados mientras continuaban avanzando. Cuando estuvieron suficientemente cerca, pudieron escuchar como la italiana hablaba con Tino acerca de su boda, el cual asentía amablemente sin decir ningún comentario.
Por fin llegaron a la mitad del puente, y por un instante, se quedaron los cuatros parados, en un silencio tenso.
El silencio fue roto por la italiana, que se tiró a los brazos de su hermano.
—¡Lovino! ¡Estás bien! ¡Estaba tan preocupada! Dios mío, no puedo creer que estés a salvo, aunque Ludwig me aseguraba que no habrían hecho nada, pero son piratas, y nunca se sabe con los piratas, y tenía miedo de que te hubieran hecho algo… ¡Y estaba tan preocupada!
Lovino chasqueó la lengua, pero sonrió.
—Felicia —murmuró —. Estoy bien, ¿ves? No me ha pasado nada.
Felicia continuó abrazada a él sin soltarle.
Isabel se acercó a Tino, y también le abrazó.
—No te han hecho nada… ¿verdad?
Tino sonrió y negó con la cabeza.
—Unos golpes, cuando me capturaron… Pero después de eso no me han tocado.
—Menos mal —agradeció Isabel, sonriendo.
De repente, el monólogo que estaba soltándole Felicia a su hermano paró, mientras miraba a Isabel atentamente. Se alejó de Lovino para acercarse a la española.
En ambos extremos del puente, tanto Arthur como Ludwig se tensaron al ver que estaban tardando demasiado.
—Tú —murmuró Felicia —. Eres… ¡Eres Isabel!
Lovino e Isabel se paralizaron mientras la italiana se lanzaba a los brazos de la otra, que a duras penas pudo sostenerla.
—¡Oh, Dios mío, Isabel! ¡Cuánto tiempo!
—Y-yo… Hola, Feli.
¿Cómo la había reconocido?
—Vámonos, Felicia —apremió Lovino.
—Pero, Lovi… ¡Es Isa!
—Sí, lo sé… Es Isabel. Y no sé si te habrás dado cuenta, pero está en el bando de los piratas.
Felicia miró un momento a la española.
—Pero… Si tú eres buena…
—Claro que soy buena, Feli. Ya lo sabes.
—¿Vendrás a mi boda? —preguntó de repente la italiana.
—Yo… No creo que pueda…
—Será dentro de un poco… ¡Querré que vengas! ¿Vale? Me voy a casar con Lud, ¿sabías? Va a ser súper bonito y-
—Feli, vámonos ya.
La italiana calló un momento, para a continuación colgarse del brazo de su hermano.
—¡Está bien, Lud nos está esperando!
Ambos empezaron a alejarse, e Isabel y Tino hicieron lo mismo.
—¿Os conocíais? —preguntó el finlandés, curioso.
—Hace mucho tiempo —murmuró Isabel. Tino entendió inmediatamente a que se refería y optó por no contestar —. No se lo digas a nadie. No quiero que haya problemas. Nuestros lazos ya están rotos.
—¿Quiénes eran para ti? —preguntó Tino —. ¿Eran importantes?
—Él… Era mi prometido.
Tino calló, y miró a Isabel mientras avanzaban.
—No diré nada.
XxXxX
—¿Estás bien? —le preguntó Ludwig a Lovino, por una vez, preocupado de verdad. Lovino chasqueó la lengua, molesto.
—Claro que estoy bien.
—¡Lud! ¿Sabes quién estaba con Lovino? ¡Isa!
Ludwig la miró frunciendo el ceño.
—¿Isa? —le preguntó, un poco perdido.
—¡Sí! ¡Isabel! ¡La chica de la que te hablé! ¡La prometida de mi hermano! ¿Lo ves, Lovi? Te dije que seguiría viva.
—Un momento —interrumpió Ludwig —. Eso significa que… Ella es una pirata.
—La capturaron —murmuró Lovino. Miró significativamente a Ludwig, y vocalizó —. Hablaremos más tarde.
El rubio asintió, y se dirigieron al puerto de nuevo. Una vez allí, mandó a Felicia a la modista mientras él se quedaba con Lovino.
—Fue capturada hace cinco años —comenzó él —. La obligaron a embarcarse. Parece creer que les debe algo, cuando en realidad lo único que hicieron fue arrebatarle todo.
Ludwig le miró fijamente.
—Quiero que la traigamos de vuelta. Es una excusa para perseguir al capitán Kirkland. Sé que deseas capturarle. Parte lo antes posible.
El rubio vaciló un momento, pero luego suspiró. El italiano tenía razón. Quería capturar a Kirkland con toda su alma. Y esa era la excusa perfecta. Ambos lo sabían.
—Pero tiene que quedar claro que ella es completamente inocente. Simplemente una víctima —advirtió Lovino.
—Por supuesto —replicó Ludwig, levantándose —. Avisaré a Vincent. Estoy seguro de que agradecerá algo de acción. Mañana por la mañana saldremos.
—Recupérala —murmuró Lovino antes de salir por la puerta —. Por favor.
Ludwig no tardó en encontrarse con Vincent, otro hombre alto e intimidante, al igual que él, oficial de la Marina.
—Entonces, ¿Kirkland? —aseguró Vincent alzando una ceja —. Un pez gordo, ¿eh?
—Sí. En cuanto tengamos a la chica, hay que ponerla a salvo. Es nuestra prioridad. Luego capturaremos a Kirkland.
El holandés asintió.
—Entendido. Avisaré a mis hombres. Paulo está impaciente por perseguir piratas.
XxXxX
Todos en la tripulación por fin respiraban aliviados mientras el barco se alejaba de la península itálica. Berwald aún no había soltado a Tino desde que habían llegado, pero se le veía con una expresión mucho más tranquila y relajada.
Tanto Arthur como Gilbert habían notado que había algo raro en la española, sin embargo no se habían atrevido a preguntar.
Fueron Elizabeta y Yekaterina, las que viéndola así, empezaron a conversar con Isabel.
—No me pasa nada —insistió la española, en un tono un tanto apático.
—¡Si qué te pasa! Llevas así desde que capturamos al Lovino ese. ¿Qué demonios pasa contigo?
—¿Conocías a Lovino? —preguntó de repente Yekaterina, en voz baja y temblorosa, haciendo que Elizabeta abriera los ojos de sorpresa mientras Isabel asentía lentamente.
—Era… un amigo.
—De antes de… Eso.
—Si… Supongo que se hizo duro verle después de tanto tiempo, en estas condiciones.
Isabel esperaba que Elizabeta y Yekaterina preguntaran algo más, pero ellas se limitaron a abrazarla, sin pedirle explicaciones de nada.
Isabel sonrió, creyendo que al menos ahora podría olvidarse de Lovino y llevar una vida relativamente "normal".
No sabía lo equivocada que estaba.
Comentarios: Esta vez no me tardé nada eh? B) Deberíais estar orgullosas de mi (?) Me entró la inspiración, y lo aproveché... Bendita inspiración momentánea... Pobre Isa... Me da pena, ahora que ya podía estar feliz y contenta con nuestro cejón, voy yo y meto a Lovi por el medio... Que mala persona que soy, no? Vincent, es Holanda. Y Paulo, es Portugal :D Nos acercamos al final rápidamente... Cuantos capítulos quedan? Ni yo misma lo se. Uno? Dos? Ni idea. Lo único que puedo decir, es que después del último capítulo, habrá un epílogo :D O sea, que como mínimo dos xD Feli es un amor y la amo :I No puedo creer que ya esté esto a punto de terminar D:
Avances: Ataque de Lud y Vincent al barco de Arthur... ¿Qué pasará? ¿Qué no pasará? ¿Quién ganará? ¿Quién perderá? Todo en el próximo capítulo (?)
Agradezco que hubiera alguien esperándome después de tanto tardar xDu
Lala-chan 32165: Me perdonas, de verdad? *Es feliz porque la ha perdonado* Aish, que mal me siento por hacerte esperar tanto D: Si, Arthur debería ser adivino para impedir que Lovi e Isa se reencuentren! Es que, Iggy, que mala persona eres *Niega con la cabeza* Lovi en realidad las quiere mucho, tanto a su hermana como a Isa *Suspira* Que lástima que esto no sea un Spamano e_e No han tenido un buen comienzo... Eso hay que decirlo xD Pero hay que comprender a Lovi, no? Ahora que sabe que Isa está viva... No iba a quedarse parado sin hacer nada D: Tino está bien! Él es valiente y fuerte, en todo caso los que han salido heridos serán los de la Marina xDDD Gracias por comentar!
Fieldsofhope: Si es que las clases no nos dejan respirar T.T Y bueno... no ha salido todo tan idílico como muchas esperaban xD Isa y Lovi se hacen de rogar e_e Gracias por el review :3
Poppy-chan: Su-san no pudo participar activamente en el rescate... Pero él estaba preparado para rescatar a su esposa si era necesario! De verdad pensabas que mataría a Tino? D: Pobrecito, si es un amor :U Como se puede ver, Isa, se lo ha escondido a Arthur... Mejor no dar problemas si supuestamente ya no va a ver a Lovi nunca más, no? e_e Y Lud y Gilbert se encontrarán si o si cuando Lud ataque el barco del capitán Kirkland... Estoy posponiendo su encuentro, que mala soy xD Gracias por comentar!
LittleMonsterStick: Si, estaría bien... Pero realmente creo que me matarían xD Que se aguanten, yo que pongo PruHun, y SuFin y DenNor, y aksljdasñlkj más cosas, que no se quejen (?) Y ya queda poco para que Lud y Gilbert se reencuentren... Chan chan chaaan (?) Okno, pero creo que en el próximo capítulo ya será *-* Tengo ganas hasta yo ¬¬ Gracias por el review *-*
Cualquier comentario, críticia (constructiva a ser posible XD), petición del algo, etc... Review ^.^
Muchas gracias :3
