Anna quedó paralizada, había notado un remolino de viento, un tipo de ventisca envolver a esa extraña mujer al desmayarse, "¿Acaso es…nieve?", la miró con cautela analizando por segundos lo que acontecía frente a sus ojos.

― ¡Oh por dios!. Gritó sin poder ayudarle a detener la caída.

―¿Se murió?, ¿Le lanzaste un hechizo?, ¿Yo puedo tener poderes también?. Preguntaban los niños por demás entusiasmados rodeando a la reina, ahora inconsiente.

― Abran paso, déjenla respirar, no está … ¡ No digan eso!-

Andersen se abalanzó tratando de ignorar el evidente terreno nevado, la cama de hojarasca otoñal ahora se quebrantaba escarchada, abrió paso entre su mascota que curioseaba brincando y olisqueando a los trillizos que jugueteaban con aquello que había amortiguado el golpe de Elsa. "Está, muy helada."

Checó sus signos vitales, era veterinaria y bueno, de algo servía conocer de esos temas, sintió culpabilidad de alguna forma, tal vez estaba perdida, tal vez Lily había causado su primer caída.

―¿Habrá estado perdida?. ¿Qué tal si es un turista?.- Habló para sí misma entre dientes mientras sacaba su celular algo apurada; estaba con una mujer desmayada, al parecer desorientada, muy débil y muy, muy helada.

―Una ambulancia es lo correcto. Aseguró acomodando la chaqueta de la rubia.

Los niños juguetearon con sus trajes de osito en el pasto, la pelirroja aún estaba conmovida por aquella mujer, pensaba en las consecuencias de lo que vendría, "Dijo conocer a los Fergus y solo es un ligero desmayo, además parece que en parte es culpa de Lily, que viene siendo ¡mi culpa!." Golpeaba ligeramente su frente con un puño.

Los paramédicos llegaron sin tanta demora colocando a la rubia en una camilla dentro de la cabina, ya que el bullicio y la concurrencia especialmente ese día no dejó que las cosas fueran de otra manera. Anna no podía responder del todo por aquella extraña, los pequeños querían continuar con su recorrido de recolección de dulces, tal vez dejarla en manos del centro era lo correcto. "Ellos sabrán qué hacer con ella. Vamos Anna, estaba buscando a alguien, y bueno, no fuiste de ayuda."

― Entonces, el parentesco ¿Cuál me dijo que era?. Preguntó de nuevo el encargado de llenar la papeleta, ya que Anna se había preocupado más por lo que dijeran de su estado critico de temperatura. Del cual ya no había rastro al parecer.

―Ninguno, bueno sí, algo es. Es que viene de visita, no es muy seguido.- Nada concreto salía de la chica, que claramente seguía un tanto nerviosa e indecisa.

"¿Por qué estoy mintiendo?".

―No se preocupe, podremos llevarla a casa. Estará bien, solo fue un desmayo.- Interrumpió una enfermera sugiriendo instrucciones de cuidado.

Anna tomó una desición algo inusual, había dejado su dirección. En su casa había lo suficiente para cuidarle, siempre contó con un cuarto extra para cualquier percance con algun paciente animal. Aclararían todo después que despertara.

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―Qué bueno, mañana es sábado. Suspiraba algo desganada manejando detrás de la ambulancia que conducía hacía su domicilio.

―¿Vamos a dormir todos juntos?. Preguntó el pequeño copiloto.

―¡Mérida!. Echó un gritillo al recordar que estaría esperando su llamada.

―No, hoy ella pasará por ustedes. Aclaró recibiendo pequeños pucheros por parte de los pelirrojos, que aún deseaban continuar con la ruta de dulces.

―¡Queremos llenarlas!. Siguieron con la queja agitando las bolsitas de dulces, repetían lo mismo en coros de lloriqueo fingido.

―Prometo llenarlas con los muffins y galletas de la casa ¿sí?.- Contestó un tanto distraída. La pelirroja no dejaba de repetir la última escena en que vió caer a la mujer de cabello platinado envuelta en la misteriosa ventisca. "¿En qué líos te metes Anna?", miró por el retrovisor que los pequeños que jugueteaban con su cachorra. Un largo y pesado suspiro dejó escapar al doblar por la izquierda y comenzar a estacionarse. Ya habían llegado, seguro ésta iba a ser una larga noche.

―Al fin en casa.- Se dijo mientras miraba la ambulancia alejarse por la ventana.

Elsa estaba acostada durmiendo plácidamente, al menos ya no conservaba el ceño fruncido y su temperatura era normal. Los trillizos comían leche y galletas en la barra del recibidor de la cocina, sus piernitas colgaban de las sillas altas, intercambiaban dulces entre ellos, Anna por su parte había despojado la chaqueta y calzado de la rubia, acomodándola lo más cómoda posible en su cuarto.

―Lo siento chica.- Murmuraba mientras le limpiaba el rostro y manos, también le soltó el cabello con suma delicadeza, quitaba alguna que otra rama que aún permanecía enredada en su cabellera platinada, la cual admiró por unos segundos. Los niños ya habían marcado a Mérida para que pasara por ellos, Lily jugueteaba con ellos en la sala. Andersen solo continuó a cargo de la rubia con dedicación "Vas a estar bien.."

―¡MeriMeh!, ¡Dice que papi es el rey Fergus!, ¡Y Anna le lanzo un hechizo de nieve!. Gritaban y brincaban entusiasmados los trillizos.

Mérida entró a la casa gracias a que sus hermanitos abrieron la puerta, no comprendía lo que intentaban decirle, pero era normal que inventaran o exageraran las cosas, la cachorra también se abalanzaba contra la pelirroja de cabello alborotado.

―¡Zanahorias! Te debo unas, ¡Tres! ¿Aló, novia no sangrienta?.- Entró casi chocando con el mueble al notar que había alguien en la cama de su amiga, una extraña que no lucía nada bien.

―¡Wow! ¿Qué pasa aquí, quién es ella?. Arqueó las cejas consternada.

―¿Uh..nnno la conoces?.- Andersen la miró extrañada.

―Ella dijo que te conocía a ti y a los niños, se refirió a ustedes como la familia Fergus, y-y y. Buscaba acomodar sus pensamientos sonando algo alterada frente a su amiga.

―¡Hey!, tranquila, puede ser que no lo recuerde, o sea hija de algún empresario o colaborador de mi papá. Reía ante el nerviosismo que presentaba Anna.

Sin dejar la habitación, comentó la situación en la que se encontraron, y cómo fue que se desmayó, omitió la ventisca, era tonto comentarlo, o tal vez nada creíble.

―Oye, ya dime la verdad ¿No se desmayó por tus encantos o alguna propuesta de matrimonio? ¡Novia perdida!. Reía conteniéndose por la visitante, a la par que le daba varios codazos a su compañera que la miraba con desaprobación.

―¡Pfff! Mérida, guarda esas bromas para después, ¿sí?. Es linda pero, no... ¿espera, qué dije?. Es que, ya te lo dije, ella dijo conocerte y se desmayó y-yy creí que llegando aquí sería fácil contactar a su familia o no sé. Suspiró resignada.

―¿Segura que está bien?, es muy blanca.- Mérida contenía su estruendosa risa al bromear con su amiga.

―Oye ...ésta conmigo ¡claro que está bien!- Se cruzó de brazos, aún algo nerviosa.

―Anna, eres un amor. Rescatas animalitos y personas indefensas, si hay un cielo, creo que ya aseguraste tu lugar…apuesto que…- Se vió interrumpida por Andersen antes de continuar con su halago.

―Mérida, esto no es un juego, hay una mujer en mi casa que dice conocerte, y ahora me dices que, que no tienes idea. ¿Qué hago yo con, con ella?, ¿Qué tal si es una asesina serial?, también sabe mi nombre y...- Se detuvo al recuerdo de la manera afectuosa con la que la trató quedando inmersa en todos los disparates que había comentado antes de desmayarse.

―Amiga, creo que hasta que despierte podremos saber que pasa, yo tengo que volver, vine por los niños, apenas me entero que mis padres regresan hasta el siguiente fin de semana y atender el negocio familiar no es nada sencillo.- Estaba ya despidiéndose, dejaría ese asunto por ahora, ya que para ese momento parecía que no iba a tener ningún problema.

Hubo un abrazo grupal antes de que la familia se marchara por completo, los trillizos tenían mucha energía y como siempre, no querían dejar a la cachorra.

―¡Gracias Lily!, ¡Gracias Annabanana! . Se despidieron los pequeños, dejando la casa en completo silencio.

La pelirroja preparó algo de chocolate y volvió al cuarto cuidando que los signos vitales de Elsa estuvieran estables, se acercó un banco para quedarse observándola.

Un largo suspiro hondo surgió después del primer sorbo caliente, notó que su perra había arrastrado su plato hondo en el piso, sonriéndole por tal acción dejó caer una pequeña cantidad de la bebida.

―Será una larga noche. Habló por lo bajo con su mascota la cual demandaba mas chocolate; estarían vigilando a la reina hasta que cediera ante el sueño.

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Olaf se limpió una mezcla de sangre falsa, crema de afeitar y huevos que bajaba de sus sienes, se había vestido de zombie esa noche para ir a la fiesta de su colegio. Como casi siempre, Marshall, el gigante golpeador, le había explotado un globo lleno de desperdicios sobre su cabeza. Luego lo había arrojado al basurero justo antes de entrar al baile. No había querido que Anna lo acompañara porque quería enfrentar sus problemas solo, pero ahora que regresaba a la casa sin compañía, se encontró con que no le estaba gustando nada de eso. A veces solo quería dejar de crecer, quedarse como cuando era un niño y sus padres les brindaban toda la alegría. El mundo era un asco aunque quisiera darle una sonrisa a todo. Esa noche le había ofrecido un abrazo a Marshall y había terminado con una cáscara de plátano en la boca. Ni siquiera los cursos de defensa personal que Anna le había enseñado sirvieron. Estaba deseando poder entrar ya a la universidad y librarse de todo eso.

Unos niños corretearon alrededor de él y se dirigieron a una casa a pedir dulces. Siguió caminando con ese paso vacilante, no tenía fuerzas de nada. Lo único que podía sacarle bueno a eso era, quizá, asustar a Anna o bien, que la chica lo mandara directo a la ducha. A pesar de que eran compañeros de casa, la chica se portaba maternal con él, cosa que a él no le afectaba en lo absoluto. Sus padres habían fallecido un año atrás, uno de sus tíos se empezó a hacer cargo de él, asi que cuando decidió que la casa era demasiado grande para una sola persona, colgó un anuncio en la red y apenas semanas después Anna Andersen se encontraba golpeando a su puerta. Ahora eran inseparables, Anna era mayor por cinco años.

Olaf abrió la puerta de la casa y llamó a Anna, nadie contestó, ni siquiera Lily.

―Anna? -insistió, el pasillo estaba libre y sonaba agua corriendo de uno de los baños. ―Estoy aquí... -bajó la voz avanzando con pocos ánimos.

La habitación de la pelirroja estaba abierta. La empujó apenas con la mano y entró lentamente, estaba en penumbras. "Te has quedado dormida y dejaste el agua corriendo, no sería la primera vez", pensó el chico.

El cuerpo sobre la cama lucía relajado. Olaf sonrió en grande, Anna se llevaría un susto de muerte. Se acercó, arrastrando los pies y haciendo un sonido siseante con la boca. Tomó las sábanas con una mano y la otra busco el interruptor de la lámpara de la noche.

―Anna... - dijo profundamente. Su sonrisa se hacía más grande.

La luz se encendió, un cuerpo que no era el de Anna se levantó, vestido con un traje majestuoso pero roto. Los ojos azules lo miraron con pavor. Hubo gritos, y no sabía si era él, la chica que lucía como un fantasma o ambos sacando todo el miedo de sus pulmones. Lo único que sabía era que había retrocedido, e intentando detener su inminente caída se había llevado con él las sábanas de la cama y, con eso, los miles de peluches que decoraban la cama de su amiga.

Un ruido proveniente del segundo piso se dejó escuchar, bajando de prisa las escaleras, enseguida lo reconoció como Anna bajando con Lily. O quizá solo era alguien más disfrazado buscando poner fin a su agonía.

Olaf miró con una mueca de dolor a la rubia que lo miraba con los ojos desencajados y una mano levantada, como si quisiera atacarlo con alguna especie de magia ingeniosa. Ese día todos se estaban tomando muy en serio su papel.

―Entonces... -gimió -. Soy Olaf y realmente, realmente quería solo un abrazo cálido hoy -dijo, y luego dejó caer la cabeza en el suelo. Totalmente derrotado.

Lily entro al cuarto ladrando, a la par Anna cargaba con un bat en mano, su entrada consistió en un brinco con dirección al apagador, toda la habitación se iluminó.

―¿Quién anda ahí?.- Advirtió con energía, su característica determinación hizo que no titubeara al amenazar la silueta de su compañero, el culpable de que su visita gritara.

Su mascota reconoció a tiempo al chico, lo tumbó en el acto lamiendo su cara mientras ambas chicas aún estaban algo desorientadas al respecto, lo que era seguro, es que aquel muchacho no causaría daño a nadie en esa habitación al parecer.

―¿Olaf?- Se acercó dando unos pasos para verificar la sospecha.

―Ay. ¡Perdón!, Él es mi roomie. Se dirigió a Elsa al mismo tiempo que se daba de topes en la cabeza relajando su postura de ataque con el bat.

―Aún no sé tu nombre. Te desmayaste y. Olaf ¡Apestas!- Se interrumpió al acercarse a su amigo, dejó caer los hombros habiendo recuperado el aliento.

Elsa miró a Anna y luego al chico pálido, estaba lleno de una mezcla de cosas que apestaban. Por la indumentaria y la pestilencia, en serio parecía un muerto viviente.

―O... Olaf?. Preguntó. ―Abrazos cálidos. No, no, esto es un sueño. Uno malo! Tú eres muñeco de nieve!

El chico se sostuvo con los codos y levantó la cabeza para mirarla con una cara de confusión y diversión .

―No, soy un zombi. Uno apestoso. Ahora, perdona, si hubiera sabido que Anna trajo una chica a la casa hubiera avisado antes de entrar. ¿Dónde se han conocido ahora?.

El joven se levantaba denotando algo de cansancio mientras regañaba a su amiga. ― Anna, por dios ¿Acaso no sabes que es de muy mal gusto meter a una dama a tu cama sin saber su nombre?, ¿Acaso no piensas que puedes romperle el corazón?, es decir ¡Wow! ¿Desmayado, en serio? ¿Qué clase de cosas le hiciste hacer?. Espera, creo que no quiero saber. Qué bueno que me he tomado mi tiempo en llegar.

Elsa abrió y cerró la boca muchas veces y luego echó un vistazo a Anna que empezaba a tener mil tonalidades de rojo en las mejillas.

Elsa pensó que nada de eso podía ser un sueño, no cuando miraba a esa chica y solo podía ver a su Anna en cada gesticulación.

Anna negó varias veces con la cabeza estando roja como tomate, viéndola mejor lucía muy hermosa aquella mujer que sabía su nombre "Definitivamente se ve mejor con el cabello suelto ..que estoy ..?"

―¡OLAF!..- Respingó y chilló para callar al chico, pero éste no guardaba silencio estando seguro que ese regaño moral serviría para futuras situaciones.

―NO. Olaf, no, no es lo que tu piensas. ¡Dios!, n-no se desmayó por tal cosa, ella ella, ella ahmm..- Su cara se ponía más roja y sus manos titubeaban al querer explicarse, movía el bat que aún no soltaba.

―No pienses mal de mí, por favor. Se dirigió a Elsa con delicadeza y muy apenada por todo lo que ahora escuchaba.

―Oye, en serio apestas Olaf. ¿Qué te pasó?. Le señaló una marca que lucía diferente del resto de maquillaje. Olaf abrió los ojos y tapó el lugar que indicaba.

―Sangre, sangre falsa. - Mintió.

Elsa lo notó enseguida. Olaf solía mirar hacia arriba cuando no decía la verdad, tal como ese chico.

Se mordió los labios y suspiró, tenía pocas opciones en su situación. Podía decirles lo que realmente ocurría, pero ya lo había hecho y Anna la había tratado como si hubiera quedado demente. Si era sincera consigo misma, si alguien llegaba al castillo y afirmaba venir del pasado, ella también lo trataría como tal. Para su buena suerte, era buena mintiendo, aún más fingiendo tranquilidad. No podía decir que solo estaba perdida y bromeó todo ese tiempo, porque... ¿qué haría después?. ¿Acaso saldría de ahí y vagaría hasta que magicamente llegara al castillo?. De alguna forma, todo tenía conexión. Conocía a Olaf, a los trillizos y a Anna, y si ésta Anna Andersen conservaba al menos un poco de su pequeña hermana, entonces y sólo entonces, tendría una oportunidad para salvarse, antes de ser llevada a un manicomio. La cuestión era, ¿cómo plantearle todo a ellos sin que pensaran que había perdido la cabeza?.

Tragó saliva, por supuesto, estaba el método extremo. Un método no convencional que bien podría hacer que terminara más que con los locos.

―Elsa... Susurró. ―Soy Elsa de Arendelle. ―Y... -miró a Olaf, que había quedado inmóvil mientras se ponía de pie. ―¿Les digo algo loco?

Anna seguía muy apenada por tales acusaciones, "Oh dios de verdad...espero que no piense mal de mí ...bueno espero que haya estado tan distraída para no notar lo que insinuó ¿Olaf no dijo nada comprometedor verdad?". Apartó la mano del chico con un movimiento rápido aprovechando que el punto de atención ahora era Elsa.

―Hey, yo sé que esto no es sangre falsa- Lo regañó, sin embargo antes de continuar con la intervención, notó que la rubia tenía intenciones de seguir hablando, así que guardó silencio e incluso lily, para Anna eso era algo raro, por lo general su mascota tardaba en adaptarse a alguien a pesar de 'haberlo hecho su amigo' estando en su casa era desconfiada.

―Elsa..- Repitió como si hubiera sido una respuesta que habiía resuelto algo grande, era un tono de asombro ―de Arendelle... soy Elsa de Arendelle.

Ambos asintieron esperando algo más, sin embargo el hedor continuaba acaparando espacio en la atmósfera de la habitación.

― Hey dude, después hablare contigo, zombie apestoso. Está bien, Elsa de Arendelle, él es Olaf y sé que lo siente mucho por el susto que te dió. Ya vete a bañar.- Dijo atenta dándole unos golpecitos con el bat para que se retirara.

―¿Dijiste algo loco?, dime. Contestó la pelirroja.

Elsa casi miró con pánico a Olaf.

― ¡No!, Necesito que, que él se quede - Indicó. El chico, que se preparaba para irse, se volvió a quedar inmóvil. ―Es... Dios, no me van a creer. Esto es tonto, yo no lo creería, es decir, ¿quién lo haría?. Éste era el plan de las Islas del sur, hundirme, claro, dejarme fuera de la vista de todos y... y ahora estoy hablando como Anna.

Olaf reprimió una risita de burla.

―Eso es seguro.

―No la señorita Andersen - Corrigió Elsa con un suspiro. Se levantó de la cama y se irguió como pudo. ―Joven Olaf. ¿Podría decirme el año en el que estamos actualmente?

Olaf miró a Anna como pidiendo permiso. Ambos lucían confundidos.

―Pues. 2017.

Elsa bajó los hombros. Lucía derrotada y entrando en pánico de nuevo. Era ahora o nunca.

―Han pasado casi 200 años... -Su voz sonó tan baja, que creyó estar hablando mentalmente. ―Anna... No... - Cerró los ojos.

―Soy Elsa, reina de Arendelle. Un gran reino de Noruega del siglo XIX. Comerciabamos principalmente metales y piedras preciosas, los últimos meses, hielo…-Intentaba ser lo más clara posible con el relato.

―Hace unas horas estaba en mi despacho, y ahora estoy aquí, no sé qué es lo que ha pasado ni cómo llegué a este sitio. Tienen todo el derecho de la duda, en mis tierras todos eran culpables hasta que se demostraba lo contrario... Pero... -miró a Anna profundamente. ―Tienen que saber que no les mentiría, que no les conozco pero sé quienes son, si es que eso tiene sentido. Señorita Andersen, yo no la habría hablado con tanta familiaridad si no hubiera sabido que usted no era mi hermana. Y esos niños. Creí que todo era una broma o un mal sueño. Pero estoy aquí y estoy tan confundida como ustedes. Así que sabiendo mi situación y todo lo que tengo por perder, y si mis cálculos son correctos, puedo demostrar que estoy diciendo la verdad. Registros. Historia. Arendelle no pudo haberse perdido. Ese es mi único pase. Y sé por sus caras que estoy pareciendo una total demente.

La chica estaba tratando de digerir lo que estaba escuchando "¿Acaso dijo reina?. Esto ya es demasiado raro.", pensaba mientras ambos chicos continuaban mirándola fijamente escuchando cada detalle.

"Es cierto ...¿Me he llamado Anna desde hace mas de 200años?, creo que esto se está saliendo de control". Asintió con cara de concentración a todo, era como si estuviera haciendo notas mentales, incluso lily que habia estado inquieta por Olaf estaba sentada también algo atenta mirando a la rubia.

―Claro. Podemos buscar en internet ahora mismo, pero –Andersen suspiró hondo apoyándose con ambas manos sobre el mango del bat.

―Estás omitiendo el cómo llegaste hasta aquí, digo, hasta ahora yo sé que no existen máquinas del tiempo ya ves, te dije aun los autos no vuelan y no hay nada de..-Se dió un tope mental ―Disculpa, Elsa..-aclaró la garganta ―Dinos exactamente ¿cómo alguien como tú fue que llegó aquí de tan lejos?, porque, digamos que te creo y no sospecho que te estas tomando el papel de la noche muy en serio por un fuerte golpe en la cabeza que lily creo te dió...- quedó en pausa, ya había hablado demasiado.

Elsa parpadeó condundida.

―Buscar en "Internet", ¿así se llama su biblioteca de registros?

Olaf carraspeó y movió las manos como espantando mosquitos.

―Anna, la estás confundiendo. Esta chica en serio parece perdida -el chico entrecerró los ojos. ―Voy a buscar.

Elsa observó cómo el muchacho sacó un artefacto pequeño de su bolsillo, brillaba. Olaf levantó la vista y la escaneó con cuidado.

―Ni siquiera sé por qué lo hago, que conste -dijo-. Pero lo hago porque esto es lo único interesante que ha pasado en meses.

Hubo un momentáneo silencio, Elsa jugó con sus manos y sus ojos viajaron a Anna. Luchó contra los impulsos de maldecir o tomarse de la cabeza y caminar en círculos. O abrazar a la chica y rogarle para que le dijera que todo eso era una broma muy elaborada.

―Hay... hay otra manera de que me crean. Pero la última vez que la enseñé al mundo, un par de hombres quisieron asesinarme; aún ahora me seguían tratando como bruja en algunas regiones - Sonrió con nerviosismo.

De nuevo hubo un silencio casi sepulcral en la habitación al escuchar a la visitante, algo estaba pasando con ese relato que parecía fantasía de alguna de las series extrañas que su compañero leía o seguía online.

―¿Cómo dices?, espera, ¿por qué razón querrían matarte?.-arqueó ambas cejas muy alto para alcanzar a divisar los resultados que arrojó el buscador, ya que la palabra de la "reina de Arendelle" estaba poniéndose en duda.

Elsa tragó saliva.

―Pensé que buscaríamos en la biblioteca de registros.

―Lo hicimos- dijo Olaf y mostró el aparato. ―San Google, el mejor buscador del siglo XXI. No hay nada de Arendelle. Hizo unas comillas sarcásticas con un dejo de triunfo o superioridad ante la seguridad de lo que decía refutaba lo que la extraña decretaba como algo real.

―Entonces... ¿qué más nos vas a decir ? -Olaf codeó a Anna con una sonrisita cómplice en los labios.

― Bien dicho, San google no miente mi reina. Aseguró Anna chocando una especie de saludo triunfal con su amigo.

―No estoy mintiendo -Elsa afirmó. ―No lo hago... Olaf, tú eres el muñeco de nieve más adorable de todo el reino, te gustan los abrazos cálidos y te robas las tortas de chocolate que le preparan a Anna. Anna tú no sabías patinar sobre hielo hasta hace poco y frunces la nariz cuando algo no te agrada, como ahora. Amas el chocolate. Te gustan las lecturas de media tarde y mirar al cielo por la noche porque es la única forma..

―Ella en verdad te ha vigilado -Olaf afirmó, asustado de que esa mujer supiera más de Anna que él mismo.

― ¿C-cómo sabes eso de mí?. Interrumpió desconcertada.

―Esto... ¡No es una mentira!

Una corriente fría de aire viajó por toda la habitación, y una escarcha de hielo se deslizó por todo el piso. Olaf lanzó un gritito y su celular cayó al suelo, completamente congelado.

―Ella es algo... -Olaf chilló, asustado.

"Es como. ¡Como antes de que se desmayara!"

― ¡OLAFFF!. Gritó la pelirroja tomando de los cabellos y como pudo al muchacho antes que se diera un buen golpe de un resbalón. Lily comenzó a chillar escondiéndose entre los chicos, Andersen estaba mas asustada al notar que apenas podía sostenerse por el hielo del piso. Miraba alrededor como su habitación ahora lucía como una transformación radical con hielo, como en uno de los tantos videojuegos que veía que su rommie jugaba, miró la puerta para salir y aún temblorina alcanzó la manija para descubrir que estaba estancada "Congeló TODO".

Comenzó a agitarse, estaba entrando en pánico, dió un grito desesperado al abrazar a sus seres queridos, esto era una pesadilla, una muy real.

― ¡AUXILIO! – gritó con fuerza aferrándose del muchacho al ver que estaban comenzando a perder el calor corporal, su mascota estaba escondida en el regazo de Olaf chillando.

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Mientras tanto Anna de Arendelle había estado leyendo carta tras carta sin encontrar otra cosa que no fueran disculpas y tonterías que intentaban cubrir la falta que el último heredero había cometido "¿Elsa...dónde estás?". Lagrimeaba forzándose a seguir leyendo a pesar de la hora, no había duda en ella que esas intenciones de las islas del sur tenian un propósito, había armado una especie de mapa con algunas palabras "Estás alucinando Anna...esto no lleva a nada..", sólo eran insistencias muy adornadas.

Después que sus ojos comenzaran a doler por cansancio algunos sollozos se hicieron presentes ―Debo de encontrar a Elsa. ¡No te duermas Anna!.-decía entre dientes mientras varias lágrimas rodaban por sus ojos, los puños apretados y temblorosos de impotencia sostenían otra carta, que leía mas no retenía nada de la información; el cuerpo agotado había cobrado factura, la pelirroja quedó dormida en la silla de la reina sobre las cartas enviadas por las islas del Sur.

Kristoff tomó una de las manitas de Olaf entre sus dedos y suspiró. Ver al muñeco ahí, sin vida, le producía una intensa tristeza. Sven se acostó a su lado en la nieve, lejos de la fogata (ahora apagada) que habían hecho y la casa de campaña que habían montado. Los dos miraban a su amigo, como si en cualquier momento fuera a saltar encima de ellos y luego ir por ahí, hablando de lo grandioso que era el verano.

―Sé que también estás preocupado, amigo -El rubio le dio dos palmaditas al reno-. Y es un asco que no me dejen ver a Anna aún. Si tan solo... Si tan solo... -murmuró de nuevo.

Muchos de los guardias reales buscaban a Elsa por todo Arendelle, él lo había hecho también hasta que el sol se asomó por el horizonte. Aún no habían alertado a las personas pero sabía que Anna tenía que enfrentar esa situación en cualquier momento. Los ancianos del consejo no tardarían en levantarse y empezar a hablar.

Estaba preocupado. Muy preocupado. Y no tenía idea de donde se podría haber metido Elsa, era como si solo se hubiera evaporado. No había pistas ni nada. Lo único que podían hacer era esperar.

Se levantó y miró a su amigo.

―Voy a ver a Anna. No puede estar sola en estos momentos.

Sven se levantó con un renovado espíritu aventurero y lo siguió. Ambos se despidieron con una mirada triste de Olaf.

Anna en Arendelle había amanecido un poco antes que el sol volviera para asomarse al horizonte, raro en ella que solía dormir más que la reina, había descansado lo suficiente como para rendir otro día, mas no estaba en las mejores condiciones, sus sienes punzaban y su estómago demandaba alimento, las cartas debajo su cara, el papel costoso en sus puños, el medallón haciendo peso en su bolsillo.

― ¡NO...!-sollozó.

"¿Esto..es real?, Por todos los cielos, ¿Qué está pasando?". Su mente le había jugado mal, era increíble creer lo que estaba pasando ahí, la princesa miraba aun desorientada y desganada. Golpeó sus codos en el escritorio repasando las manos por su rostro, temblaban, sudaban, sus pupilas empezaban a notar borrosa su visión. Nada tenía sentido.

―Elsa...- murmuró con ese horrible nudo en la garganta, el cual anunciaba la venida del llanto que no podía calmar una vez desatado.

Pasaron mas de cuarenta minutos, era suficiente, tenía que hacer algo, Elsa no había aparecido, debía obtener más tiempo para encontrarla "¿Cómo?.." dio vueltas por la habitación forzándose excesivamente hasta que, una idea había llegado:

"Si continuo los deberes de Elsa. Por ahora nadie sospechará del papeleo...".

―Primero. Primero tengo que disculparme con Gerda y Kai. Y pedirle ayuda.-Parecía fácil, sin embargo la situación latente le seguía nublando el pensamiento, sobó su frente despeinando su flequillo humedo de sudor frío, sonrió esperanzada, al menos ahora tendría un poco mas de tiempo para encontrar a su hermana, su convicción era mas fuerte que los estragos de cansancio en su cuerpo, asi que salió a prisa a buscar al mayordomo.

Los pasillos a su alrededor estaban desiertos, tal como ella lo había ordenado "...Les grité..", se reprochaba mientras corría al gran comedor donde seguro Kai y Gerda estarían dando órdenes para darle desayuno, ellos no se daban por vencidos tan fácilmente, su lealtad, dedicación y cariño eran invaluables, sin avisar abrió la puerta de golpe.

― ¡ !.. ¡tengo una idea!- jadeaba agitada ―y...necesito de su ayuda..por favor-suplicó.

Ambos se miraron cómplices, pareciera que la estaban esperando. Era evidente que la reina de Arendelle no había aparecido aún.

―Claro princesa Anna. Lo que sea..-dijo el mayordomo con un gesto de amabilidad y empatía.

―Su majestad, haremos lo imposible.-Gerda se acercó para depositar un refrigerio ligero en las manos de Anna la pelirroja se conmovió, sus ojos vidrearon de manera instantánea. ―Muchas gracias. Es decir, perdón por lo de ayer pero.-tragó saliva con dificultad ―Bueno. Éste es el plan…

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