Capítulo 4.
AÚN TE NECESITO
La reina de Arendelle estaba fuera de control, la temperatura de la habitación bajó considerablemente, sus cuerpos comenzaba a tiritar, la perrita no paraba de chillar, Andersen miraba a la rubia con pánico, estrechada de su rommie de quien ahora ya no le importaba que apestara.
Elsa destensó el cuerpo y miró asustada a los chicos, su ceño de desesperación había cambiado a uno preocupado. El hielo se había detenido y un jadeo se escapó de sus labios.
― ¡Lo siento! -dijo con horror y dio un paso adelante, pero enseguida se arrepintió rodeándo sus propios brazos a su cintura.
―Lo siento -repitió.
―Yo... esto no me había sucedido hace mucho, lo siento, lo siento... es...
Olaf que había sujetado a Anna como si se tratara de un niño pequeño, la miró entre el nerviosismo y el miedo.
―¿Cómo... cómo lo has hecho? -su vista viajó al techo, para encontrar la causa de un crujido extraño, unos picos de hielo que se resquebrajaban de una manera tétrica.
―Sólo... sé que puedo hacerlo desde que nací -Elsa explicó, mirando a Anna.
Levantó una mano, temblaba. Hizo una agitación y toda la escarcha empezó a desaparecer. El ceño de Olaf cambió a un total asombro. Su mascota sin perder el tiempo se separó del par de chicos para rascar la puerta con desesperación.
Era un hermoso espectáculo, sin embargo aterrador, poco quedaba del temblor de los brazos de la pecosa al haberse disuelto el hielo por completo, solo quedaban nervios y una impresión de desconcierto.
―E...e..entonces por eso, por esto te querían fuera del mapa. Aseguró.
Titubeó el chico en una risilla demás nerviosa.
―Elsa Arendelle...-murmuró mirándola de nuevo de pies a cabeza.
―Acaso ¿Eres la temible reina de las nieves?. Como en Narnia, pero más joven.-preguntó la pecosa sin soltar al chico del agarre.
―¿Narnia? -murmuró Elsa.
―Yo... sí, bueno, usualmente suelen compararme con la reina de las nieves. Pero solo es una leyenda que circula en Arendelle. Y me querían fuera del mapa, pero no precisamente por mis poderes, las Islas del Sur han tenido un estado de constante tensión con nuestro reino desde. Desde lo que pasó con Anna.
Olaf miró a su amiga pelirroja y aclaró como si fuera necesario.
―Su Anna -dijo, luego escaneó a Elsa.
―Digamos que hoy hice una excepción y, creo que después de la demostración climática, ahora tiene algo de sentido tu loca historia. ¿Tienes alguna idea de cómo regresar?. Insitió el muchacho quitándose un poco de escarcha.
―No sé tú, ustedes. Pero me estoy congelando y nos hemos alargado con esto. ¿Podemos siquiera tomar asiento?
Pestañeo varias veces volviendo en sí, miró de nuevo a Elsa y luego a Olaf
― ¡Ohh...si, si! ahmm..-comenzó a levantarse jalando al chico sosteniéndolo con algo de fuerza debajo de los hombros.
―Va a ser una larga noche al parecer...
Anna volteó a la mesilla donde había dejado la taza de chocolate, no quedaba ni rastro de hielo, era como si nada hubiera pasado. Acto seguido y como si fuera un acto sincronizado, ambos salieron del cuarto sin creer del todo lo que acababa de ocurrir frente a sus ojos.
―No es mucho pero después de esto creo que, no nos vendría mal una taza de.. ¿chocolate?. Alzó los hombros con esa risilla nerviosa y alegre tan distintiva.
―Y, Olaf ya vete a bañar ¡por dios la alfombra!.
Respigó al notar que ahora estaba pisando el recibidor de su habitación, lily estaba olisqueando en el camino a la rubia, de nuevo movía la cola, inspeccionaba a su alrededor demostrando que ya no era una amenaza, por ahora.
Andersen aun debatía entre si todo eso iba a ser el sueño mas raro que había tenido, era una dormilona, así que al parecer esto tardaría más sino se había despertado con esa nevada dentro de un cuarto.
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Mientras tanto en Arendelle la pelirroja ordenaba el papeleo pendiente de Elsa, Kai conocía la agenda de la reina y sus próximos deberes las siguientes semanas. Habían estado respondiendo los comunicados y sellado algunas cosas, no hubo necesidad de forcejear cajones, su hermana había dejado todo como si aún estuviera ahí sacando sus deberes como heredera al trono. El ambiente era extraño, generalmente Anna era quién animaba la risa de su tímida y ocupada hermana.
―¿Cuánto tiempo crees que pueda durar esto así Kai?. Era una pregunta algo desesperada y ansiosa.
―Puede que funcione por una semana más. Cuatro días cubriendo sus deberes y...-suspiro hondo. ―Podemos presentar la excusa de un resfriado o cualquier cosa que implique estar en cama, y usted como sucesora debera asistir en representación de La Reina de Arendelle.
―Está bien. Pero si hay sospecha y, y para entonces. Sino, sino encuentro a Elsa, me veré obligada a hacer lo que mis padres. Titubeó un poco al mencionarlos "Cerraré las puertas. Hasta volver a verte"
El asunto de las islas del Sur sería discutido con el mayordomo que al parecer también había sido cómplice. El carácter distintivo de la princesa denotaba esa inquietud, como un pendiente que remolía un pinchazo nuevo en las sienes.
"Primero es mantener los días que sea posible las actividades de Elsa". Se repetía para no dirigirle la palabra sobre el asunto de las cartas y regalos. Habían comenzado temprano, pero incluso Kai iba a demorar un poco más, la princesa y Gerda estaban en su máximo esfuerzo sacando el papeleo pendiente.
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Uno de los guardias le abrió las puertas des castillo y lo saludó con un asentimiento de cabeza.
―Solicito hablar con la princesa Anna. Dijo con su tono más firme. El guardia miró a su compañero y se dijeron algo con los ojos.
―La princesa Anna ha dado órdenes de...
―Lo sé, lo sé, pero tiene que decirle que se trata de mí.
El guardia que le había abierto pensó dos segundos antes de suspirar y aceptar ir por la princesa. El hombre caminó por los pasillos con rapidez y con un nerviosismo empezando a notarse en sus gestos faciales; la princesa no tenía el mejor carácter cuando estaba estresada.
Tocó la puerta grande de madera y esperó a que alguien respondiera, tuvieron que pasar varios segundos hasta que se abrió y Kai asomó medio cuerpo. Tenía una cara de tranquilidad, pero escondía una preocupación total bajo ese ceño que se negaba a fruncir.
―Señor, disculpe la molestia pero, el joven Bjorgman solicita ver a la princesa Anna.
Kai miró hacia atrás, como verificando algo y, a continuación, suspiró. Era demasiado tiempo con todo esto y Kristoff merecía explicaciones, además de hablar con Anna acerca de Olaf y... lo que sea que hubiese pasado con el muñeco de nieve. Se encontró preguntando si realmente era una buena idea que supiera eso.
―Déjalo pasar al recibidor, la princesa estará ahí en un momento.
El guardia asintió y se marchó enseguida, después de despedirse con un golpe de talones.
Kai se limpió la frente con un pañuelo y se acercó hacía la princesa, Gerda lo miró con preocupación.
―Princesa Anna, sé que es importante todo esto pero. El joven Bjorgman solicita hablar con usted. Él en verdad ha estado preocupado y... tiene algunos asuntos importantes por tratar.
Anna se detuvo, sacudió la cabeza varias veces parpadeando rápido.
―¿Kristoff...?-miró hacia abajo, digería la información como si estuviera leyendo algún pergamino con letras muy pequeñas.
―¡Kristoff!- lo dijo como si hubiese resuelto algún acertijo.
―Claro, bien ...ya vuelvo –suspiró hondo, y se abrió paso entre Kai y Gerda.
Acomodaba su cabello, era un desastre, igual estaba segura que grandes ojeras y labios resecos estaban presentes, "¿Qué importa?". Había llegado a donde su novio "¿Alguien habrá dicho algo?." Se acercó, pasó de nueva cuenta sus manos por los costados de su cabeza intentando arreglar sus cabellos rojizos.
―Ho...hola Kris..toff. Murmuró exhalando pesado.
El joven volvió el cuerpo cuando escuchó la voz de Anna, sus ojos se iluminaron y el peso que venía cargando desapareció al instante.
―¡Anna! - Corrió hacía ella y la abrazó con fuerza, como si no la hubiera visto en semanas.
―Anna... -
Repitió separándose levemente para acariciar su mejilla y depositar varios besos en su cabeza y uno en su mejilla.
―Estaba como un loco pensando en ti, ayer no me dejaron verte y luego Elsa, y la búsqueda, apenas dormí un momento porque tenía que cuidar de... oh, cielo santo, mira ¿cómo estás?, Anna no puedes descuidar de tu salud así.
La princesa hizo una risilla desanimada dejando que el chico la saludara, desvió la mirada al suelo, no tenía ánimos de recibir regaños, no con todas las tonterías que temía en su corazón.
―No. ¿No te dejaron pasar?-frunció el ceño confundida "Aunque, creo que así lo ordené ayer" los ecos del regaño continuaban sin mucha importancia
―Lo sė Kristoff sólo que..-suspiró resignada
―¿Has comido algo siquiera?.
―Además de que... ¡Rayos!- Kristoff apenas había recordado un detalle gigante, y aún más preocupante.
El rubio se tensó sin saber cómo empezar a describir lo que vivió antes que el muñeco de nieve dejara de tener vida.
―¡Olaf! Anna, Olaf está... yo... no lo sé- Intentó explicar con demasiada rapidez.
―Anna él sólo... solo es nieve ahora. Lo he llevado a un lugar seguro en donde no pueda derretirse, pero él ha dicho. Que sintió algo y…
El relato era interrumpido por las lágrimas derramadas sin permiso que corrían apresuradas por las mejillas ahora un poco más pálidas de la princesa. Sus ojos seguían atentos al relato del chico, Anna no iba a interrumpirle. Su corazón comenzó a agitarse al escuchar lo que había pasado con Olaf, viniendo a su mente como una punzada de dolor inevitable al costado de su pecho: la imagen de ella lanzándose a lo que sería el brazo del muñeco grandulón desmoronándose como cualquier montículo de nieve.
"Él sintió algo" esas palabras hicieron eco en su mente
―¿Qué?..-sacudió la cabeza.
―¿Cómo...cómo es que sintió 'algo'? – Demandó explicación del detalle jalando las mangas del rubio, era una sonrisa triste, aunque lucía un poco mas entusiasta ya que, podría ser una pista para encontrar a su hermana.
―¡Dime!…-
―Dime. ¡Kristoff! ¿Qué sintió Olaf?..-Apretó los brazos que la sostenían rogaba por obtener la información. Sus ojos vidreaban mirando fijo al joven que intentaba ordenar su pensamiento ante la demanda de Anna
―¡Qué dijo Olaf!-
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Andersen se dirigía a la cocina aún algo consternada, este tipo de cosas solo sucedían en series o pełículas.
"Eso fue algo creepy definitivamente". Miró de reojo a la rubia que comenzaba a seguirla vacilante y tal vez apenada.
―Dime. Ahmm…Elsa..-se corrigió rápido.
―¡Su majestad!, ¿apetece de chocolate o un té?, ¿O acaso aún no existían y tomaban agua?.- Divagó apenada dándose una palmada en el rostro.
Elsa rió por lo bajo y negó.
―Sólo Elsa. Puedes llamarme Elsa, aquí no tengo nada de títulos.
Sonrió de medio lado y la miró más del debido tiempo. Era increíble que fuera igual que su hermana. Elsa salió de su ensoñación y volvió la cabeza levemente hacía un lado, con vergüenza.
―Y sí, existía todo eso Anna, no vivo en la edad media.
―¡Oh!...ya ok, ok. Bueno es que, verás, yo nunca fui buena en historia, perdona.
―Aunque... prefiero el chocolate. El cocinero real solía prepararnos a mi hermana y a mí varios aperitivos por las noches; por su culpa Anna todavía tiene energía después de que todos se han ido a dormir en el castillo. Perdona. Supongo que estoy hablando de más. No suelo hacerlo, es decir... estoy un poco nerviosa "Y cansada". Perdón por lo que, les hice pasar.
―Sigue siendo algo difícil de creer.- Contestó con una risilla nerviosa desviando la mirada, ahora buscaba las cajillas para preparar más chocolate, estaba segura que Olaf también querría acompañarles.
Lily las seguía moviendo la cola restregándose entre las pantorrillas de la rubia y dando empujoncitos por detrás a la pecosa quien reía pasando su pie por el lomo de su mascota a manera de caricia mientras batía la mezcla
―Tranquila bonita, si acaso podré darte agua con leche.- Volvió a la reina.
―Su majestad, no sé si lo prefiera con leche, o crema, o tal vez algo de syrup ¿con azúcar o sustituto?, espera esas cosas, algunas no son de allá.
Se encogió de hombros ante la torpeza de preguntar cosas que no coinciden con la línea de tiempo a la cual parece que pertenecía la Reina de Arendelle.
Elsa parpadeó. No estaba segura si Anna estaba tomándole el pelo al seguir llamándola por su título. Era claro que no le creía.
―Sólo el chocolate está bien.- Dijo, acercándose a Anna por detrás para luego taparle el paso y verla de frente .
―¿Anna? Tú... ¿tú no me crees, no vas a creerme, no es así? -sonrió con tristeza.
―No es que, Els… Se vio interrumpida por la reina.
―Tal vez... no seas mi hermana, pero puedo notar en tus gestos que estás nerviosa e incómoda. -Suspiró y cerró los ojos.
―Sigues creyendo que me he golpeado la cabeza, pero aún no sabes por qué... - Alzó una mano, enseñando la palma para recrear un pequeño remolino encima de ella.
―Dime ¿Por qué puedo hacer esto?.- La tensión aumentó en la cercanía que ambas tenían.
―¡Woah! ¿Qué más puedes hacer?.- Dio unos brinquitos olvidando por completo los argumentos que no terminaron de armarse ni manifestarse.
La rubia sonrió en toda su extensión al ver la emoción de Anna, casi se sintió de nuevo en casa. Las ansias de abrazar a la chica se expandió como una nube sofocante que apaciguó con un pequeño meneo de cabeza. "Concéntrate, ella no es Anna, no mi Anna".
―Puedo hacer muchas cosas, estructuras arquitectónicas, esculturas, congelar un lago, o un fiordo- Murmuró apenas.-
―Incluso puedo hacer mi propia ropa, con la ayuda de algunas telas, claro, porque el hielo se fusiona con las fibras. Básicamente puedo controlar o crear el hielo y la nieve.- Se relamió los labios, Anna seguía intercalando la mirada entre su mano y su rostro.
―Elsa, es. Es ¡hermoso!- Sus ojos brillaban y sus brinquitos estremecían todo su cuerpo, incluso lily ladraba dando vueltas de emoción alrededor de ella.
― ¿No puedes hacer que llueva? Pero ¿Vestidos?, eso no lo ví venir. Confesó algo incrédula.
―Si, vestidos completos. Pero no puedo controlar a la naturaleza. No en su estado más catatónico. No puedo romper ciclos.- Anna asentía como si tuviera notas mentales.
―Es... complicado, creo.- Observó su mano, el remolino cambió de forma y una chica con un muñeco de nieve aparecieron en forma de mini esculturas.
―Y ella es Anna... con Olaf. -Su hermana, con un vestido que le había regalado unos meses antes, tenía tomado de la mano un Olaf sonriente.
―Deben estar preocupados por mí...
―Lo siento. Estoy segura que si pudiste llegar aquí, hay manera de regresar también.- Suspiró hondo cabizbaja "No está mintiendo" se convenció por fin.
La reina dio unos pasos atrás algo cabizbaja dándole espacio de continuar con la preparación del chocolate. Ahí mismo Anna encendió la luz del pasillo que conducía a la alacena algo alejada de la estufa para tomar un par de cucharas y azúcar, abrió el refrigerador para sacar una caja de leche que abrió para verter un poco en el recipiente, todo era normal y nada mágico. Por otro lado, Elsa fijó su vista al techo, entreabriendo la boca en la acción. Recordó enseguida las luces que había visto al llegar; la hilera que seguía más allá de su visión. Una luz larga y blanca también iluminaba la cocina de Anna. ¿Cómo era eso posible?
―¿Cómo... cómo has hecho eso? -apuntó al techo. También miró cómo la chica devolvía con naturalidad la caja de leche abriendo el refrigerador, señaló a la hornilla en donde una flama había aparecido. Elsa abrió los ojos y se llevó una mano a la boca.-
―¿También tienes poderes?.- Murmuró dudosa.
―Ojalá fueran poderes.- Le sonrió conmovida.
― Electricidad. Asintió atenta la reina esperando la catedra de aprendizaje.
―Bueno, las cosas aquí funcionan así. Es como una red de cables que, están adentro de la pared. Ya veo, ¿antes solo tenían velas y candelabros no?- Le miró con ternura bajando la flama en la hornilla partiendo la tableta de chocolate que ahora se disolvía lentamente ante la insistencia del cucharón que meneaba con cuidado en el recipiente.
―Oh... - Elsa dio un paseo por la cocina, observando con detenimiento la luz y sus matices.-
―Entiendo...-dijo.
―Es decir, no del todo, pero entiendo. La electricidad no ha sido tan desarrollada en. En casa. Es impresionante.- Sonrió con ensoñación-.
―Impresionante... ¿Hay todo un sistema? ¿Está en toda la casa? -Elsa volvió la cabeza hacía Anna y le regaló su mejor sonrisa-. Anna estaría maravillada, le encanta todo este asunto de las luces.
Asintió solo mirando de reojo devolviendo la sonrisa, una ligera risita provocada por la admiración que mostraba Elsa ante las luces.
―Está por toda la casa, por las calles, la colonia y el mundo .-suspiró hondo volviendo a atender el chocolate.
―Elsa, por cierto. ¿Te gusta espumoso?- Señaló el chocolate.
―¿Uh? Sí, por supuesto, gracias.-La cachorra olisqueó sus pies y ladró amigablemente. Elsa se inclinó para acariciarle.
―Espumoso será. Exclamó la pecosa con aire triunfante.
―¿Lily, no es así? Eres una buena chica, una que me ha dado un susto de muerte, ¿qué hacías lejos de Anna?.- El animalito aceptaba las caricias de la rubia.
La reina no paraba de seguir asombrándose con las novedades en ese lugar, levantó la vista para encontrarse con los ojos de la pelirroja, observó con cautela esa moda. Ahora la Andersen no tenía puesto maquillaje ni ese vestido de novia raro y ensangrentado, se había cambiado de ropa y lucía... diferente, un bien diferente. Un tipo de blusón sin mangas puesto, dejaba sus hombros pecosos descubiertos por el frente esa prenda era corta, tanto que notaba su ombligo, se había hecho una cola de caballo como peinado, su fino y suave perfil se hacía notar aún más, algunos cabellos rebeldes se colaban por los costados de las patillas pelirrojas, su figura no pasaba desapercibida a pesar de que llevaba unos pantalones muy holgados.
―Luces bien -Le dijo, cuando ninguna había dicho nada. Anna servía ambas tazas, lo cual dejó de hacer ante tal cumplido.
―¡Oh!…ahmm, ¡gracias!, considerando que lo dice alguien como tú, una reina, digo, creo que es algo bueno. Gracias- Se expresó con su característica risilla nerviosa, era inevitable sonreirle, de nuevo esas ganas de abrazarla.
"Bueno, es normal. Ella dijo que éramos hermanas, creo que es normal ¿no?"
―Es una moda extraña, pero te ves bien –Elsa volvió a sonreirle por décima vez en la noche. ―Debo verme un poco ridícula.- Argumentó señalando su vestimenta.
Elsa dejó a Lily para ponerse de pie. Se llevó una mano a la nuca y se mordisqueó la parte interior de la mejilla. Anna se disponía a compartir una taza en la barra al lado de la reina.
―Yo... – Realizó una pausa al recibir la taza de chocolate espumoso en el cual enfocó su mirada unos segundos antes de volver sus ojos con los de la pelirroja.
―Anna Andersen. Yo prometo devolverte todo esto que haces por mí. No acostumbro a deberle nada a la gente y, definitivamente ésta noche ha sido de locos. Has hecho suficiente por una una desconocida.- Para explicarse, primero dejó el chocolate sobre la barra. Rebuscó entre los bolsillos de su chaqueta y suspiró con alivio cuando encontró lo que la salvaría.
Sacó una pequeña bolsa de cuero que siempre llevaba encima y dejó caer su contenido en la barra de la cocina. Al menos diez piezas de oro brillaron con la luz; y un anillo, el anillo real que jamás usaba pero que mantenía con ella porque era un intenso recordatorio de su padre.
― Oye, Elsa. No es necesario que…
―Sin embargo, Anna. Aún te necesito.
