Buen día, como había mencionado, la verdad no me dedico enteramente a esto, sin embargo el proyecto que venimos desarrollando truncadamente desde el 2015 sé que será entretenido para algunos de la comunidad que aún ronda por ahí en los rincones de la red. Agradezco el tiempo que dedican en cada comentario y claro, apoyo, sin que fuera molestia pediría que me ayuden a divulgar y compartir si les agrada la historia. Me es muy valiosa la opinión respecto al contenido de los fics (denle un vistazo por ahí a las otras historias) y a ésta trama en particular, junto a sus personajes me servirán de mucho en un futuro donde ya me encuentre culminando ésta aventura por el espacio y tiempo de manera individual ya que, mi partner in crime se encuentra demás bussy con sus propios proyectos e historias, de nueva cuenta muchísimas gracias :D

Capítulo 5

UN ABRAZO

― Puedes quedarte con las monedas si... -de pronto se sintió nerviosa se sobó el puente de la nariz y tomó el anillo entre sus dedos.

― Si me dejas quedarme aquí esta noche. "O hasta que vuelva…"

― ¿Qué monedas? –

Ambas miraron hacia donde provenía la voz, Olaf venía caminando por el pasillo mientras aún se secaba el cabello con una toalla.

― ¡Oh, por dios! ¿Acaso son reales? -El chico se acercó a pasos agigantados hacía ellas y las tomó para examinar.

― ¡No puede ser! ¡Tienen tu silueta! Son tan hermosas que creo que voy a llorar... -Elsa curvó los labios con gracia.

― Les daría más, pero no suelo cargar con tanto oro dentro del castillo. Corrí con suerte de llevarlas encima.- Aclaró con algo de preocupación a ambos chicos.

― ¿Qué? -el rostro de Olaf cambió a uno de confusión.

― Anna, ¿Acaso ibas a cobrarle?, sólo mírala -en un instante Olaf la había jalado hacia él y su cabeza descansó en el hombro de Elsa.

― ¿Acaso no es adorable?.- Elsa se sonrojó, era como si la intentara vender como una mascota.

― ¡Olaf!..-suspiró hondo la pecosa.

― ¡Oo...oye!, no fui yo, ella saco las monedas y...-miró a Elsa apenada "¡Es cierto no negué el pago!", pensó. Quería darse un tope en la frente a sí misma, pero tenía las manos ocupadas ahora batiendo el chocolate.

― ¡Claro que no iba a cobrarle nada!...y no después de lo que Lily le hizo..-

Desvió la vista de las evidentes prendas con barro y marcas manchadas de las patas de la perrita, la cual dio un ladrido estando sentada al lado del chico al escuchar su nombre.

― Si, si, ahí estás, ya sabemos.- Anna devolvió su mirada al donde la mascota, sonriéndole.

Olaf sonrió ampliamente y tomó a Elsa de una mano, Elsa pensó que, después de todo, el podría ser casi idéntico al muñeco de nieve.

― Ella es así -murmuró para ella el muchacho, como si justificara un mal comportamiento.

― Pero le agradas -le guiñó un ojo, refiriéndose a Anna. La reina entreabrió un par de veces los labios como si fuera a refutar algo.

― Así que... No hay cobros Elsa, no te preocupes -dijo ahora alzando la voz para que Anna escuchara.

― Aunque tus monedas se ven hermosas para mi colección de países y... ¡oh, santo cielo!, ¿cuánto valdría una hoy en día?

Elsa tomó una y se la extendió.

― Quédate con una al menos, no me sentiré bien si no lo aceptas. -dijo sincera.

― No, no, no, me niego, aunque... -le hechó una miradita a su rommie.

― Si tu problema va a tardar en resolverse, cosa que espero no sea así, ¿por qué no te quedas con nosotros los días suficientes? Las monedas pueden servir en caso de emergencia y... -el chico chilló de alegría cuando su vista viajó a la joya junto a las monedas, era un fanático de las reliquias.

― Eso es acaso un …¿Un anillo real?. ¡Un anillo real de hace siglos, Anna! Elsa puede comprar esta casa si quiere.

Elsa tomó el anillo y lo observó.

― ¿Es así? Yo... quisiera tenerlo por ahora, era de mi padre... de hecho tiene tantas generaciones encima que he perdido la cuenta.

― No se diga más -palmeó Olaf.

― Te quedas en el cuarto de Anna mientras limpiamos otro espacio en la casa.

― O puedo usar algún mueble –apuntó mirando con alarma a Olaf.

― Olaf... tranquilo dude... sabes perfectamente que si se queda una moneda en la casa cargaras con ello en tu conciencia...-

"Aunque, yo también querría una, están muy bonitas. ¿No era acaso yo su hermana?, o será que las princesas no salían en las monedas?"

Olaf seguía asombrado analizando no solo las monedas, sino también del ropaje que portaba la reina, a pesar del aspecto maltratado que lucía ahora, eso definitivamente lucía genuino. Andersen se perdió algo de esa conversación en lo que llenaba las tazas de chocolate caliente y bien espumoso.

― Elsa de Arendelle ..-dijo en un tono exagerado sin ser despectivo, sino juguetón.

― Tendrás que juzgar el chocolate de Anna Andersen y, quiero una opinión sincera.- Aclaró mientras depositaba la taza envuelta en una servilleta afelpada sobre las manos de la reina.

― Está algo caliente así que tengan cuidado- le dedico media sonrisa, ya se preocuparían después por lo demás. El muchacho cedió un asiento en la barra cercana a la cocina antes de tomar su chocolate.

Elsa tomó la taza que le ofrecía la chica y se la llevó a los labios. El sabor dulce del chocolate se expandió por su lengua y la calidez viajó por su garganta. Cerró los ojos con fascinación. Era delicioso. Era realmente impresionante que esta Anna supiera hacer algo de beber, su hermana casi había hecho explotar la cocina real cuando intentó hacer una torta de chocolate para su cumpleaños, desde eso los cocineros siempre se cubrían casi como si fueran a ir a la guerra, cada vez que la pelirroja iba a las cocinas.

― Es. Es realmente delicioso.- Suspiró con felicidad.

― ¡Qué bueno, me alegra que te guste!- se alzó con las puntas de sus pies "¡Dijo que era delicioso!" Significaba aprobación de una persona que era de la realeza

Olaf las miró a ambas y luego sonrió.

― De verdad está muy bueno.- Insistió.

La rubia probó de nuevo un sorbo, suspirando hondo con una amplia sonrisa, ahora emanó un ligero vapor que salió de su boca apenas habló.

― Y eso... Eso pasa a veces.- Dio una risita ligeramente al notar el asombro y curiosidad de ambos chicos.

― ¡Woah! ¿Qué...que fue eso?.- Se acercó Olaf invadiendo un poco su espacio personal casi tumbando la bolsa de malvaviscos.

El vapor que volvió a exhalar provocó de nuevo un asombro puro e infantil por parte de sus acompañantes ahora espectadores.

― Me van a hacer sonrojar.- Advirtió la rubia.

― Creo que todos en el palacio están tan acostumbrados que parece he olvidado que lo hago cada que tomo cosas calientes.- Confesó.

― Bien, Elsa, déjame interrumpir un poco, ¿quisieras tomar un baño relajante mientras Anna y yo te preparamos un espacio para dormir?

― Eso sería perfecto. - Se miró así misma encogiendo los hombros.

― He tenido mejores días con la ropa.- Dijo la reina. Olaf negó y mostró los dientes, totalmente emocionado.

― No hay problema, te daré una de mis sudaderas. Anna te puede brindar lo demás por ahora. Voy a prepararte la tina -le guiñó a Anna y se fue de ahí.

― Gracias Olaf.- Rodó los ojos y le dio un codazo ante las atenciones exageradas que daba "¡Ya te ví !". Entrecerró los ojos, mientras veía como el chico iba por los pasillos con entusiasmo para preparar la tina.

― De verdad que luces tal cual una reina..-dijo casi en un murmuro al presenciar un silencio algo incómodo.

― Espera...¿qué dije?- se dio un tope. "Vaya manera de romper el hielo", se encogió de hombros.

Elsa vio todas las acciones de Anna, aún sujetando la taza entre sus dedos mientras se acomodaba sobre la silla.

― Ahmmm… aún no mencionas cómo puedes hacer todo eso.- La miró con curiosidad señalando el vapor que emanaba en cada suspiro después de un sorbo.

― Nací con esto, Anna. Ni siquiera yo lo sé, se ha vuelto algo natural, como respirar, realmente no tengo idea.- Quiso cambiar de tema a uno en el que pudiera dar más respuestas.

― Gracias por las atenciones, Olaf luce emocionado.- Señaló con alegría, desviando el tema.

― No te preocupes, de verdad. ¿Gustas?.- Andersen ofreció malvaviscos al haber depositado algunos en su propia taza.

Vio cómo los bombones fueron servidos y la incesante vocecilla curiosa de su cabeza le pedía a gritos saber más sobre la pelirroja.

― ¿Qué es lo que haces? -preguntó, sintiendo que la lengua se atoraba en su garganta, ¿ Elsa desde cuándo Anna la ponía de los nervios?. No esos, como cuando hacía travesuras, eran más bien unos que hacían que su estómago hormigueara y que solo habían estado cuando... "cuando la miras dormir", la voz dijo. "Cuando te abraza, y están solas". "¡Basta!". Se mordió el labio aclarando su garganta al notar que no hizo un buen planteamiento de la pregunta.

― Es decir, ¿qué eres... aquí?. Algún trabajo... ¿Cargo político? -jugueteó con el borde de la taza, bajando la mirada para no ser demasiado invasiva.

"Esta no es Anna", se repitió por doceava vez. "No hay hilos de sangre", gritó otra, una que hizo que su pecho martilleara incesantemente.

Por su parte la pelirroja había quedado recargando su rostro en su propia palma mientras observaba con casi nulo disimulo a la reina, le era difícil no mirar su cabello platinado "Obvio es natural. Antes no existían los tintes para cabello ...¿o sí?"

― Ahmm...¿qué? perdona, estaba algo distraída, ¿cargo político?, ¿yo?-se burló un poco sin ser estruendosa.

― No estoy metida en cosas así, en realidad acabo de terminar la universidad-suspiro hondo.

― Estudié veterinaria y por ahora soy asistente de uno de los mejores centros veterinarios en la ciudad, creo que es un buen comienzo, ya que algunos de mis compañeros ni siquiera han terminado su servicio social – Reía al cucharear el malvavisco con chocolate.

Elsa dejó descansar su espalda en el respaldo de la silla mientras veía que Anna removía el malvavisco. Su mano viajó a su mentón con curiosidad.

― ¿Tienes permitido estudiar? ¿las mujeres pueden hacerlo? - preguntó interesada y con un dejo de felicidad. Anna algo extrañada asintió aún con la boca llena.

― He intentado hacer recapacitar a los ancianos del consejo acerca del derecho de las mujeres fuera de la nobleza con respecto a la educación y propiedad, pero no ha surtido mucho efecto. Pero... -sonrió con una renovada esperanza-. Lo que me dices es grandioso. Hay una oportunidad de cambio. -parpadeó, saliendo de sus pensamientos-.

― ¡Oh! ¡Es verdad! Antes no teníamos tantos derechos como ahora, ten por seguro que esas luchas interminables serán muy útiles al final.-

― Dios... Lo siento, debo dejar de hablar de todas estas cosas de nuestro gobierno. A Anna siempre le aburre y termina durmiéndose, no es que crea que no te interese igual que a ella, es solo que... No puedo evitar estar pensando en ella mientras tengo a medio metro de distancia.

― No digas eso, está bien, yo, realmente nunca fui buena en historia.- Arqueó las cejas escuchando atenta, asintiendo con una cálida sonrisa.- No te preocupes, no dudo que nos parezcamos mucho, al menos no te confundirás con el nombre ya que, también soy Anna..-alzo los hombros risueña.

Olaf asomó la cabeza en la cocina.

― ¡Su baño está listo, majestad! -Entonó con entusiasmo-. Puede seguirme ya mismo. -Elsa asintió al chico y se levantó de la silla.

― Justo al final del pasillo. ¡Anna! Dale tu mejor ropa.

Elsa rió tras su mano izquierda.

― Eso no es necesario, en serio.- Insistió la reina.

Anna se levantó alarmada, ya que debió de preverlo y no estar buscando con prisas entre su ropero y sus cajoneras.

― Indícale bien las cosas del bañoo.- Advirtió insistente. Ya estaba en el armario buscando estas batas largas que dejo de usar pero que, eran lindas y muy cómodas.

Dobló un par de cambios nocturnos y de paso optó por cambiar las sabanas que estaban con algo de lodo y césped "Lily...", ya no había rastros de ser el cuarto de alguien enfermo en hospital, dejo los cambios sobre la cama. Notó la presencia de su compañero antes de aplaudirse a sí misma por el tiempo record en limpieza.

Olaf se asomó a su puerta; se removía las manos.

― Hay un problema -dijo-. Y Elsa me va a matar cuando salga... si es que sale, no quería que supieras- Murmuró. Anna se acercó con cautela para escuchar.

― Es el corsé... ¿Sabías que tiene uno? Me ha pedido algo filoso para que pudiera romperlo -el chico se sobó la nuca.

― Ustedes son chicas, deben entenderse mejor-. Le extendió una tijera a Anna-. Así que... buenas noches y ¡adiós!.

Olaf salió del cuarto antes de que Anna pudiera evadir su tarea.

Andersen habiendo escuchado las instrucciones del muchacho, miró algo enojada la figura del chico corriendo por el pasillo al segundo piso, no hubo tiempo de responder o negarse, frunció el ceño mirando las tijeras que dejo en la mano.

― Esto te costará un par de desayunos.- Advirtió con voz alta, mas en realidad estaba nerviosa, Elsa seguía siendo una extraña. Llegó al pasillo donde se encontraba el baño y tocó la puerta.

― ¿Se puede?..ahmm ya me contó Olaf lo que pasa, puedo ayudarte si gustas.-se dio un tope con el marco de la puerta.

"¿Qué? ¡Pequeño diablillo!". Elsa respiró profundo dos veces y miró hacia el piso, la falda de su vestido estaba fuera, así como su chaqueta y la blusa.

― Yo... sólo le he pedido algo filoso, puedo con esto -casi chilló, mirándose ahora en el espejo, se había soltado el moño para dejar su habitual trenza, ahora más revuelta que nunca. "Si no fuera tan ajustado", se removió con incomodidad-. Saldrá con facilidad si lo corto... ¿traes algo contigo? Una navaja o tijera, tal vez.

"Idiota" se dijo, tenía un poco de barro en el cuello, era una pésima primera impresión. "Y quieres impresionar a Anna?", caminó hacia donde había dejado la falda, "eres una idiota". Con Anna apenas separándola por esa puerta, se sintió terriblemente expuesta.

― Oh…pues, traje unas tijeras pero, puedo ayudarte no hay problema.-Se separó del marco de la puerta y puso su oreja en ella aclarando todo de forma pausada, se le habían acabado las palabras y solo espero por respuesta. "Igual si son como los de Elizabeth Swan en Piratas del caribe debe doler." Pensó aterrada ante la idea "Que exigente protocolo de modas.."

Las manos de Elsa le picaban, le sucedía cuando estaba nerviosa. Anna nunca la había visto en ese estado. "Ella no es Anna", se recordó. "Ella no es Anna y cuando regreses a Arendelle nadie va a recordarlo, quizá nunca la vuelvas a ver y esto será un intenso recordatorio de que estuviste tan cerca de... ". El aire se le fue de los pulmones. No quiso terminar la frase. Sólo necesitaba un poco de ayuda, unos cuantos desajustes con las correas y listo. Sería historia aparte, apenas una marquita en su memoria.

Se puso la primera capa de la falda y la blusa, sin abotonar, aunque tendría que sacársela para que Anna hiciera su trabajo. Suspiró, ocultando un chillido vergonzoso cuando le quitó el seguro a la puerta. Caminó hacia el lavamanos y se mordió los labios.

― La puerta está abierta -dijo, cerrando los ojos y tratando de menguar a su acelerado corazón.

"Qué pasa contigo?". La única que la ayudaba desde pequeña era Gerda, eso era todo, la intensa tarea de lidiar con alguien más en un asunto íntimo. La puerta se abrió. Aún estaba muy ligada a las reglas, sobre todo cuando tenía que poner ropa real y no algo parte de sus poderes.

― No pude quitarle el nudo que le han hecho -explicó a la nada, conservando el tono natural de su voz-. Está ajustado.

Anna entró observando cómo estaba recargada de espaldas la rubia, en realidad su pulso incrementó considerablemente al notar aquella escultural figura reflejada en el espejo del lavamanos, igual eran desconocidas pero no dejaba de ser una mujer 'muy atractiva'.

― Está bien, entonces...¿no tendré que cortarlo?- dijo un poco nerviosa.- Creo que tienes que quitarte la blusa para poderte ayudar.-Avanzó estando solo unos pasos atrás sin mirar de nuevo al espejo ya que notó algo incómoda a Elsa, dirigía su mirada por debajo del hombro esperando su consentimiento.

La reina miró al techo y murmuró algunas cosas sin sentido. "Mañana nadie se va a acordar. Esto iba a pasar, quizá debiste ahorrarlo", se dijo con una mueca. Sus dedos apretaron la fina tela de la blusa y la deslizó por sus hombros con movimientos desordenados y torpes, casi como si se peleara con ella. Sus mejillas brillaron de un rojo profundo cuando al fin estuvo fuera y cayó al suelo. Sus brazos viajaron instintivamente a sus caderas como método de protección.

― Sólo tienes que lograr quitar el nudo que se ha formado, yo haré lo demás. O puedes usar la tijera, da igual. -Tragó saliva. Su corazón golpeteaba tanto en su pecho que casi creyó que Anna podía escucharla. En el pequeño espejo que estaba frente a ella pudo ver su reflejo y un poco de los mechones rojizos del cabello de Anna. Bajó la vista completamente avergonzada ante la imagen.

La escena suscitada era incómoda, el ambiente algo pesado, su corazón acelerado al notar lo roja que estaba Elsa."Está apenada. Dios, de verdad antes cómo era esto posible". Recordaba como sin problemas ni penas sus amigas, entre ellas Mérida se llegaban a 'ayudar' en vestidores o probadores cuando algún cierre o vestido se atoraba.

― Ok ...cuídame esto.-dijo lo mas calmada posible dejando las tijeras en el borde del lavamanos, la había rodeado en una especie de abrazo apenas teniendo un pequeño roce donde la chica apoyo su mano en un costado del torso de la rubia, era inevitable no admirar el cuerpo expuesto de la reina. "Sus cabellos estorban". Titubeó un poco, pero pudo lidiar con tomar su cabello revuelto que obstruía la visibilidad del nudo pasándoselo encima del hombro "Es muy suave", una vez realizado esto, enfocó su atención a desatar el nudo, y vaya que sí estaba algo atorado, no quería romperlo.

― Esto cuestión de paciencia. No quiero romper algo tan lindo, incluso este listón es lindo, nada comparado con lo que venden en tiendas de telas actualmente.- Añadió con entusiasmo para hacer algo de conversación ante la eminente tensión.

Elsa esperó a qué Anna hiciera el trabajo. Intentó pensar en otras cosas, como todas las reuniones que tendría cuando regresara o los pendientes que había dejado sobre su escritorio, también... la idea le golpeó tan fuertemente que sus ojos se abrieron de par en par y se maldijo una decena de veces antes de soltar un bufido. Había dejado todo abierto, si Anna entraba y revisaba en los cajones, fácilmente podría encontrar todas las cartas de las Islas del Sur. Y eso no iba a estar nada bien, Anna estaba totalmente en contra de tener más contacto con ese reino, ahora la chica tenía justa razón. Si regresaba, iba a tener mucho trabajo por delante, incluyendo el de contentar a su hermana si es que había encontrado ese pequeño secreto.

Si regresaba.

Un nudo se instaló en su garganta y al fin fue consciente de la situación en la que estaba metida. Había llegado por culpa de un medallón, uno que no tenía con ella ahora. ¿Cómo iba a regresar entonces?. ¿Era como un viaje con días de plazo?. ¿Qué si no era así?, ¿qué estaba pasando realmente?. Qué motivos tendría el rey de las Islas de Sur para desaparecerla, simplemente borrarla y...

Otro balde de agua fría.

Querían a Arendelle. Arendelle, su hermana y todos los habitantes corrían peligro. Y ella estaba ahí, ¡sin poder hacer nada!

― Anna... -su voz había sonado tan débil que creyó que la chica no la escucharía.

― Pienso que alguien me quiere aquí, esto no ha sido un accidente. Me quieren fuera del juego. Andersen estaba concentrada en aquel nudo que lo mas seguro había empeorado por la caída, suspiró hondo y continuó.

Hizo un sonido la cinta al deslizarse en señal de haber sido lo que terminaría con el nudo, la pelirroja exhaló haciendo una risilla, lo había logrado sin tener que cortarlo.

― List...o- Se vio interrumpida por su nombre, sacudió la cabeza sin comprender del todo lo que decía la rubia. Habiendo bajado mas de seis cruces de la cintilla, tragó saliva desviando su mirar al reflejo en esos ojos azul zafiro que ahora, le estaban mirando fijo.

― ¿Cómo dices?. ¿Por qué?. ¿Quiénes te quieren fuera del juego?.-dijo preocupada al notar la alteración de la reina, apretó los labios habiendo dejado ambas manos pausadas

― Antes de aparecer en este lugar, recibí un... -dudó-. Un obsequio de las Islas del Sur, era un medallón, uno que no tengo ahora conmigo. -sintió el roce de los dedos de Anna y contuvo el estremecimiento, concentrándose en su historia -. Anna, creo que esto estaba planeado, lo que significa que han logrado su objetivo. ¡No puedo creer que haya caído! Y he dejado a Anna a cargo... yo... -miró al espejo-. Debo regresar a mi hogar. Y éste no es, definitivamente, el lugar para hablar- suspiró.

Sabía que nada tendría sentido para la pelirroja, pero no podía evitar disparar todas sus ideas. Sobre todo cuando cargaba tanta angustia.

― Quizá mañana vea todo con más claridad... quizás.

― Comprendo.- Respondió conflictuada.

― Espero que, por ahora pueda relajarte el baño, aunque sea un poco. No ha pasado mucho tiempo ¿o sí?.-Suspiró hondo reflexionando la información del relato. "¿Un medallón? ¿Los reinos del Sur que...querían gobernar Arendelle?.

― ¡Oh por dios! ¿están en guerra?-se acercó a ella buscando respuesta , había dejado su espalda para mirarla de costado

― Gue- ¿guerra? No, dios, no. Arendelle no ha tenido una en más de dos siglos.

Elsa sintió una tensión considerablemente menor con el corsé desajustado. Quizá era la preocupación, o la naturalidad con la que Anna manejaba todo, pero por el momento la timidez calmó. Sin embargo, aún seguían muy juntas.

― Menos mal, pues si alguien pudo mandarte para acá, no dudo que haya boleto de regreso ¡te lo aseguro!.- Se estaba creyendo ella misma lo que decía, mas la parte lógica de la chica salía a relucir "Pero...viajes...y ¡en el tiempo! ..."

― Creo que es todo... - murmuró al espejo. - Gracias... Anna. Puedo con lo demás.

Bajó la vista al piso. No sabía qué sentir, tenía un revoltijo de sentimientos rondando su cabeza.

― Claro…

Hizo una risilla nerviosa llevando sus manos al frente, luego se sobo el antebrazo para preguntar una última cosa.

― ¿Te explicó los mecanismos Olaf ...verdad?- la miró de reojo dando pasos atrás llevándose las tijeras.

Elsa miró la tina y asintió despacio, sin voltearse. Quería creer lo que decía Anna. Sin embargo, ¿cómo iba a regresar? ¿En verdad había alguna forma sin el medallón?

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A Kristoff le tomó unos segundos ordenar sus pensamientos para responderle lo menos confuso a la princesa.

― Llegué ayer del viaje, sólo... estaba con él descansado frente al fuego en la cabaña. Con Sven. Platicamos un momento, y luego Olaf sólo dijo que... algo estaba mal, se sentía extraño, como cuando Elsa estaba muy triste por ti. El se tocó el pecho y luego solo... se esfumó. Es un muñeco de nieve, sin vida, Anna. He tenido que llevarlo a un lugar seguro para que no se descongele. Lo siento... -agachó la cabeza-. Siento no poder haber hecho nada.

La pelirroja sostenía con fuerza ambos brazos de Kristoff asintiendo, mirando fijo al muchacho, era toda su atención enfocada a él, a lo que decía, vidriaron sus ojos ante el relato y sus disculpas, a lo que rápido negó con la cabeza tomándolo por el mentón con ambas manos.

― Kristoff. Está bien...-suspiró en lamento.

― Gracias, por cuidar de él, en cambio yo. Yo dañé un brazo de Malvavisco, se desmoronó y…-bajo la mirada triste, y a pesar de quebrarse la voz, recobró fuerzas para continuar con su parte del relato.

― En ese momento supe que Elsa no estaba aquí.-dijo encorvándose un poco apoyando su frente en el pecho del rubio. -¿Por qué?. ¿Por qué a ...nosotras?-dijo en un hilo de voz, su quijada temblaba de nuevo, sus manos apretaron las ropas de su novio con impotencia "¿Elsa no pudo haber muerto verdad?" Retumbaba en su cabeza sin remedio, ya que, todo parecía indicar que ya no habitaba ese mundo.

― Ella está bien-. Kristoff dijo-. Elsa es fuerte. Sólo... Hay que esperar, Anna. Ella jamás te dejaría, y no le gustaría que estuvieras tan preocupada.

Kristoff la abrazó, todavía intentando creer sus propias palabras. Sea lo que fuera que estuviera pasando, no era nada bueno y era cuestión de tiempo para que Anna empezara a mover cielo, mar y tierra por Elsa. Asintió liberando unos pequeños sollozos se acurruco en el abrazo que ofreció el rubio.

― Eso espero Kristoff… pero ¿sabes algo? – hizo una pausa que le hizo cambiar el tono de voz.- Elsa aún mantenía contacto con las islas del sur, y ..-suspiro hondo. El repartidor de hielo tomó una postura diferente al abrazo, escuchar de nuevo las Islas del Sur no parecía buen presagio.

― Al parecer eso que encontré fue lo ultimo que estaba haciendo ella. Kai dijo que ahí estuvo Elsa, es decir, no salió del castillo al parecer...-levantó su mirada con determinación, esa mirada fulminante Kristoff ya la había relacionado con su gran fuerza de voluntad.

― Y… ¿después?.- dudó el muchacho.

― Necesito. Llévame con el abuelo Pabbie..-su mirada era fuerte y determinada, era una orden no una sugerencia.

― Te llevaré, pero creo que necesitas estar tranquila... -Kristoff tragó saliva ante la mirada asesina de Anna-. Entiendo tu preocupación, pero no podemos arrojar hipótesis apresuradas sobre las Islas del Sur o sobre cualquier otra cosa. Hasta donde sabemos Elsa pudo solo... -Kristoff cerró la boca-. Sí, vamos, me callaré en este instante.

Anna apretó con fuerza el medallón.

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Cuando Anna salió del cuarto de baño, Elsa al fin pudo suspirar. Todo el cansancio y la tristeza se le vino de golpe, ¿todavía había posibilidades de que estuviera soñando y al despertar estuviera en Arendelle? El dolor que se llevó al golpear su rodilla cuando quiso entrar a la tina descartó la idea. Todo eso era muy real. Y ahora mismo no tenía ni la más remota idea de cómo remediarlo.

Ya en la tina, dejó su cabeza descansar en el respaldo y miró hacia arriba. Había luz, como en toda la casa. El del baño era una muy blanca, que la hacía verse como si estuviera enferma, quizá lo estaba. Cuando todo se hubiera tranquilizado, pediría ayuda a Olaf, algo tendría que salir de su súper biblioteca ilimitada. Si había llegado hasta ahí, de alguna forma tenía que regresar antes de que fuera demasiado tarde.

Lily había estado haciendo guardia en la puerta donde Elsa tomaba el baño, ladeaba la cabeza y chillaba un poco corriendo hacia el regazo de Anna que comenzaba a dormitar sobre un puff entre los pasillos que conectaban su cuarto y la sala común, por su parte comenzaba a investigar por su cuenta en su laptop que estaba sobre sus muslos. No era muy buena con el buscador, y el reino de Arendelle aparecía como un tipo de error o juego de palabras sin referencias claras sobre lo que Elsa ya les venía describiendo.

Elsa se había puesto la ropa de dormir que Anna le había entregado. Había dejado a un lado su vestido, probablemente había que tirarlo a la basura al amanecer. Abrió la puerta y, con un paso hacia adelante y un salto hacia atrás en seguida, lanzó un gritito cuando Lily ladró y se arremolinó a sus pies para dar pequeños ladridos amistosos.

― Oh, eres sólo tú -Elsa dijo aliviada-. ¡Es la segunda vez que me das un susto!.

Andersen abrió la puerta de la habitación al escuchar el gritillo por el susto de la rubia dejando el aparato en el piso en un movimiento algo brusco, la perrita ladró alrededor de Elsa para luego hacerle caso a su dueña lamiendo su mano, la pelirroja rodó los ojos.

― Ni como regañarte a ti..-se sopló el flequillo con fuerza para mirar a la nueva visita .-¿Todo en orden reina Elsa?-se encogió de hombros.

Elsa la miró a los ojos por un instante. Luego le sonrió de medio lado, dejando un mechón de su cabello suelto tras su oreja.

― Anna... Llámame Elsa. Normalmente mi hermana me llama por mi título para burlarse un rato -se encogió de hombros-. Así que... solo Elsa. Insisto.

― Perdón, perdón, perdón. Lo siento, es que estuve buscando reinas en Internet y, lo siento. Elsa, Elsa. – Casi tartamudeaba.

La rubia comenzó a reír ligeramente, a la par se inclinó para acariciar a Lily.

― Y todo está bien, supongo que sólo necesito descansar.- Aclaró.

― Al parecer le caes muy bien a Lily.-Asintió comprendiendo que ya debía dejarle descansar suspiró hondo dejando caer sus hombros, echando un último vistazo a la joven extraña que dormiría en su habitación.

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La pelirroja frunció el ceño sacando parte del envoltorio junto con el medallón envuelto en el mismo papel costoso y bien adornado.

― Kristoff. Ésta cosa la encontré a unos pasos del escritorio, sobre el piso y, el papel, bueno, dirás que tal vez no sea seguido pero puedo asegurarte que, Elsa no abre así los regalos. Incluso, no sé si aún recuerdes la navidad que habías traído algo 'sobre hielo misterioso', ella estaba mas ansiosa que Olaf por abrirlo y, no lo hizo así..-Suspiró cabizbaja guardando el medallón.

Kristoff miró con curiosidad lo que Anna le enseñaba y la tristeza con la que lo decía. Asintió por todo.

― Elsa no es así...-volvió a suspirar hondo sin dejar de mirar el papel que envolvía aquel objeto sospechoso.

― ¿Crees que podamos ir en Sven?- Kristoff por su parte apenas digería la información y, ante la orden sacudió la cabeza.

― Podemos, Anna. ¿Por qué no le dices a Gerda que nos traiga algo de la cocina mientras preparo el trineo? -se alejó de ella-. Todo va a estar bien.

― ¡Ya...ya vuelvoo!- La princesa se desprendió del joven de manera enérgica, para así comenzar a correr por los pasillos buscando asistencia de Gerda. -Ocupamos comida y algunas herramientas. Por favor Gerda, Kai…- Entró a donde estarían sus fieles sirvientes.-Por favor…- Por su parte los mayores sugirieron que llevara una escolta, las cosas podrían ponerse peor si la princesa no regresaba, como la vez anterior que había ocurrido algo similar durante la coronación de la Reina Elsa.

Kristoff esperó junto a Sven a las afueras de castillo mientras Anna iba hasta ellos. Se encontró preguntando qué era lo que encontrarían o si encontrarían algo. Anna se estaba volviendo impaciente y sabía que no iba a durar más así. Tenían que encontrar a Elsa así tuvieran que recorrer cada reino en la tierra, porque si a la mujer le había pasado algo, Arendelle iba a estar al borde del precipicio. Aún más ahora cuando su economía empezaba a mejorar después del deshielo. Anna no estaba lista para ser una reina, no cuando no tenía idea qué había sucedido con su hermana. Sólo rogó con que encontraran una solución a todo y Gran Pabbie supiera cómo proceder a todo eso. Rogó, también, para que los dioses le dieran fortaleza a Anna para cualquier respuesta que les llegara, porque justo en ese instante después de que la magia invernal de la reina parecía inexistente, fue cuando Kristoff al fin dudó. Dudó en encontrar a Elsa, dudó en su paradero y, al final, dudó del futuro que les esperaba.

Alcanzó al chico en el trineo, la duda e incertidumbre permanecía en su mirar, subió al transporte en silencio, alistando la bolsa de comida 'como siempre'. Varios largos suspiros se presentaron en la pelirroja antes de terminar en indicar a la tropa de guardia real la distancia y sobre todo la discreción ante la situación.

― En verdad, gracias Kristoff...de verdad...no ..-trago saliva con dificultad.-No se qué esperar...- murmuro cabizbaja.-Lo único que tengo es esto y, de las islas del Sur...-sollozó inevitablemente, a pesar del tiempo, aún se sentía culpable.

"Todo por creer en un extraño ahora… Elsa" miraba fijamente como sus puños cerrados temblaban apretando sin permiso el objeto en su bolso de viaje, esa voz insistía mientras avanzaban "Es tu culpa. Cae sobre ti si algo malo le paso a Elsa será tu culpa Anna", una lágrima solitaria corrió por su mejilla.

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― ¿Algo más que se te ofrezca?, ¿agua, más almohadas, otra taza de chocolate?.- insistió la pecosa. Su vista se limitaba a admirar a la reina en la prendas que le había prestado, ahora lucía limpia y su sedosa platinada cabellera era de envidiarse. "Realmente luce bien con todo. Como traída de algún cuento de hadas..."quedaba incluso algo extrañada de la blancura que reflejaba aquella piel acendrada ante la luz nocturna.

― Estoy muy cómoda y por el momento preferiría no beber más chocolate-contestó Elsa-. Sólo quisiera descansar un poco, si eso es posible. Normalmente no le agrado mucho a los animales, tienden a alejarse un poco. Anna dice que es porque los miro como si estuviera riñéndolos -sonrió-. En realidad, tenía un poco de pánico cuando alzó entre sus brazos a un cerdo pequeño y me lo puso enfrente. Quizá si hubiera sido un perro la situación habría estado mejor, el cerdo escapó y Anna tuvo que ir tras él. Con suerte, no destruyó media ciudad al intentar atraparlo -Elsa siguió acariciando a Lily mientras recordaba la aventura de Anna. Sus labios se habían curvado en una sonrisa más grande-. Creo que estoy divagando... –Suspiró ordenándose a sí misma parar los relatos.

― Si se trata de divagar pues ¡aquí tienes a la numero uno!.- Andersen reía aún algo tímida, ante el relato sobre "Anna...de Arendelle" amplió su sonrisa al notar que el ambiente tenía menos tensión.-Debió de ser muy divertido todo eso, vaya, ella también es buena conviviendo con los animales.-Se pasó un mechón detrás de la oreja acercándose un poco más.

― No te burles de lo que voy a decir.- Advirtió.

― De acuerdo, te escucho.- Contestó risueña ante el gesto que realizaba Anna.

― Y tampoco pienses que es una mentirota, te diré que, ¡adoro los cerditos con mi alma!.- Le mostró el pantalón de la pijama que usaba, tenía figuras de cerditos cubriendo como estampa su prenda.

― Vaya que creo que la taza de Olaf tenía forma de uno ahora que lo recuerdo.- Mencionaba la rubia posando su mano en la barbilla mirando hacía arriba.

― Eso es correcto Elsa.- Chasqueó un dedo enfatizando.

― Y hablando de los cerditos, ¿alguna vez curaste a alguno en tu trabajo?.- Preguntó curiosa y con más soltura.

― ¡Claro! yo más de una vez he cargado cerditos pequeñitos y grandulones, soy veterinaria así que, bueno es parte de mi trabajo. Recuerdo que practicando en una granja, aún era novata, esa vez no lo anestesié bien e hizo un desastre en el centro que habíamos instalado ahí mismo. Lo bueno es que no estaba taan sucio pero el conserje, créeme, no estuvo tan contento cuando vio todo lo que yo ..-Sacudió su cabeza.- ¡Ay!, perdona, estoy divagando mucho y, quieres descansar ¿verdad?- Mordió su labio inferior encogiendo un poco los hombros algo apenada.

Elsa creyó en ese momento que ambas pelirrojas tenían mucho en común. Era tanto su parecido, que a Elsa comenzaba a asustarle. ¿Podría ser esta Anna algún familiar muy, muy lejano, perdido entre las líneas de sangre real? ¿Era aquello siquiera posible? O tan solo el destino estaba jugando contra ella y sus sentimientos, como siempre, como hasta ahora. Sus ojos vagaron por el pie de esa Anna el cual jugueteaba acariciando el lomo de la perrita, y volviendo a recorrerla se dirigieron inmediatamente a su rostro. Elsa sonrió al encontrar la misma mirada de su hermana en él y el conjunto de emociones que venían galopando en su pecho al fin pudo más.

― ¿Anna? ¿Puedo darte un abrazo?