Capítulo 6

EL MEDALLÓN

Kristoff esperó junto a Sven a las afueras de castillo mientras Anna iba hasta ellos. Se encontró preguntando qué era lo que encontrarían o si encontrarían algo. Anna se estaba volviendo impaciente y sabía que no iba a durar más así. Tenían que encontrar a Elsa así tuvieran que recorrer cada reino en la tierra, porque si a la mujer le había pasado algo, Arendelle iba a estar al borde del precipicio. Aún más ahora cuando su economía empezaba a mejorar después del deshielo. Anna no estaba lista para ser una reina, no cuando no tenía idea qué había sucedido con su hermana. Sólo rogó con que encontraran una solución a todo y Gran Pabbie supiera cómo proceder a todo eso. Rogó, también, para que los dioses le dieran fortaleza a Anna para cualquier respuesta que les llegara, porque justo en ese instante después de que la magia invernal de la reina parecía inexistente, fue cuando Kristoff al fin dudó. Dudó en encontrar a Elsa, dudó en su paradero y, al final, dudó del futuro que les esperaba.

El corazón de Kristoff se encogió cuando notó la lágrima aislada de Anna. Sin saber qué hacer o si podía hacer algo para remediar todo eso. Aunque le doliera un poco admitirlo, Elsa podía ser todo para Anna. Aún empezaban acostumbrarse a estar juntas, aún aprendían a quererse, aunque el amor que se tuvieran estuviera hundido en sus pechos desde siempre.

Kristoff nunca había tenido hermanos, por supuesto, pero en ese momento creyó que no había magia más grande que la que Anna y Elsa sostenían. Si aun quedaban esperanzas, él quería apostarla a la tenacidad de la pelirroja y el amor que Elsa le prefesaba a Anna. Iba a regresar, aún si se trataba de regresarla de entre los muertos o la misma nada.

Sven empezó a correr y arrastrar el trineo, camino a encontrar a Elsa.

―Kristoff...tú, ¿qué crees...que… pasó con Els…?- "Elsa.."

El viento se llevo esa y otra lagrima antes de pasar su mentón, sus dedos recorrían los contornos del medallón cada vez con más fuerza habló titubeando con dificultad, el nudo en su garganta no dejaban que la pelirroja se expresara de todo bien quedo callada y tensa, aun cabizbaja inmersa en un mar de incertidumbre, tal vez solo quería creer en lo que no fuera 'la muerte de la reina' que escucho de algún oficial, sabía que Kai no permitiría nada y dejaría el secreto detrás de las puertas, por ahora 'Elsa estaba enferma y duraría semanas en recuperarse' mordió con fuerza su labio inferior apretando sus ojos para soltar un sollozo, el cual apenas fue audible ya que también se lo llevo al viento que comenzaba a ser más helado.

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―¿Uh? …!- Andersen dió un brinquito al escuchar a la reina, abrió grande los ojos sorprendida, sus pies titubearon dejando el lomo de lily, casi escupía el poco chocolate que no había pasado, "¿abrazarnos?" asintió varias veces ante la sugerencia muy sonriente ―¡C...claro!- titubeó al hablar y dejó la taza en la barra, no sin antes terminarla habiendo dejado un bigote de chocolate, acto seguido, extendió ambos brazos haciendo una risilla muy nerviosa.

Su corazón palpitaba demasiado, tanto que tenía miedo que la rubia al acercarse lo escuchara, sin embargo la amplia y boba sonrisa no se le quitaba del rostro

"Desde que la ví quería abrazarla ..que extraño.."

Elsa rio tras la palma de su mano derecha, cuando se acercó a Anna y notó el bigote de chocolate que se le había formado al tomarse el chocolate de manera apresurada; antes de abrazarla, llevó el pulgar de la misma mano arriba de los labios de la pelirroja y cepilló el área suavemente, para limpiar la pequeña mancha adorable. Sus ojos no se movieron del mismo sitio y su pulgar aún acariciaba cerca de la zona hasta rozar su mejilla. Por más vueltas que le daba al asunto, era como tener a la misma Anna cerca de ella.

Dejó caer la mano enseguida y se aclaró la garganta en un intento de dejar los pensamientos a un lado.

―Yo voy... -levantó los brazos un poco, pero enseguida se dio cuenta que nunca se había sentido tan nerviosa por un abrazo.

Miró como la rubia se acercaba, como habia clavado sus ojos en los de ella "definitivamente hemos sido algo ..." su corazón se agitaba, no era miedo era algo 'cálido', hizo una risilla cuando Elsa limpió su bigote de chocolate

―Perdona..-murmuró apenada Andersen sintiendo cómo el cosquilleo la recorría desde la punta de sus pies hasta sus sienes al sentir su rostro ser acariciado por la reina, sus rojas mejillas se dieron a notar.

―Sólo voy a... - Intentó de nuevo, tragando pesado; un paso al frente y podía ver incluso las pequeñas pecas de Anna, que contrastaban con la iluminación y su piel ligeramente bronceada. Casi podía contar sus pestañas. El aliento se le atoró en la garganta y por una milésima de segundo quiso volver sobre sus pasos y esconderse para evitar que un sonrojo furioso se empezara a formar en sus mejillas, pero los ojos de la chica se lo impidieron y en un segundo se había perdido en ellos, tratando de averiguar de dónde salía esa magia poderosa que la desarmaba completente.

Sus brazos obedecieron por su cuenta, antes de poder evitarlo, había rodeado a Anna con ellos y su corazón se había detenido un momento, sintiendo como la calidez del cuerpo de la chica chocaba como un manto sobre el suyo. Cerró con fuerza los ojos y la sensación la mareó y la hizo tambalear en su cordura, sus fosas nasales se llenaron de Anna, como cada anochecer y despedida desde el deshielo. Sólo quería quedarse ahí, y que la pelirroja le dijera que todo estaría bien. Con ella no había más reina de Arendelle, no estaba la bruja de hielo,no había títulos y, lo más aterrador y confuso, no había una hermana; sólo estaba una nueva compañera que estaba creyendo en ella sin importar qué y, por el momento, era todo lo que necesitaba.

―Elsa, todo va a estar bien.- Dijo la pelirroja en un suspiro, estrechando su abrazo por los costados de la espalda real, dejando caer su mentón sobre aquel hombro niveo.

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Kristoff levantó una ceja ante el llamado de Anna y apretó la mandíbula un segundo después, cuando la chica no terminó la oración.

―Ella va a estar bien…- Llevó un brazo sobre sus hombros para acercarla a él, tratando de sonar seguro con sus palabras.

―¿Estás seguro?.- respondió la pecosa en un hilo de voz mientras se acurrucaba un poco ante el apoyo del rubio.

― Ya te dije, Anna. Ella jamás te dejaría porque sí, vamos a resolver esto y mañana todo habrá sido una mala pesadilla. Elsa estará de vuelta. Sólo... ten en mente eso.- Suspiró hondo al mirar de nuevo el camino que faltaba por recorrer.

Anna asintió un par de veces sin muchas ganas; la imagen de su hermana llenaba los espacios de su mente, apretaba sus parpados con fuerza al ver que sus recuerdos eran interrumpidos por la evolución de sucesos que tuvo con Hans:

Elsa halagándola en la coronación, Hans proponiéndole matrimonio en la cascada, Elsa huyendo de la salón asustada, Hans ofreciendo cuidar Arendelle, Elsa en el palacio, Hans rechazando besarla.

"Eres una idiota Anna.."

Elsa arrodillada llorando en medio de la tormenta y Hans con su espada en mano lista para dañar a su hermana. Todo se volvió negro y oscuro, solo escuchaba el llanto de la reina, sus súplicas, hasta que volvió a verla con sus propios ojos, el sueño era real, su hermana estaba abrazándola. El juicio de Hans, su destierro y la gélida mirada que él y la reina mantenían; Hans intentando revelarse ante la corte, Elsa deteniéndolo con sus poderes estando frente a ella, protegiéndola.

"Protegiéndome..." La princesa sollozó intentando no romper en llanto.

― Ya casi llegamos Anna. Kristoff sobó un poco la espalda de la chica al notar su estado, intentando calmarle.

"Todo por dejarme cortejar ...todo por ilusa..." apretó los dientes, su corazón comenzaba a estrujarse con resentimiento y culpa.

Sven siguió corriendo, poniendo todo su empeño en llegar lo más pronto posible. Lo único que quería Kristoff era llegar con su familia y al fin ponerle una explicación y conclusión a ese mal día, antes de que todo empeorara y se saliera de control con una reina desaparecida.

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Cuando se decidió abrazarse sintió algo de nostalgía, su corazón latía con alegría

"¿Qué es todo esto?"

―Anna…- Suspiró hondo, el nombre de la chica emanó de su boca sin permiso, estrechándose a ella aún más; lily estaba quieta y callada, era como si fuera cómplice de la contemplación de ese momento, la pelirroja suspiraba hondo sin alejarse del aquel abrazo.

Elsa descansó la barbilla en el hombro de Anna. El agarre se hizo más fuerte y el aliento de la pelirroja le hizo cosquillas cuando suspiró su nombre cerca de su oído. La forma en que lo había dicho hizo que sus rodillas temblaran e hinchara el pecho para atrapar el aire en los pulmones. Elsa se separó un poco de ella unos segundos después, dedicándole una sonrisa cálida, luego levantó una mano para acomodarle el flequillo desordenado.

―Buenas noches... Anna - Susurró.

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El camino hacia los trolls fue relativamente corto gracias a Sven. Cuando llegaron, Kristoff salió de un salto del trineo y le ofreció una mano a Anna para ayudarla a bajarse.

―¿Familia? -preguntó al vacío, con una entonación preocupada.

Una a una, las rocas se empezaron a mover, haciendo un ruido sordo al rodearlos. Las cabezas y luego los cuerpos de los trolls empezaron a aparecer, mostrando una sonrisa gigante en cada uno de sus rostros, desde el más pequeño hasta el mayor.

―¡Es Kristoff! -dijo uno, y luego otros lo siguieron.

―¡Y trae a la princesa Anna!.- ¡Sí trae a la princesa Anna! -acompañó otro con felicidad.

―¡La princesa Anna está aquí! -gritaban los más pequeños.

―¿Han traído a la reina Elsa con ellos? ¡Tengo muchas ganas de conocer su magia!-dijeron algunos murmullos.

―No tonto, la reina Elsa tiene que cuidar el reino.- le dio un codazo su compañero mas cercano.

Los hombros de Kristoff cayeron con esto, y por un momento deseó que los trolls no fueran tan hiperactivos cuando se trataba de la familia real.

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―Buenas noches, Elsa- Algo era seguro la pecosa estaba feliz, suspiró de nuevo al sentir el cuidado que la rubia empeñaba en sus atenciones de afecto, su mirar era profundo terminó tomándole la mano, fue un impulso que no procesó si estaría bien o mal, hizo una sonrisa boba, lily se acercó a olfatear aquellas manos entrelazadas y Anna rió ligero.

―Si, Lily ...Elsa se va a quedar con nosotros esta noche nosotras dormiremos aquí- se dirigía a su mascota muy risueña, señalando el sillón desplegado, despues volvió a los ojos zafiro para estancarse unos momentos antes que la reina se dirigiera a la habitación donde dormiría.

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La princesa Anna iba callada, seria y pensativa, miró como de uno a uno los trolls se dejaban ver, conforme avanzaba cada planteamiento de los pequeños hacía su hermana, se borraba la pequeña sonrisa que se había forzado dar, respondió como pudo al grupito de trolls.

―No. No vino Elsa, disculpen despertarlos a estas horas. Pero…¿el abuelo Pabbie...está aquí?, es muy...-sus ultimas palabras salieron con dificultad mientras apretaba el medallón en mano

Los trolls dejaron de sonreír al instante al notar la desesperación de la princesa Anna, sin entender el porqué la tristeza había opacado su alegría. Unos cuantos hicieron espacio y

― Es. Es muy urgente… Por favor- Sus ojos vidrearon de forma alarmante "¡Cálmate Anna!" tembló su tono de voz habiendo quedado cabizbaja.

Gran Pabbie apareció justo en el medio; caminó hacia la chica y la tomó de una mano, con el ceño fruncido en comprension.

―Pasa algo con la reina, ¿no es así?

Kristoff pasó un brazo sobre los hombros de Anna y le dio un apretoncito para que hablara y le dijera todo. Algunos trolls se miraron entre sí algo confundidos por el cambio de ambiente.

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Al día siguiente, cuando Elsa despertó, el sol apenas salía y los rayos no eran más que una mancha naranja en la cortina. Su vista se clavó en el techo, después de frotarse los ojos y ordenar todas las ideas y recuerdos que venían a su mente. Una de sus manos apretó las sábanas y, luego, se encontró suspirando. En algún punto, cuando se despidió de Anna, creyó que no podría dormir al instante, pero cuando se acostó en la habitación y su cabeza tocó la almohada, todo se volvió difuso y sus preocupaciones fueron desapareciendo poco a poco.

Toda la habitación olía a Anna. La combinación de las fresas silvestres y los melocotones recién cortados; el aroma de un día soleado bajo su árbol favorito y Anna recostada en su hombro.

La garganta se le hizo un nudo, tenía muchas ganas de abrazar a su hermana y que todo estuviera de vuelta. Los aromas, el saber que podría encontrar a alguien igual que ella saliendo por esa puerta, por el contrario, hacía que su estómago diera un vuelco y agradeciera que estaba acostada, porque sus piernas temblaban y su pecho corría a una velocidad impresionante. Lo que lo era más... no tenía idea de porqué ocurría.

Salió de las camas y sus pies tocaron el piso. Caminó hacia la ventana y descorrió un poco las cortinas, para encontrar que las calles estaban casi desérticas y algunas luces brillaban más allá, en las otras casas. A esas horas, Arendelle estaba despierto. Anna debía estar preocupada...

Negó con la cabeza y decidió salir de la habitación con una manta en las manos. La señorita Anderson había dormido en el sofá de la sala, cosa que Elsa había de prohibir después, no pensaba hacer dormir a la chica por más tiempo en ese lugar.

Sus pasos la guiaron por un pasillo en donde se encontró con la habitación de Olaf, que tenía un letrero con su nombre y, al lado, un muñeco de nieve. Elsa se encontró sonriendo ante este hecho. Había silencio. Siguió caminando hasta llegar a las escaleras, y bajó una a una con gracia y, si era posible, el cansancio que aún no se iba de su cuerpo. Se sorprendió al encontrar a Olaf en el sofá individual, viendo en un extraño aparato varias imágenes que se proyectaban. Era casi mágico.

―¿Olaf? .- Preguntó la rubia aún con los ojos algo entreabiertos. El chico volvió la cabeza hacia ella y le sonrió en grande. Tenía una taza de leche y cereal en las manos.

―Hey, Elsa, ¿todo en orden? -susurró.

―Sí, claro, es que. Sólo... no suelo dormir hasta tarde.- Lo entonó como si estuviese disculpándose.

―Igual yo, aunque, no puedo decir lo mismo de ella, duerme como si no hubiera un mañana.- Lo dijo, ahora mirando a Anna que dormía en el sofá grande como si nadie estuviera a su alrededor. ―Ambos rieron por lo bajo.

―¿Qué es lo que haces? -curioseó Elsa, acercándose para cubrir a Anna con la manta que había traído de la habitación. La chica era totalmente igual a su hermana, tenía la boca abierta y el cabello revuelto, además de que su posición no parecía ser la más cómoda. La almohada y manta que había usado por la noche estaban en el suelo sobre la perrita que agitaba la cola mirandolos. Elsa se quedó observando unos segundos de más a la chica. Olaf no dijo nada, solo sonrió de medio lado y se acomodó más en su sitio.

―Veo la televisión. En esta caja se proyectan imágenes en donde podemos ver las noticias, dibujos animados, películas y, otras cosas de interés.- Explicó con algo de cautela al mostrarle el aparato.

Elsa se sentó en el suelo y dejó reposar la espalda en el sofá en donde dormía Anna, dobló las rodillas y miró con atención a lo que se refería Olaf.

―Es como si todo se tratara de magia... – Escaneaba confundida a la tv

Olaf rió y le pasó el mando de la televisión.

―Inténtalo, hay cientos de canales. Sólo tienes que usar estos botones.- Le enseñó.

Elsa asintió y oprimió lo que el chico le indicaba, los canales fueron cambiando y Elsa no pudo estar más maravillada en los siguientes minutos. Terminó por dejarlo en una caricatura. Olaf y ella la vieron en silencio, hasta que el muchacho terminó su cereal y el día empezó a asomarse más claro por las ventanas.

Anna estaba casi a punto de roncar cuando la cola de su mascota le interrumpió al comenzar a golpetear los sillones con pequeños sonidos, acto seguido lamió el pie descubierto de la pelirroja, la cual se quejó unos momentos mas poniéndose un cojín en la cara pataleando un poco. Elsa observaba cada movimiento conteniendo su risa al igual que el muchacho.

Andersen se quejó sin quitarse el cojín de la cara, su mascota empezó a jalonearle el pantalón de la pijama gruñiendo juguetona, la chica solo rodó los ojos para después apretar los párpados con fuerza al notar algo de sol en la habitación descubriendo su rostro dejando caer sus manos de manera dramática.

―Hacerse el muerto hará que el animal pierda interés en usted…- murmuró entre dientes aún adormilada dejando que lily siguiera jalando a Anna fuera del sillón

Por un instante, Elsa se sintió en casa. Anna estaba a su lado jugueteando, Olaf reía con ella, aprendía nuevas cosas y, sentada en el suelo, sin realmente nada que hacer en lo consiguiente, no había más responsabilidades y tampoco una máscara de reina por cubrir.

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La princesa dejó caer los hombros en un hondo pesado suspirar, asintió cabizbaja y agachándose con el apoyo de Kristoff le dejo el medallón puesto sobre la costosa envoltura de las Islas del Sur. Pabbie extendió sus brazos para alcanzarlo.

―Elsa...no está...- No pudo evitar sollozar, su corazón dolía y las palabras apenas podían salir de su garganta, murmuró mirando al abuelo Pabbie como ni ella hubiera imaginado sentirse, cansada, desesperada, triste y peor aún con una gran incertidumbre que parecía no tener sentido. Quería hablarle un poco más de la situación pero, no salieron las palabras solo terminó de rodillas casi a la altura del troll

"Tiene que haber alguna explicación, ayúdala Pabbie" sus ojos grandes y temblorinos buscaban traer de nuevo a Elsa, apretó sus manos con las del sabio troll, era su única esperanza.

Pabbie tomó la envoltura y se encontró con un medallón extraño, de oro. Sus ojos se abrieron en sorpresa, pues apenas vio la gema en el centro, supo de qué se trataba. Nunca había visto algo parecido, era solo leyendas que sus ancestros le habían contado en libros y narraciones antiguas.

―Esto es... ¡Esto es una piedra de la eternidad¡ -dijo más para sí mismo. Varios trolls hicieron un gesto de confusión.

―¿Eternidad? -preguntó Kristoff.

―¡Piedra de la eternidad! ¿Eso, eso es bueno?- respondió en un gritillo Anna al mirar cómo Pabbie se expresaba.