Capítulo7
ESE AMOR IMPOSIBLE
Una patada de Anna hizo que Elsa volviera la cabeza asombrada hacia ella y luego mirara a Olaf que escondía una risita en sus manos. Se sobó el hombro. Anna estaba hablando dormida y se negaba rotundamente a despertar. Lily gruñía por lo bajo a su dueña y halaba de sus pantalones. Elsa levantó una ceja cuando la ropa interior asomó entre las pijamas de Anna y un rubor intenso cubrió sus mejillas de la reina, lo que la obligó a echarle una mirada inquisidora a Olaf, que parecía muy divertido con la escena de Anna, haciéndose la muerta para que Lily dejara de molestarla. Nadie iba a hacer nada, hasta que, posiblemente, Anna cayera del sofá.
―Bien, bien. Ven Lily, tu dueña no es una mujer de la mañana. Déjala descansar un rato más. -Elsa murmuró, levantándose del piso, esquivando otra patada de Anna.
Lily ladró con alegría y siguió obediente a Elsa hasta la cocina. Dos segundos después, Elsa asomó la cabeza y miró a Olaf con duda.
―Alacena de la izquierda, comida para perros, una bolsa con la imagen de perritos alrededor -contestó Olaf antes de que preguntara. Elsa asintió y volvió a desaparecer.
El chico miró por un momento a Anna y luego una sonrisa de oreja a oreja se formó en sus labios. Se acercó con cautela hacia ella, que seguía murmurando incoherencias; susurró en su oído.
―Te sugiero que te levantes en este momento, princesita Anna. Elsa está en la cocina alimentando a tu mascota, te acaba de ver la ropa interior y haz estado murmurando tus sueños mientras ella estaba sentada casi a tu lado. Además, la has pateado- se separó y esperó con diversión la reacción de Anna.
Andersen habia escuchado lo último que Olaf habia sugerido y abriendo grande los ojos saltó del sofá cayendo al piso, la perrita comenzó a ladrar dirigiéndose con energía hacia su dueña al escuchar su voz.
―No, no no ¡nooo Elsaaa!-se topó con una silla de la barra sin alcanzarse a subir siquiera el pantalón correteó quejándose hasta la cocina, lily parecia muy feliz de empujar con sus patas a su dueña hasta la cocina bajando aún más la pijama y haciéndola tropezar.
―No es molestia.- se volteó la reina soltando una risilla ante tal escena.
―Es que, las visitas deben de ser atendidas y no atender. Aclaró mientras llegaba a salvo a la cocineta. Olaf se había volteado bajando el volumen de la televisión, como si hubiese encontrado algo mucho mas interesante en qué entretenerse.
―Las visitas son planeadas, yo soy como una aparecida, y …- La reina vio interrumpido su discurso por la pelirroja y su mascota traviesa.
― ¡Ay! ¡quieta!, ¡quieta bonita! ¡LILYY!- dio un brinco entrando por un lado, mas no sin salvarse del jugueteo de la perrita que le bajó su pantalón dejándola en ropa interior hasta el muslo haciendo una diagonal, la cual Anna subió lo más rápido que pudieron sus torpes reflejos matutinos. Su cara estaba muy roja, su mirar estaba fija en el suelo evitando a la reina. Olaf comenzó a carcajearse.
― Perdona. Elsa- dijo intentando acomodarse su alborotada cabellera y asegurando su pijama con la cintilla.
Elsa, que mantenía la mano hacia arriba en donde una vez estuvo la bolsa de comida de Lily, ahora tenía la boca abierta y los ojos demás abiertos cuando la chica se subió los pantalones y pidió disculpas, como si fuera la cosa más natural del mundo mostrar más piel de lo debido por la mañana. Definitivamente en ese lugar eran todos muy extraños. Carraspeó para aclararse la mente y evitó los ojos de Anna, para impedir que sus mejillas se colorearan. Hizo un ademán con la mano, para paracer de lo más casual y negó con la cabeza.
― No hay problema con eso. No me molesta darle de comer a Lily.- Finalizó, poniendo una sonrisa en su rostro cuando Lily se acercó a ella para olisquearla.
Elsa levantó la cabeza y se fijó de la mata de cabello enredado que traía Anna. Se mordió los labios para evitar reírse y se acercó aún con su corazón palpitando agitado, Anna notó que obstruía el paso de la rubia, y su reacción inmediata fue quitarse del pasillo de un brinquito, pensó que estorbaba en el camino de la reina.
―Debiste seguir durmiendo, creo que Olaf y yo podemos manejar esto por un rato. Ve a la cama, anda. Cuando despiertes tendremos listo el desayuno, sé de buena fuente que dormir en un sofá no es lo más cómodo. He despertado decenas de veces en uno cuando me quedo hasta tarde terminando algunos documentos.-le dijo, metiendo un mechón de pelo tras la oreja de Anna.
Ésta vez evitó contar que Anna siempre iba por ella y la obligaba a meterse a la cama. En su lugar, sólo mantuvo los ojos en ella con cierta nostalgia y suspiró.
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Pabbie sonrió sin salir de su asombro y tomó la mano de Anna, mientras sostenía el medallón con la otra mano.
―La leyenda dice que hace mucho, mucho tiempo, un noble caballero se enamoró perdidamente de su reina. Y con el tiempo, ella de él, pero el status de ambos era tan distinto y, en otros tiempos nadie iba aceptar tal unión. Por muchos años escondieron su amor, la reina se casó y tuvo hijos con un rey asignado, aún así, el caballero juró su amor eterno a la reina. Un día, el hombre fue llamado a la guerra. Él nunca regresó, pero en cambio, encontraron que, en donde debía estar su cuerpo, había en su lugar una piedra como ésta.- Pabbie indicó apenas frotando la piedra sobre el medallón aún etre sus manos y las de la princesa.
Había silencio, ni el más pequeño de los trolls se había movido. El troll sabio continuaba con su relato acompañado de siluetas que desaparecían y aparecían a manera de humo y destellos sobre todos conforme seguía la historia.
―La piedra fue entregada a la reina, que estaba desecha con los acontecimientos. Fue tal la pérdida que dejó de lado a su reino entero, a su rey, a sus hijos; fueron varias lunas las que se mantuvo sin consuelo. Sólo deseaba como nunca estar con el hombre que había jurado amarla por los siglos de los siglos, por varias noches, semanas y luego años. Fue tanta la insistencia de su deseo y amor, que, una tarde donde la primera estrella apenas relucía ante el mar, un rayo de sol secreto se azomó y se compadeció de su alma. Un relámpago verde le trasladó hacia él, antes del que alumbrara el nuevo sol. Le llevó hacia donde sus cuerpos terrenales por fin estuvieran juntos y el amor pudiera llenarlos de toda su gracia al fin; desafiando el tiempo, al universo y a todas las deidades contenidas en él. Sin importar dónde y cuándo se encontrarían, o cómo y por dónde empezarían, en otra línea de tiempo, un universo paralelo o al final de la existencia en esta tierra.
―Abuelo Pabbie, esto quiere decir que... No entendemos…-Kristoff miró confundido a la princesa Anna. Pabbie sonrió para tranquilizarlos.
―Estoy diciendo que tienen el regalo más bello que alguien les pueda dar, justo aquí. La piedra de la eternidad ha sido buscada por décadas... quizá siglos. Quien sea que les haya regalado esto, no creo que tuviera idea del valor incalculable de este obsequio. El anterior custodio del medallón, es seguro que nunca ha amado con la profundidad con la que la reina Elsa lo ha hecho, porque no cualquier persona puede usar la piedra, activarla mejor dicho.
―¿Está diciendo que mi hermana la usó? …- Interrumpió un poco parpadeando rapidamente procesando el relato y la información que Pabbie les estaba proporcionando.
―Bueno, hay una serie pasos, posiciones astrales y... procedimientos específicos que al parecer ocurrieron para que ésta piedra revelara su poder. Tu hermana ha desaparecido, sí, pero posiblemente esté con ese amor imposible ahora, pero eterno que la espera en alguna parte de los universos. Lo más extraño, es que quizá ella no tiene idea de eso, y todo lo que ha ocurrido es solo una serie de coincidencias que ahora te han traído aquí.-miró a Anna y suavizó su voz al notar que se estremecía indudablemente al comprender que definitivamente Elsa no estaba en ese mundo.
―Entonces, Elsa está viva con su… ¿Su amor imposible has dicho?- La pelirroja había quedado boquiabierta, miraba hacia el suelo en todas direcciones, su garganta de estar seca comenzaba a tener aliento, aunque aún quebraba la voz, sonrió algo afligida.
"Elsa está en cualquier parte del …¿universo? " Pensaba en la ausencia de su hermana, que tal vez prevaleceria para siempre, su corazón se agitaba cada vez más, ¿quién era aquel amor imposible?, ¿acaso Elsa pensaba en ello todo el tiempo?, ¿por qué no se lo había dicho?, varias incógnitas llegaron de golpe a su cabeza.
Pabbie pareció sorprendido con la pregunta de Anna. Algunos trolls, sobre todo los más grandes, también.
―¿Cómo...?, Princesa Anna ¿acaso usted no sabe quién es el amor verdadero de la reina Elsa? -preguntó suavemente, ignorando un poco la mirada de confusión de Kristoff.
―Nunca me habló sobre tal cosa, Elsa estaba tan metida en reinar como nuestro padre hubiese querido, yo jamás le pregunté sobre ello. En los vals tampoco ha mostrado interés sobre los prospectos, la verdad no. ¡Es que no tengo idea! Somos ella y yo en el palacio, o será ¿Tal vez algún guardia o alguien en la servidumbre?- Anna estaba algo alterada al notar que de nuevo había más secretos. Secretos que prometieron no habría entre ellas. Suspiró cabizbaja.
―Está viva entonces. Elsa está viva- Concluyó Kristoff algo esperanzado.
―¡Claro que está viva...!, Esperemos que lo esté aún... -murmuró bajito para él, dándoles las espalda aún sosteniendo el medallón, inspeccionando a piedra.
―¿Puede traer también a su amor imposible para que sea posible?- preguntó el pequeño troll que se encontraba cercano a Pabie.
―Quizá podamos hacer algo. El medallón aún debe tener indicios de tu hermana, la reina Elsa tiene un poder impresionante, una persona como ella no pudo haber desaparecido sin más y sin dejar rastro. Quizá podamos dar con ella pero, no estoy tan seguro si hay un 'regreso', princesa Anna. Estamos hablando de magia muy antigua y poderosa, Elsa es la única que puede darnos indicios de lo que sucede. Si le soy sincero, tampoco sé muy bien cómo proceder, esto excede mis conocimientos. El corazón... el corazón no es fácil de entender- lo dijo mientras entrecerraba los ojos como si estuviese leyendo algo sobre la superficie de la piedra mágica.
―Abuelo Pabbie…- La princesa quebró la voz, se cubrió la boca dejando caer varias lágrimas que ya no podía contener.
―Pero ustedes tienen un vínculo especial, así por el momento, creo que al menos, podemos saber dónde se encuentra tu hermana-le sonrió con calidez.
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―Creo que ya dormí demasiado y si algo por lo que se me distingue es por ser buena anfitriona y mis panqueques con tocino- La pelirroja negó rápido con la cabeza ante la propuesta de la reina. Lily comía feliz del plato que Elsa había servido.
―¿Sabes cocinar?- la reina preguntó incredula. Anna con suerte sabía preparar galletas o una sopa, realmente todo lo hacía Gerda y la servidumbre.
―Y lo hace muy bien, de verdad costó muchas explosiones en la cocina pero lo perfeccionó- concluyó Olaf terminando su cereal.
―Gracias por la información extra que nadie te pidió Olaf. Dime Elsa, ¿que acostumbras desayunar allá?- ladeó su cabeza fijando sus ojos risueños esperando respuesta.
Olaf estaba reuniendo los ingredientes siendo cómplice de que platicaran por más tiempo aquellas dos, pasaba entre ellas sin interrumpir.
―Tal vez me vendría bien probar eso que mencionaste con tocino, ¿panqueques?- Se encogió de hombros sintiendo algo de pena al recordar que tampoco tenía nada de experiencia en la cocina.
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Anna suspiraba hondo, trataba de calmarse, era inevitable llorar, cada vez dolía más, ver que todas las opciones le quitaban de igual forma a su gran tesoro.
―Quizá las respuestas las tenga más cerca de lo que cree, princesa Anna -Pabbie suspiró largamente, se acercó de nuevo a Anna y tomó su mano, poniéndola sobre el medallón, con un gesto de alta concentración.
―¿Sucede algo?...- balbuceó aún afligida.
―Cierra los ojos, joven princesa, cierra los ojos y piensa en un lugar lejano. Piensa en Elsa, en el vínculo que las une y con la persona con la que pudo haberse reunido.
"Elsa". Se esforzó en hacer lo que el abuelo Pabbie sugería apretando fuerte sus párpados y sus manos con el medallón.
Pabbie esperó a que Anna hubiera hecho lo que le pidió. Algunos trolls, incluso Kristoff, se tragaron un jadeo de sorpresa cuando un hilo brillante salió de las palmas entrelazadas de Gran Pabbie y de Anna, el hilo se convirtió en una especie de humo resplandeciente sobre sus cabezas que enseguida fue aclarando. Unas voces empezaron a escucharse a la lejanía, y con las voces, unos rostros empezaron a aparecer. Kristoff observó la escena con la boca abierta, recordando haber visto algo parecido cuando el rey y la reina de Arendelle estuvieron ahí para borrar de los recuerdos de Anna los poderes de Elsa.
Lo primero que notó, fue a Elsa con una cara de confusión en el rostro y luego sonrió. Kristoff casi se va para atrás cuando fue consciente que era realmente ella.
―A-Anna... Es Elsa... ¡es Elsa!- gritó el chico entusiasmado.
―No creí que funcionara al instante- dijo por lo bajo el troll Pabbie, que lucía igual de soprendido.
La princesa había deseado con todo su corazón ver a su hermana, comenzó a escuchar murmullos hasta que la voz de Kristoff la sacó de su trance y miró con asombro las voces que se aclaraban, miró a su hermana moverse entre el humo que se iba aclarando poco a poco. Anna había derramando varias lagrimas mientras su corazón palpitaba con gran fuerza, podía verla y estaba bien, sus ojos solo estaban enfocados en su hermana.
―Elsa, estás bien..-varias lágrimas volvieron a correr por sus mejillas entre pequeños sollozos mientras hablaba a la imagen de su hermana proyectada en esa aura luminiscente.
Anna no alcanzaba a distinguirse a sí misma, la magia solo enfocaba a su querida hermana, podía ver cómo era diferente la vestimenta que portaba, el enfoque solo se concentraba en la rubia, algunas personas más al parecer le acompañaban, las auras dejaban ver apenas algo del entorno junto a las borrosas facciones de, al parecer una figura masculina y otra femenina, sus voces se distorsionaban junto a su hermana, algo no cuadraba.
"¿Dónde estás Elsa?". Pensaba aún desconcertada por las prendas que llevaba su hermana, pero sobre todo, lo risueña y tranquila que la reina se mostraba, ¿es que acaso no estaba preocupada por no estar en su reino, por no estar con ella y Olaf?.
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―Yo quiero escuchar lo que suelen hacer allá- interrumpió Olaf con insistencia mientras urgaba entre los cajones, estaba dispuesto a sacar la mejor vajilla para la visita.
―¿Saben una cosa?, siempre cambian el menú por Anna, así que no todos los días es igual. Ella es la que elige las comidas, yo siempre tengo una taza de té y tostadas. Aunque hay fruta fresca, leche, pan y cereales, huevos o carne, básicamente lo que queramos. Pero no se preocupen, puedo comer lo que me ofrezcan.-murmuró algo apenada.
―¡Wow! Espero estar a la altura de los cocineros de tu palacio- añadió entusiasmada la pelirroja.
―Si lo cocinas tú va a estar perfecto, es decir, no es que lo tengas que hacer sola, puedo ayudarte, ayudarles. No me molesta, quiero hacerlo. Yo quiero ser de ayuda... Anna.- se llevó una mano al pecho siendo lo más sincera.
Olaf, que apareció de sorpresa a su lado, la miró como si se tratara de una escultura a punto de romperse. Se llevó una mano al corazón y con la otra tomó su hombro.
―¿Podemos quedárnosla, por favor?-Le dijo a Anna en serio.
Elsa se sonrojó y levantó una ceja.
―Creo que eras mejor como un muñeco de nieve- Confesó la rubia. Rieron los tres, aunque los otros no comprendieron del todo la referencia de la reina.
En alguna parte, lejos de ellos, ninguno tenía idea que más de una decena de trolls y dos humanos tiempo atrás los observaban.
