Albert y Terry dedicaron los primeros cuatro meses de su viaje en recorrer África, viajando desde el desierto y la sabana, hasta la selva, pasando por sus grandes ríos y lagos, por sus llanuras y montañas. Fueron días extremadamente emocionantes, viajando solo con lo que traían a cuestas, durmiendo a la intemperie, mirando las estrellas.
Cada nuevo lugar que conocían, era sorprendente, ellos saturaban todos sus sentidos con todo lo que la naturaleza les proporcionada a manos llenas. En más de una ocasión, durante su recorrido por África, se unieron a otros peregrinos de otras partes del mundo, gente que como ellos, amaban la aventura. Ambos hicieron varios amigos en su camino, muchos de los cuales, les ofrecieron un techo donde llegar, en caso de visitar su ciudad.
Ambos durmieron más de una noche acompañados de alguna linda fémina, los dos eran hombres jóvenes, atractivos y agradables, además de tener ese aire salvaje y aventurero, que hacía suspirar a más de una de las mujeres que pasaba por su camino. Ninguno de ellos estaba en busca de una relación seria; Albert aún se sentía atado al recuerdo de su difunta esposa y de su hija, Terry se sentía atado a la mujer de sus sueños, esa que hacía que se acelerara el pulso cada vez que la soñaba. Aunque él no podía recordar quien era ella, sabía que había sido alguien importante en su vida, ya que algunas veces, mientras él tenía intimidad con otras mujeres, solía verla en el rostro de quien estaba con él.
Una vez que creyeron haber viajado lo suficiente por África, los dos amigos viajaron hasta Gaborone, dónde tomaron el tren que los llevaría de regreso hasta El Cairo, pero esta vez hicieron una rápida visita en cada una de los sitios donde el tren hizo parada. Cuando llegaron a El Cairo, decidieron viajar hasta la ciudad de Alejandría, donde visitaron el Antiguo Faro de la ciudad, la Biblioteca Real y algunos museos.
Albert tenía muchos deseos de ir a visitar la ciudad de Jerusalén, su esposa era judía y siempre soñó con poder pisar las tierras santas. Ambos viajaron de raite en raite hasta esa ciudad, descansando en algunos pueblos a su paso, y conociendo otro tipo de cultura. Al llegar a Jerusalén, recorrieron los lugares religiosos más importantes, tanto cristianos, como judíos y musulmanes. Después de una semana en esa ciudad, Terry quiso que su siguiente destino fuera La India, a la mañana siguiente, ellos emprendieron el viaje, luego de varios días, ellos llegaron a la ciudad de Bombay. Fue en esa ciudad, donde sin querer, Terry tuvo un encuentro cercano con Paty, aunque para su mala suerte, él no pudo recordarla.
Albert y Terry estaban viajando en un taxi, ellos iban sentados en la parte de atrás del vehículo. El chofer se había parado en una gasolinera para llenar su tanque de combustible, cuando él arrancó el carro, Terry vio a una joven de lentes correr hacia dónde él se encontraba, desde el otro lado de la gasolinera, mientras gritaba a todo pulmón.
- ¿Terry? ¿Terry? ¿Eres tú? ¡Terry! ¡No te vayas!
El chófer volteó a ver a sus dos pasajeros con cara de duda, Terry no pudo evitar mirar a Albert con curiosidad - ¿La conoces? – Le preguntó
- No, yo nunca la he visto, además de que no me llamo Terry. Aunque a decir verdad, si me gustaría conocerla, es bastante bonita… Me recuerda un poco a mi esposa - Dijo Albert, sonriendo.
Terry comenzó a reír - Pues aunque no niego que es simpática, la verdad es que no es mi tipo - Respondió él, mientras veía como la chica seguía corriendo hacia ellos.
- De seguro le habla a alguien más – Respondió Albert.
El chofer, al ver que ninguno de los dos jóvenes reaccionaba al llamado de la chica, siguió su marcha, dejando a Paty parada a mitad de la gasolinera. Ella creyó que se había confundido, no sería la primera vez que creyera ver a Terry entre la gente, después de varios minutos, ella se convenció de que todo había sido producto de su imaginación. Paty llevaba ya algunos meses viviendo en Bombay, y pensaba permanecer ahí un par de meses más, antes de continuar su camino hacia África.
Los dos amigos vivieron tres meses en La India, para ellos, ese país tenía un aire de misticismo y estaba lleno de conocimientos ancestrales, que ellos trataban de absorber conforme seguían su paso a través de las diferentes ciudades. La arquitectura hindú, tan típica de ese lugar, les fascinaba, ellos visitaron varias edificaciones famosas, como el Taj Mahal, en Agra. También amaban su música, sus danzas y su gastronomía. En algunas ocasiones, ellos se encontraron con representaciones teatrales improvisadas, las cuales Terry siempre veía con una gran emoción, que ni el mismo se podía explicar.
Cuando creyeron que su tiempo en la India había terminado, ambos decidieron seguir su viaje hacia El Tíbet, un lugar cautivador y muy espiritual, un lugar donde el tiempo parecía detenerse. Durante los meses que estuvieron ahí, Albert y Terry se sintieron en paz, ellos recorrieron cada uno de los asentamientos que se encontraban sobre esa región del Himalaya.
Fue en el Tíbet, donde los dos amigos hicieron contacto con la religión budista, durante los seis meses que permanecieron en ese lugar, ellos se sumergieron en esa doctrina filosófica y espiritual, adoptando cada uno de sus conceptos y fundamentos. Fue ahí, donde ambos se desprendieron de todos sus demonios pasados y renacieron en una nueva ideología, donde el ego y el sufrimiento, ya no podían ser parte de sus vidas.
Los siguientes siete meses, siguieron su recorrido dirigiéndose hacia China, para después visitar Mongolia, Rusia, Polonia, Alemania, Francia y España. Ellos iban a continuar su viaje hacia Inglaterra, cuando una mala noticia hizo que tuvieran que cancelar todos sus planes.
Albert solía llamar a su casa, en Michigan, cada dos semanas, para saber cómo estaba su familia, que solo constaba de su abuela, su padre, su hermana, su cuñado y su sobrino. En los últimos dos meses, su padre le había comentado que no se sentía muy bien de salud, pero Albert no pensó que fuera algo de que preocuparse, ya que en otras ocasiones su padre había atravesado algunas malas rachas y siempre había salido adelante.
Cuando estaban en España, Albert hizo su rutinaria llamada familiar, su hermana le contestó y fue ella la que le informó sobre la repentina muerte de su padre. Él se sintió sumamente triste por no haberse despedido de su progenitor y se sintió en la obligación de ir a darle el último adiós a su tumba. Albert le preguntó a Terry si quería acompañarlo, él dijo que sí.
Los dos tomaron el primer vuelo hacia Detroit, de ahí viajaron hasta la ciudad de Muskegon, donde un hombre de aspecto muy formal los estaba esperando.
- Albert, no sabes el gusto que me da verte de nuevo – Dijo el hombre, de rostro inexpresivo.
- Mi buen George, a mí también me da mucho gusto verte, ven dame un abrazo – Respondió Albert, jalando a George hacia él y dándole un fuerte abrazo.
Terry observó la escena desde donde se encontraba, no quiso acercarse mucho, ya que no quería incomodarlos con su presencia.
- Mira George, él es mi amigo Bill, lo conocí poco después de que llegué a África. Bill, es el George, mi cuñado y también un gran amigo mío – Los dos hombres se dieron la mano.
- Elroy te está esperando, te pido que seas condescendiente con ella, desde la muerte de tu padre, su salud se ha visto muy deteriorada, Rosemary y yo estamos muy preocupados por ella – Dijo George un poco consternado.
- Te prometo que trataré de controlarme, estoy seguro de que me dará otro de sus sermones, pero trataré de mantenerme calmado y no alterarme.
Ellos hicieron un recorrido de veinte minutos hasta llegar a un pintoresco poblado, a orillas del lago Michigan. Terry pudo ver que era un lugar de gente poderosa, ya que había varias mansiones elegantes sobre la carretera. El carro se detuvo enfrente de un portón blanco, que estaba rodeado de espeso bosque, rápidamente, uno de los empleados abrió la puerta, dejando ver una enorme y ostentosa residencia, con amplios jardines. Terry se quedó con la boca abierta al darse cuenta de dónde vivía su amigo.
Una vez que bajaron del carro, ellos se dirigieron hacia el comedor, donde los estaban esperando para empezar a comer. Terry vio a una mujer de edad avanzada, con el rostro más severo que él recordara haber visto en su vida, sentada en la cabecera, por un momento dudó en sentarse a la mesa, así que se quedó parado a unos metros de ahí.
- Hola abuela, que gusto me da volver a verla – Dijo Albert en un tono muy afectuoso y se acercó a ella para darle un abrazo, pero ella lo rechazó.
- No sé qué hicimos tu padre y yo, para que Dios nos castigara mandándonos a alguien como tú a nuestra familia, mira que desaparecerte por tantos años, sin tener ninguna consideración de nosotros… Ni siquiera pudiste venir a despedirte de tu padre antes de que él muriera, eso es imperdonable Albert, imperdonable.
- Siento mucho ser la oveja negra de la familia y el causante de todas tus tragedias – Dijo él, tratando de mantener la calma, después se dirigió hacia su hermana y la abrazó, los dos permanecieron abrazados por casi un minuto – Bert, que bueno que llegas, no sabes cuantas ganas tenía de volver a verte, papá deseaba tanto poder despedirse de ti – Le dijo ella, con lágrimas en los ojos.
- No sabes cómo siento no haber podido pasar más tiempo con el viejo – Le respondió él, tratando de mantenerse sereno.
- ¿Y quién es ese zarrapastroso que está ahí parado? – Preguntó la abuela, refiriéndose a Terry.
- Es un gran amigo mío, el me hizo favor de acompañarme durante estos cuatro años que estuve fuera.
- Lo que me faltaba, que trajeras a tus amigos hippies contigo, habrase visto tanta insolencia.
Albert se contuvo de poner los ojos en blanco y contestarle de manera grosera, como solía hacerlo en su adolescencia, cuando su abuela lo regañaba – Ven Bill, siéntate con nosotros, mira te presento a mi abuela, la honorable Sra. Elroy Ardley y a mi hermosísima hermana, Rosemary Villers.
La abuela Elroy le volteó la cara, Rosemary le mostró una gran sonrisa y le extendió la mano – Encantada de conocerte, mi padre se llamaba igual que tú – Le dijo.
- Yo también estoy encantado de conocerte, Albert me contó tantas anécdotas de ustedes dos…
- Sí, ya me imagino todo lo que te habrá contado…
- Por cierto Rose, ¿Cómo está Anthony? – Preguntó Albert.
- Bien, muy bien, este año entró a la universidad a estudiar administración, dice que quiere ser todo un hombre de negocios, como su abuelo.
Mientras Rosemary hablaba, Terry notó que el rostro de ella era muy parecido al de la chica de sus sueños. Desde hace varios meses, él no había vuelto a soñar con ella, muchas noches se preguntó si algo malo le habría pasado, ya que durante más de tres años, la había tenido presente en cada uno de sus sueños y de la noche a la mañana, ella había desaparecido por completo de sus visiones nocturnas
- Annie, ¡qué bueno que llegas! – Exclamó Rosemary, al ver entrar a su sobrina, haciendo que Terry saliera de sus meditaciones.
Annie se quedó un momento parada en la entrada del comedor, lo que menos esperaba era encontrarse con Terry. Desde la última vez que lo había visto, tres años atrás, ella supuso que él había vuelto a su casa con su familia y su esposa. Annie recordó el beso que le había dado la última noche que estuvo en África, ella estaba segura de que nunca más volvería a verlo, después de todo él era una persona importante, y según los periódicos, que ella había leído alguna vez, él estaba felizmente casado con una enfermera.
- Annie, no sabía que estabas aquí, ¿ya viste que Bill está con nosotros? – Le dijo Albert, guiñándole el ojo.
Al escuchar como Albert llamaba a su amigo, ella se dio cuenta de que ninguno de los dos sabía de la verdadera identidad de Terry, por un momento se sintió aliviada, si él no recordaba nada, ella podía acercarse a él sin ningún remordimiento. Dos años antes, Annie había ido a visitar a su tía, Eliza le había dicho que Terry ya se encontraba en Londres, Annie se sintió muy triste, ella tenía sentimientos muy fuertes hacia el joven de cabello castaño, pero sabía que lo mejor para ella, era alejarse de él. Fue por esa razón que ella decidió no volver a Londres, ella tenía miedo de encontrarse de frente con él y perder la compostura en presencia de su esposa.
- ¿No me vas a saludar? – Preguntó Terry, que la veía fijamente desde su asiento.
Ella no pudo evitar sonreír – Claro que sí, Bill – Le respondió. Ella se acercó hacia donde estaba Terry, él se levantó de su asiento para saludarla, ella se lanzó sobre su cuello, dándole un fuerte abrazo – No sabes el gusto que me da volver a verte, te extrañe – murmuró ella en su oído.
Terry se dio cuenta de que Annie no era más esa jovencita penosa que había conocido tres años atrás, ella se había convertido en toda una mujer y por lo visto, una mujer mucho más segura de sí misma – Yo también te extrañé – Contestó él, rozando levemente sus labios con el lóbulo de su oreja, haciendo que ella se sonrojara por completo.
Albert, que había contemplado toda la escena, no pudo evitar reír para sus adentros, y antes de que su abuela protestara por la conducta impropia de los dos jóvenes, aclaró la garganta con la esperanza de que ellos se separaran. Terry se alejó rápidamente de Annie y jaló la silla de al lado para que ella se sentara, después tomó su lugar en la mesa.
- ¿Cuándo llegaste? – Le preguntó Albert a Annie.
- Ella ha estado viviendo aquí por más de 8 meses, ¿no es así Annie?
- Sí, primero me quedé con mi tío Neal, pero él peleaba mucho con mi tía Sara, así que decidí que lo mejor era mudarme con la abuela.
- Pero, ¿no entraste a la universidad?
- Estuve estudiando derecho en la universidad de Chicago, pero luego de un año, me di cuenta de que no era lo mío, así que decidí tomarme unas largas vacaciones, en lo que decidía que hacer con mi vida.
- Bueno, ya que estás aquí, podrás enseñarle a Bill los alrededores – Dijo Albert, mostrándole una sonrisa pícara.
Después de comer, Albert llevó a Terry hasta su habitación, en lo que él iba a visitar la tumba de su padre, con su abuela y su hermana. Terry se dio un baño largo, después de cambiarse, él se acostó a dormir una siesta, que se prolongó por varias horas. Cerca de las 7 de la noche, lo despertó el sonido de la puerta, ya que alguien tocaba con insistencia, al abrir, se encontró con la angelical cara de Annie.
- Hola Bill, quería saber si te gustaría dar un pequeño paseo por el jardín, antes de pasar a cenar.
- Sí, claro, solo deja que me eche un poco de agua en la cara, porque acabo de despertar.
Los dos recorrieron los amplios jardines a paso lento, después de varios minutos, Terry tomó la mano de Annie.
- Por un momento pensé que ya te habías olvidado de mí… - Le dijo él.
- Alguien como tú es simplemente inolvidable.
Terry sonrió al escuchar su respuesta – Gracias, alguien tan dulce como tú, también es "simplemente inolvidable" – Después la jaló hacia él.
- ¿Qué haces? – Le preguntó ella, apenada.
- Hace tiempo me robaste un beso, quiero devolverte la osadía – Dicho esto, él la beso de manera apasionada.
Los dos permanecieron juntos por varios minutos, hasta que Albert llegó a interrumpirlos - La cena ya está lista – Dijo él, haciendo que los dos se separaran de golpe.
- Maldita sea Albert, vas a hacer que me dé un maldito infarto.
Albert comenzó a reír – Da gracias de que fui yo el que los encontró aquí y no mi abuela, si no, créeme que si te hubieras infartado. Hay que apurarnos, ya nos están esperando en el comedor.
Después de la cena, Annie se fue a su habitación y Albert se fue a la habitación de Terry, para platicar con él.
- Nunca me habías dicho que tu familia fuera tan rica – Dijo Terry.
- Disculpa si no te lo dije antes, no es que no confiara en ti, pero en el pasado me he encontrado con mucha gente interesada, que solo te ofrece su amistad por dinero, es por eso que decidí callar. Pero después de todo lo que hemos pasado juntos, sé que eres un ser humano maravilloso, incapaz de comportarte de manera interesada.
- Gracias Albert, tú también lo eres un ser humano maravilloso, a veces me pregunto qué habría sido de mí, si tú no me hubieras encontrado en esa playa.
- Probablemente hubieras muerto ahogado, las olas ya te estaban llevando mar adentro.
- Gracias amigo, tú me salvaste la vida.
- Disculpa que me meta en lo que no me importa, pero, ¿Cuáles son tus intenciones con Annie?
- Créeme que son las mejores, ella me gusta, me gusta mucho… ¿Sabes? Estoy cansado de amores de una noche, estoy cansado de estar solo…
- ¿Solo? ¿Y yo que? – Preguntó Albert, en broma.
Terry comenzó a reír, Albert rio con él – Con "solo", me refiero a no tener la presencia de una mujer en mi vida, alguien que me espere en las noches y con quien despertar por las mañanas.
- Te entiendo, a mí me pasa lo mismo, pero hasta el momento, no he encontrado a alguien que llene el vacío que dejó Aline… ¿Y la rubia? ¿No has vuelto a soñarla?
- Hace mucho tiempo que ella desapareció de mis sueños, tal vez murió, tal vez ya me olvidó…. Han pasado más de cuatro años y la esperanza de que yo recuerde mi antigua vida, se va haciendo cada vez más pequeña.
- Sabes que si yo pudiera hacer algo para que recobraras la memoria, lo haría.
- No te preocupes, creo que ya me acostumbre a mi nueva vida… Por cierto, quería pedirte un gran favor, necesito encontrar un trabajo, mis reservas de dinero se están agotando y no quiero vivir de tu caridad…
- Podrías trabajar en alguno de los negocios de la familia, todos se encuentran en Chicago, a unas 3 horas de aquí, podríamos ir mañana y quedarnos en la casa que tenemos ahí. Podría decirle a Annie que nos acompañara…
Terry sintió una punzada cuando Albert mencionó la palabra "Chicago", él había sentido lo mismo cuando Annie la había mencionado durante la comida, Terry no pudo evitar sentirse inquieto ante la reacción que tenía al escuchar el nombre de esa ciudad, en ese momento, una imagen de Candy, vestida de enfermera, cruzó rápidamente por su mente.
- ¿Entonces invito a Annie? – Preguntó Albert, al ver que su amigo estaba absorto en sus pensamientos.
- Sí, esa es una excelente idea – Contestó Terry, sonriendo y olvidando por un momento la visión que había tenido segundos antes.
Al día siguiente, los tres jóvenes partieron hacia Chicago, al llegar a la ciudad, Albert se dirigió a uno de los bancos de la familia, dónde él había pensado que Terry podría trabajar. Después de hablar con el gerente, Albert consiguió que le dieran trabajo a su amigo, el cual, empezaría sus labores al día siguiente. Los tres jóvenes pasaron el resto de la tarde recorriendo la ciudad.
Terry se quedó esa noche en la mansión que Albert tenía en Chicago, en lo que su amigo iba a dejar a Annie a Lakewood, ya que Albert no quería tener problemas con su abuela y además, tenía que arreglar algunos asuntos familiares. Después de tres días de ausencia, Albert regresó para quedarse con Terry en Chicago, ya que sus planes no eran vivir en Lakewood, al lado de su asfixiante abuela.
Los siguientes seis meses, Terry trabajó en el banco y Albert buscó trabajo en una veterinaria cercana a su casa, de vez en cuando, él supervisaba los negocios familiares, que hasta ese momento estaban a cargo de su hermana mayor y su cuñado.
Annie y Terry iniciaron su relación amorosa, una semana después de que Terry se mudara a Chicago. Annie iba cada que podía a visitar a Terry, ella quería quedarse a vivir con ellos, pero sabía bien que su abuela nunca se lo permitiría y ella respetaba demasiado a la matriarca de la familia, como para desobedecerla.
Su relación era demasiado inocente, Terry no tenía prisa en intimar con ella, además de que nunca se había desarrollado el momento propicio para un encuentro de índole sexual. Annie no quería ser la primera en sugerir un acercamiento entre los dos, a sus 22 años, ella seguía siendo virgen y aunque no pensaba permanecer así por siempre, tampoco quería actuar impulsivamente.
En el cumpleaños de Albert, toda la familia Andrew se reunió en Chicago para celebrarlo, fue en esa fiesta dónde Neil se encontró de nuevo con Terry, él nunca pensó volverlo a ver y se sorprendió al darse cuenta de que seguía vivo y amnésico. Neil sabía por su hermana, que Stear seguía mandándole dinero para la "manutención de Terry", y ya que Stear no había vuelto a pisar Sudáfrica, desde que había ido a corroborar que Terry en verdad estuviera vivo, Eliza seguía recibiendo el dinero y le mandaba la mitad a su hermano.
Esa noche, la fiesta se prolongó hasta altas horas de la madrugada, una vez que todos los invitados se retiraron, Terry se fue a descansar a su cuarto, él se quitó la ropa y se acostó a dormir solo con su bóxer. Terry comenzaba a quedarse dormido, cuando escuchó que abrían la puerta, él se asombró al ver que era Annie la que había irrumpido en su habitación.
- Annie, ¿qué haces aquí?
- Vengo a dormir contigo – Le contestó ella, quien estaba bastante tomada.
- No creo que sea una buena idea, toda tu familia se está quedando aquí.
- No me importa... Dijo ella, quitándose la bata que traía puesta y dejando al descubierto su desnudez.
Terry tragó en seco en lo que observaba como Annie se acercaba a él, una vez que ella estuvo enfrente de Terry, lo besó de manera apasionada, como nunca antes lo había hecho. Los dos se recostaron en la cama y comenzaron a acariciarse mutuamente, Annie se sentía en el cielo, en esos meses juntos, ella se había enamorado perdidamente de él y lo único que deseaba era ser completamente suya.
Terry se sentía bastante excitado, habían sido varios meses de abstinencia y ciertamente, él no era de palo. Sin saber por qué, la imagen de la mujer rubia comenzó a aparecer en su cabeza, él trató de ahuyentar esos pensamientos, pero seguían apareciendo una y otra vez. Terry se quitó su bóxer y se dispuso a hacer el amor con Annie, ella, al ver la proximidad del miembro de Terry, sintió mucho miedo y comenzó a temblar.
- ¿Estás bien? – Le preguntó él.
- Si, es solo que es mi primera vez… - Dijo ella, sintiéndose bastante apenada.
- Escucha, no tenemos que hacerlo ahora, lo haremos cuando te sientas lista, ¿sí?
Al decir esas palabras, la imagen de Candy en la cama, apareció de nuevo en la mente de Terry, un breve recuerdo cruzó por su cabeza, ella acostaba, temblando y después sonriendo y jalándolo hacia ella y él recorriendo su cuerpo con muchos besos. Terry se asustó y se separó rápidamente de Annie, cayendo de la cama.
- ¿Estás bien? ¿Te lastimaste? – Preguntó ella, muy asustada.
Terry no contestó, por un momento se sintió como si estuviera girando en un espiral, miles de recuerdos de Candy comenzaron a aparecer en su mente al mismo tiempo, sin ningún orden, haciéndolo sentir sumamente confundido.
- Bill, ¡contesta! – Exclamó Annie, quien ya se encontraba en la orilla de la cama.
- Por favor, sal de mi cuarto, yo no me siento bien, me duele mucho la cabeza y necesito… estar solo… - Terry sintió unas inmensas ganas de vomitar y se levantó lo más rápido que pudo hacia el baño, cerrando la puerta detrás de él.
Annie lo siguió y se quedó parada afuera – Bill, ¿quieres que le avise a Albert? ¿Quieres que llame a un doctor? – Ella escuchó como Terry volvía el estómago, después de algunos minutos, que a ella le parecieron una eternidad, él por fin le respondió.
- Solo vete de mi cuarto, quiero estar solo.
Annie dudó por un momento en dejarlo solo, pero después se marchó. Terry continuó vomitando por algunos minutos más, su cabeza no dejaba de dar vueltas, y los recuerdos de Candy se hacían cada vez más claros. "Me llamó Candice, pero puede decirme Candy", "Me acordé de que estabas solo y decidí hacerte compañía, te traje algo de cenar, sé lo mala que puede ser la comida de un hospital", "Soy norteamericana, vengo de Chicago", "Veré si puedo escabullirme un rato, pero no te prometo nada", "Ya es hora de irme, es tarde y ni siquiera sentí como se nos pasó el tiempo".
Terry cerró los ojos - Candy, sí, ella se llama Candy – Pensó en sus adentros, mientras los recuerdos seguían inundando su mente. "Pensé que ya te habías olvidado de mí", "A mí también me da gusto volver a verte", "Yo también te extrañé", "Sí, acepto", "¿Piensas pasar toda tu vida atenido a lo que te den tus padres? Pensé que eras mucho más ambicioso", "No me gusta que tengas esas actitudes conmigo, creí que estaba tratando con un hombre, no con un niño", "¿Cómo te fue en tu audición?", "Yo también te amo… tú… tú eres el primer hombre del que me he enamorado en mi vida", "Oh por Dios Terry, esto sabe horrible... No volveré a tomar vino en toda mi vida".
Terry sonrió al recordar como Candy se había tomado la copa de vino de un solo trago y recordó el momento apasionado que habían tenido después en el sillón, recordó la vez que habían hecho el amor por primera vez, su viaje a Alemania, su primera pelea fuerte y su reconciliación, cuando él le pidió que vivieran juntos y cuando le pidió matrimonio, su boda, y su despedida en el aeropuerto. Varias lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
- ¿Cómo fui capaz de olvidarla? – Se preguntó una y otra vez, en ese momento un último recuerdo llegó a su mente, "Amor, estoy embarazada". Terry se levantó rápidamente del baño, sabía que tenía que regresar a Londres lo más rápido posible, su esposa y su hijo lo estaban esperando.
CHICAS LINDAS, DISCULPEN LA TARDANZA, PERO NO ME FUE POSIBLE TERMINAR EL CAPÍTULO DEL DÍA DE AYER. LES AGRADEZCO INFINITAMENTE POR CADA UNO DE SUS COMENTARIOS, ESPERO PODER CONTESTARLOS MAÑANA CON CALMA, YA QUE AHORITA ESTOY UN POQUITO ATAREADA.
YA SE APROXIMA EL REENCUENTRO DE CANDY CON TERRY, ¿QUÉ PASARÁ CON ELLOS?... AVERIGUENLO EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO, JAJAJA… SALUDOS A TODAS, QUE TENGAN UN EXCELENTE DÍA.
