Una vez que Albert colgó el teléfono, se acercó a Stear para apretar los amarres de sus manos y de sus pies, luego lo amordazó.
- Voy a salir un momento – Le dijo Albert a Paty.
- ¿A dónde vas?
- A buscar a una persona…
Paty se acercó a Albert – Me da miedo quedarme sola con él – Murmuró ella.
Albert la abrazó tiernamente - No tienes de qué preocuparte, él está bien amarrado. Mantente cerca del teléfono, cualquier cosa le marcas a Terry, ¿sí? – Albert caminó hasta la cocina y tomó un pequeño cuchillo de una de las gavetas - Por si las moscas, tenlo contigo – Dijo Albert, mientras le daba el cuchillo en las manos.
Paty creyó que un cuchillo sería innecesario - Por favor, no te tardes… - Contestó ella, luego colocó el cuchillo en la mesita de centro, cerca de donde estaba amarrado Stear, y acompañó a Albert hasta la entrada.
Antes de irse, él le dio un beso largo y tierno – "Patito", trataré de regresar lo más pronto posible. Si todo se soluciona rápido, tal vez podamos repetir lo de anoche… - Le dijo, guiñándole el ojo y haciendo que Paty se sonrojara.
Ella lo jaló una vez más hacia él y lo besó apasionadamente – Te estaré esperando…
Después de que Albert se fue, Paty fue al baño, al salir, se dirigió a la cocina para prepararse algo de comer. Ella se sentía bastante nerviosa, así que prendió la radio y comenzó a cantar para relajarse un poco. Paty no se dio cuenta de que Stear había alcanzado el pequeño cuchillo y había logrado cortar las cintas que sostenían sus manos. Cuando él se desató por completo, se levantó de la silla y se acercó a ella.
- Así que ya tienes nuevo novio – Le dijo.
Paty brincó del susto al darse cuenta de que Stear estaba parado atrás de ella.
- Nunca pensé que fueras capaz de hacerme daño Paty, te has convertido en una mujer muy, muy mala… ¿Dónde quedó el amor que jurabas tenerme?
- Tú lo mataste hace mucho tiempo…
- Has cambiado mucho.
- Él único que cambió aquí, fuiste tú, ya ni siquiera te reconozco – Paty intentó caminar hacia la entrada de la cocina, pero Stear le tapó el paso – No sé cómo pretendías ser feliz después de todo lo que hiciste ¿Acaso no te remordía la conciencia?
- A veces, pero créeme, valió la pena.
- Eres un cínico, ¿sabes que es lo que me da más gusto? Que cuando Candy se entere de todo, te va a botar como el perro que eres…
Stear comenzó a reír – Ya veremos… Por cierto, no creo que te convenga ese noviecito tuyo, parece que es todo un maleante.
- A ti qué te importa si me conviene o no, tú me convenías menos que él, y ya vez, te aguante por catorce años…
- Tienes razón fueron muchos años juntos, muchas noches juntos, y aunque no lo creas, aún me preocupo por ti… Dime la verdad, ¿él te hace el amor como yo te lo hacía?... ¿Él te complace como yo lo hacía?
- Eso es algo que no tengo por qué contestarte…
- ¡Uy!… ¿Eso es un sí? ¿O un no? – Dijo Stear, acercándose más a ella.
- Ya que tienes tanta curiosidad, seré honesta contigo, él sí es un verdadero hombre y para tu información, es mucho mejor en la cama que tú, a su lado, tú pareces un adolescente primerizo…
Al escuchar esas palabras, Stear sintió su orgullo herido, así que tomó a Paty entre sus brazos y comenzó a besarla a la fuerza – Te voy a demostrar lo que es ser un verdadero hombre.
Paty golpeó la entrepierna de Stear, haciendo que él la soltara y se desplomara en el suelo, ella intentó correr hacia la sala para tomar el teléfono, pero Stear la sujetó del tobillo haciendo que ella se cayera y se golpeara la cabeza. Stear se levantó asustado al ver que Paty no se movía, lo que menos quería era lastimarla. Él se acercó a ella y se dio cuenta de que estaba respirando, estaba a punto de levantarla para llevarla al hospital, cuando escuchó la voz de Candy en el pasillo, rápidamente corrió a esconderse a la habitación más cercana.
Stear observó a través de la puerta como Candy se acercaba a Paty, él sabía que Terry estaba afuera, así que salió sin hacer ruido de su escondite y colocó el seguro en la puerta de la entrada, después se acercó sigilosamente hasta Candy. Él pensaba sujetarla con los pedazos de cinta que estaban en la sala, después saldría y golpearía a Terry, aprovechando que él estaba solo en la entrada. Stear tenía la intención de llevarse a Candy con él, a como dé lugar. Candy lo escuchó acercarse y se levantó rápidamente, frustrando todos sus planes.
Cuando Stear vio a Candy de frente, notó que ella tenía una pequeña marca roja en su cuello, no pudo evitar sentirse celoso y engañado, en un arranque de celos, se acercó hasta ella - Así que al final te dejaste seducir por él, ¡Zorra! – Le gritó, golpeándola salvajemente en el rostro y haciéndola caer al suelo - Te vas a arrepentir por haberme traicionado.
- ¡Terry! ¡Ayúdame! – Gritó Candy, mientras se levantaba deprisa.
Ella estaba muy asustada, pero no pensaba demostrárselo a Stear. Él se acercó rápidamente a ella e intentó taparle la boca, pero ella le mordió la mano, haciéndolo retroceder por el dolor.
- Eres un cobarde, poco hombre, no tienes perdón de Dios… ¿Cómo te atreviste a pegarme? ¿Cómo te atreviste a hacerle daño a Paty? No tienes corazón.
Candy escuchó que trataban de abrir la puerta, sin mucho éxito, después escuchó la voz de Terry, quien la estaba llamando "¿Candy? ¡Contéstame! ¿Estás bien?", ella quiso contestar, pero tuvo miedo de que, al hacerlo, Stear volviera a golpearla, así que permaneció en silencio.
Stear vio que Candy tenía sangre en la boca, en ese momento despertó del trance en que se encontraba y se sintió el peor de los hombres por haberle pegado - Perdóname Candy, no sé qué me pasó… - Le dijo, mientras intentaba acercarse a ella.
- Ni siquiera lo intentes – Candy tomó un cuchillo que se encontraba cerca y lo colocó enfrente de ella.
- Candy, cálmate, vamos a platicar… Yo te amo…
- ¿Cómo puedes decirme que me amas? Tú no amas a nadie, solo te amas a ti mismo.
- Déjame explicarte mis razones…
- No hay explicación que valga, nos mentiste a todos, dices que me amas, pero no te importó verme sufrir… ¡Eres un hipócrita! Lloraste en el funeral de Terry como si de verdad te afectara lo que le había pasado.
- Sí me afectaba… Yo también sufrí por lo que le pasó, no sabes la batalla que se libraba en mi interior, mientras yo tomaba mi decisión…
- Sí de verdad hubieras estado afectado, hubieras hecho lo correcto desde un principio.
Un fuerte golpe en la puerta hizo que Candy se asustara y tirara el cuchillo, Stear aprovechó para sujetarla por la espalda – Por favor amor, entiéndeme, yo te amé desde la primera vez que te vi, no sabes cuánto soñé con estar contigo, con hacerte mía, con que fueras mi esposa…
- ¿Y por eso ibas a acostarte con Paty? ¿Por eso me golpeaste? ¿Esa es tu forma de amarme?
- No soy perfecto Candy, he cometido muchos errores, pero mi amor por ti es verdadero…
- ¡Cínico!…
- Mi amor, escúchame muy bien, no te voy a dejar ir con Terry… Tú vas a venir conmigo de viaje, así tenga que llevarte arrastrando.
- Yo no voy a ir contigo ni a la esquina…
- ¿Quieres apostar? – Preguntó él, mientras rodeaba el cuello de Candy con su brazo.
Candy sintió que el pánico la dominaba, ella trató de soltarse, pero él la tenía bien sujeta. Candy estaba segura de que algo no estaba bien en la cabeza de Stear, esa agresión y esos cambios tan repentinos de personalidad no eran normales. Ella comenzó a llorar y a rezar en su mente, mientras sentía como Stear comenzaba a apretar su cuello, cortándole la respiración.
Minutos antes, afuera del departamento, Terry estaba esperando a Archie, de repente escuchó que Candy gritaba su nombre, pidiéndole auxilio. Él trató de abrir la puerta, pero tenía seguro y Candy se había llevado las llaves con ella. Por un instante Terry imaginó lo peor y se sintió sumamente desesperado, comenzó a gritarle a su esposa, pero no obtuvo respuesta, en ese momento vio llegar a Archie.
- ¿Traes tus llaves? – Le preguntó Terry.
- No, supuse que Candy me estaría esperando en el departamento.
- ¡Mierda! Necesito abrir esa puerta…
- ¿Qué es lo que está pasando?
- Stear está con Candy adentro, temo que le haya hecho algo malo…
Archie miró a Terry bastante confundido - ¿Por qué le haría algo malo? Es su prometida…
- Porque tu hermano está mal de su cabeza.
- No te entiendo.
- Archie, hay muchas cosas que tu desconoces y que en este momento no puedo explicarte… - Dijo Terry, mientras intentaba botar el seguro de la puerta.
- ¿Por qué no?
- ¡Porque quiero abrir esta maldita puerta y no puedo!... - Terry le dio una patada a la puerta, después se sentó en el piso con las manos en la cabeza y comenzó a llorar. Su mente estaba bloqueada por el miedo y no tenía idea de que hacer.
Archie no entendía lo que estaba pasando, pero por la reacción de Terry, se dio cuenta de que era algo grave –Tranquilo, el administrador tiene una copia para abrirle a la muchacha que hace la limpieza, voy a pedírsela.
Terry sintió un poco de esperanza y se levantó rápidamente – Por favor, no te tardes.
Algunos minutos después, Archie regresó con la llave, Terry se la arrebató y corrió a abrir la puerta. Al entrar vio a Stear intentando asfixiar a Candy - Suéltala, maldito perro infeliz – Le gritó, mientras caminaba hacia ellos.
- Si te acercas, le rompo el cuello y créeme que no estoy bromeando.
Terry se quedó parado sin saber qué hacer, no quería arriesgarse a que Stear lastimara a su esposa. Archie entró al departamento pocos segundos después y observó horrorizado toda la escena – Hermano, por favor suelta a Candy, vamos a platicar con calma, no hagas ninguna estupidez.
Stear se sorprendió al ver a Archie, nunca imaginó que su hermano fuera a llegar al departamento, al sentirse descubierto y acorralado, soltó a Candy y comenzó a llorar.
Una vez que Candy tomó aire, corrió rápidamente hacia Terry y lo abrazó con fuerza – Paty está inconsciente – Le dijo ella, con la respiración entrecortada. Terry observó el rostro de su esposa y vio que ella tenía el labio roto.
- ¿Él te hizo esto? – Preguntó él.
- Sí, él me dio una cachetada….
Cegado por la ira, Terry caminó hacia Stear y lo derribó de un puñetazo. Cuando estuvo en la cocina, Terry vio a Paty tirada en el piso, fue en ese momento que su cerebro proceso lo que Candy le había dicho segundos antes. Él cargó a su amiga y salió lo más rápido que pudo del edificio para llevarla al hospital, Candy se fue con él.
- ¿Qué es lo que está pasando? – Le preguntó Archie a Stear, una vez que se quedaron solos.
- No puedo explicarte nada ahora, necesito irme urgentemente de aquí.
- ¿A dónde?
- Lejos, muy lejos…
- No te voy a dejar ir de aquí hasta que me digas que es lo que está pasando…
- Archie, por favor, eres mi hermano, no me hagas esto.
- Habla Stear, te estoy esperando… - Dijo Archie, colocándose enfrente de la puerta.
Mientras tanto, Albert estaba llegando a un hotel a las afueras de la ciudad, el cual era propiedad de su familia, el padre de Neal lo había administrado hasta su muerte, diez años atrás. Él sabía que a Neal le gustaba hospedarse en ese lugar porque no tenía que pagar nada y además, lo atendían como rey. A Albert no le gustaba quedarse en ese hotel, porque estaba bastante retirado del centro de la ciudad.
Albert se bajó del taxi y caminó rápidamente hasta la recepción, donde se encontraba una señorita leyendo una revista.
- Disculpe, necesito saber el número de habitación del Sr. Neal Leagan – Le dijo Albert a la recepcionista.
- ¿Es su familiar?
- Soy Albert Andrew, su primo.
La recepcionista, quien sabía bien que el hotel pertenecía a la familia Andrew, le dio rápidamente la información – Él está en la habitación 204.
Albert corrió hasta la habitación indicada y comenzó a tocar la puerta de manera desesperada. Neal abrió un par de minutos después.
- ¡Albert! – Exclamó Neal al verlo.
Albert tomó a Neal de las solapas de su pijama y lo introdujo al interior del cuarto.
- ¿Qué demonios te pasa? – Preguntó Neal, asustado.
- ¿Qué tratos tienes con Stear Cornwell?
- Ninguno… Yo no… No sé ni quién es él.
- Claro que lo sabes, así como sabes quién es en realidad Bill.
- Yo no sé nada…
- Si no hablas, toda la familia se va a enterar de tus negocios sucios, y ya sabes cómo castiga la abuela a los que no se comportan como deben…
- No tienes pruebas de nada…
- No las necesito, Es tu palabra contra la mía, pero ¿a quién crees que le van a creer? ¿A ti? Que lo único que has hecho desde que murió tu padre ha sido darle dolores de cabeza a Sara, estafándola, gastándote todo el dinero que les dejó tu padre al morir… ¿O a mí?
- Él me lo pidió…
- ¿De qué hablas?
- El Sr. Cornwell me pidió que mantuviera oculto a Terrence.
- ¿Qué te dio a cambio?
- Dinero…
- ¿Te dijo por qué?
- No, cuando Annie me dijo quién era Bill en realidad, yo vine a buscar al Sr. Grandchester, fui a sus oficinas y me encontré con el Sr. Cornwell, él fue el que me atendió y me dijo que no quería que le dijera a nadie sobre Terrence, también me dijo que quería verlo con sus propios ojos. Los dos viajamos a Johannesburgo al siguiente día, cuando el Sr. Cornwell vio a Terry se puso un raro y salió de la habitación, después nos dijo que quería que le diéramos una buena vida, y se ofreció a enviarnos una jugosa cantidad de dinero cada mes, para solventar los gastos de Terrence.
- ¿Tienes los estados de cuenta?
- No, los tiene Eliza, ella recibía el dinero y luego me lo mandaba a mí.
- Háblale a Eliza y dile que voy a viajar mañana a Johannesburgo y que cuando llegue quiero que me tenga todos los estados de cuenta listos. Alista tus cosas, porque tú vas a ir conmigo… Más te vale no huir, porque si lo haces, yo mismo me voy a encargar de cerrarte todas las puertas, y no solo a ti, también a tu madre ¿entendiste?
- Sí, yo te voy a esperar aquí – Contestó Neal, bastante asustado. Él conocía la influencia que tenía la abuela Elroy sobre toda la sociedad de Lakewood y Chicago, no se iba a arriesgar a ser excomulgado de esa selecta familia.
Albert salió del hotel y tomo un taxi hacia el departamento, mientras viajaba pensó en Paty y una enorme sonrisa se dibujó en su cara. Ella le gustaba demasiado, y cada vez que estaban juntos le gustaba un poco más. Él pensó que le encantaría seguir conociéndola y tal vez, tener una relación seria con ella.
Cuando llegó a su destino, Albert subió corriendo las escaleras del edificio, al llegar a la puerta, vio que se encontraba abierta, se asomó, pero no vio a nadie, entonces un mal presentimiento se hizo presente dentro de él. Avanzó unos pasos y vio a un hombre tirado en el piso, boca abajo; por un momento pensó que era Terry, pero al acercarse a él, se dio cuenta de que tenía el cabello más corto y de color más claro.
Albert volteó al muchacho y lo reconoció enseguida, era el mismo que había visto en la vieja foto de Paty, él notó que el joven tenía una herida sangrante en su costilla derecha, sin pensarlo dos veces corrió hacia el teléfono y llamó a una ambulancia, mientras lo hacía el joven murmuró unas palabras.
- ¡Deténganlo!...
