Y como siempre... ¡se me hizo largo! ¡Qué notición! jajaja Voy a publicar una parte como el capítulo 4 y la otra mañana o pasado, como el capítulo 5. Abrazo. Los quiero. Nos vemos pronto :)
—¿Cómo que no entra hasta ahí? —preguntó Mikami con los ojos bien abiertos.
El taxista enarcó una ceja y le echó un vistazo a Mikami por el espejo retrovisor, luego negó con la cabeza y volvió la vista hacia el frente.
—Lo siento —dijo el hombre con voz apaciguada—. Es un terreno pantanoso y no ando con el auto por lugares así.
Al oír la palabra pantanoso Light dio un leve respingo en el asiento trasero. Takada e Ídan, que estaban sentados uno al lado del otro junto a Light, cruzaron miradas extrañadas.
—¿Entonces… nos dejará aquí? —preguntó Takada nerviosa. Miró afuera por la ventanilla. Las piernas le temblaron. Estaban en medio de un descampado. Los robles con sus copas frondosas cubrían el sendero que los llevaría a la discoteca.
—No conduciré por ese bosque —insistió el hombre—. No es seguro.
Los cuatro quedaron enmudecidos al tiempo que bajaban, sin más remedio, del auto. Después de pagar, y una vez que estuvieron todos fuera, vieron el taxi retroceder por donde había venido.
—Bueno… —murmuró Mikami—. Supongo que no nos quedará más alternativa que seguir a pie. —Los demás estuvieron de acuerdo y siguieron a Mikami, que hacía de guía con el mapa en su celular.
El espesor de la noche y la maleza no eran una buena combinación para caminar en medio de la madrugada. Lo único que los reconfortaba era la luz de la luna creciente, que estaba próxima a volverse llena.
Caminaron alrededor de quince minutos, sin mayores inconvenientes más que el miedo de que saliera algún animal salvaje de los arbustos y los atacara.
—¿Ya llegamos? —preguntó Takada, algo desesperada.
—Todavía falta —respondió Mikami.
Ella bufó exasperada, y Light en parte la entendía…: la había escuchado quejarse de que los tacos de sus zapatos se enterraban en el barro.
—¡Ahí está! —anunció Mikami, indicando con el dedo adelante.
Agitaron el paso y en menos de cinco minutos se encontraron frente a una construcción particular. Tenía el aspecto de un hotel abandonado, los vidrios de sus ventanas habían sido estallados a piedrazos y los restos estaban esparcidos por el suelo. Las paredes estaban pintadas con grafiti callejero y había sillones desparramados por el jardín, percudidos y rotos.
Atravesaron un sendero marcado con tambores vacíos que habían usado algunas personas para encender fuego en su interior y calentarse del frío de la madrugada. Continuaron acercándose con incertidumbre. Ninguno tenía cara de entusiasmo por entrar, mucho menos Light, que estaba algo espantado por el aspecto fantasmagórico del edificio.
—Este lugar es horrible —exclamó Light con miedo.
Efectivamente y a pesar de sus dudas, había una fiesta adentro. Una demasiado grande, porque la música sonaba tan fuerte que las paredes retumbaban.
—Ya estamos aquí —dijo Mikami con obviedad—. No vamos a regresar. Hay que entrar.
Light soltó un suspiro. No le quedó más opción que seguir a sus amigos, quienes subieron las escaleras del pórtico con lentitud. Había dos sujetos altos y musculosos custodiando la entrada. Cuando pasaron a un lado de ellos los miraron de arriba abajo. Light no supo advertir si de buena o mala manera, pero al fin y al cabo no dijeron nada.
Quedó petrificado al entrar. Si bien el edificio tenía un aspecto deplorable de puertas para afuera, en su interior lucía increíble. Había candelabros con gemas que colgaban de sus altos techos, lo que le daba un aspecto sofisticado, aunque el resto del lugar era algo rústico.
—¡Hey, adentro no está tan mal! —exclamó Ídan, impresionado.
El único inconveniente que percibió Light fue la cantidad estrafalaria de gente. No se podía ni caminar sin pisar a alguien y la gran mayoría estaba fumando, así que también era difícil respirar. Light se sintió acalorado casi de inmediato y solo entonces le dio la razón a Mikami de haber escogido para esa oportunidad un atuendo tan revelador… o de lo contrario se hubiese muerto de calor.
Caminaron hasta llegar a un lugar donde había menos personas, al lado de una escalera que subía a un segundo piso. El lugar era inmenso.
Takada se giró de repente y miró a Light directo a los ojos. Una sonrisa lasciva se dibujó en su rostro y, luego, desvió su mirada hacia Mikami.
—Creo que es el lugar perfecto para saldar la apuesta de una buena vez —mencionó. Se llevó las manos a la boca y con ellas cubrió una carcajada gamberra.
—Estoy de acuerdo —opinó Mikami. Miraba con divertimento a Light; él rodó los ojos.
—Está bien —bufó Light, ya dispuesto a terminar con ese tonto juego de una vez—. Takada, tienes mi permiso para escoger al que tú creas que es el indicado —acabó diciendo resignado, y soltando un suspiro—. Pero con una condición… —Los demás pararon las orejas—: Si no me gusta el sujeto, quiero tener la libertad de no avanzar con la conversación, e irme cuando yo quiera de su lado.
—Por supuesto, amigo —dijo Mikami enseguida.
—Me parece justo —mencionó Takada luego de guiñarle un ojo—. Aunque, para ser honesta contigo, solo pensaba sacarles el número de celular para después pasártelos, pero si tu intención es hablar en persona con ellos... de acuerdo.
—Eh, Light… —intervino Ídan, que hasta entonces había estado presenciando la conversación sin entrometerse—. ¿Qué te parece si vamos por un trago y dejas que ellos dos se pongan manos a la obra?
—Me parece bien —dijo Takada. Y le guiñó un ojo a Ídan, quien enseguida empezó a caminar en dirección a la barra mientras arrastraba a Light de la mano. El roce de sus pieles hizo que Light se sonrojara y se sintiera súbitamente incómodo.
Fue difícil, y por momentos hasta casi imposible llegar adonde estaba el barman. Debieron pasar a las atropelladas entre un grupo de personas, y algunos de ellos se enfadaron tanto por las pisoteadas que los insultaron.
—Fíjate por dónde vas, imbécil —le dijo un sujeto al pasar.
—Lo siento, es que no hay lugar —se excusó Light, pero ni siquiera sus disculpas apaciguaron el malestar que le dio haber sido insultado.
Continuaron abriéndose paso junto con Ídan en medio de un grupo numeroso de gente, y fue entonces que lo vio… Ídan se detuvo al sentir que Light le soltaba la mano. Se había quedado parado y no se movía del lugar.
—Light, ¿qué tienes? —le preguntó. Miró en la misma dirección que Light, pero no encontró nada particular que llamara su atención.
Continuaba sin moverse; se trataba del mismo sujeto que lo había defendido del grupo de delincuentes en el callejón el día anterior. Con la particularidad de que, esta vez, su vestimenta era todo lo contrario a lo que había usado aquella noche. No tenía gorro ni usaba una bufanda que le cubriera la cara. Su rostro estaba al descubierto. Light recordó al instante la promesa que se había hecho a sí mismo aquella noche en el restaurante…: debía agradecerle por su buen gesto.
De repente dio un pequeño brinco que lo sacó de sus pensamientos y alertó tanto a Ídan como al resto de personas paradas a su alrededor.
Un sujeto con un cigarrillo encendido le había pasado por al lado y accidentalmente le quemó la mano izquierda.
—¡Ouch, fíjate! —gruñó Light molesto. Miró al hombre y quedó horrorizado. Se trataba del mismo sujeto que lo había detenido en el callejón para sacarle la billetera. El que le sonrió de manera libidinosa mientras intentaba robarle.
Light sintió una sensación de asco que no pudo eludir. El sujeto lo miró de arriba abajo y le sonrió de la misma manera… tan sexual y desagradable, como si quisiera, de alguna forma, devorarlo. Cruzaron miradas intensas.
—Lo siento… —se disculpó aquel, sin aparentar sentirlo demasiado. Encendió otro cigarrillo y le dio una pitada. Se acercó tanto a Light que sus narices casi se rozan, y aprovechó para echarle el humo en la cara—. Por cierto… No quería tu dinero. Solo lo hice para poder tocarte el culo. —Light quedó de piedra. Aquel soltó una risa exacerbada y se alejó dando otra pitada. Lo había reconocido más rápido de lo que le había tomado a él hacerlo. Lo miró con tanta bronca que tuvo ganas de darle un puñetazo—. ¡Pero, oye, tranquilo! Tampoco es que estés tan bueno. Le gustaste más a mi hermano que a mí —siguió, y volvió a reír, pero era el único que se estaba divirtiendo, aparentemente—. ¡Elle, ven acá! —gritó a la distancia.
El sujeto que Light reconoció en un principio se dio la vuelta. Estaba hablando con un grupo numeroso de hombres. Tenía las manos metidas en los bolsillos, adoptando una posición relajada; no parecía tener ganas de que lo molestaran. Caminó hacia ellos con desinterés. Se paró al lado de ambos y cruzó miradas con Light.
Su vestimenta era simple y casual: remera azul holgada y jeans negros, al igual que el otro. De inmediato se sintió incómodo, él estaba vestido de manera tan provocativa que se había sonrojado. Desvió la mirada para que no se dieran cuenta.
—¡Mira nada más! Vino tu novio —continuó diciendo con burla. Le dio otra pitada a su cigarro y empezó a hablarle a Light—: Su nombre es Elle y el mío es Beyond. Aunque el mío sé que no te interesa —rio, y expulsó una bocanada de humo en la cara de Light, quien reprimió las ganas intensas de abofetearlo. Elle rodó los ojos y puso cara de fastidio.
—Déjalo en paz —lo regañó. Desvió la mirada hacia Light. Su forma tan profunda de observarlo hizo que las palpitaciones del castaño se dispararan.
Beyond se hizo el desentendido y se alejó de ambos con la excusa de ir a la barra por un trago.
—¡Estoy tan sediento! —esbozó. Elle rodó los ojos. Light no se entrometió porque ni siquiera había comprendido el chiste.
Quedaron solos, uno enfrente del otro, evitando mirarse directamente.
—Tu hermano es un imbécil —dijo Light con bronca al cabo de un rato.
—Más de lo que crees —respondió Elle—. No eres el primero que me lo dice. —Le dio el último sorbo a la cerveza que tenía en la mano, estrujó el vaso y lo dejó caer al suelo.
—Acaba de quemarme con un cigarro —insistió, de brazos cruzados. Elle no lució sorprendido con la declaración, pero sí enfadado.
—¡Mierda! —gruñó, desviando la mirada—. Ya va siendo la segunda vez que te molesta. Te reconoció enseguida y la tiene contigo —dijo, y enarcó una ceja—. ¿Dónde te quemó? —Light levantó la mano y Elle la sujetó con delicadeza.
—Me arde —dijo. Elle rozó la herida con un dedo, y Light no supo si fue a causa de la música, del humo de cigarro que le impedía respirar o del calor que hacía ahí adentro, pero sus vellos se erizaron con el roce de su piel.
—Hay un botiquín en la bodega del segundo piso —dijo Elle encogiéndose de hombros—. Te llevo.
Light buscó a sus amigos con la mirada, pero no los encontró entre tanto gentío. Husmeó su celular y no había recibido ni un mensaje de ellos. Supuso que no pasaría nada en caso de que se ausentara unos segundos.
Mikami se sentía con suerte. Había obtenido el número de celular de cinco hombres con los que planeaba tener una cita, uno por noche. Luego decidiría cuál le gustaba más y con ese se divertiría a lo grande. No buscaba amor, no en una ciudad extraña y a más de mil kilómetros de casa.
Sintió una mano rodeando su cuello.
—¿Ves a ese guapetón de allá? —le preguntó Takada al oído. Mikami asintió, siguiéndole la corriente—. Estuve hablando quince minutos con él. Es el indicado para Light. —Mikami se cruzó de brazos y se giró para verlo con detalle—. Es extranjero, viene de Suiza. Es alto, atractivo, educado… Es estudiante de diseño y trabaja para una reconocida empresa americana de publicidad. Está viviendo en Londres, aunque viaja a Centroamérica bastante seguido. —Mikami asintió con una sonrisa.
—Interesante… —concluyó, y se metió las manos en los bolsillos—. De todas formas, no creo que sea el estilo de Light.
Takada enarcó las cejas.
—Eso está por verse —dijo sonriente.
Mikami sujetó su celular y le mostró a Takada los números de los hombres que había conquistado esa noche, pero no llegó a mostrarles las fotos de perfil de todos porque algo robó por completo su atención.
—No vayas a decir que no te lo dije… —murmuró Mikami. Takada lo miró extrañada. Él la sujetó de un brazo y la obligó a ver adelante. El rostro de ella cambió gradualmente de uno sorprendido a uno conmocionado, e inmediatamente a uno decepcionado y fuertemente dolido. Vio a Ídan abrazado a un sujeto. Estaban besándose y tocándose en una esquina del hall, sin ningún tipo de pudor y de manera sexual.
Algo en su interior pareció romperse. Miró a Mikami por una fracción de segundo y de nuevo centró su atención en Ídan. El tipo con el que estaba era alto, esbelto, de tez pálida y cabello negro despeinado.
Las carcajadas resonantes de Mikami hicieron que el enojo de Takada fuera en aumento.
