Capítulo 3:

Sin Venganza

Como simples gotas de lluvia que resbalan por la ventana. Frías y dolorosas gotas. Se rompen con cualquier deformidad, desaparecen. Las lágrimas de Athena resbalaban por sus lindos ojos hasta caer al suelo. Como aquellas gotas que resbalan y se pierden durante una tarde de verano.

Sonreí. Estaba satisfecho. Ella me miro y se echó a correr.

Tal vez fue la necesidad de ver padecer a alguien que estaba peor que yo. O mejor aún, quería saber que se sentía el herir a una persona, no físicamente, si no…. de una manera que le doliera incluso más que un golpe.

Pero a pesar de que lo había conseguido… Mi corazón, si es acaso que tengo alguno, formado de aquel polvo de estrellas, seguía igual de intranquilo, como aquella vez, en la que conocí lo que es llamado "amor".

Desde antes que yo naciera, mi destino estaba disuelto en una especie de caldo. Llevando un odio que ni siquiera había tenido que ver conmigo. Llevando años de profundo rencor y dolor, pero que no me interesaba, Sin embargo mi futuro era ser líder de los Yagami, que antes de mi nacimiento habían sido los Yakazani. Me pregunto…. ¿la flor nace siendo flor? ¿La fuerzan? ¿La obligan a abrir su botón antes de tiempo? Y si es así ¿Qué clase de flor es? Me pregunto ¿La luna siempre ha sido luna? ¿Llego siendo luna? ¿Creció siendo luna, saliendo en las noches y ocultándose en el día?

¿Mi destino era ser líder de los Yagami? ¿Nací siendo líder? ¿Nací siendo flor, o nací siendo luna? ¿Nací para vengarme?

Sin embargo, ni el orgullo, ni el honor, me hicieron olvidar que soy un humano. Un simple humano, hombre al fin y acabo. Hombre que duda, hombre que no sabe si existe. Un hombre, que aunque no quisiera admitirlo, tenía sentimientos, y le dolía. Duele porque se vive. Y si no duele entonces, ¿para que se vive?

El dolor como tal jamás lo había sufrido… O al menos no me había dolido tanto como aquella vez.

Aquella vez en que nos miramos.

Aquella vez en que sus ojos oscuros como una noche del más cálido verano se posaron sobre los míos. Tan profundos. Tan perfectos. Sus cabellos volando al ras del viento, y su sonrisa tenue y sólida, "Terminemos esto".

Le mire… yo no quería atacarlo.

"No puedo cumplir con mi misión" Dije poniéndome firme y mirándole.

-¿Qué sucede? ¿No venias aquí para matarme? ¿No es tu deber… Yagami?

¿Qué debía contestarle al sol que comenzaba a opacar mi noche?

-¿Deseas que lo haga? Podría matarte aquí y ahora.

Ambos sabíamos a lo que estábamos destinados. Como Romeo y Julieta. Nos miramos sin decir nada guardando distancia y para después sonreír naturalmente.

-No. No podría pelear contigo.

Me dijo el yo le mire quitándome el cabello de la frente.

-Entonces, hagamos como si jamás nos hubiésemos visto. O al menos no por ahora.

Después de ese extraño encuentro con mi enemigo… pensé ¿en serio quiero matarlo? ¿En serio quería matar a alguien que había despertado en mí un sentimiento ajeno al odio? ¿Similar? ¿Quién no dice que lo estaba amando en ese momento?...

No comprendía. No comprendo. Pero algo si entendía…. si se enteraban en mi clan…. Seguramente la deshonra y el destierro o quizá la muerte serian mi destino…. Pero por ahora mi mente se concentraba en un fin sin venganza….

Capítulo 4: Loveless