El reencuentro
La luna iluminaba suavemente la habitación, tendría que apurarse no se podía permitir amanecer a su lado, no otra vez ya no mas, esto se estaba viviendo un hábito y empezaba a ser agradable, trato de controlar su respiración y se soltó del suave agarre del hombre que tenía a su lado, se levantó con calma percatándose de sus movimientos, pareció que no se había despertado, respiró hondo y continuó con el plan.
Levantó con cuidado sus ropas regadas por la habitación, el vestido estaba casi inútil y ni hablar de su ropa interior, derrotada entró al baño y utilizo una muda de ropa del hombre con el que estaba compartiendo parte de su pequeña aventura, echo un vistazo al espejo y se detuvo observando sus facciones, tocó el espejo deslizando sus dedos sobre el frío cristal y nuevamente se sintió sola miro su mano y allí estaba la atadura que le impedía seguir huyendo, cerró el puño tenía que regresar.
Se vistió apresuradamente y trato de arreglar su cabello, apagó la luz y salió por la ventana con los zapatos en las manos y una playera negra y un pantalón se dispuso a huir. Llegó al cuarto donde se estaba hospedando, saludo a la encargada y subió a su habitación, empaco las cosas con las que había llegado y valoro si llevarse algo de lo que había adquirido en este tiempo libre, valoro los nuevos objetos adquiridos y decidió llevarse consigo la nueva ropa y zapatos que adquirió dejo solo las prendas necesarias para distraer a su compañero entre ellas la banda de su aldea y ropa que no le gustaba del todo, abrió un libro y lo dejo sobre la mesa de noche y la cama desecha, bajo los escalones con pesadumbre y sentía como parte de su ser era abandonado en este lugar, se despidió de la casera y se dirigió a su aldea natal.
El sol estaba por ocultarse nuevamente cuando sintió una presencia a su espalda, sabía que la seguiría pero esperaba que desistiera, al percatarse de que su velocidad aumento ella hizo lo mismo solo unos kilómetros más y llegaría a las afueras de la aldea.
Apenas sus pies tocaron el piso la presencia a su espalda se pego a ella, creyó que no lo lograría…
-¿Qué estas haciendo. Por qué me dejaste?- dijo a su espalda una gruesa y enfadada voz haciendo que se erizarán sus poros y sintiera una descarga eléctrica tan familiar. Se maldijo mentalmente tenía que haber sido más rápida.
Ella sonrió tristemente y apenas volteo a verlo cuando un ninja se apareció para recibirla como era debido.
No hubo respuesta, solo camino hacia la Torre del Hokage, estaba en casa y aún así creyó que pertenecía más al hombre que la acompañaba con el semblante serio, la fría mirada y aura asesina que la acompañaba.
-Era tiempo – fue todo lo que dijo antes de ser anunciada en la oficina del actual Hokage, su líder y esposo.
Todo paso tan lento y lejano ala vez que parecía que no lo estaba viendo ella o al menos eso deseó.
Sus labios fueron rosados por los de un ilusionado rubio quien parecía no querer soltarla, su parloteo parecía no tener fin, frases como "te extrañé", "gracias a Dios que has vuelto", "teme, sabía que no me faltarías" eran repetidas en varias ocasiones y ella se permitió creer por un monto que eso era verdad, un olvidado calor se quiso instalar en su pecho, pero desaparecio cuando el rubio la abrazó y su molesto parloteo acabo.
-Vamos a casa- alcanzó a escuchar antes de moverse de forma automática, dio un rápido vistazo, se percató de que estaban solos y el escaso brillo de su mirada desapareció
Camino de manera autómata hacia un departamento ubicado en el centro de la aldea, sus ojos sin vida se posaron en las plantas que estaban en la terraza muertas fue su único pensamiento y deseo con todo su ser acompañarlas, ese fue el único toque que pudo darle a su nuevo hogar y en cuanto ella se fue nadie se hizo cargo de ellas, una sonrisa amarga cruzó su rostro.
-Bienvenida a casa- fueron las palabras del rubio mientras encendía las luces y dejaba su equipaje sobre el sillón – no pude arreglar mucho como podrás ver, pero estoy seguro de que con tu trabajo volverá a ser agradable- sus ojos viajaron por la estancia había tazones de ramen sobre todos los muebles y parecía que nadie había echo la limpieza en meses, una pocilga fue su único pensamiento.
Sintió los brazos del rubio a su alrededor y apagó su cerebro, lo único que quería era dormir y tener un paro cardíaco mientras lo hacía. Fue llevada a su habitación, tomo la muda de ropa que le daba su compañero y se encerró en el baño.
Al salir se dirigió a su cama y se recostó de su lado, con un poco de suerte no la molestaría y podría sumirse en su miseria estoy en casa fue el único pensamiento que se dejó tener antes de entregarse a los brazos de Morfeo.
