Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 2 ¡Vacaciones!

El fin de semana se pasó volando y Candy y Eliza tuvieron que despedirse después de haberselo pasado en grande. Ya era lunes, bien temprano en la mañana, pues el viaje a Cabo Rojo desde Levittown tomaba dos horas y media aproximadamente y Candy quería disfrutar de la playa temprano. Además ansiaba estar con sus primas.

-Candy, ¿y todo ese quipaje, por fin te echaron de casa?

Bromeó Albert mientras ayudaba a Candy a meter la maleta en el baúl de su Jeep Liberty.

-Algo así. Estarán libres de mí por dos largos meses.

-Y a tí que te molesta tanto, ¿verdad?

Respondió su hermano con picardía, un joven rubio de 25 años, pelo largo, alto, con un cuerpo que Bratt Pitt mataría por tener y unos arrolladores ojos azúl cielo. Hacía cuatro años que vivía sólo, había estudiado diseño gráfico en Atlantic College y trabajaba para una empresa de telecomunicaciones.

-Ya me conoces, hermanito.

-¡Jumm! Cuidado contigo, no vayas a enamorarte ahora por allá y decidas perder la cabeza y...

-¡Albert! Ya sabes que el amor no es para mí.

-Lo mismo dijeron papá y mamá y...

-¿Podemos irnos ya?

Preguntó Candy con fastidio, al parecer era el tema favorito que su familia y Eliza montaban cada vez que estaban con ella. Candy se había puesto un jean corto azúl oscuro y una camisa corta rosa, que como siempre, le dejara mostrar su piercing en el ombligo y unos tennis Nike negros con rosa. Se había hecho dos trenzas bajas que caían hermosas por sus dos costados. Como era muy temprano, sólo se maquilló con un poco de polvo y lipgloss.

-Está bien, amargada. Y no deberías de ser tan grosera, de todas formas me ofrecía a llevarte, tengo que llevarte allí y regresar el mismo día, me debes treinta dólares por la gasolina.

-Pues que te los pague Dios.

Los hermanos olvidaron su tonta discusión a los pocos minutos de entrar al auto y cuando Albert encendió el stereo empezó a sonar "You're beautiful" de James Blunt y los dos comenzaron a cantarla como dos tontos. Después de dos horas y cuarenta y cinco munitos, finalmente llegaron a la villa, la tía Elroy y las chicas ya estaban a fuera esperándolas enfundadas en sus trajes de baños, bueno, las chicas, la tía era raro que se metiera al agua, prefería quedarse viendo novelas y películas.

-¡Candy!

Gritaron las tres emocionadas y corrieron a abrazarla.

-¿A caso yo estoy pintado en la pared?

-¡Albert!

Ambas chicas corrieron a abrazarlo también, ellas lo adoraban, pues cuando él aún vivía en casa de sus padres las llevaba siempre a pasear, a comer pizza y helados y las ayudó y cubrió en muchas diabluras cuando eran más pequeñas. Annie tenía diesciseis años, pelo largo negro con mechones rojos en la pollina, hermosos ojos azules, su cara siempre tuvo una expresión angelical y gozaba de una muy buena figura, pues era bien estricta con sus rutinas de ejercicios, estaba vestida con una falda corta con diseño veraniego en tonos verdes y anaranjados y el top de su bikini en los mismos tonos con unas chancletas perfectas para la ocación. Patricia, de diesciocho años, que no poseía una figura tan esbelta como la de su hermana, pero no por eso era menos bella, pues tenía el pelo castaño hasta los hombros recortado en capas y con destellos rubios, sus ojos eran grandes y marrones, muy expresivos y sus facciones un poco redonditas la hacían verse adorable, su traje de baño era negro, a cuerpo entero pero era totalmente abierto en el abdomen, lo que lo hacía ver único y sensual.

-Bueno, tía, chicas, ya me voy.

Dijo Albert despidiéndose y su tía le dio un fuerte abrazo y se quedó triste de que tuviera que marcharse tan rápido.

-Candy, espero que regreses a casa con un novio.

Gritó Albert cuando ya estaba entrando en su auto, Candy torció los ojos y las otras tres mujeres murieron de risa.

-Bueno, Candy, ¿qué estamos esperando? Vamos, al agua, está haciendo un día hermoso.

Dijo Annie que ya se estaba quitando la falda para entrar, pues la villa era una pequeña casa de madera que tenía un balconcito y al bajar por la pequeña escalera de cuatro escalones ya estaba la arena y a escasos metros la playa.

-Al menos déjame llevar mi maleta adentro y ponerme mi traje de baño.

-Pues apúrate, Annie y yo te esperamos adentro.

Dijo Patty tomando a su hermana de la mano y corriendo hacia el agua. A los diez minutos llegó Candy con el traje de baño que Eliza había escogido para ella.

-¡Me encanta ese traje de baño!

Dijo Annie como una niña.

-Eliza me ayudó a escogerlo.

Respondió y Candy y entró al agua junto con las chicas. Al entrar comenzaron a divertirse en grande haciendo carreras sobre quien podía nadar más rápido hacia el pequeño rompeolas que había a unos cuantos metros desde donde se encontraban. Bucearon un rato a ver quien aguantaba más debajo del agua y finalmente salieron con ganas de comer chucherías. Así que se sentaron en la arena donde habían extendido una manta grande debajo de un par de palmeras en donde tenían una neverita con agua y sodas de distintos sabores, una funda grande con pequeños sandwiches de jamón y queso, una funda de Doritos y otra de papitas Lay's. Estaban conversando y comiendo muy entretenidas que no se dieron cuenta que unos chicos estaban parados detrás de ellas desde hacía un rato.

-¿Qué están haciendo?

Gritó uno de ellos a propósito y las tres dieron un brinco y un grito de terror, Candy se molestó porque se le viró el vaso de refresco que tenía en la mano y como estaba bebiendo de él en el momento que el chico las asustó, le salpicó toda la cara y se atragantó.

-Mira lo que hiciste, tonto.

Le dijo Candy furiosa al chico que tuvo la brillante idea, pero algo hizo que se le acelerara el corazón cuando se fijó en él. Era alto, pelo largo castaño, ojos azúl profundo y sus facciones eran perfectas, tenía un traje de baño azúl con crema y su torso estaba al descubierto, muy bien formado con unos pectorales y abdominales que mataban, unos brazos que se sabía que ejercitaba muy bien y unas piernas firmes y varoniles, pero ella estaba molesta, así que no tenía que fijarse en esos detalles.

-Disculpe, señorita, no fue mi intención.

Se disculpó el joven de unos veinte años mostrando una descarada sonrisa que nada tenía que ver con arrepentimiento. Hasta que Annie por fin se decidió hablar y presentó a los tres chicos.

-Hola, chicos. Ella es nuestra prima Candy que estará aquí de vacaciones. Candy, ellos son los hermanos Stear y Archie y él es Terrence, pero le decimos Terry.

-Mucho gusto, Candy.

Dijeron los hermanos casi al mismo tiempo. Stear tenía unos veinte años más o menos también, era alto de pelo negro y ojos marrones. Usaba unas gafas de moda y un traje de baño rojo con negro y sin camisa, presumiendo su bien formado cuerpo. Su hermano Archie tenía el pelo castaño y sus ojos eran de un marrón más claro, tenía el pelo lacio y largo hasta las orejas, se veía un poco metrosexual, pero era muy atractivo.

-Un placer, Candy.

Dijo Terry y le tendió la mano sonriendo, pero ella lo miraba con ganas de quererlo matar.

-Vamos, pecosa, ¿no vas a perdonarme por el susto?

-¿Cómo me llamaste?

-Pecosa, ¿por qué?

-Porque me llamo Candy y te agradecería que no me llamaras de otra forma.

-Pero tienes muchas pecas, ese nombre te asienta más.

-Y tú tienes cara de mandril y nadie te llama así.

Sus primas y los otros chicos estallaron en risas, muy buen comienzo habían tenido esos dos, pensaron.

-Bueno, ya, par de tontos, ¿van a seguir discutiendo por estupideces o vienen con nosotros al agua?

Dijo Annie con fastidio mientras Patty y los otros chicos seguían riendo. Todos se dirigieron al agua menos Candy y Terry al ver que se quedó atrás, retrocedió hasta donde se había quedado ella.

-Por qué vuelves, ve hacer tus piruetas de mandril en el agua, seguro se te dan muy bien.

-¿Sabes que tienes razón?

Dijo mirándola con cinismo y arrogancia.

-¿En que eres un mandril? Eso ya lo sabía.

Dijo con prepotencia y se dispuso a sentarse nuevamente en la manta.

-Y pienso hacer la pirueta que más me gusta.

Candy no tuvo tiempo de captar sus intenciones porque él la levantó y la llevó cargada corriendo hasta el agua y la arrojó. Cuando Candy se paró por fin en el agua, tociendo, mientras los demás reían, ella estaba hecha una furia y Terry corría peligro.

-¡Eres un imbécil!

Le dijo y lo empujó haciendo que cayera igual que ella. Habían pasado varios segundos y Terry no subía a la superficie, los chicos se miraron preocupados, menos Candy.

-Ahora resulta que su fastidioso amigo no sabe nadar... ¡awww!

¡Splash!

Terry la había halado por una pierna haciendo que se asustara y cayera nuevamente al agua. Los chicos no paraban de reir, los dos juntos eran un tremendo espectáculo. Después de un rato se olvidaron de la discusión de Candy y Terry, quienes dejaron de molestarse, pero se habían mantenido ignorándose, o más bien, Candy lo ignoraba porque él seguía sonriéndole burlonamente. Entonces a Annie se le ocurrió la brillante idea de jugar guerra. El juego consistía en que ellas se montaban en los hombros de los chicos y cada pareja tenía que luchar con la otra para ver quien se caía primero, a todos les encantó la idea menos a Candy. Archie se colocó a Annie y Stear a Patty, lo hicieron con toda la intención, así Candy no tenía más remedio que quedarse con Terry.

-Yo no quiero jugar.

Dijo Candy y se disponía a irse, cuando dio la espalda para salir, Terry que ya se había sumergido en el agua, se metió entre sus piernas y cuando se levantó tenía a Candy montada sobre sus hombros dándole el susto de su vida, pues sólo sintió que de repente algo la estaba levantando.

-Vas a jugar conmigo, no pienso quedarme a mirar.

Le dijo Terry con su encantadora arrogancia.

-Dije que no quiero, bájame ya.

Decía Candy pataleando.

-Lo siento, pecas, eres mi equipo y tenemos que ganar.

Candy no pudo reaccionar porque Annie y Patricia ya se encontraban luchando contra ella y tuvo que empezar a defenderse para no caer. Terry la sostenía fuerte por los muslos y ese sólo roce estaba perturbándola mucho y qué decir de él, una extraña sensación lo empezó a recorrer como si nunca antes hubiera sentido la piel de una chica, pero nada que ver, ese era un tema que conocía muy bien, pero la sensación que estaba experimentando con ella, no...

-Vamos, pecas, ya casi ganamos, tumba a Patty.

La animaba Terry, pues ya habían vencido a Archie y a Annie. Candy decidió hacerle cosquillas a Stear debajo de los brazos haciendo que inevitablemente soltara a Patty y ambos cayeron en el agua.

-No puedo creer que ganaran, una contra dos, increíble.

Se quejaba Annie.

-Es que ustedes no son contrincantes para nosotros, ¿verdad, pecas?

Dijo Terry que aún no se decidía a bajar a Candy.

-Eh... ¿Podrías bajarme ya?

-Sólo si me perdonas por el susto de hace un rato.

-¡No!

-Pues no te bajo.

-¡Dios mío! Eres insufrible.

-Y tú una pecosa orgullosa.

-¡Bájame!

-Aún no escucho que me perdonas.

Los otros chicos después de aburrirse por la tontería de esos dos, decidieron dejarlos solos y se fueron a sentar un rato y a comer otra vez.

-Está bien, tú ganas. Te perdono. ¿Ya estás contento? Ahora bájame.

-No quiero.

-¿Qué? Ya hice lo que me pediste, ¿cuál es el problema ahora?

-Que tienes que perdonarme de corazón y no de mala gana.

Candy no podía creerlo. A penas había pasado una hora si acaso de haberlo conocido y ya se había convertido en una piedra en el zapato.

-Querido Terry: Lo perdono, no tiene de qué preocuparse, ahora, ¿sería tan amable de bajarme, por favor?

Dijo Candy con voz suave pero cargada de sarcasmo y Terry tuvo que luchar para no reir. No sabía por qué le encantaba fastidiar a esa chica. Muy linda y con carácter, pensó.

-Okay, así está mejor.

Y Terry la bajó delicadamente para alivio de ella, pues estar en esa posición con él la había dejado un poco desconcertada y estaba un poco nerviosa. Cuando ella estuvo abajo, Terry le extendió la mano para acompañarla fuera del agua.

-No es necesario que me guies de la mano, conosco el camino...

A Terry no le importó la protesta y la tomó de la mano firmemente para que no pudiera soltarse y caminó con ella hasta la manta donde estaban los chicos.

-Veo que ya hicieron las pases.

Dijo Annie con una sonrisa maliciosa.

-Y mira que se ven muy bien juntos.

Añadió Patty.

-Sí, especialmente cuando no están peleando.

Comentó Stear.

-Así empiezan papá y mamá.

Remató Archie y Candy soltó la mano de Terry como si quemara, Pero Terry volvió a tomarle la mano, para sorpresa de todos que miraban todo divertidos y con ilusión de celestinos, pero Candy estaba realmente desconcertada por la actitud de ese chico. Aunque tener su mano entrelazada con la de él la hizo sentir cosas que no podía describir.

-Tengo frío.

Se justificó Terry con toda la tranquilidad del mundo, como si fuera lo más normal. Candy caminó a sentarse sobre la manta para tomar refresco y engullir un par de sandwiches, pero Terry no le soltaba la mano.

-Terrence, necesito que me devuelvas mi mano para servirme algo de beber y comer.

-Ah, si, claro.

-¿Quieres algo?

Preguntó Candy, pero su amabilidad fue genuina.

-Coca-cola, por favor.

Candy tomó dos vasos desechables y vertió la bebida con hielo, luego tomó un sandwich para ella.

-¿Quieres uno?

-¿Los preparaste tú?

-Sí y les puse cianuro, ¿por qué?

-Porque se ven deliciosos, quiero uno.

Contestó Terry dejándola sin argumentos. Ella le dio el sandwich con su vaso de refresco y se sentó al lado de él, pues no quedaba más espacio en la manta y aunque no lo admitiera, ya no le fastidiaba tanto su presencia, había algo en él que la atraía como un imán, lo que ella no sabía era que a él le pasaba exactamente lo mismo.

Continuará...

Hola niñas lindas! Pues aquí estoy como lo prometí, con otra historia cariñosamente para ustedes y como siempre, actualizándoles a diario. Espero que les haya gustado hasta aquí y que estén disfrutando de esta ambiente moderno en mi isla de Puerto Rico. Me dejan saber lo que opinan con un review.

Wendy Grandchester