Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 3 Desvelo y revelaciones

Los chicos siguieron disfrutando de su día de playa comiendo, entrando y saliendo del agua e inventando todo tipo de juegos. Terry nunca le soltó la mano a Candy, bueno, mientras estuvieron fuera del agua no. Ella no sabía a qué estaba jugando él, pero si pensaba que ella iba a derretirse como quinceañera en noviazgo de manitas sudadas, estaba equivocado. Candy no había ido allí a enamorarse, todo lo contrario, a no pensar más en el amor precisamente. Lo cierto es que en el momento de despedirse, cuando Terry soltó su mano, automáticamente experimentó una sensación de vacío, como si su mano se hubiera acostumbrado a ese calor, todo era tan absurdo y extraño, sintió miedo. Miedo a ilusionarse y salir lastimada, no caería así de fácil otra vez.

-Chicos, la pasamos genial, pero si no entramos ahora, mamá vendrá a buscarnos por las greñas.

Dijo Annie y los chicos a regañadientes se despidieron. Lo hicieron besando las mejillas de las dos hermanas, pues se conocían hacía un año ya, los padres de los hermanos y de Terry también eran dueños de villas ahí. Cuando Terry fue a despedirse de Candy, también le besó la mejilla, pero le había sostenido delicadamente el rostro para hacerlo, de repente todos pensaron que iba a besarla en la boca, incluso ella misma que había abierto los ojos como platos, le rozó ligeramente la mano y se fue junto con los otros dos.

-Uyyyyyyyyyy, huele a romance por aquí.

Dijo Patty haciendo el gesto de estar olfateando como un perro cuando los chicos se hubieron alejado y Annie comenzó a reir.

-Dejen las tonterías, chicas. Su amigo no me cae nada bien, bastante pesado que es.

Dijo Candy muy seria, pero por dentro estaba librando una gran batalla.

-No te cae bien, pero no soltabas su mano, pudiste haberlo puesto en su lugar porque carácter no te falta, pero no lo hiciste, ¿por qué?

Preguntó Annie maliciosa que le encantaba hacer de celestina.

-¿Por qué? ¿No te has dado cuenta lo necio que es? Tuve que usar la psicología inversa para poder tener un rato de tranquilidad.

Contestó Candy, pero ni ella misma se convenció de su argumento.

-Claro... y si no puedes con el enemigo, únetele, ¿verdad?

-¡Ya basta, Patty! ¿Es que todos se han propuesto arruinar mis vacaciones?

Gritó Candy realmente molesta y luego se arrepintió de su brusquedad. Sus primas no tenían la culpa de que su alma estuviera herida.

-Candy...

-Lo siento, chicas. No debí hablarles así, es que...

-Tranquila, Candy. Sabemos lo que duele una desilusión, lo hemos vivido.

Dijo Patty y su semblante se tornó totalmente sombrío al remover aguas pasadas. Y es que cuando uno se pone a sacudir el cajón de los recuerdos, son los recuerdos los que terminan sacudiendo a uno.

-Pero ya no hablemos de eso o terminaremos en alcohólicos anónimos.

Dijo Annie para liberar la tensión del ambiente y las tres chicas se dirigieron adentro para cenar y tomar un buen baño. Elroy las había sorprendido con papas majadas y costillas B.B.Q. con mazorca, el olor les nublaba los sentidos y el sabor las llevaba a la gloria, Candy adoraba estar con su tía. Después de que se dieran tremendo atracón, por turno se metieron a bañar. Cuando las tres estuvieron listas y con sus pijamas de Betty Boop cada una, pues Candy les regaló una a ellas también, cada una se acostó en las camitas twin size que habían en la habitación, pero no podían dormir, así que era el momento del desahogo entre chicas y Annie, que era la más resuelta de todas, fue la primera en romper el hielo.

-Chicas, sé que las desilusiones y los fracazos nos marcan y dejan huellas difíciles de borrar, pero no podemos amarganos la existencia y cerrarle la puerta a nuevas oportunidades. Yo pasé por una gran depresión también, no fue fácil que mi novio, el que tanto adoraba, con esa intensidad y magia del primer amor, decida dejarte de un día para otro y que en una semana lo veas con tu amiga, pero lo peor es que asistas a la misma escuela y tengas que ver ese cuadro todos los días y los comentarios crueles que se hacen a tus espaldas y de los cuales terminas enterándote tarde o temprano. Fue algo bien duro, Patty lo sabe, pues era la única que estaba a mi lado. Después de tres meses en los que me había demacrado bastante y llegué a estar hospitalizada por anemia, me pregunté si realmente valía la pena, que a mis quince años me haya tirado a morir de esa manera. Esa reflexión y la ayuda psicológica que me buscó mi padre me hicieron recuperar mi yo, hasta tuve el ánimo de planificar mis dulces diesciseis. Si yo pude, ustedes también pueden.

Candy escuchó el relato sin decir una palabra, pues nunca se había enterado de eso, ya que el verano anterior no las visitó, pues había conseguido un empleo de medio tiempo que ofrece el municipio de su pueblo a los jóvenes de catorce años en adelante durante el verano. Le hubiera gustado haber estado para Annie en esos momentos.

-Ya que nos estamos desahogando, supongo que es mi turno.

Dijo Patty armándose de valor y dando un fuerte suspiro.

-Pues en mi caso... Yo me enamoré perdidamente de mi mejor amigo, mejor dicho, siempre estuve enamorada de él, pero era un amor no correspondido, así que siempre me resigné a tener sólo su amistad. Nos teníamos una confianza infinita, yo podía confesarle un asesinato y él siempre estaba apoyándome. Las cosas cambiaron bastante cuando él tuvo una novia, una chica nueva que había llegado a la escuela, él se anamoró perdidamente de ella y obviamente yo terminé en un segundo plano, pero eso no me molestó, pues él estaba en todo su derecho de ser feliz con quien quisiera. Ella terminó rompiéndole el corazón y salió embarazada de otro chico. Fue un tiempo realmente duro para él, pues al igual que Annie, tuvo que lidiar con la presión y las burlas de todos sus compañeros. Yo, como su mejor amiga, estuve a su lado en todo momento, escuchándolo, aconsejándolo, en fin, diciéndole todo lo que él necesitaba escuchar. Pero hubo un día que fue a visitarme, un día como cualquiera que estábamos platicando hasta que de momento él se acercó a mí y sin más ni más, me besó. Yo estaba sorprendida, pero al mismo tiempo en las nubes, pues era como si de repente mi sueño se estuviera haciendo realidad, pero él se apartó de mí brusacamente como si hubiera caído en cuenta de con quién estaba. Me pidió una disculpa y salió casi corriendo de casa, dejándome confundida y sin poder moverme por un buen rato de donde estaba. Pocas veces lo vi después de eso, él me evitaba todo el tiempo, como si no soportara verme a la cara y luego decidió mudarse con su papá al área metro, supongo que fue para no tener que verme a mí.

Patty contó su historia con nostalgia y con los ojos aguados, Annie ya la conocía, pero no dejaba de conmoverla, pues su hermana sufrió mucho, se quedó sin su mejor amigo de la noche a la mañana, con el corazón roto y con el recuerdo de un fallido primer beso. Candy pudo sentir el dolor de Patty en su corazón, pero no dijo nada, ella no estaba en posición de aconsejar.

-Bueno, Candy, no te hagas la tonta y comienza a desembuchar.

Dijo Annie al ver que la rubia se quedaba como si con ella no fuera la cosa.

-Ya voy, chicas, es que me cuesta mucho hablar de esto, aún no lo he superado, supongo. No sé si recuerdan a Anthony, mi crudge desde la primaria. Yo siempre babeaba por él, pero él nunca me hizo caso y con el tiempo yo me olvidé de todo. Cuando entramos en el segundo año de High School, de repente comenzó a fijarse en mí y yo ni hablar, estaba caminando sobre nubes de algodón. Salimos varias veces, él llegó a visitar mi casa y a mis padres les caía bien, pues él era un perfecto adulador que sabía cómo ganarse la confianza de la gente. Empezamos una relación, yo no podía decir que no estuviera feliz, pues mi sueño se había cumplido, pero había ciertas cosas que no me gustaban o me hacían sentir incómoda, pues a pesar de su apariencia de niño dulce y educado, Anthony no tenía delicadeza ni tacto alguno. Si me besaba lo hacía como si el mundo se estuviera acabando y llegó a lastimarme los labios muchas veces, otras veces me apretaba el trasero y los pechos de una manera demasiado indecente y con brutalidad, yo ya no me sentía bien con él, pero no me animaba a dejarlo y quedarme sola como siempre. Un día veníamos del cine y en vez de llevarme directamente a casa, vi que se estaba deteniendo en un motel y me asusté. Sin preguntarme nada, entró su carro en el lugar y hasta le había pagado a la muchacha que atendía el lugar. Lo confronté y le dije que me llevara a mi casa y que no me acostaría con él, pero él fue bien necio y me tomó casi una hora convencerlo de que me dejara en paz, me sacó del lugar bruscamente por el brazo y casi me tiró al asiento del copiloto, estaba furioso por haberlo hecho perder los cincuenta dólares que costaba la habitación. Ni siquiera me dejó en la puerta de mi casa, sino en la esquina antes para no tener que dar la vuelta con el carro y yo llegué a casa empapada en llanto, suerte que era temprano y mamá y papá se encontraban en la sala, al yo entrar por la cocina sólo me escucharon llegar, pero no me vieron, así que no tuve que enfrentarme a sus preguntas. Al día siguiente fui a la escuela como se suponía y vi que Eliza me detenía, como si no quisiera que yo entrara, no entendía su actitud, así que la aparté de mala gana y entonces lo vi. Anthony estaba besándose en frente de todos con otra chica y me miraba con sus ojos llenos de burla. Fue lo más humillante que viví, fui el hazmereir por un buen tiempo, hasta que con el tiempo se fue olvidando el suceso, más cuando él se mudó a Dorado, pues sus padres se habían divorciado y tuvieron que vender la casa que tenían para dividir las ganancias.

Annie y Patty estaban boquiabiertas. Cuánto se habían perdido de sus vidas en ese verano que no compartieron juntas. Candy no pudo evitar llorar, ese recuerdo aún la afectaba y más porque hasta ese momento no se había desahogado con nadie, ni siquiera con Eliza había vuelto a tocar el tema. Sus dos primas y ella se fundieron en un gran abrazo de apoyo. Ya se habían sacado todo de adentro, se quitaron un gran peso de encima. Ahora tenían que seguir adelante, tiempo era lo que más tenían y a su edad, quedaba mucho camino por recorrer. Al par de horas que siguieron hablando y tonteando, finalmente el sueño las alcanzó y se despertaron casi al mediodía cuando Elroy fue a tumbarles la puerta para que fueran a almorzar. Después que se arreglaron, comieron y reposaron, se pusieron sus trajes de baño y al agua pato otra vez. Cuando llegaron no estaban solas, pues los tres chicos ya estaban ahí primero que ellas y estaban haciendo hot dogs y hamburgers en un pequeño grill a carbón que había llevado Terry.

-Hola chicas, como ven, esta vez nosotros trajimos la comida.

Dijo alegremente Stear con una espátula en la mano.

-Y además cocinaremos para ustedes.

Dijo Archie como si estuvieran haciendo la comida más elaborada del mundo.

-Pecas, si quieres ve por el cianuro, tu ingrediente secreto.

Porque el comentario de Terry no podía fallar, no señor.

-Cuando quiera asesinar un mandril lo tomaré en cuenta. Y por favor, quiero que recuerdes que me llamo Candice para tí, ¿está bien?

-¡Entendido! ¿Cómo te gustan los hot dogs, pecosa?

-Grrrrrrr. Me voy. Lo siento chicas, pero no soporto a éste.

Dijo Candy señalando a Terry con fastidio. Se quitó el pareo que tenía y se fue directamente al agua, cuando ya el agua le llegaba al pecho sintió que alguien estaba detrás de ella.

-Hola, pecas.

Dijo Terry asustándola nuevamente y haciendo que casi se cayera.

-¡Tú otra vez!

-¿Esperabas que fuera alguien más, pecosa?

-¿Es que no tienes a nadie más a quien fastidiar, por qué no te vas a otra parte?

-Porque no hay otra chica con pecas en todo el lugar y además, tengo calor y quiero refrescarme aquí.

Respondió con toda su prepotencia.

-Pues que la disfrutes, la playa es toda tuya.

Candy comenzó a caminar decidida a irse pero por más pasos que daba no avanzaba a ninguna parte porque Terry la había sujetado firmemente por un brazo.

-No te vas, ni lo sueñes.

-¡Já! Observa como lo hago.

Respondió ella safándose bruscamente de su agarre, pero no había dado ni dos pasos cuando sintió que volaba por los aires porque Terry la había cargado y la había lanzado al agua junto con él.

-¡Imbécil!

Le gritó cuando consiguió ponerse de pie.

-¿Imbécil? ¿Escuché bien?

-¡Sí! Eso es lo que eres.

-Discúlpate.

-¿Qué? jajajajaja. Lo haré cuando la estatua de Colón baje el dedo.

-Si no te disculpas ahora, haré que lo hagas a mi modo, pequitas.

-No voy a pedirte ninguna disculpa y pequitas será tu abuela, piérdete.

-Tú lo has querido. No digas que no te lo advertí.

Escuchó Candy y luego sintió unos labios devorando los suyos con agilidad. No podía respirar, ni siquiera supo en qué momento él se le acercó, sólo supo que no podía soltarse, él no la dejaba, la tenía bien sujeta de la cintura y no tuvo compasión alguna de ella.

-Eh... chicas, ¿están viendo lo mismo que yo?

Dijo Archie y las chicas y Stear rápido miraron hacia el agua. Los ocho pares de ojos querían salirse de sus órbitas.

-Creo que Candy ya está superando su desilusión.

Dijo Annie riendo.

-¡Y de qué manera!

Exclamó Patty, mientras que Stear y Archie lanzaban silvidos y gritaban para abochornar a la parejita.

-No vuelvas hacer eso. ¡Nunca!

Dijo Candy recuperando el aliento después que Terry se dignara a soltarla cinco minutos después.

-No te prometo nada.

Contestó arrogante y riendo por su diablura.

-No sé qué te has creído, pero si te ocurre hacer eso de nuevo...

Otra vez la boca de Terry invadía la suya silenciando todo su argumento. Después de unos minutos la liberó nuevamente.

-Ya lo hice otra vez, ¿cuál es mi castigo?

-¡Estúpido!

-Me has insultado por segunda vez. Discúlpate o ya sabes...

-¡Vete al diablo!

-Eres mazoquista.

Otra vez el mismo espectáculo, sus primas y los otros chicos sólo necesitaban una funda de palomitas, pues la película estaba muy interesante. Terry volvió a besarla, pero con más intensidad y ella dejó de luchar, ya no más. Era algo que nunca hubiera hecho en su sano juicio, pero el problema era que esos labios ya la habían hecho perder el juicio hacía rato. Sólo que ella no iba admitirlo, no por ahora. Terry finalmente la soltó y le dio una sonrisa retorcida, dando a relucir toda su arrogancia. Ella estaba desconcertada, totalmente ida.

-¿Te encuentras bien, pecas?

-Déjame en paz.

Le dijo secamente y salió del agua hecha una furia. Terry reía con burla.

-No vas a escapar de mí, pecosa...

Pensó Terry. Algo de ella lo atrapaba y estaba decidido a averiguarlo.

Continuará...

Hola! ¿Qué les pareció este capítulo? Tan impulsivo siempre el Terryto. La pecosa no quería enamorarse, pero si es así va por muy mal camino, ¿no creen?

Bueno, espero sus reviews.