Amor de verano
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 6 Enamorándose
Una semana ya había pasado desde que Candy decidiera darle una oportunidad a Terry. Habían pasado los días más maravillosos de sus vidas. Ella sonreía otra vez y sus ojos volvían a tener luz. Terry le daba todo el cariño y la ternura que no soñó jamás. Era apasionado, pero con ella tenía una delicadeza admirable. Ella era su flor y la estaba cuidando. Terry conocía cuando estaba triste o nostálgica y su mirada se volvía sombría, cuando estaba feliz y su sonrisa era capaz de opacar el sol en pleno verano, cuando estaba molesta, era mejor correr, pero cuando se dejaba amar...ella era simplemente lo mejor que podía haberle ocurrido. Aunque él no se lo había dicho, tenía planes con ella, quería un futuro a su lado, pero era demasiado pronto, su alma aún estaba sanando y él no quería asfixiarla y tirar por la borda todo lo que había logrado.
-Candy, sinceramente te deseo que puedas ser muy feliz, sé que es muy rápido aún, pero Terry vale la pena, no lo pierdas.
Le decía Patty a la rubia, pues el cambio en su actitud y su rostro había dado un giro de sesenta grados. Terry en diez días la había traído de vuelta.
-¡Chicas, chicas! Póngase lindas, tenemos una cita.
-¿De qué hablas, Annie?
Preguntó Candy riendo cuando su prima entró en la habitación como un rayo.
-Vamos a pasear con los chicos. Ya mami dijo que sí.
-¿Y a dónde iremos?
-Pues a todas partes, Candy, vamos a chinchorrear por todo Cabo Rojo. A comer, a gastar, a comprar chucherías, tal vez a bailar, que más da. A conquistar el mundo, pues.
-No le hagas caso, Candy, ella se emociona demasiado por todo. Pero en algo tiene razón, tenemos que ponernos hermosas. En especial tú.
Dijo Patty y las tres se dirigieron a buscar sus ropas que por cierto tenían tremendo reguero y aún no se decidían, pues una cosa era salir solas y otra muy diferente con los chicos, tenían que dejarlos muertos de la impresión. Por turno, todas se bañaron, entre ellas se pintaron las uñas de manos y pies, se alizaron el pelo con la plancha y se maquillaron. Después de casi tres horas las tres estuvieron listas. Candy se había puesto una minifalda de jean de azúl oscuro casi negro, se puso una camisa de algodón con las mangas hasta los codos y cuello de tortuga, pero que dejaba todo el abdomen afuera, como la mayoría de sus camisas, sólo que ésta, a pesar de lo sensual que era, también era elegante, de un color lila y se puso unas plataformas blancas, le gustaban las plataformas porque eran altas, pero más cómodas que los tacones de punta de aguja que solían quedarse encajados en los huecos de las aceras y las escaleras eléctricas. Se había dejado su pelo suelto, que al llevarlo lizo era más largo, llegándole casi a las nalgas. Como su camisa tenía mangas largas y cuello alto, no requería de muchos accesorios, así que sólo se puso unos aretes del mismo tono de la camisa. Su maquillaje en los ojos era con sombras en diferentes tonos de morados, haciendo contraste con la camisa. Se puso delineador, rimel, rubor y lipstick en un tono rosa que tiraba para violeta según le diera la luz. Estaba realmente sexy y hermosa.
-Wow, si lo que quieres es provocarle un infarto a Terry, vas a conseguirlo, estás divina.
-Gracias, Annie, tú no te quedas atrás, eh.
Le contestó Candy humildemente, pues Annie era bellísima también. Se había puesto un jean blanco ajustado con algunos desgarres en los costados. Una blusa strapless estampada de diseños florales y de la cual sobresalía mucho el rojo. Se puso unos tacones rojos que hicieran contraste con la blusa. Como maquillaje, en sus ojos combinó sombras en un rosa oscuro casi rojo y blanco, delineador y rimel y lipstick rojo y rubor. El pelo también lo llevaba lizo y se puso una banda roja que en el lado tenía una enorme flor blanca. Sus accesorios eran rojos, consistían en un collar simulando perlas y con sus aretes a combinación y una pulsera. Estaba lista para matar, pobre Archie.
-¿Y yo cómo me veo?
Quiso saber Patty que se había esmerado en su arreglo como nunca.
-Pero que clase de pregunta. Te ves fabulosa, como siempre.
Dijo Annie.
-No tienes que envidiarle nada a nadie, estás de revista, prima.
Contestó Candy, pues Patty se había puesto un pantalón corto negro de vestir en polyester que le llegaba a mitad de los muslos y le permitían lucir sus bien torneadas piernas. Lo combinó con una blusa de seda un poco transparente negra con puntitos blancos y se puso unos tacones negros al igual que sus accesorios. En sus ojos llevaba sombra en tonos oscuros, que por su blanca piel le quedaba muy bien, rimel y delineador, un poco de rubor y lipstick rojo. Las tres chicas podían hacer llorar a las Kardashian.
-¡Wow! ¿Podrían darme su autógrafo, por favor?
-¡Tía!
Dijo Candy sonrojándose.
-Están fabulosas, las tres. Cuídense, pórtense bien y no hagan nada que yo no haría...
-¡Mamá!
Contestaron Patty y Annie con fastidio y Elroy reía, sabía que esa cantaleta las molestaba. Al rato escucharon unos autos acercándose a la casa.
-¡Llegaron!
Gritó Annie casi dando saltos de alegría. Los tres chicos bajaron de sus autos y se dirigieron a la casa para saludar a Elroy que ya los conocía y habían estado antes en la casa y para llevar a las chicas hasta el auto como todos unos caballeros.
-Buenas tardes, Elroy.
Saludaron los tres dándole un beso a la mejilla, pero cuando fue el turno de saludar a las chicas y vieron como estaban de hermosas, se quedaron sin habla. En especial Terry, pues Candy estaba mostrando mucho y él de pronto vaciló con la idea de pedirle que se tapara un poco más, pero lo dejó pasar.
-Candy estás... increíble. Muy bella en verdad.
-Gracias, Terry. Tú también te ves bien cool.
Terry se había puesto un jean azúl oscuro con una camisa de vestir manga larga negra, la llevaba por fuera, con unos zapatos de vestir negros con un adorno de metal en la parte de arriba, su pelo lo llevaba suelto y muy bien peinado con gel, le llegaba casi a los hombros, se veía arrebatador, no cabía otra palabra y Candy se quedó con la boca seca al verlo. Terry era un Adonis. Archie se había puesto un jean azúl y una camisa de vestir roja manga larga, la que también llevaba por fuera y sus zapatos eran rojos también y de la última tendencia de la moda, siendo un poco metrosexual como era, se puso de acuerdo con Annie para combinarse con ella. Stear por su parte se había puesto un jean negro con un sueter blanco de cuello alto y zapatos blancos también. Esos tres torcían muchos cuellos dondequiera que fueran, y estando ahora los seis, ni la alfombra roja de los Oscar tendría tanto glamour como ellos.
-Bueno, ya nos vamos. Hasta pronto, Elroy.
Se despidieron todos y salieron a llevar a las chicas a sus asientos. Candy se quedó impresionada con el auto de Terry, pues era muy acuerdo a su personalidad, un Mustang GT amarillo, con tremendos aros, imponente. Los hermanos tenían un Honda Accord gris último modelo y ahí irían ellos con las dos hermanas.
-Pecas, estás preciosa, ¿lo sabías?
Dijo Terry cuando ya se encontraban en camino, habían salido sin rumbo fijo, pues recorrerían el mismo pueblo y se pararían en todos los sitios que les llamara la atención. La mayoría eran pequeños puestos donde podías adquirir gafas, joyas hechas a mano, carteras, pulseras, accesorios para celulares, camisetas, chancletas y ropa tipo gitana. Y claro, muchos restaurantes y puestos de comida típica o mariscos.
-Mmm... me tardé tres horas arreglándome, así que más te vale que te guste.
Le dijo divertida.
-Sólo espero que ningún imbécil se te quede mirando porque voy a partirle la cara, sea quien sea.
-¡Terry! Ni se te ocurra hacer un espectáculo en ninguna parte, además, no puedes controlar a todo el que mire, a ti también te miran, ¿qué mujer en su sano juicio te pasaría por alto?
-No lo sé, sólo sé que a tí no quiero que te miren. Debiste ponerte algo más tapadito.
Candy suspiró profundo. Empezaba a descubrir el carácter posesivo de Terry.
-Triste es tu caso, Terry. Así es como me gusta vestirme.
-Y a mi también me encanta, pero... ¡bah! No quiero que te miren y punto.
-Terry, si me miran que más da, es contigo con quien ando.
-Es verdad, andas conmigo. Y no pienso soltarte en ningún momento, pues nunca falta el idiota que no respeta aunque vean que la chica no está sola.
-No te preocupes, no voy a separarme de ti ni un segundo, tampoco quiero tener que dejar calva a ninguna estúpida.
Ambos rieron. Terry no pudo resistir darle un beso. Aprovechó que el semáforo estaba en rojo y le dio un beso intenso y tuvo que parar porque Candy se había girado quedando casi encima de él y con la poca ropa que tenía, sumado a la sensación de los pechos de ella sobre el pecho de él, no iba a traer nada bueno y él no quería asustarla. Llevaban muy poco tiempo, pero él era un hombre y tenía instintos, que controlaba bien, pero tenía límites. El semáforo cambió y él se concentró en el volante nuevamente con una mano y con la otra había entrelazado la de Candy.
-Terry, párate ahí.
Le dijo Candy señalando un puesto de joyería y accesorios hechos a manos. Terry maniobró hasta encontrar un buen lugar para estacionar el auto, luego le abrió la puerta a ella y se dirigieron al kioskito.
-Buenas tardes, señora.
Saludaron a doña de unos cincuenta años que atendía el puesto. Candy vio varios aretes y pulseras que le llamaron la atención.
-¿Puede mostrarme estos dos de allá?
-Claro, niña. Raúl, muéstrale esos aretes a la señorita.
Dijo la señora a su hijo que estaba junto a ella para que le alcanzara los mencionados aretes que estaban en un tablillero un poco alto para ella que era muy bajita. Cuando el chico de unos diesciocho o veinte años reparó en quién era la señorita, se le secó la boca y se quedó impresionado mirándola de arriba abajo, no en un gesto vulgar, sino con la cara de cuando vez a alguien despampanante sin estarlo esperando. Se quedó mirando fijo el piercing del ombligo de Candy y luego subió la vista a sus nada humildes pechos, que eran muy bien proporcionados y erguidos.
-Aquí están, ¿se los lleva?
Preguntó el chico mirándola embobado, pero Candy que seguía mirando más artículos entusiasmada, no se estaba dando cuenta de eso, pero Terry sí y estaba a punto de perder toda la pasiencia.
-Sí. Y también me gustaría ver esa cartera de allí y ese collar que está allá, el de la tortuguita.
-Este collar es muy bonito, lo piden mucho. A ti te debería de quedar hermoso, por el color de tus ojos...
Le dijo el muchacho y Candy le sonrió por el halago.
-Voy a llevármelo todo. ¿Cuánto es?
-Son treinta dólares, contestó el chico mientras le ponía las cosas en una funda.
-Aquí tiene, gracias. Candice, vámonos.
-Caballero, su cambio.
Gritó la señora, pues Terry le había dado dos billetes de veinte dólares.
-Quédese con él.
Dijo Terry y se llevó a Candy rápidamente hacia el auto. Cuando estuvieron adentro, Candy notó que Terry estaba muy serio, más bien, estaba molesto, con la mandíbula apretada y con los ojos que echaban chispas.
-Terry... ¿Qué te pasa?
-Nada. ¿A dónde quieres que te lleve ahora?
-Pues con esa cara que tienes ahora, no se me ocurre ir a ninguna parte.
-¿No te gusta mi cara?
-Cuando estás molesto sin ninguna razón, no.
-¿Y la cara de aquél imbécil si te gustó?
Dijo Terry molesto, deteniendo el auto de golpe en un lugar apartado.
-¿Qué? No te entiendo.
Le contestó confundida.
-¿No será que no quieres entender?
-Terry, ¿se puede saber qué diablos te picó ahora?
Ahora ella estaba molesta. Y hecha un lío porque no tenía ni la más mínima idea de lo que hablaba Terry.
-"Este collar es muy bonito", "a tí te debería de quedar hermoso", "por el color de tus ojos". ¿Crees que no me di cuenta de cómo te miraba el chinchorrero aquél?
-Terry, por el amor de Dios, ese es su trabajo, sólo estaba siendo amable.
-¿Siendo amable? ¿Ser amable implica desnudarte con la mirada como lo hizo él? Además, vi cómo le sonreiste.
-No me di cuenta... no me fijé que estaba mirándome...
-Ah, menos mal que no, porque sino hasta te hubiera pedido tu número de teléfono.
Terry estaba furioso y estaba sacando todo su sarcasmo.
-Terry, yo no tengo la culpa de que me miren, no puedo controlar los ojos de la gente, y además...
-Que le de gracias a Dios que estoy de buenas porque sino le hubiera hecho tragar...
-¡Ya basta, Terry! Con quien ando es contigo. ¡Que me miren! A mi sólo me importa que me mires tú. Me arreglé sólo para tí.
Le gritó Candy igual de molesta que él, aunque por dentro se sintió feliz de que él la celara, eso quería decir que ella de verdad le importaba, pero su actitud la estaba fastidiando. El semblante de Terry cambió por completo por las palabras de ella. Bajó sus revoluciones y se calmó.
-Lo siento. No quise molestarte, pero de verdad no me gustó como te miraba. Estás muy linda, pecosa.
-Está bien, no hay problema.
Terry le tomó la mano y se le acercó para besarla, pero dudaba un poco, ella fue acercándose también, como confirmándole que podía y él dio un beso ardiente, deshizo todo su coraje con sus labios.
-Perdóname, pecas. No pude evitarlo. No me gusta que te miren así...
Le decía Terry sin dejar de besarla y ella se sentía en las nubes. Los besos de él le despertaban todos los sentidos y lo besaba con la misma pasión que él, se giró más hacia él para besarlo de frente, mas cómoda, quedando casi encima de Terry. El puso sus manos en su cintura desnuda y llegó hasta su ombligo donde empezó a juguetear con la fresita de su piercing y ella se estaba derritiendo por dentro, el contacto de sus dedos la quemaban, él la tocaba con delicadeza y no con la brutalidad que había experimentado con Anthony. Terry le estaba deborando los labios y entrelazaba su lengua con la de ella con maestría. Ella sin darse cuenta se había sentado sobre él y por instinto separó un poco las piernas para quedar cómoda. Terry siguió acariciando su barriga desnuda y fue ascendiendo hasta sus pechos y no pudo evitar tocarlos, pero la manera en que lo hizo no alarmaron ni asustaron a Candy, al contrario, ella no sabía por qué, pero Terry no le daba miedo, con él siempre se sentía segura. El beso fue subiendo cada vez más de tono y Candy que estaba sentada encima de él, practicamente a horcajadas, pudo sentir que estaba muy excitado. No paró de besarla y sus manos ya se encontraban recorriendo sus piernas y muslos y las caricias hicieron que el cuerpo de ella reaccionara, retorciéndose encima de él y más cuando Terry le había apretado el trasero e intensificó el beso. Pero la cordura llegó a Terry de golpe, recordando dónde estaba y que con ella las cosas no podían ser así. Con ella el quería tomarse su tiempo. Que ella perdiera todos sus miedos y confiara plenamente en él. No sabía si ella había tenido alguna mala experiencia en ese sentido, pues aún no se había abierto a contarle su historia y él no quería presionarla. Además no quería que un momento tan especial se diera en su coche en plena calle, aunque el sitio fuera apartado y no hubiera ni un alma alrededor. Poco a poco la fue soltando. Ambos estaban con la respiración agitada. Candy se volvió a su asiento y se acomodó el pelo y la ropa.
-Discúlpa si te asusté, pecas...
-No, Terry... ahora sé que esas cosas también pueden disfrutarse si lo haces con la persona correcta. No te sientas arrepentido porque yo no lo estoy. Me gustó mucho...
Terry se sintió feliz con esa declaración, pero algo en lo que dijo le hizo sospechar que había experimentado algo malo en ese aspecto. Tal vez aquél idiota le hizo algo que... tenía que preguntarle o moriría.
-Pecas, ven aquí un momento.
Terry le hizo señas para que ella se sentara en su regazo y ella lo hizo.
-Dime, mi amor.
Terry se emocionó, por primera vez se refería a él como amor y no simplemente por su nombre, así que eso le dio más confianza para continuar.
-Quiero preguntarte algo y me gustaría que me contestaras la verdad.
-Está bien...
-Primero, ¿confías en mí?
-Sí...mucho...
-Bien. Quiero saber si alguien te ha lastimado, en contra de voluntad... en fin, ¿alguien te ha tocado sin que tú lo desees?
Candy bajó la vista y se le aguaron los ojos. Terry le levantó el rostro y la miró con ternura y comprensión, pero también la rabia se comenzaba apoderar de él de sólo pensar que le hayan hecho daño de esa manera.
-Es que... sí.
Contestó llorando y Terry la abrazó fuerte con la mandíbula apretada por la impotencia.
-No tienes que darme los detalles, sólo...
-Pero quiero hacerlo... Voy a contártelo...
Candy se armó de valor y le relató todo lo sucedido con Anthony aquella noche que la llevó al motel, pero a él dio todos los detalles, no se lo contó por encima como hizo con sus primas.
-Lo único que no hubo fue una penetración, pero en verdad me lo hizo pasar bastante mal. La forma en que me tocó, la brutalidad con la que me trató cuando me negué, fue horrible, pensé que no iba a poder librarme de él, estaba actuando como un verdadero animal. Sólo cuando lo mordí me soltó dándome un fuerte empujón que me hizo chocar con la cómoda haciéndome un moretón que me duró una semana completa en el costado.
Ante ese relato, Terry no podía describir su coraje. Hacerle algo así a ella. Tan inocente, delicada y frágil. Una chica hermosa que era pura ternura. Ahora él entendía el porqué de tanta amargura y desconfianza. Le habían arrancado toda la ilusión de cuajo, la habían humillado y mancillado. Maldijo mil veces al tal Anthony y nada deseaba más que poder encontárselo un día.
-Ya, pecas, no llores más. Nadie va hacerte daño ya. Yo voy a cuidarte con mi vida. No importa el tiempo que tenga que esperarte, cuando estés lista y lo desees, pasará. Por el momento me conformo solamente con tenerte a mi lado y ayudarte a olvidar todo ese dolor.
Candy lo abrazó fuertemente y él le correspondió.
-No me falles, Terry. Estoy confiando en tí. Por favor, no me defraudes, porque quiero ser tuya completamente algún día, quiero que me borres todas las huellas de esas manos que me lastimaron, aunque no sea hoy, ni mañana, quiero que lo hagas, no quiero rastros de él sobre mi piel. Sólo quiero que sean tus manos las que se queden grabadas en mi cuerpo, quiero que sólo tú me toques, así que por favor, no me falles.
-No voy a fallarte nunca, te lo prometo. No voy a perderte por nada del mundo. Tú ya eres mía. Lo fuiste desde el primer día que te vi. Pronto, cuando tú me lo permitas, voy a demostrarte todo lo mía que eres. Verás lo hermoso que es la entrega cuando se ama de verdad. Vas a ser mía por siempre, cuando estés lista, princesa.
Terry la besó tiernamente cuando le dijo eso y le secó las lágrimas. Estuvo un rato así abrazándola con ella en su regazo. Después de un rato Terry sacó su celular y llamó a Stear para saber dónde estaban y encontrarse con ellos para comer. En media hora estuvieron en el Restaurant El Gato Negro donde ya los hermanos y las primas les habían guardado sus lugares.
-Buenas noches, chicos. Mi nombre es Cynthia, voy a ser su mesera, aquí están los menús, cuando estén listos para ordenar me avisan, estaré aquí cerca.
Les dijo una amable y joven mesera, un poco llenita, pero con una linda sonrisa. Los chicos se pusieron a mirar el menú rápido, realmente hacía hambre.
-Yo voy a pedirme un mofongo relleno de camarones en salsa.
Dijo Patty.
-Mmm mofongo, hace tiempo no me como uno, yo voy a pedirlo con pechuga de pollo al ajillo.
Dijo Annie con la boca hecha agua.
-Pues yo voy a pedirme un mofongo también, con churrasco.
Dijo Candy contenta.
-Bueno, ya que las chicas quieren mofongo, a mi también se me antojó uno. Me lo pediré con carne frita.
Dijo Stear.
-Pues yo, pediré el mío con mariscos mixtos, se ve genial en esta foto.
Dijo Terry que también se le había despertado el deseo de ese exquisito plato boricua.
-Yo quiero el mío con bistec encebollado.
Dijo finalmente Archie y le hicieron el pedido a la mesera. A la media hora de estar conversando alegremente y haber degustado el aperitivo mixto que consistía en bacalaítos, sorullos de maíz, queso frito con cascos de guayaba y alitas de pollo de fritas, llegó la mesera con sus platos y sus bebidas.
-Dios, esto sabe a gloria.
Comentó Patty y todos estuvieron de acuerdo. Habían pedido una piña colada sin alcohol cada uno, que estaba deliciosa. Cuando hubieron terminado la comida, se pidieron otra ronda de piña colada y veinte minutos después pagaron la cuenta y se marcharon. En una hora, los chicos ya estaban dejando a las chicas en su casa. Candy se quedó un rato con Terry en el auto y conversaron un rato más.
-Hasta aquí por hoy, pecas.
-No quiero que te vayas.
-Pero ya es tarde y no está bien, no quiero perder la confianza de tu tía. Ve a dormir, pecas y piensa mucho en mi.
Le dijo Terry y la besó. Candy y las chicas se dieron un baño y después de haberse contado todos los lujos de detalles de su noche se durmieron, bueno, las hermanas se durmieron, porque Candy sólo pensaba en Terry y en todo lo que sucedió esa noche, en especial cuando ella le contó su historia y las palabras y promesas que él le hizo. Lo de ser suya era lo que más le rodaba en la cabeza. Finalmente el sueño la venció.
Continuará...
Hola, chicas. ¿Les gustó este capítulo? Ya nuestra pareja está avanzando y Candy ya no está tan arisca. Está abriendo su corazón y se está dejando querer, awwww! También van a conocer los avances de Patty y Annie con los hermanos. Pero como saben, no se crean que todo será color de rosas, las parejas pasarán por conflictos y situaciones también, pero todavía no. La historia se está desarrollando en Puerto Rico, así que si tienen dudas con alguna palabra o término, me avisan que yo les aclararé todo. Aquí se usan mucho los anglicismos, ya casi lo que hablamos es spanglish, así que si se me escapó algo que no entendieron, me lo dicen.
Hasta pronto, niñas lindas,
Wendy
