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por sus comentarios en el capítulo anterior.
Capitulo 3
No me lo esperaba
Un aturdidor silencio se mantenía en la distancia. Alejó el teléfono para verificar que aún la llamada siguiera en curso y volvió a escuchar con atención. Un leve quejido se escuchó del otro lado haciéndola sobresaltar.
-¡Hija! ¿Dónde estás? ¿Cómo estás? ¡¿Que has hecho?! - los sollozos contenidos de la mujer se hicieron notar al otro lado.
-Mami discúlpame – Era inevitable que se sintiera culpable por el sufrimiento que le estaba provocando a su familia.
-¿Cómo éstas? ¡¿En dónde estás?! - repitió encolerizada. - ¡Tu padre está desesperado buscándote por toda la ciudad!. -
-Tranquila ma, estoy bien, estoy en Tokio - intentó sonar calmada. Pero la verdad es que estaba al borde del llanto. ¡Si supieran cuánto extrañaba su casa! ¡Lo sola que se sentía!. Quería compartir por lo menos con su madre la felicidad de su triunfo. Que se alegrara por su felicidad, pero en vez de eso recibió todo lo contrario.
-¡En Tokio! ¿Qué estás haciendo alla? - sus frias respuestas, más como un regaño, estaban provocando que quisiera huir de la conversación.
-Vine a una audición y quedé seleccionada, tengo dónde vivir y una beca asi que no tienes de que preocuparte. -
-¿De que estás hablando? - preguntó incrédula la mujer al otro lado - ¿Y tus estudios? Michiru, aún no acabas la escuela ¡Te queda medio año para terminar! - Michiru se llevó la mano libre al pecho. Sentía una profunda opresión que apenas la dejaba hablar. - Hija por el amor de Dios vuelvete. - dijo bajando el tono de su voz.
-Lo siento, pero no lo haré. Ésto es lo que realmente deseo, tu lo sabes ma. - hacía uso de toda su fuerza para que sus palabras sonaran firmes.
-Tu padre no puede más del dolor y la desesperación. ¿Tienes idea del daño que nos estas causando? -
-Lo siento. - apretó los ojos con fuerza agachando la cabeza escuchando cada uno de los reproches.
-No hija, las cosas no se solucionan con un lo siento, no deberías haberte ido. Mucho menos de la forma en que lo hiciste. No quería darle la razón a tu padre, el siempre ha dicho que tu pasión a la música sólo nos traería problemas. - Aquellas palabras volvieron a hacer nacer en ella aquella fuerza extraordinaria que despertaba su pasión por lo que más amaba.
-Sólo quería que supieran que estoy bien, no esperaba que me entendieran. - Pensó en voz alta sin deseos de continuar.
-Dime dónde estás. - exigió – Me da miedo que pueda sucederte algo. Estás sola. ¡Eres tan pequeña!
-Ya te lo dije. Volveré a llamar quédense tranquilos que estoy bien. Adiós. - Con un dolor sofocante en su pecho colgó sin decir más nada. Apretó el aparato con fuerza entre sus manos. Sus lágrimas fluían sin control por sus mejillas. Jamás hubiera esperado que su madre le hablara de aquel modo. Sabía que había obrado mal, pero esperaba que al menos ella entendiera de que lo que estaba haciendo era por su felicidad. No quería creerlo. Se acostó sobre su cama sollozando en silencio. El teléfono comenzó a sonar. Observó que la llamada entrante era de su casa y no quiso atender. Rechazó la llamada y lo apagó. Lo que menos necesitaba en aquel momento eran más regaños. Se tendió boca arriba para observar el techo. Era blanco. Liso y al igual que las paredes estaban vacías. Le costaba comprender todo lo que había sucedido en tan poco tiempo. De un momento a otro su vida había dado un giro casi imposible de creer. Suspiró y terminó de secar sus últimas lágrimas. Debía pensar en su futuro. Debía hacer que aquel sacrificio valiera la pena. Perdió su mente en el blanco hipnotizante y comenzó a dormirse lentamente.
Horas más tarde despertó un tanto confundida. No alcazaba a distinguir si todo lo que había vivido era una fantasía o realidad. Se frotó los ojos con fuerza y observó a su alrededor sin moverse. Las estrellitas nocturnas brillaban por su ausencia en aquel frío techo. Todo era cierto. Aún le costaba creerlo. Se estiró con pereza y volvió su vista hacia la ventana, caminó hacia ella. El día estaba hermoso para un paseo al aire libre. A pesar de que sus animos no se encontraban en lo más alto quiso salir a conocer. Salió de su cuarto para consultar la hora al reloj de la entrada. Esperaba encontrar a alguna de sus compañeras pero no fue así. Tomó sus llaves y se dispuso a dar un paseo. Esperaba por lo menos conocer los alrededores.
En la recepción una joven de cabello cobrizo le entregó a pedido suyo la dirección exacta del lugar para no tener problemas en volver.
-Son casi las seis, pronto oscurecerá, así que te aconsejo que no te alejes demasiado. Debes estar aquí antes de las 20.30. Y por seguridad debes dejarme la copia de tus llaves. - dijo la chica con una encantadora sonrisa.
-De acuerdo. - correspondió el gesto y tomó el papel. - ¿Me recomiendas algún sitio por aquí? Sólo necesito distraerme un rato.
-Si sigues derecho hacia la izquierda, te encontrarás con el río de Meguro, es un hermoso lugar, te encantarán los cerezos que lo bordean. -
-Me parece una excelente idea. Muchas gracias. - Le dijo para luego salir. Emprendió camino a conocer aquella tarde un poco del vecindario donde viviría los próximos días. Al avanzar comenzó a notar que se encontraba en un barrio residencial de categoría. Observaba maravillada las enormes casas de la zona. Era un barrio al parecer tranquilo. Y muy hermoso, con veredas un tanto amplias arboles adornando las calles y poca circulación vehicular. Momentos después sin darse cuenta llegaba al dichoso río. Era una vista muy agradable, el agua pasaba calmadamente, las ramas de los cerezos caían distraidamente al otro lado de las vallas. Caminó hacia uno de los puentes y apoyó sus codos sobre el barandal. Era exactamente lo que su mente necesitaba. Bajó la vista y fijó su atención en el agua que crepitaba tímidamente a pesar del murmullo que se sentía alrededor. Se sentía mucho más tranquila y segura de si misma. Nuevamente la había invadido esa confianza, aquella fuerza que la había impulsado a llegar allí. El sol tenía la intención de esconderse, una sonrisa de dibujó en sus labios al notar como el astro se despedía de ella con tonalidades anaranjadas en el cielo. Siguiendo el concejo de la recepcionista, se dispuso a volver hacia la residencia. No quería que la noche la encontrara aún en la calle. Siguió con la mirada el reflejo del sol hasta que se perdió. Caminaba tranquila por la avenida que sabía debía regresar, contemplando el hermoso cielo cubierto de estrellas cuando un grito a sus espaldas la hizo voltear asustada, un pastor alemán pasó corriendo a su lado seguido por el que parecía ser su dueño. El niño intentaba llamar su atención a los gritos. Michiru se sobresaltó cuando pasó a su lado y la empujó haciéndola retroceder.
-¡Oye! - le dijo al notar que el niño corría hacia la calle. El rugido de un motor a lo lejos hizo que su corazón se detuviera. Una brillante luz se acercaba a toda velocidad cuando el pequeño cruzaba la calle. - ¡Cuidado! - gritó. El chillido de la frenada sobre el asfalto aturdió sus sentidos, la motocicleta derrapó sobre el pavimento aventando al piloto unos metros atrás. El chico paralizado sujetaba a su perro sentado en el medio de la calle. Michiru corrió hacia él.
-¡¿Cómo puedes cruzarte asi?! - El pequeño la observó con los ojos llorosos. - ¡Vete a tu casa! Has sido muy imprudente. El asintió nerviosamente, tomó a su perro por el collar y luego de musitar un "lo siento" se alejó a toda velocidad de allí. Volteó a ver al piloto que estaba intentando incorporarse. Corrió hacia el asustada. - ¿estás herido? - dijo tomándolo del codo para ayudarlo. -
-No, estoy bien. - alcanzó a escuchar a través del casco. El piloto se lo quitó para poder verla mejor. Los ojos profundamente azules de la chica la observaban fijamente - No te preocupes, en verdad estoy bien. -
-Déjame ayudarte. - dijo ella extendiéndole la mano. -
-Gracias – aceptó y se puso de pie. - De verdad no fue nada, solo un pequeño golpe. - el gesto de preocupación en la mirada de aquella chica le dibujo una sonrisa. - De verdad, he tenido accidentes peores. -
-Si tu lo dices, te creeré. - Respondió poco convencida. El chico comenzó a caminar cojeando hacia su moto y suspiró un tanto fastidiado.
-Te duele mucho la pierna, quizás debas ir al médico. - sugirió siguiéndole los pasos.
-Oh no, mi bebé. - gimió ignorándola al ver el estado en que había quedado el vehículo. - ¿Te has hecho daño preciosa?. -
-No, yo estoy bien. - respondió la joven violinista sin saber muy bien por qué. El muchacho volteó a verla. Aquella sonrisa nerviosa lo hizo volver a la realidad. -
-Discúlpame, he sido muy descortés. - Movió la moto hacia la vereda y la paró como era debido. - Soy Haruka. - le extendió la mano en señal de saludo. -Mucho gusto. -
Ella sonrió y le devolvió el gesto. Un cosquilleo se extendió por su cuerpo al sentir la delicada piel de aquel muchacho. Lo observó cuidadosamente inclinando levemente la cabeza, él le dedico una coqueta sonrisa y ella bajó su mirada. Se había confundido, aquel piloto era una chica
-Michiru. - respondió volviendo la mirada a sus ojos oscuros. La rubia se obligó a soltarla cuando sintió el pequeño jalón de parte de ella. Sorprendiendose a si misma se pasó la mano por el cabello. - ¡Te has lastimado! - exclamó alarmada la violinista al notar la herida en su mano derecha.
-Oh – respondió ella volviéndose a ver. - No importa, no es nada. -
- Pero... -
-No te preocupes, de verdad estoy bien. - la tranquilizó
-Pero debes ser más cuidadosa con tus manos. - comentó tomándolas entre las suyas y observándolas con cuidado. - Tus dedos son finos y delicados. Tienes manos de pianista - La rubia retiró su mano bruscamente en una mezcla de molestia y contrariedad por la observación.
-Vaya... - fue lo único que pudo modular. -
-¿Qué? Lo siento. ¿Dije algo que no debía? -
-No, no es eso. - se quedó en silencio sin dejar de observarla. Aquella mirada decidida le tenía algo especial, algo familiar. - ¿No nos hemos visto antes? - se había quedado cautivada por las facciones de aquella persona. Observándola fijamente en silencio.
-No,no lo creo. -
-Es que, tu rostro se me hace familiar.- dijo sin perder la vista de la de ella.
-Créeme si te conociera, de seguro lo recordaría. - respondió ella con sinceridad. Sintió como sus mejillas se acaloraban y agradeció el hecho de que fuera de noche para que su acompañante no lo notara. - Mejor ve a que te vea un médico ¿Si? -
-Ya te he dicho que no es necesario. Estará bien mañana. - la chica bajó la mirada apenada.
-Bien. Me quedaré tranquila entonces. Vuelve con cuidado. - Michiru sonrió y comenzó a caminar hacia la acera para seguir con su camino. Haruka se quedó viéndola.
-Disculpa - llamó su atención haciéndola detener. - Te invito a tomar un café. Si quieres. Como agradecimiento. - Michiru titubeó unos instantes, nunca antes había recibido una invitación similar.
-Lo siento, debo estar en casa antes de las 20.30.- respondió nerviosa.
-Será breve. Permíteme el placer de tu compañía hasta que recupere el aliento. - La chica de cabellos aguamarina río. Sabía que no debía. No podía confiar en gente extraña. Muchas veces se lo habían dicho. - Luego te devolveré a tu casa si así lo quieres. - La violinista vacilaba la respuesta y luego sonrió.
-Lo siento, pero no puedo. – Haruka le devolvió la sonrisa y puso nuevamente la moto en marcha.
-Anda, sólo será un rato. - Michiru volvió a negar con la cabeza dedicándole una tierna mirada.
-Me encantaría, pero no puedo. Debo regresar ahora. - La corredora rió de lado resignada.
-Por lo menos permíteme llevarte a tu casa. Es lo mínimo que puedo hacer para agradecer tus atenciones. -
-¿Atenciones? - llevó su mano derecha hacia su boca para cubrir su risa – Cualquiera hubiera hecho lo mismo.
-Anda, ¿donde vives? -
-A pocas cuadras de aquí, no es necesario. -
-Con mayor razón. - le extendió el casco, ella lo tomó poco convencida. - Lo siento, sólo tengo uno, no suelo llevar a nadie. Pero prefiero que tú te cubras. - la chica resignada se lo colocó. - Me avisas cuando estemos cerca. - Michiru asintió. Estaba asombrada. Jamás se había atrevido a subirse a la motocicleta de un desconocido, de hecho nunca había hablado con alguien que no fuera de su estrecho circulo. Y ahora, estaba paseando a alta velocidad en la motocicleta de una mujer encantadoramente extraña que acababa de conocer. Sonrió ante su inconsciencia y a pesar de estar nerviosa por la situación, estaba segura de que aquella persona sería incapaz de hacerle daño. Las calles se volvieron cortas, apenas alcanzaba a sentir el calor de su cuerpo cuando se vio forzada a estrecharle la cintura. La rubia volteó a verla y se detuvo en la esquina.
-¿Vives aquí? - preguntó mientras recibía el casco de su parte. - No creo que vivas justo en la esquina. Aquí, en éste pequeño parque. -
- No, pero no me gusta que los desconocidos sepan en donde vivo. - La rubia sonrió ante su inocencia. -
-Me parece muy bien. Me imagino que no me pasarás tu teléfono ni algún contacto. - Michiru sacudió la cabeza. -
-Lo siento. - murmuró. - Pero gracias por traerme. -
-¿Y si volvemos a encontrarnos en ésta esquina? - Michiru vaciló. -
-Tengo una mejor idea, dime tu numero de teléfono y si me decido te envío un mensaje. -
-No creo que recuerdes mi numero sin anotarlo. - se burló.
-No deberías subestimar mis capacidades. - respondió divertida.
-¿No tengo otra opción? - Ella negó con la cabeza. - Bien, 653268953. -
-De acuerdo, déjame pensar que haré. - dijo alejándose de ella. - Gracias por traerme. - Haruka sonrió y volvió a colocarse el casco. Decepcionada por no haber conseguido algún dato monto en su motocicleta y luego de dedicarle un saludo peculiar con dos dedos de su mano golpeteando el casco se alejó raudamente del lugar. Michiru la observó hasta perderla de vista. Caminó la cuadra restante e ingresó al edificio pensando en aquella extraña chica. Quizás y si sería divertido volver a verla.
La chica de la recepción volvió a entregarle la llave junto con un sobre. Michiru la interrogó con la mirada y antes de que pudiera decir algo la joven explicó.
-Es el formulario que debes completar para que la beca sea formal y puedas comenzar sin problemas. - La chica le sonrió. Michiru le devolvió el gesto más tranquila y tomando el sobre se dirigió hacia su departamento. Lo analizó detenidamente por fuera y a pesar de su curiosidad no quiso abrirlo hasta estar en la seguridad de su habitación. Ingresó a la sala común y se llevó una agradable sorpresa al ver a Amy sentada en un sofá pegado a la ventana. Ella volteó enérgicamente a verla al sentir la puerta y una sonrisa espontanea se dibujó en su rostro. Se acercó a ella presurosamente sintiendo un sincero impulso de abrazarla. Se detuvo justo en frente llevándose las manos a su pecho.
-Sabía que eras tu la que faltaba.-
-Me alegra mucho verte. - respondió abrazándola suavemente. No era muy cariñosa con sus amistades, pero luego de la conversación con su madre, le hacía bien el encontrar a alguien familiar a ella, o que al menos proviniera de la misma ciudad. De alguna extraña forma se sentía reconfortada al saber que Amy estaba allí. La chica de cabellos cortos sonrió y atinó a posar con timidez sus manos sobre la espalda de la violinista. - Sabía que no tendrías problemas en quedar seleccionada.-
-Lo mismo digo. - respondió con una sincera sonrisa. Sin poder evitarlo fijó su mirada en el sobre que Michiru mantenía en su mano derecha. - ¿Te han dado el formulario oficial? - Michiru bajó la mirada hacia el. -
-Sí. Recién. - Amy la observó con gesto preocupado.-
-¿Crees que tus padres te daran la autorización? - Aquellas palabras provocaron escalofrios en la violinista.
-¿Qué autorización? - preguntó con los ojos grandes de sorpresa. Se apresuró a abrir el sobre y retiró las hojas que traía dentro. Con la mirada intentó recorrer el formulario de arriba a abajo.
-Para comenzar formalmente necesitas la autorización de tus padres por ser menor de edad. - aclaró Amy con la voz temblorosa.
-No puede ser cierto. - pensó en voz alta. - Mis padres nunca me darán su consentimiento para esto. - Las palabras retumbaron en su mente por si solas. Jamás y estaba segura de ello, jamás apoyarían su carrera artística. Todos sus esfuerzos, sus miedos, sus sueños, todo lo que deseaba pasó frente a sus ojos. Una pena inmensa se apoderó de su pecho, sus piernas parecieron debilitarse y atinó a sentarse en la primera superficie que encontró.
-Tranquila. - la animó – seguramente haya alguna otra opción. Será mejor que mañana luego de la primera reunión tengas una cita con la orientadora de la fundación. - Michiru la interrogó con la mirada. Ella suspiró al notar que su compañera no tenía ni la mínima idea de como funcionaban las cosas. -Los estudiantes de la fundación que viajan desde el interior y se alejan de su familia, tienen la obligación de citarse dos veces por semana con la orientadora, que es simplemente una psicologa que nos brinda contención. - Estas palabras no parecían provocarle un alivio a la chica de cabellos aguamarina que fijaba la mirada en un punto indefinido de la sala. - Probablemente ella te de una solución. Eres un gran talento y estoy segura que no se arriesgarán a perderte. -
Michiru levantó la mirada y sonrió con tristeza. No le agradaba mucho la idea de pensar que todo lo que estaba viviendo podía perderse. Levantó la vista hacia el reloj, barrió con la mirada el cuarto, había llegado hasta allí por mérito propio, había conseguido una beca en el conservatorio más importante del pais sin ayuda de nadie, levantó la frente. No. Estaba segura de que encontraría alguna solución. Su cuerpo comenzó a relajarse. Volvió la mirada a Amy que la veía preocupada.
-Estoy segura que algo saldrá de todo esto. - Se puso de pie y caminó hacia la pizarra electrónica que indicaba sus actividades del día siguiente. - Mañana conversaré con la orientadora que dices, supongo que ella me dirá lo que tengo que hacer. Encontraré una solución. Así que no creo que haya nada de que preocuparse. - La chica de cabellos cortos le dedicó un gesto amable. - Debemos descansar para mañana.
-¿No cenarás? - La arpista la siguió con la mirada mientras atravesaba la sala.
-No siento deseos, mañana hablamos mejor. Buenas noches. - Saludó con un gesto de su mano sin darle tiempo a replicas y caminó hacia su cuarto. Cerró la puerta con traba y se dejó caer sobre la cama. Sus pulmones se llenaron dificultosamente de aire. Era obvio que todo aquello le afectaba pero no planeaba darse por vencida. En lo único que podía pensar era en cómo haría para que le permitieran quedarse sin tener apoyo de sus padres. Si tan sólo encontrara una manera de que le dieran tregua por los meses que faltaban hasta su cumpleaños numero 18. Quizás y si nada resultaba podría conversar con sus padres para obtener su consentimiento.
Fijó su vista en el cielo raso, llamaría a su hermana para que le enviara unas estrellitas que pegar en aquel frío techo. Aquel blanco liso la hacía perderse sin darse cuenta. En aquel momento los ojos verdes de aquella particular chica se cruzaron por su mente junto a ésa sonrisa pícara que la había inhibido. No podía negar que le había llamado la atención. Se puso de costado para buscar con sus manos debajo de la almohada, allí encontró su móvil. Lo encendió sin poder evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios. Le divertía la idea de pensar en la sorpresa que probablemente le daría. Siempre se había sentido orgullosa de la memoria que tenía, recordaba a la perfección los tonos de voz con el que los había dictado, aquella melodía se dibujó en el display de su pantalla. Un poco nerviosa escuchaba el tono de llamada. Hasta que sintió su voz al otro lado.
-¿Qué? - preguntó desganada a modo de saludo. -
-¿Haruka? - quizás su memoria le hubiera fallado después de todo. Nadie respondía al otro lado de la linea. Estaba a punto de colgar cuando volvió a sentir su voz.
-¿Michiru? - la sangre se agolpaba fuertemente en sus mejillas al sentirla. - Discúlpame, pensé que era otro de los trucos de mi hermana. Vaya, no me lo esperaba. -
-Te sorprendí ¿Verdad? - rió – Bien, para que veas que no lo olvidé, ahora ya tienes mi número. - Sin decir más finalizó la llamada. Al otro lado de la línea, la rubia sonrió ante aquel acto inesperado. Sin duda aquella chica la había sacado de sus esquemas. Para bien claro está. Agendó su numero y guardó el teléfono decidida a llamarla después y nuevamente posó sus manos sobre las teclas del piano.
Holaaaa sé que he andado desaparecida, pero sepan que ya no ando de ociosa como siempre
el trabajo de absorbe mas tiempo del querido, en fin.
Aqui los dejo con el tercer capitulo de ésta historia.
Espero les guste y nos leemos prontito.
Gracias a todos los que han dejado su review y gracias a los que lo dejarán.
...Nos seguimos leyendo...
