Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 8 Conociéndonos a fondo

Advertencia: Este capítulo contiene algunas escenas de alto contenido sexual, si eres sensible a este tema, abstente de leer, de lo contrario, disfrútalo como yo lo disfruté escribiéndolo.

Después del cumpleaños de Candy, dos semanas más habían pasado y las vacaciones de verano estaban llegando a su fin. Nuestros chicos tenían que decidir cómo iban a continuar sus vidas, Candy tenía que decidir lo que quería estudiar, pues las matriculas de universidades, institutosy colegios universitarios empezaban a principios de Agosto. Pero por el momento eso no era lo que preocupaba a Candy, sino qué iban hacer ella y Terry cuando las vacaciones terminaran y ellos tuvieran que volver a sus vidas. Se encontraban ellos dos en el balcón de la cabaña Grandchester, ya su familia se había ido y las chicas estaban con los hermanos quién sabe dónde.

-Pecas, ¿ya sabes qué vas a estudiar?

-Pues creo que me decidiré por estilismo y cosmetología, se me da muy bien, además es lo que muchos me han recomendado, es algo que tiene mucha demanda y a mi me gustaría tener mi propio negocio.

-Suena bien, yo te voy apoyar en todo.

-Terry... tú... ¿trabajas?

-Claro, princesa, el dinero no cae del cielo. ¿Te acuerdas que te dije que estoy estudiando dirección y producción?

Candy asintió.

-Pues mi papá es dueño de Caribbean TV Sources, ahora que tengo experiencia y que sólo me falta un año y medio para terminar mi carrera, trabajo ahí. Ya he dirigido varios comerciales, a veces hago los libretos, en fin, lo que necesiten.

-¿Tú has hecho comerciales?

-No princesa, yo los he dirigido y he hecho los libretos. ¿Recuerdas el comercial de halloween en que los zombies invadían la tienda Party City?

-¡No! ¿Tú dirigiste ese comercial?

-Sí. También el libreto lo hice yo.

-¡Me encanta, mi amor!

-Cuando termine el verano tengo dos contratos pendientes para la cerveza Coors Lite y la tienda Kress.

-Que bueno que trabajas en lo que te gusta.

-Beba, aún no te he preguntado dónde vives...

-En Toa Baja, amor, Levittown, exactamente.

-Estaremos cerca, entonces, podré seguir viéndote casi todos los días. ¿Tus papás no tendrán problemas para que podamos salir, o por nuestra ralación? Te pregunto, porque quiero saber el terreno que estoy pisando.

-No, Terry, mis papás son bastante abiertos y comprensivos, no me quejo. Me permitieron salir con el idiota de Anthony, no creo que haya problemas contigo.

La sola mención de ese nombre ensombreció el rostro de Terry, no porque tuviera celos de él, sino por lo que le había hecho a Candy. Decidió cambiar el tema antes de que se molestara de verdad.

-Sabes, respecto a lo que vas a estudiar, sería conveniente para los dos, aunque tengas pensado hacer tu propio negocio, podrías empezar con nosotros en Caribbean, pues ahí también necesitamos estilistas y maquillistas para los comerciales y presentaciones televisivas, por lo que tendrás trabajo seguro cuando termines el curso.

-¡Wow! No había pensado en eso, no está mal.

-¿Pero tú sabes qué estaría mejor?

-¿Qué?

Preguntó Candy con inocencia y Terry la sentó en su regazo y comenzaron a besarse, cuando el recorría su cuello con los labios, ella se echó hacia atrás instintivamente para darle mejor acceso, también le mordisqueaba la oreja y ella ya estaba muy lejos del mundo real. Terry volvió a su boca y ella le acariciaba el cuello y la nuca con sus uñas, cosa que a él le encantaba y cuando ella entremetió sus dedos en su cabello él sintió que enloquecía más por ella cada día. La llevó adentro de la cabaña para no dar un show de gratis afuera y se fueron al sofá de la salita. Terry no la había dejado de besar ni un solo momento y ella estaba totalmente entregada a esa boca y esas manos que la torturaban y acariciaban sin piedad. A él se fascinaban los pechos de ella, pues a pesar de ser delgada y bajita, sus pechos tenían muy buen tamaño, podía llenar muy bien una copa C y los tenía bien redonditos y lozanos. Después de haber metido las manos entre su camisa y acariciarlos un rato, él le levantó la camisa y ella no puso resistencia. Terry se quedó contemplando un rato su brassier rosado con puntitos negros y un coqueto lacito en el en medio del borde de encaje de la parte de abajo. La siguió acariciando a travez de esa prenda y ella estaba enloqueciendo, se aferraba a él con pasión mientras él le deboraba la boca, después la levantó y la sentó a horcajadas sobre él y siguió acariciando sus pechos. Pasó sus labios y lengua por su ombligo y jugueteó un rato con su piercing, ella se estaba doblando de placer y sentía pequeñas punzadas en lo más íntimo de su cuerpo, sin darse cuenta comenzó a moverse y frotarse contra su erección y él le quitó el brassier. Se maravilló viendo completamente esos pechos que le robaban la calma. De repente el pudor se apoderó de Candy al sentirse tan expuesta e intentó cubrirse con las manos.

-No, princesa, no te cubras, déjame acariciarlas un momento.

Le retiró las manos suavemente y comenzó a besarla para que se relajara otra vez, luego acarició sus pechos a su antojo y los besó, le rozó los pezones haciendo pequeños círculos y Candy gimió, todo era nuevo para ella, tan diferente y tan mágico, sólo podía dejarse llevar.

-Terry...

Susurró Candy suavemente con la voz quebrada.

-Dime, beba, ¿te gusta?

-Es... muy rico.

Candy estaba caminando por los cielos, Terry estaba complacido viendo como ella disfrutaba de sus caricias y la comenzó a mover de alante hacia atrás sobre su regazo y ella gemía al sentir su excitación. Terry le alzó la falda completamente y metió su mano entre su panty, ella se arqueó, pero cuando el empezó a introducir uno de sus dedos en su intimidad, ella sintió que moría y resucitaba al mismo a tiempo. Terry pudo sentir lo mojada que ella estaba y eso lo excitó aún más, llevó una de la manos de ella a su entrepierna para que ella lo tocara y cuando Candy sintió por primera vez su dureza, algo dentro de ella estalló y empezó a tocarlo con vehemencia, él gemía a pesar de sus inexpertas caricias, podía decirse que eso lo encendía aún más. Sus dedos seguían dándole placer sin parar y ella se retorcía y gemía sin parar. Su excitación era tal, que le quitó el botón y le bajó el zipper a los pantalones de Terry. Terry estaba más que prendido con la iniciativa y con lo inesperado que fue todo. Se levantó un momento para bajarse un poco los pantalones y bajar el boxer, ahí Candy pudo ver su erección a plenitud y lo miró con asombro. Tuvo que acariciarlo, todo su instinto entró en acción y los sentidos de Terry estaban volando.

-Terry... yo también quiero... hacerte sentir a ti...

-Ya lo estás haciendo, princesa.

-Sí, pero...

-Déjate llevar, bebé.

Terry la recostó en el sofá y la terminó de desnudar. Fue llenándola de besos de pies a cabeza y él sentía como su piel temblaba bajo su cuerpo. Luego él se detuvo en su rincón más íntimo y la besó ahí mismo, ella se preguntó si de verdad estaba viva, porque nada parecía real, pero estaba sucediendo. Entonces Terry comenzó a acariciar ese lugar con su lengua, a succionarla y ella se retorcía y se encogía increíblemente.

-Terry... esto es... ah.. divino ah...

-Disfrútalo, princesa.

De pronto ella se sentó y terminó de bajarle los pantalones a él y le quitó la camisa. Que impresionante era Terry desnudo. Ella estaba disfrutando mucho, pero quería que él también disfrutara, así que dejó su pudor y su timidez de la lado y dejó correr su imaginación y sus instintos. Empezó a juguetear y acariciar su erección y él gemía. De pronto ella supo que hacer, siempre lo había sabido, pero sólo hasta ese momento se decidió. Se arrodilló y con delicadeza se llevó su excitación a la boca y empezó a darle placer sin darle importancia a su inexperiencia. Terry tuvo que sostenerse de algo, eso si que no se lo esperaba.

-Candy... espero que sepas lo que estás haciendo... ¿estás segura? Porque estás enloqueciéndome.

Terry hablaba con voz ronca y entrecortada.

-Quiero hacerlo, quiero que también disfrutes.

-Entonces tengo una idea mejor.

Terry se acostó en el sofá y se la puso a ella encima boca abajo, quedando el trasero de ella cerca de su cara. En esa posición él continuó dándole placer a ella con su boca y ella a él. Ambos se retorcían y gemían desesperados. Estaban tocando el cielo con las manos. Candy nunca imaginó lo maravilloso que eso podía ser si vas de la mano de quién de verdad te quiere y te respeta. Juntos llegaron a un climax asombroso, estaban acalorados y extasiados. El cuerpo de Candy estaba palpitante y su respiración era agitada. Terry nunca había estado tan complancido en su vida, ni siquiera con toda la experiencia y locura de Michelle.

-Terry... yo nunca pensé que esto podría ser tan, no sé como decirlo.

-Es genial cuando estás con la persona que debes estar, princesa. Y tú estuviste fantástica. Eres la mejor para mí, siempre lo serás.

-¿Y cuándo vamos a...?

-Pronto, beba, pero no aquí, no así. Aún no estás lista, créeme.

-Pero... es que yo sí...

-Este no es el lugar donde quiero que tengas tu primera experiencia, quiero que sea única y especial para tí, tú me pediste que te borrara aquél mal recuerdo, aquí con el miedo de que alguien venga no será la mejor forma, la primera vez no es algo para hacerse con prisa ni asustados. La espera valdrá la pena, te lo prometo.

Candy entendió lo que él quería decir y se sintió feliz, cuánto la protegía y respetaba Terry. Cómo le hubiera gustado conocerlo a él primero y no a Anthony.

-Terry, ¿puedo ir al baño a arreglarme?

-Sí, beba, es por allá...

En diez minutos ambos estuvieron ya vestidos nuevamente y listos.

-Princesa, ¿te gustaría un helado?

-¡Sí! Me adivinaste el pensamiento.

-Pues llama a tus primas que yo llamo a los otros dos zánganos, para que vayamos a Baskin Robins.

-¡Terry! No les digas así.

Lo regañó Candy riendo. En cinco minutos ya habían hecho las llamadas y se pusieron de acuerdo sobre la hora.

-Terry, suéltame, tengo que ir a casa a bañarme y cambiarme.

-No te voy a soltar, vete así.

Le decía Terry abrazándola fuerte.

-No voy a ir en estas fachas y en chancletas para Baskin.

-Está bien, pero nada de andar enseñando todo para que al heladero se le salgan los ojos y te de una barquilla de diez bolitas.

-¡Terry!

-Yo sólo digo...

-Ahora me voy a poner lo más atrevido que encuentre.

-Hazlo. No te vas a bajar del carro.

-Eso es lo que tú crees.

-Princesa, ¿Tú me estás retando sabiendo bien cómo soy?

-Si te pones en esas, me voy con los otros.

-¡Claro que no!

Empezaron en broma y terminaron discutiendo de verdad. Ya estaban desafiándose uno a otro y mirándose con intensidad.

-¡Me voy!

Candy dio media vuelta para irse, con su carita bien seria y molesta igual que la de Terry.

-Ven aquí.

-No.

-Vístete linda, enseña, pero un poquito. Sólo enseña tu ombligo que me encanta, ¿está bien?

Terry le besó el ombligo al terminar de decirlo y ya era manía quedarse jugando con la fresita.

Aunque ella no quiso venir, Terry la detuvo y le habló con esa dulzura que ella se derritió, se hubiera vestido hasta de monja con esa forma en que se lo pidió.

-Está bien, sólo mi ombligo.

En una hora ella y sus primas estaban listas. Candy le hizo caso a Terry y se puso un jean largo ajustado con unos tenis Jordan blanco y rosa una camiseta sport corta blanca con el símbolo Jordan en rosa y se hizo dos trenzas tejidas desde las raíces de su cabello, muy linda, como siempre. Annie se puso un jean capri con unos tenis Converse rosa y una camisa negra que tenía dibujada una converse rosa igual a las que tenía puesta. Ella se hizo dos coletas bajitas. Patty se puso un Jean corto con unos tenis Sketchers azúl con negro y una camisa azúl con la palabra GAP en negro. Su pelo lo llevaba en una coleta sencilla. En quince minútos sus respectivos chicos las esperaban en sus autos.

-Ya nos vamos, mami, ¿quieres que te traigamos algún helado o batida?

Preguntó Patty.

-Ahora que me lo preguntas, como que se me antojó. Tráiganme un vasito de rum raisin.

Dijo Elroy saboreándose y las chicas rieron. Se despidieron y cada quien se montó en el auto que le correspondía. En pocos minutos se encontraron en Baskin Robins que estaba combinado con Dunkin Donuts.

-¿Qué van a querer, chicas?

Preguntó Stear alegre, pues el amor de Patty lo tenía un poco idiotizado.

-Yo quiero una barquilla de amaretto.

Dijo Annie.

-Yo un fudge brownie sundae.

Dijo Patty.

-Y yo un brownie a la mode.

Dijo Candy y los tres chicos fueron por los pedidos.

-Annie... no sé... pero entre tú y Archie... ¿no se te habrá olvidado contarnos algo?

Preguntó Patty con malicia y Candy la miró con cara de desembucha ahora mismo.

-Pues... nosotros... decidimos empezar hoy mismo.

-¡Eso es!

Gritaron impulsivamente Patty y Candy y todos los que estaban ahí voltearon a mirarlas, ellas se abochornaron y bajaron la voz.

-Entendí que ya no valía la pena seguirle dando largas al asunto, y no iba a perderlo pendejamente por andar con mis majaderías.

-Así se habla, Annie.

Dijo Candy y le guiñó un ojo.

-¿De qué hablan?

Preguntó Archie que ya venía con los pedidos acompañado de Stear y Terry. Todas se miraron al pensar que fuera precisamente Archie el que preguntara y estallaron en risa automáticamente. Ellos las miraban con curiosidad.

-Nada, Archie, no nos hagas caso.

Respondió Patty. Se sentaron y comenzaron a disfrutar sus helados. Al rato, a Annie como siempre se le ocurrió disque jugar "veo veo" y Terry dijo que él quería empezar, pero lo dijo con una sonrisa bien irónica y burlona que no pasó desapercivida para Candy.

-Veo veo.

-¿Qué ves?

Preguntaron todos al unísono.

-Una cosita.

-¿Con qué letrecita?

Volvieron a preguntar todos juntos.

-Con la letrecita... "C".

Dijo Terry con los ojitos llenos de maldad.

-Cono.

Dijo Annie señalando su barquilla.

-No.

-Chocolate.

Dijo Patty señalando su brownie.

-No.

-Cuchara.

Dijo Stear señalando la cuchara con se comía su banana split.

-No.

-Cacahuates.

Dijo finalmente señalando los pequeños cacahuates que tenía su helado.

-No. ¿Se rinden? Vamos, ríndanse.

-Está bien, nos rendimos.

Annie se desesperó, pues la curiosidad la estaba matando.

-Calva.

Dijo Terry señalando la enorme calva de un señor que estaba haciendo fila para pedir su helado.

-¡Terry! Respeta. Además, ¿cómo íbamos adivinar eso?

Dijo Candy molesta, pero todos los demás estaban muertos de la risa. Después de un rato de bromear y hablar cuanta tontería se les ocurriera, pidieron el helado que les encargó Elroy y estuvieron de vuelta. La noche llegó más rápido que nunca y los chicos se despidieron. Cuando ya las chicas estaban bañadas y acostadas el celular de Candy le avisó un mensaje de texto.

Princesa, tengo que presentarme en la empresa mañana,

quieren ultimar detalles y hacer unas audiciones

para el anuncio de moda de otoño de Kress,

¿te gustaría acompañarme? Los chicos también irán

y mi padre estará allí, en caso de que tu tía tenga alguna objeción, pues el viaje será largo y regrasaremos de noche.

Candy se sintió emocionada, conocería el trabajo de Terry. Contestó el mensaje rápido.

Sí, le preguntaré a mi tía.

Te quiero, feo.

Tienes que estar lista a las seis de la mañana,

así que no seas floja. Te quiero, pecosa fea.

Se levantó para pedirle permiso a su tía, pues ella se acostaba tarde viendo todas las telenovelas habidas y por haber en el canal exclusivo para telenovelas las veinticuatro horas, Pasiones. Ella pidió el permiso tan emocionada que su tía no pudo negarse.

A las seis menos quince minutos, las tres chicas estaban listas, emocionadas, pero muertas del sueño, madrugar no era su mejor virtud. Pero no iban a perder la oportunidad de ver cómo se grababan los comerciales y escuchar a los locutores de radio y comprobar si eran tan bellos como sus voces. Como iban a una empresa, las chicas se vistieron juveniles, pero sobrias. Candy se puso un jean largo azúl oscuro ajustado, una blusa de seda color vino, manga corta y con botones. Se dejó el pelo suelto peinado hacia atrás y se puso unos zapatos de plataforma dorados. Se maquilló los ojos con sombra en color lo más parecido posible al vino, se puso rimel, rubor y lipstick color vino también. Estaba elegante y preciosa. Annie por su parte se puso un jean también largo y una camisa de vestir verde menta de botones y con las mangas hasta los codos, se peinó con una coleta alta y se puso unos zapatos de tacón verdes con negro, se maquilló en los mismos tonos de su ropa. Patty se puso un jean negro ajustado y una blusa púrpura de gamusa con unas sandalias de plataforma plateadas. Se hizo una elaborada y elegante trenza y se maquilló a combinación con su atuendo.

Los chicos llegaron a buscarlas a las seis en punto como acordaron, pero esta vez todos irían en el mismo carro, se fueron en la Hummer de la mamá de Terry para que todos pudieran ir cómodos. En dos horas y media aproximadamente se encontraron en Guaynabo, donde estaba la elegante e imponente Caribbean TV Sources, un majestuoso edificio de 12 pisos, todo en cristal, con los pisos pulidos y los muebles más modernos y elegantes que se pudiera imaginar. Todos se quedaban mirando al rededor maravillados, el trabajo ahí era intenso, muchos maquillistas, camarógrafos corrían de aquí para allá, había muchísimas personas aglumeradas esperando audicionar, era un hermoso caos, pensó Terry.

-¡Ay mi Dios! No puedo más. Que alguien se la lleve de aquí. Mis nervios, mis nervios...

Salió quejándose un hombre de unos veinticinco años, muy amanerado y vestido muy llamativamente, pero con clase y con un peinado super moderno, hacía gestos de estar en un gran conflicto.

-¿Qué pasa, Neil?

Preguntó Terry al ver la graciosa escena de Neil, el que se encargaba de las audiciones para los comerciales de ropa que requerían modelos, un homosexual que siempre sabía como alegrarles el día a todos con sus ocurrencias.

-Esta mujer, Terry. No sé quién le dijo que era modelo, pero está a punto de hacerme infartar.

Se quejó Neil con todos los manerismos de aun auténtico gay haciendo que las chicas rieran mucho y él les guiñó un ojo, hasta que la mencionada mujer apareció y todos se quedaron en shock.

-Terry, Terry, tienes que ayudarme, este piensa que yo no tengo talento para el modelaje, será que está ciego, podrías hacer algo, por favor.

Suplicaba la mujer casi encima de Terry, pegándole sus operados pechos casi en la boca.

-¿Qué? Pero Susana, ¿es que tú no tienes verguenza? ¿Cómo se te ocurre venir a presentarte aquí cuando sabes bien que no eres bienvenida? Te quiero lejos de cualquier lugar que yo frecuente, y como este es mi trabajo, te quiero lejos de aquí. Si sigues acosando a mis empleados, pondré una orden de alejamiento en tu contra.

Terry estaba furioso por la desfachatez de Susana, y ni qué decir de Candy que estaba loca por brincarle encima.

-Pero Terry, yo sólo quiero un trabajo y...

Decía melosa.

-¿Un trabajo? ¿Tú? No me hagas reir, por favor. Pero ahora que lo dices, en la escuela que queda a unos kilómetros de aquí están buscando una conserje, tal vez eso sepas hacerlo.

-Terry, no quieras pasarte de...

-Vete de aquí! Porque sino voy a llamar a seguridad y será peor.

Terry estaba molesto y la tomó con fuerza del brazo y él mismo la empujó a la salida haciendo que casi se cayera con los altos tacones de aguja que tenía. Candy no lo había visto con tanta rabia, era muy dulce y tierno, pero molesto, era algo que nadie querría conocer.

-Ay gracias, Terry, la frente de esa mujer me bloqueaba la vista, me tenía crazy, crazy, my darling.

-Tranquilo, Neil, ya no volverá a molestarte, sólo es una buscona.

-¡Oh my God! ¿Ustedes son las Charlie's Angels? ¿Vinieron a audicionar? Díganme que sí, please, please.

Dijo Neil ilusionado al ver a las tres chicas que acompañaban a Terry.

-No, Neil, ellas no vienen a audicionar. Ella es Candy, mi novia...

-¿Novia? Oh, ahora si te perdí para siempre, mi Terry.

Dijo Neil de broma, pero ya Terry estaba acostumbrado a eso y no le dio importancia, Candy y los demás rieron.

-Y ellas sus primas, Annie y Patty.

Las tres saludaron con una radiante sonrisa al simpático Neil.

-¿Y quienes son estos dos bombones que las acompañan?

Preguntó Neil señalando a los dos hermanos.

-Ellos son Archie y Stear, sus novios.

-¡Pero será que todos los hombres guapos están ocupados!

Exclamó Neil haciendo que todos rieran, menos Stear y Archie, que se sentían un poco raros y más estando en frente de sus novias.

-Vamos chicos, voy a mostrarles mi oficina y lo que hago.

Dijo Terry.

-No, no, no, mi Terrys, me vas a disculpar, pero quiero que mis tres nuevas amigas aparescan en el comercial de Kress. Ustedes, niñas, despedidas, fuera, vengan otro día.

Dijo Neil que estaba impresionado por la belleza y apariencias de las tres chicas y se apresuró a correr a todas las demás que estaban esperando por audicionar.

-Neil, ellas no son modelos, tienes que preguntarles primero si quieren.

-Pues claro que quieren, ¿verdad Candy? Anda di que sí, no te contagies con este amargado que tienes por novio.

Insistió Neil y Candy rió.

-Te prometo intentarlo Neil.

Respondió Candy amable.

-Nosotras también.

Dijeron al mismo tiempo Annie y Patty.

-¡Perfecto!

Dijo Neil emocionado y mirando a Terry con cara de triunfo.

-Hay un pequeño problema, chicas. Annie es menor de edad, no puede aparecer en un comercial sin permiso de sus padres, pero...

-Ay no, Terry, no seas aguafiestas, por favor.

Suplicó Annie haciendo un puchero.

-Déjame terminar, Annie. Llama a tu mamá y pregúntale si está de acuerdo, si te dice que sí, grabamos el comercial hoy y mañana le llevo los papeles con los permisos para que lo firme y así podamos lanzarlo al aire.

-¡Sí! Buena idea.

Annie llamó a su madre y después que el mismo Terry hablara con ella y la convenció, dio su permiso. Ahora las tres se encontraban con Neil. Estaban siendo maquilladas, peinadas y a cada una se le dio al menos cinco mudas diferentes de ropas. Estaban emocionadas como niñas mientras los chicos las miraban divertidos. Pasaron al menos cinco horas en lo que terminaron el comercial. Ya sólo quedaba editarlo y que se firmaran los permisos para lanzarlo al aire.

-Ves, Terry, ellas si son modelos, no como la tarada esa, ¿cómo dijo que se llamaba? ¿Gusana?

Todos rieron con la ocuerrencia de Neil, aunque Candy se había tornado un poco seria, no le daba buena espina que de la nada Susana estuviera buscando la manera de estar molestando a Terry. Las primas siguieron probandose ropa y divirtiéndose con Neil, mientras que los dos hermanos se dejaron hacer un cambio de imagen gratis y Terry aprovechó eso para llevar a Candy a su oficina. Sabía que ella querría hablar con respecto a Susana.

-¡Wow, Terry! Este lugar es hermoso. Yo nunca saldría de aquí.

Dijo Candy cuando estuvo en la oficina de Terry. El escritorio era una pecera con peces muy variados, corales y figuras como cofres con tesoro, un buzo, era en verdad impresionante. La silla rodante era roja y en piel, habían otras dos butacas en piel color crema y una mesita redonda, también había un licorera con variedades de vinos y whisky, tenía una computadora muy moderna, un plasma, un stereo un teléfono, todo en la última tecnología.

-Que bueno que te guste, princesa. Aquí nacen todas mis ideas y mis libretos.

-¿Terry, cuando la trajiste?

Preguntó Candy cuando notó una foto de ambos en su escritorio, fue una de las que se tomaron en su cumpleaños, que salían abrazados, se veían hermosos.

-Mientras estabas entretenida grabando el comercial, la coloqué aquí.

Dijo Terry sentándose en la silla e invitándola a sentarse en su regazo.

-Me encanta estar contigo, especialmente así.

Le susurró Terry en el oído y Candy se estremeció.

-Terry... ¿para qué vino Susana aquí? Dices que no le has dado confianza, pero ella se toma demasiadas libertades para ser así.

-No lo sé, bebé y honestamente no me importa. No va a conseguir nada aquí, mi papá no la soporta y él es el dueño, además ella no tiene ningún estudio ni preparación, ni siquiera belleza suficiente, ya sabes como se puso Neil, casi convulsiona. Ella no tiene oportunidad aquí, princesa.

-Sí, pero se ha encaprichado con estar detrás de ti y eso no me gusta, no creo que haya venido a buscar una oportunidad de trabajo, la oportunidad que quería era contigo.

-Beba, ya no pienses en eso...

-Claro, que fácil tú lo pones. Como no es a mí a la que están acosando. ¿Qué harías tú si fuera lo contrario? ¿Te gustaría que otro viniera y se me tirara encima o que yo me sentara en sus piernas? ¿Que me persiga en mi trabajo y en todas partes?

Candy estaba realmente molesta y se paró abruptamente de las piernas de Terry. Terry se quedó serio, ella tenía razón y con lo celoso y posesivo que era él, de sólo imaginarse lo que ella decía una rabia indescriptible se estaba apoderando de él.

-El que se atreva a tocarte lo mato, así de sencillo. Tú eres mía y en las únicas piernas que vas a sentarte será en las mías.

Lanzó él igual de molesto que ella.

-Ah, pero yo si tengo que soportar a la estúpida esa, ¿verdad? Tengo que soportar que te persiga como un perro faldero, que se aparesca aquí y en tu casa y que te esté puteando todo el tiempo en mi propia cara y...

El beso más brutal y ardiente silenció la boca de Candy. Terry comenzó a besarla salvajemente, la sostenía por el cuello y la pegaba lo más posible hacia él, ella no había logrado reaccionar hasta varios segundos después. Ella no se había dado cuenta cuándo él se levantó de la silla y se apoderó de sus labios. Sólo supo que ahora se estaba olvidando hasta de su nombre, Terry no estaba siendo nada delicado, la estaba besando con un salvajismo brutal, la estaba tocando sin piedad y la estaba estrujando contra su erección mientras la sostenía por las nalgas.

-Esto sólo vas hacerlo comigo, ¿sientes esto?

Le preguntó llevándole la mano a su entrepierna dura como roca.

-Ujum...

Fue lo único que pudo murmurar Candy entre jadeos y porque él no había dejado de deborarle la boca, hasta le había mordido los labios y ella estaba más excitada que nunca con esa nueva faceta de Terry.

-Esto sólo me pasa contigo, sólo existes tú para mí.

Le dijo mordiéndole el cuello y los labios mientras la alzaba para que lo abrazara con las piernas.

-Más vale que ningún cabrón se atreva a ponerte un dedo encima, porque se muere, ¿has entendido, princesa? Tú eres todita mía y yo no comparto lo que es mío.

-Terry... por favor, ya no sigas... es..

-¿Por qué?

Le preguntó introduciendo sus manos por su pantalón.

-Porque... después... ah... ah...

No podía hablar porque los dedos de Terry se encontraban haciendo maravillas dentro de ella. La sentó en su escritorio y aseguró la puerta muy bien. Siguió enloqueciéndola con sus dedos y más adelante con su boca.

-Terry, por favor... ya... ah.. ah...

-Quiero dejar claro de quién eres, bebé.

-Tuya, pero ya... aquí no... ya no voy a poder resistirlo...

Terry no la torturó más, la liberó y le dio tiernos besos para calmar la situación y Candy pudo recuperar la compostura.

-No hay nadie más que no seas tú, Candy, quiero que entiendas eso. Todas mis ganas y mis deseos los estoy guardando para tí, para cuando llegue el momento y créeme que falta muy poco. Muy pronto vas a ser completita mía y yo tuyo.

-Te quiero, Terry, sólo a tí.

-Yo te quiero más, eres mi princesa, voy a darte el mundo si tú me lo pides, grábate eso.

-Por ahora lo que quiero es que aquella Gusana esté bien lejos de ti.

-Hecho. Ya dí órdenes de no dejarla entrar bajo ninguna circunstancia. Ahora, beba, vámonos antes de que sospechen que viniste a seducirme a mi oficina.

-¿Yo? Sí, cómo no.

Salieron de la mano y se reunieron con los demás, estuvieron un rato divirtiéndose con las anécdotas de Neil en su crucero de solteros del verano pasado y luego se despidieron, un largo camino de casi tres horas les esperaba.

-Por fin llegamos, estoy agotada.

Dijo Patty quitándose los zapatos ya en la habitación.

-Pero la pasamos genial, jamás pensé que saldríamos en televisión.

Dijo Annie tirándose a la cama con cara soñadora.

-Fue la mejor aventura de mi vida.

Dijo Candy convencida. Después de una hora, ya estaban bañadas y con sus pijamas. Estaban tan cansadas que ni conversaron, cayeron rendidas a los pocos minutos de habar tocado la cama. Un sonido despertó a Candy.

Mensaje de Terry:

Descansa y sueña conmigo

Tengo una sorpresa para tí

Te quiero, princesa hermosa

Continuará...

Hola, sé que me tardé en subirlo, pero fue que me tomó mucho más tiempo del que pensé y pues tuve que dejarlo a mitad para irme a trabajar. Espero que les haya gustado, me lo dicen con un review.

Hasta pronto, niñas lindas.

Wendy