Amor de verano
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 9 El amor en toda su expresión
ADVERTENCIA: Este capítulo contiene algunas escenas de carácter sexual, si eres sensible a este tema, abstente de leer, de lo contrario, ya sabes, disfruta!
Mensaje de Terry:
Buenos días dormilona,
ponte linda porque pasaré por tí
a las dos, ve pidiendo permiso
porque vas a regresar muy tarde
te quiero, bebé.
Con ese mensaje Candy abrió los ojos a las diez de la mañana y una sonrisa tonta se dibujó en su rostro el resto del día. Le quedaban cuatro horas para prepararse, pero aún así debía apurarse, pues había un solo baño y sus primas también tenían citas pendientes, así que tendrían que hecharse una mano entre ellas para poder estar listas a tiempo. Después que se bañaron, Candy peinó a sus dos primas y luego Patty le pintaba las uñas de las manos mientras Annie le pintaba la de los pies, un trabajo en equipo.
-Pareces una princesa, Candy.
Le dijo su tía Elroy maravillada mientras le subía el zipper de la espalda de su vestido. Era blanco, de seda a medio muslo con un lazo plateado en la cintura y strapless. Esta vez sí se puso unos zapatos de tacón de aguja plateados y el pelo lo llevaba suelto, con la tenaza se lo había rizado desde la mitad en ondas grandes y sueltas, se había abombachado un poco la parte de arriba del pelo y en uno de los lados se puso un hermoso broche plateado en forma de lazo. En su maquillaje, para los ojos hizo una mezcla en blanco con plateado brillante, se puso polvo base, rubor, rimel y delineador y en sus labios un lipstick rosa pálido, pero muy brillante y se puso el set de collar y aretes que le había regalado Terry.
-Gracias, tía, pero deja que veas cómo están tus hijas.
Annie había elegido una falda de vestir negra de polyester, ajustada y a medio muslo mostrando sus torneadas piernas y trasero por el ejercicio que dedicaba a su cuerpo y una blusa de manga corta en seda transparente blanca, se puso unos tacones negros con la zuela y bordes blancos, el pelo lo llevaba lizo y suelto y la pollina se la peinó hacia el frente, se maquilló los ojos en tonos oscuros, se puso base y bastante rimel y delindeador, rubor y lipstick rojo brillante. Eligió un collar de piedritas brillantes negras con sus aretes y pulseras a juego.
-Annie... ya casi no tengo niña. Ya no crezcas más, por favor.
Dijo Elroy con orgullo a su niña menor.
-Mami, ¿te he dicho hoy que eres la menor?
Contestó Annie y su madre la besó. Entonces repararon en Patty que había elegido un vestido igual que Candy, pero azúl cielo de manguillos y la parte del busto era en elástico, como abombachado lo que hacía que resaltara más, el estilo de la falda caía en escalones y la parte de atrás era más larga que la de al frente, pues caía en picos hasta la mitad de sus piernas, mientras que al frente era encima de las rodillas. Se puso unas delicadas sandalias te tacón blancas y joyería y accesorios también eran blancos. Candy le hizo un hermoso peinado entre pelo suelto y recogido y la maquilló en tonos azúl con rosa. Eran tres beldades.
-Patty, ¿cuándo fue que te convertiste en esta hermosa mujercita?
Le dijo Elroy a su hija con los ojos aguados. Sus hijas eran el orgullo de ella y su esposo, que se encontraba cumpliendo su última temporada en el Navy, ya había hecho los trámites para su retiro y así podrían disfrutar de tenerlo en casa nuevamente.
-Eso es porque una mágica reina hizo de mí todo lo que soy, mamá.
Elroy tuvo que hacer un gran esfuerzo para no llorar ante la respuesta de su hija.
-Ya, dejémoslo ahí que se nos correrá el maquillaje que con tanto esmero hice.
Dijo Candy y todas rieron. El primero en llegar fue Terry, pues cada pareja saldría por su propia cuenta y ya tenían permiso para llegar tarde siempre y cuando se mantuvieran en comunicación para la tranquilidad de Elroy.
-¿Te he dicho lo hermosa que estás?
Le preguntó Terry a Candy cuando ya estaban en el carro, la miraba fascinado, su princesa.
-Unas diez veces, pero quiero que me lo digas otras diez más.
-Eres la más hermosa de todas, una auténtica princesa.
-Tú estás irresisteble Terry, hoy sí tendré que despeinar varias greñas.
Dijo Candy, pues Terry era guapísimo, con su altura, su porte y esos ojos tan divinos, era como ver al mismísimo Dios, a Candy le daba escalofrío sólo de pensarlo. Terry se había puesto un pantalón de vestir negro y una camisa manga larga de vestir en morado, elegante pero muy juvenil con zapatos de vestir italianos negros al igual que su correa y ese pelo largo que mataba se lo había recogido en una coleta apretada en la nuca y bien peinada con gel, que Dios se apiadara de ella, pensó.
-¿A dónde vamos, Terry?
-Es una sorpresa, beba, no voy a decirte aunque me mires con esa carita que me encanta.
-¿Y si te doy un beso?
-No.
-¿Muchos besos?
-Suena bien. Pero no.
Por más que Candy insistió, Terry no le dijo a dónde la llevaría. Media hora después Terry estacionó el carro en el Hotel Boquerón Beach Resort de Cabo Rojo.
-Me habían hablado de este lugar, pero... nunca imaginé que... fuera a ser tan hermoso...
-Para tí sólo lo mejor, princesa. Te mereces esto y mucho más.
-Me encanta, mi amor, es divino.
Dijo Candy con real emoción mientras Terry la guiaba de la mano hacia adentro.
-¿Tienes hambre, princesa?
-¡Sí!
Dijo Candy que si llegaba a ser muda hubiese explotado, pero la verdad es que desde que recivió el mensaje de Terry en la mañana, a penas se comió un ligero desayuno y el resto del tiempo la pasó arreglándose ella y a sus primas.
-Pues que bueno, porque tenemos una reservación, el restaurante de aquí es divino.
Entraron al restaurante y el mesero rápido les saludó con su impecable uniforme y exquisitos modales y atenciones.
-Su mesa está por aquí, sígame, Señor Grandchester.
Dijo el mesero y los llevó hacia una mesa apartada que quedaba en una especie de tarima en las afueras del restaurante dando a la playa y estaba cubierto por una especie de canopy en una finísima tela blanca. Había velas y música instrumental para ambiertar el lugar. Candy miraba todo maravillada. Terry no la dejaba de sorprender. El mesero les echó las sillas hacia atrás para que se sentaran y les entregó el menú.
-¿Desean los señores alguna bebida?
-¿Deseas algo, Candy?
-Sí, un Midori Sour.
-Por favor, un Midori Sour para ella y para mí un Blue Curacao.
El mesero se retiró rápido por sus pedidos y aunque era muy amable y no se había pasado de la raya, se había desbordado en atenciones para Candy y le había sonreído en un par de ocaciones, sonrisas que Candy correspondía inocentemente sin estar enterada de los celos de Terry que deseaba ver al mesero hirviendo en una hoya. Pero Candy estaba tan feliz y emocionada y le dio una sonrisa tan radiante que Terry olvidó el asunto.
-¿Te gusta, mi amor?
-Esto es fantástico, Terry. Nunca imaginé tener tantas atenciones en toda mi vida. Has llenado mi vida de tantos detalles en tan poco tiempo. Suena un poco cursi, pero creo que mi vida comenzó al conocerte a ti.
A Terry le brilló el mundo al escuchar esas palabras. Entonces no se había equivocado, ese sería el día y momento perfecto para todo lo que había planificado.
-No puedo darte menos de lo que te mereces, Candy. Te lo prometí, que iba a curarte todas las heridas que te dejaron. Quiero ser el que haga todo lo que siempre soñaste y nadie realizó, darte todo el amor que te mereces. Tú pídeme el mundo que yo te lo daré sin pensarlo.
A Candy se le aguaron los ojos. Recordó cómo conoció a Terry, que le había caído mal desde el principio, o al menos eso ella quería hacer creer y ahora él estaba ahí con ella dándole los mejores momentos de su vida, llenándola de atenciones que jamás soñó tener, o que las había dejado de soñar aferrada a su desilusión.
-¿Ya están listos para ordenar?
Preguntó el mesero amablemente y sonriéndole a Candy.
-Para ella una ensalada con camarones en salsa y para mí una paella de mariscos, por favor.
Dijo Terry muy serio y le dirigió una mirada al camarero que lo dejó helado y miraba en todas direcciones menos a la de Candy.
-¿Qué desean para tomar?
-Una botella de Dante Robino.
El mesero salió más rápido que ligero a entregar la órden y Terry rió para sus adentros. En veinte minutos la comida llegó, magistralmente presentada, digna de una fotografía y el fino vino con dos copas.
-Tenías razón, mi amor, la comida es deliciosa. Y este vino nunca lo había probado, está divino.
-Es argentino, uno de los favoritos de mi papá, me alegro que te gustara, princesa.
Se terminaron toda la comida y se sirvieron un poco más de vino, pero sin que se les fuera la mano, Terry no querría regresar a Candy borracha donde su tía y desbaratar toda la confianza.
-De verdad que todo estuvo muy rico, Terry.
-Y ahora falta el postre.
-¿Postre? Mi amor, a mi ya no me cabe nada más.
-Princesa, cuando veas el postre, vas a cambiar de opinión.
Dijo Terry sonriéndole y rogándole a Dios que fuera así.
-Su postre, señores.
Dijo un camarero, pero un poco mayor, no el joven que los había atendido desde el principio, puso con delicadeza el plato cubierto por una tapa de aluminio y se marchó.
-¿El postre es para mí sola?
Preguntó Candy con asombro.
-Sí, princesa, para tí y nadie más, ábrelo.
Candy obedeció y se quedó de piedra cuando vio el «postre». En medio del pequeño plato había una cajita de terciopelo blanca con rosa abierta y en ella se encontraba un hermoso anillo de compromiso de Hello Kitty en oro blanco tenía un diamante ovalado en el centro y en una esquina un charm con la cara de Kitty en plata, era algo impresionante y hermoso. Candy nunca pensó que Hello Kitty tuviera ese tipo de joyas. Terry sabía su admiración por ese personaje. Ella estaba sin habla.
-Terry...
Susurró llorando de emoción.
-Esto es bellísimo... yo... no tengo palabras... yo sólo puedo decirte que a pesar del poco tiempo que tenemos, quiero que sepas, anque tal vez no me lo creas...
Candy hablaba entre lágrimas y con la voz cortada.
-Te amo.
Dijeron ambos al mismo tiempo y se quedaron mirándose intensamente. Todo parecía un sueño.
-¿Podrías repetirlo?
Le pidió Terry, quería asegurarse de que había oído bien.
-Te amo, Terry, te amo.
-Yo te amo más, gracias por dejarme entrar en tu vida.
Terry le tomó la mano y con delicadeza le colocó el anillo. Luego unos jóvenes con violines se acarcaron a su mesa y les dedicaron una canción, Terry estaba llevando muy bien su plan.
El vino es mejor en tu boca
te amo es más tierno en tu voz
la noche en tu cuerpo es más corta
me estoy enfermando de amor.
quisiera caminar tu pelo
quisiera hacer noche en tu piel
pensar que fue todo un sueño
después descubrirte otra vez.
y amarte como yo lo haría
como un hombre a una mujer
tenerte como cosa mía
y no podérmelo creer
tan mía, mía, mía, mía
que eres parte de mi piel
conocerte fue mi suerte
amarte es un placer
mujer.
Quisiera beber de tu pecho
la miel del amanecer
mis dedos buscando senderos
llegar al fin de tu ser
bailar el vals de las olas
cuerpo a cuerpo tu y yo
fundirme contigo en la sombra
y hacerte un poema de amor
Y amarte como yo lo haría
como un hombre a una mujer
tenerte como cosa mía
y no podérmelo creer
tan mía, mía, mía, mía
que eres parte de mi piel
conocerte fue mi suerte
amarte es un placer
mujer.
Candy nunca pensó que se podía llorar tanto de emoción y recordó a Eliza, al final ella tuvo razón. El mejor verano de su vida, había conocido al chico más tierno, romántico, apasionado, impulsivo, increíble del mundo que lo único que hacía era desvivirse por ella. Ella lo había aprendido a amar intensamente. Ya no había nadie más que ocupara sus pensamientos, como él le dijo en una ocación, fuiste mía desde el primer momento en que nos vimos.
-Te amo, Terry.
Le repitió, nunca había estado tan segura de algo en su vida.
-Esto no termina aquí, princesa, falta lo mejor, ven.
Terry pagó la cuenta y salió con Candy de la mano. Se dirigieron a la recepción y la encargada le entregó una llave a Terry. Candy no dijo nada, sabía bien cuál era el plan y se sintió feliz, con todo lo que Terry le había dado, ella le entregaría su propia alma en una bandeja de plata.
-Terry... ¿Tú mandaste hacer todo esto para mí?
Preguntó Candy con asombro y emoción al ver la hermosa suite pintada en crema con hermosas cortinas blancas de seda. Había una cama queen con sábanas de seda roja, una mesa de caoba con dos sillas, un hermoso love-seat rojo en piel y unas luces tenues blancas que hacían contraste con el rojo de las sábanas y un jacuzzi en forma de corazón.
-Ya te dije que para tí el mundo entero y no sería suficiente.
Le dijo Terry y la abrazó.
-Candy, quiero que sepas que todo lo que te dije es verdad, te amo con todo mi ser y sé que no podré arrancarte de mí. Me has dado los momentos más dulces de mi vida, me has hecho sentir cosas que nunca pensé, ya no hay nada de lo que haga que no sea pensando en ti o en nosotros, ya no hay más yo para mí. Eres lo más hermoso que hay en mi vida. Amo tu forma de ser, tus caricias y tu aridez, tus enojos, tu inocencia y tu pasión que crees que escondes. Amo todo de ti.
Le dijo Terry mientra la besaba con dulzura y pasión, misma con la que ella correspondía sin evitar derramar una que otra lagrimilla.
-Terry... yo quería decirte que te amo como nunca he amado, sé que al principio traté de luchar con este sentimiento porque estaba herida, pero tú fuiste quebrando todas mis barreras, con cada beso, cada detalle, me has llenado el mundo de tanto amor y cariño, tanto respeto que no creí que existía porque me lo habían negado, pero tú me has traído de regreso a la vida. Te amo, ya no hay nadie más, no hay más pasado, ni más dolor, sólo estás tú.
-¿Me lo juras?
Preguntó Terry encendido de pasión y sin dejar de besarla.
-Te lo juro, mi amor, sólo existes tú para mí.
Candy hablaba con la voz ahogada porque Terry la hacía subir y bajar con sus labios y sus caricias, la tocaba con tanta pasión y delicadeza al mismo tiempo, para él ella era un ángel que lo estaba rescatando de un mundo frívolo y vacío y él había sido muy feliz curando su alma herida.
-¿Quieres ser todita mía ahora, princesa?
-Sí, mi amor, es lo que más deseo en el mundo, quiero ser completamente tuya.
Contestaba Candy entre jadeos, asfixiada de amor, Terry dejaba un rastro húmedo por todo su cuello mientras con sus manos acariciaba su espalda para luego bajar el zipper de su vestido.
Despacio comienzo en tu boca
Despacio y sin quitarte la ropa
Mi cama no merece tu cuerpo
Virgen como el amazonas
Mucho para un lobo cazador
Pero ideal para el amor
Despacio voy por tu corazón
Despacio y me detiene un botón
Mientras dices basta me ayudas
Es la guerra en tu vientre
Entre el sigue y el detente
Que hace desicivo el presente
El vestido cayó al suelo y Terry se quedó contemplando a Candy con su ropa interior de encaje blanco, su coqueto brassier strapless con su tanga a juego en encaje, mientras seguía con los tacones puestos y ese pelo maravillosamente ondulado, era algo arrebatador. La acercó a él para besarla y devorarla con pasión y ella hacía lo mismo con él, le besaba el cuello con intensidad, paseó sus manos por su fuerte cuerpo y le comenzó a desabotonar la camisa, tarea en la que él mismo la ayudó. Pero ver su torso y espalda no era suficiente para ella, no después de haberlo visto ya desnudo en toda su magnitud. Comenzó a soltarle la correa con manos temblorosas hasta que por fin se deshizo de ella. Mientras Terry acariciaba y besaba todo su cuerpo a su antojo, llevándola a tocar el infinito, ella le estaba bajando los pantalones y él terminó de quitárselo, deshaciéndose también de sus zapatos y medias. Candy tocó con desesperación su miembro duro y él sintio como la vida le pasaba de cerca. Candy no estaba conforme, así que le bajó el boxer que era la única prenda que le quedaba a él y ahí pudo verlo en toda su virilidad. Terry era perfecto, pensó, qué cuerpo tenía ese hombre, ella sólo quería estar bajo todo ese peso. Cuando él ya no pudo más, la llevó a la cama y la acostó ahí, le quitó los zapatos y comenzó a repartir besos desde sus pies hasta sus muslos, fue subiendo por su vientre y con su lengua jugueteó en su ombligo, Candy se arqueaba de placer. Cuando él subió a sus pechos, se deshizo del brassier que le estorbaba y acarició esos pequeños montículos con sus manos para luego hacerlo con su boca. Se llevó sus pezones a la boca y se los succionó delicadamente. Candy sintió que moriría allí mismo. La excitación de ella hacía que él se encendiera aún más, pero no quería tomarse nada a la ligera, no había prisa, quería saborearla completa y hacerla disfrutar todo lo que le fuera posible. Le había prometido borrar todo mal recuerdo y esa noche lo arrancaría de raíz.
También es mi primera vez
Pondré el concierto de Alan Juez
Para relajarnos juntos
También es mi primera vez
Siente como tiemblo ya ves
tuve sexo mil veces
Pero nunca hice el amor
Despacio voy por tu cintura
Despacio y me detiene una duda
Si es que realmente merezco
robarme a la niña
y regalarte a la mujer
e inscribirme en tu ayer
-Te amo, Candy. Te amo todita.
Terry seguía recorriendo todo su cuerpo con sus manos y boca. Más adelante le retiró sus delicadas braguitas y comprobó lo húmeda que estaba ella. Deliciosa, pensó él. Sin esperar más comenzó a jugar con sus dedos en ese punto que la dejaba sin aliento. Terry se sentía en el paraíso viendo como ella se doblaba ante sus caricias.
-Te amo, Terry... ah..
-¿Estás segura, me amas?
Le preguntó mientras sus dedos continuaban con la dulce tortura.
-Estoy seg... segura... ah... ah...
-Yo te amo más, princesa, mucho más.
Le decía en murmullos cerca de su cuello y oído para luego darle un beso salvaje que le lastimó los labios, pero que con gusto hubiera querido repetir. Terry sacaba sus más bajos instintos.
-Terry... ya no ahh... no puedo, por favor, mi amor ah.. ah..
-¿Quieres ser mía todita? Dímelo, mi amor. Dime que quieres ser mía ahora mismo.
-Sí, Terry, quiero ser tuya ahora, por favor, mi amor ahora.
Terry tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no perder la calma en ese momento. Ella no tenía ni idea del efecto de esas palabras sobre él. Se acomodó sobre ella besándo sus labios, cuello, orejas y luego todo su rostro. Cuando ella le susurró en el oído que lo amaba, entonces fue el momento y él no la hizo esperar más, buscó un preservativo que había colocado en la mesita al lado de la cama y se lo colocó. Ella separó sus piernas por instinto, él entrelazó sus manos con las de ella fuertemente y ella lo abrazó con sus piernas. Se apoderó nuevamente de sus labios y comenzó a entrar en ella despacio, sentía que una fuerte barrera se lo impedía, ella instintivamente lo empujó hacia ella por la cintura para ayudarlo a entrar.
también es mi primera vez
pondré el concierto de Alan Juez
para relajarnos juntos
también es mi primera vez
siente como tiemblo ya ves
tuve sexo mil veces
pero nunca hice el amor
Terry puso más presión y logró entrar un poco más, ella sintió un leve dolor, pero Terry la siguió besando y acariciando para que se relajara, aún faltaba mucho.
-No voy a lastimarte mucho, princesa, lo prometo. Voy a cuidarte.
-Ujumm..
Murmuró Candy sobre los labios de él que no habían abandonado su boca en ningún momento. Terry siguió poniendo presión y entró hasta la mitad, ella reprimió un grito, estaba tan exicitada que no se espero ese repentino dolor.
-Pronto no te va a doler, sólo será un momento. Te amo, princesa.
-Yo también te amo, mi amor, quiero que lleguemos hasta el final, quiero hacerlo por tí.
Esas palabras dispararon miles de emociones en Terry y terminó entrando completamente en ella, ahí fue que ella sintió el verdadero dolor y emitió un fuerte gemido.
-Tranquila, bebé, ya pasó, ya no va a dolerte.
La calmó Terry y comenzó a besarla desenfrenadamente otra vez mientra se movía dentro de ella haciéndola alcanzar las estrellas. Estaba disfrutando de ese concierto de gemidos. Ella trataba de seguirle el ritmo y a él le gustaba, tenía iniciativa y era apasionada. No le importaba dejar su pudor a un lado, se preocupaba por complacerlo. Ella más perfecta no podía ser, pensó. Intensificó la velocidad de sus embestidas hasta que al fin ella pudo alcanzar su muy merecido orgasmo y el no tardó en hacer lo mismo. Cayó sobre ella extasiado y complacido. A pesar del aire acondicionado, ambos estaban sudados, la pasión había dejado toda su estela. Se separó un momento de ella y se deshizo del presevartivo y luego volvió con ella a la cama.
-Te amo, pecas. Esta será la mejor noche de mi vida siempre.
-Yo también te amo, ahora más que nunca. Gracias por tanto amor, Terry. A veces me pregunto si de verdad me lo meresco.
-Ahora ya eres mía, Candy. Todita mía y no vas a poder desahacerte nunca más de mí.
Le dijo Terry se acomodó sobre su cuerpo desnudo nuevamente. Puso una alarma en su celular para que sonara en dos horas y dejó que el sueño los venciera por un rato. Se quedó abrazado a ella que le acariciaba la espalda con sus uñas y se durmió. Que bello era su Terry así dormidito, no pudo evitar llenarle la cara de besos y susurrarle que lo amaba.
Continuará...
Respiren, chicas, respiren. JAJAJA. Muchas quedaron a falta de un buen duchazo jejeje. Espero que les haya gustado este capítulo y no crean que me olvidé de las citas de Annie y Patty con los hermanitos Cornwell jejej, para nada. Eso viene en el próximo capítulo. Por si acaso, el anillo de Hello Kitty si existe y hay varios, pueden ver las imágenes en internet.
Canción que Terry le dedica en el restaurant- "Amarte es un placer" de Luis Miguel
Canción en la habitación del hotel- "Mi primera vez" de Ricardo Arjona
Bueno, espero sus reviews,
Wendy
