Verano de amor

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 10 Romance en todo su esplendor

ADVERTENCIA: Este capítulo puede contener algunas escenas de contenido y lenguaje sexual, si eres sensible a este tema, abstente de leer, de lo contrario, disfruta, amiga.

Terry había despertado primero que Candy y se puso a contemplarla en silencio, maravillado. Se veía tan dulce e inocente en ese sueño profundo con la punta de su pulgar en la boca, Terry se preguntó si cuando era niña habría tenido la costumbre de chuparse el dedo. La alarma que había puesto aún no sonaba, así que se dedicó a seguir mirándola y a pasar sus dedos delicadamente por su rostro.

-Eres tan hermosa, princesa.

Susurró Terry y sintió el impulso de besarla, así que lo fue haciendo desde su vientre hasta su cara y entonces ella abrió los ojos, nunca la habían despertado de esa manera.

-Terry... ¿hace rato que estás despierto? ¿Dios mio, qué hora es?

Dijo Candy exaltándose e intentando ponerse de pie.

-Tranquila, beba, a penas pasó una hora, la alarma no ha sonado.

-Ah... es que pensé...

Ella dejó de hablar porque Terry la estaba recorriendo entera con sus labios y se estremeció al recordar que estaban totalmente desnudos.

-Te amo, princesa.

-Yo también te amo, mi amor, pero ya... tenemos que irnos...

-No, todavía no.

-Pero, mi amor...

Terry seguía besándola sin dejarla hablar y su cuerpo estaba comenzando a despertar en todos los sentidos.

-¿No quieres probar el jacuzzi?

-Sí, pero es que...

Terry no le hizo caso y se paró a preparar el jacuzzi, se aseguró que estuviera bien limpio y lo llenó de agua caliente y burbujas.

-Tenemos que bañarnos, princesa.

«Bañarnos» pensó Candy dándose cuenta de la mirada de él. Terry la tomó en sus brazos y la llevó hasta el jacuzzi y se sentó con ella abrazada. Candy se recogió el pelo completo en un moño alto y lo sustuvo con el broche que había llevado.

-A mi me gusta suelto.

-Lo sé, mi amor, pero si llego a casa sin mis rizos y con el pelo mojado, nadie va a creer que estábamos recorriendo los alrededores de la ciudad.

-Es verdad...

Terry la tenía entre sus piernas y comenzó a besar su cuello, que al tener el pelo recogido, tenía mucho más acceso a él, a Candy se le erizó la piel completa y más cuando sintió la dureza de él contra su trasero. Terry comenzó a echarle chorritos de agua por la espalda tomó el jabón y comenzó a enjabonarla, suavemente, sin dejar ni un solo espacio de piel mientras que al mismo tiempo la acariciaba y ella estaba en las nubes. Hizo lo mismo con sus hombros, cuello y brazos.

-Gírate, mi amor.

Y Candy se giró para quedar frente a él. Terry tomó una de sus piernas y la fue acariciando y enjabonando desde el pie hasta el muslo e hizo lo mismo con la otra. Todo eran sensual, tan erótico, Terry era otra cosa, pensó Candy. Pero cuando él comenzó a enjabonar su vientre y sus pechos, ella comenzó a perder el poquito autocontrol que le quedaba. Terry le enjabonaba los pechos lentamente y la comenzó a besar, luego soltó el jabón y se los comenzó acariciar y ella se pegó más a él por instinto.

-¿Te gusta, princesa?

Le preguntó en un susurro con la voz ronca.

-Me encanta, mi amor.

Eso fue un detonante para Terry. La levantó un poquito y sin dejar de besarla, entro suavemente en ella y Candy gimió por la sorpresa. El se me movía lentamente dentro de ella sin dejarla de acariciar y ella estaba abrazada a él, pero luego se percató de algo antes de que fuera demasiado tarde.

-Terry, mi amor, los condones...

Terry estaba tan excitado que ni había pensando en eso, es más nisiquiera estaba captando lo que decía Candy, seguía moviéndose deliciosamente en su interior y ella estaba en la gloria.

-Terry, mi cielo, por favor, los... ah... ah...

-Princesa, ahora no puedo, por favor, déjame, terminar...

La voz de Terry estaba acortada por la pasión, sabía que estaba en peligro, pero por Dios que no podía parar ahora.

-Pero mi amor... no podemos... ahh.. ah... está bien, hazlo, no importa.

Pero Terry sabía que había preocupación en su voz y recuperó un poco la cordura, no podía hacerle eso a ella tan pronto, se puso de pie con ella enganchada, fue a la mesita, sacó un preservativo y se lo puso rápidamente y así mismo de pie siguió embistiéndola hasta hacerla pasar por todas las puertas del cielo para traerla de vuelta a la tierra con el mejor orgasmo de su vida. Se sentó en una esquina de la cama con ella encima y la abrazó por unos minutos.

-Te amo mucho, pecosa, mucho. Perdóname por haber perdido el control de esa manera, fue muy egoísta de mi parte.

-Tranquilo, mi amor, yo también estuve a punto de mandar todo al diablo.

-Sí, pero yo soy el que tiene que cuidarte, princesa, te lo prometí y estuve a punto de enviarte a casa con una sorpresa no muy agradable para tus padres.

-Tal vez hubiéramos tenido suerte y no pasaba nada...

-No debemos arriesgarnos, bebé, tú no te mereces eso ahora.

Terry le dijo eso con todo el amor del mundo, pero su rostro estaba un poco ensombrecido, sintió vergüenza de sí mismo, él tenía que protegerla y estuvo a punto de embarazarla en la primera noche, tal vez hubieran tenido suerte, como dijo ella, pero él no era un niño inmaduro como para dejar las cosas a la suerte de Dios y menos a su niña que se había entregado totalmente a él. Inevitablemente los recuerdos de Michelle vinieron a él, aunque esta situación era diferente. Con Candy él estaría seguro de que el bebé sería de él, él tenía ahora más madurez, un trabajo y un buen futuro y carrera prometedora, era verdad, ¿pero y ella? Tenía que darle la oportunidad de disfrutar sus años, de que pudiera prepararse académicamente como lo había hecho él, pues aunque el dinero no representaba problemas para él, sus padres eran millonarios y él tenía un buen sueldo, pues aunque sus padres podían darle el mundo, a él le gustaba trabajar y ganarse esos privilegios, no aprovecharse de su familia, además, él pensó que el problema no sería sólo económico, un hijo también necesitaría tiempo y amor, más que todo.

-Mi amor, ya no pongas esa cara, todo está bien, al final sí me cuidaste, pudiste haber continuado. Te amo mucho, mi cielo.

Le dijo Candy abrazándolo fuerte.

-No volverá a pasar, princesa, voy a cuidarte más ahora, cuando estemos listos, entonces. Por ahora tú serás mi única bebé y voy a consentirte mucho, mucho.

Dijo Terry haciéndole cosquillas y recuperando la felicidad, sólo pensar en un futuro con ella le hacía feliz, en un futuro, casados y realizados y ella le daría hijos hermosos, estaba seguro. Después de unos minutos sonó la alarma y Terry ayudó a Candy a ponerse su vestido mientras ella se acomodó el pelo y se maquilló nuevamente como estaba antes, como si no hubiera pasado nada. Se quedó contemplando su hermoso anillo y cuando ya ambos estuvieron listos, salieron.

Stear había decidido llevar a Patty a la playa, pero no a la misma donde tenían las cabañas, una más íntima y tranquila, y como era entrada la tarde, se podría decir que estaban prácticamente solos. Disfrutaban de una piña colada y una alcapurria, pues Patty le dijo que tenía ganas de chinchorrear y que en ese momento no le apatecía nada fancy ni elaborado. Stear la complació, así de única era Patty.

-Patty, quisiera preguntarte algo... no me lo tomes a mal, sólo quiero estar seguro de a dónde nos está llevando nuestra relación.

-Puedes preguntarme lo que sea, cariño, antes que todo quiero confianza y comunicación, como te dije, no quiero que se quede nada en el aire.

-¿Estás feliz? Me refiero a si te sientes bien conmigo, si soy lo que has esperado...

Stear no habría querido tocar ese tema, pero era necesario, él también tenía que pensar en sí mismo y no podía tejerse sueños de ilusión y fantasía.

-¿Quieres que sea honesta? Al principio sólo lo intenté por no querer estar más sola, por ver hasta dónde me llevaría todo esto y con la firme idea de que si no funcionaba, sólo disfrutarme cada instante y cuando todo acabara, seguir con mi vida.

El rostro de Stear estaba un poco apesadumbrado al escuchar esas palabras. ¿Ella sólo estaba conformándose con él?

-He de reconocer que me equivoqué grandemente, Stear. Ahora definitivamente no querría estar sola nunca más, nunca sin tí. Me has llevado a recuperar ilusiones y emociones que pensé que no las volvería a vivir. Me has hecho soñar e imaginar todo un mundo junto a tí y pensar que todo pueda terminar en cualquier instante, simplemente me aterra. Esa es toda la verdad, estos son mis verdaderos sentimientos.

A Stear le volvió el alma al cuerpo cuando ella le aclaró todo. Patty le había abierto totalmente su corazón y no le disfrazó la verdad.

-Yo por mi parte, ya no recuerdo lo que era vivir antes de ti, Patty. Ahora tengo claro todo lo que quiero en la vida, mis metas, mis sueños... y tú estás en todos ellos. Disculpa el atrevimiento, pero he imaginado toda una vida a tu lado, un futuro para los dos y hasta... hijos... Algo que nunca me había planteado antes, todo eso lo quiero contigo.

Se quedaron mirándose un instante y Stear le dio el beso más candente que ella había experimentado, pues él siempre se había andado por cuidado por esos terrenos, sabiendo que ella aún estaba sensible y que no estaba abierta a mostrar por completo sus sentimientos.

-Yo muchas veces lo he imaginado también, Stear y no sabes la novela que me he creado en esta cabecita loca.

-¿Ah sí? Pues me gustaría escuchar toda la novela.

-Pues... he imaginado que cuando termines tu carrera de ingeniería industrial... y yo termine la mía de terapia respiratoria, si nos va bien... tal vez si podríamos...

-¿Casarnos?

Terminó Stear mirándola con rostro risueño.

-Pues sí... casarnos y tal vez tener hijos...

-¿Tal vez? Que graciosa eres. De eso puedes estar muy segura, porque creo que no voy a dejarte salir de la habitación...

-¡Stear!

Exclamó Patty abochornada y bajando la vista. Stear se reía, tenía apariencia de no romper un plato, pero bien que se las traía, él no era nada santo y Patty lo sabía.

-Cierra los ojitos, mi amor.

-¿Para qué?

-Vamos, patito, confía en mí.

Le dijo Stear sonriendo y Patty cerró los ojos.

-Extiende tus manos, pero no abras los ojos.

-Avanza, Stear, que ya me tienes nerviosa.

Dijo Patty extendiendo sus manos y mordiéndose los labios por la curiosidad. Al instante sintió que ponían algo pequeño en sus manos, algo suave, como una cajita.

-Ya los puedes abrir, preciosa.

La cara de Patty valía un millón la ver el delicado detalle. En un estuche de terciopelo había un set de aretes de oro en forma de libélula con su cadenita a juego e incluso un anillo que tenía su nombre creativamente impreso en la colita de la libélula que tenía en el centro. Era un detalle original y hermoso. Stear siempre había sido original.

-Bello... es lo más hermoso que me han dado. Bueno, es lo único que me han dado. Gracias, mi amor, gracias.

Le dijo Patty llorando y abrazándolo impulsivamente. Stear la recivió en sus brazos feliz y agradecido por la vida, por la nueva oportunidad y por la certeza de ser correspondido. Patty sentía que la vida le daba todo lo que siempre había anhelado, por lo que tantas noches había llorado.

-¿De quién son esos ojitos?

-Mmm... tuyos.

-¿Y esta boquita...?

-Todita tuya.

-¿Y estos cachetitos de bebé?

-Ya basta, Archie.

Contestó Annie riendo. Ella y Archie fueron a un lugar apartado, pero encantador, donde había un pequeño riachuelo, un paisaje hermoso. Archie estacionó su carro frente al riachuelo y se encontraban ambos sentados en la capota. Él se divertía jugueteando con la carita de Annie y ella reía como una niña. A pesar de lo esbelta y buena forma que tenía Annie, Archie la trataba con una delicadeza de niña, porque ella aún conservaba su aire infantil y eso mataba a Archie.

-Sabes, hace exactamente cinco minutos con veinte segundos que no me vas un beso, eso es imperdonable, señorita.

-Oh, lo siento, caballero. ¿Qué debo hacer para reparar el daño?

-Ummm... Podrías empezar por esto.

Le dijo Archie acercándola a él y adueñándose de su boca con mucha pasión. Annie se estaba derritiendo por dentro, él la pegaba a ella, pero mantenía sus manos en su cintura y no subía ni bajaba de ahí, aunque se estuviera muriendo por tocarla y ella por dentro batallaba con lo mismo. Archie no quería pasarse de la raya, pues tal vez después no podía parar y él pensaba que ella a sus diesciseis años aún no estaba preparada para muchas cosas que le faltaban por conocer, además el tenía veinte años y no quería causarle problemas siendo ella menor o introducirla a dar un paso que requería un nivel de madurez para el que tal vez no estuviera lista.

-Te amo, princesita.

Le dijo separándose lentamente de ella antes de que se le fuera el control.

-Pues yo te amo el doble.

-No lo creo. Yo te amo mucho más allá de eso.

Le contestó dándole besos desde sus brazos hasta sus labios y luego todo su rostro.

-Archie, quiero que vayas conmigo a mi prom.

Soltó Annie de repente, muy espontánea.

-Falta bastante para eso, mi amor, claro que iré contigo.

-Sólo faltan nueve meses, así que te lo estoy avisando porque no quiero que vayas hacer algún otro plan o que no estés aquí...

-Voy a estar contigo, princesita, por eso no voy a tomar el examen asvab hasta después de tu graduación para no perderme nada...

-¿Asvab? Archie... tú... ¿te irás al Army?

Preguntó Annie con desilusión. Sabía todo lo que eso implicaba y las largas ausencias que las obligaciones y entrenamientos requerían, lo había vivido toda la vida con su padre.

-Sí, mi amor, es que estoy estudiando mecánica de aviación y entrando al Army el futuro es prometedor, para nosotros. Por el momento sólo pienso entrar al Army Reserve, mientras sigo estudiando y así puedo seguir estando junto a tí, ya que sólo tendría que cumplir con el Army un fin de semana al mes.

Annie sintió un gran alivio al escuchar eso, pero tarde o temprano él se metería de lleno en eso y eso la atormentaba, ella quería una vida normal, donde el llegara a casa todos los días y que todo fuera estable, pero ella lo amaba y aún eran jóvenes, no había por qué presionar las cosas.

-Está bien, tengo que apoyarte si eso es lo que quieres. No voy a interponerme en tus sueños y metas. Haré todo lo posible por ser parte de ellos.

Archie la tomó del mentón y la besó dulcemente.

-¿Y tú qué vas a estudiar, Ann?

-Yo... quisiera ser modelo. De ropa interior...

-¿De ropa interior? ¿O sea, enseñando todo en las revistas de...?

-¡Archie! No enseño todo, es como si estuviera en...

-¡Desnuda!

-¡No! En traje de baño. Es algo fino y profesional, nada vulgar. Tengo una tía que trabaja para Avon y me ofreció una oportunidad para cuando cumpla la mayoría de edad. Además, eso sólo será temporal. Quiero ser maestra pre-escolar, lo del modelaje sólo es un hobbie.

Explicaba Annie acalorada a un muy molesto y nada convencido Archie.

-Haz lo que quieras, Annie. Tampoco seré piedra de tropiezo en tu camino.

Le dijo Archie y le sonrió forzadamente, una sonrisa que a ella le dolió porque de pronto él se había puesto muy serio y se notaba el gran esfuerzo que hacía para mantener el buen humor.

-Archie, mi amor, si tú no quieres que...

-No hay problemas, Annie. Si quieres modelar ropa interior, hazlo, supongo que no serás la única. Terminaré por acostumbrarme. Ya es tarde, voy a llevarte a casa.

Dijo Archie poniéndose de pie y abriendo la puerta del auto para que Annie entrara. Se pusieron en marcha rápido, ella tenía los ojos aguados y él nisiquiera se había percatado. A los pocos minutos gruesas lágrimas salían de los ojos de Annie que miraba hacia el vacío y sus pensamientos se encontraban a kilómetros de ahí. Archie miró hacia la derecha para cambiarse de carril y entonces la vio, con su rostro empapado en llanto y se sintió el ser más miserable del mundo. Buscó un lugar apartado para estacionar el carro y hablar con ella, no podía regresarla a su casa en esas condiciones.

-Ann, perdóname, no era mi intención hacerte llorar, es que yo...

-Llévame a casa, por favor.

Le contestó con sequedad.

-No hasta que hablemos. No puedo dejarte así...

-Ya me dijiste todo lo que piensas, así que no me interesa seguir escuchándote, por favor, llévame a casa, estoy cansada.

Sus palabras fueron tan frías que a Archie se le congeló el corazón.

-¡Maldita sea!

Exclamó furioso dando un manotazo al volante haciendo que sonara la bocina y Annie se sobresaltó.

-Ya te dije que lo sentía, no fue mi intención hacerte llorar. No me gusta que tengas que modelar ropa interior, es verdad, pero a ti te gusta y no seré yo el que te impida lograr lo que quieras, lo he aceptado por tí, porque tú aceptaste mis planes para el futuro a pesar de no haber estado totalmente de acuerdo, así que decidí hacer lo mismo por tí. ¿Cuál es el problema ahora?

Preguntó molesto.

-¡Tú eres el problema! ¿Crees que no me di cuenta de la forma repentina en que decidiste que era tarde y teníamos que irnos? Son las diez de la noche, Archie. Teníamos permiso hasta la una, pero como veo que tienes tanta prisa por llevarme a casa, sólo estoy facilitándote el trabajo, no haré ningún berrinche, así que déjame en mi casa y no me jodas más.

Le gritó Annie llena de rabia y Archie se quedó sorprendido por ese arranque de su parte, sobre todo por su última expresión.

-¿Perdón, escuché bien? Así que lo único que hago es joderte la vida eh...

-¡Llévame a casa!

Le gritó perdiendo el control.

-Claro que voy a llevarte a casa, pero primero voy a joderte un poco más.

Archie se quitó el cinturón de seguridad y se acercó a ella para aprisionarle los labios en el beso más salvaje que haya tenido para ella jamás, pues siempre la había tratado con una delicadeza increíble, pero ahora tenía rabia, pasión y rabia y la tenía que sacar. Annie al principio le manoteaba para quitárselo de encima, pero luego comenzó a corresponder con la misma rabia apasionada que tenía él y los labios de ambos estaban sufriendo las consecuencias, pero no se detenían, hasta que Archie sintió que iba a perder el control y detuvo el beso lentamente y respirando con dificultad.

-Perdóname, mi amor. Te amo, te amo mucho. Prometo no hacerte llorar nunca más.

Le dijo Archie sosteniéndola dulcemente del rostro y chocando su frente con la de ella.

-Perdóname por haberte dicho que me jodías la vida, no es cierto.

-Lo sé, princesita, ahora vamos a seguir paseando, nos queda tiempo todavía.

Así ese par de locos resolvió su problema y siguieron disfrutando el resto del tiempo que les quedaba.

-Terry no quiero llegar a casa...

Protestaba Candy cuando ya se encontraban en el carro de vuelta.

-Pero hay que hacerlo, bebé ¿o quieres que tu tía me mate?

-No. ¿Pero voy a verte mañana, verdad?

-Claro que sí, princesa, todos los días. Es más, en tres días tienes que irte, yo haré lo mismo, así que te llevaré a tu casa, de paso me presentas a tus padres.

-Ay sí... tengo que avisarle a Albert para que no venga a recogerme.

-¿Albert?

-Sí, mi hermano mayor.

-Ah...

Suspiró Terry aliviado.

-Pues dile que no venga y que te espere en casa de tus padres, así los conosco a todos.

-Perfecto, también voy a presentarte a mi amiga Eliza.

Dijo Candy emocionada al imaginar la cara que pondría su amiga cuando la viera con novio y lo insoportable que estaría restregándole que ella había tenido razón. Lo que Candy no sabía era que Eliza también tenía su propia historia que contar, una no muy agradable y que necesitaría de ella más que nunca.

Continuará...

Hola niñas lindas. ¿Qué les pareció el capítulo? Quise subirlo más temprano, pero algunos contratiempos me lo impidieron. De todas formas voy a subir el próximo hoy mismo aunque tenga que amanecerme, porque les prometí que serían dos. En cuanto a la escena de Candy y Terry dónde por poco pierden el control la puse porque este fic le estoy dando bastante realidad a lo que vivimos diariamente, situaciones reales que pasamos a esa edad y que aún más adultos las pasamos, a veces teniendo la madurez y el conocimiento comoquiera nos dejamos llevar y muchas veces nos arrastra la corriente, pero al final, la madurez de Terry pudo más y ese fue el mensaje que quise dar, para que no vayan a malinterpretarme. También les di sus situaciones a los demás chicos, todas esas cosas que atravezamos en nuestra juventud, según mi experiencia, tengo 25 años, así que no soy tan vieja, sigo aprendiendo de la vida jejeje.

Bueno, espero sus reviews.

Wendy