Amor de verano
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 11 Volviendo a la rutina
Advertencia: Este capítulo contiene algunas escenas de carácter sexual y lenguaje un poco fuerte, si eres sensible a este tema, abstente de leer, si no, ya sabes... disfruta...
El tiempo pasó volando y las vacaciones también, Candy ya se encontraba empacando todas sus pertenencias y aunque estaba feliz porque no tenía que despedirse de Terry como esos amores de verano que son sólo eso, sí le dolía dejar a sus prima los chicos, también a su tía, esas fueron sin duda las mejores vacaciones de su vida.
-Voy a extrañarlas tanto, chicas.
Las abrazó Candy casi llorando.
-Te esperamos para las próximas vacaciones, Candy. Puedes venir en diciembre, lo bueno que tiene Puerto Rico es que es verano los trescientos sesenta y cinco días del año, así que la playa estará siempre lista para recivirte.
Le dijo su tía Elroy abrazándola y besándola.
-Hola chicas, señora Elroy. Candy, amor, si ya estas lista, podemos irnos.
Dijo Terry saludando.
-Sí, ya estoy lista. Chicas, por favor despídanme de Stear y Archie.
-Claro que sí, Adiós, Candy.
Dijeron sus primas y finalmente Terry subió las cosas de Candy al carro y le abrió la puerta a ella para que entrara.
-Ya se te acabó el pan de piquito, Candy. Ahora a ponerte las pilas y a estudiar.
-No será tan malo, mi amor, recuerda que voy a estudiar lo que me gusta.
-Comoquiera, tienes que esforzarte y dar lo mejor, sólo así se sobresale en la vida.
-Está bien, Sócrates.
-Graciosita, eh.
Le dijo Terry despeinándola. Llevaban una hora y media de camino cuando Candy comenzó a sentir que sus tripas más grandes estaban comiéndose a las más pequeñas.
-Terry... tengo hambre.
Le dijo haciendo un puchero.
-¿Tienes hambre, bebé?
Le contestó él como si ella fuera una niña pequeña y dándole besitos.
-Es que no comí nada, me levanté un poco más tarde de lo que debía...
-¿Quieres ir a Mc Donald's?
Le preguntó señalando el lugar que estaba a pocos metros de ellos.
-¡Sí!
-¿Quieres ir por dentro o prefieres el servi-carro?
-Por dentro, así comemos más cómodos.
Pero al rato, Terry estaba metiéndose a la fila del servi-carro como quiera.
-Terry, te dije que iríamos por dentro...
-Sí, pero no me había fijado que se te ve todo y no quiero que te miren.
-¿Qué? Terry, sólo se me ve el ombligo, no seas exagerado.
Dijo Candy, pues tenía un jean ajustado, pero largo y su blusa sólo le permitía mostrar el ombligo, no toda la barriga, aunque en la parte del busto era un poco escotada y ella tenía dos buenas razones.
-Lo suficiente para que se te queden mirando.
-¡Terry!
-Está bien, pero yo ordeno y tú me esperas sentada.
-Sí.
Le dijo Candy poniéndo una expresión angelical. Terry salió de la fila del servi-carro y se estacionó y entraron al Mc Donald's. Candy sólo hizo poner un pie en el lugar y todos los chicos de las mesas, la miraban, algunos disimuladamente y otros no tanto, incluso los emplados del mostrador le estaban sonriendo desde antes que se pusiera en fila para ordenar y los de la cocina que estaban en la parte de atrás iban al mostrador bajo cualquier pretesto y Terry estaba a punto de ahorcarlos a todos, incluso a la misma Candy por convencerlo de entrar con ella.
-¿Qué quieres comer, mi amor?
-Pues... eh... déjame mirar el menú.
Contestó ella para tortura de él que lo quería era sentarla en el área más alejada para no tener que romperle la cara a ninguno de los imbéciles que se quedaban mirándola en especial al cajero que parecía haberse confundido de teclas.
-Date prisa, amor, el muchacho está esperando.
La apuró Terry, pues había varias personas detrás de ellos con cara de fastidio.
-No se preocupe, señorita, cuando esté lista puede ordenar, hay tres cajas abiertas.
Le dijo el cajero sonriéndole y Candy le devolvió la sonrisa inconcientemente y el muchacho se quedó idiotizado. Terry tenía la mandíbula apretada y miraba al pobre muchacho queriendo asesinarlo.
-Me podrías dar unos "chicken selects" de cinco piezas, por favor, con salsa honey mustard y que el refresco sea Coca-cola.
Dijo Candy amablemente.
-Claro que sí, dama, ¿desea algún postre?
-Eh... sí, un sundae de caramelo con maní, por favor.
-¿Ya terminaste, princesa?
-Sí, mi amor.
-Entonces ve a buscar una mesa, linda, que yo llevo la comida.
Le dijo Terry, pero fue más una órden, su amable petición estaba llena de ironía y hasta coraje, pensó Candy.
-Puede sentarse en esta mesa, acabo de limpiarla.
Le dijo sonriendo el muchacho encargado de mantener el lobby limpio y Terry quiso hacerle tragar el trapo que tenía en las manos.
-Gracias, muy amable.
Le dijo Candy al muchacho regalándole la sonrisa más deslumbrante y para ese entonces ya la órden de ellos había salido y Terry arrojó la bandeja de mala gana en la mesa y se sentó. El muchacho se sobresaltó.
-Ya estamos bien, amigo, puedes seguir con tu asunto.
Le dijo Terry con un gesto tan frío que el muchacho se borró del mapa al instante.
-Terry, no tienes que ser tan grosero, sólo está haciendo su trabajo.
-Sí claro, su trabajo no es acomodarte la mesa ni estar sonriendo como un tarado, él sólo tiene que limpiar, pero si tú continuabas siguiéndole el juego no iba a moverse de aquí ni con una grúa.
-¿Siguiéndole el juego? ¿De qué rayos hablas ahora?
-"Gracias, muy amable"... sólo te faltó besarle los pies.
Le dijo Terry imitando la voz de ella y haciendo todos sus gestos femeninos. Candy tuvo ganas de reir, pero la carota de Terry se lo impedía.
-Estás loco, Terry.
En eso vino una empleada joven y muy coqueta hacia la mesa de ellos.
-Disculpe, le faltó su sundae.
Le dijo ignorando descaradamente a Candy y sonriéndole a Terry como si se tratara del gobernador.
-Gracias, linda, muy amable.
Le contestó Terry y Candy lo fulminó con la mirada.
-Gracias, pero el sundae es mío, puedes seguir con tu asunto.
Le dijo Candy a la empleada que se quedó con la boca abierta por la forma en que Candy le habló y sobre todo por la mirada asesina que le dedicó.
-No tenías por qué ser tan grosera, princesa, ella sólo hacía su trabajo, ves te trajo tu postre, ¿no es una ternurita?
-¡Cállate, Terrence!
Le dijo furiosa y Terry empezó a reirse hasta atragantarse con el refresco.
-No soy el único, amor. ¿Ves cómo se siente?
-Te espero en el carro, así tienes más libertad para besarle los pies a la amable empleada.
Dijo Candy y le arrancó las llaves y se fue. Terry rió para sus adentros. A los diez minutos Terry estuvo de vuelta en el carro.
-Candy, no comiste nada por estar con tu berrinche.
-Se me quitó el hambre y no es ningún berrinche, a tí te encanta tener todas esas chorros de zorras encima tuyo.
Le respondió cortante.
-Ya, mi amor, no te pongas así, te traje la órden nueva, vamos, come.
-Que no quiero, dije.
Terry dio un gran suspiro.
-Vas a comer, no voy a llevarte a tu casa muerta del hambre, así que pórtate bien, princesa y abre la boca.
Le dijo llevándole una de las tirillas de pollo a la boca y ella volteó la cara.
-No tengo prisa, estaré aquí toda la tarde hasta que comas, así que te recomiendo que vayas abriendo la boquita, vamos...
Le insistió dándole un beso y finalmente ella cedió. Terry le dio toda la comida incluyendo el postre como a una niña, a Candy le gustaba aprovecharse de él, incluso lo obligó a darle el refresco. El sonido de su celular la trajo a la realidad.
-Hello...
-Candy, ¿de dónde vienen, de México? ¿Por qué tardan tanto?
-Tranquilo, Albert, ¿qué te pasa, cuál es tu prisa? Paramos a comer, ya estaremos allá en una hora, adiós.
Contestó Candy y le colgó sin darle tiempo a contestar. Terry se puso en camino rápidamente y prendió el stereo y él y Candy se pusieron a cantar la canción que estaban pasando en ese momento.
-El engaño, dos extraños jugando a quererse, en lo oscuro el amor no puede verse, no es que tengas la vida de frente es morirse, depende. Y vuela, vuela, vuela, angelito vuela que tan sólo te queda unas horas de vida para tu partida, angelito vuela...
-De nada vale llorar, tan sólo queda volar, sólo expande tus alas, coge vuelo y no vuelvas más...
Era la canción de Don Omar, "Angelito". No la entendían muy bien, pero les encantaba, además estaba super pegada. En una hora y quince minutos estaban entrando al control de acceso de la urbanización donde vivía Candy.
-Buenas tardes, casa M16, familia White, Candice White.
Decía Candy en la bocina y al par de segundos les permitieron pasar.
-Por aquí, Terry, puedes estacionarte ahí.
Le señaló Candy a Terry y a los pocos minutos estaban siendo recividos por Rosemary White.
-Hola, mami.
Dijo Candy alegre saludando a su madre que le dio un abrazo de oso. Luego saludó a su padre que la llenó de besos sonrojándola en frente de Terry.
-Mami, papi, él es Terrence Grandchester, mi novio.
-Terry, ellos son mis padres Rosemary y William White.
-Mucho gusto, señores, pueden llamarme Terry.
-Mucho gusto, Terry, entren por favor.
Le invitaron amablemente.
-Candela, ya estás aquí, al fin.
-¡Albert!
Corrió Candy para abrazarlo, tenía mucho tiempo sin verlo y pasó por alto el sobrenombre por el que la llamó.
-Él es Terrence, mi novio, Terry este es mi hermano, Albert.
-Mucho gusto, Albert.
Lo saludó amablemente Terry mientras Albert lo inspeccionaba de arriba abajo.
-Bueno, ya, vamos a sentarnos, los chicos deben estar cansados.
Dijo William y los invitó a pasar a la sala. Rosemary les llevó unos vasos con Ice Tea y todos comenzaron hablar amenamente.
-¿Dices que tú dirigiste el comercial de halloween?
Preguntó Albert con la misma cara de asombro que había puesto Candy cuando él se lo había dicho hace unos días atrás.
-Así es, muy pronto verán el comercial de Candy y sus sobrinas para Kress.
Contestó Terry.
-Suena muy interesante su trabajo, Terry.
Dijo William White, él era un empleado del gobierno retirado que descansaba tranquilo con su pensión y se dedicaba a pasar tiempo con su familia y Rosemary hacía unos diez años que era ama de casa.
-Lo es, señor, no hay nada mejor que trabajar en lo que te gusta.
-Estoy de acuerdo.
Dijo Albert.
-Candy, tengo una sorpresa para tí. ¿Creíste que había olvidado tu cumpleaños?
Le dijo Albert.
-¡Una sorpresa! ¿En serio?
-Sí, princesa, deja que la veas.
Le dijo Albert y Terry se sintió un poco raro, pensaba que era el único que le decía princesa, al parecer ella era la princesa de dos hombres más a parte de él. Albert y los demás se dirigieron al garaje y por supuesto, Candy.
-Ahí está, Candy, toda tuya.
Candy se quedó sin habla. Albert le estaba regalando su Jeep Liberty, pero no sólo eso, estaba rediseñada, los aros de las gomas eran rosa, el bumper y toda la orilla también eran rosa y había anchas líneas rosa desde la capota hasta el bonete. Por dentro, el cover del volante también era rosa con diseños de Hello Kitty y los covers de los asientos también, en el dash salían unas tenues luces rosas que hacían que el interior luciera de ensueño y en el cristal de atras de la Jeep tenía pegado un enorme sticker de Hello Kitty. La orilla de la tablilla también era de Hello Kitty. Era el sueño de cualquier chica.
-¡Albert!
Exclamó Candy y se arrojó a sus brazos, Albert la alzó y la giró por los aires. Sus padres miraban la escena fascinados y Terry también aunque le daba un poco de celos de que otros que no fueran él pudieran sorprenderla así.
-¡Mira, Terry, Mira!
-Ya la vi, princesa, disfrútala.
Le dijo y le dio un fugaz beso en los labios. De pronto todos se percataron del anillo de Candy.
-¿Se comprometieron ya?
Preguntó Albert asombrado.
-Sí, pero tranquilos, no tenemos fecha ni hemos hecho ningunos planes, así que no vayan a poner sus cabezas a volar, que los conosco.
Se apresuró a decir Candy que no quería que Terry se sintiera presionado.
-Tranquila, hija, nadie los está acosando, eso sólo deja ver que van por buen camino.
Dijo William y Rosemary sonrió haciendo ver que estaba de acuerdo. Les había caído bien Terry, honesto y sin pretenciones.
-Candy, alguien vino a visitarte.
Dijo Rosemary que había ido atender la puerta.
-¡Elly!
Gritó Candy y abrazó a su amiga del alma.
-Creo que me perdí de mucho mientras estuve en Chicago.
Dijo Eliza mirando a Terry y percatándose inmediatamente del anillo de Candy.
-Elly, él es Terry, mi novio.
-¡Novio! Te lo dije, Candy. Me debes cien dólares.
-Eliza, cállate, además no recuerdo haber hecho ninguna apuesta...
-Aún así me los debes.
-Ya. Terry, ella es Eliza, mi mejor amiga...
-Mucho gusto, Terry, un placer y gracias por haber llegado a la vida de esta amargada.
-¡Eliza!
Terry empezó a reir, realmente eran amigas, la conocía bien.
-Un placer, Eliza. Bueno, me van a disculpar, pero me tengo que ir, tengo trabajo mañana y muchas cosas por organizar en casa. Fue un placer conocerlos a todos.
Dijo Terry que estaba realmente cansado y Candy se desilusionó.
-Te llamo por la noche, Candy. Te veo mañana.
Dijo dándole un beso y un abrazo.
-Ahora si vas a desembuchar todo, Candy.
Dijo Eliza arrastrando a Candy hacia su habitación. Subieron, Candy se puso cómoda y le contó todo, absolutamente todo a Eliza.
-¡Oh Dios mío! No puedo creerlo. ¿Pero usaron protección, verdad?
Preguntó Eliza mirándola con ojos inquisitivos.
-Claro que sí, Elly, aún no me he vuelto loca.
Le dijo Candy y la recorrió un escalofrío al recordar que por poco iban a dar una tremenda metida de pata.
-Me alegra mucho, al fin estás feliz, ya no estarás más pensando en aquél mojón.
-No tienes remedio, Eliza.
-Así soy...
Dijo sonriendo.
-¿Y a tí cómo te fue, Elly?
El rostro de Eliza se tornó sombrío, su alegre sonrisa se esfumó por completo y sus ojos se oscurecienron.
-Ay... Candy...
Fue todo lo que murmuró Eliza soltando el llanto.
-Elly... ¿Qué pasó?
-Que arruiné todo como siempre, Candy.
-No te entiendo, Eliza, ¿qué fue lo que arruinaste?
-Es que no me he podido sacar a Jonathan, no lo supero, Candy, lo he intentado, pero no puedo. Él me jodió la vida.
-Pero Elly, hace más de un año de eso, no me digas que te pasaste las vacaciones llorando por él.
-No fue eso, Candy. Le hice daño por egoísta, por dejarme llevar, acabé con el único amigo de verdad que tengo.
Decía Eliza en un amargo llanto y Candy no entendía nada.
-¿Le hiciste daño a Jonathan, de qué manera?
-A Jonathan no, Candy, a Tom. Lo lastimé cruelmente.
Flashback
Eliza había llegado de sus vacaciones de Chicago una semana antes que Candy, su mamá no estaba porque estaría pasando esa semana en Isabela, en la villa vacacional que tenían ahí. El celular de Eliza sonó, era su amigo Tom, contestó alegre, siempre era agradable estar con Tom y había estado ahí para ella al igual que Candy. Ella lo invitó a pasar un rato en su casa, siempre lo habían hecho.
-Elly, estás hermosa, te sentaron bien las vacaciones.
-Gracias, tú también estás que matas, mira esos brazos, ufff, harías llorar a John Cena.
-¡Bah! No es para tanto, Elly.
Le dijo Tom, un guapísimo chico de veintidos años, alto, de pelo castaño y ojos marrones claros, tenía un cuerpo de ensueño gracias a su obesesión con el gym. Siempre había estado enamorado de Eliza, pero ella a pesar de que él era guapísimo, no reparaba en eso, su corazón estaba demasiado envenenado, aunque aparentara estar siempre alegre y su personalidad extrovertida, por dentro llevaba un gran dolor, una depresión terrible.
-Elly, me vas a dejar entrar ¿o tendré que quedarme una hora más en el marco de la puerta?
-Ay, claro, Tom, entra.
-¿Y te la pasaste bien en tus vacaciones?
-Eh... sí, estuvieron bien.
-Tu cara no dice lo mismo.
-No trates de psicoanalizarme, Tommy. No voy a soltarte nada.
-No necesito que me sueltes nada para saber que no lograste olvidarlo ni olvidarte del asunto durante tus vacaciones. Eliza, a veces hablar y sacarse todo ese rencor del alma ayuda, no se va por completo el dolor, pero se aligera la carga.
Tom siempre sabía qué decirle para devolverla la vida.
-Me usó. Me humilló todo lo que pudo. En fin, me dejó muerta en vida, Tommy.
Le soltó de pronto con los ojos aguados y perdidos.
-A los diesciseis años es fácil soñar, tienes ilusión, tienes rebeldía, el mundo está a tus pies, eso es lo que crees, pero yo era la que estaba a los pies del mundo para que me pizotearan. Él me decía salta, yo le respondía ¿qué tan alto? Llegué a darle hasta dinero, y mucho más que eso, arrastré mi dignidad completa por unos momentitos a su lado que él sacaba para mí cuando tenía tiempo. Yo era su muñeca y él jugaba conmigo a su antojo, me vestía, me desvestía, me tiraba y me volvía a recoger.
Tom escuchaba todo atento, Eliza por fin se abría ante él, ese era un tema que no había podido tocar con nadie.
-Yo dejaba que hiciera y deshiciera, porque pensaba que era lo más cerca que tenía a cariño, yo estaba pasando momentos difíciles y él apareció en mis trances de rebeldía, cuando mi papá se fue de la casa cuando no pudo lidiar con el libertinaje de mi mamá y ella no me prestaba atención porque yo era una niña madura y no necesitaba consejos, ella decía que yo parecía su madre y no al revez, así que aproveché al máximo toda la libertad que ella me daba, me parecía genial en ese tiempo.
Tom le había tomado las manos en muestra de apoyo, ella dejaba correr sus lágrimas sin vergüenza y él de vez en cuando las enjugaba con sus dedos. Ella continuó.
-Me quedé embarazada porque a él no le gustaba usar condones, yo estaba super prendida de él, accedía a todo y no me importaba, porque no sabía que había algo que a él le gustaba menos que usar condones y eran los niños y las responsabilidades, tenía veinticinco años y la vida la vivía como si nunca hubiera dejado la adolescencia.
-¿Embarazada?
Preguntó Tom asombrado.
-Lo estuve sólo dos meses, bueno me había enterado cuando tenía ese tiempo y el bebé sólo me duró una semana después de haberme enterado, porque se lo dije y me sacudió y empujó tan fuerte que me caí y me hice daño.
Eliza tuvo que hacer una pausa para no desbordarse en llanto. Tom escuchaba cada vez con más horror.
-Mi mamá me llevó de emergencia al hospital por la madrugada cuando el dolor se hizo insoportable y comencé a sangrar. Me hicieron un raspe y estuve dos semanas en cama.
Tom abrazó a Eliza. Nunca imaginó por el infierno que había pasado esa pobre muchacha. Quien la veía no imaginaría cuánta amargura había en esa pobre alma.
-Pero siendo tú menor, ¿cómo fue que no hicieron nada por...?
-Él simplemente se borró del mapa, no supe más de él, sólo sabía que se llamaba "Jonathan" o al menos así decía llamarse. Yo no quería que mi papá se enterara y se llevara esa desilusión de su única hija. Yo quería olvidarlo todo, así que dejé las cosas así.
-Elly... Ya no pienses más en eso, estoy aquí para tí, para escucharte cuando lo necesites, siempre voy a ser tu amigo, siempre. Voy a cuidarte, como un hermano...
Le dijo Tom aunque ese calificativo le doliera. Ya había aceptado que no sería nada más y menos con lo herida que estaba ella, que no se permitiría arriezgarse una vez más, al menos no en un buen tiempo.
-Gracias, Tommy.
Dijo Eliza refugiándose en sus brazos. De repente se sintió a gusto con esa cercanía y lo abrazó más fuerte. A él le pareció raro el cambio, pero llevaba tanto tiempo anhelando momentos así que no se puso a pensar en nada más, sólo en la chica que lo abrazaba. Ella de pronto buscó su rostro y lo tocó, acercó sus labios y él correpondió. No entendía por qué ella estaba haciendo eso, pero no quiso detenerse a pensarlo y la empezó a besar con todas las ganas que había estado guardando por tanto tiempo. Ella se pegaba a él y le instaba a que la acariciara. Algo se apoderó de él y empezó a besarla con más pasión, acariciarla con desenfreno y ella le quitó la camisa y él sorprendido, pero muy exitado, le quitó la de ella, ella le bajó los pantalones, estaba frenética, le bajó el calzoncillo también y se subió encima de él rodeándole la cintura con las piernas. Tom sabía que algo no estaba bien, pero ella no lo dejaba reaccionar, no si había soñado con eso tantas veces. Ella lo guió hasta su cuarto aún encima de él abrazándolo con sus piernas y al entrar a la habitación, a penas cerraron la puerta, él le subió la falda y le corrió las bragas y la hizo suya ahí mismo, al momento de terminar el acto, se retiró de ella para correrse a fuera. No quería que hubieran consecuencias y ella no le había dado tiempo para pensar en protección, pero a última hora se le ocurrió esa idea.
-Tom, no te preocupes, estoy usando pastillas desde hace casi un año, tuve que hacerlo para que mis periodos se normalizaran después de aquello...
Él suspiró aliviado, al menos era algo por lo que no se tenían que preocupar. Tom intentó acercarse a ella nuevamente, pero ella se había tornado arisca.
-Elly... no te sientas mal, las cosas a veces, surgen y...
-No. Perdóname, Tom... no sé qué me pasó, pero esto no puede suceder otra vez, tú no te mereces esto...
-¿De qué hablas? Si yo...
-Déjame sola, Tommy. Perdóname...
Le decía Eliza en un llanto amargo nuevamente.
-A ver si entendí. Primero me cuentas toda tu historia con aquél hijo de puta, luego de la nada no sé qué te dio que me arrastraste a tu cama y ahora quieres que me vaya y te deje sola. ¿A qué estás jugando, Eliza? ¿Te usaron y quisiste desquitarte conmigo? ¿Fue eso?
Tom le hablaba fuertemente, fuera de sí y ella seguía llorando desconsoladamente y con un profundo arrepentimiento en el su rostro.
-No, Tom, yo... perdóname, sólo me dejé llevar...Te quiero mucho, de verdad, nunca fue mi intención lastimarte, pero no... no debí hacer esto, perdóname...
Le suplicaba reteniéndolo por una mano.
-Lo siento, Elly. Yo ya estoy grande para juegos, a mi tampoco me gusta que me usen. Cuando estés clara sobre qué es lo que quieres, búscame, ojalá no sea tarde. Adiós. Tom bajó y se vistió y salió lo más pronto posible de ahí con una desilusión profunda, había subido al cielo y se había estrellado en el infierno al mismo tiempo. Eliza se quedó llorando con un lamento desgarrador.
Fin del flashback
-Elly... que fuerte... Pero sabes, no creo que se haya perdido todo. Él debe estar muy dolido, es de esperarse, pero nadie se olvida de nadie de la noche a la mañana. Cruzándote de brazos no vas a conseguir nada. Tienes que buscarlo y pedirle perdón.
-Candy, si hubieras visto cómo se fue, con esa decepción horrible y ese resentimiento con que me miraba... Y yo... aunque me di cuenta tarde, estar con él aunque fue breve, fue tan diferente. A él de verdad le importo, a pesar de lo raro que se dio todo... yo...
-No te es indiferente Tom, Elly...
-Sí... Es como si de repente me diera cuenta de algo que siempre estuvo ahí y que yo no quise ver aunque me tropecé tantas veces con eso.
-Así de impulsiva como lo echaste de tu casa, llámalo y pídele que vuelva. Hazlo.
-Pero él no quiere saber nada de...
-Ve a tu casa y hazlo, Elly. Te lo digo yo, la más amargada. No pierdas la oportunidad, sé por qué lo digo...
Eliza se fue a su casa pensando en lo que dijo Candy, se armaría de valor y arreglaría todo. Tom no se merecía eso de ella y ya era hora de que ella fuera feliz, amada y respetada. Candy se había dado un baño y se acomodó para dormir. Le sonó un mensaje que le alegró la noche.
Mensaje de Terry:
Buenas noches, bebé
que descanses y sueñes con todo
lo que me gustaría estar haciéndote ahora
te amo. Paso por tí mañana a las 6:00pm.
Re:
MMMM... Está bien
Estaré lista a las 6:00
Te amo, mi amor, que descanses
un millón de besos para tí.
Continuará...
Chicas, dos capítulos como les prometí. Espero que les haya gustado. Ya conocieron la historia de Eliza, vamos a ver si resuelve la burrada que cometió con Tom. De ahora en adelante todo irá tornándose más interesante y los conflictos empezarán, y otra parejita surgirá...
Espero sus reviews.
Wendy
