CAPÍTULO 37

Después de lo que parecía una eternidad, el año finalmente terminó. El reloj marcó las doce, hubo abrazos, brindis, se establecieron múltiples propósitos para este nuevo año y el universo ofreció un reinicio para todos.

Para algunos, el futuro se veía esperanzador. Para otros, no tanto.

No pasó mucho para que los rezagos de la temporada de fiestas acabaran y todo volviera a la normalidad. El mundo no se detenía. La vida, al igual que el mercado, era algo que no podía detenerse por lo que pronto las actividades cotidianas se reanudaron. Los aeropuertos trajeron de regreso a los escapistas de fin de año, los negocios reabrieron y las líneas del metro colapsaron las primeras semanas debido a la cantidad de gente que volvía a la rutina de escuela y trabajo. Grandes empresarios y pequeños comerciantes, jefes y empleados, maestros y estudiantes, todos volvieron para echar a andar esa enorme maquinaria llamada "sistema".

Porque así funciona el mundo.

Porque así debe ser.

Habían pasado casi dos semanas desde que los Malfoy regresaron de sus "vacaciones" familiares. El caótico viaje salió mejor de lo que esperaban, aunque ninguno sabría decir si fue algo que disfrutaron en su totalidad o no.

Por un lado, pasar Navidad con Druella Black y sus comentarios destructivos no fue tan terrible como se lo imaginaron. Puede que la dama no fuese la persona más amable con ninguna de sus tres descendientes mujeres, pero al estar Draco presente, la fémina se mostró mucho más accesible de lo usual. Probablemente, para darle gusto a su único nieto varón. Más allá de una u otra incidencia de menor importancia, su estancia en casa de la abuela fue agradable.

Por otro lado, soportar a Delphini Lestrange y sus berrinches…

Oh, eso SÍ que era otra historia.

Los tres integrantes de la familia Malfoy se sintieron aliviados cuando llegó la hora de despedirse. Un minuto más escuchando las extrañas melodías que la niña componía en su ordenador y enloquecerían. Bajo la excusa de continuar con su plan de visitas, subieron al auto y abandonaron la ciudad tan rápido como pudieron. Lucius jamás se había sentido tan agradecido de ir a la casa de su padre como en esa ocasión. Le agradaba su sobrina, pero solo para convivir con ella máximo una tarde al mes, no para aguantarla durante una semana entera.

No, gracias.

Sabía que el amor de un padre podía ser ciego, pero a veces se preguntaba si Rodolphus no estaba bajo el efecto de un hechizo porque, francamente, no se explicaba cómo rayos podía aguantar tanta malcriadez sin quejarse. ¡El hombre era un verdadero santo!

En fin, dejando de lado las ocurrencias de sus parientes políticos, no hubo mayor novedad por las siguientes dos semanas, a excepción del cumpleaños número 43 de su viejo amigo Severus Snape.

Para los Malfoy —específicamente Narcissa—, la fiesta de cumpleaños de Snape marcaba el inicio de todas las celebraciones que tendría el resto del año. Sin embargo, dadas las circunstancias actuales, parecía que tendrían que buscar otro festejo para aperturar su año. La rubia seguía sin contactarse con el profesor, tampoco parecía tener intenciones de hacerlo, pero al menos permitió que sus allegados fuesen a felicitarlo siempre y cuando la mantuvieran lejos de todo eso.

Y por supuesto que lo harían, no pensaban tentar su suerte.

Lucius, Draco y Pansy fueron a comer con él ese día. Ninguno de los dos jóvenes se encontraba de vacaciones por esas fechas —de hecho, ni siquiera se suponía que Pansy estuviera en el país—. No obstante, ambos insistieron que el cumpleaños de su querido "tío" era una ocasión por la cual realmente valía la pena faltar a clases.

Fue un almuerzo tranquilo en un pequeño restaurante familiar a la vuelta del colegio, una locación excelente dado que Snape tenía clases que dictar esa tarde. Su cumpleaños cayó un día lunes por lo que la verdadera celebración había sido el sábado anterior junto al grupo de bailarines del McGonagall's Studio. Fue sorprendente para los tres enterarse que, por primera vez en 20 años, ellos ya no eran su primera opción para pasar fechas importantes.

Eso sí, al menos tuvieron la decencia de fingir alegría por él.

—"Se ve que te divertiste mucho, tío" —comentó Pansy mientras veía las fotos que él le mostraba en su celular. Desde luego, no había ninguna sorpresa, ella ya había visto todas las instastories que habían subido Sirius Black esa noche. Se habían divertido a lo grande. Bebidas, música y baile en un club en el que jamás imaginó ver a su ex profesor. El hombre se veía contento en los videos, tenía una sonrisa de oreja a oreja—. "Qué gusto… Oh, qué bonito pastel, aunque el nombre, eh, está… Está mal escrito".

— "¿'Quejicus'?" —preguntó Draco frunciendo el ceño, haciendo zoom a la imagen con sus dedos. Efectivamente, no se había equivocado al leer la dedicatoria escrita en el pastel—. "¿Y eso? Sabes, entiendo lo de la temática de Batman y los murciélagos, pero el nombre, ¿acaso es otra referencia a los 80's que no conozco?"

—"No, así me dice un amigo. Él fue quien mandó a pedir el pastel".

No había necesidad de preguntar quién era el "misterioso" amigo. Todos sabían que su nombre empezaba con "S" y terminaba en "irius Black".

Parecían ser más cercanos de lo que aparentaban.

—"Parece que tu 'amigo' no pudo ahorrarse la bromita" —Lucius comentó mirando de reojo el pastel que él mismo había horneado, decorado y puesto en una caja a modo de presente para el pelinegro. De haber sabido que la foto de otro pastel iba a opacar al suyo, no se habría esforzado tanto—. "En fin, sí, muy impresionante, muy bonito, pero ¿podemos encender las velas ya? Tu horario de almuerzo acaba en diez minutos y no quiero tener a Dumbledore quejándose por teléfono de forma pasivo-agresiva otra vez".

Partieron el pastel y ahí acabó todo. Snape regresó a Hogwarts para terminar su jornada y los demás, a sus respectivas actividades. Durante el resto del día, Draco y Pansy se quedaron con un mal sabor en la boca y, esta vez, estaban seguros de que no era por culpa del pastel.

—"¿Crees que esta tontería acabe pronto?" —preguntó la muchacha mientras jugaban videojuegos en el dormitorio de su primo— "Ya no soporto ser plato de segunda opción. Antes era divertido cuando podíamos compartir la mesa con tío Snape. Ahora es incómodo. Siento que estoy hablando con un extraño".

—"Papá dice que tiene un plan" —respondió el rubio sin apartar la vista de la pantalla. Su personaje en el juego corría a toda velocidad a través de la pista de obstáculos—. "Dijo que estaba esperando el momento adecuado para ponerlo en marcha".

—"¿Y te dijo qué planea hacer?"

—"No quiso entrar en detalles, pero dijo que esto arreglaría las cosas cueste lo que cueste… Ah, me preguntó que será" —suspiró.

Su respuesta llegaría un par de días más tarde, cuando el señor Malfoy finalmente decidió poner su "brillante" plan en acción. Citó a Snape para que se encontraran en un conocido restaurante italiano en Rathbone Square en el centro de Londres. Le dijo que quería verlo para almorzar y, tal vez, ponerse al día ya que los muchachos lo habían acaparado por completo la última vez que se vieron. El profesor nunca antes había estado ahí, pero había leído buenas críticas de la comida por lo que no tuvo inconveniente en aceptar a pesar de que la idea de probar algo nuevo no le entusiasmara tanto como otras veces.

Tal vez porque su compañero de aventuras culinarias sería otro.

En fin, con Snape asegurado, Lucius pasó a la fase dos del plan: lograr que Narcissa también asistiera a la reunión.

Para eso necesitaría emplear una serie de tácticas mucho más complejas que una simple llamada telefónica. Su esposa no era alguien a quien fácilmente podrías convencer de cambiar todo su itinerario solo para hacer "algo espontáneo", mucho menos si omitías el motivo de ello. Este era un trabajo que requería de un agente de campo con años de experiencia en diplomacia y entrenamiento en el manejo de explosivos y defensa personal.

Es decir, él.

My name is Malfoy, Lucius Malfoy.

(No suena la intro de James Bond porque no tenemos presupuesto para pagar los derechos de autor, pero imaginen que sí).

Para ello, el señor Malfoy tuvo que infiltrarse en el "cuartel general" de la temible Lady Cissy. Por suerte, contaba con el apoyo de un par de ojos y oídos allí adentro.

—Emily. ¡Emily! —el aristócrata llamó mientras descolgaba su abrigo del perchero junto a la puerta de su oficina. A los cinco segundos, su siempre impecable secretaria hizo su aparición—. Ahí estás. ¿Por qué tardaste tanto? ¿Y mis cosas?

—Aquí están, señor —la mujer extendió los brazos para entregarle su portafolio y su teléfono celular, los cuales no tardó en tomar.

—¿Confirmaste mi reservación?

—Por supuesto, señor. Circolo Popolare a la 13:30, mesa para dos —recitó con voz calma, señal inequívoca de que todo iba de acuerdo a lo planeado—. Por cierto, también me tomé la libertad de llamar al señor Wright, el asistente de la señora Malfoy, para pedirle que lo reciba cuando llegué al hotel y lo escolté personalmente donde su esposa. Ya sabe, para preservar el factor sorpresa que tanto desea.

Lucius sonrió. Siempre tan eficiente como solo ella podía serlo, pensó.

—¿Charles se apellida Wright? —bromeó saliendo de la oficina hacia el ascensor. Emily se limitó a sonreír y asentir mientras lo seguía de cerca—. ¿Hiciste lo que te pedí?

—Me ofende que pregunte, señor —respondió confiada—. Le dije al señor Wright que se asegurara de que su esposa estuviera lo suficientemente ocupada como para retrasar su hora de almuerzo —la secretaria presionó el botón para llamar al ascensor y las flechas en la pantalla indicaron que estaba en camino—. Me dijo que ahora se encontraba coordinando algunas actividades con el personal y que después pasaría directo a su oficina pues le programó una última reunión para antes de almuerzo, lo cual espera que la retrase lo suficiente hasta que usted llegue —Lucius asintió, satisfecho—. Me aseguro que estará tan hambrienta que no se negará a irse con usted.

—Espero que así sea. Todo el plan depende de ello. ¿Está listo el auto?

—Sí, señor, lo esperan abajo. Le dije a Perkins que tomará la desviación de Cheapside para que evitar el embotellamiento en la A40. Según el reporte del tráfico, eso debería ahorrarle unos diez minutos o tal vez más.

—Excelente —las puertas se abrieron tras el tintinear de una campanilla. El hombre ingresó en el ascensor y le dio unas últimas instrucciones a la pelirroja—. No recibas más llamadas, todo se atenderá el lunes, así que cancélalo o reprográmalo, lo dejo a tu criterio.

—Ya está hecho, señor. Reprogramé su reunión con LMB para el martes y le indiqué a personal de recepción que toda llamada dirigida a usted sea pospuesta.

"Vaya, sí qué es bueno en lo que hace. Hasta parece que nació para esto", pensó divertido.

—¿Otra vez estás compitiendo contra Charles para averiguar quién es el mejor? —bromeó.

Ella rio—. Nuevo año, nuevo inicio, tengo que defender mi título.

Lo supuso.

—Termina lo que estés haciendo y luego puedes tomarte el resto del día, te lo ganaste —presionó el último botón, el que llevaba directamente al estacionamiento subterráneo—. Buen trabajo. Sigue así y tal vez discutamos ese aumento que pediste

—Muchas gracias, qué tenga una linda tarde. Suerte y saludos a su esposa —se despidió justo a tiempo antes de que las puertas se cerraran.

Parte esencial de ser un buen asistente es conocer a tu jefe como la palma de tu mano. Se suponía que fueses una extensión del mismo, la sombra que hacía todas esas cosas que ellos no podían o querían hacer. Sus gustos se convertían en tus gustos y sus necesidades, tus necesidades. Por lo tanto, lo ideal era siempre estar un paso adelante de ellos. De ese modo, jamás podrían tomarte por sorpresa cuando te pidieran cosas extrañas como conseguir el tomo más reciente de una saga de libros adolescente que ni siquiera estaba a la venta, un par de boletos para una gira internacional que ya estaba agotada o espiar a sus respectivos cónyuges para saber qué locura estaban tramando ahora.

Y créanme, cuando se trataba de trabajar para los Malfoy, esas cosas eran básicamente el pan de cada día.

Pero, ¿para qué contarlo yo cuando pueden contarlo ellos mismos? ¿Qué tal si oímos lo que tienen que decir mientras el señor Malfoy sortea valientemente el tráfico de Londres?

"¿Qué es lo más loco o extraño que has tenido que hacer por tu jefe, que no estuviera directamente relacionado con un asunto del trabajo?"

E: "Uhmm… En realidad, preferiría no contestar esa pregunta. *finge una risa nerviosa para ocultar su incomodidad* El señor Malfoy es muy reservado en lo que respecta a su vida privada, no quisiera meterme en problemas con él.

C: "Lo siento, no puedo brindar ningún tipo de información relacionada a la señora Malfoy o a la índole de mi trabajo. Mi contrato de confidencialidad lo impide… Además, tengo principios. La lealtad es uno de ellos".

Tuvimos que traer a sus respectivos jefes para que les explicaran que no habría ningún problema si revelaban información relevante sobre ellos. Juraron ante un notario que no tomarían ningún tipo de represalias si la información resultaba ser muy vergonzosa o comprometedora.

E: "Pues, una vez tuve que cuidar de Salazar, su mascota, porque hubo un problema de coordinación con el cuidador. Salazar es un pavo real y… ¡Sí, sí! Yo puse esa misma expresión cuando lo vi por primera vez. *ríe de forma sincera esta vez*. El señor Malfoy tiene una fascinación por los pavos reales albinos y adora criarlos. Tiene una parvada grande; Salazar es su favorito. Y está bien, yo no juzgo. Mientras pueda cuidarlos, creo que todo está bien… Eh, en fin, decía que, por lo general, el veterinario suele ir a Malfoy House para atenderlos personalmente, pero ese día no podía y su cuidador estaba enfermo de una gripe muy fuerte, así que tuve que recoger al pavo de la veterinaria y traerlo aquí y esconderlo detrás de mi escritorio para que no molestara al resto del personal porque ese día teníamos una reunión con un inversionista importante… Así que, ya puedes imaginarme, a mí, corriendo por todo el edificio, detrás de un pavo real de casi cinco kilos con un cono en la cabeza, mientras contestaba llamadas y agendaba reuniones por celular con personas que a veces ni hablaban mi idioma. Todo eso, ¡en tacones! *suspira y se acomoda el cabello* Y eso, a veces, se considera un día 'normal' en esta oficina"

C: "Uhmm… *se muerde el interior de las mejillas y se toma su tiempo para pensar bien su respuesta* No sé si sea algo que califique de "loco" o "extraño", pero la señora Malfoy tiene una forma muy… peculiar de tomar su café. Tiene un gusto muy particular, muy específico. Tres veces a la semana ella toma un pumpkin spice latte que preparan en una cafetería local a seis calles del hotel. Lleva café, leche deslactosada y puré de calabaza que contiene mantequilla, azúcar, canela y nuez moscada. Oh, y le gusta que le añadan solo tres chispas de chocolate porque dice que le da el dulzor que a ella le gusta. *toma aire y trata de reducir su tensión* Durante 11 años, tres veces a la semana, he tenido que ir a dicha cafetería y pedir dos cafés exactamente iguales porque una vez, cuando recién empezaba a trabajar para ella, derramé su café y se enojó. Así que, desde entonces, siempre pido dos por si uno se derrama, así no tengo que volver a salir. Además, ella solo bebe el café que prepara la barista del turno de 10:30 a 13:00. No puedo ir antes, no puedo ir después y estoy supeditado a sus cambios de horario porque hay meses en los que ella cambia al turno tarde… *mira disimuladamente a un lado para ver la reacción de su jefa y continua* Como le digo, la señora Malfoy es una persona muy normal, tiene sus momentos, como todos, pero realmente no hay nada "loco" o "extraño" sobre ella que le pueda comentar, lo siento.

Desde luego y como era de esperarse, ninguno de los dos mencionó el penoso incidente de la sex shop en la que ambos coincidieron en fecha y hora para recoger los "pedidos" de sus respectivos jefes. Como dicen por ahí, los temas de camas deben quedarse en la cama…

—Ya llegamos, señor —anunció el señor Perkins, el chófer de Lucius.

Lucius apartó la mirada de su teléfono y miró por la ventanilla del auto. ¡Ya estaban estacionados y ni siquiera se había dado cuenta! Había estado tan concentrado mirando el nuevo capítulo de su drama que no se había percatado de nada. Todo era culpa de sus empleadas y de las novelas que veían a escondidas en la cocina. Les pagaba para que prepararan su almuerzo, no para averiguar si Nam Hae Soon le declararía su amor a su jefe, el CEO arrogante y problemático que, en su vida pasada, había deshonrado a su familia y ahora buscaba la redención…

O eso le habían contado…

—Volveré por ti, Nam. No te vayas —susurró para sí mismo mientras dejaba el aparato conectado al cargador del auto—. Espérame listo, Perkins, no creo tardar mucho. Con algo de suerte, no tendremos que usar el saco y la cinta de la cajuela.

—Eso espero, señor —el conductor rio mientras lo observaba salir del auto—. Suerte.

"Señor Perkins, llevo trabajando para la familia Malfoy desde hace casi 20 años. Durante ese tiempo, ¿alguna vez el señor Malfoy le ha pedido que use el saco y la cinta que están en la cajuela del auto que usted maneja para él?"

P: "Oh, por supuesto que no. No se asuste, jamás secuestraríamos a alguien. Eso es solo una broma privada que tenemos el señor Malfoy y yo. De hecho, ya le he dicho muchas veces que algún día alguien podría malinterpretarlo *ríe despreocupado* No, joven, no se preocupe, no hay ningún saco o cinta en la cajuela… Al menos no desde el 2010".

Lucius tomó el ascensor hasta el lobby y se acercó a recepción para anunciar su llegada. Uno pensaría que al ser esposo de la dueña, podría pasearse por el hotel cuando se le diera la regalada gana; sin embargo, Narcissa había dejado muy en claro desde la inauguración que ese hotel era su lugar de trabajo y que quien quiera que fuese a visitarla tendría que avisar a personal antes de subir.

Al principio pensó que era una regla tonta, pero después de recordar quienes eran los demás parientes de su esposa, entendió por qué había tomado tales medidas.

—Señor Malfoy —Charles Wright, el asistente de su esposa, llamó acercándose a él, interceptándolo a mitad de camino. Se veía calmado, como siempre, aunque sus pasos cortos y rápidos sugerían que tenía prisa—. Lo estábamos esperando. Por aquí, por favor.

Se saludaron con un típico apretón de manos y tuvieron una breve charla casual sobre las vacaciones y lo que hicieron durante las fiestas. Todo muy educado, muy formal. No le sorprendió. Después de tantos años conociendo a Wright, ya entendía que verlo relajado no era algo natural en él.

—¿Sigue en su oficina? —preguntó el rubio mientras subían al ascensor principal.

—Casi no ha salido de ahí en todo el día —respondió el treintañero acomodándose los lentes sobre la nariz—. La mantuve ocupada tan ocupada como pude, señor. Llamadas, revisión de contrato, una reunión general con personal para coordinar las actividades de este mes. Ahora mismo está en una llamada con el director de la sede en Glasgow —el ascensor siguió subiendo, los números dorados se iluminan conforme cambiaban de piso—. Si me permite decirlo, es un milagro que este de tan buen humor después de tanto ajetreo. Por lo general no es así. Realmente tiene mucha suerte hoy

Eso no era suerte, era estrategia, pensó mientras las puertas se abrían. ¿Cómo no iba a estar de buen humor después de todo lo le había permitido hacerle anoche? El trasero le dolía de tantos golpes, no tenía idea de cómo es que podía sentarse.

La vida es una serie constante de sacrificios y a veces un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer.

—Creeré que tengo suerte si es que sigue de buen humor para cuando lleguemos al restaurante —ambos salieron del ascensor, Charles después de él—. Ya sabes cómo es. No le gusta las sorpresas.

—Mucho menos si involucran cosas que no le gustan —completó el menor en voz baja—. Por cierto, ya que tocamos el tema, ¿qué debería hacer con el regalo de cumpleaños del señor Snape?

Lucius cuestionó confundido— ¿Cómo? ¿Narcissa le compró un regalo para Snape?

—Algo así —doblaron a la derecha, esquivando a un par de mucamas que empujaban sus carritos de limpieza por el corredor—. Pidió el regalo por adelantado hace meses. Una copia de "Las flores del mal" de Baudelaire, una primera edición. Llegó hace dos semanas en un paquete hermético —Lucius levantó las cejas, sorprendido. Su esposa sí que se había esforzado este año, ese era el poemario que Snape llevaba años buscando—. Se suponía que se lo entregaría en la fiesta que le organiza cada año, pero dado que ya no se hablan… —dejó morir la frase, encogiéndose de hombros— Quise preguntarle qué hacer con él, pero no me atrevo a molestarla con ese tema, ya sabe lo sensible que es al respecto.

—Hiciste bien. Ni siquiera yo puedo hablar de Snape en casa… y es mi casa.

El castaño esbozó una suave sonrisa y continuó— Pensé en enviarlo por mi cuenta, para no desperdiciarlo, pero no quisiera involucrarme en un tema tan personal. No deseo meterme en problemas.

—Entiendo.

—¿Qué debería hacer, señor?

Lucius suspiró, pensativo.

—Solo guárdalo por ahí —exhaló—. Si todo sale bien esta tarde, tal vez sí lo necesitemos… Ruega que así sea.

Una plegaría nunca estaba de más. Necesitaba toda la ayuda posible si quería que su plan tuviese éxito. Un poco de intervención divina no vendría mal.

Llegaron a corredor que terminaba en una habitación de puertas dobles color blanco. Una placa dorada muy bonita indicaba el nombre de la dueña de la oficina. Justo al lado, adelante de una ventana, había un escritorio, también blanco, que cumplía la función de recepción. Tenía una computadora, archivadores, útiles de escritorio variados y un teléfono, pero no una secretaría que llenara el puesto.

Conforme los años pasaron y Charles adquirió más y más responsabilidades, el castaño empezó a necesitar su propio asistente para cumplir de forma eficiente su trabajo. Encontrarle un secretario no había sido una tarea fácil, habían tenido tres o cuatro pasantes en los últimos dos años y ninguno había logrado quedarse hasta ahora. Si su esposa era exigente, Charles lo era aún más. No tenía tiempo para entrenar desde cero a un novato, su ocupada agenda no se lo permitía. Necesitaba alguien que tuviera las habilidades y el sentido común suficiente para hacer las tareas más prescindibles de la forma en que él las haría.

Y teniendo en cuenta de que el joven galés sufría de algo llamado "perfeccionismo", su concepto de "hacer bien algo" difería mucho del que tal vez tú y yo tengamos.

Su actual pasante, Bárbara Ishiguro, tenía potencial. Joven, enérgica, excelente récord académico, buenas habilidades de organización y manejo de computadoras, entusiastas cartas de recomendación por parte de sus ex empleadores y parecía dispuesta a todo con tal de hacer bien su trabajo. Además, tenía un gran respeto y admiración por la señora Malfoy, lo cual sumaba muchos puntos.

Si la muchacha completaba con éxito el periodo de prueba pactado en su contrato, puede que Charles finalmente pudiese relajarse un poco.

—¿Y la niña nueva? —el señor Malfoy preguntó curioso mientras se detenía frente al mueble para examinar los adornos que había sobre este, algunos muñequitos y bolígrafos con juguetitos encima— "Barbie", ¿verdad?

—Oh, sí, salió. Estoy tomando su lugar —respondió rodeando el escritorio para sentarse—. Digamos que la cubro mientras realiza su prueba final para ver si se queda con el puesto —añadió con una pequeña y casi imperceptible sonrisa burlona en los labios.

El aristócrata arqueó una ceja. Conocía esa mirada. Era la misma que su esposa ponía cada vez que se salía con la suya y quería alardear de ello, pero sabía que no era correcto hacerlo. Una mirada digna de un auténtico villano de cuento de hadas.

Después de tantos años trabajando juntos, puede que se le estuviese pegando más que solo la mirada, pensó divertido.

—¿Qué hiciste esta vez, Wright? ¿Acaso la mandaste a hacer algo que no quieres hacer?

—¿Soy tan obvio? —el mayor se le quedó observando, lanzándole una mirada curiosa para que continuara. Era claro que no pensaba irse sin respuestas. Había olvidado lo chismoso que podía ser Lucius Malfoy—. Está en una misión especial cuidando a… la señorita Lestrange.

Lucius era incapaz de creer lo que escuchaba.

—¿Te refieres a Delphini, mi sobrina? —el castaño asintió— ¿Y por qué están cuidando de ella? Hasta donde sé, ni siquiera está en Londres. Se supone que está estudiando en Berkshire.

Charles exhaló bruscamente en respuesta. El que perdiera su aire sereno por un momento anticipaba que no se trataba de nada bueno… ¡para nadie!

—Al parecer, su viaje familiar por Navidad tenía un precio más alto que solo un par de boletos para un concierto... Debo admitir que la señorita Delphini tiene futuro en el mundo de los negocios, fue muy lista. El arreglo que hizo con su tía para ir a la casa de su abuela tenía "cláusulas" que, por la prisa, la señora Malfoy no se tomó la molestia de evaluar antes de aceptar —explicó con voz pausada, con muchos gestos de las manos y evitando verlo a los ojos—. No solo tendrá un lugar cerca al escenario, sino que, además, tendrá el privilegio de visitar los estudios de Abbey Road en un tour privado financiado por su esposa.

Lucius abrió los ojos, sorprendido. ¡Eso sí que no lo vio venir! Entendía lo del concierto, capricho de cualquier adolescente, pero ¡¿cerrar todo un estudio de grabación activo, interrumpiendo un día completo de trabajo de cientos de personas, solo porque la mocosa quería "conocer" el lugar?! Esto era llevar las cosas a un nuevo nivel.

Maldita niña chantajista…

—Y eso no es lo único —continuó el asistente—. Ya que, según ella, "perdió" una semana de vacaciones visitando a su abuela, ahora exige que se le otorgue una semana adicional de descanso antes de regresar al internado. Así que ahora anda suelta por toda la ciudad haciendo lo que sea que se le antoje y ya que sus padres no pueden cuidarla, nos toca a Barbie y a mí hacerlo.

Ahora comprendía claramente por qué Charles decía que esta era la prueba final de la señorita Ishiguro. Delphini no era nada fácil de cuidar, nunca lo había sido, ni siquiera cuando tenía dos años y apenas sabía caminar. Hasta la fecha, nadie sabía cómo su nana, la señora Rowle, había podido lidiar con ella durante 12 largos años.

Bellatrix no era una mujer maternal, por lo que siempre buscaba la forma de quitársela de encima, incluso cuando no había nadie cerca para ayudarla. En ocasiones, Charles había tenido que hacer de niñero de la rubiecita cuando la señora Lestrange llegaba de improviso a buscar de su hermana y se olvidaba de su hija por unas horas. Con ocho años el pequeño monstruo era controlable, pero ahora que estaba por cumplir 15…

Simplemente no le pagaban lo suficiente para eso.

—Querrás decir "le toca a Barbie hacerlo".

—Un buen asistente tiene que hacer todo lo que su jefe no quiere hacer —por la forma en la que el castaño se vanaglorió de su "hazaña", cualquiera pensaría que esto representaba su mayor logro—. Hoy es su último día en la ciudad. Si logra mantenerla alejada de problemas hasta medianoche, yo mismo me encargaré de redactar su contrato. Si sobrevive a una mujer Lestrange, entonces estará lista para el trabajo.

A Lucius le pareció justo. Lidiar con Bellatrix y sus locuras era algo que estaba implícito cuando te relacionabas con Narcissa. La aspirante a asistente junior tendría que aprender a lidiar con ella tarde o temprano si quería conservar el puesto, ¿qué mejor forma de empezar que practicando con el mini clon que tenía por hija?

—Un buen asistente tiene que hacer todo lo que su jefe no quiere hacer —por la forma en la que el castaño se vanagloreó de su "hazaña", cualquiera pensaría que esto representaba su mayor logro—. Hoy es su último día en la ciudad. Si logra mantenerla alejada de problemas hasta medianoche, yo mismo me encargaré de redactar su contrato. Si sobrevive a una mujer Lestrange, entonces estará lista para el trabajo.

A Lucius le pareció justo. Lidiar con Bellatrix y sus locuras era algo que estaba implícito cuando te relacionabas con Narcissa. La aspirante a asistente junior tendría que aprender a lidiar con ella tarde o temprano si quería conservar el puesto, ¿qué mejor forma de empezar que practicando con el mini clon que tenía por hija?

—Charles, ¿puedes fijarte si aún hay comida en el restaurante? —los dos hombres se giraron al escuchar la voz de Narcissa Malfoy detrás de ellos. La mencionaba acababa de asomar su cabeza por la puerta de su oficina y se mostró muy sorprendida al encontrar a su esposo de pie frente a ella. Su cara delataba que no esperaba verlo hasta volver a casa—. Lucius, qué… sorpresa... ¿Qué estás haciendo aquí?

El aristócrata cortó la poca distancia que los separaba y acarició su mano con delicadeza antes de plantar un casto beso en su mejilla izquierda. Charles prefirió mirar hacia el otro extremo del pasillo para darles algo de privacidad.

—Acabe temprano hoy y pensé en pasar a ver si querías almorzar conmigo —contestó con voz suave y sedosa, sin apartar sus orbes grises de los de ella, observándola con ternura y devoción. Narcissa se sonrojó ante eso, él sabía que no podía resistir a sus ojos de cachorro—. Charles me estaba contando lo ocupados que estuvieron todo el día. ¿Es cierto que no has comido nada aún? Galletita, ya escuchaste lo que dijo el doctor. Tienes que comer..

La rubia posó su mirada acusadora sobre su asistente por un segundo, pero este no estaba viéndola, así que no le quedó de otra que volver a su interlocutor.

—No-no es que no haya querido —respondió levantando la mirada—. Es que no he tenido tiempo. En serio, he estado muy ocupada. De hecho, estaba a punto de pedir que me trajeran un sandwich o algo.

—¿"Un sandwich"? —repitió mostrándose ofendido— Mi esposa no comerá tan solo un triste sandwich por almuerzo, por supuesto que no. Charles —se giró llamando al susodicho quien, finalmente, se dignaba a verlos—, por favor, cancela todas las actividades que tenga mi esposa el día de hoy.

—¿Qué? —chilló la rubia, arrugando la nariz—. Lucius, ¿qué diablos dices? No puedes hacer eso.

—Oh, por supuesto que puedo. Charles, no le pases llamadas. La señora Malfoy no está disponible para nadie hoy —con paso triunfante, se adentró en su oficina para recoger el abrigo y bolso de su mujer mientras esta intentaba inútilmente hacerle cambiar de parecer. Por más que replicó, el hombre no parecía dispuesto a dar su brazo torcer, ni siquiera cuando amenazó con llamar a seguridad para sacarlo de ahí. Toda oportunidad de ganar la batalla se fue volando por la ventana cuando, de repente, sus protestas se vieron interrumpidas por el fuerte rugir de su estómago. Claro e inconfundible, el sonido del hambre se había presente, avergonzandola a más no poder—. Al diablo el trabajo, mujer, tu estómago es más importante. Y como tu esposo, mi único propósito en esta vida es satisfacer todas tus necesidades, incluyendo tu insaciable apetito… igual que anoche.

Añadió aquello último en un susurro cerca de su oído. Las mejillas de Narcissa se encendieron y, de repente, sintió que hacía más calor de lo normal.

Malditos bochornos, pensó la dama tratando de justificar el cosquilleó en su vientre.

—Puedes tomarte el resto del día, Charles, llevaré a la jefa a almorzar —anunció Lucius colgando el abrigo sobre los hombros de su esposa y guiandola de regreso por el pasillo hasta la salida más cercana—. No creo que volvamos, así que cierra todo.

—¿Qué-... ¡No! ¡Lucius!

—Adiós, fue un placer verte. ¡Me despides de la nueva!

—No, Charles, espe-…

La aristócrata ni siquiera tuvo tiempo de terminar la oración pues las puertas del elevador se cerraron justo en su cara, algo que nunca antes había pasado. Narcissa Malfoy era de las personas que cerraban puertas, no a las que le cerraban las puertas. Con las palabras ya muertas en la boca, la mujer se giró ofendida para ver a su esposo, quien solo atinó a sonreírle como si nada pasara, como si no la estuviese raptando de su lugar de trabajo.

Arriba, Charles tarareaba alegremente mientras alistaba sus cosas para ir a almorzar y luego irse a casa. Su celular vibró sobre la mesa y una notificación con un mensaje de Barbie iluminó su pantalla.

12:38 - [Tú: El Sr. Lestrange no podrá recibirla para almorzar. Tráela de regreso cuando acaben para que coma aquí abajo. Me avisas cuando estén en camino para decirles que preparen algo ]

13:05 - [Bárbara pasante: Creo que eso no de va a poder :c ]

13:06 - [Tú: Cómo que no se va a poder? Qué quieres decir? ]

13:06 - [Tú: Regresen ya, la señora ya se va]

13:10 - [Bárbara pasante: *Nota de voz* Hola, Charles. Sí, mira, sé que te dije que podía hacerme cargo de la señorita Delphini, que sería pan comido, pero tenías razón cuando dijiste que era más difícil de lo que parecía…]

Su voz se oía entrecortada, algo temerosa y sumamente opacada por el sonido estruendoso de voces ininteligibles que hacían ruido de fondo, impidiendo escuchar con lo que sea que la muchacha quisiera decir. Charles tuvo que subir el volumen al máximo y acercar el aparato a su oído.

[... Al salir del tour, la señorita Delphini vio un karaoke y quiso entrar. Le dije que nos estaban esperando, pero ella insistió. ¡Esa niña en serio es persistente! Así que le dije que estarían bien dos o tres canciones, pero ya lleva cantando casi una hora y todavía no quiere irse, dice que vamos a comer aquí. Ya le dije que su papá se iba a enojar por hacerle esperar, pero lo llamó y le dijo que se iba a quedar y él aceptó, así que dice que ahora me tiene encerrada aquí. Me dijo que me fuera si no quería quedarme, pero no la puedo dejar aquí, es menor de edad y tampoco quiero fallarle a la señora Malfoy… ¡Ay! No quiere hacerme caso y ya no sé qué hacer. Dijo que… ¡¿Hablas con Charles?! Uy, quiero saludar. ¡Hola, Charles! Esta chica nueva es mucho más divertida que tú, no sé queja ni me dice que "no" a todo. Espero que tía Cissy sí te reemplace con ella, la voy a recomendar. ¡Besos! ¡No me esperen despiertos! ]

13:12 - [Bárbara pasante: Lo siento, me lo quitó 😭😭😭]

"Mocosa malcriada", pensó mientras echaba llave a la oficina de su jefa antes de dirigirse al ascensor. "Ojalá sus padres fueran conscientes del pequeño monstruo que están criando".

13:14 - [Bárbara pasante: Qué hago ahora? ]

13:15 - [Barbara pasante: ¿Charles?]

13:15 - [Tú: Es tu prueba final. Resuélvelo. ]

13:15 - [Tú: Solo devuelvela a sus padres para el final del día y todo estará bien. Me voy a casa, suerte.]

Barbie miró absorta la contestación de Charles. La pantalla iluminaba su cara entre tanta oscuridad y luces neones. Los parlantes reproducían "Could Have Been Me" de The Struts a todo volumen y, delante de ella, de pie frente a la pantalla del karaoke, la ya no tan pequeña Delphini Lestrange cantaba la canción a su estilo como si estuviese dando un concierto de su propia gira mundial.

La aspirante a asistente miró hacia la mesa con todas las bocadillos, bebidas y comida chatarra a medio terminar que la niña había ordenado sin su permiso y pensó en lo decepcionados que estaría sus conservadores padres si la vieran ahora, escondida en una esquina de un cuarto privado de karaoke porque le tenía miedo a una niña de 14 años.

Ya podía escuchar la voz de su papá gritando "¡¿Cinco años en universidad privada para terminar como niñera?!"

—Oye, ven, agarra uno, quiero que me hagas la segunda voz —ordenó la rubiecita tirando de su brazo para ponerla de pie— ¿Cómo que no? Eres asiática, se supone que te gustan estas cosas.

—Ese es un estereotipo muy erróneo, ni siquiera soy…–

—Le diré a tía Cissy que no eres de fiar y que me dejaste beber alcohol —la cortó señalando la mesita donde los restos de una lata de cerveza creo alcohol brillaban bajo las luces neones. Tal y como decía la etiqueta, la bebida no contenía nada de alcohol en teoría, pero solo bastaba leer el nombre de la tan conocida marca para que a cualquier adulto responsable se le dispararan las alertas—. Elige lo que te conviene, neni.

—... Dame el micrófono.

Señorita Ishiguro, lleva casi un año completo trabajando para la marca The Heir como pasante para el puesto de asistente junior. El señor Wright, quien actualmente es su jefe inmediato, dice que este ha sido un puesto muy codiciado por anteriores postulantes y que usted es la candidata que más ha destacado durante este periodo de prueba. ¿Nos gustaría saber por qué le interesa tanto trabajar para esta compañía, específicamente, para la señora Malfoy?

B: "Bueno, esa es una excelente pregunta. Estoy interesada en el puesto porque me emociona trabajar para esta empresa. Durante mi tiempo como pasante, he tenido la oportunidad de ver de cerca el funcionamiento de la marca The Heir y todo lo que representan y he quedado impresionada por su compromiso con la excelencia y la calidad en cada aspecto de este negocio. Además, admiro a la señora Malfoy como mujer, como empresaria y como líder en la industria hotelera nacional, siento que mujeres como ella abren camino para que otras podamos seguir impulsando el cambio. Trabajar como su asistente personal sería una oportunidad única para aprender de ella y de su equipo cercano como lo es el señor Wright. A través de mi interacción con ellos, he sido testigo de su profesionalismo, visión y dedicación a proporcionar experiencias de alojamiento de lujo excepcionales. Siento que la confianza que el señor Wright ha depositado en mí como pasante y la positiva relación que he construido con la señora Malfoy me han motivado más que nunca. Creo que tengo el potencial para seguir creciendo y contribuyendo de manera significativa a esta empresa. Estoy decidida a aprender de ambos y seguir su ejemplo para convertirme en una profesional excepcional en este campo".

Esto no tiene nada que ver con los múltiples beneficios que implican trabajar para la señora Malfoy, ¿verdad? Como el seguro dental, acompañarla a eventos importantes o los "generosos" regalos que suele hacer a sus trabajadores más leales como, por ejemplo, cuando financió los cursos de posgrado del señor Wright en el extranjero o cuando los llevó a él y a la señorita Emily Cooper a la semana de la moda en París.

B: "¿Disculpe?"

La señora Malfoy nos mencionó su gusto por la moda. Dice que tiene buen gusto para vestir, algo que aprecia mucho, y el señor Wright mencionó su creciente interés por acompañar a la señora Malfoy a más eventos públicos de peso como lo fueron el Derby de Epsom, la Semana de la Moda en Londres o alfombras rojas de inauguraciones o premieres del año pasado. ¿Existe la posibilidad de que su interés por el puesto haya aumentado gracias a que diversas marcas de lujo se han mostrado interesadas en colaborar con la señora Malfoy ahora que se está convirtiendo en un símbolo del empoderamiento femenino? Eso significaría que la invitarían a más eventos como los que tanto está interesada en asistir.

B: *mueve la pierna derecha de forma errática y nerviosa mientras piensa bien sus siguientes palabras* "No me van a dar el puesto, ¿verdad?"

La pareja abandonó el hotel y partieron con rumbo desconocido, o al menos así era para Narcissa. Lucius no quiso decirle a dónde planeaba llevarla y por más que insistió, este no abrió la boca mas que para callarla a besos. Finalmente, Narcissa dejó de insistir y se contentó con compartir tiempo de calidad con su marido así sea manteniendo una simple conversación en los asientos traseros del auto mientras Perkins, el chófer, escuchaba.

—Sabes, esto es muy romántico —dijo la rubia dejándose caer a su lado, rodeando su brazo de forma cariñosa y posesiva con sus propias manos—. Ha pasado mucho tiempo desde que hacemos algo así.

—¿Algo así? —repitió el señor Malfoy, respondiendo al gesto atrayéndola más cerca de él, rodeando la curva de su cintura con sus largos dedos.

—Algo espontáneo —contestó encogiendo los hombros—. Ya sabes, algo divertido. Me refiero a hacer algo sin planearlo, como una sorpresa, algo…—

—¿Espontáneo?

—¡Sí! —exclamó—. Así sea solo interrumpir mi horario de trabajo para ir a almorzar… Hace tiempo que tú y yo no hacemos algo espontáneo.

El auto se desplazaba hacia la ciudad, atravesando calles y avenidas rumbo a su destino. Narcissa seguía con la cabeza descansando sobre su brazo y Lucius aprovechó la postura para inclinando su rostro sobre su cabeza, depositando un casto beso sobre esta y aspirando el perfume de su platinada cabellera.

—Tienes razón —suspiró en voz baja—. Deberíamos faltar al trabajo más seguido, ¿no crees? Podríamos almorzar juntos o ir por un café… ¿Qué opinas?

—Sería lindo —susurró escondiendo su rostro en su pecho—. Pienso que sería lindo si pudieramos escaparnos así más seguido y poder hacer cosas juntos. Así podría verte más veces y no solo los domingos —la rubia restregó su nariz contra su camisa aspirando el olor masculino de su colonia y se sintió protegida, querida—. Sería lindo si pudieras almorza conmigo al menos dos veces a la semana. Sabes que no puedo comer sola… Creo que sería lindo si me acompañaras.

Aquella mano de dedos largos que descansaba en su cintura subió por su costado izquierdo, deteniendose unos segundos para tocar sus costillas que podían sentirse debajo de su ropa. La pobrecita había perdido mucho peso estos últimos meses, ni siquiera la cena de Navidad pudo hacerla recuperar todo el peso perdido. Su falta de apetito, sumado al hecho de que ella no era alguien que pudiese comer sin compañía, habían dejado a su pobre esposa hasta los huesos.

Sin duda, ya era hora de una intervención, se regañó a sí mismo.

—Si eso que sonrías, entonces faltaré todos los días al trabajo —susurró tomando su mano para llevarla a sus labios y depositar un suave beso sobre su dorso.

Al llegar, el señor Malfoy ayudó a su acompañante a bajar del vehículo y, sin darle mayores detalles de dónde estaban, la condujo por todo el edificio hasta el ascensor que los dejaría en la puerta del restaurante. Realmente fue una hazaña digna de mencionar, la pobre señora Malfoy tuvo mucha suerte de no caerse pues su marido le cubrió ambos ojos con las manos para mantener el factor sorpresa y aunque la acción espontánea sí resultaba algo divertida, Lucius no era tan buen lazarillo que digamos. Las manos de Narcissa sudaban para cuando llegaron a la entrada del lugar.

—Quédate aquí, ¿sí? —pidió el mayor antes de dejarla sola—. Se una buena chica y no abras los ojos.

Sin su sentido de la visión disponible, cualquiera se hubiese asustado al verse abandonado de manera tan inesperada, pero ese no fue el caso de la dama. sus otros sentidos se habían agudizado a tal grado que ahora podía escuchar murmullos lejanos, no importase de dónde vinieran, por lo que realmente nunca perdió "de vista" a su esposo.

—Buenas tardes, ¿tiene reservación?

—Lucius Malfoy, mesa para dos.

"¿Y eso?", no pudo evitar preguntarse extrañada. ¿Qué no se suponía que esta salida era "algo espontaneo"? ¿En qué momento tuvo tiempo de hacer la reservación? ¿Cómo supo que iba a aceptar irse con él? ¡¿Acaso era tan predecible?!

—Bienvenido, señor Malfoy... Sí, aquí está. Ya lo están esperando aden-… O-oh, ok, ok… o hay problema —tartamudeó el empleado. Narcissa se concentró todo lo que pudo para escuchar lo que discutían, pero por más que lo intentó no pudo descifrar los murmullos. ¿De qué demonios estaba hablando? ¿Quién ya lo estaba esperando adentro?—. Por supuesto, aguarde aquí un minuto. Yo me encargo.

La mujer escuchó el sonido de unas pisadas alejándose, pero no supo determinar a quién pertenecía. Con algo de suerte, serían las del empleado porque en ese momento, ella tenía mucho de qué hablar con quien se hacía llamar su esposo.

Debo verme como una estúpida con los ojos cerrados, pensó resistiendose a la tentación de abrirlos. ¿Cuánto más iba a tardar eso? Su estómago ya le estaba quemando.

—¿Lucius? —preguntó luego de unos segundos, cuando su estómago rugió tan fuerte como un oso— ¿Qué está pasando aquí?

—Tsk, tsk, tsk —silenció él acercándose de nuevo a ella, tomándola por los hombros y rodeándola hasta quedar a sus espaldas para poner sus manos nuevamente sobre sus orbes grises—. No abras los ojos aún. Sí, ya sé que soy irresistible y que la tentación de mirarme es mucha, pero tienes que resistir, querida.

—Ajá, claro —contestó cargada de sarcasmo—. Ya dime qué sucede, me muero de hambre.

—Nos están consiguiendo una mesa, no deben tardar mucho.

—Pero acabas de decirle que tienes una reser…—

—Señor Malfoy —la interrumpió abruptamente el mismo empleado—, ya pueden entrar.

—Te lo dije. ¡Vamos!

Con torpeza, en una secuencia que resultaba cómica de ver, Lucius Malfoy guió a su esposa a través de la puerta alta del restaurante, atravesando la entrada y recepción, hasta la sección donde se sentaban los comensales, todo esto mientras aún mantenía sus manos sobre sus ojos. Sus ocurrencias y chistes malos hicieron que Narcissa olvidara por un segundo todas sus sospechas.

—Oye, oye —rio colocando sus delicadas manos sobre las de él—. ¿Por qué tanto misterio? Solo vamos a comer. Ya, déjame, me estás despeinando.

—Espera, espera, solo un segundo más —pidió antes de retirar sus manos y dejarla libre por fin—. Listo, abre los ojos.

Cuando Narcissa abrió los ojos, se quedó sin aliento. Frente a ella, estaba la atmósfera más bonita y romántica que alguna vez había visto. El salón era grande y espacio, de paredes blancas y estaba adornado por cientos de cuadros de todos los tamaños y formas. Como decoración adicional, las paredes tenían incontables repisas empotradas que servían de exhibidor para la amplia carta de vinos y otras bebidas que ofrecían. Los colores que más se dominaban el ambiente eran los blancos y amarillos, los cuales combinaban de forma armoniosa con el techo. Como si fuese sacado de un cuento de hadas o de una casa en el árbol, millones de plantas colgaban desde las alturas, sus hojas verdes y flores lilas le daban vida al lugar.

Sus ojos grises brillaron al reflejar las guirnaldas de luces que caían del techo. No quería arriesgarse a sonar demasiado cursi o infantil, pero a su parecer, lucían como luciérnagas en medio de un bosque encantado.

Una única mesa se ubicaba justo en medio de todo. Dos platos, dos juegos de cubiertos, dos asientos.

Una mesa para dos.

—Oh, querido… —susurró anonadada, sin dejar de mirar las luces y las flores—. Es… Es bellisimo… ¿Es este…?

—Sí, lo es —respondió rodeando sus hombros con uno de sus brazos—. Sé que habías querido venir aquí desde hace mucho, que tú y Snape lo tenían en su lista de lugares por visitar desde hace ya un buen tiempo —notó cautela en su voz, cosa típica cada vez que menciona al innombrable delante de ella—. Pensé que no era justo que te quedarás con las ganas solo porque ya no hables con él, así que organicé esta sorpresa para ti. Reserve todo el lugar solo para nosotros y el chef dijo que puedes ordenar lo qué quieras del menú, todo está disponible. Incluso le pedí a Charles que se encargara de lo que sea que tengas pendiente para que puedas relajarte por el resto del día. Él y Emily me ayudaron un poco.

Lady Cissy se vio envuelta en sentimientos encontrados. Por un lado, le parecía muy romántico que su esposo se hubiese tomado la molestia de armar todo este show solo para darle una sorpresa. Él no era de las personas que hiciera eso, no frecuentemente y sobre todo no con cualquiera, por lo que no podía evitar sentirse especial. Por otro lado, la mención de Snape y sus miércoles de aventuras culinarias abrían una herida que creía haber cerrado gracias a la distancia autoimpuesta entre ambos.

Claramente, su estrategia no había funcionado.

—Mira —Lucius estiró una mano para elevar su barbilla y obligarla a mirarla a los ojos—. Puede que no sea Snape y puede que no sea tan bueno para criticar platillos… o prepararlos —añadió un tanto avergonzado—, pero creo que puedo ser un buen acompañante, si es que me lo permites, claro. Tú podrías explicarme todo lo que sepas sobre el menú y yo escucharía atento y sin interrumpir y cada tanto asintiría o te haría una pregunta para que puedas continuar sin sentir que acaparas toda la conversación,

El duro corazón de Narcissa se derritió de ternura al oír eso. Sus labios dibujaron una tonta sonrisa de muchachita enamorada sin proponérselo. Elevó una de sus manos para hacia el rostro varonil de su esposo y acunó su mejilla derecha con delicadeza.

—Me encantaría —susurró antes de pararse de puntitas y depositar un dulce beso en sus labios, beso que el señor Malfoy correspondió de la misma manera.

Eran estos momentos, estos pequeños y efímeros momentos, que hacían que Narcissa siguiera creyendo en el amor.

—Ahora… —musitó el mayor aún contra sus labios, reacio a apartarse de su lado—, ¿qué tal si nos sentamos y llenamos ese estómago gruñón?

Y, tras lo que parecían siglos, Lucius Malfoy por fin pudo ver esa deslumbrante sonrisa que solo los labios de su esposa podían dibujar.

Se dirigieron al centro de la habitación, hacía su mesa para dos, Lucius incluso retiró la silla para ayudarla a sentarse como solían hacer los caballeros en las películas. Narcissa estaban en la nubes. Lucius dio la vuelta para quedar al otro extremo de la mesa, apoyó ambas manos en el respaldar del asiento. Su anillo de casado brillaba bajo la luz de las guirnaldas. No apartó sus ojos grises de ella por ningún motivo.

—¿Qué sucede? —preguntó ella mientras tomaba la carta del menú que una de las camareras le entregaba en completo silencio— Siéntate.

—No puedo —contestó con voz calma, la calma que precede a una tormenta.

—¿De qué hablas? —la sonrisa deslumbrante que adornaba los finos labios de la rubia fue desapareciendo lentamente— Lucius, ¿qué pasa?

—Es que esta no es mi mesa, cariño.

La fémina se le quedó mirando confundida, su ceño estaba fruncido. ¿De qué rayos estaba hablando su marido ahora? ¿Acaso su pequeño momento romantico había sido demasiado para su cerebro obsesionado con las acciones y las finanzas?

—No entiendo —dijo cerrando la carta del menú—. ¿Reservaste una mesa para los dos y ahora me dices que está no es tu mesa?

—No, no. Yo reserve una mesa para dos, nunca dije que "para los dos" —corrigió enderezandose.

—Sigo sin entender. ¿Podemos comer ya, por favor? Muero de hambre.

—Sí, sí, ya vas a comer —hizo una pausa, aclaró su garganta y finalmente anunció aquello que tanto tiempo llevaba esperando—, pero no conmigo.

Narcissa ahora sí que no entendía nada— ¡¿Q-Qué?!

—Dame un minuto.

Un segundo más tarde, el platinado giraba sobre sus talones para dirigirse rumbo a la zona de cocinas del restaurante, desapareciendo tras la puerta por la que los meseros entraban y salían. Lady Cissy se quedó sentada a la mesa, todavía mirando en dirección a dónde su marido había ido, sintiendose la mujer más tonta del mundo.

Y la más hambrienta sea dicho de paso.

"¿Acaso me está tomando el pelo?", pensó.

Su estomago rugió por enesima vez en el día y ella se sujetó el vientre intentando callarlo.

—Ya, ya, espera un poco. Ahorita te doy agua —susurró roja de verguenza.

Lucius no tardó mucho en regresar y trajo consigo una sorpresa. Por lo general, su esposa siempre lo esperaba espectante no importase cual fuese la situación; sin embargo, esta vez, la decepción en su rostro fue imposible de esconder.

A su lado, tan o más confundido que ella, venía un hombre alto y delgado, de cabello negro, ligeramente más largo de lo que recordaba. Su apariencia oscura había cambiado, no por completo, pero era claro que ya no era el mismo hombre con el que hasta hace menos de tres meses solía almorzar. Se veia más relajado, más joven, incluso parecía que ahora sí cuidaba de sí mismo. Su piel habiá perdido ese aspecto cetrino y ahora lucía saludable, de alguien que se hidrata constantemente y que duerme sus ocho horas diarias.

Su cuerpo tampoco era ajeno a esos cambios. Donde alguna vez hubo una pequeña panza abultada, producto de tantos croissants y otros postres, ahora había un abdomen plano de una persona que hacía la cantidad de ejercicio suficiente como para alcanzar su peso ideal sin parecer que iba al gimnasio todos los días. Sin duda, el cambio le favorecía pues incluso la ropa se le veía mejor. Antes, las camisas se marcaban justo en la zona del vientre, ahora le quedaba exacto, acentuando esa cintura estrecha que solo le había visto durante sus años mozos. Su guardarropa también había cambiado. Lo que antes era dominado por colores oscuros —principalmente, el negro— ahora permitía el pase de uno que otro color claro como la camisa de delgadas rayas celestes verticales que vestía.

Pero no importaba si tenía el cabello corto o largo, si había subido o bajado de peso, ni siquiera si seguía vistiendo de negro o si ahora prefería usar colores pasteles, para Narcissa, el extraño seguía siendo el mismo hombre, viiejo y amargado, que por tantos años conoció.

Severus Snape.

Su ex amigo.

El traidor.

Narcissa se hundió en su asiento, la mirada de cazador fija sobre el hombre de ojos negros. El mencionado correspondió su gesto frunciendo el ceño, no molestandose en esconder su incomodidad al estar en la misma habitación que ella. Cuando estuvieron frente a frente, Lucius carraspeó en voz alta para romper el silencio entre ambos.

—Snape —saludó ella de forma seca y cortante.

—Malfoy —siseó él en respuesta.

La tensión que cayó en el restaurante era tan pesada que fue un milagro que no los aplastara.

—Qué coincidencia que todos nos encontraramos aquí, ¿verdad? —los ex amigos se giraron a ver a su interlocutor. Lucius Malfoy sonreía con todos los dientes, nervioso de lo que acababa de hacer. Su tan brillante plan ya no le parecía tan brillante después de todo— ¿Por-por qué no te sientas, Snape? Anda, ven, puedes pedir lo que quieras —prosiguió ofreciéndole la silla al profesor—. Debes estar hambriento, seguro ambos lo están.

—Lucius —interrumpió la mujer poniéndose de pie tan rápido que parecía que el asiento le quemara. Su voz era calmada al igual que su expresión, no había rastro de enojo, lo cual hacía que fuese más aterrador—, ¿podemos hablar en privado?... Ahora.

No era una pregunta, ni siquiera una sugerencia. Era una orden que sería mejor acatar si es que querías mantenerte con vida.

—Quédate aquí, ya vengo —le pidió en voz baja a Snape antes de irse—. Si no vuelvo en diez minutos, huye.

Cuando se trataba de Narcissa, Severus nunca sabía si debía tomar estas advertencias como un chiste para aligerar el ambiente o un plan de contingencia en caso de que los genes sangrientos de su hermana salieran a la luz.

Lucius se encontró con su esposa a la salida del restaurante, en la recepción, la cual estaba vacía para su buena suerte. Ella lo miraba furiosa, con la nariz fruncida, los brazos cruzados sobre el pecho y los labios apretados en una delgada línea.

—¿Quieres explicarme qué demonios está haciendo él aquí? —masculló entre dientes, haciendo su mejor esfuerzo para no perder el control— Y no es una pregunta, te exijo que me lo digas.

El aristocrata tragó hondo e intentó responder— Galletita…—

—No, ¡no! Ni se te ocurra hacer eso, no voy a caer —exclamó señalando con el dedo indice, las uñas de sus demás dedos se le clavaban en la palma de la mano al hacer el gesto—. Dime ahora mismo qué diantres tramaron ese murciélago y tú. ¿Están coludidos en esto? ¿Lo planearon juntos? ¿Fue divertido organizar este circo a mis espaldas?

—¿Te han dicho que muestras mucho los dientes cuando te enojas, querida?

Lady Cissy cortó la distancia que los separaba y, finalmente, estalló— ¡RESPONDE!

—¡Él no sabe nada! ¡Él no sabe nada! —chilló dando un paso hacia atrás, levantando las manos por inercia—. Él no sabía nada, yo organicé todo. Sabía que ninguno de los dos pediría disculpas, son demasiado orgullosos para hacerlo, así que decidí ponerle fin a esta situación yo mismo —tomó aire y continuó—. No sé si te has dado cuenta todo lo que esta enemistad está haciendo con ustedes, con todos nosotros en realidad. Ya no puedo ver a mi mejor amigo, ni siquiera puedo hablar con él por teléfono sin tener que esconderme. Draco no puede ver a su padrino sin sentirse culpable porque cree que te está traicionando. Nuestros amigos, nuestros sobrinos, gente que no tiene nada que ver con este asunto está dejando de hablarnos porque no quieren formar bandos. Aislaste a Snape de todo su circulo de amigos, lo obligaste a buscar otros y ahora te quejas de ello.

—¿Yo? ¡Él se alejó primero! ¿Qué no recuerdas? Él nos aisló de su vida, él nos abandonó. Nos cambió a ti y a mí para revolcarse una mocosa que podría ser ¡su hija!

—Narcissa, escuchate —exclamó—. Te estás comportando como una niña, ni siquiera tu hermana es tan infantil.

—¡No te atrevas a compararme con mi hermana!

Al decir eso, se pareció más que nunca a su hermana.

—Narcissa, mira lo que esto te está causando —la mujer se le quedó observando, invitándolo a continuar—. La pérdida descontrolada de peso, el insomnio, las heridas en la boca, se te cae el cabello, las conductas autodestructivas…

—¡¿Qué conductas autodestructivas?!

—Dejar de comer, obsesionarte con el trabajo, ir a casa de tu madre en Navidad.

—¡Ay, por favor! —gritó dejando caer pesadamente los brazos a los lados. Estos produjeron un golpe que resonó por toda la recepción—. Sabes qué, estoy harta. Ve y disfruta tu almuerzo con tu amigo. Cásate con él si tanto lo quieres de regreso. Toma, aquí está, dáselo a él —dijo mientras se quitaba el anillo de bodas de su dedo para lánzaselo con enojo. El objeto rebotó en el pecho del aristócrata y cayó al piso, quedándose cerca de su pie—. No pienso quedarme aquí a perder mi tiempo con ese engreído… ni contigo.

—Narcissa, solo quiero ayudar —pidió recogiendo el anillo—. Quiero que las cosas sean como antes.

—Sí, ajá —la señora Malfoy se dio la media vuelta y caminó hasta la salida del restaurante.

—Narcissa, tienes que hablar con él.

"Soy perfecta, no me enojo. Soy perfecta, no me enojo…"

—No vuelvas a casa esta noche, te echaré a la cerca eléctrica si lo haces.

Y justo cuando tomó la manija para abrir la puerta, esta no se movió. Intentó una segunda vez, pero seguía trabada. Por más que empujara, jalara o moviera, la puerta no se abría. Estaba cerrada con llave, lo que quería decir que ni ella ni nadie podría salir de ahí.

Estaba atrapada.

—No creíste que esto sería tan fácil ¿o sí? —escuchó a su esposo decir detrás de ella—. Cariño, después de casi 25 años juntos, creo que puedo decir que te conozco lo suficientemente bien como para predecir cada posible escenario que tus reacciones puedan desencadenar —la empresaria dio media vuelta y lo encaró—. Me tomé la molestia de pedirle a los trabajadores que bloquearan todas las salidas posibles.

También que retiraran todos los objetivos de tipo cortopunzante, añadió para sí.

—Nadie puede entrar o salir hasta que yo lo ordene, y cabe mencionar que alquilé todo el lugar hasta las 12:00 de esta noche, por lo que, hasta entonces, todos los que trabajen aquí tienen que hacer exactamente lo que yo diga… No podrás pedirles ayuda.

Un tic nervioso se apoderó del ojo izquierdo de la rubia.

—Y, por si lo estás pensando, también tomé tu teléfono cuando fui por tus cosas, lo dejé escondido en el auto, debajo del asiento de Perkins —añadió con calma, destrozando toda esperanza de fuga de la aristócrata—. La opción de ir al baño y llamar al esposo de tu amiga que trabaja en el MI6 para pedirle que envíen un helicóptero a rescatarte no está disponible, ni tampoco la de contactar a la policía.

"Soy perfecta, no me enojo. Soy perfecta, no me enojo…"

La mujer tomó una profunda respiración para tartar de calmarse. Cabe aclarar que hizo uso todo su autocontrol para no lanzarse sobre su interlocutor y obligarlo a abrir la puerta.

—Lucius Abraxas Malfoy, te lo voy a pedir una vez y solo una vez —su voz era clara y potente, pero contenida a la vez, oscilaba entre el enojo y la locura, de esa que mientras menos expresa, más asusta—. Déjame salir ¡a-ho-ra!

"Soy perfecta…"

—No.

"No me enojo".

La reacción de Narcissa fue rápida, como un guepardo en plena persecución, un caballo en una pista de carreras tras el sonido del disparo, una estrella fugaz atravesando el firmamento. Cual gato pegando un zarpazo, la mano derecha de Narcissa Malfoy se levantó en el aire y estampó con toda su fuerza contra el rostro del señor Malfoy, justo sobre su mejilla izquierda.

El sonido de la bofetada resonó por todo el restaurante, incluso los trabajadores que estaban escondidos en la cocina lo escucharon. Snape fingió no oirlo mientras se tomaba un vaso de agua que había ordenado, pero en el fondo, estaba listo para llamar a emergencias en caso de que su amigo empezara a gritar por ayuda.

Mientras tanto, Lucius sentía que su cerebro y todo su cuerpo se removía por culpa de la mano fuerte de su esposa. Si no fuese porque era tan buena en los negocios, le recomendaría ser boxeadora profesional, seguro tendría un gran futuro. La cara le ardía. Sentía que su mandibula se había dislocado, pero le dolía tanto que no tenía el valor para tocar y revisar. Estaba seguro que tendría una "hermosa" huella rojiza en forma de palma durante los siguientes dos días.

Al volver su rostro a ella, encontró la mirada horrorizada de su esposa posada sobre él. La mujer estaba pálida, los ojos tan abiertos que parecía que se le iban a salir de sus cuencas y la mano que había propinado el golpe, ocultaba la expresión de sorpresa en su boca. En sus ojos grises, vio miedo, sí, pero también culpa y arrepentimiento. No quiso hacerlo, sus impulsos la dominaron.

No lo hizo a propósito.

Tal vez fue por eso que no reaccionó de mala manera como Narcissa hubiese esperado.

Todo lo contrario.

—Aquí no, galletita —dijo después de unos segundos, mirándola con cierto brillo picaresco en los ojos—. Dejemos eso para cuando estemos en un lugar más privado, ¿te parece?

Acto seguido, tan inesperado como lo fue la bofetada, Lucius Malfoy tomó a su esposa por la cintura y la cargó sobre su hombro cual auténtico cavernícola salvaje.

—Oye, ¡no, no! —chilló removiendose y repartiendo golpes a diestra y siniestra— ¡Bájame! ¡Bájame!

El hombre hizo caso omiso a los reclamos de su esposa y siguió su camino de regreso al comedor. Ya podrán imaginarse el espectaculo que estaban dando. La gran Lady Cissy, la última hija del difunto Lord Black, la rosa inglesa por excelencia, la empresaria de la nobleza, siendo cargada como un saco de papas sobre el hombro de un magnate de la industria aeronáutica.

Eso es algo que no se ve todos los días, ¿eh?

Qué suerte que Emily se encargó personalmente de hacer firmar a todos los trabajadores del lugar un contrato de confidencialidad con cláusulas cuidadosamente redactadas para evitar cualquier tipo de vacío legal que pusiera en juego la reputación de ambos personajes.

El señor Malfoy depositó a su esposa con brusquedad en el suelo y tiró de ella para obligarla a sentarse frente al profesor Snape. El mencionado no dijo ni una sola palabra, su silencio sepulcral se mantuvo todo el tiempo que su amigo se tardó lidiando con su enfurecida esposa. Si algo había aprendido después de haber probado las delicias del matrimonio es que, cuando una esposa está en una discusión acalorada con su esposo, nadie, absolutamente NADIE, debe intervenir.

"Yo solo quería almorzar", pensó mirando hacia cualquier otra dirección.

—Suficiente, ya me cansé —el platinado exclamó molesto, perdiendo la paciencia y plantando ambas manos sobre la mesa. Tanto Narcissa como Severus pegaron un brinco por lo inesperado de la acción—. ¡Peléense, besense, amistense, matense, hagan lo que quieran, pero haganlo ya! —por la forma en la que había dicho la frase, era claro que esta vez no estaba bromeando— O es uno o es el otro, de todas formas, yo gano, puedo vivir con ambos. Así que arreglen sus cosas para que yo pueda recuperar mi vida normal, ¿entendido? Tú se más madura y tú, deja de ser tan orgulloso.

No hubo respuesta, solo cabezas agachadas como dos niños a punto de ser regañados.

—Ahora, si me disculpan, iré a almorzar porque no sé ustedes, YO sí tengo hambre.

Acto seguido, partió rumbo a las cocinas donde de seguro los camareros y cocineros se encontraban con los oídos pegados a la puerta, tratando de escuchar la riña que había al otro lado, en lugar de estar preparando el almuerzo del señor que les había pagado el salario de una semana de trabajo en solo un día por hacer absolutamente nada.

Pésimo servicio. Una estrella porque no puedo poner cero.

De regreso en la única mesa del restaurante, Narcissa observaba al pelinegro casi sin parpadear, no sabría decir si estaba disociando o si solo quería asustarlo. Snape, por su parte, evitaba el contacto a toda costa y miraba por la ventana esperando que alguna catástrofe ocurriera para que lo sacara de esta incómoda situación.

—...

—...

No hicieron ni un solo ruido durante los siguientes tres minutos, los cuales parecieron tres horas si les preguntaban. Finalmente, Narcissa se levantó y caminó hasta la ventana más alejada para sentarse en el suelo frente a esta y perderse en su mundo interno, ignorando por completo a su acompañante.

Esto tiene para rato…, pensó Snape soltando un pesado suspiro mientras sacaba su celular para distraerse.


MUCHAS GRACIAS POR LEER, BESOS!