Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 12 Entra en mi vida

Advertencia: Este capítulo contiene algunas escenas sexuales y lenguaje un poco fuerte, si eres sensible al tema, abstente de leer.

Eran las cuatro y treinta de la tarde y Candy y Eliza ya estaban listas y hermosas. Candy había maquillado y peinado a su amiga para su reencuentro con Tom, ella tenía que disculparse, pero debía lograr que Tom se lo pensara dos veces antes de rechazarla, así que Candy y sus habilidades cosmetológicas entraron en acción dejando a Eliza lista para matar. Dejó un poco de lado su estilo punk, se alizó el pelo y se maquilló delicadamente en tonos rosas, se puso una minifalda de jean blanca y una camisa escotada de manguillos con la forma del busto dividida en tonos rosas y unos tacones blanco con rosa, la verdad que estaba bien chic.

-Ahora mismo no estoy segura de nada, Candy. Sólo espero que...

-Todo va a estar bien, Elly, tal vez él no se va a lanzar a tus brazos de buenas a primeras, pero al menos escuchará lo que tienes que decir, de lo contrario no habría aceptado venir a verte.

-Bueno, es verdad... Ya me voy, Candy, pronto debe llegar por ahí super Terry.

Le dijo Eliza graciosamente y se fue a enfrentar su destino, o como decía ella, las consecuencias de su estupidez. Candy estaba dándose sus últimos toques. Se puso un pantalón largo blanco transpararente, estilo gitano y una camisa de maguillos estampada en diseños rojos, que como siempre, le permitiera mostrar su ombligo, además de que combinaba a perfección con el rojo de su piercing. En el pelo se hizo una elaborada trenza y se dejó una pollina de lado. Se maquilló los ojos mezclando sombra blanca y rosa oscura, se puso rimel y delineador y lipstick rojo con un poco de lipgloss para darle más brillo. Estaba preciosa, era un estilo bien diferente al que usaba normalmente, pero se veía muy bien.

-Candy, nena, Terry ya llegó, baja antes de que tu padre siga atosigándolo.

-Mami, no seas mala.

Dijo Candy riendo y bajó las escaleras como un rayo para arrojarse en los brazos de Terry, sorprendiéndolo y casi haciéndolo caer.

-Veo que me extrañaste, princesa.

-¡Mucho!

Le contestó besándolo.

-Ya, ya, váyanse.

Les dijo Rosemary al verlos con tanta cursilería. Terry se despidió amablemente de sus suegros y se llevó a Candy.

-Bebé, ¿quieres ir a Chili's?

-¡Sí! Hace tiempo que no voy. ¿Pero al de Plaza del Sol? Ahí no debe caber ni un alma hoy.

-No, princesa, también hay uno en Guaynabo, en San Patricio Plaza.

-Ah, no sabía. Sí, tengo hambre.

-Y si te portas bien te compro un molten.

-MMM... Terry, siempre me porto bien, además vas a comprármelo aunque me porte mal.

Le contestó Candy con cara soñadora imaginando el delicioso postre.

-No lo se... eso depende...

-Si no me lo compras, me lo compro yo.

-Y si tú lo compras yo me lo comeré.

-No podrás comértelo tú solo.

-Si te como a ti enterita, puedo comerme un molten yo solo.

-¡Terry! ya.

-Te amo.

Le dijo comiéndosela a besos de repente. En media hora estaban estacionándose en el multipiso de San Patricio y Terry como todo un caballero de descendencia inglesa, se bajó y le abrió la puerta a Candy y la llevó de la mano hasta el segundo piso del mall donde se encontraba el restaurante Chili's.

-Buenas tardes, ¿mesa para dos?

Preguntó una joven y amable mesera.

-Sí.

Contestó Terry con la misma amabilidad.

-Por aquí, por favor.

Indicó la mesera sonriéndole a ambos y mostrándole sus lugares.

-Mi nombre es Mónica, seré su mesera, aquí están los menús, cuando estén listos para ordenar me hacen una seña, voy a estar por aquí. ¿Desean algo de tomar?

-¿Quieres una margarita, princesa?

-¡Sí!

-Por favor, dos margaritas.

Ordenó Terry y la joven fue rápidamente por el pedido.

-Candy, estás muy linda así con ropa india, me encanta y tu pelo...

-Pasé una hora casi haciéndome esta trenza, por eso no me la hago casi nunca...

-Pues estás divina, bebé.

Buenas noches, mucho gusto, eras una chica más

después de cinco minutos ya eras alguien especial

sin hablarme, sin tocarme algo dentro se encendió

en tus ojos se hacía tarde y me olvidaba del reloj

Estos días a tu lado me enseñaron que en verdad

No hay tiempo determinado para comenzar amar

siento algo tan profundo que no tiene explicación

no hay razón ni lógica en mi corazón

-Terry, mi amor, ¿Cómo no amarte?

Entra en mi vida,

te abro la puerta

sé que en tus brazos ya no habrán noches desiertas

entra en mi vida

yo te lo ruego

te comenzé por extrañar

pero empezé a necesitarte luego

-Sus bebidas, por aquí. ¿Ya están listos para ordenar?

Preguntó la mesera con una sonrisa.

-¿Ya decidiste, bebe?

-Sí, unos chicken kryspers.

-A mi un chili's churrasco, pero primero traíganos unos eggrolls.

La empleada fue por el pedido gustosamente.

-Está rica, Terry.

-Ahora no te vayas a emborrachar, Candy.

-¡Terry! Para tu información, no es la primera margarita que me tomo en mi vida.

-Ni será la última, princesa.

Buenas noches, mucho gusto

ya no existe nadie más

después de este tiempo juntos

no puedo volver atrás

tú me hablaste, me tocaste

y te volviste mi ilusión

quiero que seas dueña de mi corazón

Entra en mi vida

te abro la puerta

sé que en tus brazos ya no habrán noches desiertas

entra en mi vida, yo te lo ruego

te comenzé por extrañar

pero empezé a necesitarte luego

Entra en mis horas

sálvame ahora

abre tus brazos fuerte

y déjame entrar

Después de haber degustados los deliciosos southwest eggrolls, veinte minutos después llegó su comida. La comieron entre bromas y risas y miraditas cómplices.

-Hola, ¿todo bien por aquí, desean algún postre?

Se acercó la mesera a dar seguimiento a su mesa.

-Eh, sí, un molten, por favor.

Se apresuró a pedir Candy mirando a Terry con malicia.

-Muy bien, un molten... ¿Desean que les retire los platos?

-Sí, por favor.

Dijo Terry educadamente. En cinco minutos llegó el delicioso postre, un rico bizcocho de chocolate con hot fudge que tenía encima una bola de helado de vainilla cubierta de chocolate duro, un pecado para el paladar, la verdad.

-Te saliste con la tuya, pecosa.

-Siempre.

-Vaya, se te está contagiando la arrogancia.

-Es que tengo un buen maestro.

Le contestó guiñándole un ojo.

-Así no, princesa, te ensucias. Ven, yo te lo daré.

Le dijo Terry tomando la cuchara y dándole el postre a Candy y ella que le encanta prestarse para poner a Terry como su mojigato no puso resistencia.

-Ahora yo a ti.

Candy le dio la mitad del postre a Terry de la misma forma. Algunas personas los miraba divertidos. Eran una pareja hermosa. A los diez minutos Terry pidió la cuenta y se fueron a dar una vuelta por el mall.

-Mira, bebé, eres todo una celebridad.

-¿Qué?

Entonces Candy se percató del enorme cartel que había en la entrada de Kress con la imagen de ella y de sus primas modelando los hermosos atuendos de otoño. La gente la miraba como preguntándose si era ella y ellos reían para sus adentros.

-¡Wow! Tienen que verlo las chicas.

Dijo Candy sacando su celular y tomándole una foto al cartel.

-Y eso que no has visto el Billboard que hay llegando a Plaza Guaynabo.

-¿También? De verdad seremos famosas.

Exclamó Candy con emoción y Terry tenía un orgullo profundo de su novia.

-Disculpa, ¿tú eres la del cartel?

Preguntó el empleado encargado del almacén de Kress.

-Sí, soy yo.

Respondió Candy sonriendo, pero sin intención de sonar coqueta, aunque no lo consiguió, no para la opinión de Terry.

-Eres preciosa en verdad, deberían contratarte para el resto del año.

Le decía el muchacho, un joven guapo, no tan alto como Terry, pero casi, trigueño, pelo corto negro y ojos marrones oscuros, sonreía mostrando unos dientes blancos, derechos y perfectos y gozaba de buena forma física, trabajar en los almacenes ayudaba. Terry escuchaba y observaba todo muy serio, el muchacho lo ignoraba descaradamente.

-Pues... no sé... tal vez.

Contestó Candy sin dejar de sonreir, sin saber que Terry estaba a un punto de hacer tremendo show en pleno mall.

-Disculpa, la pregunta, ¿él es tu novio?

Preguntó el muchacho reparando en Terry por primera vez.

-No, yo sólo soy su guardaespaldas para cuando imbéciles como tú vienen con su lavia monga a pasarse de...

-¡Terry! Dios mío, contrólate.

-Disculpa, no fue mi intención...

-Ah no te preocupes, que tampoco será mi intención romperte esos dientes de un...

-Terry, nos están mirando, por favor, vámonos y déjalo así.

Varias personas se habían detenido a mirar la escena, algunos retrataban a Candy con sus celulares. El guardia de seguridad tuvo que intervenir cuando Terry agarró al empleado por el cuello de la camisa, pero el muchacho no mostró miedo, siempre se mostró desafiante. A regañadientes Terry abandonó la tienda hecho una furia y llevando a Candy de la mano muy fuerte y casi arrastrándola a su paso, suerte que se había puesto sandalias bajitas.

-Terry, ¿Tenías que hacer todo ese espectáculo por una estupidez?

Le reclamó Candy en el estacionamiento.

-¿Estupidez? ¿A ti te encanta ponerme en estas situaciones, verdad? ¿Te gustó el maricón ese?

-No puedo creer lo que me estás diciendo. ¿Yo tengo la culpa de gustarle al estúpido ese? ¿Qué querías? Que lo ignorara con un aire de estrella que no soy.

Ambos llevaban una acolarada discusión y Terry estaba realmente molesto, como nunca.

-Por ejemplo podías haberlo cortado rápidamente, pero no, tenías que seguirle la corriente como siempre y sonreirle... Además, ¿por qué te quedaste callada cuando te preguntó si era tu novio?

-¿Me quedé callada? Tú ni siquiera me dejaste hablar.

-Porque tú no tenías intenciones de hacerlo.

-¿Qué estás insinuando? ¿Sabes qué? ¡Ya estoy harta! Si tú no confías en mí y piensas que me gustan todos los hombres que se me atraviezan en medio, ¿Por qué diablos elegiste estar con esta zorra que tienes por novia?

Candy estaba fuera de control cuando le dijo eso y él se quedó en shock. De pronto todas sus defensas se fueron al traste.

-Candy... yo no quise decir que... Jamás, princesa.

-No me digas princesa, no quiero que me digas nada, llámame por mi nombre y llévame a casa, esta mierda se acabó.

Terry nunca había visto a Candy así, había peligro, él también estaba muy molesto.

-No me hables así, nunca, princesa.

Le dijo Terry acercándosele peligrosamente con los ojos llenos de rabia como un mar embravecido aunque su voz era suave, su tono era amenazante, a Candy la recorría un escalofrío. Le manoteó y trató de apartarse, pero él la retuvo fuerte de la cintura y la pegó hacia él, la miraba fijo, pero destilando furia y fuego por esos ojos.

-Llévame a casa...

Le dijo Candy nerviosa y con hilo de voz.

-¿Quieres irte a casa, muñequita?

Le preguntó él con el mismo tono de voz anterior, pero susurrándole al oído y besándole el cuello, ella temblaba sin saber por qué y a él no se le pasaba el coraje a pesar de lo meloso que sonaba.

-Terrence, por favor llévame...

-¿Por qué, bebé, estás molesta?

Le preguntó con ironía y con la voz cargada de rabia aún mientras seguía besándola y mordiéndole los labios.

-Terrence, por favor no estoy de humor para tus juegos, alguien nos puede estar mirando y...

-¡Que nos miren! Tampoco estoy de humor, Candice.

-¡Perfecto! Entonces llévame a casa ya.

-Tranquila, princesa, voy a llevarte a casa, en cinco minutos estaremos ahí...

Le dijo Terry sin abandonar el tono suave y amenazador y dándole un beso tan salvaje que le lastimó los labios, pero ella no lo rechazó. Se montaron en el carro y efectivamente en cinco minutos estaban entrando a la casa.

-Terry... ¿Por qué estamos aquí?

-Porque querías que te llevara a casa, bebé.

-Sí, pero...

-Ven, muñequita, vamos a casa.

Le dijo sacándola del carro y echándose al hombro.

-¡Ya basta! Terry, bájame.

Le exigió Candy cuando ya estaban dentro del apartamento de Terry.

-Está bien, te bajo, pero tenemos que hablar, cariño.

El tono de Terry no había cambiando, pero no dejaba de besarla y acariciarla y ella cada vez estaba menos segura de seguir con la riña.

-Yo no quiero hablar contigo, quiero irme a casa.

-Ya estás en casa, princesa. Si no quieres hablar, no hay problemas, no hablamos.

-No te entiendo, eres... insoportable y...

Terry la pegó a la pared y le dio un beso de esos que le cortaban la respiración, dejándola sin habla.

-Quiero que sepas, mi amor, que te amo, te amo mucho. Nunca quise insinuar que fueras una cualquiera. Yo sé que tú eres todita mía, ¿verdad?

-Sí, pero...

-Pero tienes que aprender a distinguir cuando alguien te admira con respeto y cuando quieren pasarse de la raya, como el cabrón aquél.

Mientras Terry le decía esas palabras a Candy, con esa pasiencia amenazante, no la dejaba de besar ni acariciar y a ella ya se le estaban doblando las piernas.

-Pero es que tú te vas a los extremos, no tenías por qué...

-Si tenía y ya deja de defenderlo, ¡por Dios!

-Terry, no estoy defendiendo a nadie, lo que pasa es...

-Shhh, no grites, bebé. Estamos muy cerquita y puedo escucharte muy bien.

Le dijo recorriéndole la oreja con la lengua mientras ella sentía que todas sus neuronas se habían ido de paseo.

-Hiciste una escena sin ah... necesidad y me avergonzaste en frente de ah... ah...

Terry la tenía acorralada y la estaba enloqueciendo con sus labios y sus manos, con sus dedos y con todo.

-¿Princesa, recuerdas tu reacción por la actitud de la empleada de Mc Donald's? Cuando ella puso toda su atención en mí y te ignoró intencionalmente... ¿Recuerdas qué fue lo que hiciste, amor?

-Yo no la amenazé ni la agredí.

-No, pero hiciste tu berrinche y te fuiste al carro dejándome ahí plantado. ¿Cómo te habrías sentido si ella se hubiera puesto a decirme lo guapo que estoy y a preguntarme si tengo novia sabiendo bien que estaba contigo, eh? Contéstame, amor.

-Pues... yo... no sé, pero seguramente no... ah... ah... ah...

-Esa no es una respuesta, mi amor.

Le decía Terry con malica mientras la besaba y pasaba sus manos por todo su cuerpo, abriéndose paso en la cremallera de su pantalón y llevándola a donde sólo él sabía.

-Está bien, la habría matado ahí mismo y... ah... ah...

-Entonces yo me porté bien, princesa, no lo maté. ¿Ahora si puedes perdonarme?

Le preguntó sin que sus manos y su boca tuvieran piedad de ella ni un segundo.

-Pero eso es diferente porque... ahh ay ahh, Terry, ya, déjame, ahhh...

-No me has perdonado, princesita, sabes como soy cuando no me dan lo que quiero, suelo ser muy necio, ¿verdad?

Ya Terry le había desabotonado toda la blusa y se encontraba perdido en sus pechos, ella estaba enajenada por la dulce tortura.

-¿No me vas a contestar, bebé?

-Está sí, te per... ah ah... te perdono, pero ah...

Terry la tomó en brazos nuevamente y se la llevó a su habitación. Ahí le sacó la blusa y el brassier y comenzó a torturar sus pezones con su boca, le bajó el pantalón y la llevó a la cama donde sus dedos siguieron haciendo estragos dentro de ella.

-Te amo, princesita, mucho, no olvides.

-Yo... yo también te amo, mi amor, ahhh...ahhh

Candy estaba perdiendo totalmente la cordura, Terry ponía su mundo al revez, sólo él podía llevarla de la rabia a la locura al mismo tiempo y de ahí a la lujuria, sólo él. Ella comenzó a desvestirlo desesperada mientras lo besaba con la misma intensidad de él, le besaba y mordía el cuello, las orejas, le gemía muy cerquita del oído y él ya no pudo más. Se arrancó el pantalón y el boxer y buscó desesperado un preservativo, pero ni sabía dónde estaban, su mente estaba nublada.

-Princesa, no sé dónde están los...

-Mi amor, no me importa, por favor...

-¿Estás segura?

-Sí, sí, por favor...

-No, mi amor, no puedo hacerte esto ahora...

Decía Terry con muy poca convicción hasta que al fin dio con el dichoso preservativo en una de las gabetas de su mesita de noche. Se lo puso rápidamente y entró en ella de una sola estocada. Siempre había tenido delicadeza con ella, pero esta vez ella lo había enloquecido, él estaba sentado en la cama con ella abrazándolo con sus piernas y se movían desesperados, ella se abrazaba a su cuello mientras él se movía deliciosamente en su interior. Sus gritos lo estaban llevando a ver el mundo de los inmortales y él mismo gemía como un desesperado mientras la embestía con fuerza.

-Terry... ahh ahh ahhhhhhhhhh...

-Te amo, Candy...

El último grito de ella lo había llevado a la luna y lo trajo de vuelta alcanzando un climax increíble junto con ella. Candy sintió algo que no había sentido antes, como algo tibio y más húmedo en su interior. Terry se retiró de ella para deshacerse del preservativo.

-Oh no... Princesa...

-¿Qué pasa, mi amor?

Terry la miraba preocupado y la abrazó de pronto y la llenó de besos, como si no se atreviera a decirle lo que había pasado.

-Bebé, el condón... se rompió...

-¿Qué? No puede ser en serio...

-Mi vida, en serio, se rompió.

Ella estaba aterrada y Terry no la dejaba de abrazar, los ojos de ella se aguaron.

-Terry... ¿qué vamos hacer ahora? ¡Dios mío!

-Tranquila, mi amor, por ahora nada, sólo esperar que no pase nada. Por favor, no te preocupes, yo no voy a dejar que te pase nada... siempre voy a estar contigo.

Le dijo besándole tiernamente el rostro y ella se abrazó a él con fuerza.

-Ya sé, Terry. Eliza me dijo que hay unas pastillas que te las tomas al día siguiente y...

-¡No!

Le dijo Terry rotundamente.

-Pero mi amor, sólo es en caso de que...

-Dije que no, no vas a tomarte nada raro que pueda hacerte peor. Hay que afrontar las consecuencias de nuestros actos, además hace un rato me pediste que te lo hiciera sin protección, sabías que eso podía tener consecuencias, Candy.

-Lo sé, Terry, sólo estoy buscando una solución, pero si no quieres... está bien...

-Princesa... no quiero que te tomes nada y no hagas nada raro sin decirme antes, por favor, bebé, prométemelo.

Le decía Terry suplicante y Candy pudo ver dolor en sus ojos y no se le hizo difícil saber por qué.

-Te lo prometo, mi amor, yo nunca... si llegase haber... nunca te haría eso, mi cielo.

Candy lo besó y lo abrazó y él se tranquilizó.

-Lo más probable no pase nada, pecas, pero debemos tener más cuidado. Si pasa algo, yo me encargo de todo, no hagas ninguna tontería, yo siempre voy a cuidarte y no dejaré que te pase nada.

-Te amo, mi amor, no tengo miedo ya.

-Yo tampoco, pecas, pero esperemos que no pase nada. No quiero que tengas que pasar por esto ahora que a penas estás empezando a realizar tu futuro, todo es mi culpa.

-¿Qué? Terry, claro que no, yo también te insistí. No vuelvas a decir eso nunca. Sé que no es el momento, pero todo lo que venga de tí yo lo voy amar, así como te amo a tí.

-Te amo, Candy. Eres lo mejor de mi vida. No te preocupes de nada, yo me hago responsable de todo, tú ni hables en caso de que pase algo. Yo me ocupo de todo.

-Está bien, mi amor, no me preocupo entonces.

-Buena chica, ahora dame un besito rico.

Así estuvieron los dos, preparados para lo que viniera, seguros de cuánto se amaban y Terry por ella haría lo que fuera.

-Tom... entra, por favor.

Le decía Eliza nerviosa, llegó a pensar que Tom no vendría, pues llegó una hora más tarde de lo previsto. Eliza como casi siempre, estaba sola en casa, ni luces de su madre. Decidió hacer una cena sencilla, pasta penne con pechuga de pollo, sabía que tenían mucho de que hablar, que estarían ahí mucho tiempo, además no era la primera vez que Tom probaba ese plato, ella sabía que a él le gustaba.

-Hola, Elly.

-Siéntate, Tommy, por favor...

Eliza estaba intranquila, no sabía por dónde empezar, Tom no se veía molesto, pero sí un poco distante y ella no sabía cómo acercarse.

-Tommy... yo voy a ser directa, no se me dan muy bien las palabrerías y no voy a disfrazar lo que pasó...

Tom la escuchaba y miraba con atención, no tenía ninguna intención de interrumpir, había decidido que no diría ni haría nada, ella tendría que resolver todo.

- Yo sé que lo que hice estuvo bastante mal, no sabes la vergüenza que siento de mi misma. Seré totalmente sincera... El único cariño que he conocido por parte de un hombre fue el que mostré contigo, porque es el único comportamiento que me demostraron... Cuando tú me abrazaste fue algo que no supe como...manejar... Creo que nunca me habían abrazado, no de la forma en que tú lo hiciste. Fue una expereriencia tan diferente que...

Eliza se desbordó en llanto nuevamente, Tom comenzó a bajar sus defensas, ella estaba siendo sincera. Él fue abrazarla nuevamente, pero ella se lo impidió sutilmente.

-No, Tommy, déjame terminar. El caso es que tu calor y cariño despertó en mi unas emociones y sensaciones que no había sentido y tuve la necesidad de sentirte... de perderme en esos brazos que me sostenían fuerte y por primera vez supe lo que era sentirme... amada... de alguna manera. Se sintió tan bien que tuve que sentirte en todos los sentidos, discúlpame, Tommy, esa es la única forma que yo conosco. Pero lo tuyo fue tan diferente que tuve miedo y te pedí que te fueras porque pensé que eso no podía pasarme a mí, que tarde o temprano tú sólo me usarías y te cansarías como todos los demás, así que quise dar el paso yo antes de que tú lo hicieras...

-Elly... ya no llores, por favor. No voy a negarte que me dolió tu actitud y quisiera darle atrás al tiempo para haberme podido controlar y que esto no hubiera pasado, pero ya se hizo. Sólo puedo decirte que no todos somos iguales. Si quieres que te ayude, lo haré, pero tienes que dejarte ayudar. Sigo molesto, no te lo voy a negar y no voy a pedirte que empezemos una relación porque lamentablemente no estás lista y yo no quiero verme arrastrado en el camino. Sí te ofresco mi compañía y quiero curarte, demostrarte lo que es de verdad el amor, si me dejas. Pero iré despacio contigo. Quiero darte todo el cariño que te hace falta, toda la pasiencia, todo el amor. Quiero enamorarte y hacer que olvides todo el pasado que te atormenta, pero lo haré desde el principio, como amigos.

Le decía Tom aunque a él mismo le dolían sus propias palabras, pues en esos momentos él sólo deseaba besarla y tenerla en sus brazos nuevamente, pero tenía que hacer las cosas bien y demostrarle que él era diferente, además de que también tenía que cuidar su propio corazón.

-¿Aceptas eso, Elly? ¿Quieres empezar conmigo, desde el principio?

Le preguntó mirándola con dulzura y tomándole las manos.

-Desde el principio, Tommy.

Eliza le dio una leve sonrisa, una triste y feliz al mismo tiempo. Tom la abrazó y le dio un beso en la mejilla.

-Vas a ser mi amiga, pero mi novia. Porque no voy a estar con nadie ni tú tampoco mientras estemos en esta locura. Pero puedes escribir que serás mía, Elly, pero a mi manera.

Esas palabras dejaron a Eliza confusa, pero feliz. Era una relación extraña, pero era lo mejor que la habían ofrecido en la vida y lo aceptó. Era mejor eso que perderlo para siempre y más cuando había comenzado a sentir algo por él, algo que a cada instante se hacía más fuerte sin que ella pudiera entender por qué. Esa noche cenaron, hablaron, vieron películas, se dieron cariño, como verdaderos amigos, como una pareja, como todo, pero con respeto y Tom aunque se moría, no le dio ni un beso en los labios, tenía un plan y tenía que resultar, se fue muy tarde ahí, cuando Eliza se había quedado dormida en el sofá.

Candy se encontraba muy añoñada en el regazo de Terry viendo televisión en la sala, ella lo adoraba. Él podía ser medio pesado, celoso, posesivo, pero a ella simplemente la amaba, no había nada que ella pidiera que él no le diera y él la consentía como a nadie.

-Terry, olvidé comentarte que hoy me matriculé en varios cursos, empiezo en una semana.

-Que bueno, bebé. ¿Dónde te matriculaste?

-En World Training Academy, en Bayamón.

-He escuchado de esa escuela, creo que Neil hizo sus cursos ahí también. Suerte, princesa.

En eso el celular de Candy comenzó a sonar y como ella estaba en el regazo de él y el celular estaba encima de la mesita de centro, Terry lo tomó.

-¿Quién es Jorge Ramos?

Preguntó Terry poniéndose muy serio y señalándole el nombre en la pantalla hasta que la llamada se cayó porque ninguno de los dos contestó.

-Ah... tengo una entrevista con él mañana...

-¿Entrevista para qué?

-Pues de trabajo... necesito trabajar para...

-¿Trabajo? Dices que este tipo está llamándote a las diez de la noche para una entrevista de trabajo. ¿Qué clase de trabajo, Candice?

Terry estaba enfurenciéndose nuevamente y Candy no sabía qué hacer, tampoco se esperaba esa llamada.

-Escucha, Terry, cuando venía de matricularme, me dio por ver el periódico y me topé con el anuncio, creo que buscan una asistente para oficina, decía con o sin experiencia, así que llamé al número que aparecía y como no contestaron dejé un mensaje, supongo que me están contestando...

-¿Y te está contestando a esta hora?

Le preguntaba Terry irónico.

-Terry, de verdad no sé, sólo llamé al número que aparecía en el anuncio, tal vez si me hubieras dejado contestar...

-No vas a contestarle nada y no llames más a ese número. Nadie llama a estas horas con relación a trabajo, Candice. Y no acabo de entender, ¿para qué estás buscando trabajo?

-Pues para mis cosas...mis estudios, mi ropa, comida, etc.

Terry no podía creer lo que escuchaba.

-¿Y no se te ocurrió hablar conmigo primero? ¿Cuánto necesitas?

-Terry, no es eso... no puedo depender de ti para eso, tú no tienes por qué...

-Candy, tienes que tener cuidado. Eres muy inocente. ¿Crees que las intenciones de alguien que llama a esta hora dizque para trabajo son buenas? Y sobre lo que yo no debería de ayudarte, ¿por qué no? ¿No me has entregado tú todo, sin esperar nada? ¿Por qué ahora no quieres que te ayude?

-Es que yo... no puedo abusar de todo lo que me das...

-Candy, por el amor de Dios. Eres mi mujer, puedo darte todo lo que quieras, no necesitas trabajar, si quieres hacerlo no hay problemas, pero por favor, ten cuidado o al menos ten la desencia de decirme las cosas. Es más, no quiero que trabajes, concéntrate en estudiar lo que quieres, piensa sólo en tu carrera, yo me ocupo de lo demás. Los trabajos distraen mucho, princesa, pueden exigirte tiempo que vas a quitarle a tus estudios y yo quiero que logres todo lo que quieres.

-Pero Terry, muchas personas estudian y trabajan y...

-Lo sé, amor, pero esas personas tienen esa necesidad y son admirables las que lo logran, pero muchos terminan abandonando los estudios cuando se acostumbran a ganar dinero, no quiero que eso te pase, además no lo necesitas, Candy. Puedo darte todo.

-Pero es que de verdad... no tienes por qué hacerlo...

-Candy, la única diferencia aquí es que no vives conmigo, por todo lo demás hemos dado todos los pasos de una relación madura. Lo siento, pero mi mujer no va estar fastidiándose en una tienda o en un fast food, no hay necesidad. No se discute más.

-Terry, yo admiro que hagas eso por mi, pero es tu dinero y...

-Candy, si no te has dado cuenta aún, soy millonario. El dinero no es mi problema. Hace casi un año que heredé mi propia fortuna de mi abuelo, igual que mi hermana mayor y sigo trabajando en la empresa que tarde o temprano será también mía, el dinero no es problema para mí.

-Es que tú me dijiste que habías trabajado como guardia de seguridad y...

-Candy, en ese tiempo, no tenía edad para heredar, no podía trabajar en la empresa porque no tenía la experiencia y dado que fue mi responsabilidad aquella situación, quise resolverlo por mis medios y no aprovechándome de mis padres, pero ahora es diferente. Tengo trabajo, buen sueldo, una carrera casi terminada, cuatro millones en el banco, no es por alardear, ¿pero crees que es justo que vayas a trabajar en cualquier lugar estando yo en esa posición?

-Supongo que no... lo siento, lamento no haberte dicho nada, pero de verdad no sabía que tenías tanto dinero...

-Está bien, princesa. Ahora quiero que no te preocupes por nada, deja que yo me encargue de todo, ¿sí?

Le dijo Terry besándola y ella se quedó más tranquila, él la hacía sentir segura.

-Está bien, mi amor.

Después de haber aclarado esos puntos, se quedaron compartiendo un rato más y luego Terry la llevó a su casa. Candy no pudo dormir bien esa noche, el incidente con el condón le preocupaba mucho...

Continuará...

Hola, espero que les haya gustado este capítulo. Como ven, se van presentando diversas situaciones en la relación de nuestros rebeldes, los problemas no siempre vienen de una tercera persona y muy pronto vamos a estar brincando a otras etapas importantes en el desarrollo de esta historia, los conflictos ya comenzarán a relucir, el tiempo de todo color de rosa se irá acabando, pero el amor de ellos es muy grande, lo suficiente para poder derribar las barreras. Pronto se formará una nueva pareja, una que traerá una situación que se da mucho, ya verán por qué.

Bueno, me dejan sus reviews.

Las quiero,

Wendy