Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 13 Cupido anda suelto

Habían pasado tres semanas ya y Candy había comenzado su primer curso de estilismo básico. Era una alumna sobresaliente, pues ese era un don que ella ya poseía y aprendía rápidamente, incluso ayudaba a sus compañeras. Sus habilidades de conductora habían mejorado bastante, gracias al regalo de Albert podía moverse sin depender de nadie. Terminó sus clases y fue a casa a quitarse el uniforme y prepararse, pues Terry pasaría por ella a pasar un rato en el apartamento ya que era viernes y al siguiente día no se trabajaba ni se estudiaba. Cuando estuvo lista, en media hora Terry llegó por ella y después de haber comprado comida china se fueron directo al apartamento de él.

-Candy, calma, la comida no se te va a escapar.

Le dijo Terry divertido al ver como Candy engullía su comida sin respirar.

-Es que tengo hambre, no había comido en todo el día...

-¿Por qué?

-Es que... estoy a dieta.

-¿Qué?

Le preguntó Terry sorprendido e incluso molesto.

-Eh... sí, es que me estoy poniendo gorda, aumenté casi diez libras en el verano que pasé en...

Era verdad que había aumentado de peso, pero le asentó muy bien, ella había estado muy delgada y esas libras sólo le dieron más acentuación a sus curvas, aunque seguía siendo delgada, ni siquiera estaba llenita y Terry estaba encantado.

-Candy, no me digas que estás pasando hambre porque ahora te ha dado por decir que estás gorda cuando yo puedo levantarte con un solo brazo, así que te acabas todita la comida ahora mismo y...

-Terry, pero es que... mírame.

Le dijo estirándose la piel de la barriga que estaba totalmente plana y tonificada, pero ella y sus manías...

-Estás muy bien así. No quiero enterarme de que estés pasando hambre, lo único que puedes conseguir es enfermarte, si quieres mantenerte en forma, haz ejercicios.

Terry le estaba hablando con autoridad, como si ella fuera su hija y no su novia y ella comenzaba a impacientarse.

-Terry tú siempre quieres venir a decirme todo lo que yo tengo que hacer, no soy una niña y no voy a ponerme a comer como un elefante...

-¿No eres una niña? Claro, porque es muy maduro este berrinche que estás haciendo, ¿verdad? Abre la boca.

Le dijo con el tenedor lleno de comida mientras ella dejaba la boca sellada en una perreta infantil.

-Ya estoy llena.

Le contestó desafiante y la pasiencia de Terry comenzaba a esfumarse.

-Escucha, princesa. Estás muy bien como estás, me gustas así, eres casi un palo, no sé de dónde sacaste que estás gorda, eres muy delgada, sólo que ahora tienes unas curvas que... tienes una figura que muchas matarían por tener...

Le decía Terry apretándole las caderas y las nalgas.

-¿Estás seguro?

-Sí mi amor... unas libritas más no te vendrían mal, pero a mi me gusta así como estás.

Le dijo sentándola sobre sus piernas y besándola en el cuello mientras sus manos la recorrían entera, pero se detuvo antes de que la cosa se pusiera más interesante.

-Ahora, abre la boquita y come, yo te la voy a dar como una bebé.

-Pero yo ya no quiero comer...

Le contestó ella maliciosa y se giró sobre sus piernas para quedar a horcajadas sobre él.

-Estás portándote muy mal, princesita.

Le dijo él, pero comenzó a besarla apasionadamente mientras sus manos apretaban su cintura con firmeza. Cuando él empezó a recorrerle el cuello con sus labios ella comenzó a retorcerse sobre él y él fue subiendo sus manos a su blusa y comenzó acariciarla con lujuria. Ella levantó las manos para que él le quitara la blusa y él no se hizo de rogar, le arrancó el brassier y comenzó a besar y succionar sus pechos como un desesperado y ella de maldad seguía moviéndose provocadoramente sobre él, con su minifalda que se le había subido hasta la espalda por el movimiento y Terry estuvo a punto de lanzarse a sus pies. Terry se levantó con ella enganchada a él mientras le deboraba la boca sin compasión y la llevó a su habitación. Ahí ella le quitó la ropa y él se apresuró a buscar un preservativo. Le quitó la falda y las bragas de un jalón, la acostó y se arrodilló en la cama poniendo las piernas de ella al rededor de su cuello y comenzó a entrar en ella, lentamente, luego de prisa, ambos se movían en una única sincronía, su cuerpo y todos sus sentidos se conocían.

-Terry... te amo...

Le gritaba Candy ahogada en pasión mientras él la embestía desenfrenadamente.

-Yo te amo más...

Le respondió él llevándola a la cima dónde ya se encontraba él y así terminaron su juego de pasión y él se retiró el preservativo y se desplomó sobre ella.

-Princesa, ¿te pasa algo, por qué esa cara?

Le preguntó él mientras ella le acariciaba el pelo con sus dedos, pero su semblante estaba un poco perdido.

-Nada, mi amor, nada.

Le dijó dándole un beso en la frente y sonriendo forzadamente.

-¿Nada?

Le preguntó serio.

-¿No vas a molestarte?

-Depende, Candy. ¿Qué es lo que no me has dicho? ¿Hay algo más que has hecho sin decirme nada?

Terry había alzado un poco la voz, se estaba preocupando también.

-No, mi amor, no he hecho nada...

-¿Entonces? Habla.

-Yo... siempre soy muy regular y... aún es muy rápido para afirmar cualquier cosa, pero...

-Princesa, no entiendo...

-Tengo una semana de retrazo, Terry. Es muy rápido para llegar a cualquier conclución, pero... me asusta. Ya te lo dije, eso es todo.

Terry se quedó en blanco por unos instantes pero después pudo reaccionar.

-¿Y pensaste que yo iba a molestarme por eso? ¿Qué clase de mounstro tú piensas que soy, Candy? ¿No te dije que no te preocuparas, que yo me encargaría de todo?

-No quise decir eso, Terry, yo sólo estoy... asustada y...

-Lo siento, tampoco quise reaccionar así. Sé que debes estar asustada, no es para menos. Pero cógelo con calma, princesa, deja que pase al menos una semana más y tal vez...

-Terry, ya había hecho una cita en una clínica de planificación familiar, tengo que ir el lunes a realizarme unos cuantos análisis antes de que pueda elegir cuál es el método anticonceptivo adecuado para mí, pero...

Terry estaba cada vez más sorprendido.

-Y ese fue otro detalle que también olvidaste decirme.

Le dijo con reproche y rayando ya en el mal humor.

-Es que eso no lo planifiqué, Terry. Pasé por la clínica y me detuve ahí cuando me di cuenta del atrazo... además, sólo estoy buscando un método más seguro, tú ya has roto dos condones y...

La culpa se apoderó de Terry, ella estaba asustada y preocupada y todo era su culpa.

-Princesa, no me molesta que busques una solución, sólo que por favor me digas las cosas, así puedo acompañarte en todo esto y apoyarte.

Le dijo con todo el cariño y la comprensión de la que fue capaz, pero en su rostro se reflejaba la culpa y el arrepentimiento y Candy se dio cuenta.

-Terry, mi cielo, no quiero que pienses que todo esto ha sido tu culpa... esto es algo que nos concierne a los dos. Por favor, no te sientas culpable, eso me hace sentir mal, por favor. Yo sé que no queríamos esto, pero a mí de verdad no me importa, mi amor. Lo que me asusta en realidad es tener que enfrentarme a mis padres y a mi hermano...pero yo no me arrepiento de nada, mi amor, te lo juro.

Le explicaba ella desesperada, pues el remordimiento dibujado en el rostro de Terry le partía el alma.

-Yo tampoco me arrepiento de nada, princesa, pero no es justo para ti que tengas que pasar por esto ahora. Que tengas que enfrentarte a tus padres porque yo no pude cuidarte lo suficiente y te puse en esta situación...

-Terry, ya basta, los dos nos pusimos aquí y no fue culpa de nadie, los accidentes pasan, además, esto no es ningún accidente, mi amor, un hijo no lo es y tampoco podemos afirmar eso porque es muy rápido, tal vez es sólo un susto, mi cuerpo está experimentando cambios y a veces eso es normal, quizás nos estamos ahogando en un vaso de agua.

-Quiero que vengas a vivir conmigo, Candy.

Soltó Terry de pronto y Candy se quedó helada.

-¿Qué? Terry... mis padres no van a...

-Yo hablaré con ellos, tú no tienes que hacer nada.

-Terry, ya deja de estar tomando decisiones sin preguntarme ni siquiera.

-¿Prefieres irte cuando ya todos sepan que estás embarazada?

-¡Eso no lo sabemos!

-Ah, ya entiendo. El problema es que no quieres vivir conmigo, ¿verdad? Tienes miedo de que yo vaya a controlar tu vida, con lo mandón que soy, ¿verdad?

Otra vez estaban teniendo una de sus grandes discusiones, dónde ninguno quería dar su brazo a torcer.

-Terry, no es eso... es que... cómo te lo explico... A penas acabo de cumplir diesciocho años, mis papás todavía piensan que soy su niña aunque me den las libertades que me dan y que les salga de repente con que me voy a vivir contigo... Terry, carajo, tú tienes hermanas, debes saber cómo es.

Con ese argumento Candy dio en el clavo y Terry entendió la magnitud de su preocupación.

-Tienes razón, lo siento, bebé. Tengo una idea mejor...

Candy lo miró asustada y curiosa al mismo tiempo, cuando a Terry se le ocurría algo siempre eran cosas drásticas.

-Dime...

-Voy acompañarte el lunes hacerte todos tus análisis, incluyendo una prueba de embarazo. Si sale positiva... no diremos nada, sólo avisamos que nos queremos casar y después de eso, pues ya no hay por qué esconderlo más...

-¿Casarnos? ¿Ahora?

Preguntó Candy con los ojazos abiertos.

-Sé que da miedo ese paso por ahora, pero sólo es si sale positiva la prueba porque de ser así, mi hijo tiene que crecer en un hogar estable como tú y yo lo hicimos. Quiero que nos vea todos los días, que duerma y amanezca con nosotros.

Le dijo Terry con determinación y Candy se maravilló por su gran sentido de responsabilidad y compromiso.

-Tienes razón, pero de verdad espero que sólo sea un susto, mi amor.

-De todas formas me gustaría que vivas conmigo, aquí...

-Me encantaría, pero quiero tomar en cuenta la opinión de mis padres.

-Está bien, si no ponen objeción, vienes conmigo, sino, pues será como tú quieras.

En ese acuerdo quedaron y después de estar juntos un rato más y divertirse, Terry dejó a Candy en su casa para dormir, pues al día siguiente él y su familia tendrían una cena en casa de Candy para que todos se conoscan.

...

-Candy, gracias por invitarme aunque no soy tu...

-¿Quién dice que no eres mi familia, Elly? Somos amigas desde que teníamos pañales.

Era la conversación que sostenían las dos amigas, que estaban muy lindas por cierto, mientras Rosemary se había esmerado en la cocina preparando una deliciosa lasagna con arroz blanco, amarillos fritos y ensalada verde. La casa estaba impecable, lista para la visita. Alguien tocó la puerta de la habitación de Candy.

-¿Se puede?

-¡Albert!

Gritó Candy tirándosele encima como siempre y él la cargó y le besó la frente.

-Mira lo que tengo para tí, princesita.

Albert le extendió un hermoso llavero de Hello Kitty para las llaves de su Jeep que también tenía una "C".

-¡Gracias!

Le contestó ella emocionada.

-Hola, Eliza. No te sientas mal, tengo un llavero para tí.

Le dijo Albert entregándole a Eliza un llavero de Rag Boy, muy al estilo de Eliza.

-Gracias, Albert, ¡me encanta!

Le dijo Eliza con una radiante sonrisa.

-Me alegro que estén divirtiéndose, chicos, pero la visita ya llegó, así que bajen.

Dijo William entrando también en la habitación de Candy que se había convertido en una algarabía. Los tres bajaron a recivir a la visita.

-¡Terry! Hola, Eleanor, Richard. Él es mi hermano Albert y ellos mis padres William y Rosemary White. Y ella es mi mejor amiga, Eliza Macy.

-Mucho gusto, señores Grandchester.

Respondieron los White.

-El gusto es mío, ella es mi hija mayor Paula, le sigue Terry, que ya lo conocen, ella es Alisson y esta pequeña es Heidi.

Dijo Richard Grandchester mientras Eleanor sonreía.

-Mucho gusto, chicas.

Respondió Rosemary seguida de William.

-El gusto es nuestro.

Dijo Paula con una espectacular sonrisa y Albert se quedó como un tonto. Paula era realmente bella. Una castaña preciosa, alta y esbelta y con unos preciosos ojos marrones.

-Bueno, pasen y siéntense.

Les dijo William invitándolos al salón. Al rato Rosemary llegó con unas piñas coladas que ella misma hizo para el deleite de los Grandchester que no dejaron de elogiar la bebida.

-Su casa es muy linda y acogedora, Rosemary.

-Muchas gracias, Eleanor. Permítanme decirles que estamos muy contentos con la relación de mi hija con Terry, él es un caballero.

Eleanor y Richard sonrieron orgullosos, mientras que Candy se sonrojó sólo de pensar lo que dirían si supieran que ya corrían el peligro de ser abuelos. Por otro lado, Albert y Paula se lanzaban unas miraditas que sólo ellos entendían. Albert había quedado deslumbrado con ella y ella por su parte se había quedado sin aliento, pues él era endemoniadamente guapo y atractivo, era un pecado en todo el sentido.

-Candy... hice otro dibujo para ti...

Dijo la adorable Heidi de pronto y todos los ojos se posaron en ella.

-¿Ah sí? Enséñamelo.

Le dijo Candy con dulzura. Esa chica le inspiraba una ternura que no podía describir. Heidi se puso de pie y se dirigió a dónde estaba Candy y le entregó su dibujo. Era toda una obra de arte, Era Candy abrazando a Terry con un corazón al rededor, pero cada detalle y los rasgos de ellos habían sido plasmados con una perfección increíble, la chica tenía una memoria fotográfica, definitivamente.

-Es hermoso, Heidi, gracias.

Cuando Candy le dijo eso, la chica se lanzó hacia ella y le dio un gran abrazo que sorprendió a todos, provocándoles gran ternura, especialmente a los padres de Heidi y a Terry.

-No me lo explico, Heidi no suele ser así y se prendió de Candy desde el primer día que la vio...

Dijo Eleanor sorprendida y maravillada.

-Es que Candy es un ángel, señora.

Respondió Albert con orgullo de su hermana. Candy siempre había sido una niña muy consentida, sus padres y él siempre se habían encargado de que fuera feliz y le cumplían todo lo que pedía, aún así, Candy nunca fue caprichosa ni pretensiosa, al contrario, era super tierna y ahora Terry se encargaba se seguir consintiéndola.

-Sí, nuestro ángel. Ella fue un milagro, se suponía que yo no podía tener más hijos por unas complicaciones que tuve cuando tuve a Albert y siete años después llegó ella y nos ha dado los diesciocho años más felices de nuestras vidas.

Dijo Rosemary con los ojos aguados, bueno, sus ojos no eran los únicos que estaba aguados, todos parecían haber estado cortanto cebolla. Terry sostuvo la mano de Candy con ternura. Él sabía que ella de verdad era un ángel, él mismo lo había comprobado.

-Bueno, creo que ya deben estar hambrientos, ¿por qué no pasamos a comer?

Habló por fin William aclarándose la garganta y se dirigieron al comedor.

-Rosemary, tienes que darme esta receta, es la mejor lasagña que me he comido en mi vida.

-No exageres, Eleanor...

-No exagera, señora, está divina.

Dijo Alisson sonriendo encantadoramente y sirviéndose otra porción.

-Lástima que Candy no haya heredado sus dotes culinarias.

-¡Albert!

Exclamó Candy avergonzada.

-No te preocupes, Candy, yo tampoco tengo ninguna habilidad en la cocina.

Le dijo Paula en señal de apoyo y mirando a Albert con intención.

-Eso no importa, cuando Candy y Terry se casen, que cocine Terry.

Soltó Heidi dejando a todos boquiabiertos y haciendo que Candy se atragantara con su ensalada. Todos comenzaron a reir menos Candy y Terry, pues los demás no tenían idea de lo acertados que podían estar si sus sospechas eran verdaderas. Después de media hora de haber terminado de comer y se encontraban en la sala compartiendo amenamente, Rosemary llevó un pound-cake con helado de vainilla y ice tea. Candy y Terry habían ido un momento a la cocina a llevar sus platos y vasos y Candy aprovechó el momento para hablarle.

-Terry, tu hermana, Heidi... ella es... adorable, nunca había conocido a una chica así y menos a esa edad...

-Princesa, ella es especial...

-¿Especial?

-Sí, bebé, ella es autista, un autismo leve, a penas se nota, se lo descubrieron a los ocho años. A ella le cuesta relacionarse con las personas y salir de sus rutinas, contigo... bueno, tú lograste un milagro, no sé cómo es que se ha prendido de ti de esa manera.

-¡Vaya! Me alegro que le haya caído bien entonces. Tiene un talento increíble para los dibujos...

-Ella tiene unas habilidades que no dejan de sorprendernos, dice que va a estudiar diseño gráfico y que va a trabajar conmigo en la empresa.

-¡Awww!

-Bueno, princesa, vamos con los demás antes de que piensen que me estás violando.

-¡Terry!

Exclamó Candy riendo, Terry era increíble. Estuvieron compartiendo un rato más y todos disimuladamente se lanzaban miradas sobre lo bien que habían conectado Albert y Paula.

-Paula... antes de que te vayas... ¿sería mucho atrevimiento si te pido tu número?

Paula se quedó helada por la petición, tenía veinticinco años igual que él, pero aún se sonrojaba, siempre había sido tímida con los hombres y más después de las inumerables decepciones que había sufrido.

-No, no hay problemas, apúntalo.

Albert sacó su celular y guardó el número y Paula hizo lo mismo con el de él. Eliza por su parte se había quedado callada casi todo el tiempo, hasta se habían olvidado que ella existía y era que ella se encontraba en su propio mundo pensando en Tom. Cuando todos se fueron, incluyendo Albert y Terry, ella y Candy se internaron en su habitación.

-Elly, ¿Te pasa algo? No hablaste en toda la noche.

-No es nada, Candy. Es que de pronto mis neuronas sólo responden a un solo estímulo, T.O.M.

-Eso es bueno, Eliza. No hay nada mejor que estar enamorado.

-Claro, tu romance está viento en popa, pero yo... yo ni siquiera sé dónde estoy parada.

-No te desesperes, Elly. Estás tan acostumbrada a los chicos de cascos ligeros que no te das cuenta de cuando alguien de verdad vale la pena la espera. Me dices que no ha pasado un día sin que te llame durante casi un mes que ya ha pasado. Los detalles...

-Es que no sabes la batalla que estoy librando en mi interior cuando lo que quiero es que me bese y me abraze con esos brazos que son todo un sueño, él es tan fuerte... tan... ay no sé, me ha vuelto loca de repente.

-Te entiendo perfectamente, Elly...

-Candy... ¿Estás escondiendo algo?

-¿Yo? Claro que no...

-Candy...

-Está bien... es que... bueno... se nos ha roto el condón dos veces y creemos que...

-¡Voy a ser tití! ¡Qué emoción!

-¡Elly! Es sólo una sospecha. Esperamos que no... y por favor, baja la voz. ¿Quieres que me maten a palos?

-Lo siento... es que... bueno, no creo que vayan a matarte... tus padres no son...

-De todas formas, Elly, no es conveniente ahora. Así que estoy rogando porque sólo sea un susto...

-Si pasa, Candy, no te arrepientas de nada y agradece a Dios por ese milagro, Terry es diferente... él... vale la pena.

Eliza le dijo eso con los ojos cristalizados y Candy no tuvo que adivinar el motivo.

-Lo sé, no te preocupes, ya Terry y yo hablamos del asunto y lo que vamos hacer en caso de que... bueno... en fin, tenemos todo arreglado.

Al rato Eliza se fue a su casa y Candy se dio un baño y se preparó para dormir. Recivió un mensaje.

Mensaje de Terry:

Descansa, princesa

te amo un montón

recuerda que voy acompañarte

el lunes a la clínica, bebé

estaré contigo en todo momento

pase lo que pase, si pasa, por favor

cuidense los dos.

Te adoro, muñequita.

Re:

Gracias, mi amor

yo también te amo

gracias por apoyarme en todo

si pasa, voy a cuidarnos mucho

a los dos, mi amor y a tí también

te adoro, mi cielo.

El lunes llegó en un abrir de ojos y Terry había pasado por Candy a las ocho de la mañana. Llegaron a la clínica y Candy se anotó, por suerte estaba casi vacía.

-Candice White, al área de laboratorio, por favor.

Dijo una enfermera con su típico uniforme de diseños médicos.

-Ve, amor, suerte.

Le dijo Terry dándole un beso fugaz. Candy entró al pequeño cuarto. Se sentó en la silla mientras la enfermera preparaba y etiquetaba el tubito de muestra.

-¿Cuánto tiempo tiene de atrazo?

-Una semana y media.

-Es poco tiempo. ¿Sus periodos siempre han sido regulares?

-Sí.

-Bueno, tenga en cuenta que al llevar poco tiempo de retrazo, a veces la prueba puede salir negativa aún estando embarazada. Si sale negativa y en un periodo considerable su regla no llega, le aconsejo se haga una nueva.

Diciéndo eso la enfermera tomó el brazo de Candy, tanteó hasta dar con una buena vena, pasó un algodón con alcohol e insertó la aguja hasta que el tubito de muestra se llenó por completo. Retiró la aguja con cuidado y le puso una curita.

-Eso es todo. De veinte a treinta minutos el resultado estará listo. El doctor la llamará para informarle el resultado y para hacer el chequeo rutinario para la planificación familiar en caso de que claro, no esté embarazada.

-Gracias.

Le dijo Candy super nerviosa y salió a la salita de espera nuevamente.

-¿Todo bien, princesa?

-Me puyaron, Terry.

Le contestó ella haciendo un puchero.

-Awwww... se te va a sanar prontito, bebé.

Le dijo él dándole un besito encima de la curita.

-Tenemos que esperar media hora más o menos en lo que sale el resultado, luego me llamará el doctor para leermelo...

En lo que pasaba el tiempo, Terry se puso a leer una revista que estaba en la salita y Candy estaba rocostada en su pecho, se había quedado dormida.

-Candice White, oficina tres, por favor.

Anunció una de las muchachas que estaban en el mostrador y Terry se puso de pie junto con ella, ya que se permitía un acompañante por paciente y él quería estar con ella. Entraron a la oficina indicada y se sentaron cada uno en una silla. En el escritorio se encontraba un doctor de unos treinta y cinco años, con lentes y semblante indescifrable.

-Buenos días.

Los saludó y ellos devolvieron el saludo.

-Bueno, Candice, según este examen, todo indica que no estás embarazada. Está todo normal. Según el informe que llenaste, no llevas mucho tiempo de estar activa sexualmente, así que tu cuerpo está experimentando cambios, en cualquier momento, tu periodo llegará. De todas formas voy hacerte un sonograma para asegurarnos totalmente que no estás embarazada y luego un chequeo rutinario para poderte suministrar el método anticonceptivo que vas a usar. Espera en la sala, en unos minutos te llamaremos para el sonograma.

-Gracias, doctor.

Salieron a esperar en la sala nuevamente.

-Sólo fue un susto, mi amor, gracias a Dios.

-Así es princesa, ya no tienes que estar preocupada.

Le dijo Terry pero su semblante era melancólico.

-¿Qué pasa, Terry?

-Nada, amor, esta preocupado, nada más.

Candy no estaba convencida con la respuesta.

-¿Estás seguro, mi amor? ¿Tú esperabas que...?

-No, princesa. Yo sé que ahora no es el momento, sólo que esto me trajo ciertos recuerdos que no valen la pena traer en estos momentos...

-Terry... mi cielo, ya no pienses más en eso. Pronto, cuando termine de estudiar y tenga mi negocio, podemos tener bebés, todos los que tú quieras.

Le dijo Candy sonriendo y a él lo invadió una ternura inmensa.

-¿Me lo prometes?

-Sí, mi amor. Un niño hermoso como tú.

Le contestó Candy despeinándolo y llenándolo de besos.

-Candice White, al área de sonografía por favor.

Volvieron a anunciar en el mostrador. Después del sonograma y las pruebas pertinentes, todo estaba en órden y a Candy se le entregó un paquete de pastillas anticonceptivas para tres meses y le dieron todas las indicaciones. Se fueron de ahí a la empresa de Terry, había que grabar un comercial para Payless Shoes Source y Neil quería a Candy como modelo principal.

Continuará...

Hola. Espero que les haya gustado este capítulo. Ya estamos pasando a otra etapa en la vida de los personajes, prepárense porque vienen muchas sorpresas y situaciones, algunos dramas también, así que no se despeguen de aquí.

Cuento con sus reviews.

Wendy