Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 15 Una nueva experiencia

Ya habían pasado seis meses desde que Candy y Terry le plantearan a sus padres la decisión de vivir juntos, lo cual ellos aceptaron, pues sabían hasta dónde había llegado su relación y si ese era su deseo, no ganaban nada con ponerse de remilgosos a estas alturas. Terry le renovó todo el armario a Candy y le compró una laptop nueva en rosa como ella quería. El vivir juntos les había convenido, pues cada uno estaba estudiando, más Terry también trabajaba e iba al gym y Candy hacía sus prácticas de estilismo, así que no tenían todo el día para estar juntos, por lo tanto su tiempo se limitaba a compartir las noches después de las ocho y los fines de semanas los cuales no comprometían con nadie y los disfrutaban al máximo.

-Terry, ya sólo me quedan tres meses más para terminar de estudiar. ¿Crees que Neil me deje hacer la práctica con él, ayudándolo en lo que puedo montar mi propio salón?

-Claro que lo hará princesa. Sí yo se lo digo, tendrá que hacerlo. Además, tú eres muy buena en lo tuyo y él lo sabe, creo que aceptará encantado.

Ellos se encontraban acurrucados en el sofá de la sala, pues Candy lo había obligado a ver "The notebook", según ella esa película le recordaba a ellos.

-Cambiando el tema, la pasamos bien en thanksgiving con tu familia y tu hermano...

-Hablando de hermanos, creo que va en serio lo de Albert con Paula...

-No lo sé, bebé... yo sólo espero que ella no pase por una decepción otra vez, aunque ella aparente desinterés por el futuro, en el fondo desea estabilizar su vida y tu hermano... bueno, creo que el piensa un poco diferente.

-Lo sé... pero siempre han sido honestos, si han decidido vivir así y aceptarse, no hay nada que podamos hacer...

-Pienso lo mismo, además Paula no es una niña, ella sabrá lo que hace.

-Sabes, Terry... anoche tuve un sueño raro...

-Ujumm... ¿uno de esos en que te hacía el amor en una montaña rusa?

-¡No! Terry, en serio. Soñé que estaba... nada olvídalo.

-No, ahora me dices.

-Es que soñé que estaba embarazada. Fue raro... no sé. Que me estaba mirando en el espejo y de pronto tenía una panza enorme...

-Jajajajaja. Creo que estás comiendo muchos dulces por la noche, princesa.

-No te burles, Terry.

-No me burlo, amor. Además falta poquito para que hagamos un bebé hermoso.

Le contestó él haciéndole cosquillas y llenándola de besos.

-Un bebé como tú.

-Pues no sé... nunca he visto un mandril pecoso.

-¡Terry!

-Jajajaja. Lo siento, pecas, no pude evitarlo. Además tú dijiste que yo parecía un mandril, ¿lo recuerdas?

-Sí, pero eso era antes, cuando no te soportaba.

-Ah... ¿y ya no te paresco un mandril?

-¡No! Tú eres... muy guapo. Eso lo sabes, no te hagas el tonto.

-No, no lo sé, pero si sé que quiero comerte a besos ahora y que deseo que estos meses pasen pronto porque me muero por hacerte un pecoso en estos momentos.

Le dijo Terry tirándosele encima y besándola apasionadamente.

-Albert... ¿ya te vas?

Preguntó Paula con desilusión al ver cómo Albert se preparaba para irse a su casa. Siempre era así, nunca habían amanecido juntos. A veces él dormía junto a ella un rato, pero siempre se despedía y muchas veces ella estaba tan dormida que no lo escuchaba partir.

-Tengo trabajo mañana, Pau. Vendré a buscarte por la tarde para llevarte a donde quieras, chula.

Le dijo dándole un beso en los labios y luego se marchó. A ella no le sorprendía. Habían decidido tener una relación libre, siempre habían sido sinceros y Albert no le había prometido nada, sólo que mientras durara su relación ninguno de los dos estaría con alguien más, pero eso era todo. Albert había dejado muy claro que no tenía intención de casarse por el momento, ni siquiera de vivir juntos. A ella le pareció bien, había sufrido mucho y no quería hacerse falsas esperanzas, pero según iba pasando el tiempo, sus sentimientos por él crecían sin que lo pudiera evitar y cuando él se iba, ella se quedaba con una sensación de vacío tan grande que no podía explicarse. Sin saber por qué, se puso a llorar. Se sentía siempre tan sola, no importa lo que pasara, al final del día siempre volvía a estar sola.

-¿Por qué será que nadie quiere quedarse a mi lado? ¿Será que tengo algo tan malo? Nunca nadie ha querido arriesgarse por mi. Se siente bien ser libre, pero a veces... a veces quisiera más...

Comenzaba a decirse a sí misma, se quedó dormida con esos pensamientos.

Por otro lado, Eliza y Tom iban de maravilla. Habían alquilado un apartamento más grande y Eliza comenzó a estudiar técnica de uñas en la misma escuela de Candy, pero ella sólo estudiaba los sábados, así que no coincidían y Tom era paramédico. Pasaba mucho tiempo fuera de casa, pero cuando al fin llegaba, se dedicaba por completo a Eliza y a consentirla. Ella para no pasar tanto tiempo sin hacer nada y luego de que él le dijera que no era necesario que trabajara por el momento, pues el podía cubrir los gastos solo por ahora, además de verdad la quería consentir, ella decidió regar unos volantes promocionando su trabajo. No había terminado el curso, pero sabía lo suficiente y tenía bastante talento para hacer unas uñas en resina orgánica y acrílico que era todo una obra de arte. Como contaba con auto propio hacía los trabajos adomicilio y ya había ganado un par de clientas fijas. Incluso su madre la llamaba cada dos semanas para que le hiciera el retoque, pues ella le había comprado todos los materiales para que pudiera trabajar por su cuenta, era la única manera en que le demostraba su cariño a Eliza y ella ya se había resignado a eso.

-¡Tommy! Llegaste.

Le dijo contenta como una niña y abrazándolo abruptamente.

-¿Me extrañaste, torbellino?

-¡Mucho!

Él la abrazó y la cargó como a una niña y ella lo abrazó con sus piernas.

-Yo también te extrañé mucho. ¿Quieres que te lo demuestre?

Le dijo besándola apasionadamente y levantándole la falda.

-A ver, demuéstrame cuánto me extrañaste, mi amor.

Eliza lo besaba con la misma intensidad que él, deborándole el cuello y sosteniéndose firme de su cuerpo.

-Sabes que me encantas cuando tienes puesto tu uniforme. Siento que se me ha presentado una emergencia.

-¿Ah si? ¿Y cómo puedo ayudarte, cariño?

-Así.

Le contestó ella quitándole la correa y bajándole la cremallera mientras él la sostenía fuerte de la cintura. Cuando se libró de los pantalones y el calzoncillo, le echó las braguitas hacia un lado...

-Me vuelves loco, Elly.

Le dijo con voz a penas audible mientras se movía en su interior con fuerza y sosteniéndola firme por el trasero.

-Tom es que tú... Ah... ahh... tú eres otra cosa, no puedo evitarlo, mi amor. Yo sólo ahh... ah... quiero ser tuya noche y día y... ahh ahhh. No puedo pensar en otra cosa ahhh... que no sea...ahhh

Eliza casi no podía hablar. La convivencia con Tom era lo mejor que le había pasado en la vida. Había vuelto a sonreir, él la llenaba de detalles y de amor y de mucha pasión.

-Que bueno, porque yo sólo quiero llegar a casa todos los días para poder hacerte esto, muñeca.

Le dijo embistiéndola con más furia.

-Nunca.. ahh... ah... nunca me dejes de hacer ahh... ah... esto... nunca dejes de ah... ahhh... hacerme tuya ah... ahh ahhh...

-Nunca, amor nunca. Eres mía, todita mía.

Le contestó Tom con la voz cortada, los gemidos de Eliza le hacían perder el control y se descargó completamente en su interior.

-Que rico, mi amor, es divino.

Le dijo ahogada mientras aún se sostenía de él.

-Tú eres divina, mi reina. Ahora vamos a darnos un baño. Tengo mucha hambre.

-Que bueno, porque yo cociné.

-Mmmm... Vámos, rápido.

La llevó cargada hasta el baño y luego de haber hecho el amor ahí nuevamente, estuvieron listos y se pusieron a comer.

-Hola muñeca, ¿a dónde quieres que te lleve hoy?

-No lo sé, Albert... en verdad no tengo ánimo para salir...

Le dijo Paula a pesar de haberse arreglado muy linda, tenía una depresión enorme y no sabía por qué. Albert la miró extrañado. Estaba acostumbrado a que ella nunca se negaba a nada y siempre aceptaba todo lo que él proponía con mucho ánimo, pero esta vez era diferente.

-¿Te pasa algo, Pau? ¿Quieres que me vaya? Si te sientes mal yo no...

-No, Albert, sí quiero estar contigo, sólo que no quiero salir. ¿Podemos quedarnos aquí?

-Claro que sí, bella.

Ella le dio una linda sonrisa y se fueron a la sala. Se sentaron en el sofá y él recostó su cabeza en su regazo para que ella le acariciara el pelo mientras veían un par de series que a ellos les encantaba.

-¿Tienes hambre, Albert?

-Me leíste el pensamiento. Si quieres preparo una pasta Alfredo.

-¡Sí! Te queda muy rica.

Albert le dio un beso en la frente y se fue a la cocina a preparar la pasta. Ella se sentó en una de las sillas del pequeño mostrador que había frente a la cocina, mientras lo observaba fascinada. Albert era increíblemente sexy, fuerte, alto, guapo, varonil. Ella se estremecía con sólo verlo. Se había enamorado, no podía negarlo más. Albert cocinaba con gracia y sonriendo y sin tener la más mínima idea de todos los pensamientos que atormetaban a Paula.

-Aquí está, muñeca.

Esa era la palabra que casi siempre usaba Albert para llamarla o a veces acortando su nombre, pero nunca le había dicho otra cosa, no es que él fuera seco, él era un caballero, salían, él siempre se preocupaba por hacerla sentir cómoda, era complaciente, se podía decir que también cariñoso, pero nunca se había referido a ella como "mi amor", "mi vida" o cualquier frase que indicara que era especial para él. Ella simplemente le decía Albert, teniendo tan clara su relación sin compromiso por parte de él, no se le ocurría llamarlo por un adjetivo que indicara que él para ella era mucho más, no si él no sentía lo mismo. Además ella no tenía derecho a quejarse. Fue el acuerdo que hicieron desde el principio. Sólo que ella nunca pensó que terminaría enamorándose de verdad.

-Está riquísima, como siempre.

-Soy el mejor chef de Puerto Rico, muñeca.

-Vaya, que modestia.

Ambos rieron. Ella lo pasaba divino con él. Pero sintió de pronto que debía ponerle fin a eso antes de que sus sentimientos siguieran creciendo y se hiciera más daño. No iba a exigirle más de lo que él estaba dispuesto a dar, pero ella merecía mucho más y estaba dispuesta a seguir buscando quien estuviera dispuesto a llenar ese vacío y sabía que no era él aunque eso doliera.

-Yo cociné, Pau, así que a ti te tocan los platos.

Le dijo con una descarada sonrisa. Ella se levantó y preparó todo para ponerse a fregar. Él la tomó por la cintura y la abrazó por la espalda besándole el cuello.

-Albert... así no voy a poder... ya... basta.

-Haz eso después, muñeca, ahora quiero comerte a tí.

Paula de verdad quiso detenerlo, pero sus sentidos no obedecían cuando él estaba cerca. Cuando sus manos la quemaban con sus caricias, cuando el la aprisionaba en su cuerpo y ella se hacía pequeñita. La fue arrastrando a la habitación sin dejarla de besar. Le quitó el suéter que ella tenía y comenzó a llenar de besos su cintura hasta llegar a sus pechos. Pasó sus labios húmedos por su cuello y ahí ella abandonó todas sus defensas. Ya tendría tiempo para arrepentirse después, pero ahora no era el momento. Y si tenía que dejarlo para siempre, quería esa noche con él, la última quizás.

-Albert... no sé lo que me has hecho, pero tú...

Albert no la dejaba hablar, estaba saciándose de esa boca carnosa que tanto lo exitaba.

-Es que tú eres una diosa, muñeca. Me provocas querer hacerte mía hasta enloquecer.

Le decía llevándose uno de sus pechos a la boca haciéndola gemir derretida. Ella reconocía que estaba a sus pies aunque le doliera. Ella por instinto lo acercó más a ella para que él disfrutara más de su cuerpo. Las caricias de él la desenfrenaron tanto que casi le arranca todo los botones de la camisa. Albert la llevó a la cama dónde le quitó el pantalón, dejándola sólo en ropa interior. Fue dejándole un camino de besos por cada rincón de su piel y luego volvió a sus pechos para perderse en ellos. Ella le susurró su nombre en el oído y él se quitó lo que le quedaba de ropa, se puso un preservativo, le arrancó las bragas y comenzó la danza del placer. Ella se arqueaba deliciosamente y a él le encantaba. Ella era buena amante, él se lo había dicho muchas veces. Ella lo amarró con sus piernas, mientra él la embestía enloquecido y ella gemía extasiada.

-Eres un dios, Albert. Uff...

-Tú eres exquisita, muñeca. Estás riquísima.

Ambos se movían en perfecto ritmo. Albert era capaz de arrancarle gritos de pura locura y ella podía transportarlo a vivir las sensaciones más profundas. Ella era un vicio para él, aunque no lo admitiera, ella había llegado muy dentro de él, pero él no quería nada más que eso. Entre jadeos finalmente ambos consiguieron llegar a la cúspide del placer. Albert desechó el preservativo y se tumbó a su lado en la cama. Ella se quedó un rato contemplándolo con la mirada perdida.

-Pau... no sé, pero hoy estás diferente... como ida...

Fuiste tú, tenerte fue una foto tuya puesta en mi cartera

un beso y verte hacer pequeño por la carretera

lo tuyo fue la intermitencia y la melancolía

lo mío fue aceptarlo todo porque te quería

verte llegar fue luz, verte partir un blues

-Sabes, Albert, me he preguntado... Sé que no tenemos un compromiso, pero según ha pasado el tiempo... ¿tú crees que podríamos ser algo más...?

Se aventuró Paula a preguntar. Si este era el final, quería asegurarse de que de verdad no había nada que salvar.

-¿Algo más cómo, Pau? Ya somos algo y estamos muy bien con lo que tenemos.

-Me pregunto si quieres permanecer así siempre o en un futuro te gustaría tener algo más que esto...

Albert estaba desconcertado.

-Pau... yo ya te dije lo que había, si lo que estás insinuando es algo como boda o algo por estilo, sabes muy bien lo que opino de eso, no estoy listo para eso. Pensé que eso lo teníamos...

-Está muy bien, Albert. Yo sólo quería estar segura para no tener que arrepentirme luego.

-No te entiendo.

-No hace falta. Ya me dijiste todo lo que necesitaba oir para poder tomar una decisión.

Fuiste tú, de más está decir que sobra decir tantas cosas

o aprendes a querer la espina o no aceptes rosas

jamás te dije una mentira o te inventé un chantaje

las nubes grises también forman parte del paisaje

y no me veas así, si hubo un culpable aquí, fues tú

-¿Qué decisión, Paula? ¿Podrías ser más específica, por favor?

Albert ya estaba rayando en la furia y ella cada vez esta más desilusionada, pero firme.

-Albert... a veces uno planea ciertas cosas, pero los sentimientos son algo que no podemos controlar. No quería, pero sucedió. Voy a ser honesta. Me enamoré, pensé que no me pasaría, pero pasó. No voy a pedirte ni a rogarte que me des algo que no quieres o no sientes, pero...

-Fui honesto contigo siempre, Pau. Te quiero mucho, de verdad te quiero. Eres increíble, maravillosa, pero... yo... yo no quiero una relación...

-Yo no te la estoy exigiendo, Albert. Tengo que pensar en mí y no puedo hacerme más daño. Lo que estoy haciéndo es soltándote de mis brazos para que puedas seguir siendo libre, sin mí.

Que fácil fue tocar el cielo la primera vez

cuando los besos fueron el motor de arranque

que encendió la luz que hoy se desaparece

así se disfrazó el amor para su conveniencia

aceptando todo sin hacer preguntas

y dejando al tiempo la estocada muerte

nada más que decir, si quieres insistir, fuiste tú

-¿Estás terminando conmigo, entonces?

Le preguntó en un tono de reproche y ella hacía su mejor esfuerzo para no llorar.

-Lo lamento, Albert, pero yo deseo cosas que tú no me puedes dar. No puedo seguir contigo con la esperanza de que un día se te despierte el amor y quieras una vida conmigo. Has dejado muy claro que eso no va a pasar. Yo ya tengo veintiseis años, al otro día despertaré y tendré treinta y así sucesivamente se me irá pasando la vida año tras año en busca de lo que quiero, pero que sigo perdiendo el tiempo con quien no está dispuesto a dármelo.

-¿Y quieres estar libre para buscarlo en otra parte, verdad?

-No, Albert. No voy a buscarlo más. Sólo quiero estar disponible en caso de que aparesca alguien que esté dispuesto a jugársela por mi. Alguien que anhele algo más que un acostón y un par de paseos. No estoy reclamándote nada, si ese es tu pensar. Yo acepté eso y te agradesco la honestidad, pero ya no puedo seguir así. No quiero seguir perdiendo más el tiempo y mi juventud en ralaciones que no me llevan a ninguna parte y que al final estoy más sola que antes.

La luz de neon del barrio sabe que estoy tan cansada

me ha visto caminar descalza por la madrugada

estoy en medio del que soy y del que tú quisieras

queriendo despertar pensando como no quisiera

y no me veas así, si hay un culpable aquí, fuiste tú

-¿Entonces soy una pérdida de tiempo?

-No dije eso, Albert.

-¿Ah no? Pues eso fue lo que me pareció.

-¡Es que no entiendes! No puedes ser tan egoísta, Albert. Tú no quieres una relación seria, no quieres casarte, no quieres compromisos, no quieres nada. Entonces déjame a mi ser feliz. Déjame encontrar a alguien que sí me quiera y tú puedes continuar con tu vida. Mujeres no te faltarán y que estén dispuestas a seguir tu ritmo mucho menos. Yo sé que hoy nadie quiere comprometerse con nadie, nadie se jode por nadie, eso lo sé. Pero yo ya no quiero estar más así.

Paula le gritaba esas palabras con lágrimas en los ojos y a él le llegaron al alma, pero no dobló brazo.

-Está bien, Paula, entendí. Me voy. Espero que seas feliz y que encuentres eso que tanto anhelas.

-Albert se vistió y se marchó sin mirarla.

Ella se quedó llorando amargamente. Albert llegó a su casa por instinto, como si el carro hubiera llegado solo porque él estaba tan perdido en sus pensamientos que no se fijó en el camino, simplemente llegó. Tiró las llaves en la mesita de la sala y comenzó a patearlo todo.

-¿Por qué siempre tienen que venir a complicarlo todo? Si todo estaba bien, ¿por qué tenía que venir con eso ahora?

Se preguntaba ya mirándose en el espejo de su habitación. Albert si estaba afectado porque las cosas hubieran pasado así. Él sí la quería, más de lo que ella pensaba, más de lo que él demostraba. Su orgullo no lo dejaba ver todo lo que ella podía darle, él prefirió el camino fácil y no arriesgarse.

-Ni siquiera volteaste a mirarme, Albert. Fue mejor así.

We clawed, we chained, our hearts in vain
We jumped, never asking why
We kissed, I fell under your spell
A love no one could deny

Don't you ever say I just walked away
I will always want you
I can't live a lie, running for my life
I will always want you

Paula lloraba desconsoladamente. Le tenía miedo a lo soledad, pero no podía seguir forzando lo que no iba a suceder. Ella trató de que él se enamorara, que cambiara de parecer y se arriesgara por ella, pidió demasiado.

I came in like a wrecking ball
I never hit so hard in love
All I wanted was to break your walls
All you ever did was wreck me
Yeah, you, you wreck me

-¿Por qué no hice nada por retenerla? Porque no ibas a darle lo que ella necesitaba, egoísta.

Albert seguía hablándole a su reflejo. Sólo habían pasado unas horas y él sentía un vacío profundo en el alma, un sentimiento de culpa. Ella le había abierto sus sentimientos y él respondió con toda la frialdad del mundo. Ni siquiera quiso intentarlo.

I put you high up in the sky
And now, you're not coming down
It slowly turned, you let me burn
And now, we're ashes on the ground

Don't you ever say I just walked away
I will always want you
I can't live a lie, running for my life
I will always want you

-Tal vez me precipité y debí darle más tiempo. Bueno, si le daba más tiempo sólo conseguiría hacerme más daño, no es la primera vez, Paula. No habrá un milagro que lo haga despertar enamorado. Presionándolo no era la manera de entrar en él.

El monólogo de Paula era lastimero. Ambos eran fuertes, ella quería que él la amara como ella a él y él que quería retenerla, pero bajo sus condiciones. Ambos a la fuerza quisieron imponer su voluntad. Paula sabía que como siempre, ella era la que más perdía.

I came in like a wrecking ball
I never hit so hard in love
All I wanted was to break your walls
All you ever did was wreck me

I came in like a wrecking ball
Yeah, I just closed my eyes and swung
Left me crashing in a blazing fall
All you ever did was wreck me
Yeah, you, you wreck me

-Tranquilo, Albert, pronto te llamará y rogará por estar junto a tí. Sí, claro. Paula no es de las que suplican o mendigan por nada. Si estuviera a tus pies, no habría tenido el coraje de mandarte al diablo. Ni siquiera intentó detenerte, te dejó ir, tonto.

Albert tenía un coraje tan grande por dentro, pero no podía manejarlo. Tal vez si él hubiera sido del todo honesto y le explicara el por qué de su necedad de permanecer soltero, ella hubiera entendido. ¿Pero quién dijo que ella no lo entendía? Ella simplemente decidió dejarlo libre porque él no era lo que ella necesitaba.

I never meant to start a war
I just wanted you to let me in
And instead of using force
I guess I should've let you win
I never meant to start a war
I just wanted you to let me in
I guess I should've let you win

Don't you ever say I just walked away
I will always want you

-Ya no voy a esperar más por nadie. Voy a vivir mi vida. El que quiera entrar en ella bienvenido, el que no, que lo siga. Pero no dejaré que sigan pisoteándome, ya no más. Hay millones de hombres en el mundo, al menos uno tiene que amarme.

Paula se dio otro baño de pies a cabeza y se vistió nuevamente, no se quedaría en casa a deprimirse, salió sin rumbo fijo, a olvidar las decepciones. Pensó irse un tiempo a Londres, o a la villa de Escocia. Allí estaría alejada de todo y sanaría.

I came in like a wrecking ball
I never hit so hard in love
All I wanted was to break your walls
All you ever did was wreck me

I came in like a wrecking ball
Yeah, I just closed my eyes and swung
Left me crashing in a blazing fall
All you ever did was wreck me
Yeah, you, you wreck me
Yeah, you, you wreck me

Ya había pasado todo un mes y Candy iba de las mil maravillas con sus cursos y seminarios. Terry siempre se reunía con ella a la una de la tarde para almorzar, luego cada uno seguía en sus asuntos. Cuando Candy regresó a sus clases, después de haber almorzado con Terry, le tocaba el curso de barbería, ahí aprendería estilismo masculino, en ese momento ella era la única chica.

-Can, parece que el destino nos vuelve a juntar.

Se escuchó una voz que hizo que a Candy se le erizara toda la piel. Sólo una persona la llamaba así.

-Anthony...

Susurró Candy retrocediendo.

-Así que estás en el curso de barbería, aún nos quedan ciertas cosas en común.

Le dijo Anthony con una sonrisa radiante como si nada hubiera pasado y sólo se tratara de una vieja amiga.

-Disculpa, me tengo que ir.

Le dijo Candy girándose y muy nerviosa. Los amargos recuerdos la invadieron.

-¿A dónde vas, Can? No me digas que te vas a volar la clase. Tú no eres así. Bueno... has cambiado mucho, ahora estás más...

Anthony la miraba de arriba abajo. Ella estaba a punto de las lágrimas, él era la última persona a la que pensó encontrarse. Faltaban quince minutos para la clase, razón por la que para colmo de males, estaban solos y aunque él no había dado ningún paso en falso, a ella le inquietaba mucho su presencia.

-Eso no te importa, Anthony. Tú y yo no somos amigos, así que honestamente no me apetece hablar estupideces contigo.

-Veo que aún estás dolida, Can. Aquello ya pasó, olvídalo. Hay que perdonar y empezar de nuevo.

Le dijo con una mirada que quien no lo conocía juraría que era muy sincero y comprensivo. Lo que puso todos los sentidos de ella alerta fue cuando el pasó una mano por su mejilla. Todos los recuerdos de aquél día vinieron a su mente como un rayo.

-¡No me toques! ¡Nunca!

Le gritó con lágrimas en los ojos, dejándolo muy sorprendido.

-Definitivamente no has cambiando, mi Can. Sigues siendo la misma arisca de siempre. No te preocupes, ahora que estás así de gorda me gustas mucho menos.

Después de haberle dicho eso, Anthony se sentó en una silla como si nada a esperar la clase y ella salió corriendo al estacionamiento. Buscó sus llaves desesperada, prendió su carro y se fue a casa llorando a lágrima viva.

-¿Por qué? ¿Por qué ahora?

Se preguntaba en el camino mientras el llanto le corría por todo el rostro. Entró de prisa en el apartamento y ni siquiera se fijó que el carro de Terry estaba ahí, así que cuando atravezó la puerta sin mirar y destruída como estaba, chocó con el fuerte pecho de Terry.

-Candy, princesa... ¿qué tienes? ¿Qué te hicieron?

Le preguntaba Terry desesperado por verla así y sujetándola de los hombros.

-Terry... abrázame, Terry.

Le suplicaba llorando y Terry la abrazó con fuerza sin entender nada.

-Candy, bebé, dime qué te pasa. ¿Por qué estás así? ¿No confías en mi?

-Terry... no quiero volver más... Por favor, no quiero volver a...

-¿Volver a dónde, Candy? No te endiendo, princesa. Cálmate, ven aquí.

Terry se sentó en el sofá con ella en su regazo.

-Ahora sí, bebé, explícame a dónde es que no quieres volver...

-A la escuela, Terry, no quiero, por favor... no quiero...

-¿A la escuela? ¿Ya no quieres ser estilista? ¿Estás así por eso, princesa?

-¡No! Es que...

Terry estaba perdiendo la pasiencia y ella no paraba de llorar.

-Terry... ¿podemos tener el bebé ahora?

-¿Qué? Ahora sí que me perdí, mi amor. Por favor, primero dime por qué no quieres volver a tus clases si ya estás terminando?

-En la escuela me encontré a... está estudiando ahí...

-¿Te encontraste a quién?

Ya Terry estaba molesto y desesperado.

-A... Anthony...

Respondió con un hilo de voz.

-¿Anthony? ¿Ese no fue el cabrón que...?

-Sí, estaba ahí. Yo... yo no quiero volver... Terry...

-¿Te hizo algo? Porque si fue así voy ahora mismo a matarlo.

Dijo Terry poniéndose de pie de pronto.

-No, sólo me...

-¿Te qué?

Le gritó muerto de ira.

-Sólo me rozó una mejilla, pero... yo no lo soporto... él...

Terry le dio un puñetazo al espejo que estaba en la pared de la sala y lo rompió haciéndose daño y asustando a Candy más.

-¿A qué hora son tus clases, amor?

Le preguntó Terry en un tono calmado que daba miedo.

-¿Qué? Terry... no estarás pensando...

-No estoy pensando nada, bebé... ¿me podrías contestar, por favor?

-Terry... te conosco y no voy a...

-¿A qué hora son las clases de barbería, Candice?

Esta vez si alzó la voz rayando en la ira.

-A las... dos y treinta... pero, Terry, por favor, no...

-Gracias, princesita. Ahora ven aquí...

De nuevo el tono de Terry fue calmado, pero amenazante.

-Terry... ¿qué estás tramando?

Le preguntó Candy con terror, conocía muy bien hasta qué punto podía llegar Terry.

-Nada, bebé, me gustaría apuntarme y hacerle un corte de cabello a alguien...

-¡Terry! Lo único que te pido es que...

-¿Que te haga el bebé ahora, princesa? Con gusto, vamos a la habitación.

-Terry, no te hagas el tonto. Sabes bien de qué hablo.

-Lo que no sé es qué es lo que te preocupa, Candy. ¿Quieres saber qué es lo que voy hacer? Voy a romperle cada hueso a ese hijo de puta. Eso es lo que voy hacer. ¿Tienes miedo por él? ¿Te preocupa lo que le pueda pasar?

Terry había explotado y gritaba como loco.

-No, Terry. Sólo quiero olvidarme de todo y que no te metas en problema. Déjalo así, por favor.

Suplicaba Candy llorando y a Terry se le partió el alma, pero no desistió de la idea de matar a Anthony.

-¿Qué más te hizo ese imbécil?

-Me dijo que... estaba... gorda.

-¿Qué? No te preocupes, que gorda le va a quedar su maldita cara cuando yo se la rompa.

-Terry... mi amor, por favor, déjalo. Yo quiero olvidarlo todo. Por favor prométeme que no harás nada.

Terry la abrazó y le dio un beso en la frente.

-Bebé, te amo mucho, pero no te puedo prometer eso, lo siento. Buscaremos otra escuela para ti. Además con los cursos que ya has completado puedes empezar en Caribbean si quieres, amor.

-Terry, no hay más clases hasta agosto...

-Esperaremos, princesa.

-¿Y podemos tener el bebé?

-¿Tú lo quieres ahora, preciosa?

-Sí, mi amor. Quiero tener a tu bebé y quiero olvidarme de todo lo demás por un tiempo, por favor...

-Está bien. Escoge la fecha de la boda y ve limpiando tu cuerpo de las pastillas, habla con tu doctor primero.

-¿Y puedo empezar a trabajar con Neil?

Preguntó Candy llenita de emoción.

-Sí, princesa, cuando quieras, pero recuerda que no será por mucho tiempo.

-¿Por qué?

-¿No querías el bebé? Ahí se trabaja con muchos químicos y no hay horario de salida, no puedes explotarte. Después que nazca continúas.

-Sí, si quiero al bebé.

Candy y Terry se quedaron dormidos después de haber hecho el amor, como de costumbre. Al día siguiente ellos fueron hablar con el médico de Candy durante la mañana con respecto a lo del bebé. Cuando llegaron, ella había tomado una siesta y cuando despertó, Terry no estaba con ella. Miró el reloj de la mesita y eran las dos con quince minutos. Ya Candy sabía a dónde había ido Terry y para qué.

-Disculpen, la interrupción, Anthony Ortiz, su hermano llamó, dice que lo espera en el estacionamiento y que es urgente.

Le dijo una de las oficinistas de la escuela entrando al salón y Anthony salió apresurado, pensando que tal vez su madre había tenido otra recaída, pues le habían dado dos infartos en lo que iba de año.

-¿Wilbert?

-Hola, Anthony. Es un placer conocerte.

Anthony no reconoció esa voz y no tuvo tiempo a reaccionar porque cuando se giró para ver de quién venía un puñetazo en el rostro lo sorprendió.

-¿Qué quiere? Tengo sesenta dólares en la cartera y este reloj, tómelo.

Decía Anthony casi sin voz en medio de la paliza que esta reciviendo.

-No, idiota. Yo te daré sesenta dólares a ti si te dejas romper toda esta cara de maricón que tienes.

Terry rió y le torció la mandíbula de otro puñetazo. La ira se apoderó de él y lo comenzó a golpear sin piedad. Sus costillas y estómagos estaban reciviendo fuertes impactos y él se retorcía como un gusano.

-Por favor... déjeme... no tengo nada...

-Eso ya lo sé, imbécil.

Le dijo Terry dándole una patada que casi lo deja inconciente.

-Ustedes, llamen a una ambulancia y digan que lo encontraron aquí golpeado. Amenázenlo bien, que no le queden ganas de volver aparecerse por aquí. Y si lo ven cerca de Candy, no duden en actuar.

Le explicaba a Terry a dos de los guardaespaldas que contrataba para los eventos especiales, dos gorilas de confianza que tenía y que sin que Candy lo supiera serían sus guardaespaldas. Se quitó la boina y las gafas y se fue a su auto. En media hora estuvo devuelta en su casa.

-¡Terry! Me tenías asustada.

-Tranquila, princesa. Sólo fui un momento a la oficina a buscar...

-Terry, llamé a la oficina y no estabas ahí, no quieras verme la cara de...

-Está bien, bebé. Fui a visitar a un amigo que quiero mucho y ya puedes terminar tus clases, mi amigo no estará más ahí para molestarte.

-¡Terry! No puedo creerlo, te dije que...

-Explícame bien qué te dijo el médico, amor.

Le cambió Terry el tema.

-Pues que como sólo llevo seis meses con las pastillas, según su chequeo, con que deje de tomármelas un mes es suficiente. Cuando ya me haya limpiado podemos empezar. Así que tienes que volver a usar tus amiguitos los condondes por un mes, amor. No podemos arriesgarnos a que algo salga mal mientras mi cuerpo de limpia.

-Muy bien, en un mes te hago el bebé.

-¡Terry! En cuanto a lo de la boda... pues será en tres meses, ya habré terminado los cursos, mi cuerpo estará limpio y... el resto nos queda a nosotros.

-Quiero que sea en la casa de tus padres, no tengo mucha gente para invitar y quiero algo sencillo.

-Lo que tú digas, amor. Ahora vamos a practicar...

Continuará...

Espero que les haya gustado este capítulo. Ahora es que las cosas comienzan a ponerse buenas, jejeje.

Canciones de Albert y Paula- "Fuiste tú"-Ricardo Arjona

"Wrecking ball"- Miley Cyrus