Amor de verano
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 17 Un mal augurio
Terry seguía durmiendo acurrucadito encima de Candy como un niño y ella lo acariciaba con adoración. Su alarma anunciando que tenía clases se hizo escuchar.
-Terry... me tengo que levantar, amor.
Le dijo acariciando su pelo, pero él no se movía.
-Terry, despierta cariño.
Lo llamó un poco más fuerte y dándole besos en la frente.
-Es temprano, Candy, quiero seguir durmiendo.
Contestó con los ojos cerrados y acomodándose nuevamente como si nada.
-Ya sé que es temprano, cielo, pero yo tengo clases y me tengo que levantar, amor.
-¿Y no puedo quedarme aquí un poquito más, princesa?
-No, mi amor, voy a llegar tarde. Déjame levantarme y cuando llegue de trabajar voy a consentirte mucho, ¿sí?
-Está bien. Ve a prepararte que yo te hago desayuno.
Se levantó Terry resignado. Candy se fue al baño a lavarse la cara y los dientes y luego se bañó de pies a cabeza. Buscó un jean y su camiseta con el logo de la escuela. Cuando se vistió se hizo un nudo en la camiseta mostrando su ombligo. Se puso unas sandalias bajitas y se dejó el pelo suelto en sus rizos naturales, ya le llegaba al trasero. Se puso un maquillaje suave y bajó a desayunar.
-¡Pancakes! Te amo, Terry.
Dijo besándolo.
-Que interesada eres, princesa. A ver cuando aprendes hacerlos tú.
-Yo sé cómo hacerlos, lo que pasa es que no me quedan bien.
Terry rió. Ella de verdad era un desastre en la cocina.
-¿Por qué te pusiste la camisa así?
Le preguntó de pronto muy serio.
-Ah... es que me queda muy larga y así me veo más linda.
Le contestó con una sonrisa tan encantadora que él dejó el tema así.
-Terry... ¿me puedes dar los pancakes tú?
-Princesa, no soy tu nana. Come tú solita.
Le dijo para mortificarla, pero ella puso una carita tan triste que él tomó el plato y luego de cortar todos los pancakes en trocitos pequeños se los fue dando uno a uno hasta que terminó.
-Terry, cuando salga de la escuela voy a pasar un rato al hospital a ver a mami. No estaré mucho tiempo, luego iré a Caribbean.
-Como quieras, princesa, pero apúrate y no hagas esperar mucho a Neil, ya sabes lo histérico que se pone y luego nos vuelve locos a todos.
-Está bien. Ya me voy.
Le dijo Candy dándole un rápido beso en los labios y se marchó. Terry después de terminar su desayuno se bañó y se preparó para irse a trabajar.
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-Elly, ¿cómo te sientes, preciosa?
-Bien, mi amor. ¿Quieres desayunar ahora?
-Sí, pero no aquí. Voy a llevarte a desayunar y luego vamos a tu cita, quiero ver cómo está el bebé.
Le dijo Tom convencido a Eliza. Ella estaba cada vez más feliz, Tom no dejaba de sorprenderla con tanto amor y atenciones. Se bañaron juntos y se prepararon. Eliza se puso un lindo vestido rosa de manguillos encima de las rodillas con unas sandalias bajitas y su pelo que ya le llegaba al hombro se lo había dejado suelto y ondulado. Se puso un maquillaje suave en tonos rosas y ya no usaba el piercing del labio. Desayunaron en una cafetería cerca de su apartamento que a ellos les encantaba y luego se dirigieron a la oficina de MRI And CT Scan donde Eliza tendría su primera ecografía y escucharían los latidos de su bebé. Todo era en el área de Levittown, así que no tardaban más de cinco minutos en llegar a cualquier lugar.
-Buenos días. Vengo hacerme un sonograma. Tengo una cita para hoy.
Le dijo Eliza a la encargada de mostrador.
-Anótese aquí. Recuerde que es mejor si ha tomado mucha agua.
Le dijo la mujer y Eliza recordó haber estado tomando grandes cantidades de agua desde el día anterior e incluso en la sala de espera sacó un botella de agua de una de las máquinas del lugar.
-¿Qué te dijeron, Elly?
-Nada, Tommy, tengo que hacer mi turno, amor.
Ella se sentó a su lado y él abrió uno de sus brazos para que ella se acomodara bajo él y le dio un tierno beso mientras se concentraba en el televisor de la sala de espera que estaba puesto en un canal con todo lo referente a nacimientos y embarazos.
-Mira, Elly, todo una familia de duendecitos.
Dijo Tom refiriéndose a la escena en la televisión dónde entrevistaban a una pareja de enanos que tenían cuatro hijos y sólo uno tenía estatura normal.
-¡Tommy! No te burles de esas personas.
-No me estoy burlando, cielo. Sólo es que están tan graciosos. Mira, tienen escaleritas por toda la casa.
-¡Tommy!
-Está bien, me callo.
Le dijo con el gesto de sellarse los labios como si fuera una cremallera.
-Eliza Macy, por favor llene este formulario. En unos minutos la estaremos llamando.
Le dijo una de las técnicas con una sonrisa amable entregándole unas hojas pisadas en una tabla y con un bolígrafo integrado. Llenó todo el formulario y Tom también leía las preguntas, algunas lo desconcertaban y Eliza se reía de él. A los cinco minutos ella entregó el formulario y se sentó nuevamente para ser llamada y tomándose su segunda botella de agua.
-Eliza Macy, oficina seis. Un sólo acompañante, por favor.
Se escuchó desde el mostrador y Eliza y Tom se pusieron de pie para dirigirse al lugar indicado. Al llegar los saludó la técnica, una mujer de unos treinta años que también se encontraba embarazada, de unos seis o siete meses.
-Hola, Eliza. Aquí vamos a ver como está tu bebé. ¿Estás emocionada?
Le preguntó con una dulce sonrisa.
-Sí. Ya quiero saber qué es.
Le respondió emocionada mientras Tom la miraba con dulzura.
-Me temo que tendrás que esperar un poco más para eso, cariño. Tienes que tener al menos veinte semanas para dar una respuesta precisa. Pero ahora podrás verlo y escuchar sus latidos.
Le explicó la mujer amablemente.
-Ok, Eliza. Te vas acostar aquí en esta camilla, súbete el vestido de modo que tu bajo vientre esté descubierto y colócate esta sabanita.
La mujer le entregó un mantita de papel y salió un momento. Regresó en unos minutos y ya Eliza estaba lista. Tom estaba a su lado de pie sosteniéndole una mano. La técnica le untó una especie de gel en la barriga que se sintió bien fría y Eliza se estremeció. Luego se encendió una pantalla y la mujer comenzó a pasar unos pads por su barriga y los movía con presición. En la pantalla comenzaron a aparecer imágenes.
-Hasta ahora está todo bien, chicos. Esto aquí es su cabecita, está en perfecta formación y tamaño.
Eliza y Tom sonreían con los ojos aguados y él no dejaba de presionar su mano. Cuánto la amaba, a ella y a su hijo. La bendición más grande que Dios les estaba dando.
-Ven, estas son sus manitos, miren, sus deditos están todos formaditos. Estas son sus piernitas y estos sus piecitos.
Seguía explicando la mujer y ellos seguían observando todo fascinados.
-Este es su corazoncito. Miren como late desbocado.
Al escuchar eso las lágrimas de Eliza no se contuvieron más. Después de tanto tiempo al fin lloraba de emoción y no de dolor.
-¿Y eso largo que se ve no es...?
Preguntó Tom y antes de que formulara la pregunta la mujer se echó a reir.
-Eso, querido, es el cordón umbilical. ¿Qué pensaste?
Preguntó divertida y él se sonrojó. Eliza y ella no pudieron evitar reir.
-Esto es todo, chicos. Pueden venir en tres días para que le lleven los resultados a su doctor.
Fue lo último que dijo la técnica y ambos se despidieron amablemente y se marcharon.
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Albert estaba dando vueltas en la habitación de su cabaña con frustración. Sí, ella había admitido que lo quería, pero... ¿qué diablos hacía con ese tipo? Unos celos irracionales lo estaban enloqueciendo. Tenía que hacer algo. No había pedido dos semanas de vacaciones en vano y no había dado semejante viaje para regresar con las manos vacías.
-Está bien, Pau. Voy a jugar tu juego, pero regresarás conmigo.
Se dijo con convicción y con su plan entre manos.
Paula se levantó esa mañana un poco confundida. Si Albert no la quería, ¿por qué se había aparecido luego de casi dos meses? Si ella ni siquiera contestó sus llamadas. Se sintió tentada a devolvérselas muchas veces, pero por su propio bien quiso romper ese círculo vicioso. Ahora él estaba ahí, a unos metros de ella. Se fue al baño para asearse y arreglarse. Después de desayunar vio que el día estaba hermoso y decidió ponerse su traje de baño para disfrutar un rato de la playa y el sol. Cuando estuvo lista que salió al balcóncito se llevó una gran sorpresa. Había una carta en la pequeña mesita del balcón junto con una rosa en una botella, misma que pisaba la carta para que no saliera volando.
-Johnny...
Pensó. Pues nadie había tenido ese tipo de detalles con ella. Olió la rosa y se apresuró a leer la carta.
Pau:
Primero que nada quiero pedirte perdón por todo el daño que te causé, que ayer me di cuenta que fue mucho. Nunca fue mi intención herirte, pues nunca me imaginé la magnitud de tus sentimientos hacia mi. Sé que fui un tonto por dejarte escapar de esa manera y no sabes cuánto me arrepiento. Sé que tal vez no voy a conseguir que regreses a mi lado, pero sí quiero que sepas todo lo que yo siento, aunque tal vez ahora no sirva de nada. El mismo día que me marché, mi corazón se quedó en tu habitación, contigo... Todo este tiempo sin tí me han hecho el hombre más amargo, porque nada es lo mismo si tú no estás. Me di cuenta muy tarde de que tú te habías convertido en todo mi mundo, o quizás siempre lo supe, pero tuve miedo de mis propios sentimientos. El dejarte todas las noches me costaba demasiado, aunque te paresca imposible de creerlo. Quise proteger mi corazón y pensé sólo en mi. Quiero que sepas que yo si me enamoré, aunque a tí no te importe ya. Tuviste que mandarme al diablo para que yo me diera cuenta que te amaba, tal vez mucho antes de que tú lo hicieras. Suena raro lo que te voy a proponer, pero por favor, te pido, así tenga que hacerlo de rodillas, que al menos me des la oportunidad de ser tu amigo. Quiero empezar nuevamente y ganarme tu confianza otra vez. Sólo serán dos semanas, Pau. Si en ese tiempo no logro hacerte cambiar de parecer y no logro convencerte de que te amo con todo mi ser, me iré y no te molestaré más, te lo prometo. Sólo te pido dos semanas, amor. Dos semanas para reconquistarte. Te prometo no presionarte, no voy a besarte, no voy a tocarte, aunque por dentro muera. Voy a ganarme tu amor nuevamente y lo haré desde el principio. Por favor, no tardes en darme una respuesta. Sea la que sea voy a respetarla. Si tu respuesta es sí, te estaré esperando en la playa, cerca del rompeolas, hasta que quieras aparecer.
P.S. Hoy estaríamos cumpliendo ocho meses de estar juntos. Felicidades, aunque ya no estés junto a mi.
Te amo,
William Albert
Paula no pudo evitar ponerse a llorar al leer la carta. Él le estaba declarando sus sentimientos, pero ella tenía miedo de que todo no fuera más que una estrategia suya para convencerla y luego dejarla botada como ya le habían hecho tantas veces. Luego pensó que en una de las líneas él la había llamado "amor". Nunca la había llamado así y eso la emocionó. Aún así tuvo sus dudas y no sabía si acudir.
-¿Por qué tenías que aparecer otra vez a complicarlo todo?
-¿Hablando sola, Paulie?
-¡John! Me asustaste, tonto.
Le dijo Paula riendo y abrazó sin saber que unos ojos azúl cielo la miraban a lo lejos con profundo dolor.
-Parece que tu enamorado no se rinde.
-Pues está perdiendo su tiempo.
Respondió Paula con orgullo y en eso su celular comenzó a sonar. Llamada de Albert.
Perdona si te estoy llamando en este momento
pero me hacía falta escuchar de nuevo
aunque sea un instante tu respiración
disculpa, sé que estoy violando nuestro juramento
sé que estás con alguien, que no es el momento
pero hay algo urgente que decirte hoy
me estoy muriendo, muriendo por verte
agonizando muy lento y muy fuerte
-¿No vas a contestar, Polly?
-No sé si deba...
-Escucha lo que tiene que decir. Nadie insiste tanto y da un viaje como este para nada...
Paula se quedó mirando la pantalla de su teléfono y justo cuando fue a contestar la llamada finalizó. No tuvo el valor para devolverla.
Vida, devuélveme mis fantasías
mis ganas de vivir la vida
devuélveme el aire
cariño mío, sin tí yo me siento vacío
las tardes son un laberinto
y las noches me saben a puro dolor
-No lo sé... Johnny...
-Ve, tal vez te estes perdiendo la última oportunidad para ser feliz.
Le dijo John con el alma desgarrada y se marchó sin que ella pudiera replicar. Paula estuvo meditando por un rato y al final decidió ir.
-Llegué tarde...
Murmuró al no encontrar a nadie y bajó el rostro con desilusión.
-Llegaste justo a tiempo, muñeca.
-Albert...
Fue todo lo que musitó por la sorpresa y el susto. Ahí estaba él nuevamente, de pie frente a ella, insoportablemente guapo y varonil.
-Pensé que no vendrías... ¿cómo estás?
-Estoy muy bien, vine porque tú... me lo pediste... en fin, ¿cómo estás tú?
-¿Yo?
Quisiera decirte que hoy estoy de maravillas
que no me ha afectado lo de tu partida
pero con un dedo no se tapa el sol
me estoy muriendo, muriendo por verte
agonizando muy lento y muy fuerte
Vida, devuélveme mis fantasías
mis ganas de vivir la vida
devuélveme el aire
cariño mío, sin tí yo me siento vacío
las tardes son un laberinto
y las noches me saben a puro dolor
-Sobreviviendo sin tí, Pau.
Esa confesión de él hizo que se tambalearan un poco sus defensas, pero no lo demostró ni tampoco cedió.
-La vida da sorpresas, ¿no, Albert? De modo que ahora quieres ser mi amigo...
Le respondió con la arrogancia típica de los Grandchester y él sonrió de lado. Le gustaba su lado sarcástico aunque a veces lo enfurecía.
-Si tú me lo permites, sí.
-No lo sé, Albert. Honestamente no sé por qué vine para acá. No sé si yo quiera o pueda ser tu amiga. Me fui para poner distancia y ahora tú me sigues hasta acá...
-Pau, no vine a seguirte. Vine a llevarte de vuelta conmigo. Vine a suplicarte que me perdones, a rogarte que vuelvas conmigo. A eso fue que vine. No me había dado cuenta del gran daño que te había hecho y por eso quiero que al menos me dejes ser tu amigo y tal vez, si te lo demuestro, me permitas ser algo más...
-Esto es increíble. ¿Ahora tú estás implorando por ser algo más? ¿Te sientes bien, Albert? ¿No te habrás golpeado la cabeza?
Su sarcasmo estaba agotando toda la pasiencia de Albert, pero tenía que ponerse en su lugar y comprenderla.
-Te amo, Paula. Vine a decirte eso. Si mi presencia te molesta tanto y tú me lo pides, me voy. No vine aquí para hacerte la vida imposible ni para molestarte. ¿Quieres que me vaya, Pau?
-¡No sé! ¡Ya no sé lo que quiero!
Le gritó desesperada y él se quedó mudo por un instante.
-Pau... Puedo ayudarte a descubrir lo que quieres, déjame ser tu amigo. Sólo dos semanas, no pido nada más, por favor.
Le dijo con sus ojos suplicantes y ella trató de no perderse en ellos.
-Está bien, Albert, dos semanas. Estoy dándote otra oportunidad, no hago eso con nadie, así que por favor, esta vez no la cagues.
Le dijo con lágrimas y él tuvo un impulso y la abrazó.
-No voy a defraudarte esta vez, Pau, te lo prometo.
Respondió abrazándola fuerte y aunque ella no correspondía, tampoco le rechazó el abrazo.
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-¿Cómo está la madre más bella del universo?
Preguntó Candy sorprendiendo a su madre en una visita.
-Mi niña hermosa. Estoy muy bien. El tratamiento está funcionando. Mi cuerpo está respondiendo bien a él.
Respondió Rosemary con mucho ánimo y hasta se sentó en la cama.
-Es que eres un roble, mami. ¿Y dónde está papá?
-Fue a darse un baño. No debe tardar en regresar. ¿Cómo está Terry?
-Está muy bien, trabajando mucho, como siempre.
Le respondió ella feliz. Terry era lo mejor que le había pasado en la vida.
-Pues que no trabaje tanto y te dedique más tiempo. Aún estoy esperando mi nieto.
-¡Mamá! Estamos en eso...
Le respondió roja como un tomate y Rosemary rió a carcajadas.
-Buenos tardes. La señora White tiene que tomar su baño.
Entró la misma enfermera de la vez anterior lista para ayudar a Rosemary con la tarea.
-Bueno, mami, me tengo que ir. Te dejo en buenas manos. Volveré pronto.
Le dijo Candy dándole un beso y luego se fue. Tenía que hacer otra parada antes de presentarse en la empresa. Se dirigió a la oficina de su ginecólogo para ver cómo iba su cuerpo en cuanto a la limpieza de las pastillas anticonceptivas y para un chequeo que le tocaba. Le tomó casi una hora llegar debido al tráfico, pero por suerte la atendieron no más llegó, pues no había nadie más.
-Buenas tardes, Candice.
La saludó el doctor en la oficina después que ella se hiciera varios chequeos.
-Al parecer estás excelentemente, tu cuerpo está perfecto. No hay ningún tipo de infección. Tu prueba del cáncer salió muy bien. Estás en perfecta salud. Ahora vamos con los otros resultados...
-Doctor, si todo está tan bien... ¿cuánto tiempo cree que tarde en quedarme embarazada?
Preguntó con timidez y el doctor le sonrió.
-Me temo que estás un poco tarde para eso, Candice.
El rostro de Candy se desencajó por completo de pura desilusión.
-Pero... usted me dijo que... yo seguí todas las indicaciones...
-Tranquila, Candice. Lo que pasa es que tú ya estás embarazada.
Candy se quedó con los ojos muy abiertos, no podía registrar lo que estaba escuchando.
-¿Ya?
-Sí, ¿no era eso lo que querías?
-Eh... sí...
-Tienes exactamente ocho semanas, según los análisis.
-¿Ocho semanas? pero si el mes pasado tuve mi regla y...
-A veces se da el caso de que los primeros meses algunas mujeres siguen menstruando. ¿Durante ese mes, cómo fue el sangrado?
-Pues más bien fueron manchas oscuras...
-Ahí está, Candice, no fue una regla normal. Eso suele suceder en muchos casos. ¿Y este mes, te llegó?
-No...
-Ahí está la señal. Estos estudios no mienten, Candy. Estás cien por ciento embarazada.
Candy no lo podía creer. Quiso brincar y gritar de alegría, pero se controló. No podía esperar para decirselo a Terry.
-Voy a darte una cita para tu primera ecografía. Espera en la sala hasta que la secretaria te llame.
-Gracias, doctor. Buenas tardes.
En quince minutos Candy salió de ahí con un sobre que indicaba su resultado positivo de su prueba de embarazo y se dirigió directamente a la empresa para mostrárselo a Terry. Al fin su sueño se haría realidad.
-Vamos a ser papás, Terry.
Se dijo emocionada mientras se ponía en marcha y en media hora estuvo allí.
-Hola, Neil.
Saludó alegre.
-Candy, bombón, pensé que no vendrías.
-Neil, no seas exagerado, sólo llegué una hora más tarde de lo habitual.
-¿Y te parece poco? Me dejaste sólo peinando este montón de estropajos.
Se quejó Neil haciendo todos sus ademanes homesexuales.
-¿Has visto a Terry?
-¿A sexy Terry? Claro, está en su oficina como siempre, pero...
-Gracias, Neil.
Dijo Candy y se fue casi corriendo a donde Terry dejándo a Neil con la palabra en la boca.
-¡Princesa! Tardaste mucho. ¿Cómo está tu mami?
Preguntó Terry abrazándola luego de que ella entrara en la oficina como un torbellino.
-Está mucho mejor, mi amor. Está respondiendo bien al tratamiento y su rostro tiene mucho mejor color. Y ni hablar de su ánimo, hasta bromas está haciendo.
-Que bueno, bebé. Te extrañé mucho.
-¿Ah sí...?
-Sí. Me has dejado mucho tiempo sin tus besos y sin tus abrazos.
Reprochó Terry como un niño caprichoso sin saber la sorpresa que le tenía Candy.
-Pero yo te dije que iba a consentirte mucho cuando llegara, mi cielo.
Le dijo ella metiéndose entre sus piernas, abrazándolo y besándolo mientras él estaba sentado en una esquina del escritorio.
-Princesa, no sé qué tienes, pero tu trasero cada vez está más... y tus pechos... no eres una niña ya, amor...
Le dijo Terry mientras le apretaba las nalgas y le acariciaba los pechos en un ardiente beso.
-Eso es que tú me has hecho una mujer completamente, mi amor.
-¿Y si te hago mi mujer aquí ahora?
Le preguntó en un susurro mientras mordía su oreja.
-No, mi amor, aquí no... Además, tengo una sopresa para tí..
Unos toquidos en la puerta los interrumpieron y Terry sentó en la silla para que el escritorio cubriea su exitación.
-¿Se puede?
-Papá, que sorpresa, adelante.
Dijo Terry invitándolo a entrar.
-¡Terry!
Gritó Heidi entrando y arrojándose en los brazos de su hermano.
-¿Cómo estás, pequeña?
Terry le dio un beso y luego la chica corrió a los brazos de Candy.
-Hola, Heidi, Richard. ¿Cómo están?
-Estamos muy bien, gracias a Dios. Vinimos porque Heidi quiere un cambio de imagen y estuvo hostigando a Neil y ahora quiere que la atiendas tú.
Dijo Richard sonriente.
-Encantada. ¿Qué quieres hacerte, Heidi?
-¡De todo!
Respondió ella con entusiasmo y todos rieron.
-Bueno, princesa, ve a hacer lo tuyo, amor. Yo me quedo aquí conversando con papá.
Candy salió seguida de Heidi y fueron en busca de Neil para ponerse manos a la obra. La chica se puso a ver varios libros de cortes, estilos y color de cabello y al fin decidió qué quería hacerse. Neil le buscó una muda de ropa bastante juvenil y en la última tendencia de la moda.
-A ver, Heidi, echa la cabeza hacia atrás y no dejes que se te caiga la capa si no quieres quedar hecha una sopa.
Candy comenzó a lavarle el pelo y la chica estaba en la gloria. Cuando terminó de sacarle el tinte, quedó maravillada con su nuevo color en un castaño más claro que el natural y unos destellos rubios. Candy la recortó en unas modernas capas y le sacó una pollina. Luego Neil le secó el pelo y le pasó la plancha y más tarde Candy la maquilló. Sólo faltaba ponerle la ropa que ella eligió y listo.
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Richard Grandchester se había ido y le había encargado a Terry a Heidi. Pues ella quería quedarse unos días con él y Candy y Terry no pudo negarse. Terry estaba concentrado preparando un libreto para un programa de radio cuando otra vez unos toques en la puerta lo sacaron de concentración.
-Adelante, por favor.
Dijo sin quitar la vista de su trabajo.
-Buenas tardes, Terry.
-Karen, ¿qué se te perdió por aquí?
Le contestó con fastidio.
-Nada, sólo quiero saber por qué estás evitándome.
-¿Perdón? Si no lo sabes, yo soy tu jefe y no tengo por qué darte cuentas de nada. Además tú conoces muy bien la razón por la cual te mandé lo más lejos posible de mi área.
-¿No será porque en el fondo no te soy indiferente?
Le dijo melosa acercándose a él.
-Mira, Karen, no sé de qué diablos estés hablando, pero ya que no es nada importante ni interesante, te puedes...
-¿De verdad no te gusto ni un poquito?
Le preguntó de pronto sentándosele en las piernas y él se puso nervioso. La puerta no estaba del todo cerrada.
-¡Karen! ¿Te volviste loca? ¿Qué diablos te pasa?
Le gritó apartándola bruscamente, pero ella no se rindió. Se le acomodó a horcajadas y lo besó como una fiera mientras él trataba de quitársela de encima.
-Terry, mi amor, mira como ha quedado tu her...
Candy se quedó a mitad de frase cuando se topó con la descabellada escena.
-¡Quítate de encima de mi hermano!
Gritó Heidi mientras Candy y Terry seguían en shock y Karen sonreía maliciosa.
-Candy, por favor, escúchame, esto no es... Esta mujer vino y...
-No me digas nada, Terrence. Puedes irte al diablo junto con esta infeliz.
Gritó Candy mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos y se volteó para salir corriendo de ahí.
-Candy, princesa, espera, por favor... Candy...
Gritaba Terry desesperado, pero Candy siguió corriendo.
-Candy no te vayas, no dejes a mi hermano... por favor... Terry te quiere...
Gritaba Heidi también llorano y Candy se detuvo un momento.
-Karen, lárgate de aquí ahora mismo, porque te juro que voy a matarte.
Gritó Terry tan furioso que Karen salió como una bala del lugar.
-Candy, princesa, por favor, déjame explicarte. Ella vino y...
¡Plaf!
Candy le dio una bofetada a Terry que lo dejó incapaz de reaccionar y siguió su camino. Corrió desesperada dejándo a todos los que observaban atónitos.
-Terry, no la dejes que se vaya, por favor, Terry, ella es buena.
Suplicaba Heidi llorando y abrazando a su hermano. Terry nunca tuvo tantas ganas de matar a alguien y Karen de repente le había despertado ese deseo.
-Ven, Heidi, vamos a alcanzarla.
Le dijo Terry dirigiéndose a su carro con su hermana.
Candy llegó al apartamento tan rápido que ni cuenta se dio. Su cara ardía de llanto dolor y coraje. Buscó unas maletas y se puso a empacar todo lo que pudo. Se iría lejos de ahí, aún no sabía a dónde pero se iría lejos. Ya tuvo casi todo empacado. Se había cambiado de ropa y estaba dispuesta a salir. No le diría a Terry de su embarazo, él no lo merecía, no merecía todo el sacrificio que ella estaba haciendo por él, le estaba dando un hijo a sus diescinueve años porque era el sueño de él y él le pagaba traicionándola. Estaba ya lista para salir y al abrir la puerta con sus maletas en mano lo primero que se topó fue con los rostros de Terry y Heidi que la miraban sorprendidos.
-Candy, ¿a dónde vas? Tenemos que hablar...
-Yo no quiero hablar contigo nunca más, Terrence.
Le gritó y trató de abrirse paso para irse, pero él no se movía del medio.
-Candy, entiendo cómo te sientes, pero de verdad hay una explicación, por lo menos escúchame, por favor, sólo te pido eso.
Terry estaba desesperado.
-Candy, no te vayas, no nos dejes, por favor, Candy...
Heidi se había aferrado a ella y le suplicaba con un llanto desgarrador.
-No puedo creerlo, Terry. Usaste a tu hermana para convencerme...
-¡Claro que no! Yo no haría algo así...
-No, tú lo haces peor... ya me di cuenta.
-Candy, por lo que más quieras, escúchame. Yo te amo. Nunca te traicionaría...
-Candy... por favor... quédate...
Ante las súplicas de Heidi, Candy no tuvo corazón para irse, al menos no por ahora.
-No me iré por ahora, Heidi. Ahora ve un momento al cuarto, ¿sí?
La chica asintió y se fue al cuarto de huéspedes. Terry suspiró aliviado, pero no le duró mucho tiempo la tranquilidad.
-Gracias, princesa, ahora déjame que te...
-No tienes nada que agradecerme, sólo voy a quedarme en lo que Heidi se duerme. Me iré y tú no vas a detenerme.
Candy lo miró friamente con un dolor inmenso en sus verdes ojos.
-Candy, tú no puedes irte, no puedes abandonarme... yo...
-¿Por qué, Terry? ¿Por qué jugaste conmigo como lo hicieron todos? Yo pensé que eras diferente. Te di toda mi confianza. Te lo di todo, Terry. ¿No fue suficiente? Ahora entiendo el comportamiento de Karen. ¿Se había cansado ya de estar escondida?
Candy le decía esas palabras sin poder contener las lágrimas y él estaba desecho. Maldecía a Karen una y mil veces.
-Candy, no sabes lo qué estás diciendo, princesa. Entre ella y yo no hay nada, nunca lo hubo. Ella lo hizo a propósito. La puerta estaba abierta, ella quería que tú nos encontraras, ¿es que no te das cuenta?
Le gritó desesperado.
-Terry, yo sé lo que vi, no trates de jugar conmigo. Déjame irme. Sigue con ella, yo no voy a meterme en el medio.
Candy acomodó su cartera encima del sofá y un sobre se cayó volando hasta los pies de Terry y ella se puso sumamente nerviosa. Él se dio cuenta. Cortesmente se bajó a recogerlo.
-¡Dame eso!
Le gritó ella y él se sorprendió. Le desconcertó tanto la actitud que miró el emblema del sobre y vio de dónde venía.
-¿Qué es esto, Candice?
-Nada, dámelo.
Le volvió a gritar y ya se encontraba temblando. Terry le iba a dar el sobre, pero algo lo alertó y lo abrió para ver que contenía el dichoso sobre que la tenía tan alterada. Leyó y no entendía casi nada, sólo entendió que al final decía: "Pregnancy test...positive". Ella lo miró con los ojos bien abiertos y temerosa.
-Estás embarazada. ¿Ibas a marcharte sin decirme nada?
Le gritó y la miraba con una furia en esos ojos que ella se sintió pequeñita.
-Yo...
-¿Cuándo te enteraste?
-Eh... hoy.. pero...
-¿Pretendías ocultármelo?
Le gritó fuera de sí y ella tembló.
-¿Qué querías que hiciera? ¿Que te diera la noticia riendo de alegría mientras tú te revolcabas con la puta esa?
Le espetó llena de dolor y él bajó la guardia un poco.
-Candy, esto es diferente... es algo serio, estás hablando de mi hijo...
-¿Tu hijo? Tú no tienes hijo, Terrence. Puedes olvidarte de nosotros desde ahora. Me voy.
Le dijo con una mirada helada, pero cargada de dolor.
-¿No estás hablando en serio, verdad? ¿De verdad piensas que te voy a dejar ir así como así esperando a mi hijo?
-Eso lo hubieras pensado antes de estarte revolcando con aquella. ¿Quieres hijos, Terrence? Que te los de Karen. Tal vez ya le hiciste el milagrito a ella también.
-Candy, ya deja de decir tonterías. No ha pasado nada entre...
-Ya, por favor, no sigan. Candy, por favor, no te lleves al bebé...
-Heidi, cariño, ¿por qué no estás en tu cuarto? Tu hermano y yo necesitamos hablar...
-¡No! Tú quieres irte y dejarnos solos. Vas a llevarte el bebé y...
La chica rompió en llanto y Candy no pudo soportarlo más. Se sentó en el sofá con ella y la acarició y trató de consolarla.
-Cálmate, princesita. No me voy. Voy a quedarme contigo, te lo prometo.
Le dijo Candy a punto de llorar si saber cómo iba a cumplir esa promesa.
-Ahora vuelve a tu cuarto. Yo dormiré contigo esta noche.
Heidi se calmó e hizo lo que se le pidió. Terry permanecía de pie observando la escena y con sus ojos furiosos puestos en Candy.
-Candy... Te amo... te lo juro. Yo no te engañé, tú eres toda mi vida, yo jamás...
-Terry... voy a darme un baño y a descansar... hablamos después.
Candy subió a la habitación lista para darse un baño. Se desvistió rápidamente y se metió en la ducha para bañarse de pies a cabeza. Mientras el agua corría por su cuerpo sus lágrimas se mezclaban con ella y el sonido confundía su llanto lastimero. En media hora estuvo fuera del baño y cuando fue a buscar algo de ropa recordó que había empacado todo y tenía que bajar si quería vestirse. Cuando fue abrir la puerta para salir se topó con Terry que traía su pijama y un panty para ella.
-Imaginé que ibas a necesitar esto...
Le dijo entregándole la ropa y ella la tomó apresurada. Ella se quedó con la ropa en la mano y envuelta en la toalla, él se quedó observándola sin moverse. De repente se armó de valor y se acercó a ella. Empezó a quitarle la toalla aunque ella puso un poco de resistencia al principio, pero él insistió.
-Déjame verte, Candy, por favor.
Le suplicó con los ojos fijos en su vientre aún plano, pero más endurecido.
-¿Puedo tocarlo?
Ella asintió con los ojos llenos de lágrimas y él puso sus manos delicadamente en su vientre y lo acariciaba lentamente, con dulzura y por primera vez ella lo vio llorar y se le fue el alma al piso.
-Terry...
Murmuró mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. Terry se arrodilló y llenó de besos el lugar donde crecía su hijo y dejó su cara pegada un rato ahí, Candy pudo sentir la humedad de sus lágrimas.
-Candy, si no quieres escucharme, no lo hagas, pero por favor... no me alejes de mi hijo. Por favor, déjame estar contigo en estos momentos, déjame ver cómo crece, por favor no te vayas, te lo suplico.
Las lágrimas de Terry brotaban sin parar y Candy ya no pudo seguir con su necedad.
-Terry... no me iré... no voy a llevarme a tu bebé...
El alzó la vista y se puso de pie con sus ojos aún aguados y con su rostro aún bañado en lágrimas y la tomó del rostro.
-Te amo, princesa. Nunca te engañé. Te lo juro por nuestro bebé, todo fue una trampa de Karen, te lo juro, mi amor. Créeme.
-Terry... está bien, te creo... voy a quedarme contigo, pero quiero pedirte algo por favor.
-Lo que quieras, mi amor. Pídeme lo que quieras, te lo daré.
-No quiero volver a ver a Karen. No la quiero cerca de tí ni de nosotros, por favor.
-Eso no tienes que pedírmelo. Ya la despedí, bebé. No tienes que preocuparte por ella jamás.
Le dijo Terry besándole el rostro y enjugándole las lágrimas. Luego notó que ella temblaba y la abrazó.
-Ven a vestirte, princesa. Tienes que secarte el pelo, es muy tarde y no quiero que te enfermes.
Terry la vistió el mismo y le secó el pelo con una toalla. No dejó de llenarla de besos y atenciones en ningún momento.
-Terry... tengo hambre...
-¿Tienes hambre, preciosa? ¿Qué quieres que te prepare?
Le preguntó añoñado y cargándola como si ella fuera una niña.
-En realidad quiero comida china. Una órden para mí solita. Pollo a la naranja.
-Está bien, amor. Espérame aquí que vengo en seguida antes de que cierren el lugar.
Él se habría ido con ella, pero iba a dejar a Heidi sola en la casa. Aunque era grande ya, su condición al encontrarse totalmente sola de pronto podía hacerla sentirse perdida y entrar en pánico. En veinte minutos Terry estuvo de vuelta con la comida.
-Candy, princesa, aquí está tu comida.
-Mmmm... rápido, Terry, muero de hambre.
-Voy, bebé. ¿Quieres que te la de yo?
-¡Sí!
Le dijo ella con emoción. Terry se había convertido en su esclavo y se prestaba para todos sus caprichos.
Continuará...
Hola chicas, espero que les haya gustado este capítulo aunque estuvo algo dramático, pero pues no todo puede ser color de rosas. Ya estamos en una parte crucial de esta historia y aún quedan muchas pruebas por afrontar. Quiero agradecerles a todas y cada una de ustedes por el apoyo. Me leo todos sus reviews y los aprecio todos.
Preguntas:
¿Qué les parecen mis personajes Eliza y Tom? Les dije que tenía planes preciosos con ella. La situación de Candy y Terry, como ven, no me detuve en el drama, no me gusta. Les doy el suspenso, pero después lo arreglo, ellos tienen que luchar y no dejarse rendir. ¿Piensan que debieron sufrir más? Yo no lo creo, pues no me gustan las tragedias, yo escribo de romance y pienso que ya Candy tiene bastante sufrimiento con lo de su mamá, por eso sólo pongo conflictos que puedan resolverse pronto. ¿Qué les parece Heidi? ¿Y la situación de Albert y Paula? ¿Qué opinan? Me dejan saber con sus reviews. Ah... y la pregunta del millón: ¿Qué sexo quieren que tenga el bebé de Candy y Terry? Esta vez no serán gemelos, así que tienen que elegir uno, voten!
Canción de Alber y Paula: "A puro dolor" de Son by four
Agradecimientos:
Amy C.L. Eri
Subuab Zucastillo
Malu Usumaki Guest
LizCarter Eva Grandchester
Laura GrandChester Conny de G.
prisiterri Marta
Shareli Grandchester
Daniela Bascuan
Rose
En fin, a todas, gracias por leer y dejar sus reviews, quiero que sepan que leo cada uno de ellos, no se me ofendan si no mencioné a alguna, yo las llevo a todas en el corazón. Subuab, amiga, estás perdida, te extraño...
